Los personajes no me pertenecen, son de la saga crepúsculo.


Casa de hombres

Bella POV

Aquella noche dormí profundamente después de realizar cien flexiones y tomar toda la caja de valerianas más otros suplementos.

Había sido un día muy ajetreado, empezando por la confesión de Emmett—la cual parecía sacada de una película bastante mala—, y terminando por la violación que sufrieron mis labios a manos del indeseado o, como más comúnmente se le conocía por estos lares, Edward.

A la mañana siguiente, aún con todos mis intentos, me desperté con dos colosales ojeras. Parecía la niña del exorcista con aquella cara y esos pelos, por lo que no tuve otra opción que recurrir a la bolsa de maquillaje que estaba casi inmaculada y que guardaba en un lugar donde no me estorbara; en la repisa más alta de la estantería.

Tras bañarme en polvos, ponerme algo de rímel y un asomo de lápiz de ojos, sin olvidar el toque de pinta labios que desaparecía en un suspiro, bajé a la cocina con la intención de tomar algo de cafeína que me despejara la mente.

— Hola —saludé a los chicos cuando abrí la puerta de la cocina. Al parecer, me había demorado más de lo normal, ya que estaban todos desayunando.

— Muy buenos días —contestó Emmett con una gran sonrisa y un retintín que me desconcertó completamente.

Miré a cada uno de mis compañeros, los cuales no disimulaban sus descaradas miradas a mi persona.

— ¿Ocurre algo? —pregunté, intentado encontrar la seguridad en mí misma para servirme la taza de café que tanto necesitaba aquella mañana.

— Eso deberíamos de preguntarlo nosotros —murmuró Jacob, observando atentamente la ropa que llevaba—. Estás fantástica.

— Más que eso, está hermosa. Ese vestido te queda maravillosamente bien —exclamó Emmett, ofreciéndome la silla donde él había estado sentado tan solo unos segundos atrás, pero ante el comportamiento tan insólito de mis compañeros pensé que los más prudente sería quedarme de pie junto a la puerta.

— Gracias —murmuré, intentado que el rubor no hiciera acto de presencia—. Si quieres, te doy el nombre del lugar en donde me lo he comprado; aunque dudo que te vaya a quedar bien esa ropa —me serví la taza lo más rápido posible bajo la atenta mirada de todos los chicos.

— ¿Nos lo vas a contar? —preguntó Jasper, rompiendo el embarazoso silencio. Por lo menos por mi parte, que se había instalado en la estancia mientras cogía una galleta.

— ¿Contar el qué? ¿El nombre de la tienda? —cuestioné extrañada y cada vez más incómoda, pero Seth fue el único que respondió a mi pregunta.

— ¿Quién es el afortunado al que quieres impresionar arreglándote así? —no pude reprimir una carcajada por aquella deducción tan ridícula.

Yo no necesitaba impresionar a nadie para tener que arreglarme—si es que maquillarse para tapar unas ojeras y ponerse el primer vestido que has visto estuviera dentro del significado de arreglarse—. El paso del tiempo y las multitudes relaciones de Reneé, me habían hecho darme cuenta que lo mejor era no intentar impresionar a un hombre de esa manera, a no ser que buscases una simple y excéntrica noche.

— Mi profesor de Historia de la Comunicación —contesté irónicamente antes de tomar el primer sorbo de café.

— ¡Pero si tiene 48 años! Podría ser tu padre —contestó Seth tras unos segundos tensos de silencio sin reprimir la mueca de repulsión.

Supongo que a esas horas de la mañana era difícil para todos ellos pillar una broma, así que la continué esperando que alguno pusiera en funcionamiento aquella masa gris que tenían casi inhabilitada.

— Exacto, podría. Pero para mi buena suerte no lo es —ante mi confesión, diferentes reacciones aparecieron en los rostros de mis compañeros: Emmett parecía tener la epifanía de el por qué de mi rechazo, por otro lado Jasper escondía una pequeña sonrisa irónica—a la madre le va los jóvenes y a la hija los mayores—, parecía tener escrito en la frente mi primo postizo, Seth no podía entender como un hombre que apenas tenía pelo y que parecía estar en el octavo mes de embarazo podía atraerme, mientras que Edward me miraba con las cejas alzadas intentando disimular una pequeña sonrisa producto del recuerdo de la noche anterior.

¿Es que no podían entender una ironía?

Llegué a la conclusión que, aunque lleváramos más de un par de meses viviendo juntos, mis compañeros apenas tenían idea del tipo de hombre que me gustaba, y eso sólo era producto de mi falta de salidas.

— Eso es imposible —dijo tranquilamente Jacob, arrancando de entres la manos del desprevenido Seth la tostada que había untado tan escrupulosamente.

— ¿Y por qué estás tan seguro? —cuestionó Emmett, tomándose el asunto como algo personal.

— Porque a Isabella le gusto yo —contestó como si aquello fuera tan natural como el mismo ciclo de la vida, aunque para el resto se veía más como el desproporcionado ego de un seductor.

— Nos conocemos desde que teníamos pañales y tengo reconocer que este es el mejor chiste que te oído contar —soltó Seth, arrebatándole su tostada.

— Es en serio, ella y yo nos hemos besado —confesó Jacob ante todos sus compañeros—. El día de la tormenta Bella y yo nos besamos y seguramente hubiéramos llegado mucho más lejos si no hubiera sido por la llamada de Emmett —la sonrisa de victoria que se le formó ante la revelación y mi estado estupefacto no ayudo mucho para mi autodefensa.

…..

— Que cabrón —exclamó Jessica por novena vez en el día.

— Ya lo sé, él fue el que dijo que olvidáramos todo lo que ocurrió aquella tarde. Todavía no comprendo la causa de su repentina sinceridad.

— No intentes buscar alguna explicación lógica, porque esos chicos carecen totalmente de ella —comentó Jessica con los ojos fijos en Newton—, y lo peor, es que tipos así hay a centenares —murmuró mientras mataba con la mirada al rubio.

— ¿Se supone que me tengo que sentir mejor con eso? —Suspiré y dejé aun lado el plato de comida que no había probado. Tenía que haber imaginado que una chica con el corazón roto no era el consuelo que ahora mismo necesitaba.

Sin nada mejor que hacer, me uní a la observación escrupulosa de Mike Newton, él cual parecía bastante entretenido mirando el escote de la chica que se sentaba delante suya.

— Aquí estamos el dúo al rescate —exclamó Rosalie tras diez minutos de pura observación al género masculino.

— ¿Cómo está nuestra morena favorita? —preguntó Tanya, mientras que Rosalie dejaba caer un montón de bolsas de chocolatinas y golosinas en la mesa.

— Bien, aunque todavía no sé por qué…

— Jessica, no te lo tomes a mal, pero me refiero a Bella. Ya tuvimos suficiente ayer con monólogo externo sobre Mike Newton "El cabrón del año" —le interrumpió Tanya, haciéndose espacio entre mi compañera de estudios y yo.

— Vaya sin vergüenza está hecho ese tal Jacob. Yo, si hubiera sido tú, lo habría castrado con las tijeras de cocina —comentó Rosalie ofreciéndome un regalí.

— ¿Quién os lo ha contado? —pregunté con miedo a que la mitad del campus ya supiera mi vida amorosa, o, más bien, la inexistencia de ella.

Rosalie y Tanya se quedaron extrañadas por mi pregunta, y tras compartir una mirada cómplice, sacaron sus móviles

— Jessica nos ha enviado un mensaje contándonos toda la historia. Pensábamos que estabas al corriente- comentó mientras me enseñaba el mensaje.

Giré la cabeza hacía la traidora morena

— ¿Qué entiendes tú por discreción…?

— Estaba buscando refuerzos. No es ningún secreto que lo de consolar no sea lo mío.

— Y lo de guardar secretos tampoco, al parecer —murmuré para mis adentros.

— Haya paz, en estos momentos es cuando una más necesita a sus amigas —no era para llevar la contraria a Tanya, pero la única chica que he considerado amiga era esa que había pregonado mi desgraciada vida. Ahora lo único que quería era un buen libro en donde sumergirme y poder olvidarme de todo.

—Además, el enemigo no somos nosotras. Son ellos —comentó Rosalie, señalando a un grupo de chicos que pasaban cerca de nuestra mesa—. ¿Has pensado en tu venganza? —Negué con la cabeza—. Pues deberías, te aseguro que eso sienta muy bien.

— No tengo el derecho a hacerle algo, porque no ha dicho ninguna mentira. Excepto que me gusta —aclaré rápidamente a las guerreras de la justicia—. Lo único que realmente me preocupa es lo que puede pensar Edward.

Ya, ya lo había dicho en alto. Tenía claro que yo no había sido la que había buscado aquellos encuentros con Edward, pero para mi desgraciada salud mental, habían ocurrido y ahora no podía quitarme de la cabeza lo que podría estar pensado él de mí.

Nunca me había considerado una chica fácil. Aunque ahora ya no sabía lo que pensar de mi misma.

— Isabella, ¿Podemos hablar? —giré la cabeza para encontrar a un par de ojos verdes observándome fijamente. Tragué en seco para luego hacer lo único que podía hacer, asentir con la cabeza.


(N/A): Me pregunto como empezar esta nota cuando llevo más de un mes sin actualizar. Las clases, las amigas y las depresiones pros-vacaciones son unos de los factores que me han dificultado el publicar este nuevo capítulo. No obstante, como bien diría uno de mis hermanos "Más vale tarde que nunca".

Sin comentar el capítulo y solo agradeciendo a: miradas-oscuras, Ariadnag, kiztiapotter, mikaelita-cullen, Laubellacullen94, Elizabeth Bennet D , Matiti Cullen Swan, ovejita-dm-cs , Camila Perdomo, Aiiram , maritza, paula cullen, E.W.C, Tata XOXO, PRISGPE, alice, MiaCarLu, MeliicadyCullen , NorixBella Leon de Masen , L.J. Mackenzie , JimeBellaCullenSalvatore , Nikol-Lion'Lamb , elenabella23 , yexa cullen, vampireprincess20 , DuLce aMoR , Alice V Greene Masen Cullen, lmabt, Jessy Cullen Masen, AleeBoscan, Alice-Vampiirithap-Cullen , lunagotik , Stew. K , Cherry Bumb Pattz , pitita10cullen , NiseeLais , javarieta y viivii alice por sus comentarios.

Y sin nada más que decir y con el dedo casi roto después de copiar y pegar treinta y nueve veces me despido…

Lucy

PD: Se me olvidaba comentar que es recomendable que leáis el capítulo quince, principalmente porque he hecho unos cuantos cambios.