Los personajes no me pertenecen, son de la Saga Crespúsculo.
Casa de Hombres
POV Bella:
Mi sangre se acumuló en mi cara, signo de la incomodidad que estaba experimentando por culpa de aquel ser que tanto repelía.
— ¿Te pasa algo? —preguntó Edward algo preocupado por mi reacción, la cual personalmente me parecía la más normal del mundo.
—Eres tú —susurré con la garganta algo seca todavía sin poder creérmelo.
— ¿Te encuentras bien? —Edward se acercó a mí pero rápidamente mis piernas recuperaron la distancia que nos separaba.
—No te acerques —necesitaba con fervor todo mi espacio vital para poder recuperarme de aquella revelación tan desagradable.
—Solo quiero comprobar tu temperatura —dijo el termómetro/Cullen, de nuevo intentó acercarse a mí pero mis piernas reaccionaron de la misma manera que segundos antes.
—He dicho qué no te acerques ¿Qué es lo que no entiendes la "n" o la "o"? —mis nervios y la cercana llegada de mi menstruación me estaba haciendo que me comportase como una histérica.
—Sólo intento ayudar —se defendió —, parece que tienes algo de fiebre.
—Da otro paso más y te capo como a los cerdos, Cullen —mi amenaza le hizo sonreír y mis pies retrocedieron con la intención de irme por donde había llegado.
— ¿Tú y cuantas más? —su sonrisa cada vez era mayor al igual que mis pobres nervios.
—No tendrías que… — ¿Debería de sorprenderme por haberme caído en un momento tan fatídico? Me temo que no.
Me masajeé la parte de mi trasero que más castigado había resultado, inspiré y expiré, para acallar el gemido de dolor.
—Eres todo un milagro Isabella. Me pregunto cómo has podido llegar a los diecinueve en una pieza—acepté la mano que me ofreció para poder levantarme y con algo de impulso volví a estar de pie.
—Tú también eres todo un milagro. Me pregunto cómo todavía nadie te ha arrancado esa lengua que tienes —murmuré apartando mi mano de la suya.
—Será porque a la gente le gusta —alzó sus cejas ¿Seductoramente?
—Sin comentarios —puse los ojos en blanco, intentando ocultar mi sonrisa.
—Por cierto —dijo Edward antes de separarse algo de mí —, ¿A quién esperabas? —preguntó ojeando a nuestro alrededor.
— ¿Cómo qué a quién espero? ¿Me tomas el pelo? —mi boca se abrió levemente sin saber que decir.
—Así que realmente no habías quedado con nadie —metió sus manos en su sudadera para sacar una gorra —. No tienes que hacer ese tipo de cosas para captar mi atención — se puso la gorra escondiendo su rostro de mí.
—No he hecho eso para captar tu atención —murmuré matándolo con la mirada.
—No seas vergonzosa, Isabella, sé que te mueres por mi huesos, es por eso que te ocultas tras esa capa tan fría conmigo —dijo mofándose de la situación.
—Te he dicho la verdad, he quedado con alguien —me defendí antes sus ataques verbales contra la integridad de mi persona.
—Vaya, entonces debo de pedir mil perdones a tu amigo imaginario por no haberme dado cuenta de su presencia hasta ahora.
— ¿Qué te has dedicado a hacer por las noches?: ¿Sacarte el graduado de humorista?
—No, eso viene de propina con la lengua… por las noches he hecho cosas más productivas.
— ¿Cómo aprender a no quemar el agua? —pregunté irónicamente, estaba harta de esta situación. ¿Era él el acosador o aquel apelativo cariñoso pertenecía a otro?
Edward iba a contestarme pero su respuesta fue interrumpida por el ruido de un motor el provenía del tortuoso taxi que acababa de entrar en el aparcamiento.
Ambos nos miramos con curiosidad.
La puerta del taxi se abrió y una persona de gran tamaño salió con algo de dificultad debido al ramo de rosas y el gran oso de peluche que llevaba entre sus brazos.
— ¿Emmett? —preguntó Edward al reconocer a nuestro compañero de casa.
— ¿Edward?
— ¿A él era a quién esperabas?
—No —negué rápidamente.
—Si —respondió Emmett mirándome fijamente; como si así pudiera entender lo que quisiese decirme.
— ¿Pero no era Edward? —pregunté en voz alta más para mí misma más que para ambos chicos que tenía al lado.
—No —negó Emmett mientras intentaba retar a la gravedad manteniendo tantas cosas entre sus brazos.
—Yo pensé que… —
— ¿Creías qué era Edward?
—Tampoco es que me dieras muchas pistas al respecto —me defendí para no quedar más tonta de lo que estaba quedando.
—Aunque parezca mentira todavía sigo aquí —comentó Edward intentando captar algo de atención.
—Es alérgico a las rosas —exclamó Emmett —, puede que sea algo idiota y cabrón pero el chico no es masoquista.
—Por favor no te cortes, total yo no estoy aquí delante —dijo irónicamente Edward totalmente perdido en nuestra conversación.
—Podía ser cualquier persona, y que yo sepa no soy adivina.
—Cualquier persona no puede ponerte flores en tu propio cuarto —me encogí de hombros, en esta vida todo podía ser posible —. Y no todos tienen una letra tan inmaculada como la mía.
—A excepción mía —murmuró Edward totalmente rendido por enterarse del meollo de la cuestión.
—Aun así, ¿a quién se le ocurre hacer ese tipo de cosas en pleno siglo XXI? — ¿Por qué me tenía que pasar a mi este tipo de cosas?
—Intentaba ser algo romántico y conseguir un sentimiento recíproco por tu parte.
—Lo único que vas a conseguir es una orden de alejamiento. ¿Pero no te das cuenta qué un consolador no es algo romántico?
—Intentaba ser original.
—Pues misión conseguida, porque no se suele regalar ese tipo de cosas a una chica que intentas encandilar.
—Yo te compré uno —murmuró Edward distraídamente mientras se entretenía dando patadas a una lata.
—Nadie te ha dado vela en este entierro, Cullen —exclamó Emmett consiguiendo del susodicho un gesto algo obsceno, pero antes de que le diera tiempo a más empecé hablar.
—Sabes Emmett, gracias por las flores y por… el consolador, pero creo que deberías buscar a otra — «chica, bueno más debería de buscar una mujer de dudosa moralidad» —, …Julieta con la que experimentar ese tipo de regalos —murmuré mientras mi cara cada vez se ponía más colorada, debido a la vergüenza que sentía en esos momentos.
Emmett miró hacía el suelo algo incómodo y la tensión del ambiente cada vez se iba en aumento.
— ¿Habéis terminado ya de hablar o me vais a tener aquí toda la tarde? —por una vez me alegraba de que Edward estuviera entre nosotros.
—Vámonos a casa —Emmett estaba algo resentido, supongo que el ver tantas películas románticas le habían trastornado un poco-bastante.
— ¿Y este peluche? —preguntó Edward mientras comenzábamos el camino de vuelta a casa.
—Te lo regalo —Sin atreverse a contradecirle, Edward aceptó en silencio el peluche. Emmett era muy gracioso, pero había que admitir que imponía respeto sin la sonrisa ; por no decir miedo.
—Espero que las rosas no me las regales —murmuró Edward burlonamente al grandote —, a no ser que quieras eliminarme sutilmente —y aunque si yo hubiera sido Emmett le hubiera pegado con las rosas hasta levantarle ampollas, el chico consiguió una respuesta positiva.
—Si te regalase algo sería un consolador, haber si te das cuenta de tu verdadera naturaleza sexual —contestó intentando ocultar una sonrisa picarona.
Reí, consiguiendo la mirada asesina de Edward.
Quince minutos después llegamos a paso tranquilo y entre las bromas/peleas de ese par.
—Chicos… —susurré observando fijamente la fachada de la casa.
Edward, que en esos momentos estaba bastante entretenido rebatiendo con Emmett su posición sexual, miró hacía donde yo señalaba con el dedo frunciendo el seño.
—Emmett, llama a los chicos, parece que hemos tenido visita —murmuró Edward, dejando su lado jovial apartado.
Una visita, que en vez de dejarnos un mensaje bajo el felpudo lo habían escrito en la fachada, bien grande para que todo el mundo se enterara de lo que era.
"Keremos Adam, ¡Ahora!"
Que coñ… encima de pintar la fachada cometían faltas ortográficas; aunque ese no era el verdadero punto de la cuestión
¿Qué o quién era Adam?
¿El esclavo sexual de Edward?
Fuera lo que fuese aquello debía ser lo que me habían ocultado desde el primer día que pise esa casa; y aunque si tuviera que arrancarles las uñas del pie uno a uno para sonsacarles información, esta vez si que descubriría su maldito y oscuro secreto de hombres.
N/A: ¡Quién ríe último ríe mejor! ( no tiene que ver mucho con el tema… pero me hacía ilusión decirlo) bien creo que estaba meramente claro que Edward no iba ser el acosador, por tres simples puntos:
1 Porque nunca pensé en él como el acosador.
2 Porque no me daba la gana.
3 Porque tengo algo de perspectiva.
Entonces os preguntareis ¿Por qué pusistes en el otro capítulo que él era el acosador? Rebobinemos…
-¿Qué haces aquí?-
-No está claro, esperándote-
En ningún momento dijo "Soy el acosador". Bueno volviendo al tema; algunas han acertado, otras tenían la mosca detrás de la oreja y el resto se han tragado que Edward era el acosador.
Pero ahora lo importante es saber qué o quién es Adam ( no vale decir que os suena de la Biblia)
Y antes de irme quiero agradecer vuestro apoyo tanto para estudiar como para copiar (aunque se me da mejor lo primero que lo segundo) por vuestros RR y favoritos (sobretodo por vuestros RR)
Por último agradecer a Sol, mi Beta Reader, la cual acaba de cumplir 15 años (quien dice acaba dice hace una semana) y sin más y dejando caer mi otra historia "Un par de mocosos" (ligera publicidad) me despido de todos ustedes…
Lucy
