Los personajes pertenecen a la Saga crepúsculo.


Bella (PVO)

Los días pasaron y, aunque todavía no podía quitarme de la mente aquella visita tan misteriosa, seguí con mi vida rutinaria al igual que mis compañeros, cuyos semblantes habían pasado de serios a completamente diferentes.

A las seis de la tarde del sábado me encontraba ridículamente feliz leyendo uno de los correos que me había mandado mi madre sobre su viaje a Europa; al parecer el tour de jubilado era apto para todo bolsillo y mi madre, al enterarse por la señora Scott, no dudó ni un instante en arrastrar a Phil al otro lado del océano con un puñado de cincuentones.

Ya había asumido que la tranquilidad se perdería irremediablemente cuando a alguien se le ocurriera abrir la puerta. No me equivoqué, por supuesto: mi paz interna se derrumbó cuando Seth entró en la habitación.

-¡Al fin te encontré! Nadie puede esconderse de mí –claramente su broma no fue alabada por mi parte; es decir, ¿en qué lugar de la casa podría haber estado? ¿Tras la lavadora?, ¿dentro de la chimenea? No había que ser Sherlock para encontrarme.

-¿Qué quieres?

-Invitarte -contestó con una gran sonrisa, pero sin decir nada más, como incitándome a preguntar lo obvio.

-¿A dónde? -insistí mientras dejaba a un lado mi portátil.

-Es una sorpresa -no quería desilusionarlo, pero yo y la sorpresa nos llevábamos como el agua y el aceite, como el perro y el gato, como… bueno, creo que se coge la idea.

-¿Y de qué trata? -intenté sonsacarle el secreto con mi mejor sonrisa e ímpetu de interrogadora.

-Si te lo digo, dejará de ser una sorpresa

-Es lógico -acepté mi derrota ante aquel ser de metro setenta que me miraba jubiloso.

-Vístete cómoda, te recogeré a las siete -¿"cómoda"? ¡¿"Te recogeré a las siete"? ¡Dios santo, vivimos en la misma casa! ¿Qué le ocurre a este chico?

Aunque dijera estupideces le hice caso, y a las siete en punto bajaba por las escaleras rumbo al salón con la duda pintada en el semblante.

-¿Adónde vas a estas horas?

-La verdad, ni yo lo tengo claro -contesté a Jasper, quien había parado de leer momentáneamente el periódico para observarme.

-seguro que está tan desesperada que habrá concertado una citas a ciegas –le fruncí el ceño a Edward, que seguía haciendo zapping en la televisión.

-Bella nunca haría eso, ¿a que no? –me defendió Emmett, saliendo de la cocina con un bocata de varios pisos.

-¿Tú crees qué no? -inquirió Edward con desdén.

-Por supuesto que no; cómo se le ocurriría, teniendo aquí un hombre de verdad que derrama sudor y lágrimas con el único propósito de labrarse un futuro decente…

-Emmett, me halagas demasiado -contestó Jasper, sorprendiéndonos a todos; Edward y yo reímos mientras los otros dos empezaban una discusión sobre quién era más hombre.

-¡Bella, aquí estás! Esta vez me resultó más difícil encontrarte -le sonreí amablemente, dudando de si pedirle que dejara de hacerse el gracioso.

-Siempre quise ser de mayor como Wally –vale, quedé como una rara ante el intento de hacerme la graciosa-. Bueno Seth, ¿nos vamos o tengo que esperar las campanadas? –pregunté para quitar hierro a mi pequeña broma incomprendida.

-Por supuesto –respondió, emocionado-. Adiós, chicos, no nos esperéis despiertos -dijo antes de hacer un gesto raro de despedida y chasquear la lengua.

Media hora después me encontraba muerta de frío, con la nariz congestionada y el pelo revuelto; al paso que íbamos no me hubiera sorprendido acabar la noche con hipotermia.

-La verdad es que desde fuera el arcángel parecía más excitante -comentó Seth. Lo miré con los ojos fruncidos. ¿En verdad dijo que no le pareció excitante elevarse a siete metros de altura para caer en picado? Yo podía constatar sin miedo a equivocarme que ese minuto cuarenta y cinco había sido el más terrorífico de toda mi vida.

-¿Tienes hambre? –asentí rápidamente. En esos momentos, muerta de frío y con el miedo todavía metido en el cuerpo, deseaba más que nunca algo que llevarme a la boca.

Seth se acercó a un puesto de perritos calientes con la sonrisa pegada a la cara. Mientras tanto me senté en un banco libre, esperando ansiosamente mi comida.

Durante tres cuarto de hora Seth me había torturado, arrastrándome por todo el parque y obligándome a montar en todas las atracciones que se elevaban a más de tres metros de altura; ahora, con los pies realmente en el suelo, volvía a darme cuenta de cuánto había echado de menos la simple acción de sostenerme por mis propios pies.

-¿Bella? -giré mi rostro ante la voz vagamente conocida que me llamaba. Era la chica de la lavandería, que se encontraba a unos escasos metros de mí con una camiseta fosforito y una gorra a juego.

-Hola -saludé sorprendida y avergonzada por no acordarme de su nombre-, ¡cuánto tiempo sin verte!

-Igualmente; llegué a pensar que te había tragado la lavadora -me reí al igual que ella.

-No, qué va, simplemente he descubierto cómo controlar el batallón a mi gusto -le guiñé un ojo y de nuevo rompimos a reír- ¿Trabajas aquí? -pregunté para seguir la conversación.

-Desgraciadamente, sí -dijo algo avergonzada-. Al parecer tienen que ponernos de fosforito para no perdernos de vista, no vaya a ser que nos escapemos -se burló, metiéndose con su propio uniforme.

Nos sumergimos rápidamente en una charla sobre el derecho del trabajador; era ella la que aportaba más al asunto, pues yo no tenía trabajo, pero al poco tiempo fuimos interrumpidas por la mirada distante de su superior.

Así que cuando llegó Seth con dos perritos calientes me encontraba totalmente distraída observando las luces de las atracciones y Alice, creo recordar, se iba con su superior a otra parte.

Mientras comíamos, Seth cogió el maldito mapa del parque y tacho la atracción a la cual nos habíamos montado. Nos quedaban algunas más, pero me opuse a seguir con ello.

-Venga Bella, no seas aburrida -negué con la cabeza.

-No voy a montarme en otra atracción -Seth suspiró, abatido.

-¿Y si esperamos un cuarto de hora? -preguntó al fin. Fruncí el ceño- Vale, no sé para qué pregunto- refunfuñó.

-¿Por qué no nos sentamos y hablamos un rato? –propuse. Seth asintió derrotado; era buen chico, pero en ocasiones era demasiado nervioso, algo totalmente contrario a mi forma de ser.

Durante el rato que estuvimos hablando me di cuenta que tenía un arte innato para matar los chistes, y su risa era realmente sincera cada vez que me quejaba de los profesores o cuando protestaba sobre nuestros compañeros de casa.

-Son buenos chicos –dijo, saliendo en su defensa; reí con cierta ironía-. De verdad que lo son -insistió. Vi en sus ojos que realmente lo decía en serio.

Era la primera vez que veía a Seth comportarse tan respetuoso; a la luz de las bombillas su rostro se veía más maduro, y esos hoyuelos que me habían resultado infantiles desde un principio me parecieron en esos momentos muy masculinos.

Su mirada era seria y su hablar tranquilo cuando comenzó con el relato:

-Hace algunos años, cuando empecé la universidad, era un chiquillo que pensaba en la facultad como un simple juego. Recorría todas las fiestas y me metía en todos los barullos… sobre todo eso -sonrío irónicamente-

-Es normal que el karma me pagase mis malas obras con la misma moneda; una noche, borracho como iba, intervine en una pelea intentado defender a un chico con el cual compartía varias clases -sus manos se convirtieron en sendos puños-. En tan sólo unos segundos era el único que se mantenía en pie, aunque fuese a duras penas.

-Ellos eran tres chicos mayores que yo, y era imposible que los derrotase un chico de sólo dieciocho años totalmente borracho -mi corazón comenzó a latir con fuerza al imaginar el final de la historia-. Pero, cuando creí que ya tenía un pie dentro de la tumba, unas sombras se abalanzaron ante mis contrincantes -sonreí, suponiendo quiénes serían esos héroes de la noche-. No puedes ni imaginarte mi asombro cuando vi a esos cinco chicos haciendo bromas mientras peleaban ante mis adversarios.

Unos minutos después, se escucharon las sirenas de la policía a lo lejos; me cogieron, y también a mi compañero. Nos salvaron.

La tensión del ambiente desapareció junto con esa última palabra, pero aún seguía tensa.

-Bella, relájate; no es una película de terror -lo intenté, pero no era tan fácil; la historia me había puesto nerviosa. ¿Mis compañeros de casa eran unos pandilleros?, ¿estarían en algún problema?

Seth decidió, resignado, que era hora de volver a casa; la noche era demasiado fría para seguir sentados.

Nos dirigíamos al lugar donde habíamos aparcado el coche charlando tranquilamente cuando un chico tropezó accidentalmente con nosotros.

-Lo siento -se disculpó.

Cuando sus ojos se posaron en los de mi acompañante, una sonrisa socarrona apareció en sus labios

-Seth, cuánto tiempo sin vernos.

El aludido se tensó mientras le respondía con un simple saludo.

-Dime, ¿cuándo pensáis venir a visitarnos? -miré extrañada a mi compañero, sin entender de qué hablaban.

-Que memoria tan mala, Demetri -contestó Seth con una pose más tranquila mientras discretamente me cogía de la mano-. Creo recordar que eso tendría lugar… cuando los cerdos volasen -se miraron mutuamente durante unos segundos-. Ahora, si me disculpas, es tarde y tengo llevar a esta señorita a casa.

-Por supuesto -los ojos azules de Demetri se posaron en mí-. Tened cuidado la carretera; es muy peligrosa por la noche -mis ojos se abrieron como platos. ¿Eso era una amenaza?-. Saluda a los chicos de mi parte y la de Alex.

Seth no respondió e hizo intento de sacarnos de allí, pero desgraciadamente Demetri fue más rápido y le agarró del brazo, reteniéndole violentamente para luego susurrarle unas palabras que, imaginaba, sería de todo menos halagos.

Después de ese fortuito encuentro Seth me arrastró al coche, encendió el motor rápidamente e intentó llegar a casa lo antes posible.

Durante el trayecto en coche no me atreví abrir la boca; Seth estaba nervioso y decidí, con la poca tranquilidad que me quedaba, que lo mejor era dejarle pensar, aunque eso significase matarnos en el viaje.

Cuando llegamos a casa sanos y a salvos respiré profundamente dando gracias, mientras Seth se despedía con rapidez y se dirigía al cuarto que compartía con Jacob.


N/A: Y así termina el capítulo, realmente la cita de Seth siempre me la imaginé en un parque de atracciones, no me pregunten.

Muchas gracias por sus RR y sus favoritos. También deseo agradecer a sakuritauchiha01, Phoenix Black-Reborn, caroline so-so si y Littlest Girl por ofrecersea ser mi Beta Reader (creo que son todas…).

Algunas me han preguntado si Alice será amiga de Bella y realmente no lo tengo decidido pero sé que no se llevarán mal. Por otro lado ¿de verdad saben quién es la persona qué le envió rosas a Bella? .¿Los chicos están metidos en algún problema? si ¿En uno gordo? todo es relativo.¿cuándo actualizaré? Pronto está vez va en serio (que si no la niña del pozo me pega… si ella todavía está por aquí)

Y por supuesto agradecimientos a Laali Cullen la nueva Beta Reader (quejas de expresión y ortografías a ella… es broma todavía no nos tenemos tantas confianzas para echarle el muerto), que con esmero a recorrido mil veces este capítulo para dejarlo de la mejor manera posible.

Lucy

Casa de hombres