Capítulo beteado por Jocelynne Ulloa, FFAD.

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Los personajes de esta historia no me pertenecen, la trama es mía.

PLUGGED

Capítulo 31

BELLA'S POV

Estiré el cuerpo un tanto adolorido por tantas sesiones de sexo con Ben… Ben, una sonrisa tonta se instaló en mi rostro y busqué su cercanía al otro lado de la cama. Mi amor no estaba, pero en su lugar se disponía perfecta, una rosa del color de las amapolas, me erguí levemente para agarrarla entre mis dedos y observé un pequeño papel doblado. Lo abrí y leí aquellas palabras mágicas que me inundaron el vientre de mariposas y el corazón de anhelo.

"No he tenido corazón para despertarte, te veías tan maravillosa que no pude. Esperaré ansioso que desciendas de los brazos de Morfeo mi amor"

Me llevé el capullo a la nariz e inspiré cerrando los ojos. ¿Podía haber alguien más feliz que yo en aquellos momentos?

Aparté las cobijas y caminé hacia la ducha colocando la rosa en agua antes de entrar al lavabo.

Allí abrí la regadera y sonreí al sentir como el agua templada ayudaba a combatir mis músculos, maravillosamente adoloridos. Froté mi rostro con ambas manos y al abrir los ojos me sentí más desnuda de lo que lo estaba… ya que estaba frente a los ojos más oscuros y ardientes de todo el jodido planeta.

—Llevo esperando que despiertas demasiado tiempo—. Jadeó sacando la camisa aprisa de su cuerpo, tanto que pude ver como uno de los botones saltaba por los aires. —No tengo cabeza para otra cosa que estar metido dentro de ti, mi vida.

Con los ojos como platos y completamente paralizada vi como Ben entra a la ducha con los pantalones puestos y los zapatos, me reí cuando observé como poco iba calando el agua en su pantalón y él recogió mis nalgas con dureza para apretarme a su más que jodida erección.

—Puedes llevar a un hombre a perder la cordura Bella, y lo impresionante es que no te das cuenta del poder que ejerces, bruja—. Sus manos retorcían mis glúteos haciendo que sus dedos se perdieran por el agujero de mi ano y el centro mismo de mi deseo.

Sonreí maliciosa y relamí mis labios, ganándome un fuerte empuje de sus dedos dentro de mí. Gemí echando la cabeza hacia atrás y Ben comenzó a besar con ansias mi cuello y clavícula, mientras sacaba y metía dentro de mi cuerpo dos de sus dedos, ayudándose con un tercero para rozar el capullo hinchado de mi clítoris.

Busqué con ansias despegar aquel maldito pantalón de sus piernas y caderas; que en ese momento pesaba el triple de normal, me deshice de la correa y corrí el botón, la cremallera casi estalló en mis manos y sólo tuve que girar levemente para meter la mano en el elástico de sus boxers y sacar aquella cosa maravillosa que me pertenecía tanto como a él mismo.

La acaricié como la cosa más tierna del mundo, ganándome un gemido ronco de Ben, eso hizo que me derritiera aún más en sus brazos y colisioné en un orgasmo tal, que lo mordí en el hombro de manera brutal. Él no se quejó, pero no se mantuvo quieto en el lugar.

Se deshizo totalmente de los pantalones y los tiró encima de la alfombra de baño, le siguieron los boxers que colgaban sobre sus caderas y un segundo más tarde me giró con ansias, haciéndome plantar las manos sobre los azulejos y sentí como profundizaba con su dura y caliente lanza dentro de mí de manera lenta, aprendiendo de memoria todas las depresiones de aquel músculo que nos hacía uno, ambos gemimos guturalmente hasta que por fin llegó a la empuñadura y comenzó a seguir un ritmo de locura.

El agua corría por mi espalda, mientras él me bombeaba frenéticamente, elevé una pierna para darle más acceso si cabía y él sonrió entre dientes diciendo algo que no comprendí. Agarró aquella pierna y profundizó de tal manera que me hizo ver las estrellas literalmente y cuando hizo que volviese a perder el sentido por un nuevo orgasmo me giró hacia él y besó mis labios con hambre y sed.

—Salta—. Dijo con la voz tan enronquecida que mis pechos volvieron a excitarse. — Salta sobre mis caderas, Bella. Estoy tan duro que creo que haré diana.

Gemí antes de hacer caso a lo que me decía y si, lo hizo. Hicimos diana.

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—Tienes ojeras, preciosa—. Contemplábamos la noche cerrada, por lo que Ben me había explicado estaba completamente nublado y era más que probable que aquella noche cayera una buena tormenta, pero aún y así, dispuso él mismo una mesa en el porche e hizo que Miguel y María se hicieran dueños de la cocina para deleitarnos con plato típico Andaluz.

Habíamos pasado gran parte del día en la cama, en la ducha, y en más de un rincón de aquella casa solariega. Él recorriendo todos los lugares escondidos de mi cuerpo y yo lamiendo hasta el último centímetro de su piel. De sobra había que decir que estábamos derrotados. Follar cansa y apetece dormir y no habíamos dormitado si quiera unos minutos.

En Andalucía se descansa una hora aproximadamente después de hacer la comida del medio día y mientras que solo se escuchaban el canto de las cigarras al sol, nosotros gemíamos y sudábamos al contacto del goce de nuestros cuerpos.

Sonreí y bajé la mirada recordando como nuestros cuerpos se unían, era tan erótico observar como la verga hinchada de Ben arremetía dentro de mí, que se me erizaba la piel cada vez que aquella imagen viajaba hasta mi mente.

—Tú también tienes—. Dije, ganándome una sonrisa ancha de él. Su mano viajó hacia mi rostro abarcando toda su palma en mi mandíbula.

—Te quiero, nena. Y todo esto me parece un bonito sueño del que no quiero despertar.

El gesto de su rostro se trasformó y miró hacia el pueblo que se veía justo al frente de nosotros.

Comprendí aquel dolor, porque también era el mío, yo no quería separarme de Ben, pero aquel tiempo de veraneo se escaparía de entre nuestros dedos y tendríamos que volver de nuevo a nuestras vidas. Yo en la facultad y él en alguna que otra Universidad lejos de mí.

Sus ojos volvieron hacia mí y volvió a sonreír aunque esta vez con algo de tristeza.

—Bree ha llamado mientras dormías esta mañana. Ha dicho literalmente que va a colgarte de los pezones como no la llames—. La mirada de Ben volvió a perjudicar seriamente mis bragas y cruce las piernas incómoda. —Quiere venir con Jake a visitarnos.

Sonreí abiertamente.

— ¡Eso es maravilloso!—. Dije alzando la voz. —Supongo que no te habrás negado.

Ben se mojó los labios con la lengua y achicó los ojos al mirarme.

—Ese Cullen me gusta, si es a eso a lo que te refieres, pero lo que más me incomoda es que seguramente mis padres vendrán con ellos. Serán solamente un par de días, pero los suficientes para no tenerte para mí. Verás Bella, mis padres son muy tradicionales y estoy segura que la idea que partió de Bree, fue secundada por mi madre, ya que no ve con buenos ojos que hombre y mujer compartan la misma cama sin estar casados. Digamos que vienen de carabinas—. Negó con la cabeza y buscó entre el bolsillo de su pantalón vaquero el paquete de tabaco. —Son unos hipócritas.

Aquello me hizo fruncir el ceño. ¿Qué había con los padres de Ben?

—Yo… estaría encantada de conocer a tus padres Ben—. Anuncié mientras veía como aquel espécimen profundamente violable apartaba un mechón de cabello de su rostro y encendía el cigarro.

—Yo sé que sí, preciosa. Pero tengo miedo que digan o hagan algo para que eches a correr, la verdad es que Jake ya tiene mi respeto ganado. Si ha pasado por esos filtros debe, de tener ganas de estar con mi hermanita.

— ¿Crees que no les guste?— La pregunta se atoró en mi garganta y observé a Ben revolverse nervioso en la silla de forja.

—Mira, supongo que será el rol de Rector y alumna es lo que a mi madre no le agrada. No es nada personal, Bella.

Tragué en seco.

— ¿No le gusto a tu madre, Ben?— Pregunté con un miedo horrible en el cuerpo.

Él se levantó apartando la silla y arrojándola al suelo, caminó hacia mí y se puso de rodillas a mi lado.

—No me importa nada, si no estás conmigo Bella. Ni mi carrera ni mi vida. Mucho menos mis padres. Ellos son demasiados estirados cielo. Si te molestan nos largaremos de aquí, a la mínima provocación, Bella.

Asentí mirando sus labios de pecado, para un segundo más tarde devorarlos con ansias de comérmelo entero.

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EDWARD'S POV

— ¡Edward! ¡Edward!

Estaba metido en un jodido sueño de mierda. Pero alguien me llamaba a lejos, parecía la voz de Emmettt, el imbécil hacía como tres meses que se había metido dentro de las bragas de la rubia cachonda, amiga de la innombrable. Sí, la innombrable, porque cada vez que lo hacía aunque fuese dentro de mi maldita cabeza, se iba todo a la mierda. Me perdía en mi puta miseria.

Revolví las sabanas al notar como la luz del día se filtraba dentro de mis ojos y la voz del maldito hijo de puta que una vez fue mi amigo y que me abandonó por unas bragas tanga volvió hacer que mis tímpanos dolieran.

— ¡Edward!

Abrí los ojos y salté de la cama para que probara mi muy buen derechazo, pero al ver que iba acompañado por la rubia tetas grandes y sonrisa de chupona, me paré en seco y revolví mi cabello de manera desquiciada.

—Esto es propiedad privada, Emmett. ¿Cómo coño has abierto la jodida puerta, a martillazos?

Pasé de largo de la rubia que parecía acojonada y me puse frente a Emmett en calzoncillos y con los brazos cruzados sobre mi pecho.

—Hace una hora que te estamos llamando por teléfono jodido cabrón. Menos mal que no tienes a nadie que te caliente la cama, porque si no hubiera sido para molerte a puñetazos.

Ahora si me estaba preocupando, Emmett estaba serio, muy serio y no era normal verlo en aquellas condiciones.

—Es tu esposa, ha tenido un accidente con el coche, viajando hasta aquí. Se ha empotrado contra la valla del jardín, Edward.

No respiré durante un segundo y luego corrí, corrí como poseído para ir en busca de ella, pero cuando abrí la puerta de mi casa al exterior, todo estaba lleno de coches de policía y sacaban un cuerpo del deportivo color blanco de Victoria.

La mano de Emmett me hizo entrar de nuevo hacia dentro y sin soltarme me llevó hasta él y me dio un fuerte abrazo.

—Lo siento, tio. Lo siento mucho.

Mis ojos viajaron hasta la rubia novia de Emmett que escondía la cabeza sobre una de sus manos, afligida.

—Victoria… está muerta—. Susurré mirando a la rubia, que ahora tecleaba su móvil como una puta condenada.

—No entiendo como no te has enterado de nada, Edward, ¿bebiste? Jodido por culo. ¿Bebiste?

Me aparté de él dando dos pasos hacia atrás y paseé la mano por mi rostro.

— ¿Cuándo no lo hago? Eso es personal, no creo que me lleven al patíbulo por agarrar una mierda de campeonato y no oír como mi esposa se estrella contra la vaya del jardín.

—Eres un maldito hijo de puta Edward, tu mujer ha muerto y tú pareces ni inmutarte. ¿De qué pasta estás hecho?

—De barro joder. Lo que pasa que en mi caso, se olvidaron de colocar un corazón.

Arrastré mis pies hacia la planta superior y me perdí en la oscuridad de unos de los baños, allí me derrumbé en el piso y lloré como hace décadas que no lo hacía.

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Llovía. Era una despedida épica para una mujer que había pasado en la vida de muchos sin pena ni gloria, sobre todo en la mía. Creo que nunca me voy a perdonar haber arrastrado a Victoria a su propia muerte. El secreto que guardaba James y que tenía en jaque a Aro ya se habría cobrado su primera víctima. Aunque, si era totalmente sincero, creo que ya había cadáveres antes de que el de Victoria fuese físico, estaban los otros: El de Isabella, el mío y por supuesto, el de bastardo del "Rectorcito".

—Señor Cullen, mi más sincero pésame. Lo siento—. Elevé la mirada. Allí estaban con caras de carneros degollados toda la sub plantilla de Cullen Ltda.

Sus miradas no eran incómodas o temerosas como casi todos los días, cuando me los cruzaba. Ahora parecían sentir el dolor que yo debía esconder, no porque amase a la mujer que se hallaba encerrada en aquella caja de pino, no. Si no porque me sentía culpable de que hubiese estampado su cuerpo preñado de un hijo mío en la vaya del jardín, lleno de putos enanitos.

—Gracias—. Hablé gélido. Dirigí una mirada a la chica de recepción, Jane, creo que se llamaba. Ella sonrió con tristeza y colocó una corona de flores encima del ataúd que ya se encontraba bajando por elevador hasta las raíces de la tierra.

Miré de soslayo a James.

Estaba destrozado. Bajo sus ojos se habían formado pequeñas bolsas rojizas y sus lagrimales estaban purpúreos, casi sanguinolientos. Aparté la mirada cuando él giró el rostro en mi dirección y sentí el cálido apretón de la mano de mamá. Le sonreí agradecido y continuamos oyendo el sermón del párroco que emocionado, daba el último adiós a la mujer de suaves rizos anaranjados que le tocó ser mártir en mi vida.

Alice también estaba allí y aunque no había cruzado ni una sola palabra conmigo, podía sentir su mirada acusadora en mi espalda.

Tanya me flanqueaba al lado izquierdo y al frente, escondiendo sus rostros tenía a Aro y a mi padre, que de vez en cuando susurraban palabras si tan si quiera mirarse.

—Polvo eres y en polvo te convertirás.

El aullido lastimero de James me escudriñó el corazón por ella, maldito fuera él y toda la jodida mierda que había levantado, cerré los ojos con fuerza y me pasé las manos por ellos, agobiado.

— ¿Estás bien, Edward?—. La mano de Tanya, como un bálsamo, acarició mi hombro y quise formar una sonrisa en mis labios, fue imposible.

—Sí, todo lo bien que se puede estar cuando uno se siente más hijo de puta que nunca—. Agarré una de las flores que había dispuestas en la corona de los empleados de Cullen Ltda. y la tiré al foso donde reposaba el cadáver de mi esposa.

—Debías de hablar con tu cuñado. Él se ve mal y en estos momentos tenéis un frente común—. Miré a Tanya con una ceja alzada y casi reí, ¿"Frente común"?, el único frente común que compartíamos aquel cerdo y yo, era hacernos la vida imposible y si había un ápice de mi ser que se alegraba de que Victoria hubiese desaparecido de mi vida, era que también había desaparecido de la suya, dejándolo más solo de lo que ya estaba.

—Vamos, Tanya. Es el último acto de esta farsa—. Espeté, ganándome una mirada interrogante por parte de mi ex, que se agarró de mi brazo, caminando hacia el coche de las pompas fúnebres que nos esperaba.

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La casa que en la una vez vivió Victoria, estaba oscura y llena de gente.

Al llegar junto a Tanya, algunas miradas acusadoras nos taladraron a mí y a mi muy caliente ex, Tanya estaba rodeaba de un aura de sensualidad que no le pasaba a nadie por alto, ni si quiera a las mujeres y a ella le encantaba por supuesto. A Tanya le gusta lamer y chupar coños tanto como a mí y hablo por experiencia.

Aparqué a Tanya junto a unos miembros del consejo y caminé hacia Jake, que iba acompañado de agujereada hermana de Bastardito Ben.

—Hermano—. Sus palabras sonaban acongojadas y sentí su abrazo fuerte y verdadero en mi cuerpo. —No sé qué decir.

Miré los ojos negros de Jake y me sentí un mierda, no me había comportado todo lo bien que se podía comportar un hermano con él, últimamente. Desde que se follaba a la hermana de mi enemigo, no lo miraba con muy buenos ojos.

—No digas nada, Jake. No vale la pena—. Susurré, llevándome una mano a la boca y arrastrándola por mis labios.

—Yo. Edward….

Mis ojos volaron hacia la voz que pedía por mi nombre. Sonriendo fríamente, era la amiguita de mi hermano que me miraba con ojos de gatito de Shreck, llena de aflicción.

—Gracias por venir—. Llegué hacia ella y besé su mejilla, asombrándola—. Es bueno saber que tienes cerca de ti a las personas a las que realmente importas.

Era un magnifico actor, hasta podía ver de hurtadillas la sonrisa de Jake, aprobando aquellas palabras que salían de mis labios.

La tal Bree sonrió con pesar y prosiguió con su voz baja, casi inaudible.

—Bella te envía sus condolencias—. El nombre de "ella" fue un puñetazo en mi estomago y fruncí los labios, asqueado por el hecho de que estaba con el hermanito bastardo de aquella muchacha que mi hermano miraba con ojos enamorados.

—Es un detalle por su parte—.Contesté sin mirarla siquiera y dirigiéndome a Jake—. ¿Y papá?

—Ha entrado al despacho de James a darle personalmente el pésame, Edward. Por lo visto tu cuñado está destrozado y no me extraña, solo tenía a Victoria.

Asentí, pero el muy cabrón la había utilizado como moneda de cambio de algo que se me escapaba.

— ¿Qué tienes que hablar tú con ese malnacido de James?— La pregunta se hizo verbo en mis labios inmediatamente. Ver salir a Carlisle del despacho de aquel hijo de la gran puta no me hacía ninguna gracia.

Papá, buscó algo interesante que mirar y chaqueó con la lengua antes de hablar.

—Le he dado el pésame personalmente, en el entierro no pude hacerlo, Edward.

Asentí y busqué su mirada inteligente. Sus ojos estaban velados y su rostro parecía cansado y algo cetrino. Inmediatamente se hizo la luz en mi mente, ese cabrón había pedido ver a mi padre para algo sospechosamente inquietante. ¿Pero porque a él y no Aro?

Como si lo hubiera llamado con mi mente, una mano se apoyó en mi hombro y giré la vista levemente para mirarlo. Era el viejo que mantenía sus ojos inteligentes dirigidos a mi padre. Oí como Aro suspiraba forzosamente.

—Creo que ya no tenemos nada que hacer aquí. ¿Carlisle?

Papá asintió y me miró terriblemente serio antes de pasar a mi lado.

—Ven con nosotros Edward. Hablar con James en estos momentos sólo ayudará a forjar ese odio mutuo que ambos sostienen con mayor fuerza.

—No—, caminé hacia el despacho de James y giré el pomo de la puerta sin pedir permiso.

El despacho estaba en total oscuridad y tan solo podía verse una sombra presidiendo el escritorio, la punta de la brasa de un cigarro en sus labios era el único haz de luz que podía observarse.

—Debería de matarte ahora mismo—. Graznó mientras absorbía lentamente de aquella brasa humeante, para poco después lanzar el humo en aquel ambiente pesado e intoxicante. —Pero no lo voy a hacer, prefiero regodearme cuando te llenes de tu propia mierda—. Finalizó volviendo a tomar del cigarro.

—No me dan miedo tus amenazas y ten por seguro que tengas lo que tengas en tus manos, no me importa que lo lances al mundo. Puedo hacer frente a todo.

Su risa ronca me hizo recordar la mía, en mis peores momentos.

—Edward, Edward, Edward… La vida es a veces demasiado cómoda para algunos e incómoda para muchos otros. Tú estas en ese ligero puñado de cómodos, esos tiranos a los que solo le basta levantar un dedo para convertir en un infierno la vida de cualquiera, pero nuestros actos, nuestros pecados están conectados con un hilo invisible, donde cada hecho nos hace pesar más el día de nuestra caída y la tuya querido cuñado, está muy cercana.

Caminé hacia el interruptor de la luz y lo prendí. James se llevó una de sus manos a los ojos y gimió. Analicé su aspecto demacrado y me compadecí de él.

—Cuando yo caiga tú estarás tan muerto como yo James, es la única manera que tengo de caer.

—Eres algo ignorante querido. Pero no dudes que cuando ocurra, yo estaré ahí para disfrutar de ese momento, ya que lo habré perdido todo.

—Ya lo has perdido todo ¿O es que acaso te queda algo más que intoxicar?— Pregunté apretando mis puños. —Dime una cosa James.

Caminé hacia él como un depredador y lo agarré de la pechera de su camisa desabrochada y arrugada.

— ¿Qué es lo que guardas en tu poder que tienes en tus manos a Aro? ¿Es por eso que me planteó casarme con Victoria, verdad? A tu ansia de poder no le importó sacrificar los sentimientos de una mujer noble que acabó amándome de verdad cuando yo no puedo sentir nada por nadie. ¿Qué coño escondes de Aro?

James me miró con un gesto de burla en los ojos y comenzó a reír como un desquiciado, haciendo que lo volviese a dejar de un empellón en la silla donde se hallaba sentado momentos antes.

Lo hubiera matado, me sentía tan impotente que hubiera machacado su cráneo con el grueso cenicero de mármol que descansaba en la mesa del despacho, pero me giré para marcharme.

—La señora Spencer, Edward—. Canturreó, para segundos después reír completamente demente, salí de allí buscando entre el barullo alguna cara lo suficientemente conocida como para preguntar por la tal señora Spencer, pero no tuve suerte, no había nadie salvo algunos empleados, Jake y Tanya que se comía con la mirada a la amiguita agujereada de mi hermano Jacob.

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BELLA'S POV

— ¿Dónde me llevas?—. Ben me llevaba a ciegas hacia un lugar escondido en el sótano de la casa, sus suaves manos tapaban mis ojos y sus caderas me empujaban para continuar con el paso.

—Es mi sorpresa, nena—. Se podía apreciar diversión en el matiz de su voz y sonreí de nuevo.

Me llevó unos metros más hacia delante y entonces apartó sus manos de mis ojos, dejándome en medio de una gran sala color salmón. Olía a húmedo y dispuestas en botelleros perfectos, había centenares de botellas listas para consumir. En la oscuridad de un gran rincón, se disponían grandes barriles de madera tapados con yeso blanco.

— ¿Recuerdas que te hablé de esto?—. Sus labios acariciaron mi cuello, estaba detrás de mí y ahora sus manos abarcaban mi cintura. —Es el vino del que te hablé, el que probamos en mi casa antes de hacer el amor. ¿Recuerdas?

Asentí. No entendía nada de vinos, pero aquel suave aroma y el delicado bouquet que explotó en mis labios al ingerirlo me hizo recordar todas las emociones vividas aquella noche.

—Si—. Grazné, al faltarme la respiración.

Él rió roncamente y se apartó de mí, caminando hacia uno de los botelleros, agarrando una de aquellas torneadas botellas color borgoña.

—Es muy bueno, delicado, tierno e irresistible… como tú—. Sus ojos impactaron en los míos. —Toma.

Lanzó la botella y yo la agarré con unos reflejos que no eran dignos de mi persona.

"Isabella Tunner"

Negué con la cabeza y caminé hacia los botelleros sacando varias botellas para mirar el etiquetado, en todas se podía leer lo mismo.

Miré a Ben y con los ojos llenos de lágrimas pregunté.

— ¿Qué significa esto?— Intenté modular la voz, pero me fue imposible.

—Significa, que te amo y que te amaré siempre… Bella—. Agarró la botella que apretaba en mi pecho y la llevó hacia uno de los botelleros. Se mordió el labio inferior, apartándose un mechón de aquel condenado cabello de sus ojos. — ¿Quieres casarte conmigo?

Cerré los ojos y me pellizqué el muslo. Podría estar durmiendo y no me lo perdonaría nunca, pero no era así, estaba con Ben y con centenares de botellas etiquetadas con mi más ni menos que mi posible nombre de casada.

—Si—. Reí llena de dicha, —quiero ser Isabella Tunner.

Ben me agarró de la cintura y me elevó por los aires, dando varias vueltas besándome el pecho y riendo como un demente.

—Suena bien…— declaró con entusiasmo. —La señora Tunner, la señora de Ben Tunner…—. Repitió sin perder la sonrisa.

Le di un golpecito en el pecho sin parar de sonreír y enseñé mi mano en un gesto muy teatral.

— ¿Y mi anillo de compromiso, Ben?

Él elevó sus dos cejas y sin perder la sonrisa, me llevó a su pecho de nuevo.

—Tendré que pedirle a Viveka que lo rescate de su joyero, es una joya de familia.

— ¿Viveka?— Fruncí el ceño y me aparté de él ligeramente enfurruñada.

—Mi madre, mi vida. Viveka Tunner Spencer.

Continuará….

¿¡?

Creo que sobran las palabras, eso sí de ¡vosotras nunca! ¿Reacciones?

Jajajajaja, ya quedan solo dos capítulos y se acaba esta historia…jjajjajajajajajaajajaja! Ahhh

Y luego….para las que no sepáis esto, comenzará Unplugged.

Besos a todas y a mi Sister Jo, que betea todo lo escrito por aquí, ejejjejejeje!