Los personajes de esta saga no me pertenecen. La trama es mía.
PLUGGED
Capítulo 25
EPOV
— ¡Me cago en su puta madre! — Siseé al tiempo que comenzaba a dar golpes sobre el teclado del ordenador. El sistema había caído en picada y necesitaba grabar en el pendrive los justificantes de pago del Barclay´s Bank. Me alisé los pantalones con furia y salté de la silla anatómica como si alguien me hubiera mordido el trasero. Giré el rostro hacia el sonido que había comenzado a borbotear en el despacho continuo y caminé hacia la puerta para asir con determinación la maneta.
Tanya estaba sorbiendo de una manera tan escandalosa su café que me dieron ganas de soltar el botón de mis pantalones de pinzas, bajarme la bragueta y sacar la polla para que me la mamara, pero era Tanya y, aunque nuestros encuentros sexuales eran casi diarios antes de que "ella" apareciera, ahora todo era demasiado diferente como para que estos sucedieran.
Ella sintió mi presencia en el umbral de la puerta y giró su rostro para mirarme con una ceja alzada.
—Te ves cansado Edward—. Dijo de manera lacónica. —Esa mujer tuya debe ser una leona en la cama—. Una sonrisa maliciosa se dibujó en su boca y continuó con aquel café más negro que su puta madre.
Avancé unos cuantos pasos y me senté en su mesa sin dejar de observarla.
Sus suaves ojos azules maquillados a la perfección siempre me habían parecido transparentes y bellos, ahora los veía como algo tan artificial como nuestras vidas.
—El sistema ha caído y no vamos a poder trabajar en horas—, dije mirándola. Ella alzó los ojos y me observó divertida mientras dejaba el vasito de plástico en la mesa y reparaba en mí con fría determinación.
—No voy a abrirme de piernas, Edward—. Sentenció cruda. —Los días en los que pasaban estos accidentes y nos divertíamos para pasar el rato han caducado, eso sin contar que ahora vuelves a estar casado y no precisamente conmigo.
Reí levemente escondiendo el rostro con mi mano. Ella había entendido mal, como siempre lo hacia. Su mente era tan sucia y desquiciada como la mía.
Agarró el vasito que había depositado encima de la mesa y lo estrujó con fuerza para tirarlo acto seguido a la papelera con fuerza. Suspiró hondamente y comenzó a sacar documentos de los cajones como si yo no me encontrara allí.
—Bonita manera de echarme de tu despacho, querida. Parece ser que no quieres tenerme cerca esta mañana. ¿Se puede saber que coño te he hecho esta vez? —. Sus hermosos ojos como el cielo me miraron unos instantes, recorriendo mi rostro con furia.
—Llevo semanas evitándote Edward, pero eres tan egocéntrico y prepotente que ni si quieras te has dado cuenta—. Suspiró hondamente y se sentó en la mesa. Alcé la cabeza y la miré divertido. La jodida verdad era que había estado tan metido en mis cosas que no me había dado cuenta de aquello, pero si echaba la vista atrás podía recordar que apenas habíamos hablado desde que Aro volvió del hospital y "ella" organizó aquella fiesta de mierda.
Espera….ella esta cabreada conmigo porque me comporté como un macho dominante con la maldita de Isabella.
Mi sonrisa se amplió hasta que de mi garganta afloró una ronca carcajada. Tanya estaba molesta conmigo por la manera en que me comporté en la casa de Aro. ¡Perra! Ya había tenido bastante con las palabras de Aro a la mañana siguiente, no iba a permitir que ella estrellara su mala ostia sobre mis cojones, ya tuve bastante con el viejo.
Me levanté del sillón y sin despedirme si quiera caminé hacia mi despacho, para evitar la discusión. Pero por lo visto la jodida por culo, tenía otros planes para mí aquella mañana.
—Aún estoy preguntándome porqué accediste a casarte con Victoria Gigandet, cuando tu interés enfermo esta apuntando en otra dirección completamente equivocada—. Su voz era tan afilada como la punta de un cuchillo. —Te lo advierto Edward, no vayas por ahí.
Giré mi cuerpo en redondo y estrellé mis ojos con los de ella.
—No me gustan los jeroglíficos Tanya, lo sabes. Habla claro y si no cierra esa puta boca—. Espeté hosco, caminando de nuevo hacia ella y valorando su mirada asesina.
—Tus amenazas no surten efecto en mí, Edward. ¿Olvidas que te conozco? Casi he parido al jodido hijo de puta que eres.
—Y te doy las gracias por ello—. Susurré casi sin mover los labios. —Me gusta en lo que me he convertido gracias a una mujercita perversa que me enseñó que no es bueno amar porque te pueden manipular, hasta perder tus convicciones y hasta el alma. Siempre valoraré tu mérito, querida. Me encanta ser un gran hijo de puta. La gente me ve como una amenaza, puedo ver el miedo en sus ojos, olerlo y me relamo de gusto por ello—. Sonreí de manera asesina—. Felicidades, querida.
Salí de aquel despacho con la firme convicción que aquella conversación no se había zanjado. Tanya no era de las que dejaban las cosas a medias y su lengua viperina estaba que saltaba por el veneno que estaba deseosa de escupir.
Cerré la puerta con fuerza y volví al ordenador con hostilidad.
No llevaba ni cinco minutos delante de él cuando oí la puerta continua abrirse. Reí mentalmente. Punto para ti, Edward, pensé, lleno de júbilo. Tenía ganas que comenzara a ladrar como una perra, podía hasta dejar que mordiera un poco.
No alcé la vista para mirarla, en esos momentos estaba intentando recuperar la contraseña de unos documentos privados.
—No te acerques a ella. La contaminarás—. Su voz era ahora más calmada. Parecía estar suplicando y era raro. Tanya no suplicaba, ella ordenaba con determinación.
Alcé la mirada y la observé durante unos segundos valorándola. Parecía ahora triste. Casi me compadecí ella, pero fueron solo unos instantes, mi mente desarrolló aquel ruego y alcancé un cigarro de la cajetilla que escondía en el primer cajón de mi mesa.
Lo encendí con lentitud, sacándola de quicio y pude observar como le temblaban las manos.
Tanya también había sucumbido a la extraña inocencia de "ella" y aquello me asqueaba. ¿Qué tenía aquella maldita torturadora de almas que te confundía hasta el límite de volverte demente?
— ¿No dices nada?— Preguntó con ansia.
—No—. La miré con los ojos entrecerrados por el asfixiante humo del cigarro, era el primero de la mañana y sentaba como el puto culo.
—Bien, quedas advertido—. Comenzó a girarse para darme la espalda y marchase, pero mi lado mas oscuro quería guerra, era como si hablar de "ella" me hiciera odiarla y desearla más, al mismo tiempo.
—Supongo que hablas de la virginal Isabella Swan—. No fue una pregunta y casi vomité porque su nombre me hacia querer estrellar los puños de nuevo contra el rostro de aquel mierda al que miraba con ojos de zorra enamorada… Sí, me había dado cuenta de aquello y dolía como sus putos muertos, aquella mirada estaba destinada a ser mía de una manera u otra y lo iba a conseguir de la única manera que sabia hacerlo.
Ella se giró abruptamente. Ha mordido el anzuelo….Tanya, estás perdiendo facultades, querida.
—Por supuesto que hablo de Bella. Déjala, no tienes derecho a pudrirla.
Negué con la cabeza repetidas veces y sonreí de manera demoniaca, advirtiendo en el rostro de Tanya una mueca de horror ante aquel gesto.
—No es de tu incumbencia, pequeña zorra—. Siseé. —Pero me divierte que te pongas de su lado. Hace que todo sea aún más divertido. Cuando la tenga retozando, quizás te deje mirar. Sé que te gusta, lo he visto en tus ojos de pervertida lamedora de coños—. Reí de manera cínica. —Me encantará ver tu cara cuando esté follándomela justo aquí, en este despacho.
No advertí su situación hasta que su mano impactó en mi rostro y algo conmocionado me acaricié donde ella había osado pegarme. Me levanté y rodeé el escritorio para agarrar sus muñecas y apretarlas con furia ciega.
—No te inmiscuyas Tanya o te juro por Dios que me paso por el forro de los cojones que eres la madre de Elizabeth… Tu culo puede abandonar el sillón rápidamente si me lo propongo.
—Aro…le diré a Aro…—comenzó a decir. Tenía miedo, podía olerlo. Inspiré profundamente y sonreí. Me encantaba aquella sensación de poder.
—Le dirás una mierda a Aro—. Sugerí de manera inquisitiva. — ¿Desde cuando te preocupa lo que ocurra con los demás? —. Pregunté soltándole las muñecas asqueado, volviendo a mi mesa y a mi cigarro.
—Eres tóxico, Edward, tu veneno es correoso como el alquitrán, se pega a ti y te destruye ahogándonos en tu mierda—. Suspiró de manera lenta y casi teatral. —Deseo que algún día te tragues tus palabras y te mueras de agonía con ellas. Lo deseo con todo mi corazón.
Reí con ganas.
—Gracias querida, me encantan tus buenos deseos hacia mí, veo que me amas sobre todas las cosas.
Ella ni si quiera me miró, caminó con lentitud hacia su despacho de nuevo como si le costara dar los pasos, cerró la puerta y di un golpe al ordenador furioso.
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El día había sido un infierno.
Los ordenadores no se restablecieron hasta altas horas de la tarde y juré que les metería un puro por el culo a la empresa que llevaba el buen funcionamiento de éstos.
Había sido un jodido día de mierda y yo no hacía nada por remediarlo. Había comenzado a beber a tempranas horas de la mañana y ahora casi a las once y cuarto de la noche aún no había vuelto a casa. No deseaba ver a Victoria, desde la última vez que follamos me mira como si estuviese medio muerta. Si, joder…al correrme había gritado con fuerza el nombre de "ella", pero ¿Y qué? Victoria sabía porque me había casado con ella.
Jodida mierda… ¿Por qué tuve que decirle a Aro que sí?
El viejo me había explicado que teniéndola a ella cerca no intentaría nada en nuestra contra. ¿Y que más daba el coño que follara?
Pero eso había sido antes de que ella entrara en la empresa y comenzara embrujarme con aquellos ojos de ovejita. ¡Perra!
Bebí otro trago y arrastré mi cabello desde la coronilla hasta la frente. ¿Por qué no podía sacármela de la cabeza? Estaba trastornado por aquella mocosa preciosa que se tiraba al jodido rector de su universidad.
Benjamin Thomas Tunner.
Lo iba a joder vivo…si ella no accedía a lo que tenía planeado proponerle, quizás le diera un poco de tregua a aquel amor asqueroso que ambos se procesaban.
El odio descomunal hacia el arrastrado de Tunner, había aumentado con creces desde que hablé con mi desleal hermano Jacob.
Me había soltado un montón de mierdas sobre el amor, después de pavonease de haber ido a visitarla. ¿Por qué me había contado aquello? Sólo hizo que nuestra distancia se acrecentara aún más.
—Maldita...— susurré, acariciando el cristal tallado del vaso donde me estaba dejando ahogar.
Aún latían sus palabras en mi cabeza, martilleando mi cerebro y agujereando algo en el vientre que era desconocido hasta ahora para mí.
FLASH BACK.
Habíamos quedado en el Vip´s después de comer, Jacob había vuelto después de investigar una nueva empresa que debíamos de absorber. Después del embrollo de Shioquin, no podíamos bajar la guardia. Jacob era un perfecto emisario y estaba deseando de halagarlo por ello.
Llegué antes que él y pude sentir las miradas de algunas de las empleadas de Cullen Ltd. Antes me ensalzaba el ego que babearan cada vez que hacía acto de presencia delante de sus narices, pero de un tiempo a esta parte me repugnaba que me miraran como si fuera un jodido trozo de carne.
Era más excitante sentir y oler su miedo. Me ponía duro como una piedra.
Pedí un capuccino y esperé con el diario que había sacado de la empresa para leerlo detalladamente. Allí se detallaban los problemas que estaba teniendo el estado con los bonos que sacó a subasta y yo había asumido un riesgo inmenso al pagar una suma bastante importante por un puñado de aquellos bonos.
Me gustaba el papel, estaba harto del ordenador, de los libros electrónicos y de las Blackberrys. Busqué con detenimiento las páginas de economía y no advertí que me habían puesto el café sobre la mesa.
—Hermano—. La voz juvenil y potente de Jake, me pilló por sorpresa y lo miré de mala manera. Era un recibimiento de mierda, pero la información de los bonos era tan absorbente que me había trasportado con la lectura a otro plano. Claramente había aterrizado de sopetón de nuevo en el Vip´s con el vozarrón del mastodonte de mi hermano.
—Cabrón—siseé. — Casi me matas del susto.
Solté el periódico encima de la mesa y recompuse mi chaqueta antes de abrazarme a él con fuerza.
—Mientes—. Susurró. —El miedo tiene nombre y se llama Edward Cullen, hermanito.
Miré sus ojos negros y su sonrisa lobuna. Jake estaba hecho de otra pasta diferente a la nuestra, se notaba demasiado que no tenía la puta y arrogante genética Cullen.
Jake fue adoptado al poco tiempo de perder a sus padres en un accidente de coche. Apenas era un bebé cuando mi madre lo recibió entre sus brazos. Papá y ella no dudaron en integrarlo como uno más de la familia y así fue.
Mis padres habían decidido que mi hermano debía tener plena conciencia de sus verdaderos padres y de la sangre india que corría por sus venas. Jake creció sabiendo en todo momento quien eran sus verdaderos padres y sin ser algo traumático para él. Esme lo ama de una manera ciega ya que es agradecido, respetuoso con ella y sumamente cariñoso. Él es la clase de hijo que ella siempre deseó y a veces me daban ganas de patearme el trasero por ello, yo sin lugar a dudas había salido completamente al revés.
Tomó asiento sin perder la sonrisa y elevé una mano para ordenar a un camarero que pasaba cerca de nuestra mesa.
— ¿Qué tal hermano?— Preguntó, mirando al camarero que había llegado para anotar. — Un café con leche, gracias.
Analicé su postura y el brillo de sus ojos, sonreí abiertamente y comprendí perfectamente aquel estado de ánimo.
—No tan bien como tú, sospecho. ¿Quién te ha comido el rabo, para volver con esa cara de gilipollas, hermanito?— Pregunté apuntando con mi legua al labio superior.
Jake cambió el gesto y bajó la mirada. Su mandíbula se movió y como poseído por una fuerza demoniaca me miró como si quisiera matarme.
—Olvidas que tengo corazón, Edward—. Suspiró, analizando lentamente mi rostro, sin perder detalle alguno. —Fui a visitar a Bella.
La bomba estalló en mi vientre y casi me revienta los intestinos. No me esperaba aquello, sabía que algún día iría a visitarla, pero no que me lo pasaría por el rostro.
—Genial—. Dije restándole importancia. — ¿Sigue babeándola el perro faldero del rector?—. Aquella pregunta estaba henchida de rabia y aquello no le pasó por alto al lince de mi hermano.
—Bella es feliz y eso me alegra y la verdad, no veo a Ben como un perro faldero—. El camarero llegó con el café con leche justo a tiempo de que agarrara a mi hermano por la pechera.
— ¿Ben? Veo que te has ganado su confianza Jake. No te fíes no quiere a ningún Cullen dentro de su terreno y su terreno se llama Bella.
—Te equivocas, Edward, eres tú el que piensa de esa manera. Él solo la trata como se merece y déjame decirte que ella es feliz con él, enamorada para ser más exactos.
—Me importa una jodida mierda de quien esté enamorada Swan—. El dolor de mi vientre me contrajo el estomago y subió cerca del pecho, del corazón…creo que sentí mi alma aullar.
—Mientes, la amas imbécil agilipollado, neurótico empollado de poder, la amas, lo admitiste. ¡La amas!—. Jake pareció perder el sentido y lo miré con los ojos como platos.
— ¿Qué coño estás diciendo? ¿Que yo amo a quién? ¡No me jodas, Jake, eso es técnicamente imposible!— Grité tirando de mi cabello.
Mi hermano me regaló una sonrisa de mierda. De aquellas que te están tomando por tarado o por un imberbe al que han cazado en una travesura e intenta negarla.
—Confesaste aquella noche. La noche en la que debías haber estado hablando con ella y no hasta arriba de alcohol y lloriqueando como un marica…. Eso sin contar el espectáculo que formaste en casa de Aro. Sí, estoy enterado y no me preguntes quien me lo contó, estabas muerto de celos… celos enfermos, Edward y esa enfermedad en ti es peligrosa, peligrosa para Bella; por supuesto.
— ¡Mientes! Yo no dije en ningún momento que la amara—. Juro por Dios que hubiera estampado mi puño contra su rostro perfecto de indio de mierda.
—No y vale, admito que no lo dijiste así, a las claras pero si dijiste que estabas trastornado por ella, siempre lo estuviste mucho antes de su entrada en Cullen Ltd. La admirabas en las sombras desde que era una niñita, jodido pervertido de mierda—. Rió de manera sonora y perdí la calma justo ahí. Me levanté y tiré un billete de diez dólares en la mesa. No podía aguantar más al imbécil de mi hermano.
Mientras caminaba hacia la salida del Vip´s oí su voz ronca zambullirse en mis oídos.
—Sé lo que ella podría haber evitado Edward, pero me alegro de que ella no estuviese en Washington para que no tuvieses la ocasión de proponérselo.
Lo perdí entre el tránsito de la calle y busqué la cajetilla de tabaco, para fumarme un cigarro. El sol me perturbó la visión y suspiré hondamente.
FIN DEL FLASH BLACK
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Oh…la lengua de Ben, los dientes de Ben, las manos de Ben… todo lo que podía abarcar era Ben y estaba enardecida por ello. Se estaba mostrando tan incauto en aquellos toques que me sentí como una calienta pollas o quizás ya estaba alcanzando el segundo nivel.
Anhelaba devorarlo, desnudarlo, desnudarme y tocar todas aquellas partes de su anatomía escondidas debajo de aquellas ropas. Si era maravilloso sentir como sus manos apretaban mis caderas hacia las suyas, haciéndonos jadear a ambos al mismo tiempo, ¿Cómo sería sentir piel con piel y recibiendo el total de su excitación?
Me aventuré tocando su torso, apartando un botón del chaleco y colando mi mano entre los engarces de la camisa. Su piel, perfecta suave, singular, excitante… estaba al borde del colapso. Me separé abruptamente de él y lo miré sin pestañear. Ben tenía los ojos cerrados y una sonrisilla comenzaba a dibujarse en su rostro, los abrió lentamente y amplió su sonrisa enseñando todos sus perfectos dientes.
—Eres una Diosa perversa—. Susurró ronco, tan perfecto como sensual. —Esto ha sido, woauuu….— volvió a susurrar, desviando toda mi atención a su boca tan perfecta como deseable.
Reí y él volvió a perderse en mi boca, esta vez en un beso mucho más tierno.
No quería perder la magia de aquel momento, pero era consciente de la situación, no podíamos rendirnos a la pasión en aquel lugar. No era justo para nosotros, mi primera vez tenía que rozar la perfección y sabía que con Ben iba a lograrlo.
—Si no salimos pronto de aquí creo que alguien pensará que me he comido a la gatita—. Gimió entre mi pelo con deje sentido. —Dios Bella como te deseo. ¿Lo sientes? ¿Sientes como estoy por ti?
El aire se atoró en mi garganta y forcé un carraspeo ya que me era imposible contestar.
—S..i, si.
Rió inclinándose levemente, su cabello rozó mis labios y rostro e inhalé su dulce aroma. Sus labios besaron mi clavícula de forma húmeda haciéndome morder el labio con frustración.
—Te quiero en mi vida y en mi cama Bella, te quiero en todas partes, conmigo. Compláceme Bella, ven conmigo ahora, para siempre.
Intenté ver más allá de aquella mirada enfebrecida por la pasión, pero mi vista también estaba al borde del abismo, apenas veía, pues solo sentía.
—Para siempre, Ben—. Susurré admirando su bello rostro que comenzaba a cambiar de pura dicha.
Acto seguido Ben alzó una de mis manos y la besó con una encantadora sonrisa, salimos de aquel cuartucho por separado, pero con la firme convicción que después de hablar con Bree no dormiría sola aquella noche.
Continuará…
Bueno…bueno…bueno…
Los comentarios sobre este capitulo deben ser dedicados todos a Edward creo…¿o no?
Ben se merece alguno?
Soy imparcial, pero en mi fuero interno pienso que en tan solo varias líneas me ha hecho alcanzar el cielo….
Besos preciosas y uno muy, muy gordo a mi beta hermosa Jo Beta Ffad…rápida y efectiva, ejjejejej!
Linda semana ¡
