Los personajes no me pertenecen, son de la saga crepúsculo.
Casa de hombres
Bella PVO
— ¿Bella? — y por primera vez, me dejé invadir por todo el miedo y la rabia que había intentado, en mayor medida, aplacar durante todo momento. La presión de James sobre mi nuca se intensificó, debía de comprender lo que significaba que otra persona entrara en aquel juego.
Ambos nos mantuvimos en silencio, atentos a los pasos que se escuchaban desde el piso de abajo. Mi respiración era profunda y rápida. Los pies me palpitaban con fuerza, produciendo un desagradable y profundo dolor que recorría con un malestar añadido todo mi cuerpo.
James me sentó en el retrete. En ese momento, fui más consciente del agua fría en la que James me había sumergido. Comencé a tiritar y James me puso una toalla en la boca. Él continuaba pendiente de la persona que me buscaba abajo, pero yo estaba demasiado concentrada en sentir todas las oleadas de frío y dolor que me golpeaban a cada dos por tres.
Escuchamos la puerta abrirse y nuevos pasos aparecieron en escena. Observé con temor cómo la respiración de James aumentaba levemente, su mandíbula se tensaba y una pequeña vena en su cuello comenzaba a sobresalir. Aquello no podía ser algo muy bueno para mí.
Las personas de abajo estaban manteniendo una conversación, y debía de ser muy interesante, porque James se pegó a la puerta del baño para captar mejor lo que decían. En aquel instante no deseaba pensar si volvería a volver a mi madre, tampoco en los exámenes que podría haber aprobado, ni como James podía irse a la mismísima mier—. No, no quería pensar. Sólo deseaba rebobinar mi vida hacia delante o hacia atrás para que mi cuerpo dejara de doler.
Repentinamente, James me arrastró a mi cuarto. Seguramente nos abrían escuchado las personas que estuvieran abajo, pero no le dio importancia. A cada paso que daba, sentía los cristales más profundos. Comencé a contar mi respiración para poder dejar a un lado el dolor, pero sencillamente no funcionó.
Me tiró hacia la pared, mi espalda chocó contra ella y otro nuevo dolor se agregó a mi lista. Me dejé caer y observé a un James preparado para recibir a los nuevos invitados.
No parecía muy contento, y esperaba desde mi yo más egoísta que se desganara con los nuevos agregados y no conmigo.
— ¿Bella? —reconocí la voz de Seth y no pude evitar maldecir en mi interior. De todos mis fornidos y altos compañeros tenía que venir el más canijo e infantil.
— ¿Isabella? —me sobresalté cuando escuché aquella voz. Era algo esperanzador que un aspirante a médico estuviera entre nosotros, seguramente tendría más práctica en utilizar objetos afilados sobre personas. Y entre salvar vidas y matar no había tanta diferencia.
Comencé a sentir que la tensión empezaba palparse en el aire. Era una situación tan extraña que rozaba lo ridículo. Parecía un retorcido y macabro sueño de mi subconsciente; aunque el dolor lo hacía más real.
La puerta de mi cuarto se abrió poco a poco, como en una película de terror. Sabía que debía estar asustada y a mi manera lo estaba, pero no pude evitar sonreír en el momento más inoportuno.
El par de ojos me encontraron allí tirada en el suelo y luego a James. Ambos chicos observaron la escena, tomándose su tiempo. El que yo estuviera sangrando no fue algo de mucho peso para que se tomaran más prisa.
— Cuanto tiempo sin veros, amigos —que me lo digan a mí, pensé mientras sentía un nuevo pinchazo. Edward clavó su mirada en mí.
— ¿Qué le has hecho? —James me miró y se encogió de hombros.
— Le gusta hacerse la misteriosa —musitó acercándose hacia mí—, pero al fin he descubierto como funciona. Cuanto más daño se le hace, más agradable se vuelve —no intenté darle sentido a esa frase, porque sencillamente carecía de ella, pero ¿Qué podía esperar de un camello?
— Quiero que te largues, ésta ya no es tu casa —James se sentó junto a mí y lo miró con sorna.
— Por una vez me temo que vamos a hacer lo que yo digo —de su bolsillo sacó una navaja. Quise alejarme de él, ya había tenido suficiente por aquel día, pero James me agarró fuertemente contra él. Seth y Edward compartieron una mirada.
— Veréis, yo os explicaré lo que vamos hacer ahora. Iremos al jardín sin hacer mucho ruido, luego vosotros dos buscareis unas bolsitas que me pertenecen y que vuestra inteligente amiga ha tirado por la ventana en un acto delirante. Si lo hacéis yo os devolveré a esta chica.
— ¿Y si no, qué? —preguntó Seth, sacando levemente el pecho. Se suponía que aquello era una pose masculina.
— ¿De veras tengo que decir lo que ocurrirá? ¿De veras quieres saber lo que le pasará a la chica si descubro que me ha mentido otra vez? —mientras hablaba, la fina navaja acarició mi cuello un par de veces. Es decir, me haría mucho daño.
Con la amenaza en el aire, ambos, Edward y Seth, no tuvieron que saber más para cumplir las órdenes de James. Salimos al jardín trasero, donde la brisa fresca me traspasó hasta los huesos.
Entre temblores indiqué el lugar donde debían haber caído las bolsas. Edward y Seth comenzaron buscar con la ayuda de las luces de sus móviles.
El silencio de la noche era roto por sus cuchicheos, pero desde el porche me era imposible saber que era de lo que hablaban. Sin embargo, esperaba que no fuera del resultado del partido de baloncesto del domingo.
James hablaba por teléfono a mi lado. No parecía ser una conversación muy agradable. James contestaba con multitud de monosílabos, palabrotas y "sólo entretenlos".
— ¡Aquí está! —exclamó repentinamente Edward. James saltó de mi lado y se guardo su móvil para acercarse unos pasos más allá.
— No lo veo —contestó James sin ceder un paso más hacia ellos. Edward sonrió acercándose a él y hacia la luz del porche. En sus manos no había nada, pero cuando me di cuenta de eso su puño ya volaba hacia la mandíbula de James. El rubio cayó al suelo, aunque continuaba sosteniendo la navaja en su mano. Edward murmuró una palabra mal sonante mientras se masajeaba los nudillos.
— Hijo de puta —murmuró James mientras se limpiaba la sangre de su boca. Se incorporó casi sin dificultad—. Valiente gilipollas.
Edward, en un inesperado movimiento, dio una patada a la mano donde james sostenía el arma. El cuchillo calló a una escasa distancia de mí.
— Lento, bocazas —musitó Edward con la sonrisa aun sin desaparecer de su cara—. Algún día, James, sabrás por qué no debes insultar a la madre de un servidor.
Seth y yo nos miramos aliviados, aunque por solo unos segundos.
James se abalanzó repentinamente contra Edward y ambos cayeron al suelo. De nuevo comenzaron a pelear, un puñetazo, una patada, otro puñetazo, unas cuantas maldiciones, un cabezazo… De repente la mano de James comenzó acercarse peligrosamente donde estaba la navaja.
Respiré profundamente y me incliné para intentar coger el cuchillo. Pero apenas mis dedos lo llegaban a rozar. James retiró la mano para darle un buen golpe en la nariz a Edward. Aquello le tuvo que doler bastante. James aprovechó la oportunidad para tantear la zona donde estaba la navaja.
Respiré profundamente y en otro intento desesperado intenté recoger el cuchillo, pero la mano de James llegó antes. Maldije internamente, mientras observaba cómo sujetaba en cuchillo. Temí por Edward y por mí.
Y entonces, sólo entonces, Seth hizo acto de presencia.
— Apártate de él —le ordenó Seth, mientras lo apuntaba sin temor alguno con una pistola. El rostro de James presentó una extraña mueca de terror.
— Tranquilo, Seth. Nadie quiere que hagas una tontería —comentó lentamente James. Una voz en mi interior rebatió aquella afirmación.
— Te he dicho que te alejes de él —James obedeció separándose levemente de Edward.
Desde mi posición no podía ver muy bien a Edward. Su rostro estaba manchado de sangre y parecía algo dolorido allí tirado en el suelo.
— Ahora suelta la navaja y da tres pasos hacia atrás —murmuró lentamente sin apartar la pistola. James hizo lo que le mando—. Bella, cógela —me acerqué arrastrándome y la cogí. Luego, con mayor dificultad, volví a posicionarme en el mismo lugar.
— ¿Y ahora, qué? —preguntó Edward con dificultad desde el suelo.
...
...
Escuchamos el sonido del timbre. Seth, el único que podía andar sin soltar un gemido, salió a recibir a la visita.
Edward y yo estábamos tirados en los sofás, sin movernos por el profundo dolor que sentíamos. Por otro lado, James se mantenía tranquilo atado con alguna de mis medias más caras y sábanas a una de las sillas de cocina.
— ¿Dónde está? ¿Qué le ha pasado? Espero que sea algo realmente importante para sacarme de la cama —sonreí a Jessica cuando apareció por la puerta—. ¡Estás horrible! —exclamó sin poder evitarlo.
— Yo también te quiero —murmuré, intentando incorporándome.
— Debemos de llevarte a urgencias —murmuró mientras intentaba levantarme—. ¿Cómo te has hecho esto?
— Se calló por el tejado —musitó Edward sin abrir ninguno de los dos ojos hinchados.
— Veo que tú la seguiste después.
— Él se tiró por la ventana, era un trayecto más directo —contesté manteniendo aquella tensa sonrisa.
— ¿Y ese chico atado? —preguntó Jessica percatándose de James.
— Es una larga historia… —en un cuarto de hora habíamos atado a James y discutido si llamar a una ambulancia. Pero si llamábamos debíamos responder a una multitud de preguntas que no podíamos responder sin amenazar nuestras plazas en la universidad.
— La cual no tenemos tiempo para contar —me interrumpió Edward. Rodeé los ojos, pero entonces sentí un profundo dolor y estuve totalmente de acuerdo con él.
— Te estaríamos muy agradecidos si llevaras a Bella y a Edward al hospital. Si alguien te pregunta sólo di que estabais en una fiesta —Jessica asintió—. Ahora, Bella, te voy a cargar hasta el coche. ¿Estás preparada? Una, dos y… —pero se saltó el maldito tres. Me dolía todo. Gemí un par de veces por el roce del brazo de Seth con el moratón que se me había formado en la espalda. Luego, me soltó en el asiento trasero con infinito cuidado.
— Gracias —murmuré.
— No, gracias a ti por esto —ambos compartimos una sencilla sonrisa antes de que Seth saliera de vuelta a la casa.
Cinco minutos después llegaron Edward y Jessica. Mi querida amiga ayudó a Edward con una coqueta sonrisa a acomodarse en el asiento del copiloto.
— Gracias.
— No hay de que —contestó Jessica con una voz demasiado melosa para mi gusto. Jessica cerró la puerta con cuidado para luego correr a su asiento.
— Bueno, pues rumbo al hospital —exclamó Jessica con extremada alegría y energía. Suspiré y me preparé para un viajecito ajetreado —. ¿Bella?
— Jessica, sólo conduce hasta un lugar donde me puedan suministrar legalmente algún tipo de droga.
(N/A): Mil años luz después aparezco con un nuevo capítulo y bajo mis brazos la matrícula de la universidad. Como casi todo el mundo sabe este año era a la generación del 94 quien le tocaba despedirse de sus dulces años de colegio. Ciertamente antes hemos tenido que luchar contra viento y marea, profesores que no subían del ocho, padres que controlaban para que estudiáramos…es decir, un infierno.
Hablando de temas que más os interesan a vosotros. Este es el penúltimo capítulo. Como podéis ver las intrigas se terminaron, bueno, queda una (¿Con quién se quedará Bella?) y ya no hay más malos, bueno, si no contamos a Alec y a Victoria.
Quiero agradecer a las 59 personas que me han enviado rr y las otras tantas que han puesto Casa de hombres entre sus favoritos. La verdad es que es toda una sorpresa lo bien que ha sido acogido este fic tan simplón.
Por último un beso a mi beta, la cual sigue tan veloz como siempre, a una chica llamada kirtash que me ha enviado unos cuantos rr para que subiera este capítulo y a LizBrandon por darle una oportunidad a este fic tan desastroso.
Y sin nada más que decir esta humilde servidora se despide recordando que siempre que queráis podéis leer los otros dos fic que están muertos de risa en mi perfil…
Lucy
