Beta: Jocelynne Ulloa (FFAD)

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Los personajes de esta historia no me pertenecen. La historia es de mi total autoría.

PLUGGED

Capitulo 29.

EDWARD'S POV

Victoria se había levantado, después de haber pasado toda la puta noche llorando. ¿Es que no le dije lo suficientemente claro el mismo día del enlace que no la amaba? No cabían reproches en aquella convivencia que estaba comenzando a asquearme, ya ni si quiera me llamaba la atención aquel cuerpo de escándalo que había sido mio en infinidad de ocasiones desde que nos convertimos en marido y mujer.

El timbre del celular me hizo me pegar un salto y agarrarlo sin mirar el identificador de llamadas.

—Edward Cullen—. Enuncié con la voz enronquecida. Eran mis primeras palabras del día.

—Señor Cullen, soy Laurent Francis. He encontrado una grieta que puede hacer sangrar a Jhon Thomas Tunner.

Me giré frente al espejo y observé detenidamente mi rostro, había pasado noches sin conciliar el sueño, preocupado por el hecho de no poder hacer nada en contra del bastardo de Benjamín Thomas y ahora.

—Siga. Dígame lo que tiene.

—Es delicado, pero puede hacer mucho daño a su reputación, la campaña comienza en septiembre y es un firme candidato en las filas conservadoras, esto no se lo van a perdonar.

— ¡Suelte lo que tiene de una puñetera vez, me está haciendo perder el tiempo!

Victoria apareció con el cabello mojado y desnuda frente a mí, buscando entre los cajones algo de ropa interior con la que vestirse. La observé con detenimiento antes de seguir con la conversación, parecía haber ganado algunos kilos y se veía realmente bien.

—Se tira a su secretaria de campaña—. Me llevé la mano al cabello nervioso y sonreí—. Y hay algo mas, algo por lo que hará todo lo que usted le pida. —. El cabrón de Laurent, parecía un telegrama y ya me tenía hasta los putos huevos, estaba por recriminarlo de nuevo, pero se me adelantó—. Benjamin, el hijo mayor… en realidad no es su hijo.

Tuve que agarrar con fuerza el teléfono. ¿Qué coño intentaba decirme aquel hombre? Tuve que retener las ganas de lanzar el puto teléfono contra la pared y salir en estampida para agarrarlo por el cuello. Me estaba desesperando.

—Le juro por sus putos muertos que si no me dice ahora mismo lo que quiero escuchar, yo mismo me encargaré de dejarlo en la bancarrota.

—Su esposa tuvo un desliz poco después de casarse con Thomas, he investigado lo suficiente, señor Cullen, pero no puedo llegar a saber quien es el hombre con quien engañó a su marido. Lo más relevante es, que el hijo no tiene idea de nada, él cree que es hijo de natural de Tunner.

Me sentí eufórico y comencé a sentir como mi entrepierna se inflamaba mientras Victoria se enfundaba en aquellas medias con liguero incluido.

—Entiendo. De momento tengo suficiente, pero lo quiero todo. Investigue donde vivían por aquel entonces y quien eran sus amigos mas allegados. Quiero llegar hasta el final de esto, si lo hace le pagaré el doble de lo que acordamos. ¿Entendido?

—Entiendo, señor Cullen, ¿pero entiende que esto puede hacer daño a demasiadas personas?

Elevé los hombros caminando hasta Victoria. Elevé la mano que tenia libre y mantuve un momento su mentón entre mis dedos, sonriéndole.

—No me importa lo más mínimo—. Espeté con una sonrisa.

Colgué sin darle tiempo a replicas, lanzando el celular hacia la cama.

Los ojos de Victoria estaban vidriosos, había estado llorando otra vez, pero juro por Dios que no me importaba, tenía ganas de joder con fuerza en aquel momento y mi suave mujercita era la que tenía más cerca.

—No, Edward—. Negó, antes de que mis manos llegaran hasta sus pechos.

— ¿Qué mierda estás diciendo?—. Siseé, algo cabreado por su negativa.

—No quiero que me toques ahora, hace más de un mes que no lo haces y ahora soy yo la que no quiero.

— ¿Me estas negando lo que es un deber de esposa, Victoria?

—Mi deber ahora es velar por alguien que no eres tú.

— ¿Qué coño estás diciendo?—. Grité. No me gustaban los jeroglíficos, al menos no en los labios de ella.

Una sonrisa tierna se formó en sus labios y sus ojos se prendieron otra vez en aquellas putas lágrimas.

—Estoy embarazada.

La agarré por los hombros e hice que se levantara con brusquedad.

—No puedes estar hablando en serio—. Reí de manera cínica. —Yo me cuido, lo sabes—. Terminé.

Por sus mejillas ya campeaban las lágrimas completamente descontroladas, mojaban sus labios y llegaban a su cuello, perdiéndose por el centro de sus pechos recogidos en un sexy y provocador sujetador negro. Alzó su mano y empujó suavemente mi torso para caminar hacia el vestidor. Allí con las manos temblorosas agarró un vestido y lo metió dentro de su cabeza.

—El día que dijiste su nombre, ese día no te cuidaste—. Susurró. — ¿Lo recuerdas?

Aunque la miraba a ella, mi mente viajó hacia aquel momento. Habían sido decenas de momentos, los que mentalmente gritaba su nombre en mi mente, pero aquel día si lo hice en voz alta.

Nervioso tomé asiento en la cama deshecha y llevé mi mano al cabello. Yo no quería tener hijos. No con Victoria al menos. No lo había programado y estaba fuera de mi control aquella situación.

— ¿De cuánto tiempo estas y desde cuando lo sabes?—. Pregunté con la cabeza escondida en mis manos.

—Hace dos meses que lo sé. Pero las cuentas no fallan Edward. Estoy de tres meses.

Me levanté con furia y la amenacé apuntándola con el dedo.

— ¡Esperaste todo este tiempo para decírmelo!—. Grité.

Ella caminó hacia mí ya totalmente vestida, paseando las manos por su rostro, limpiando aquellas lágrimas mudas que me fastidiaban tanto.

—Pensé en decírtelo, pero James me aconsejó que no lo hiciera.

¡James! El jodido hijo de puta, siempre como una rémora. ¡Parásito despreciable!

Sin duda un hijo de Victoria la ataría mucho más a la empresa y de por vida. Tendría que estar toda la vida matándome a trabajar para que "ese error" y su madre llevaran una vida cargada de lujos y por ende aquel bastardo de James.

—Soy tu esposo y debías…—.susurré siendo interrumpido.

— ¡Debía!—. Su grito me hizo dar un paso hacia atrás. Me sorprendió aquella reacción en ella. Victoria siempre se mantenía comedida, carente de emociones—. ¡Tú gritaste su nombre mientras te corrías maldito! ¿Por qué te casaste conmigo si la amabas a ella? ¡Siempre la amaste, desde que eras un crío! No me mires así, ¿crees que no lo sé? He tenido que soportar como tu padre y tu madre hablaban de sus padres y de las veces que iban de veraneo a la playa de Forks, en La Push—. Su mentón comenzó a temblar mientras yo negaba con la cabeza.

—Yo no amo a nadie, si te sirve de consuelo—. Dije lacónico.

Ella me lanzó una mirada envenenada y chasqueó la lengua.

—Tú no te amas ni a ti mismo—. Sentenció saliendo de la habitación dando un fuerte portazo.

Contemplé la puerta por donde había desaparecido y enfurecido, agarré con todas mis fuerzas y estrellé mi puño en ella. Hice un agujero algo hondo e instantes mas tarde noté un líquido frio que viajaba por mis dedos. Miré mis nudillos. ¡Jodida mierda, me los había destrozado!

Caminé hacia la cama de nuevo y rasgué la funda de mi almohadón intentando parar aquel desastre que me había ocasionado. Con paso ligero avancé hasta el lavabo y allí contemplé mi rostro en el gran espejo. "¿Porque te casaste conmigo si la amabas a ella? ¡Siempre la amaste desde que eras un crio!

Aquellas palabras me dieron puta risa, mientras encendía la regadera y me metía en ella….en una cosa Victoria había dado en el clavo…yo no me amaba ni a mi mismo.

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.

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—Señor Cullen, su padre está esperándolo en su despacho.

Había oído la voz de la recepcionista. Jane, creo que se llamaba. La miré aun con las gafas de sol puestas y sin contestarle asumí que Carlisle Cullen iba a tocarme los cojones aquella mañana. Miré la mano vendada y sonreí. Seguro que no le pasaba por alto aquel detalle de mierda.

Al entrar en elevador, como todos los días que me presentaba en aquel edificio de oficinas no podía obviar recordarla a ella en su primer día de trabajo. La odié desde el primer momento que la vi, porque algo se removió dentro de mí y no podía permitir que alguien tuviese ese poder sobre mí.

Al abrirse las puertas de elevador el vigilante de seguridad me dio los buenos días y entré en mi despacho sacándome la chaqueta y lanzando despreocupadamente el maletín en un sofá de dos plazas que había en la parte izquierda de mi oficina.

Mi padre estaba allí, sentado en mi sillón de piel giratorio, observando las excelentes vistas de mi despacho. Me daba la espalda pero supo que yo ya había llegado.

—Edward—. El sillón giratorio dio un giro y su rostro carismático llegó a mí con una mueca de preocupación.

—Padre—. Sostuve su mirada y caminé hacia mi mesa prendiendo el ordenador como todas las mañanas, indiferente a su presencia.

—Estamos preocupados por ti, Edward—. Dijo encendiéndose un cigarro y aspirando aquella mierda—. Aro también lo está.

Me reí con socarronería y elevé una ceja mirando a mi padre.

—No me jodas—. Susurré.

—Edward—. Espetó serio. — ¿Qué es lo que estás haciendo con tu vida? Y lo que es más importante ¿En qué te estás convirtiendo?

—No tengo ni idea de lo que me hablas—. Era cierto, mi padre nunca se había preocupado excesivamente por mi vida y ahora me agarraba por sorpresa que lo hiciera.

—Edward—. Aquella mañana se había tomado en serio gastarme el jodido nombre y por lo visto lo iba a conseguir. Alcé las cejas y sonreí.

—No tengo ni idea de lo que me estás hablando—. Dije con indiferencia.

Oíamos como la puerta del despacho continuo se abría y Tanya comenzaba a dar órdenes como una desquiciada.

—Nunca debiste haberte casado con ella—. Sentenció Carlisle aspirando otra vez su cigarrillo.

— ¿Con Victoria?—. Pregunté con sarcasmo.

—Con Tanya.

Bajé la mirada y mi gesto cambió.

—Lo sé, pero no me arrepiento, tengo a Elizabeth, aunque ella no sea mi hija natural y crea que no la amo, es lo único bueno que tengo en la vida.

Un silencio sepulcral nos invadió y Carlisle se levantó buscando mi hombro con su mano.

—James me ha llamado, sé que Victoria está embarazada, Edward. No puedes dar la espalda a esto.

Cerré los ojos con fuerza y estallé.

— ¡A un hijo hay que amarlo, maldita sea! ¡Y yo no lo deseo! No…—. Me llevé las manos a la cabeza y revolví mi cabello enmarañado de por sí. —No sé en qué jodida mierda está metido Aro, pero cada día estoy más arrepentido de haberle salvado el culo….— giré la cabeza hacia mi padre y busqué la verdad de algo en sus ojos.— Y tú tienes la culpa por convencerme.

Mi padre abrió los ojos sorprendido por unos segundos y luego lanzó su cigarrillo sobre un gran cenicero de granito, sonrió ladeadamente. Un gesto muy Cullen… y desvió su mirada.

—Cuando Aro te preguntó si querías salvarlo, también te estaba salvando a ti, Edward. Ese James tiene algo que a Aro no le conviene que salga a la luz y la empresa se iría a la bancarrota hijo. Esto es nuestra vida, la fuente de todos nuestros ingresos y Victoria siempre ha estado loca por ti. Yo creí que te adaptarías a ella y con el tiempo el amor surgiría. Ella vale mucho más que su hermano. ¿Tan difícil es ser cariñoso con ella?

—Yo no soy cariñoso con nadie, padre—. Mi voz sonó como un rugido y aquello hizo sonreír a Carlisle.

—En eso tienes razón, pero tienes que intentarlo—. Se mostró algo nervioso y carraspeó. —Hay otro motivo que me ha movido para venir a hablar contigo, hijo. Jhon Tunner. ¿Te dice algo ese nombre?

Lo miré sin parpadear. ¡Mierda!

—No—. Mentí descaradamente.

—Soy tu padre, Edward. No. Me. Mientas—. Siseó.

— ¡Vosotros llevaís haciéndolo prácticamente cinco años! ¿Desde que accedí a casarme con Victoria! ¡Desde que Charles Swan y su mujer murieron! ¿Qué mierda esconde Aro y como está en poder de James?

—Eso no puedes saberlo, Edward. Pero te he hecho una pregunta y quiero que me contestes con la verdad. ¿Qué tienes en contra de Jhon Tunner?

Miré mi mano vendada y mi padre soltó un jadeo. Agarró mi mano y la sujetó con firmeza y ternura al mismo tiempo.

— ¿Qué coño es esto?—. Preguntó mirándome a los ojos.

—Tuve un percance esta mañana—. Sonreí. —Mi mano puede hacer también de llave. ¿No lo sabías? Intenté meterla por una cerradura.

Los ojos de Carlisle me taladraban serios, fríos.

— ¿Qué tienes en contra de Jhon Tunner, hijo?—. Había una suplica solapada en esa pregunta y dejé escapar una risita.

—Es el padre de Benjamín Thomas Tunner, eso es suficiente para mí—. Contesté liberándome de su agarre paternal.

Papá se alejó aturdido, dando dos pasos hacia atrás. Dándome la espalda y caminando hacia la gran mesa de escritorio, apoyando las palmas de sus manos encima de ella, agachando la cabeza.

— ¿Es por Bella, verdad?—. Preguntó en un leve susurro. —Es ella la que te tiene así—. Se giró y sus ojos me taladraron. —Déjala ser feliz Edward. Si en verdad la amas, déjala ser feliz.

— ¡No la amo! —. Apreté mis dos puños con fuerza haciendo que los nudillos de la mano vendada sangraran de nuevo, la venda se estaba tiñendo de carmín oscuro de nuevo. — ¡Quiero follármela! ¿Entiendes? ¿Has deseado tanto a alguien hasta hacer lo que sea para conseguirlo, padre? ¿Has pasado noches en blanco perturbado con la idea de que ella esté en otros brazos con otro hombre que no eres tú? ¿Has gritado el nombre de ella mientras te jodías a mamá?

No pude decir nada más. Su puño se estrelló en mi mejilla y cerré los ojos por el dolor. Cuando los abrí de nuevo estaba solo en el despacho, con el pómulo hinchado y un dolor de sus putos muertos.

Pero aquella reacción había contestado a mis preguntas. Sí, lo había hecho.

Caminé hacia la puerta que daba acceso al despacho de Tanya y ella al verme levantó el culo de su silla y fue hacia a mi con un gesto de dolor en sus ojos.

— ¿Qué coño te ha pasado, maldito cabrón?—. Las palabras de bienvenida de mi ex mujercita me hicieron sonreir pero el maldito dolor me dejó en puertas.

— ¿Conoces el sentido subjetivo de "pregunta incorrecta"?

Miró mis ojos mientras se llevaba la mano al bolso y sacaba unos cuantos pañuelos de papel.

—Procuro vérmelas venir, Edward—. Fruncí el ceño por dolor. Los leves toques de Tanya estaban haciéndome mierda el rostro. —Ven aquí—. Me llevó hacia el lavabo y allí empañó varios en agua limpiándome los restos de sangre.

No dijo nada, tan solo ponía atención a la cura. Una vez finalizó. Sonrió, algo sombría.

—No voy a preguntarte quien ha sido ni el porqué, Edward. Pero esto no está bien. Tú no estas bien.

¡Más mierdas aquella mañana! ¡Nooooo, no lo iba a permitir! Puse los ojos en blanco y me alejé de ella, buscando la puerta de mi despacho, dando un fuerte portazo. ¡Lo que me faltaba, ella también!

A los pocos segundos apareció ella, con los brazos en jarras y mirándome con ganas de aniquilarme allí mismo.

—Ayer fuimos a ver a Bella. Elizabeth y yo—. Estaba impresionado, pensaba no hacerle ni puto caso, pero aquello atrapó toda mi atención. — ¿Te interesa eh?—preguntó sentándose en una esquina de mi gran mesa de escritorio.

—Sigue—. Ordené, mirándola sin pestañear.

— ¡Oh! Ella esta genial, ya sabes—. Tanya me miraba intensamente, procurando que no se le pasaran por alto ninguna de mis expresiones. —Me comentó que tú ya le habías hecho una visita.

Miré hacia el pc y le di al enter. No tenía ni puta idea de lo que estaba haciendo, pero no iba a caer en la trampa de Tanya. Ella me conocía mejor que nadie.

—Si—. Susurré.

—La noté algo nerviosa por tus amenazas, Edward.

Di un fuerte golpe con la mano sana y me elevé del sillón para juntar su cabeza con la mía.

—No. Te. Metas. Tanya.

—Jacob te va a mandar al hospital como no dejes meterte con el hermano de su chica. ¿La has visto? Es monísima. Toda llena de piercins por el rostro. Me imagino si tiene alguno mas en algún lugar secreto de su cuerpo.

—Eres repugnante, querida. Y si la conozco, tuvo la indecencia de llevarla a casa para presentarla formalmente—, espeté hosco, volviendo a poner el culo sobre la silla giratoria.

Tanya parecía encantada, mientras yo estaba perdiendo los nervios por milésima vez aquella mañana.

— ¿Supongo que se podría cortar la tensión con cuchillo, no es cierto?—. Preguntó sin perder la sonrisilla de arpía.

—Supones bien. Pero me comporté debidamente.

¡Y una mierda! Después del incidente en casa de aquel bastardo de mierda, la que Jake se follaba ni si quiera me miraba a los ojos. Aún no entiendo como tuvo el valor de ir a visitarnos a casa. Hice un gesto asqueado con la boca y aquello no le paso desapercibido a Tanya.

— ¿Qué ocurre, Edward?— Preguntó.

—Recordé algo—espeté— y ahora déjame que mire si se hicieron efectivos los ingresos. No me fio de los incompetentes que hay en la sucursal.

Ella rió y se levantó de la mesa. Pero antes de que su figura desapareciera su voz hizo que mi mente se estrellara contra otra mierda imparable.

— ¡Ah!... es Bella—. Alcé la mirada para buscarla, aunque estaba de espaldas a mí y cruzaba el umbral de la puerta de su despacho, quise poner todos mis sentidos en aquello. —Se ha marchado esta mañana a España. Con Ben. Unas idílicas vacaciones de amantes. ¿No te parece romántico, Edward?

Cerró la puerta y me dejó viéndolo todo rojo.

BELLA'S POV

Miraba el árbol frutal que mi padre plantó cuando yo aún no había nacido en la parte de atrás de casa de mi abuelo. De aquel árbol pendían como piedras preciosas albaricoques en su plenitud, dándole una suave y acogedora pincelada de color al césped y aquella mesa de forja blanca y a sus sillas. Podía oír la voz de Jake, hablando con el abuelo y Bree me miraba con una sombra de duda en sus ojos.

Se la veía diferente, había cambiado el color de su cabello y ahora había una mezcla fascinante de rubio y cabello oscuro en aquella cabecita perfecta. Jugueteaba con el vaso de cristal medio lleno o medio vacío, según se mire, pero con los labios apretados y gesto serio.

—Suéltalo, Bree—. Había llegado y no se mostraba muy efusiva en el trato. Aquello dolía hasta el punto que sentía que no conocía a la muchacha que con la que había convivido los últimos seis meses de mi vida.

Sus ojos tan negros como los de Ben, me miraron inescrutables unos segundos y su vista volvió a buscar el refugio del jugo en el vaso.

—He visto como han pasados los años sin una ilusión en la vida de Ben, como se ha centrado en su carrera y ha pasado por alto todo lo que los demás muchachos de su edad hacían. Yo era pequeña, pero me daba cuenta de todo. Mientras que sus amigotes se iban de juerga y se tiraban a las que babeaban por Ben, él se quedaba en casa estudiando y opositando para la candidatura a la Rectoría, Bella—. Sus ojos parpadearon un momento y miró hacia Jake. —No me gusta Edward Cullen, me da escalofríos su presencia. No tienes ni idea como llegó a la fiesta de disfraces el día de graduación y como trató a Jake. Le dijo tantas cosas…. no puede haber nadie con tanta poca sensibilidad para un hermano, pienso si le dijo todas esas cosas a Jake, ¿Qué puede hacerle al mío?

— ¿Cuándo llegó?—. Pregunté sintiéndome peor de lo que estaba en un principio.

—A los pocos minutos que mi hermano y tú se fueran. Llegó como loco, preguntando por ti. ¿Qué derechos cree ese hombre que tiene sobre ti? Te juro que me lo pregunto una y mil veces. Jake y yo hemos hablado de esto y hemos llegado a la conclusión. Bueno, más bien Jake ha llegado a la conclusión que Cullen te ama con tanta furia que no se da cuenta de ello. Cree que quiere… ya sabes.

— ¿Follarme?—. Pregunté en un susurro.

—Eso—. Respondió Bree, tomando el vaso y llevándoselo a los labios.

— ¿Tienes miedo por Ben?—. Era la misma pregunta que yo me hacía desde que el cabrón había ido a visitarme. Dejando en mí un miedo latente que no me dejaba prácticamente dormir. Y después de saber todo lo del padre de Ben, no me cabía duda que todo tenía un denominador común con nombre y apellidos.

—Tengo miedo de que tú le hagas daño a Ben—. Su cabeza se acercó más a la mía y susurró. —Porque nunca te lo perdonaría, Bella. Nunca. Por mucho tiempo que pase y Ben se restablezca de tu perdida. Todo moriría entre nosotras si te enamoraras de ese bastardo sin corazón.

Apreté la mandíbula y no parpadeé si quiera.

—No hay nadie que pueda igualar a tu hermano Bree, él es como el rocío de la mañana o una suave brisa fresca. También sabe ser como el fuego y prenderme con intensidad, mientras me susurra palabras de amor sin descanso…no puede haber nadie mejor. No quiero a nadie que no sea él. Lo amo Bree. Sería capaz de cualquier cosa por Ben. Cualquier cosa, Bree.

Ella cerró los ojos y sonrió lentamente. Su mano con las uñitas pintadas de azul rozó la mía y la acarició en gesto terriblemente tierno.

—He hablado con él. —Suspiró—. No habla de otra cosa que no seas tú. Bella, está tan enamorado, yo he soñado con ese tipo de amor toda mi vida—. Los ojos de Bree volvieron hacia Jacob que ahora se acercaba con mi abuelo, hablando amistosamente. — Tiene una sorpresa para ti.

Reímos con picardía ambas y antes de que mi abuelo y Jake se acercaran lo suficiente, me dio tiempo a decirle.

—Yo también le tengo una para él.

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Ben estaba a punto de llegar. Después de una semana en casa de mi abuelo, al fin volvía a ver a mi novio. Mi estómago estaba revolucionado y mis nervios campeaban a sus anchas por todo mi cuerpo, deseaba ver a Ben con todo mi ser, pero de lo que tenía más ganas era de tenerlo solamente para mí. Sin abuelo, sin Bree y sin ojos curiosos. Un estremecimiento se derramó en todo mi cuerpo al escuchar el sonido de un coche aparcando en el garaje. Con las maletas preparadas y recogiendo con una mano el colgante de oro que me había regalado Ben, contaba los minutos para que hiciera acto de presencia y al fin lo hacía.

Corrí como una desquiciada hacia las escaleras bajándolas de dos en dos, mientras que él en aquel momento hacia acto de presencia. Su rostro sonrió a mi abuelo y lo saludó con un fuerte apretón de manos. Su mirada viajo hacia mí y me recorrió con su mirada asfixiándome. Sus ojos negros devoraban mis piernas desnudas.

La risa del abuelo hizo que me pusiera como la grana y me paré en seco delante de ambos, con las dos manos retorciéndomelas, desquiciada.

— ¿No saludas a tu novio, Bella?—. El abuelo cuando quería ser quisquilloso era el número uno. Le lancé una mirada asesina y se marchó con un risa y prometiendo mandar a una de las chicas de servicio por mis maletas.

Mi mirada viajó hacia los labios de Ben y todo mi cuerpo latió.

—Bella—. Susurró. Recogiendo mi cintura y llevándome hacia una pared, recostándome en ella y pegando su cuerpo al mío. —No sabes las ganas que tenía de hacer esto—. Sus manos recorrieron mi cuello, la mandíbula y luego mis mejillas posando las manos ahí y forzando mi boca a abrirla para dar paso a toda la suya, con lengua incluida en un beso arrollador. La fuerza de aquel beso, hizo que perdiera la cordura por unos momentos, las rodillas me fallaran y el deseo como un almíbar pesado y caliente recorrió todo el centro de mi cuerpo.

Ahora su mano apretaba mi cuello hacia él, para engullirme entera y yo me moría de placer por la batalla de su lengua sobre la mía y por el roce de aquella barba que me calentaba los sentidos. Llegue a tal punto de ebullición que si Ben hubiera rozado sus dedos sobre mis bragas me hubiera corrido allí mismo. Intenté detener la situación y sonreí traviesa en su boca mientras él bebía de mi boca ansioso.

—No te rías perversa. No sabes lo mal que lo he pasado sin ti estos días—. Susurró con los labios pegados a mi boca caliente. —No hago otra cosa que recordar lo esplendida que te ves montada encima de mí.

Mordí mi labio y jadeé agarrándolo del cabello estrellando de nuevo mis labios con los suyos en un beso voraz.

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—Tengo una sorpresa para ti.

Ben manejaba el automóvil hacia el aeropuerto.

Estaba algo triste por marcharme tan lejos del abuelo, pero sabía que había gente alrededor que cuidaría de él en todo momento. Miré a Ben y sonreí llena de dicha por mi futuro inmediato.

— ¿Si?—. Pregunté en un tono pícaro.

—Sí—. Sonrió formando una sonrisa perfectamente ancha. — ¿Recuerdas la casa solariega de la que te hablé?

—Sí—. Respondí imitando su entusiasmo.

—Allí es donde vamos. Te va a encantar Bella. Yo sé que sí—. Admiré a Ben. Tenía una expresión de niño en sus ojos que me dio ganas de llorar. Lo amaba. ¡Sí, Dios como lo amaba!

—El lugar es indiferente Ben, si tú estás a mi lado—. Dije con solemnidad.

Me miró un momento fijamente y luego volvió la vista a la carretera.

—No vamos a olvidar este verano, Bella. Te lo prometo.

Continuará…

Ahhh…bueno, lo prometido ¿No chicas?

Un beso y hasta pronto, espero conocer pronto vuestras reacciones a este capi.

Sistercullen.