Holuu c: les traigo el cuarto capítulo! :D Y subiré el 5 sólo si este llega a los 5 reviews ^^ besos! chuu~
Los personajes no son mios,yo solo uso los de Rumiko Takashi para mi diversion y la de ustedes
Capítulo IV: Mujeres...
— ¡Kagome estúpida! – refunfuñé pegándole un manotazo al agua del río. — de seguro a ella le voy a mentir… feh, el pájaro con más plumas.
No quería ver a Kagome triste, así que por eso no andaba con ella en estos momentos, me dediqué a mirar mi rostro en el agua sentado a la orilla del río. De repente me pongo a pensar en las sopas instantáneas que traía Kagome de su mundo… ¡Tenía unas ganas locas de volver a comerlas! ¿Funcionará si me tiro por el pozo hasta su mundo? Un momento… ¡El pozo! ¡Eso es! Sólo tengo que hacerla entrar ahí para que me crea… pero de aquí a que se resigne a ir conmigo hasta allá, pasarán años, y yo quiero sopa ahora ¬¬.
Me puse de pie y comencé a caminar por la orilla de brazos cruzados con la vista fija en el suelo. ¿Hasta cuándo duraría esta maldita cosa? Quería tener a Kagome de vuelta, y no sólo a Kagome, si no que la comida de su mundo también. Okey no, estaba siendo un maldito interesado. Igual la comida es algo tentador, ya que aquí comemos no más que bazofias de hierbas y uno que otro animal. Un aroma familiar se asomó por los aires y lo percibí al instante.
— ¡¿Sopa instantánea? – Me pregunté esperanzado. Eché a correr persiguiendo el olor como loco, pero el aroma no venía de la aldea de Kagome, si no que del lado opuesto a esta.
Me escondí tras unos arbustos, y eché una ojeada ya que había llegado al lugar de donde provenía ese aroma. Moví mis orejas un par de veces debido a la curiosidad que tenía.
— ¡Sí! – Susurré con los ojos brillantes. — Soooopa – dije comenzando a caminar como zombi hacia donde estaba el envase del cual emanaba el humo con el aroma. Me acerqué hasta él y la tomé con mis manos, me la llevé hasta la boca y comencé a tragar y tragar. De pronto unas cuerdas me envolvieron, no les tomé importancias. En ese momento éramos solo la sopa y yo.
— ¡Te atrapamos! – chilló alguien. ¿Qué era? Por más que miré en todas direcciones no vi nada. — Feh.
— Que adicto a la sopa es este chico…— susurró otra vocecita chillona.
— ¿Qué demo…? —alcancé a decir antes de que mi sopa desapareciera. Comencé a buscar mi sopa con la mirada. ¿Dónde se había ido? T-T
— ¡Hey tú, Inuyasha! ¡Te hemos atrapado y no pensamos dejarte ir! — Esa maldita voz chillona comenzaba a enojarme, apreté mis manos en puños.
— ¡¿Dónde están malditas vocecillas chillonas? – rugí rabioso, ya me habían quitado mi sopa cuando estaba a punto de acabármela ¿Y ahora me venían con esto? ¡Púdranse!
— ¿Por qué nunca nos ven?- preguntó esa voz chillona. — ¡Hey tú! ¡Sí el grandulón con orejas de perro y mentalidad pequeña! ¡Acá abajo!- Continuó.
Fijé mi vista al suelo, a un metro de distancia de mi, y vi a una especie de enanos bastante estrafalarios… tenían una nariz grande y ojos negros, y no vestían ropa, sólo un taparrabos y su piel era de… ¿Colores? ¡¿Qué criaturas más raras son éstas?
— ¡No molesten! – les gruñí. — ¿Vieron mi sopa por alguna parte?
— Acertamos con nuestra moción, es un completo idiota. — dijo una voz.
— así es, un imbécil
— y muy tonto. — concluyó otra.
— ¡Dejen de actuar como si yo no existiera! – Exigí.
— La sopa que bebiste no era más que una ilusión, ¡pero ahora te hemos capturado y no te dejaremos ir jamás!
— Feh, como si unos enanitos de juguete me pudieran detener, dejen de pensar estupideces.
— Has causado muchos problemas a la señorita Kagome y ahora por tu culpa ella está muy triste.
— No me interesa. ¡Suéltenme y devuélvanme mi sopa!
— ¡No la tendrás jamás!
— ¡Dámela! – rugí abalanzándome sobre el que me contradecía.
— ¡No!
— ¡Dámela!
— ¡Que no!
— ¡Que me la des maldita sea!
— ¡No te la daré!
— Bueno, no me la des… - Dije en un tono desinteresado tratando de ver si es que resultaba la psicología inversa.
— Así es como me gusta. ¡Chicos, llévenselo al calabozo!— Maldito enano ¬¬.
— No permitiré que me lleven a ninguna parte… ¡Garras de acero! – grité rasguñando las cuerdas, pero… ¿Qué diablos? Mis manos las atravesaban.
— ¡Es inútil que intentes zafarte de las cuerdas mágicas!
— ¿Cuerdas mágicas?
— así es, nunca te librarás de ellas.
¡Maldita sea, enanos malditos, maldita sopa y maldita mi adicción hacia ellas!
— ¡Inuyasha! – gritó alguien. No demoré casi nada en reconocer esa voz.
— ¡Sango! – sonreí. — Ñaca ñaca, los van a hacer papilla. – Dije a los enanos en tono de burla, sacándoles la lengua.
— ¡Huraikos! – gritó sango lanzándoles el boomerang a los duendes o enanos, sean lo que sean los odiaba. Salieron arrancando pero dejaron una bomba de la que explotó un montón de humo.
Sango comenzó a toser, pero este no era un humo cualquiera, yo lo reconocía, y una vez en una de nuestras misiones nos había tocado enfrentarnos con este mismo humo que embriagaba a las personas. En mí no causaba efecto alguno, pero en Sango….
— ¡Hola buenas noches mi gente! – chilló Sango saludando con las manos a la nada con la típica voz de humano en estado de ebriedad.
— ¡Sango, no respires! – le advertí.
— ¿Qué no respire? ¿Me quieres matar? – preguntó con voz triste y comenzó a sollozar de la nada.
— No, no, no, Sango… no es eso. ¡Ven y libérame de éstas cuerdas malditas! — le pedí a gritos para que me escuchara.
— ¡No, tú no me quieres!
— Sango te quiero y lo sabes, ¡Ahora por favor ven! - me vi obligado a decir eso, aunque de todas formas la quiero, es una muy buena persona.
— Iré sólo si me besas – comentó con voz de niña mañosa.
— ¡¿Qué?
Se comenzó a acercar a mí tambaleándose en cada paso que daba.
— ¡Bésame! – pidió lanzándose sobre mí.
— ¡Sango detente! – le dije. Ella siguió cargándose en mí, pero como estaba amarrado no podía mantener el equilibrio y ella cayó al suelo sobre mí. Ahora si estaba cagado.
Ella comenzó a acercarse a mis labios poco a poco mientras yo trataba de hacer el quite, mis nervios se reflejaban en mi rostro. Ahora sé que no es bueno estar al lado de Sango cuando se embriaga.
— ¡Detente! – comencé a gritar. — ¡Auxilio!
— Shht – Me silenció poniendo su dedo índice sobre mis labios. — Ahora somos solo tú y yo.
No tenía otra alternativa, tendría que dejar que me besara o… ¡podía manipularla!
— Sango, hermosura… sabes que estoy amarrado aquí y si quieres que te bese primero tendrás que soltarme de estas cuerdas ¿Sí? — Le pregunté con voz suave.
— ¿Lo harás? – inquirió.
— Por supuesto. — ¡Mentira!
— Entonces deja liberarte. — concluyó. Sonreí ante lo que había dicho. Ahora una vez que me soltara la sentaría en el suelo y usaría el viento cortante para remover este humo.
Sango sacó su espada y cerró el ojo izquierdo para lograr ver mejor y sacó la lengua hacia un lado ¡Vaya qué cara de concentración! Si tuviera una de esas cámaras fotográficas del mundo de Kagome me encantaría sacarle una foto así para reírme de ella después. Pero no era el momento de reírse porque empuñó su espada y la hizo hacia atrás para tomar vuelo. Luego la lanzó hacia adelante con todas sus fuerzas, pero si me enterraba la espada y cortaba las cuerdas ¡me enterraría la espada a mí también! Así que reaccioné girando como un tronco hacia la derecha.
— ¡Pero no te me escapes! – se quejó ella agitando su puño en mi dirección.
— ¡Sango déjame explicarte cómo hacerlo! — le pedí.
— Bueno… te escucho… ¡Hip!
— Mira, mete la espada por debajo de las cuerdas y mueve la espada hacia arriba y hacia abajo para que así las cortes. — traté de explicarle.
Fue raro pero me entendió y comenzó a hacerlo, ¡mi idea funcionó de maravilla! Como soy un mitad demonio no podría cortar las cuerdas, pero como Sango era humana si se pudo.
— ¡Ahora bésame! – exigió abrazándose a mi pierna.
— ¿Sango qué demonios estás haciendo? – pregunté desenvainando a Colmillo de Acero.
— ¡No te dejaré caminar hasta que me des lo que te pedí!- Chilló con voz de niñita mimada.
— Claro, claro. Te lo daré después.
— lo quiero… ¡AHORAAAAAAAAAAAAAAAA! – gritó con una voz que daba miedo y que a la vez era muy chillona.
— ¡Ya basta! ¡Espera!
— ¡NO!
— Sango, por favor espera, ¿sí?- volví a emplear la voz suave.
— ¿Qué tienes que hacer ahora? – refunfuñó.
— Usaré un ataque de mi espada y luego te daré lo que me pediste. — mentira, no lo haría.
— Bueno, te espero... – comentó con voz somnolienta.
— ¡Viento cortante! – grité mientras mi espada hacía su genial ataque para poder remover el humo.
Sango me tiró de los pantalones y me caí al suelo, ella se subió sobre mí y en un parpadeo sus labios estaban tocando los míos. Abrí los ojos como platos.
— ¿Eh? – preguntó Sango desorientada mirándome a mí esperando una respuesta. — ¡¿Qué estoy haciendo? – chilló sonrojada poniéndose de pie rápidamente, se cubrió su boca con una mano y miraba el suelo con cara de trauma.
— Eres un verdadero fastidio estando ebria.- comenté poniéndome de pie yo también.
Ella guardó silencio.
— ¿Sango? – pregunté.
— No me hables. — me dijo en tono cortante. ¡¿Y ahora qué había hecho yo? Primero le doy un consejo a Sango para que me golpee por haber espiado su conversación con Miroku, después le digo la verdad a Kagome y ella no me cree. Ahora resulta que traté de salvar a Sango antes de que hiciera algo peor ¿Y me pide que no le hable? Feh, mujeres...
