Capítulo beteado por Jocelynne Ulloa, Beta FFAD.
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Los personajes de esta historia no me pertenecen. La historia es mia.
PLUGGED
CAPITULO 26
Sentía mi cuerpo temblar de anticipación mientras buscaba a Bree entre la gran masa de gente que había amontonada en el gimnasio de la facultad. Algunos de los rostros iban cubiertos con antifaces y máscaras haciendo que mi mirada se nublara y me sintiera mareada.
Miré hacia atrás buscando a Ben, pero él ya había desaparecido. Respiré hondo e intenté concentrar la mirada en reconocer a Bree, ya rondaba la desesperación cuando vi un corpachón inmenso vestido de Batman. Me abrí paso entre la gente, sorteando toda clase de chicos que babeaban a mi paso. Fue repugnante sentir sus miradas por todo mi cuerpo y el deseo hirviendo en sus ojos, yo solo pertenecería a un hombre y ese era el que me esperaba fuera del edificio quizás con tantos nervios como yo.
Apresuré el paso y los ojos oscuros del súper héroe me miraron.
Bree y él estaban abrazados íntimamente y por los labios hinchados y brillantes de ella, podía afirmar que se había estado enroscando su lengua sin descanso. El mastodonte de dos metros le susurró algo al oído y miraron ambos en mi dirección, la sonrisa de ella casi me eleva a los altares y no pude hacer otra cosa que imitarla, miré a Batman y él también me sonreía….un momento, esa boca, esa sonrisa de lobo…
—Te has perdido Bells—, la voz de Jake irrumpió en mis oídos y casi le arranco la máscara de un golpe en la cabeza. — ¡Auch!— se quejó, acariciando su cogote.
— ¡Eres tú! Encuentras a Bree la agarras te las llevas a un rincón para darte el lote con ella y yo pensando que era otro fulano, Jake….ni si quiera me has saludado tío…— Achiqué los ojos y bufé realmente cabreada, casi se me había olvidado el motivo que generaba aquella búsqueda, pero al emerger en mis prioridades me sentí acalorada. Gracias a Dios la máscara de Catwoman me ayudaba con esto.
Jake miró a Bree y ambos se sonrieron apretándose mas el uno contra el otro. Me había perdido algo de estos dos y estaba deseosa que me lo revelaran, pero en el exterior me esperaba el hombre más sensual y maravilloso del mundo y no debía de hacerlo esperar.
— ¿Y Ben?—preguntó Bree, mirando hacia la multitud. —No entiendo como no está rondándote.
Carraspeé y le hice un gesto con la mirada para que me siguiera a un rincón del gimnasio. Jacob me miró serio, pero le sonreí al agarrar a Bree de una mano y lanzarla casi hacia una columna color marfil de granito.
— ¿Qué ocurre?—. Casi me gritó.
—Me marcho—. Dije, mirándola a los ojos. —Me marcho con tu hermano.
Bree arrugó sus cejas desviando la mirada hacia el suelo, pero tardó breves instantes en taladrarme con sus ojos.
— ¿A la casa de Benjamin?—. Sus manos agarraron las mías y sonrió como una niña. — ¿Vas a pasar la noche con mi hermano?—. Su boca temblaba de emoción y yo no pude hacer otra cosa que asentir cariñosamente. Me envolvió entre sus brazos fuertemente. —Ahora serás mi hermana—, me dijo en un susurro pegado al oído.
Carraspeamos ambas al mismo tiempo y nos separamos. Mis manos seguían temblando y las retorcí antes de girarme e ir en busca de Ben.
—Llámame, Bella, tenemos que hablar de las vacaciones—. Aquello me hizo recordar que no llevaba el celular encima y corrí al edificio de las habitaciones para agarrarlo.
El vigilante que era ya prácticamente de la familia me sonrió de manera amistosa al verme pasar. Abrí la puerta de mi cuarto y la cerré con algo de fuerza. Respiré hondamente y me senté en mi cama unos instantes. Estaba al borde del colapso. Me levanté ansiosa y busqué entre mis cosas una pequeña mochila para meter algo de ropa. Ropa interior, un pantalón vaquero y un par de camisetas de tirantes. Lo ubiqué todo de cualquier manera dentro de la mochila y busqué en mi pequeño joyero el colgante de oro que me había regalado Ben para ponérmelo.
Las maletas estaban preparadas, el curso había finalizado y yo debía de marcharme unos días a casa de mi abuelo, después Bree y yo habíamos quedado en hacer un viaje juntas a Grecia…
Con el único que no había hecho planes al respecto era con Ben, pero él era una caja de sorpresas y sabía que no defraudaría.
Arranqué el casquete de gata y por supuesto el resto del disfraz, improvisando una cola alta, pues el cabello me había quedado tan pegado a la cabeza que parecía estar calva. Busqué entre la maleta un vestido blanco de lino y me marché no sin antes mirar la que había sido mi habitación por casi un curso completo. Había sacado unas notas magnificas, había conocido a una chica increíble y por supuesto había encontrado el hombre mas seductor y maravilloso del mundo…
Cerré a mis espaldas y caminé hacia la salida.
—Hasta dentro de dos meses señorita Swan—. Sonrió el vigilante con su mirada tierna. —Disfrute de sus vacaciones.
—Igualmente—. Le dije sonriendo.
No sabía su nombre. No sabía si tenía familia o su edad, pero era un hombre magnifico que no perdía la sonrisa ni un solo día.
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Al salir del campus giré la cabeza en dirección al gimnasio. No había querido asistir a aquella fiesta, pero quizás había sido el salto para verme en la situación en la que bullía en ese momento.
Desvié mi atención de la universidad y caminé hacia el estacionamiento exterior, había muchos coches, pero solamente uno de ellos tenía las luces encendidas. Mi corazón comenzó a golpear fuertemente dentro de mi pecho e intenté no tropezarme con nada, pues me sentía como un flan.
Ben me hizo luces con el coche, suponiendo que no sabía dónde se encontraba y corrí hacia el auto con desesperación. Tenía miedo que alguien reconociera su coche.
La ventanilla del copiloto estaba bajada y asomé la cabeza para sonreírle antes de entrar. Él parecía nervioso, el coche olía a tabaco y pude ver en el cenicero de éste varios cigarros sin consumir totalmente. Sonrió y abrió la puerta estirándose hacia ella. Se había quitado la chaqueta y el chaleco… y también había dejado escapar varios botones de su camisa blanca. Parecía un príncipe escapado de un cuento… y yo me sentía su princesa.
Me arrastré hacia el sillón y eché la mochila en el asiento trasero. Nuestras miradas se encontraron y nos quedamos ensimismados unos momentos el uno en el otro, observando nuestros labios y cada definida marca de nuestro rostro.
Ben fue el que apartó la mirada realmente serio y sin emitir palabra. Apretando el acelerador y saliendo de allí lentamente, sin hacer ruido.
El viento de la noche me azotaba levemente en el rostro y fuera de sentir incomodidad frente al silencio que nos invadía; lo agradecí. Ben debía de estar tan nervioso como yo y en ese momento sobraban las palabras.
Paramos en un barrio residencial en la zona alta de Pemsey, lo reconocí fácilmente por el edifico Golden. La casa no era muy grande, pero parecía sacada de Carcassone, toda de vieja piedra caliza con un tejado de pizarra en lo que parecía un rojo oscuro. Entramos hacia dentro con el auto y Ben bajó la ventanilla de su lado para apuntar con un mando a distancia que no me había dado cuenta de donde lo había sacado. La puerta inmensa se abrió y pasamos lentamente hasta estacionarnos.
Ben sacó las llaves del arranque y me miró.
— ¿Estás segura?— su voz marcada en un tono ronco, volvió a hacerme temblar.
—Sí—. Mi voz borboteó de mi boca junto con un carraspeo.
Ben agarró mi mano y se la llevó a los labios, besó la palma y aquel acto llegó rápidamente a mis pechos que se excitaron de inmediato. Notaba el picor en ellos, los pezones hinchados y la burbujeante sensación del roce del sujetador en ellos.
Me soltó dulcemente y salió del coche. Yo lo imité, quedándome parada como una estatua, observándolo. Estaba agarrando mi mochila junto con otra más grande.
Las asió con ambas manos y me sonrió débilmente, noté el temblor en sus labios y me conmoví. Ben era todo para mi… lo amaba tanto… con tantas desesperación. Justo en ese momento me estaba dando cuenta de cuan tanto lo amaba. Deseaba todo de él sin límites, lo que viniera de Ben, fuera lo que fuese, seria perfecto.
—Ven—. Dijo en un susurro. —Sígueme.
Hice lo que me pidió y nos sumergimos ambos en el interior de la vivienda. Los techos eran de madera de roble y las paredes estaban pintadas en un tono que me recordaba a las arenas del desierto. Andando por el amplio pasillo, observé los cuadros que presidian las paredes, todos ellos de firmas de renombre y el espectacular recibidor de madera de caoba que lo hacía perfecto.
Encendió las luces y me encontré en un enorme salón comedor que parecía haber sido copiado de una casa de cuento antigua: Una chimenea, un mueble de madera blanca con rejillas y una gran mesa con un jarrón con flores frescas en el centro. Sonreí. Ben parecía tener mis gustos en lo que se refería a la decoración.
—Tu casa es magnífica—, dije en un susurro emocionado.
Él, que había dejado las mochilas en el suelo se giró y me miró intensamente.
— ¿Te gusta?—preguntó.
—Es tal y como yo… — frené en seco la cursilería que estaba a punto de decir.
— ¿Cómo yo qué… Bella?— Estaba ahora cerca de mí y podía respirar su aliento. Abrí mi boca para engullirlo, lo quería todo de Ben, jodidamente todo.
—Yo siempre pensé en este tipo de mobiliario para mi hogar… cuando lo tenga—. Terminé de decir sin pestañear, mirando su boca y apartándola casi inmediatamente el sentir su escrutinio.
Los dedos de Ben invadieron mi rostro y lo elevaron.
—Si lo deseas éste puede ser tu hogar, Bella—. Inspiró aire profundamente por la boca y apretó la mandíbula, manteniéndola tensa por unos segundos antes de volver a hablar. —A veces me siento demasiado protector contigo y querría apartarte del mundo… tenerte solo para mí—. Ben sonrió amargamente mirando mis labios. —Me siento asquerosamente protector contigo Bella… soy celoso hasta del aire que respiras.
Suspiré.
Todo aquel palabrerío me estaba llevando a un plano escondido en mis fantasías… aquellas donde Ben y yo nos arrancábamos la ropa con desesperación y acabábamos haciendo el amor frenéticamente.
Pero su mano abandonó la piel sonrosada de mi rostro y caminó lentamente hacia una cristalera. Abrió la portezuela, sacó dos copas poniéndolas encima de la gran mesa que presidía el comedor y sus ojos se elevaron buscándome.
— ¿Te gusta el vino?— Preguntó con su mirada ardiente sobre la mía. —Yo necesito una copa en este momento… y creo que tú también, aligeraría la tensión del momento.
Lo miré con detenimiento convirtiéndome en gelatina. Se había subido las mangas de la camisa a la altura de los codos y su pecho se podía ver perfectamente por la obertura de la camisa. Sus mejillas también estaban arreboladas de color y sus labios estaban tan húmedos como los míos.
Asentí y él sonrió de lado. Lo perdí de vista unos instantes y volvió con una botella helada en sus manos. Descorchó aquella bebida y nos reímos con tensión ambos, al ver como el corcho se resistía a salir, una vez libre de éste, Ben inclinó la botella y vació del envase de aquel liquido color borgoña , sobre una copa y luego sobre la otra. Apartó la botella y caminó con ambas manos ocupadas hacia mi.
—Toma. Degústalo—. Susurró de manera provocativa, con una proposición velada en aquella orden. Hice lo que me dijo y me llevé la copa a los labios sin dejar de mirar sus ojos. Bebimos ambos al mismo tiempo y sentí aquel dulce sabor explotar en mi lengua. Cerré los ojos por la sensación y sonreí. Estaba delicioso.
Al abrir los ojos su mirada estaba allí, parada en mi boca, aplastando la poca cordura que tenía en aquellos momentos.
—Me gusta—. Dije buscándolo, parecía estar hipnotizado por aquellos labios que rogaban ser besados por él.
Tragó en seco y se llevó de nuevo la copa a sus labios bebiéndose todo su contenido.
—Mi familia tiene unas viñas en una casa de campo en España; apenas son unas hectáreas. Cada año recolectamos la poca uva que nos da la tierra, pues es un fruto que sufre la devastación de las plagas de insectos… casi perdemos toda la recogida en septiembre del año pasado, no comercializamos nuestro vino, pero si nos gusta disfrutar de él durante todo el año. Casi perdimos toda la uva; como te digo, pero en mi pequeña terraza, en las cañas que hay dispuestas en el techo hay varias parras que crecieron salvajes y a las que siempre he dejado que el sol achicharrase año tras año sin consideración, esa pequeña parcela de vid esa la más fuerte y dulce de todas aquellas tierras, yo mismo recolecté esa uva y la pisé, llenando los bidones y guardándola en un lugar oscuro y seco. Hace un par de meses uno de los hombres que guardan la casa solariega mandó las únicas garrafas que no se avinagraron en el proceso de maceración. Como ves el vino es excepcional, he mandado que lo embotellen y lo guarden en mi bodega, son solo un par de decenas, es exclusivo y casi afrodisiaco, como su nombre indica—. Ben volvió a manchar sus labios de aquel oscuro néctar y yo lo imité. —Ven, comeremos algo, debes estar hambrienta.
Su mano buscó la mía y caminamos dejando atrás el amplio comedor, sumergiéndonos en una vasta cocina rústica. Volvió a besar mis manos antes de arrastrar una silla y rogarme que me sentara. Caminó hasta el refrigerador para abrirlo y sacar diversas bandejas con comida.
Sacó los cubiertos, pequeños mantelitos individuales y servilletas de papel y arrastró un taburete y se sentó frente a mí.
—Come, Bella, por favor—. Dijo arrastrando un plato de un tipo de ensalada que parecía deliciosa. Negué con la cabeza, todo parecía delicioso pero yo tenía los nervios almacenados en mi vientre y si metía algo dentro de él, seguro que acababa dando arcadas con la cabeza en el retrete.
—Ben, no tengo hambre—. Susurré, mirando sus manos perfectas acariciar la copa de vino.
Oí como las patas del taburete se dejaban arrastrar por el suelo y elevé la mirada para buscar al hombre por el que perdía el sentido. No comprendía nada, Ben estaba en el umbral de la puerta dándome la espalda con los puños apretados y el cuerpo tenso.
Me levanté con urgencia y corrí hacia él tirando la silla donde había estado sentada en el suelo, aplasté mi frente en su espalda y cerré los ojos muerta de miedo. Quizás estaba replanteándose la situación de aquella noche, pensando que estaba cometiendo un error. Casi se me escapan las lágrimas, pero me contuve unos instantes antes de que él caminara dejándome sin el suave toque de su camisa sobre mi piel.
—Arriba a la derecha hay una habitación Bella… yo… lo siento.
Lo oí correr, huir de mí.
Me apoyé en el marco de la puerta porque sin ninguna duda me hubiera caído en ese momento. ¿Qué había cambiado en tan solo unos segundos? Giré el rostro hacia la silla en el suelo tirada, las bandejas de comida en la mesa y el taburete arrastrado que había dejado Ben en medio de la cocina. Caminé hacia todo aquello para ponerlo todo en su lugar y así lo hice con lágrimas silenciosas surcándome el rostro. Estaba herida de muerte y apenas podía caminar un paso hacia ninguna parte.
Cuando recogí la cocina caminé hacia el salón y miré mi pequeña mochila a lado de la suya y el llanto contenido me destrozo el cuello y el vientre. Me planteé durante unos instantes llamar un taxi y salir huyendo de allí, pero era demasiado tarde y quería levantarme al día siguiente y poder hablar de aquello con Ben. No sabía en qué situación había quedado nuestra relación y debía saber, si no moriría.
Agarré la mochila sin apenas fuerzas y caminé hacia las escaleras. Me paré frente a la puerta que me había indicado Ben y la abrí prendiendo la luz en el acto. Era hermosa, los muebles seguían el mismo estilo y el color pastel de las paredes daban serenidad y armonía al ambiente destructor que me consumía. Cerré la puerta a mis espaldas y estiré la goma que apretaba mi cabello en el tope de mi cabeza. Abrí la mochila y dispuse encima de la gran cama de matrimonio unas braguitas y un sujetador de encaje rojo, estrellándolas con furia contra la pared. Aquel conjunto de lencería me lo había regalado Bree en una de aquellas tardes locas de ir a visitar tiendas por el centro después de estudiar…" A Ben le encanta el rojo….seguro que cuando te vea con esto puesto estará deseando de quitártelo, aunque si lo piensas bien es una desconsideración". La risa de Bree retumbó en mi cabeza y me derrumbé aplastando mi espalda contra la pared, agarré mi cabeza entre las manos y me pregunté una y mil veces que había desencadenado aquella reacción en Ben. Después de no sé cuanto tiempo en el suelo sentada, me enderecé y caminé hacia el pequeño lavabo, necesitaba una ducha.
Tiré de mi vestido hacia arriba y me quité las braguitas y el sujetador, echándolos hacia un lado.
Cuando el agua acarició mi piel me sentí perdida en un mar de sensaciones únicas. En ese momento debía de estar enroscada en el cuerpo de Ben, susurrándonos palabras íntimas y fundiendo nuestros cuerpos en uno. Mis ojos volvieron a empañarse y me dije a mi misma que todo tenía que tener un sentido que se me escapaba. ¡Ben te ama, idiota! ¿Dudas de eso? Algo ha debido de pasar por su cabeza, para dejarte sola, abandonada, dentro de una casa que no es la tuya.
No pude evitar volver a llorar, compadeciéndome de mi misma.
Me puse como única prenda el mismo vestido blanco, pues no había echado ni un solo pijama y caminé descalza hacia la gran cama que presidia la habitación.
No había secado mi cabello con el secador, pero no importaba, nada me importaba. Volvía a la decadencia de la compasión por mí misma, cuando oí unos golpes desesperados en la puerta.
— ¡Bella!—.La voz de Ben explotó en mis oídos y corrí hacia la puerta para abrirla rápidamente y jadeando.
Él también parecía haberse dado una ducha, tenía el cabello húmedo y su camisa estaba completamente desabrochada, sus pantalones pendían sobre sus caderas, parecía que de un momento a otro iban a caer. Sus brazos estaban parados a ambos lados del marco de la puerta, haciendo una jaula sobre mi cuerpo. Jadeaba con la boca abierta, vi como el nudo de su garganta se movía y tragaba duramente…
— ¿Qué ocurre, Ben? ¡Me estas asustando! ¿Qué ocurre?— Pregunté casi histérica.
Pero él no contestó. Dio un paso hacia delante, me agarró de la cintura y aplastó su boca sobre la mía en un beso condenatorio. Él era preso de las mismas emociones que yo, y había venido en mi busca enloquecido.
Ben rugía dentro de mi boca, estaba desesperado. Sus manos apretaban casi con saña mi cintura acercándome más a sus caderas, sintiendo lo duro y majestuoso que se encontraba.
Me alzó levemente y enrosqué mis piernas sobre sus caderas. Gemimos ambos al sentir el roce de nuestros sexos y él cerró la puerta ayudándose de uno de sus pies.
Separó su boca de la mía un momento y descansó su frente sobre la mía, jadeando ambos por la falta de oxigeno.
—Dime que serás mía Bella, dilo—. Sus ojos se habían cerrado y parecía rezar una plegaria intima al preguntarme.
—Sí, quiero ser tuya, Ben—. Dije con una serenidad abrumadora. —Tú eres el hombre que siempre he esperado encontrar.
Mi novio abrió los ojos y buscó alguna respuesta en mis ojos. Ben no sabía que era virgen.
Su boca se cerró y se dibujó una sonrisa deliciosa que me hizo imitarlo.
—No me hubiera importado Bella, lo sabes, pero esto… esto no me lo esperaba—. Carraspeó y me hizo bajar de sus caderas arrancándome un mohín de disgusto.
— ¿Te disgusta?— Pregunté enfadada.
Él echó su cabeza hacia atrás y se carcajeó. Me miró y me rodeó entre sus brazos calientes.
—Me siento honrado. Seré tu primer hombre. Es el mejor regalo, Bella—. Sus ojos estrellaron con los míos y me besó tiernamente. —Te amo.
—Yo también te amo, Ben—. Jadeé.
Acarició mi rostro, perdiendo sus manos entre mi cabello, oliéndolo, masticando su esencia.
—No quiero hacerte daño—. Susurró, con la boca perdida entre mi cabello. —Te llevaré al límite para tenerte lo suficientemente húmeda—. La respiración se atoró en mi garganta. —Déjame guiarte Bella.
Nuestras miradas colapsaron y sin previo aviso me elevó entre sus brazos caminando hacia la cama sin apartar ni un segundo nuestras miradas.
Me tumbó sobre ella y deslizó su camisa entre sus hombros dejando su torso al descubierto. Me relamí de puro gusto y él sonrió como un gato a punto de comerse a un tierno ratoncito. Se arrastró a gatas hasta quedarse a mi lado y comenzó a buscar mi boca tiernamente, aquello era tan mágico que creí estar soñando.
Las manos de Ben comenzaron a vagar sobre mis hombros y clavícula, arrancado de mis labios gemidos solapados en su boca, separó un momento sus labios de los míos y me miró terriblemente serio unos segundos. Inspiré profundamente y comencé a temblar de anticipación. La mano de Ben estaba en el tirante de mi vestido y poco a poco iba bajando, hasta que por fin tuvo acceso a uno de mis pechos, cerrando los ojos fuertemente, abriendo las aletas de su nariz y respirando agitadamente. Apresó entre sus dientes su labio inferior y cubrió mi pecho con su mano, gimiendo ante el contacto. Mis pezones se estiraron como balas y arqueé mis caderas como acto reflejo. Su cabeza se inclinó ligeramente poco a poco y besó la cima de aquel pecho con ansias.
Jadeé y él se volvió loco y comenzó masticar aquel pezón entre sus dientes, a devorarlo como si su vida dependiera de ello.
Su dulce cabello me acarició el rostro y su boca volvió a buscar la mía enloquecida.
—Bella—. Susurró antes de sentir su mano bajar hacia mi vientre y a una de mis piernas, apartó el vestido y se aventuró sobre mi sexo sin ropa interior. Aquello lo desarmó y gimió enfebrecido.
—Perversa—. Gimoteó buscando mi lengua y enroscándola con la suya de manera salvaje, mientras que sus dedos se perdían dentro de mi sexo y golpeaba sobre mi clítoris como un maestro del placer. —Estás mojada, pequeña… muy mojada, voy a meter mis dedos dentro de ti, Bella. Te voy a follar con los dedos.
Aquel lenguaje sucio en la boca de Ben me hizo perder el juicio y comencé a mover mis caderas al toque de su mano…convulsioné y cuando lo hice, él sumergió uno de sus dedos en mi, sacándolo y metiéndolo, arrastrándolo hacia mi clítoris y repitiendo aquella melodía de sexo, enloqueciéndome.
—Ben…— jadeé.
—Dime mi amor—. Sus dedos no me daban tregua y podía ver el brillo de la victoria en sus ojos al mirarme.
—Te amo.
Rió de manera seductora antes de rasgarme el vestido de arriba abajo. Grité algo asustada y él negó con la cabeza antes de quitarse los pantalones. El sexo de Ben estaba tan hinchado que podía ver su silueta perfectamente dibujada debajo de sus boxers.
—No me mires así, Bella—. Me urgió roncamente. —Me haces perder la poca cordura que mantengo.
Tragué duro y él sonrió.
—Te voy a comer entera, mi vida.
Cerré los ojos fuertemente y sentí el suave roce de su cabello sobre mi pecho, sus labios sobre mi clavícula y los lametones húmedos sobre mi cuello.
Continuará…
Gracias a mi beta hermosa: Jocelynne y a todas vosotras y vuestras nominaciones en los premios fanfictions. Espero seguir con vuestro apoyo incondicional…y …Ah! No me madeis a los Vulturis por el final de este capitulo….que si no no podré seguir, chicas…..jejejejjeje
Besos!
