Chicas, estoy de vuelta con otro capi de Plugged. Espero que os agrade.

Mil gracias a mi hermosa beta: Jo Ffad, por su compresión y sobre todo por proyectarme para que muchas mas niñas conozcan mis historias.

A vosotras ¿Qué os puedo decir? Sinceramente, mil gracias por hacerme llegar hasta aquí.

Besos.

Sistercullen.

Los personajes de esta historia no me pertenecen. La historia es de mi autoría.

PLUGGED.

—Yo en cambio no puedo olvidar lo importante que fue esa noche para mí—. Susurré tocando con mis dedos el taconcito de oro.

— ¿Qué tan importante, Bella?

—Todo lo importante, Ben.

—Bella…. — se pasó una mano por su cabello y apretó la mandíbula en un gesto atormentado.— Sé que es muy pronto para esto, pero yo...

—Tú ¿Qué, Ben?

Atrapó mis manos entre las suyas y las posó sobre su pecho, tan caliente como el mío.

—No quiero asustarte y si no sientes lo mismo, lo comprenderé…te amo Bella…te amo como nunca pensé amar a nadie.

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Capitulo 24.

—Me… ¿Me amas?— pregunté algo atontada por aquella revelación.

Ben apenas sonrió y fue soltando sus manos poco a poco de entre las mías. Se giró lentamente dándome la espalda y suspiró fuertemente.

—Es solamente una declaración en toda regla, Bella. No quiero presionarte, apenas he llegado a tu vida y no tengo ningún derecho, pero quiero hacerte comprender que te siento mía. Nunca he sentido esto, ni si quiera había llegado a imaginar que esto podría llegar a doler tanto.

—No me presionas— susurré petrificada—. Estoy intentando asimilar lo que estás diciendo.

No era completamente sincera con Ben, en realidad hubiese comenzado a bailar desnuda alrededor de él como una posesa. ¡Él me amaba! ¡Benjamin Thomas Tunner, me amaba!

Pero algo me decía que me mantuviera serena, tenía miedo. Miedo por sentir tanto y tan jodidamente fuerte.

Di dos pasos lentos hacia él y me recargué sobre su espalda, sintiendo todo el calor que emanaba.

— ¿Sabes Ben? — Susurré, cerrando los ojos y arrastrando mi mejilla por su atlética espalda—. Cuando te vi reclinado en aquel sofá de la Rectoría el primer día que llegué, causaste una sensación devastadora en mí. No me fuiste indiferente en ningún aspecto. Fue algo mágico que precisamente fueses el hermano de mi compañera de cuarto. Ben, por favor. Mírame.

Separé el rostro de su espalda y le di algo de tiempo para que volviese su cuerpo hacia mí y lo hizo.

El foco del diablo de dos ruedas que Ben manejaba, daba algo de luz a aquella noche cerrada, pero el ambiente en sí mismo era tan íntimo, que un estremecimiento de anticipación me recorrió el cuerpo de arriba abajo.

La mirada oscura de Ben estaba perdida en algún punto de aquel paisaje tétrico. Alcé las manos poco a poco y recorrí su torso de arriba abajo, con lentitud, permitiéndome sentir todos los músculos de su pecho.

—Mírame Ben—. supliqué de nuevo, haciendo que sus ojos se enfocaran en los míos y suspirara lentamente.— Estoy enamorada de ti. ¿Eso es amar? — pregunté, valorando sus expresiones que variaban cada segundo.

Su boca se ensanchó y rió de manera enajenada alzándome de la cintura. Comenzó a dar vueltas conmigo en brazos, haciendo que ambos cayéramos a la alfombra verde de aquel prado oscuro. Su cuerpo aprisionaba el mío y sentía todas las lujuriosas partes de su cuerpo centímetro a centímetro.

—Enamorada me vale— susurró muy cerca de mis labios; casi rozándolos. —Me parece perfecto, no había soñado si quiera eso.

—Te infravaloras—, jadeé con voz ronca. Ben estaba posicionado encima de mí y aquello comenzaba a destrozarme los nervios. — Eres perfecto.

—Dame tus labios, Bella—. Murmuró casi sin aliento.

—Tómalos, son tuyos. Yo soy tuya—. Respondí, sintiendo aquel dictamen tan cierto como la noche en la cual nos cerníamos.

Acarició con su nariz mi mejilla lentamente casi con devoción, sintiendo como sus manos acariciaban el contorno de mis caderas, recorriendo poco a poco mi cintura volviéndome loca de anticipación. Sus labios ardientes como brasas se posaron sobre los míos y abrió la boca succionando mi labio inferior, casi mordiéndolo. Gruñó. ¡Dios sí, lo hizo! Abriendo más su boca para devorarme entera. Chupamos nuestras bocas, como gemelas y degustando nuestras lenguas enloquecidas por el deseo.

Un deseo que se avivaba por segundos con cada lamida y roce de su lengua con la mía. Mis manos no podían mantenerse quietas, recorriendo su bendito cabello, su cuello y parte de su rostro perfecto. Era todo lo que podía desear, lo que siempre había deseado y estaba allí, conmigo. Compartiendo nuestras respiraciones y fundiéndonos en un beso perfecto.

El ruido de un motor que se aproximaba nos hizo separarnos casi a regañadientes y se irguió ofreciéndome su mano para que yo lo imitara.

Bree y Jake se aproximaban lentamente y para cuando ellos bajaron de la moto, Ben y yo no habíamos separados nuestras manos. Caminamos hacia ellos con una sonrisa de felicidad inundando nuestros rostros.

—Prometimos a estas señoritas llevarlas a tomar una copa—, comenzó Jake, quien no pudo obviar como Ben y yo estábamos entrelazados.

—Por supuesto— respondió Ben, mirando a Bree con una ceja alzada y sonriendo de medio lado. Jodido cabrón, cuando quería era insoportablemente sexy—. Te sigo.

— ¿Te importa si te robo a Bella unos minutos?— preguntó Jake, quien no había perdido la sonrisa en ningún momento—. Me encantaría recordar viejos tiempos con ella.

Sonreí y miré a Ben. Él apretó dulcemente mi mano y me dejó ir hasta Jake, para montarme en su moto.

—Como ves ella lo está deseando—. Dijo finalmente mi novio asiendo a su hermana de la cintura y dándole un beso en la coronilla. —Debo de tener una pequeña charla con mi hermanita. ¿Nos vemos en el lugar acordado, entonces?

Jake caminó hacia su moto, donde yo ya estaba sentada y se montó haciendo un gesto con la mano en señal de aprobación.

Cuando arrancó la moto di una última mirada a Ben, quien sonreía como un niño pequeño.

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El sonido del motor de aquel caballo de acero no impidió que Jake me hablara, mientras recorríamos el camino hacia el lugar donde se suponía que habíamos quedado.

—Tu amiga me va a crear más de un problema con su hermano—. Gritó para que lo escuchara claramente.

Reí, ante aquel comentario. Seguramente que Bree había saltado sobre Jake.

—Será si tú quieres creártelo—, dije alzando también la voz.

—Esa chiquilla es una jodida pervertida, pero no puedo negar que es preciosa—. Jake rió con ganas y tomó una curva cerrada con algo más de velocidad. —Me ha asaltado en el minuto uno, Bella. Si no fuera hermana de quien es, creo que no hubiera dudado en… bueno tú ya me entiendes, eres mayorcita.

—Sí, claro que entiendo—. ¿Te gusta?— pregunté dichosa.

— ¿Qué si me gusta? ¡Joder, Bella! Claro que me gusta, ya te he dicho que es preciosa. Pero es una niña aún. Además yo no hago así las cosas… no soy como él.

Vaya…tuvo que salir "Él" en la conversación.

—Eso te hace mejor persona y lo sabes—. Dije con la mandíbula apretada por la rabia.

—Edward no es tan malo, Bella. No has tenido tiempo de conocerlo para hablar así de él, además recuerda que es mi hermano.

Me sentí mal por Jake, en realidad él no tenía la culpa de tener un hermano tan detestable e intenté suavizar un poco el tema.

—Sí, quizás lleves razón, pero tampoco me interesa saberlo. ¿Qué te parece Ben?

Jake se mantuvo unos momentos en silencio y aquello me puso nerviosa. Pellizqué su cintura con fuerza y apenas se inmutó.

—Conocía a Ben por Edward. Ya me había hablado de él—. La voz de Jake se había convertido en un deje serio e intenté contenerme en preguntar, gracias a Dios Jake estaba por la labor de seguir hablando—. Está desquiciado con la idea de que te ennovies con él… cuando sepa que lo has hecho no sé cómo reaccionará.

Sentí tanta furia que estuve tentada en mandar a Jake a la mierda y bajarme de la moto. Pero no lo hice, quizás sería bueno que Jake supiera lo malditamente asqueroso que había sido su hermano conmigo en Paris.

—Te respeto Jake, pero no me pidas lo mismo para tu hermano. Él no se lo merece.

—Edward está obsesionado contigo, Bella y si te soy sincero tengo miedo por ti e incluso por ese novio tuyo que se ve de puta madre. Él niega amarte en todo momento, pero creo que… ¿Bella?

Se había atorado la respiración en mi garganta.

— ¿Si?

—Si te dijera que Edward te ama pero que no tiene manera de demostrártelo porque él es así de complejo. ¿Me creerías?

Dejé escapar lentamente mi respiración y acomodé mis sentimientos en una mesa imaginaria, destacando a Ben y arrastrando a Edward hacia el pozo de los horrores.

—Creo en tu palabra, pero me es indiferente si Edward me ama o no. Estoy enamorada de Ben y si lo crees oportuno, díselo.

—Nunca te dijo porque quería venir con Aro a visitarte antes de su boda ¿verdad? — Jake giró su cabeza un momento hacia mí y pude ver dolor en su mirada.

—No.

—Si dependiera de mí te lo diría—. Siseó cabreado.

Fruncí el ceño y no hablé más en todo el trayecto. Jake tampoco lo hizo y aquello me produjo una tristeza infinita, pues había comprendido que a Jake y a mí nos distanciaba el hecho que Edward era su hermano.

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El ambiente del local era fantástico.

La gente se agolpaba en la barra y las parejas permanecían en pequeñas mesas circulares en un rincón algo más oscuro. Decidimos por unanimidad ir hacia las mesas y sentarnos allí.

Ben se sentó a mi lado y por supuesto Jake lo hizo al lado de Bree.

Pedimos unas cervezas y Jake se marchó un momento hacia el servicio.

La mirada de Bree se posó en mi colgante de oro y una sonrisa radiante apareció en su rostro. Se acercó a su hermano arrastrando la silla.

—Eres un fetichista, Ben. ¿Lo sabías?— La mirada divertida de Bree, hizo que Ben carraspeara nervioso, agarré su mano con delicadeza y la lleve a mis labios.

—Me encanta que lo sea—. Respondí, haciendo que su mirada se desviase hacia mí.

—Ya—. Suspiró, apoyando un codo sobre la mesa y sosteniendo su mejilla sobre la mano. — ¿Y cuando la llevaras a casa…? Ya sabes para que la conozcan papá y mamá.

—Pronto—. Respondió Ben, con sus ojos como brasas apuntándome. —Ya saben que salgo con Bella.

— ¿Ah sí? ¿Desde cuándo lo saben?— Preguntó Bree, que ahora parecía molesta.

—Hoy mismo me llamaron, justo antes de entrar vosotras a la Rectoría. Por supuesto no les he dicho que Bella es una alumna. Ya sabes como son y aunque yo no soy ningún niño, sé lo peligroso que puede ser esto, tanto para Bella como para mí. Tendremos de mantenerlo en secreto por un tiempo.

— ¿Cinco años? ¿Quieres mantenerlo en secreto durante cinco jodidos años, Ben? ¡Será una locura! ¿No has pensado eso?

—Sí, por eso he creído oportuno pedir plaza en otra universidad.

Solté la mano de Ben como si quemara y negué repetidas veces con la cabeza. Él se giró con todo su cuerpo hacia mí y buscó mi rostro para acariciarlo con ternura.

—No voy a permitir que te alejes de mí, Ben… no me importa si tengo que andar escondida… no me importa, en serio. Quiero que sigas en allí, conmigo. Anhelo verte todos los días… no soportaría que te marcharas de mi lado—. Casi sollocé y él unió sus labios a los míos en un beso casto .

El camarero trajo las cervezas rebosantes de espuma al tiempo que Jake llegaba, miró a Ben mientras que se sentaba y agarró su cerveza para llevársela a los labios dándole un gran trago. Sonrió.

—Causaste conmoción en la fiesta de bienvenida de Aro tío. Sobre todo entre las mujeres—. Elevé una ceja y miré a Ben, quien se reía entre dientes el muy cabrón. ¡Jodido hijo de puta, todos los hombres son iguales!— ¡Uh! Que miedo Bells, vaya miradita—, espetó Jake haciendo que ambos rieran con socarronería, Ben alzó el brazo y lo pasó por encima de mis hombros.

—Si no te importa, me gustaría no hablar de eso. Es demasiado incómodo, Bella y Bree lo pasaron realmente mal.

Jake asintió y bebió de nuevo.

—Si yo hubiera estado allí te hubiera ayudado a sujetar a mi hermano. El jodido cabrón cuando quiere es de miedo….

Ben se tensó y dejó de agarrarme. Respiró pausadamente y bebió de su cerveza. Jake me miró serio y comprendió el mensaje que Ben le había mandado. Nada de Edward Cullen.

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La noche fue maravillosa. Jake y Ben parecían llevarse bien, pues habían monopolizado casi todas las conversaciones. Habíamos bebido tres rondas y fue mi amado Ben, el que rompió el hechizo recordando que debíamos de marchar hacia el campus.

Llegamos con las motos al lugar donde Jake había aparcado el coche y allí me despedí de Ben que se marchaba a su apartamento.

Al dejarnos en la puerta del campus, Jake besó a Bree suavemente en los labios antes de marcharse. Mi amiga se corrió a prisa a la torre Ivory y Jake y yo nos miramos seriamente antes de fundirnos en un hermoso abrazo.

—Cuídate Jake— susurré pegada a su pecho.

—Lo haré… aunque creo que me verás de vez en cuando por aquí—. Rió de manera jovial, pasándose una mano por aquellos cabellos negros. —Los hermanos Tunner me causaban como mínimo curiosidad—. Reímos ambos y él suspiró pesadamente, apartándome de su cuerpo y mirándome con aquella intensidad animal que lo caracterizaba—. Ten cuidado Bella, me voy más preocupado de lo que vine. Ed… él no sé si comprenderá, cree tener derechos sobre ti que no comprendo y ese jodido cabrón no entiende razones. Por otro lado está Benjamin—. Suspiró de nuevo y volvió a abrazarme. —He visto cómo te mira Bells y creo que daría su vida por ti. Pero todo es demasiado complicado y si en esa combinación agregamos al hijo de puta de mi hermano, es explosiva—. Rió nerviosamente. —Ve con Bree. Te amo Bells.

—Yo también, Jake—. Besé su mejilla alzándome sobre mis converse. — Recuerdos a todos los de Cullen Ltd… a todos menos a uno, claro.

—Obvio, no te preocupes.

Caminó hacia su coche y se metió dentro. Observé como arrancaba y desaparecía de la ancha calle.

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Tres semanas después…

—Mira Bree, me he dejado influenciar por ti, en lo que respecta a la maldita fiesta de disfraces, pero ¿esto? Esto pasa de castaño oscuro, preciosa…

Bree me seguía con aquel puto disfraz en la mano y una sonrisa de gilipollas en su lindo rostro.

—Pruébatelo, Bella. Es tu talla y vas a ocasionar infartos…

Me giré con cara de enajenación mental y grité.

— ¡No quiero causar infartos! ¡Quiero pasar desapercibida! ¿No me conoces? Me impulsa más la idea de agarrar el disfraz de Fiona que ese, que llevas tan delicadamente entre tus brazos—. Volví a caminar hacia el lavabo y me dispuse a lavarme los dientes.

Era el gran día, ese con el que Bree había estado soñando desde que nos presentaron aquella cuartilla informativa sobre el baile de fin de curso… había llegado para mi desgracia.

¿Desgracia? Si, por supuesto. Mi cuñadísima Bree, se había hincado de rodillas en el suelo para suplicarme que adornara con mi presencia aquella engalanada fiesta. ¡Maldita fuera mi estampa! ¿Por qué tengo tan poca personalidad y me dejo convencer tan fácilmente?

Aunque también estaba Ben, que por su puesto estaría allí y disfrazado.

Le había preguntado al menos cien veces de que iba a ir vestido, pero él me besaba y buscaba el contorno de mis pechos para pegarme a su torso duro y deseable.

Oh….Ben (suspiro) Bree dice que toda esa mala baba que tengo últimamente, es por culpa de mi falta de sexo. Y creo que está en lo cierto.

Deseo a Ben con tanta intensidad que tengo sueños húmedos casi todas las noches con mi más que deseable novio. Sé que él también lo hace…. sus erecciones después de una sesión de besos condenadamente salvajes me hace saber que no le soy indiferente en ese aspecto, pero si he de ser sincera me preocupa su contención.

Me agrada que me respete, pero a veces me gustaría; como en mis sueños que me tratara algo duro y me follara como si no hubiera un mañana…

— ¿Bella? ¿Dónde coño estas? ¡Te estoy hablando joder!

Me había perdido tanto en mis pensamientos que Bree me estaba hablando y ni la había oído si quiera.

—En mi mundo—, dije hosca, terminando de escupir la pasta dental.

—En tu mundo de insatisfacción; por supuesto—. Miré a Bree de manera asesina y sonrió de aquella manera suya, que me sacaba de quicio. La muy maldita cría siempre daba en el clavo… ¡Oh, clavo! ¿Es que todo últimamente tenía que tener un trasfondo sexual?

—Seguro que Benjamín se hace más pajas que un loco… ¡será imbécil! Si pareces una gata en celo cuando estas con él. Le pones el culito así Bella, mírame, así, mira. Así—. Bree comenzó a imitar como me pegaba a Ben en plan cuchara cuando le pedía que se quedara hasta que me quedara dormida.

— ¡Maldita cabrona de mierda!—, grité con la risa formándose en mis labios. Corrí en su busca, pues la muy arpía había salido en estampida y se había cobijado con el puto disfraz dentro del armario de la despensa.

—Por favor, hermanita…..seguro que Ben no puede reprimirse cuando te vea llegar… nena. ¡Catwoman! Vas a estar super hot, Bella… Ben se va a caer y va a echar espuma por la boca.

La puerta de la despensa se abrió lentamente y di dos pasos hacia atrás para dejarla salir. Me cedió el disfraz con un puchero en sus labios y lo agarré enfurecida mientras me giraba y miraba el casco que reposaba en la mesita de noche de mi cama.

—Está bien. Pero si no avanzo ni un solo paso con Ben a partir de aquí, te juro que le diré a Jake que tienes hongos en las uñas y pareces un troll.

— ¡Eres una bruja, Bella! No depende de mí, es culpa de Ben que tenga horchata en las venas—. Alzó los brazos agitada. —Pero cuando te vea llegar así vestida, si tiene lo que hay que tener se arrastrará como una babosa y querrá pringarte con sus babas de arriba abajo, nena.

Sonreí, comenzando a desnudarme.

—Venga. Poison Ivy.

O en español: Hiedra Venenosa. Bree es una adicta a los comics en general, pero sobre todo los japoneses. Pero si hay un héroe de ficción que le ponga los pezones como piedras ese es Batman y así he llegado yo hasta aquí.

Catwoman, Poison Ivy. ¿Pero y Batman, también nos acompañaría esta noche? ¿Y Robín?

—Bella, nos miran—. Bree estaba hecha un flan, pero yo no era menos. Después de todo tenía que agradecer a mi hermanita postiza aquella idea de los disfraces. Ella estaba más que bella con aquella melena oscura provocativa y aquel traje color verde mantis religiosa, adherido a su cuerpo de infarto. Y yo… bueno, yo era Catwoman en el sentido estricto de la palabra.

Aquel disfraz me recordaba a una de las primeras películas que hicieron del personaje de Batman. Era una imitación perfecta al traje que llevaba la impresionante y bellísima actriz Michelle Pfeiffer.

El casco que se componía de las orejas y la máscara, sintiéndome algo más libre, pues mantenía mi identidad encubierta, o al menos eso creía yo.

—Sí… nos miran—. Respondí hecha un manojo de nervios.

—No comiences a repetir todo como un jodido loro… se nota que estas nerviosa. Tranquila Ben aparecerá, te calentará el asunto y si tienes suerte dejarás de ser virgen esta noche.

La miré enfurecida y le clavé mis garritas postizas en su brazo.

—Tranquila gatita—. Susurró, mirando al frente y sonriendo. —Creo que veo a mi Batman.

Giré el rostro en busca de algo o de alguien. ¿Quizás era Ben?

Bree salió disparada hacia el hombre de casi dos metros y escruté con la mirada la imagen.

Aquel gigante la agarró de la cintura y la alzó hasta estar al mismo nivel. Después comenzaron a babearse de tal manera que me dio una envidia asesina.

— ¿Estás sola gatita?

Miré hacia la voz y bufé como hacen los gatos cuando no quieren que los molesten, caminé contoneando mis caderas hacia Bree y el fortachón de Batman, con un cuidado terrible ya que Bree me había convencido para llevar unas botas tan altas como yo misma.

— ¡Bree!—, grité. La música comenzó a sonar y ella giró su rostro para llevarse a Batman de la cintura, Dios sabe dónde. Miré hacia los lados y me sentí perdida entre tanta gente. Maldita Bree y sus jodidas hormonas, ¿Dónde se había quedado Jake y lo que decía sentir por él?

Farfullé mil palabrotas entre mis dientes y me di la vuelta para salir de allí en estampida.

— ¿Dónde crees que vas? — Me giré lentamente y sonreí. Era la voz de Ben, me había conocido y había ido en mi busca. Cuando lo tuve frente a mí, recordé la frase de Bree "Ben se va a caer y va echar espuma por la boca", pues a mí me fallaron las piernas y estoy segura que si no me controlo es a mí a quien le sale espuma por la boca.

Ben quitaba el sentido. Miré a mí alrededor un momento injustamente castigada con la realidad. Había infinidad de jovencitas que se comían a Ben con la mirada y era mío. Ben me amaba a mí.

Ben, mi Ben, iba impecablemente vestido de caballero ingles de últimos de siglo diecinueve. Completamente afeitado y con su melena visiblemente dominada me sonrió mirándome de arriba abajo sin contenerse ni un ápice.

— ¿Te has propuesto volverme loco, acaso? — preguntó visiblemente alterado.

—Si—. Respondí, mirando su rostro que parecía mucho más juvenil. — ¿Dorian Gray?

Rió de manera sincera, mirando hacia los lados y asintió.

—Volviendo a lo de antes—, susurró. —Lo estás consiguiendo… — se aclaró la garganta y me barrió el cuerpo con la mirada de nuevo. — ¡Jesús, Bella! Tú de verdad quieres matarme.

—Si—. Reí de manera sensual, llevándome las manos a la cintura. —Imagino cientos de maneras de matarte—, susurré cerca de sus labios, dejándolo allí plantado y buscando a Bree entre la multitud.

¿Qué se había apoderado de mí? ¿Una extraña Diosa que quería dejar a Ben con las bolas tan pequeñas como canicas?

No caminé ni tan si quiera dos pasos, pues una mano me agarró del codo y me llevó casi a rastras hacia una puerta cerrada. Ésta se abrió y la persona en particular, me lanzó contra la pared con algo de fuerza.

—Juegas con fuego Bella y te vas a quemar—, la voz de Ben increíblemente grave, perversa y erótica inundó mis sentidos y lo llevé más al límite, escondiéndome debajo de aquella máscara. Jugando a lo que realmente no era. Una Diosa.

—Deseo quemarme… ¿serás tú el que me encienda… Ben?

Un momento, tan solo eso. Ben me miró con los ojos turbios por la pasión y enunció un "a la mierda todo…no puedo más", separándome de la pared, recogiendo mis glúteos y amasándolos con fuerza entre sus manos.

—Dios, si…— susurró, tan provocativo que mojé mis bragas.

Continuará…

Espero con ansias vuestros comentarios. Os amo. De verdad, de la buena.