La historia me pertenece, pero no los personajes, que son de Sthephenie Meyer.

Estoy muy emocionada con todos vuestros comentarios en lo referente a esta historia, pero hubo uno en particular que he dejado en mi bandeja de correo electrónico para alzar mi ánimo cuando lo necesite….¿suena un poco egocéntrico, no? Quizás si, pero las palabras de esa chica me emocionaron bastante….mucho, en realidad Por eso este capítulo se lo dedico a ella.

Para tí Yolanda de Madrid. Gracias chica; no sabes lo que hiciste por mí ese dia.

PLUGGED

Capitulo 15.

He salido con chicos y también me han besado en ocasiones, pero esta vez todo fue diferente. Quizás fue porque andaba con un Martini mas dentro de mi cuerpo o quizás porque necesitaba un beso con urgencia….pero la boca de Edward no era la del chico de 15 años que robó mi primer beso de juventud. Era cálida y demandante, tierna con un punto álgido de temeridad. Aplastada contra el frio espejo del elevador, perdí la noción del tiempo y el espacio.

Si…ya sé que estoy desvariando, perdiéndome en lo tópicos; pero es la realidad. Sus labios atraparon los míos, audaces y jugaron con todos sus contornos haciendo vibrar algo dentro de mí que yo creía muerto o simplemente lo había despertado él. El Ogro de Edward Cullen, aquel que en esos momentos, acercaba su pelvis a la mía, para estremecerme nuevamente por el roce de su muy pesada erección. Hubo un momento que creí desmayarme, por la falta de respiración y mi mente casi, casi pierde la conciencia….el oxigeno no llegaba a mi cerebro por aquella posesión divina de Edward. Cuando despegó su boca de la mía, dando finalmente leves besos succionadores a mi labio inferior, abrí los ojos y lo miré aterrorizada. Porque reconocí aquella sensación inmediatamente. Me gustaba, me gustaba mi jefe y él tenía la maldita culpa por haberme besado de tal manera. ¿Qué pretendía? ¡Yo no era la jodida Bella durmiente! ¡Era Isabella Swan! ¡Y él no era el puto príncipe, sino el Ogro del cuento!

La sonrisa que formaron sus labios me hizo babear, arrastrándome de nuevo a él y agarrándolo por las solapas de su inmaculada chaqueta para acercarlo a mí.

-¿Quieres más?.- susurró, sin abandonar aquella sonrisa.

Yo también le sonreí, muy pagada de mí misma y con una habilidad que nada tenía que ver conmigo, me separé rápidamente de él y paré el ascensor en la planta 15. La caja se paró abruptamente y Edward elevó una ceja acercándose a mí, como un depredador avistando una presa. Yo pegada a los botones del ascensor, respiraba con seria dificultad, viendo como se acercaba lentamente a mí con aquella mirada turbia de un simbolismo claramente sexual.

Me agarró una mano delicadamente y la posó sobre su pecho, sintiendo así como su corazón latía tan desbocado como el mío. Mi mano, en aquella blanca camisa, se coló entre los ojales para tocar su piel, maravillándome de aquel vello suave y tremendamente varonil. Él suspiró y yo lo imité a él, porque sentía como mi palma reconocía aquel trozo de piel con una codicia desquiciada.

Su otra mano se posó como con ferocidad en mi trasero y me empujó hacia su pelvis de nuevo, sintiendo aquel músculo duro y feroz .

-Te deseo.- rugió entre dientes.- ¡Dios mio, quiero joderte Isabella Swan! ¡Sabes cómo deseo follarte hasta partirte en dos de placer!

Asentí rápidamente engulliendo la enorme bola que tenía en mi garganta. Mi boca seca quería sus labios pero en aquel momento me sentí intimidada por sus palabras y me acobardé.

Pero él me evaluó lentamente, con una mirada sin ninguna emoción

-No.- rió apartándose, lentamente de mí.- No tienes ni idea de la manera que me gustaría follarte.

Parpadeé absolutamente alucinada y noté como mi mano se despegaba de su pecho y tambien de mi culo deseoso de mas caricias. Se llevó la mano a su cabello y lo revolvió nerviosamente antes de pulsar el botón para que el ascensor continuara elevándose.

Me sentí tan pequeña como una puta cucaracha. Marrón, insignificante e injustamente vulgar.

Me eché la mano a la frente y rogué porque todo aquello fuera un sueño. Una nueva pesadilla con aquel ser engreído que me había rechazado. ¿Porqué? Porque vió mi mirada cobarde al hablarme de aquella manera tan sucia.

¿Dónde mierda estaba la lengüeta de Isabella Swan , ahora? ¿Dónde estaba mi puto descaro y mis frases lapidárias? Se habían anulado y comprendía seriamente el porqué. Edward Cullen había alterado mis sentidos, muy gravemente…. Me gustaba, seriamente y me cabreé enormemente por aquello.

Bufé sin mirarlo y le dí la espalda, poniéndome contra la pared. El cabreo que se estaba formando en mi pecho era monumental, porque: primero: había comprendido que el jodido hijo de puta que tenia dentras mío, me gustaba y mucho. Y segundo: que me había rechazado por que había visto en mis ojos el brillo de mi virginidad inmaculada….

El sonido de la obertura de las puertas, me hizo volverme y caminar aprisa hacia mi habitación. Pasé la tarjeta por el identificador y la puerta se abrió automáticamente.

Dí un fuerte portazo al cerrarla y fui a buscar mi bolso que se hallaba donde lo había dejado. Lo abrí y allí ví todos los documentos que requería el cabrón de mi jefe.

Abrí la puerta y fui a tocar en su puerta para hacerle entender que ya lo tenía todo listo, pero me encontré que la puerta se hallaba abierta cuando le dí el primer golpe. La puerta se abrió lo suficiente para ver lo que me hizo sentirme humillada y arrastrada, como una puta fregona.

Edward estaba con Carmen. Ella apenas estaba vestida y él la besaba, con la misma mascara de ardor que había utilizado conmigo. Me sentí sucia de nuevo, igual que aquella vez que me besó cuando apenas era una niña. Nada de lo que venia de Edward Cullen podría ser bueno. Nada.

Las manos me temblaron y él alzó la mirada sin separar su boca de la de Carmen. Me víó, sé que lo hizo, pero yo corrí, corrí mucho y me refugié de nuevo en la intimidad de mi habitación.

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-Sé que no debería de estar hablando de esto contigo, pero pienso que debo de marcharme abuelo. No lo soporto, es de lo peor.

Después de haber estallado en llanto en mas de una ocasión aquella tarde…después que Edward aporraceara la puerta una diez veces, me gritara y me amenazara con despedirme. Comprendí que es lo que quería sobre todas las cosas: Los malditos documentos de Shioquin, se los eché por debajo de la puerta y los alcanzó, para quedarse parado unos instantes y luego con paso rápido salió en estampida a lo largo del pasillo del hotel.

Lo maldecí como unas mil millones de veces, también me cagué en sus muertos otras cuatro mil y también me cagué en mi puta mala suerte y en mis los florecientes sentimientos que se estaban asentado en mi corazón. ¡Cómo dolía el rechazo del único hombre que me había hecho sentir aquello! La picazón insolente en mis pezones, haciendo que mis pechos se tornaran pesados y creciesen enigmáticamente ante sus caricias….. ¡No quería recordar! ¡Queria recordar que era un cerdo y solo se trataba con putas que reconocieran aquel lenguaje malsonante y libidinoso!

Volví a llorar. ¿Pero a quien intentaba engañar? Si en el fondo me había gustado….¡Ay, Dios, Isabella! ¿Qué coño quieres? Me sentí bullir como las burbujas del champange cuando me habló de aquella manera. Sin remedio y sorbiendo mis mocos, lloré como una parra durante horas. Lo oí volver y encerrarse en la puerta continúa. Rogué por encontrar tapones de los oídos para no escucharlo; por si se decidía a terminar lo que había comenzado con Carmen, pero me rendí inmediatamente al comprender que no podía evadir la realidad y que tenía que asumir la condición del ser que había tocado mi corazón.

Pero no escuché nada. Sólo silencio….

Cuando me calmé, decidí atajar el problema por la base y llamar a mi abuelo, y en esas me veía en esos instantes….

-¿Qué quieres decir, Bella?,- la voz del abuelo a través del hilo telefónico sonó realmente preocupada.

Pensé bien lo que debía decir, no podía salir como una cobarde de allí; no le daría esa satisfacción al maldito.

-Yo… creo que seguiré estudiando. Cullen no tiene reparos en mandarme trabajos que no sé como comenzar. Es duro como jefe y a veces me gustaría colgarlo por los coj…

-Beeelllla….- me amonestó el abuelo.

-¡Es que es un engreído, cree que todo lo hace bien y hay que estar a su altura en todo momento! Abuelo….necesito instruirme lo suficiente para volver a esta empresa….

La risa del abuelo, me hizo mirar el teléfono como una loca y poner los ojos como platos. ¿Y ahora de que coño se reia "mi abuelito"?

-Si llego a saber que mandarte a trabajar con Edward surge esos efectos, juro por Dios que te mando mucho antes.- Volvió a reir, se notaba que la noticia lo satisfacía enormemente.

-¿Cuándo puedo marcharme de aquí?.- Mi voz como un susurro alertó a mi abuelo.

-Bella. ¿Qué ocurre? ¿Estas segura que solo es un problema de incapacidad? Mira…que si Edward te ha hecho o dicho algo que …

-¡No!.- respondí enérgica.- Edward es Edward. Ya sabes abuelo…él pide demasiado para mi nivel académico; compréndelo.

-Esta bien muchacha. Me alegro que al fin estés dispuesta a retomar los estudios donde los dejaste y completar una carrera universitaria. Eso te hará apta para retomar Cullen Ltd….como socia mayoritaria junto a Edward.

-¿Socia mayoritaria?.- elevé la voz.

-Por supuesto. ¿No querrás que delegue en él también mi capital? No, querida, eso lo harás tú, mi única nieta.

Suspiré…era irremediable tropezar con Edward en mi camino…irremediable y molesto como una piedra en el zapato…no, era muchísimo peor.

-Ya hablaremos cuando toque de eso, abuelo. Ahora necesito salir de aquí…

por favor.

-Está bien, hablaré con Edward y le diré que cambie los pasajes.. .Yo mismo me personaré mañana en Francia, estoy al tanto del desfalco de Shioquin y quiero hablar con los Giganget.

Recordé los ojos azules cobalto de James y se me erizó el vello.

-Hasta mañana entonces abuelo, y …lo siento.- siseé.

-No te equivoques mi vida. En estos momentos, soy el hombre mas feliz del mundo.

Colgó y me fui lentamente hacia la cama, tirando el teléfono al lado mío. Miré el techo y dejé que mi imaginación hiciera el resto. Las bóvedas del techo parecían sacadas de un sueño romantico de jeques y doncellas vírgenes….capturadas y seducidas por aquellos hombres rudos y machistas. Luego, después de abrir sus corazones a ellos; eran ellos los que se volvían locos de amor por ellas y besaban el suelo donde pisaban. Alzandose contra sus leyes y su país; sus principios.

Me quedé dormida; lo supe porque el sol que entraba por la ventana de la habitacion de uno de los lavabos de la suitte habia desaparecido. Pensé en tomar un buen baño, antes de pedir que me subieran la cena. No quería ver a Edward; si era posible

Llené la bañera tipo oeste y me zambullí en ella, soltando mi coleta y haciendo un rosco con mi cabello sobre la coronilla. Cerré los ojos y suspiré, la imagen de Edward ante mí, desnudo inundó mis sentido gemí y rugí ,entre disgustada y excitada…Un momento…..¡Yo no habia rugido! Abrí los ojos y me volví a sentir pequeña de frente a él. Tenia el ceño fruncido y me miraba sin perder detalle de absolutamente nada.

-¡Que coño haces aquí! ¡Largo! ¿Quién te crees, engreído de mierda?.- le grité…Gracias a Dios, la Bella lengüeta y sin pelos en la lengua habia vuelto…si ¡Gracias a Dios!

-Me ha llamado Aro. Me ha dicho que mañana te vuelves a Washington.- Sus ojos me devoraban abiertamente.- Te quitas de en medio. ¿no es así?

-Mira, sal de aquí. Es mi suitte y es privada. Ósea que largo…- objeté violenta, cabreada y como un tomate.

Ví con terror como se quitaba los zapatos lentamente, los calcetines , el cinturón, el pantalón…finalmente se zambulló en la bañera conmigo, haciendo que el agua surtiera por los bordes.

Parado en medio de mis piernas, de rodillas, su mano tocó mi mejilla y la acarició hasta la sien.

-¿Por qué huyes…?

Tragué la bola de fuego que se hacia mas y mas grande en mi garganta.

-No…no huyo.

-Mentira.- inquirió, acercándose mas a mis caderas.- Tienes miedo. Lo sé.

Lo miré a los ojos retándolo.

-No tengo miedo. Ni de ti ni de nadie….

Sus brazos se perdieron en el agua y sentí sus manos ceñirse en mis caderas.

-Demuestramelo.

Continuará….

Ahhhhhhhhh, no sé porque pero me gusta como ha quedado este capi. Ya me diréis preciosas! Besos lindísimas!