Disclamer: Todos los personajes y parte de la trama pertenecen a los creadores originales de Miraculous y no a mí. Escribo esta historia sin ánimo de lucro, solo para entretener.

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Nota de la Autora: Empecé a escribir esta historia a mediados de la S4 de miraculous, y aunque lo haya terminado ahora he seguido con la idea original y los esquemas de la trama que realicé en su momento, luego no hay ninguna alusión a la S5 (a lo que sabemos de ella por el momento). También quiero hacer una pequeña advertencia sobre el modo en que está narrado este fic; aconsejo que pongáis atención a la fecha con que empieza cada capítulo porque hay algunos saltos en el tiempo y si no tenéis en cuenta la fecha, os perderéis en los hechos. Sin más, espero que os guste este fanfic Adrianette ^^ ¡Gracias por leer!

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Abrázame Fuerte

(Y sonríe a la cámara)

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11 de Febrero

Nos detuvo en el tiempo…

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Alya Césaire, con una expresión entre maliciosa y excitada asomándole a través de los destellos que arrancaba la lámpara del techo a los cristales de sus gafas, sonrió sujetando la cámara. Una buena cámara, muy profesional. No podía ser de otro modo teniendo en cuenta la ocasión.

—Esperar… solo un momento.

Marinette, nerviosa, reconoció la avidez en aquellos ojos grisáceos, la retorcida mueca de triunfo que su amiga estaba exhibiendo mientras ajustaba algo… ¿el brillo? ¿El contraste? Ya lo había visto antes, una única vez, en lo alto de la Torre Montparnasse. En aquel momento, ella era Ladybug y se sentía confusa y desorientada, hasta que vio la foto en el teléfono de su amiga.

No, no, no… Al pensar en aquello y en las consecuencias que tuvo, sintió un agitado vértigo en su estómago, como si estuviera otra vez en lo alto de ese edificio. Como si se encontrara en el borde, contemplando con horror el vasto abismo que se perdía en un paisaje de carreteras y aceras de piedra.

Cálmate se pidió a sí misma. Tragó saliva, expulsó el aire atorado en su pecho con un suave suspiro que, por desgracia, alguien más aparte de ella, notó. Adrien la miró, él también parecía un poco nervioso, pero le dedicó una sonrisa de ánimo, de amistosa complicidad, que la reconfortó.

No era la misma situación y procuro recordárselo con convicción para relajarse. Ella no era Ladybug, no estaba con Chat Noir y no estaban en la azotea de uno de los edificios más altos de la ciudad. Solo eran Adrien y ella, un par de adolescentes normales y corrientes, en el interior del aula de arte del instituto. El resultado de aquella inocente fotografía no tendría consecuencias demenciales que pudieran terminar con la ciudad empapelada con una imagen privada sacada de contexto, ni mucho menos con un futuro terrible en blanco y negro donde la humanidad se precipitaba a su devastación, liderados por un gatito triste y enloquecido.

¿Verdad?

Marinette volvió a suspirar, esta vez ya sin contenerse.

¿Por qué estoy pensando en todo eso? Se preguntó con extrañeza de sus propias ideas. Por fortuna, Alya la distrajo volviendo a hablar.

—¿Estáis listos? —Les preguntó demasiado animada —. Pues, ¡adelante!

Marinette se tensó entera. No pudo evitarlo al notar el ridículo temblor que se extendió a lo largo de su cuerpo casi de manera instantánea, paralizando sus extremidades. Frente a ella, Adrien abrió sus brazos con la naturalidad que le ofrecía su amplia experiencia como modelo profesional para la marca de su padre. ¿Cuántas fotos le habrían hecho a lo largo de su vida? Era una pregunta absurda, pero los nervios la conducían de un pensamiento tonto a otro.

Igual que el temblor, fue inevitable que sus mejillas se encendieran y eso la puso aún más histérica porque, se dijo, eso sería en lo que más se fijaría la gente al ver aquella imagen. En su expresión agitada, su rostro rojo como un tomate…

¡¿Por qué he dejado que me convenzan para esto?!

La mirada de Alya, clavada únicamente en ella, era tan atosigante y abrumadora como si fueran cientos de miradas. O quizás fuera la presión de la cámara acechándola.

Debía moverse, hacer algo.

Trató de alzar sus brazos pero la mala suerte, en forma de esa torpeza que siempre la acompañaba, quiso que su fuerza se descontrolara; una de sus manos salió disparada, como un misil enemigo, y chocó contra la mano de Adrien que se acercaba a ella. Le dio un manotazo sin querer y él, apartó la suya haciendo una mueca.

—¡Oh, no! ¡Lo siento, lo siento! —exclamó, retrocediendo un paso y tapándose la cara con las manos—. No quería… yo… ¡Perdón!

—No pasa nada —respondió él, al instante, tras frotarse los dedos contra el costado de su camisa—. No ha sido nada, apenas…

—¡Qué horror!

—En serio, Marinette, ha sido un accidente…

—Chicos, chicos… ¡Chicos! —exclamó, entonces, Alya. Marinette dio un respingo y dejó de disculparse, Adrien se estiró, escondiendo los brazos tras su espalda—. ¿Queréis concentraros un poco? ¡Necesito…! O sea, necesitamos la foto hoy.

. Os recuerdo que la fecha límite para enviar el collage al concurso es en dos días y aún tengo que montarlo con el resto de las fotos.

—Lo siento —se disculpó Marinette, avergonzada—. ¡Ha sido culpa mía!

. Quizás no deba salir en el collage.

Adrien hizo una mueca antes esas palabras.

—Pero no podemos hacerlo sin ti.

—Adrien lleva razón, en las bases del concurso dice que para que sea válido deben participar todos los miembros de la clase —Recordó Alya con exasperación. Volvió a levantar su cámara para apuntarlos—. Así que no perdamos más tiempo, solo quedáis vosotros dos.

. ¡Solo es un abrazo!

Marinette experimentó un nuevo rubor calentando su rostro que la obligó a bajar la mirada.

Solo un abrazo. ¡Parecía algo tan insignificante!

¿Incluso si se trataba de abrazar al amor de tu vida?

En otras circunstancias, aquella situación la habría hecho muy feliz. ¡Por supuesto! Abrazar a Adrien, y que ese romántico gesto quedara inmortalizado para siempre en una fotografía que, además, formaría parte de un collage que homenajeaba San Valentín, el día de la amistad, pero sobre todo, del amor.

Amor.

¿Podía desear algo más?

En el fondo, cuando Alya lo planteó, sí que le gustó la idea y aún ahora, a pesar de sus torpezas y la ansiedad que la comía por dentro, seguía pareciéndole bien. Y quería hacerse esa foto con Adrien y conservarla para siempre.

Ojala todo hubiese ocurrido en otro momento pensó, cabizbaja. Y no cuando Adrien se comportaba de un modo tan raro con ella.

Mientras Alya seguía hablando de la foto y el concurso, los ojos de Marinette se deslizaron con cuidado hasta el chico, y le vigiló con el mismo cuidado y curiosidad con que lo había estado haciendo aquellos días; a simple vista no se podía apreciar ningún detalle distinto. Adrien seguía comportándose como siempre la mayoría del tiempo, sin embargo había instantes, pequeños e inesperados, en que eso cambiaba.

Ella no sabía a qué se debía tal cambio y, desde luego, aún no se había acostumbrado lo suficiente como para mantener la calma si había otras personas a su alrededor. Por eso temía que aquella fotografía iba a ser un desastre en lugar de un recuerdo hermoso. ¡Temía incluso arruinar el bonito collage para el cual sus amigos habían estado posando y trabajando tan duro!

—¿Estamos listos para intentarlo de nuevo? —preguntó Alya tras un cansino resoplido.

Los chicos asintieron y la cámara volvió a apuntarlos.

Marinette se volvió hacia él, concentrándose en mantener una expresión serena, y también decidida a observar los movimientos de él primero para no volver a pegarle sin querer.

Adrien volvió a mostrarle esa tierna sonrisa, un poquito más confiada que antes. Muy despacio, esta se fue curvando más hacia un lado que hacia el otro, transformándose en esa mueca, entre segura y un poco traviesa, que desde hacía unos días le dirigía de vez en cuando. De repente, su actitud se tornó más confiada, tomando la mano de la chica y dándole un suave apretón. El ritmo cardíaco de ella sufrió un acelerón, pero lo disimuló agitando sus hombros, como si los relajara.

Pensó que todas las otras veces que él le había cogido la mano se había quedado embobada, aturdida por completo, pero esta vez hizo un gran esfuerzo por mantenerse lúcida e ignorar el cosquilleo en sus dedos.

Contuvo el aliento cuando Adrien tiró con suavidad de ella y por eso, no se vio hechizada por el olor del chico que tan bien conocía. Parpadeó, sin embargo, histérica, cuando la mano de él se deslizó por su espalda, hasta sus omoplatos y subió aún un poco más. Casi estalló cuando sintió la punta de su dedo meñique rozándole la nuca. El otro brazo rodeó su cintura, ciñéndola despacio, con calma; Marinette pensó que cada gesto era articulado con amabilidad, con una lentitud caballerosa en la que parecía pedir permiso. Se quedó paralizada un segundo, invadida por una emoción vertiginosa y fascinante, cuando el rostro de él cayó sobre su hombro.

La mueca de urgencia de Alya rompió parte del hechizo, así que Marinette levantó las manos y sin pensarlo demasiado, las posó en la espalda de Adrien. Y se quedó quieta, sin saber qué cara poner. Intentó sonreír, y después probó a adoptar una mirada de cariñosa amistad, pero todo le resultó inútil. ¡Estaba tan nerviosa! Seguro que acabaría retratada con una sonrisa falsa, forzada e histérica.

Seguro que sería así como arruinaría la fotografía.

¡Y el collage!

—¿Listos?

Por encima del golpeteo incesante de su corazón escuchó la voz de su amiga. ¡Cielos, sonaba tan fuerte! Puede que le diera un infarto, porque era imposible que su corazón resistiera algo así.

Porque ese era su corazón, ¿verdad?

De pronto, le pareció que los latidos de Adrien eran también veloces, no iban al compás de los suyos, y por eso podía distinguirlos. Además, ¿no era el ritmo de su respiración demasiado rápido? Y aún fue capaz de sentir algo más, un leve temblor en el cuerpo que la abrazaba y que, de hecho, la arrastraba con él, seguido de tensión y también… ¿No estaba estrechándola un poco más fuerte a cada segundo que pasaba?

¿Le pone nervioso una simple foto? Se preguntó. ¡¿O será que está incómodo?!

No, incómodo no. No era esa energía. Los segundos previos al click se alargaron en la mente de Marinette de un modo inaudito. Pudo sentirlo todo, reflexionar sobre ello y en algún punto, incluso, acariciar la fantasía que llevaba días dibujando en su mente con cuidado y cautela: que Adrien estaba nervioso por la misma razón que ella, porque aquel gesto era importante para él.

Porque eso, por más que se lo negara a sí misma, le daba sentido a su extraño comportamiento.

Tal vez, se dijo con cuidado.

Tal vez todos sus intentos pasados por declararse, todos sus planes absurdos por acercarse a él, por llamar su atención, porque la viera como algo más que una amiga, todo eso que ella había dado por inútil había terminado por hacer mella en él. Quizás sus ojos maravillosos se habían abierto de una vez por todas y al fin, la habían visto.

Frente a él.

La habían visto como la chica que podía gustarle o que ya le gustaba.

A diferencia de otras veces, esta idea le resultó más real y segura que nunca, y una alegría sin parangón se apoderó de ella, haciendo que se alzara sobre sus pies acercándose más a él, que sus brazos se alargaran con gusto para rodear su espalda, que su rostro reposara en el hombro masculino, con los ojillos cerrados y una sonrisa amorosa en su semblante.

Click.

—¡Ya está! —anunció Alya, feliz—. ¡Buen trabajo!

Al separarse, lo cual (quiso notar ella) fue un gesto igual de lento y parsimonioso por parte de Adrien, no pudo resistirse a vigilar su expresión. Y descubrió que su rostro mostraba un casi imperceptible tono más rosado de lo normal en sus pómulos y su mirada, siempre dulce y afable, se volvió huidiza ante ella.

Como si me ocultara algo, quiso creer ella.

—¡Oh, es fantástica! —opinó Alya. Incluso se llevó una mano a la mejilla en un gesto de lo más cursi—. ¡Ganaremos seguro! —Caminó hacia ellos y les mostró la pantalla—. ¡Echarle un vistazo!

Por supuesto, los ojos de Marinette se clavaron en la imagen inmortalizada de Adrien. Ahí aún no estaba ruborizado, pero mostraba una expresión encantadora que desprendía calma en el modo en que sus cejas se arqueaban fáciles, y afecto, en esa sonrisa amplia y natural.

¡Es tan maravillosa!

No obstante, cuando se fijó en su propia cara a punto estuvo de desmayarse. Su piel encendida con encanto, sus parpados un poco fruncidos por la intensidad del momento, el gesto de sus labios, un poquito apretados, como si tratara de contener en parte la alegría, la emoción, el amor que la dominaba… Eso era. No podía describirse de ningún otro modo. Era la cara de una chica profundamente enamorada y temió, no sin razón, que si era algo tan obvio para ella, debía serlo también para los demás.

De nuevo, atenazada por temblores de miedo, miró de reojo a su amigo. Este observaba con asombro la imagen hasta que una lenta sonrisa coloreó su rostro.

—Me parece buena —dijo Alya, obligada por el silencio de los otros dos—. Pero podemos repetirla si queréis.

—¡No! —exclamó Adrien al instante, sin dejar de mirarla—. Es perfecta —Su sonrisa se amplió y en consecuencia, sus ojos brillantes se achicaron un poco—. ¿No te parece, Marinette?

—¡Oh, sí! —respondió ella tras dar un respingo—. Perfecta.

Era una foto perfecta, sin duda. Aunque eso no le importó tanto como saber si no sería esa fotografía la prueba más gráfica de que podía albergar esperanzas, de que los sentimientos de Adrien estaban, como mínimo, empezando a cambiar.

Esa foto mostraba amor, por lo menos, el suyo. Pero también podía mostrar esperanza.

—Seguro que ganamos el concurso de San Valentín —comentó Adrien.

Entonces, Alya dejó de sonreír para fruncir el ceño.

—Sí, es posible —opinó ella. Chasqueó la lengua y agitó el dispositivo, al tiempo que se volvía hacia ellos—. ¿Sabéis lo que se me acaba de ocurrir? ¿Lo que de verdad nos haría ganar el concurso? —Ambos negaron con la cabeza—. Terminar el collage con un beso.

El silencio silbó tan fuerte en la sala como si fuese el grito desgarrador de alguien.

Alya miró a uno y a otro, en busca de reacción. Marinette se había quedado perpleja por semejante ocurrencia, de modo que fue Adrien quien habló primero.

—No lo entiendo —declaró—. ¿Quieres añadir otra foto más?

. Dijiste que la mía sería la última.

—Añadir otra no, sino repetir esta —Les explicó, agitando la cámara por segunda vez ante ellos—. Por una nueva con un beso.

—¿N-nuestro? —graznó Marinette, sin poder contener la alarma en su voz. Carraspeó—. ¿D-dices una foto en la que A-Adrien y y-yo… nos…? —Su voz se consumió antes de terminar, quizás porque la visión que sugería tal palabra explotó en su mente, poniéndola tan nerviosa que le secó la garganta.

—¡Sí, claro! —Respondió su amiga—. Es que quedáis tan bien juntos, y este abrazo es tan bonito que he pensado: cielos, una foto de un beso será cien veces mejor.

. Además, es un concurso de fotos de San Valentín. Sería mejor terminar el proyecto con un beso.

Otro silencio, cada uno era más tenso y largo que el anterior.

—Pero ya hay otros besos en el collage, ¿verdad? —recordó Adrien, pensativo.

—¡E-eso! —convino Marinette levantando una mano para contar—. Nino y tú, Mylene e Iván…

—¿Y eso qué importa? —replicó la otra, enarcando una ceja—. También hay otros abrazos.

Y otro silencio más.

La mirada de Adrien se desvió al suelo, como si estuviera reflexionando sobre el asunto, pero Marinette clavó sus ojos en su amiga tratando, con desespero y angustia, hacerla recapacitar para que renunciara a semejante idea.

¡Una cosa era un abrazo, pero un beso!

Entonces sí, el recuerdo de Oblivio se le vino a la mente como una melodía horrenda atrapada entre las paredes de su cerebro.

¡No, de ningún modo!

Tampoco quería repetir el numerito de Horrorificadora ¡No quería que su primer beso con Adrien, si es que tal estaba destinado a producirse, fuera de ese modo tan frío y planeado! Y mucho menos ante el objetivo indiscreto de una cámara para que todos lo vieron después.

Estaba a punto de protestar en voz alta por este motivo, cuando las reflexiones silenciosas de Adrien parecieron terminar.

—Está bien —anunció, como si tal cosa—. Si crees que es buena idea.

—¡¿Qué?!

—¡Estupendo, Adrien! —rugió Alya, encantada—. ¿Tú qué dices, Marinette?

La atención se concentró en ella y sintió el deseo fervoroso de salir corriendo como una niña pequeña. ¿De verdad Alya la estaba poniendo en esa situación? Su amiga conocía sus sentimientos.

¡Pues claro que quería besar a Adrien! Pero esa no era la manera en que quería hacerlo.

¡Incluso ya habían mantenido esta conversación en el pasado!

¡¿Cómo es que no se da cuenta de que no quiero que nuestro primer beso sea fingido?!

Ni siquiera era porque fuese a ser un beso fingido para una triste fotografía, en realidad. Marinette esperaba que, si algún día se besaban, sería porque se habrían declarado sus sentimientos y estarían enamorados. Los dos. Pero ni siquiera sabía lo que Adrien sentía de verdad por ella. ¿Debía hacer caso a sus recientes sospechas o las declaraciones pasadas de "amistad estricta" que él solía hacer?

¡Estaba muy confusa!

—No sé —admitió, cohibida. Reconoció el gesto decepcionado en Alya pero no le importó. Ella no podía entenderlo, no sabía lo que era estar en su lugar, ella nunca había sufrido la incertidumbre constante por no saber qué significaba para el chico que amaba—. Creo que la foto que has hecho es muy bonita.

—Es preciosa —apuntó el chico.

—Sí, pero podría ser mejor —insistió Alya.

¿Por qué no lo dejas ya? Quiso decirle. Era su mejor amiga, ¿es que no se daba cuenta de su malestar?

Puede que creyera que la estaba ayudando, pero no era así.

De pronto, la mano de Adrien acarició su brazo. Más bien, fueron sus dedos, formando una pinza, que rozaron trémulos la parte de su antebrazo que solía llevar al descubierto. Fue algo fugaz, los dedos subieron un poco, después bajaron, y acariciaron ese lugar escondido donde la muñeca da paso a la mano, donde el corazón oculta sus latidos. Marinette contuvo la respiración, el pensamiento instantáneo fue que aquel roce no pudo ser casual, ni debido al fortuito balanceo del brazo de él. También pensó, casi de inmediato, que Alya no lo había visto. No solo porque la miraba a ella fijamente, sino porque su brazo y, por tanto ahora también la mano de Adrien, quedaban ocultos tras sus cuerpos.

Cuando a una chica le gusta un chico, suele ser muy consciente de su cercanía y a menudo, cada roce entre ellos queda guardado en la caja fuerte de su corazón. Quizás sea igual cuando es el chico quien está perdidamente enamorado, no lo sabía. Pero Marinette recordaba con gran precisión todas las veces que Adrien la había tocado y todas las veces que ella le tocó a él. Todas las palmaditas en el hombro, los roces, los instantes en que sus manos se habían encontrado en algún lugar. Por supuesto, aquella vez en que Adrien le pasó el brazo por los hombros junto a las taquillas, las dos únicas veces que habían bailado, el abrazo en el avión rumbo a Nueva York…

Sin embargo, la gran mayoría de esos gestos, aunque especiales para ella, habían estado claramente teñidos por el halo inconfundible de la amistad. Ella lo sabía, era algo palpable y, en verdad, nunca los hizo parecer de menos para ella. Cada uno de ellos había sido maravilloso. Pero, justamente por esa distinguida atención que había prestado a cada uno de ellos, ahora se daba cuenta de que el modo en que Adrien la tocaba había cambiado.

Aquel simple roce tenía un novedoso carácter secreto, casi furtivo. Igual que lo que había estado pasando durante los días pasados. O lo que ella había sentido minutos antes mientras él la abrazaba.

Cuando los dedos de Adrien se alejaron de su muñeca, Marinette respiró hondo. Apenas fue capaz de mirarle de reojo, pero captó algo en su mirada, en el arrebatamiento de su piel, y de nuevo esa sonrisa ladeada que parecía querer decir algo secreto que solo ellos dos sabían.

—B-bueno… —murmuró, cuando su cerebro se puso en marcha de nuevo. ¿Y si tenía razón? ¿Y si Adrien ya sentía algo por ella? ¿Y si accedía a esa beso fingido y entonces, era gracias a él, que podía convencerse de que sus sospechas eran ciertas? Eso también podía ser romántico. La primera vez que besé al amor de mi vida no sabía si yo le gustaba, fue para una foto de un concurso, pero cuando lo hice me di cuenta de que nuestro amor era real. No era tan descabellado—. ¿Tal vez?

El corazón le palpitaba con tanto ímpetu que se le saldría del pecho de un momento a otro. ¿Qué estaba diciendo? ¿De verdad estaba a punto de besar a Adrien? Apretó los párpados con fuerza creyendo que al abrirlos se encontraría en su cama, despertando de algún tipo de sueño.

Pero no.

Seguían en el aula de arte y por un ínfimo segundo creyó sentir de nuevo los dedos del chico deslizándose alrededor de su brazo, pero oyeron un ruido a su espalda y la sensación se desvaneció de golpe.

—¡Hola! —Una voz inesperada irrumpió justo después—. ¡Por fin os he encontrado!

—¡Lila!

Oh no masculló Marinette para sí.

Lila Rossi era la última persona que quería ver en esos momentos.

—¡Has vuelto! —exclamó Alya entre sorprendida y feliz.

—Sí, hace unos días —Marinette oyó sus pasitos de muñeca sobre la tarima de madera y captó su sofocante perfume en la nariz antes de verla. Lila se plantó ante ellos con su sonrisa más amplia y luminosa. Su rostro lucía un moreno encantador, su cabello brillaba en reflejos caoba—. ¡Hola! —Saludó de nuevo—. Alya, Adrien, Marinette… ¡Cómo os he echado de menos!

—Sí, seguro —susurró Marinette, cruzándose de brazos.

Sobre todo a mí.

—¡Qué alegría volver a verte! —Alya la sonrió, emocionada, prestándole toda su atención—. Tienes que contarme todo sobre tu viaje.

Marinette relajó la tensión de su cuerpo, pero no sirvió para liberarse del malestar repentino que la invadía en cuanto esa chica aparecía. Había estado a punto de pasar algo importante, puede que crucial y casi como si Lila lo hubiese adivinado, ahí estaba lista para arruinarlo.

Hundió los hombros mientras su mirada se perdía en sus pies.

Y de nuevo, sintió el roce cálido de unos dedos en la piel de su brazo. Se quedó quieta, sin atreverse a moverse.

—¡Por supuesto! Aunque no hay tanto que contar —Respondió Lila adoptando, sin embargo, una postura erguida, con las manos extendidas como si se preparara para dar un discurso. Marinette no le hizo ningún caso, pues estaba totalmente concentrada en la suavidad con que los dedos bajaban por su muñeca y se estiraban para abarcar su mano—. Es todo un honor ser el nuevo rostro de la marca Agreste, así que me esfuerzo mucho para estar a la altura en estos viajes de promoción. ¡Pero son tan cansados que no da tiempo para nada!

. Adrien lo sabe, ¿verdad?

—Mi padre no me deja ir de viaje a ningún lado —respondió él, encogiéndose de hombros.

La presión de sus dedos aumentó un poco, como si el haber mencionado a su padre le molestara. Marinette apretó los labios, aún con los ojos en el suelo, movió sus dedos para rozar los del chico, cerrándolos con lentitud en un intento de responder al gesto tan dulce de Adrien.

¿Llegó a notar él su respuesta?

—¡Oh! —Sin darle importancia a las palabras del chico, los ojos verde olivo de Lila se concentraron en el móvil que Alya aún tenía en sus manos—. Rose y las chicas me han hablado del bonito proyecto que estáis preparando para San Valentín.

. ¡Me encantaría participar!

Marinette sintió un pinchazo en el estómago y alzó la mirada. La sonrisa de Lila se había vuelto alargada y retorcida, supo de inmediato cuáles eran sus intenciones así que se apresuró a clavar sus pupilas en Alya para llamar su atención.

—Verás —comentó esta—; es que ya tenemos todas las fotos listas.

—Oh —Lila dibujó un círculo con sus labios y bajó la mirada—. Pero, ¿no es un requisito del concurso que participen todos los miembros de la clase?

—¿Quién te ha dicho eso? —exigió saber Marinette.

—¿No es así? —La italiana aleteó sus pestañas con fingida inocencia—. También me lo dijo Rose y ella no mentiría.

—Claro que no —replicó Alya—. Es verdad, todos deben participar.

—Pues yo sigo estando matriculada en la clase.

—¿Ah, sí?

¡No, no, no!

Casi como si hubiera oído su desesperada súplica mental, Lila se volvió hacia ella. Hasta ahora se había dirigido casi por completo a Alya, pero entonces su cuerpo dibujó un grácil círculo que su cabello anudado siguió como una estela para mirarla fijamente. Su mueca era ahora maliciosa, puesto que ya no había necesidad de ocultarla. No le dijo nada, sin embargo. No pronunció palabra durante aquella larga mirada que compartieron hasta que Lila torció la cabeza hacia Adrien.

—Me ha parecido escuchar qué queréis cerrar el collage con un beso, ¿no? —pronunció con satisfactorio regodeo y maligna expectación. Dio un paso hacia él, pasando por delante de Marinette que sintió que su mano perdía fuerza y se separaba de la del chico sin remedio—. ¡Qué suerte que yo haya llegado justo ahora! —Levantó sus manos que cayeron sobre los hombros de Adrien, atrapándole—. Ya no hace falta que repitáis vuestra foto.

. Adrien y yo nos haremos una nueva. Un bonito beso de amor para el día de San Valentín… ¿No es genial?

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¡Hola!

Después de mucho, mucho, mucho tiempo os traigo un nuevo fic de Miraculous ^^ uno que será Adrianette por entero.

Como decía ahí arriba, empecé a escribirlo el año pasado, de hecho era para una dinámica de San Valentin (por eso las referencias a ese día, jeje) en la que no llegué a participar porque se me fue la inspiración y no pude acabarlo a tiempo. Ahora estoy decidida a llegar al final de esta historia y como estamos en Abril, que es el mes del Adrianette, se me ocurrió que sería un buen momento para compartirlo y celebrar este ship tan bonito, tan dulce, tan maravilloso y que por fin se está haciendo canon en la serie después de ciento veinte años de espera, jaja.

Aun así, recordar, que aquí no habrá referencias a nada de lo que ha pasado hasta ahora en la S5, porque cuando lo planeé estábamos aún en la S4.

Espero que os guste, si es así dejarme un comentario y gracias de antemano por vuestro apoyo.

Besotes para todas y todos.

EroLady—