Los personajes de esta historia no me pertenecen. Por el contrario la historia es mía…jejejjeje( mitesoooooro); en plan Golum…juas,juas,juas!

Gracias hermanas …me habéis dejado sin palabras con respecto a la nueva acogida de este fic. Estoy tremendamente agradecida por ello y si alguna está algo despitadilla y no sabe que utilizo eso del Facebook, allí tengo una pagina con detalles de los personajes de este y de otros fics además de establecer una hermandad de ilusión.

Sin mas; os dejo leer, que si no al final me mandareis a la mierda….

PLUGGED.

Capitulo 20

-¿Bella?.- había entrado en shock o estaba en estado R.E.M, roncando como una maldita. Aunque la voz de Bree me hizo sentir la realidad de aquel acontecimiento como un balde de agua fría.

-Si.- respondí con la mirada perdida.

-¿Bajaras al despacho? .- Bree se acercó a mi y agarró mis manos hasta llevárselas a sus labios.- Hey…Bella, despierta, joder. ¡Como sueltes una maldita lágrima te mato!, ven.- Me llevó a rastras hacia su cama y me hizo sentarme.- Quítate esa sudadera horrorosa y ponte esto.

Echó hacia mi rostro un pantalón corto y una camiseta de tirantes.

-Estoy harta de verte con esas pintas…no sé cómo no has criado pollos todavía, en tu otra vida seguro que fuiste una moja lesbiana o algo por el estilo…

Miré las prendas y me saqué la enorme sudadera que llevaba puesta y los pantalones de pijama de la talla XXL.

-Estas zapatillas estarán perfectas.- Bree soltó una chinelas a lado de mis piececitos y rumió algo entre dientes.

-¿Qué coño estas farfullando?.- espeté, comenzando a recuperar la cordura.

-Debemos hacer algo con esas uñas Bella… ¿sabes? A Los tios les da un morbo increíble ver las uñitas pintadas de rosa o rojo. ¿Cuál prefieres?.- La muy fetichista estaba mirando mis pies como si fueran la octava maravilla del mundo.

-¡Dios! Bree….no puedo creer de lo que estamos hablando….

Ella suspiró y giró su cabeza para recoger su cabello en una coleta improvisada, se calzó unas zapatillas gemelas a las que yo llevaba puestas y abrió la puerta para sonreírme a continuación.

-Deséame suerte, Bree.- susurré.

-Ni lo sueñes, ese toro lo vamos a torear juntas…me muero por ver a ese hombre. Quiero saber si es tan irresistible como en las revistas. Además, no quiero dejarte sola, en ningún momento con él.

-No lo voy a estar.- le respondí hecha una fúria.

-Puedes apostar que no.

Cerramos la puerta sigilosamente y caminamos arrastrando los pies por el largo pasillo. Al bajar por las escaleras, vimos al gerente de seguridad y nos dió paso. Debía de estar enterado que había sido llamada por el Rector Thomas. Llegamos hasta el despacho de Ben y Bree se tomó la libertad de arrastrar los nudillos por la puerta.

-Pase.- La voz enérgica y grave de Ben, me dió escalofríos y automáticamente se me pusieron los pezones como estacas…armada hasta los dientes para matar vampiros, Bella….genial.

Bree me apartó y pasó delante de mí, yo bajé la mirada y arrastré los pies hasta cerrar la puerta cuando la tuve a mis espaldas.

-¿Se puede saber que hace usted aquí, señorita Tunner?.- Miré por el rabillo del ojo a Ben. ¡Dios santo! Tenía la mandíbula tan apretada que parecía que iba a explotar de un momento a otro, suspiré acojonada y sentí aquel aroma tan particular inundar mis fosas nasales. Me tensé.

-Bella me ha pedido que la acompañe.- ¡Mentirosilla!

Ben suspiró y escuché como sus pasos se acercaban a mi. Elevé la mirada y me encontré con sus ojos infinitamente negros.

-Señorita Swan.- dijo en un tono neutro.- El señor Cullen, ha venido desde Washington para visitarla….- Sus ojos viajaron hacia mi lado izquierdo y su gesto se endureció de nuevo.- ¿Señor Cullen.?

Seguí la mirada de Ben y noté el fuerte agarre de Bree en una de mis manos. No estaba sola en esto. Podía superarlo…volver a verlo, aquellos ojos, aquella boca…su irresistible manera de provocarme con tan solo un gesto, ella estaba allí para recordarme que no debía de caer, ni un solo segundo en sus juegos. Él era un hombre casado ahora, y yo el dia de mañana encontraría a una persona que me daría mucho más de lo que soñé en mis sueños de niña.

Y allí estaba él, tan bello como lo recordaba, con el gesto duro, marcado por un rictus imperturbable. Sus ojos verdes me miraban evaluando cada centímetro de mi cuerpo y oí como Ben carraspeaba y se movía como un león encerrado de un lado a otro de la habitación.

Su boca se cargó de ironía al moverse y dibujó una sonrisa de superioridad al mirar con aquellos ojos de fuego verde a Ben.

-Hola Bella.- Su voz cargada de erotismo me hizo estremecerme y mis pezones erectos se convirtieron en puntas de lanzas de nuevo, él pareció darse cuenta y sonrió orgulloso de sí mismo. Desperté de aquel ensimismamiento con aquel gesto del puto Orgro de mierda…¡Bellaaaaa, maldita sea, no permitas que influya en ti, ese bastardo no significa nada…nada!

Alcé la barbilla con densos aires de superioridad y dí dos pasos para ofrecerle mi mano amistosa junto con una sonrisa de anuncio de crema dental.

-¿Cómo has estado Edward?.´¡Bingo! su gesto se mostró por unos segundos atormentado y sus ojos dejaron de brillar de la manera que lo habían hecho momentos antes.- Lo siento; no pude asistir a tu boda. Enhorabuena.- Sonreí como una maldita poseída y su boca se abrió, para de nuevo cerrarla…¡El muy maldito no sabia qué decir! Me felicité interiormente, me dí palmaditas y me prometí a mi misma que seguiría con aquella tónica hasta hacerla formar parte de mi misma.

-Bien.- carraspeó incómodo , acomodando su mano sobre la mía y dándome un ligero apretón.- No es de eso de lo que he venido a hablarte.- volvió a carraspear.- ¿podemos tener una mínima de intimidad en algún lugar?

-Lo que haya de decirle a la señorita Swan, puede hacerlo aquí, señor Cullen…

-Es privado.- la cabeza de Edward se giró hacia el lugar donde se hallaba Ben y rugió de manera involuntaria al hablarle.

Bree me apretó la mano y me giré hacia ella.

Elevó una ceja y yo asentí.

-Si usted me permite señor Rector. Me gustaría entrevistarme con el señor Cullen a solas.- Ben me miró interrogante y su rostro se convirtió en una máscara insondable. Caminó hacia su hermana , la arrastró de mi lado, empujándola débilmente y dió un portazo al salir del despacho.

Me crucé de brazos y caminé hacia un rincón de la estancia. Los ojos de Edward me seguían, estaba segura de ello, podía sentirlos en mi nuca…y en casi todo mi cuerpo.

-Dispara.- dije, mirándolo retadoramente, con gesto indiferente.- Estaba estudiando y no quiero perder mas del tiempo necesario.

Él miró hacia un lado y sonrió muy pagado de sí mismo…jodido cabrón gilipollas….sabia que estaba como un Dios, y se pavoneaba de ello, pobrecita de su mujer, menudos cuernos…debería de ir acostumbrándose a quedarse clavada en los marcos de las puertas. Recompuso el gesto y su mirada evaluó de nuevo mi cuerpo; esta vez mucho mas detenidamente.

-Has mejorado.- susurró, grave, erótico…¡mierda, mierda, mierda!.- ¿Te gustaron las flores?

Abrí los ojos sorprendida por su descaro y casi me lanzó encima de su cara de mierda y le arranco la piel a tiras. ¡Pero será hijo de puta!

Recompuse el gesto rápidamente y intenté mantenerme lo mas serena e indiferente posible.

-¿Qué flores?.- Me gustó ver en sus ojos la sombra de la decepción y seguí con el juego.- No sé de que me hablas, Edward.

-Olvídalo.- pasó una mano por su rostro y caminó hacia mí para tocarme.

-No. Ni se te ocurra.- alcé una mano y toqué su pecho. Juro que casi pude notar su corazón martillear debajo de la palma de mi mano. Sus ojos me miraron intensos .

-Bella debes volver conmigo a Washington.

-No.- negué categóricamente.

Edward dió dos pasos hacia atrás y se irguió, pareciendo mucho mas colosal de lo que era.

-Aro ha sufrido un infarto.

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El viaje hasta Washington no era largo , pero se me hizo interminable. Mi abuelo había sufrido un infarto…¡Nadie había tenido la delicadeza de avisarme al respecto!

Al otro lado del la limousina ostentosa en la que viajábamos , se encontraba el odioso de Edward, con un dedo golpeándose en la boca y con la mirada perdida en las luces que adornaban la autopista a cada lado de la carretera.

Flash Back…

"Tranquila Bella" me dijo el jodido hijo de puta. " Está muchísimo mejor, no ha dado su consentimiento a avisarte hasta que no se viera visiblemente recuperado".

Mentalmente me ví colapsada. La sola idea de perder a el abuelo, me era increíblemente dolorosa. Él era mi único pariente, la única cadena de sangre que me prendía a aquella tierra.

"Quiero verlo ahora"

Recordé la sonrisa de Edward al sentenciar aquella frase.

No tardé de volver a estar en el despacho de el Rector de nuevo, con una pequeña maleta y la compañía de Bree y Ben a mis espaldas.

Edward salió por la puerta y me quedé a solas con ambos hermanos.

Miré primero a Bree y ella se agarró a mi cuello, escondiendo su rostro en mi hombro.

-No cedas, Bella. Por favor.- susurró , para que sólo yo pudiese oírla.

Negué cuando nuestras miradas volvieron a encontrarse. Besó mi mejilla y se apartó dejando a Ben de frente a mí, serio y con gesto de preocupación.

Tragué en seco antes de hablarle.

-Mi abuelo Aro…

Él dio dos pasos hacia mí, bajó la cabeza y aquel maravilloso mechón de cabello oscuro tapó un ojo.

-Él me lo dijo. Dios sabe que intenté por todos los medios que se marchara.

Lo miré intrigada.

-No entiendo. ¿Por qué?

Él ensanchó sus labios en una sonrisa franca y colocó un mechón de mi cabello detrás de mi oreja.

-No tardes, Bella. Esto no será lo mismo sin tí.-me reveló Ben; como si fuera un secreto.-Su sonrisa desapareció de pronto y la fina línea de sus labios tembló.- Bree te echará de menos, te has convertido en su mano derecha y yo….

De pronto me encontré ansiosa, deseaba que siguiera hablándome, que terminara aquella frase.

-Y tú….¿Qué?.- pregunté entrecortadamente.

Sonrió sin perder contacto con mis ojos y suspiró cogiendo una de mis manos y llevándosela a la boca. Me besó los nudillos como un autentico caballero. Cerré los ojos algo atontada por el contacto y sus ojos devoraron los míos hambrientos de preguntas.

Reticente a apartar mi mano de entre las suyas me acerqué a él y lo abracé arrancando mi mano y rodeando su cuello entre mis brazos.

-Volveré.- prometí en un susurro, muy cerca de su cuello.

-¿Lo prometes?

Me aparté ligeramente de él y lo miré a los ojos.

-Si.

Ben me observó unos instantes y sonrió como sólo él sabía hacerlo. Mis brazos se relajaron y dí dos pasos hacia atrás. Agarré mi maleta con ruedas y caminé hacia la puerta. Sonreí a ambos, antes de desaparecer y encontrarme con la mirada inquisitiva de Edward.

Fin del Flash Back…

Suspiré y noté como Edward se movía intranquilo y carraspeó.

-Iremos al Clinical inmediatamente. Si lo deseas.- espetó con un tono, en un principio asquerosamente autoritario.

-Por supuesto.- contenté sin mirarlo.

El silencio nos embargó, pero fue por poco tiempo.

-¿La tal Bree, es la amiga con la viajaste a Vancouver?

Giré mi cabeza y lo aniquilé con la mirada.

-¡Y a tí qué coño te importa!

Rió de manera sensual y se acercó hacia mí como un depredador. Poco a poco, arrastrándose sobre el asiento de piel de la limousina.

-Por supuesto que me importa. ¿Era ella?.- susurró muy cerca de mí.

Giré mi rostro y vislumbré las luces de la ciudad al fondo. Por fin llegábamos.

-Si.- susurré. ¿Qué importaba?

Maldijo entre dientes y se desabrochó los dos primeros botones de la camisa blanca inmaculada.

-Ya me parecía a mí extraño que el Rector Thomas se tomara tantas implicaciones contigo. ¿Ósea que fuíste con él a Vancouver?

-Nos acompañó a Bree y a mí. - Respondí con tono aburrido.

-¡No me jodas, Bella! ¿Os hizo de guía?.- comenzó alzar la voz, como un energúmeno.

-Oye.- alcé la mano y pedí mi espacio. Estaba demasiado cerca de mí y por supuesto se estaba tomando libertades que claramente no tenía.- Para el carro. – Sus cejas fruncidas y sus ojos atormentados, me hicieron querer acariciar aquella arruguita que ser formaba en el centro de sus cejas.

Edward bufó exasperado y se repantigó en el cómodo asiento de la limosine mirando hacia delante.

-Ese fin de semana planeamos ir a hacerte una visita tu abuelo y yo. – comenzó a narrar.- Aro se la pasaba hablándome de tus progresos en la universidad. Se veía a leguas que estaba tremendamente orgulloso de ti. Me contó que se comunicaba con "Tu Rector" de vez en cuando y le contaba las maravillas de tus progresos. Por fin estás haciendo lo que tu padre y él quisieron. Estudiar, formarte y en el futuro encabezar la empresa en la que tienes tantos derechos como yo. – Bajó el rostro y sus ojos estallaron con los míos.- Pero fuíste cobarde…como siempre y huístes.- susurró de manera grave.

Aparté el rostro y me ruboricé. Él rió y me crucé de brazos enfurruñada . No dijimos nada más hasta llegar al parking del Clinical.

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-Señor Cullen.- la enfermera de turno…. Si seguía mirando así a Edward seguro que le iba a dar una apoplejia.

-Hola.- saludó él, tan borde como de costumbre.- Dos pases. Le haremos una visita a Aro Vulturi.

La enfermera le tendió a Edward un par de tarjetitas verdes con una pincita y las recogió sin mirarla si quiera.

-Gracias.- dije yo, sonriente. La enfermera me miró como si fuera la primera vez que deparaba en mí y yo puse lo ojos en blanco. Aún me preguntaba cómo podía ser posible que Edward causara ese tipo de reacción en las mujeres con lo irascible y cabronazo que era.

Caminamos hasta unas puertas metálicas y éstas se abrieron. Entramos en un vasto ascensor y aquello hizo que mi mente volara a Francia unos meses atrás. Ruborizada hasta la raíz del cabello, intenté no mirar al cavernícola que se encontraba a mi lado, porque sabía, que pese que seguro que no era lector de mentes, llegaría a imaginar el porqué de mi rubor.

Carraspeó nervioso y comenzó a dar golpecitos con uno de sus pies en el suelo.

El ascensor se abrió y corrí en busca de la única habitación que había en aquella planta.

Respiré hondamente al llegar a la puerta y cerré los ojos antes de girar el pomo y pasar.

La luz ténue de una lamparilla de mesa, alumbraba la enorme habitación. Un gran cabezal de mismo color y una cabeza posicionada encima de una gran almohada. El abuelo estaba allí, dormía y unas bolsas de goteo eran seriamente inspeccionadas por una enfermera. Al oírnos entrar, ésta se giró y miró a Edward.

-Señor Cullen.- susurró con su mejor sonrisa. Seguro.- Acaba de dormirse ahora mismo. – Sus ojos viajaron hacia mí y por una jodida vez en mi vida y con Edward a mi lado ,aquella mujer no cambió el gesto y siguió con la misma expresión.- Supongo que tú serás su adorada Bella. – Asentí y mi vista viajó hacia la cabeza canosa de mi abuelo. Una ternura infinita me embargó y algo en mi corazoncito se despedazó. Lo amaba y hasta ahora no me había dado cuenta de lo mucho que lo hacía…él, siempre había querido lo mejor para mí, presionándome hasta límites insospechados para que me diera cuenta de lo duro que podía ser la vida, en un momento dado. No quería darme nada sin que yo me lo ganara. Porque sencillamente todo trabajo tiene su recompensa o el sacrificio, siempre es premiado. Nada no es igual a todo y todo a veces es igual a nada.

Caminé hacia donde él se hallaba reposando y rocé con las yemas de mis dedos su frente.

-Abuelo.- susurré.- Estoy aquí, Edward ha ido a por mí. No te voy a perdonar que no dejaras que me avisaran…hubiera corrido hasta aquí, aunque hubiera sido con mis propios pies…

El rictus serio del abuelo se movió y poco a poco, fue recreándose una sonrisa en él.

Elevé una ceja y volví el rostro hacia Edward. Él se hallaba con los brazos cruzados y mirándonos a ambos con una expresión insondable; como la mayoría de las veces.

-Aro, creo que te ha delatado la sonrisa.- espetó algo hosco.

Los ojos de mi abuelo se abrieron y yo me abracé a él, con todo mi torso.

-¡Dios! Abuelo…no me hagas eso….

Me sujetó el rostro con ambas manos y tierno y sensiblero me miró a los ojos.

-Torres más altas han caído Bella. Pero a Aro Vulturi todavía le queda mucha guerra que dar…aunque a algunos les pese.- No comprendí las palabras de aquello, pero de lo que sí me dí cuenta, es que sus ojitos chispeantes, ahora un poco apagados miraban a Edward especuladores.

- Me alegro que todo haya sido un susto, abuelito.- lo besé en la mejilla arrugada, dos o tres veces.

-En unos días estaré en casa. No te preocupes.- miró de nuevo a Edward.- ¿Has traído las llaves de mi casa?

Edward asintió sin hablar y Aro me miró sujetando esta vez mi mano derecha.

-Cuéntame algo de la Universidad…

-Estoy trabajando duro abuelo…

Hizo un gesto con la mano, como si aquel tema no le importara.

-Me refiero al tema de los chicos…sé de sobras que te estás defendiendo como una leona…

-Bueno, abuelo. No estoy estudiando en la Universidad para pensar en chicos, precisamente.- carraspeé nerviosa. Aquel era un tema muy personal y tenia al dueño de todas mis pesadillas a mis espaldas .

-No hay nadie que me interese.- quise zanjar el tema de una buena vez.

El abuelo rió de manera maliciosa y palmeó mi brazo como si fuese una niña de teta.

-Eso no quiere decir nada. No creo que hayas pasado desapercibida…aunque no estén entre los alumnos tus admiradores.

Esta vez si me puse como un tomate. ¿Qué sabia el abuelo? Quizás algo más que yo no sabía?

El sonido de un móbil nos hizo girarnos hacia Edward.

Se marchó hacia fuera para atender la llamada y el abuelo me sonrió cogiendo un mechón de mi cabello rebelde jugueteando con las puntas de sus dedos.

-Edward te llevará a mi casa. Quiero que te quedes allí hasta que yo me restablezca. No serán más de dos o tres días Bella. No demoraras en volver a tu universidad.- rió con ganas, como si le hubieran contado un chiste privado.- Sabia que venias y me he tomado la libertad de invitar a alguien para que no estés sola en casa.

Abrí los ojos asombrada y un rostro lleno de pircings hermoso y una melena de infarto se apareció en mi mente.

-¡Bree!

El abuelo estalló en risotadas.

-Me alegra enormemente que hayas llegado a tal grado de amistad con esa chiquilla. Si bien su aspecto personal no está muy bien visto en la sociedad donde sus padres se mueven. Es valiente e impetuosa y me causa un infinito respeto. Sí, he llamado a Ben para invitarla estos días que yo estaré todavía aquí ingresado, él no puesto ninguna objeción, incluso podía llegar a decir que hasta se ha mostrado aliviado.- El abuelo rió entre dientes.- Ben volverá a buscarlas a ambas.

Asentí y agradecí a Ben su extrema generosidad. Era un hombre de la cabeza a los pies; además de estar como un queso…

Sonreí y sin tener plena conciencia de ello, me sonrojé.

-Te has puesto colorada, Bells. …. – el abuelo me evaluó como un autentico lince.- El chico Thomas es un gran tipo…espero hayas sabido verlo.

-Si.- dije en un susurro.

-Estupendo.- Dejó caer su cabeza sobre la almohada y cerró los ojos.- Dame un beso querida nieta y márchate a descansar.

Edward abrió la puerta en aquel mismo instante y el abuelo le habló sin abrir los ojos.

-Hazme el favor de llevarla a mi casa Edward, tal y como hablamos. Nos vemos mañana.

Dí un beso a la mejilla de mi abuelo y éste sonrió.

Caminé hacia Edward y él se dirigió a Aro para desearle buenas noches.

De camino a la limousine, chasqueó la lengua y sonrió muy pagado de sí mismo.

-Iremos en mi coche.

-¿Y mi ropa? Mi maleta iba en la limousine.- dije algo alterada.

-Pete seguro que ya la ha llevado a la casa Vulturi; no te preocupes.

Seguí a Edward y paramos de frente a un volvo metalizado. Abrió la puerta del copiloto y me cedió el paso. Me quedé literalmente muda.

Cerró la puerta y me até el cinturón de seguridad. Edward arrancó el coche una vez dentro y comenzó a conducir como un autentico loco.

-¿Qué quieres… matarnos?.- grité cuando ya no pude resistir mas mis nervios.

-No seas tonta. No nos va a pasar nada.- rió y apretó más el acelerador como un jodido cabrón que era. Mis manos apresaban el asiento con tanta fuerza, que cuando bajara del coche tendría agujetas en los nudillos…si es que bajaba alguna vez y aquel volvo no hacía de ataúd para mi persona.- Descompuse a Edward en cachitos con la mirada, pero fui incapaz de decirle nada mas en todo el trayecto.

Al llegar frente a la mansión del abuelo, bajamos; repitiendo Edward el mismo gesto de abrir la puerta y bostecé, Edward rió jocosamente.

-¿Cansada?

-Por supuesto…¿Recuerdas los años universitarios Edward? Oh…espera, quizás tú no la pasaras estudiando, quizás el sueño también te faltara, pero no precisamente por estar metido con la nariz entre los libros…

-Oh si….mi nariz se pegaba a otros lugares de la anatomía humana mucho más interesantes.

Negué con la cabeza, alcé el brazo y abrí la palma de mi mano derecha.

-Las llaves.

-¿Qué llaves?

-Mis llaves.

-Toca a la puerta, el servicio está esperándote.

-Aro me dijo que había unas llaves; suéltalas.

Cagándose en todos los muertos y en Satanás, buscó de su bolsillo algo y me tendió las llaves con gesto de cabreator.

-Perfecto. Buenas noches Edward.

Me dí la vuelta y caminé hacia la verja, abrí con mi llave y sentí sus pasos a mi espalda.

-¿No me invitas a una copa? Después de todo me he tomado muchas molestias en ir a buscarte , no?

Lo miré como si fuera un bicho asquerosamente repugnante… con gesto de asco incluido.

-Entra si quieres. Yo me voy a la cama.

Me alcanzó cuando volví a retomar el paso y apretó mi brazo con una de sus manos.

-Bella…- su otra mano libre viajó hacia su cabello y se estiró de él. Claro síntoma que estaba de los nervios.- ¿Te lo estas jodiendo? A Ben. ¿Te lo estas jodiendo?

Me quedé lívida.

-¿Qué?

-¿Le entregas tu cuerpo a ese jodido hijo de puta? Dime..¿lo haces?

Me deshice de su agarre y alcé aquella mano para estrellarla en su mejilla con todas las de la ley.

-Eres un maldito cabrón insensible. ¿Qué si estoy follando con Ben? ¡No, joder! ¿Pero a ti que coño te importa? Estas felizmente casado y yo estoy libre, puedo tirarme a todos los tios que me salga del coño y mamar sus pollas hasta quedar saciada…no tengo por qué darte explicaciones a tí. ¿Quién coño eres,? Nadie…¡Absolutamente nadie!

-No me hables así, Bella…no lo hagas o no respondo…- su voz estaba cargada de una electricidad que dolía y sin comprender me excité enormemente

-¿Cómo? – No me dio tiempo a nada más. Me agarró como un maldito cavernícola y me tumbó en el suelo, para estirarse sobre de mí, podía sentir todos los músculos de su cuerpo y la enorme polla que saltaba por salir de aquellos pantalones. Lo oí gruñir, a punto de llegar.

-Dí que follaras conmigo antes que con nadie….dílo.- susurró muy cerca de mis labios.

-Estas loco, si pretendes que diga eso…deja de hacer esto, Edward. Suéltame.

-Tu dulce coño virgen es mío…tú eres mía…

-¡Y una mierda! – Me arrastré para intentar aplacarlo y darle la vuelta; pero era imposible, el tio estaba aferrado a mí, como una maldita garrapata.- Yo soy tuya…¡Pero tú te jodes todos los días a tu mujer!

Él aflojó el agarre y sonrió mirándome a los ojos.

-¿Te importa?.- susurró con una voz que nunca había oído.

-No.

Cambió de expresión y se alzó limpiándose su traje impoluto sin corbata.

Yo también me levanté y lo miré con todo el oído que tenia hacia él.

-Te agradecería que no me asaltes así….

-Cuando yo quiera…cuando yo lo decida…-susurró enmierdado hasta los ojos de algo que no podía descifrar.

Me giré y llegué hasta la puerta. Pude oír como el volvo salía disparado y yo suspiré antes de girar la puerta y abrirla.

-Prueba superada, Bella.

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Bree llegó a la mañana siguiente, con una sonrisa en los labios y una cháchara sin fin.

-Tengo que darle a Ben las gracias personalmente por ser tan comprensivo conmigo.- le dije, mientras la ayudaba a acomodar todas las ropas de dentro de su maleta.

-Hablando de Ben…mandó algo para tí.- Un gesto de malicia absoluta, tiñó su rostro . Buscó con rápidez algo entre su maleta y sacó un paquete rectangular acompañado de un sobre .

-¡Ábrelo! Me muero de la curiosidad….

-Yo también…-susurré.

Con las manos temblorosas, hice pedazos el papel y descubrí que era una caja de zapatos. Abrí la tapa y me quedé maravillada. Eran unos explosivos zapatos de charol rojo….con un tacón no apto para cardiacos. (véase en mi face).

Bree comenzó a gritar como una poseída unas barbaridades…

-¡Jodida mierda! Mi hermano es un cachondo mental…¡Vaya zapatos!, espera…el sobre, Bella abre el sobre.

Lo hice, sin despegar la mirada de aquellos zapatos . Era una cajita, dentro había una pulsera de coral del mismo color que los zapatos, Bree volvió a gritar, maldecir y jadear.

-Hay una nota.- le dije, pero ella no me escuchaba, parecía estar bailando algún baile indio para el Dios de la lluvia o algo de eso, mientras iba hacia una esquina de mi enorme habitación, leí aquella palabra.

"Compláceme"

Jadeé…tan solo era una palabra. Pero significaba tantas cosas.

Guardé el papelito en el bolsillo trasero del pantalón que llevaba en esos instantes y caminé hasta Bree, que parecía que se había calmado un poco.

-El cabrón de Ben, parece haberme leído el pensamiento…mira lo que te he traído….

Estiró de una percha que estaba dentro de la maleta y sacó una fantástico vestido de raso elástico negro, no demasiado corto, ceñido, de palabra de honor y con una espalda increíblemente sexy. La tira de palabra de honor que se perdía en la espalda, se abría haciendo un dibujo sensacional para volver a unirse. (ver en el face, foto de portada)

"Compláceme"…

Sonreí de medio lado y sentí burbujear algo en mi interior….

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Me cago en la puta…Bella….estas…estas….me haría lesbiana ahora mismo.

-¡Bree, jooooder! Ya estoy lo suficiente nerviosa como para que tú me vengas ahora con eso…

-¿Pero te has mirado? Y esos jodidos zapatos rojos….

Bree paseó la mirada por las largas piernas de Bella hasta llegar de nuevo hacia sus zapatos.

-¡No me mires así!

-¿Cómo?.- gritó su amiga sin despegar la mirada de los tacones.

-Como si quisieras comerme viva…

Bree se paseó por la gran habitación de Bella y suspiró tendiéndose en la cama de espaldas. Bufó y miró el techo sin parpadear.

-A Ben le va a estallar la polla cuando te vea…

-¡Bree!.- gritó de nuevo Bella.

La muchacha estalló en carcajadas y se llevó las manos al vientre retorciéndose.

-No le encuentro la gracia; de verdad….estoy como un flan y tú, queriéndome poner histérica. ¡Menuda amiga!...quiero recibir a mi abuelo como se merece. Es lo único que tengo.

Bree se alzó mirando a Bella con determinación . Caminó hacia ella y le puso ambas manos sobre los hombros.

-Bella, tanto Ben como yo también somos tu familia…eso no lo olvides.

Bella parpadeó y se abrazó a su amiga, intentando contener las lágrimas.

-Gracias. Pero todo esto ha sido un mal sueño… hasta que no lo ví en el Clinical no pude estar plenamente segura que todo iba bien. Lo amo mucho….

Bree buscó su móvil, que recién había emitido un pitido.

Miró la pantalla y sonrió a su amiga.

-Ayúdame a vestirme Bella. Ben ha llegado, en 10 minutos está aquí.

Continuará…

Nenas….una promesa es una promesa y aquí estoy.

Si siguen llegando esta cantidad de reviews actualizaré cada semana ok¿?¿?

Es lo mínimo que puedo hacer por vosotras.

Mil gracias y Besos hermanas, os quiero!