¡Buenas!

Aquí regreso con el segundo capítulo de este fic, espero que lo disfruten y no quieran ahorcarme por esto jaja, no es cierto ^^

Gracias por los reviewsy respondiendo a uno de ellos, así es, en este fic habrán casos paranormales, a pesar de que Mai esté embarazada ella puede hacerlos jeje.

Bueno, les dejo leer con calma el capítulo dos.

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Capitulo 2: Archivo 1 La casa embrujada Primera Parte

Naru la miró completamente sorprendido y desconcertado, sin prestar el más mínimo interés en el grito que habían pegado sus amigos, pues no podía dejar de mirar a Mai atentamente. Ella sólo mantenía su mirada en el piso, pues después de decirlo no era capaz de verlo a la cara, tal vez por temor a sus palabras.

-Esta es una broma de muy mal gusto – Soltó de pronto el pelinegro, causando la impresión tanto de Mai como de Ayako ¿Acaso estaba negando lo que sucedió?

-Naru… no es… - Mai trató de hablar, pero sus palabras se vieron cortadas al observar la sonrisa fría que se dibujaba en el rostro de Naru, como tratando de burlarse de ella, como diciéndole "eres una mentirosa".

Fue como una puñalada, le dolió tanto o más que un golpe físico, le rompía el corazón sin decir una palabra, era lo peor que él podría haberle hecho.

-Mai… - El monje se acercó a la chica, la cual sólo bajó la mirada una vez más mientras las lágrimas bajaban sin parar por su rostro - ¿Mai es cierto?

-Claro que es cierto – Respondió Ayako poniéndose de pie y mirando a Naru de mala forma, pues no podía creer que todo lo que había hecho fue decir que era una broma, Mai se debía estar sintiendo horrible por su culpa – Yo misma acompañé a Mai a comprar el test y a hacérselo, ella está embarazada – Miró a Naru a la cara – Ella va a tener un hijo tuyo.

Houshou abrazó a Mai para que ella dejara de llorar, pero la castaña sólo quería oír a Naru decir que estaría con ella, que la apoyaría, que ese bebé era de ambos, pero él estaba demasiado confundido por todo ¿Un bebé? No estaba preparado para algo así.

-¿Y como pueden estar tan seguras de que es mío? – Todos se quedaron helados con aquella pregunta, incluso Lin no podía creerlo de Naru pues pensó que lo conocía, pero esto no se lo esperaba.

Las lágrimas de Mai terminaron, sólo podía ver fijamente a Naru con una expresión de tristeza grabada en su rostro.

-¿Por qué lo dudas Naru? – Preguntó reuniendo todas sus fuerzas para no derrumbarse en ese mismo lugar, más Naru sólo la miró fríamente otra vez.

-No sé con cuantos más te habrás acostado – Respondió como si nada, pero enseguida se sorprendió al sentir una fuerte bofetada propinada por Mai, la cual lo miraba con tanta rabia que pensó que definitivamente había cometido un error al decir eso, pero era tan jodidamente orgulloso que no pudo simplemente alegrarse porque iba a ser padre, había reaccionado de la peor manera.

-¡¿Cómo te atreves? – Le gritó Mai llena de ira, rabia y dolor - ¡¿Acaso crees que soy una cualquiera? Tú eres… el único hombre con el que he estado… sólo tú…

-Yo no estoy tan seguro – Dijo Naru mirando al monje, el cual sólo abrazó a Mai de nuevo.

-¿Cómo puedes tratar así a Mai? – Reclamó el rubio enfadado, pues no podía creer que Naru fuera capaz de decirle todas esas cosas a la pobre de Mai y más, estando embarazada, esto no iba a perdonárselo.

-Esto no es de tu incumbencia – Respondió Naru simplemente, pero el monje no le hizo caso, no soportaba ver a Mai así, así que tomó a Naru del cuello de su camisa, halándolo, aunque al pelinegro no parecía importarle pues su expresión no cambió en lo más mínimo.

-Pídele disculpas ahora – Exigió Houshou enfadado. Naru sólo lo miró.

-Suéltame…

-N-no peleen… - Susurró Mai, quien comenzó a sentirse muy mareada y veía todo borroso.

-¡Que le pidas disculpas a Mai ahora! – Gritó esta vez Houshou, pero tuvo que soltar a Naru al momento de que Ayako gritó el nombre de Mai y corrió hacia ella.

Mai se había desmayado.

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-¿Cómo pudiste decirle todo eso? – Le preguntó Lin mientras se sentaba.

Ya todos se habían ido, sólo estaban ellos dos y Mai dormida en la habitación. Lin estaba molesto con Naru, no esperaba que fuese a tratar a Mai de esa forma, había sido demasiado cruel, más porque él sabía que desde siempre la chica había estado enamorada de Naru, aunque la noticia del embarazo le tomó de sorpresa igual que a los demás.

-¿Qué querías que hiciera? ¿Qué le dijera que estoy feliz de tener un hijo? ¿A quien quiero engañar? – Fue la respuesta de Naru, quien sólo levantó una taza de té de la mesa y le dio un sorbo.

Lin siguió viéndole reprobatoriamente.

-Eso debiste pensarlo cuando sucedió todo eso entre ustedes – Dijo el mayor, como si se encontrase regañando a un niño. Naru desvió la mirada.

-Estaba ebrio…

-Eso no lo justifica, tú la embarazaste, ahora afronta las consecuencias – Y dicho esto, Lin se levantó aun enojado – "Sólo espero que recapacites y le pidas perdón a Mai" – Pensó mientras se iba a su cuarto.

Naru se quedó solo; Lin tenía razón, había sido un idiota ¿Cómo pudo decirle semejantes cosas a Mai? Cuando ella sólo buscaba su apoyo, pues tampoco fue su intención quedarse embarazada, la culpa era de ambos, pero… él no estaba listo para tener una relación y menos después de cómo se habían dado las cosas.

¿Entonces que hacer?

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-No puede ser verdad… - Se decía consternada ¿Cómo Mai y Naru podían hacerle esto?

Ella, que siempre había estado enamorada de Naru, que era capaz de todo por él ¿Era simplemente despreciada?

Masako no podía aceptar el hecho de que Mai fuese a tener un hijo de Naru, no lo soportaba, porque se suponía que Mai era su amiga, ella no debió haberse embarazado del hombre que era suyo, no debió.

-Eres una traidora Mai… te odio… - Susurró mientras caminaba por la calle, pues desde este momento le declaraba la guerra a la castaña, no iba a perder a Naru con ella y de eso estaba segura.

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-¡No, por favor devuélvanme a mi hijo! – Gritaba desesperada mientras observaba como esas personas sostenían a su bebé en los brazos, llevándoselo lejos de ella, muy lejos.

Mai corría para alcanzarlos, pero por más que sus piernas se movían no lograba llegar a ellos, no podía hacer nada, se estaban llevando a su hijo.

-¡Por favor! – Volvió a gritar, oyendo el llanto del pequeño bebé al cual no lograba verle el rostro - ¡Por favor devuélvanmelo!

-¡Mi hijo! – Gritó Mai abriendo sus ojos de golpe y con la respiración muy agitada. Estaba nerviosa y sentía mucho miedo por aquella horrible pesadilla.

Instintivamente se llevó una mano a su vientre, pues podía sentir que algo no estaba bien, que algo podría sucederle a su hijo y eso no lo podría soportar, era su bebé y nadie iba a quitárselo.

Pero sus sueños siempre tenían algo de razón.

-N-no… no quiero… - Se dijo comenzando a llorar sin poder contenerse, ni siquiera había reparado en que se encontraba en la habitación de Naru, pues en ese momento aquel miedo la inundaba por completo, el miedo de que le fuesen a quitar a su bebé, de perder a su hijo.

-¡Mai! – Escuchó un grito alarmado y como se abría la puerta del cuarto. Levantó la mirada y vio a Naru parado frente a ella, quien se le acercó y se sentó a su lado, pero ella sólo desvió la mirada pues no quería verlo, aún le dolían sus palabras - ¿Estás bien Mai?

Mai no respondió, se trató de parar de la cama e irse de una vez, pero un ligero mareo la hizo caer sentada, al tiempo que Naru la atrapaba con sus manos.

-Suéltame Naru – Exigió apartando las manos del pelinegro – No quiero que me toques, no quiero verte, sólo me quiero ir a mi casa – Después de eso al fin logró ponerse de pie, llevando una de sus manos a su vientre una vez más – Sólo olvida que este es tu hijo y déjame sola.

-Mai… - Naru tomó la mano de la castaña justo cuando ella comenzaba a alejarse. No la estaba mirando, sólo podía ver hacia el suelo, pero ese pequeño contacto de alguna forma le hacía sentir cálido en su pecho, y las palabras que acababa de decirle Mai le hicieron pensar en la estupidez que había cometido – Lo siento Mai… - Se disculpó, causando la sorpresa de la chica.

Mai no se volteó, sólo se quedó en la misma posición, bajando la mirada.

-¿Por qué te disculpas?

-Porque fui un imbécil – Respondió Naru mirándola, aunque ella sólo le daba la espalda – Porque no debí decirte todas esas cosas, no es tu culpa…

Oyó el sollozo de Mai y le hizo sentir culpable nuevamente, pero lo que menos debía hacer ahora era dejarla sola. Se puso de pie y le dio un abrazo, oyendo como el llanto se hacía más fuerte, tanto que Mai tuvo que llevarse ambas manos a su rostro para detener las lágrimas, aún siendo abrazada por la espalda por Naru.

-Fui un estúpido, pero no quiero serlo más. Si vamos a tener un hijo… será de ambos, tuyo y mío.

-¡Naru! – Mai se soltó de su abrazo para darse la vuelta y volver a abrazarlo, pero ahora de frente – Naru… tengo tanto miedo… yo… yo… no sé que hacer, no sé como tener a un bebé… yo…

-Tranquila Mai, estaré contigo – Aseguró Naru mientras correspondía a su abrazo.

Desde la puerta, Lin los observaba satisfecho, pues ahora sí que Naru había hecho lo correcto, lo que debió hacer desde un principio.

Y tal vez Naru no era del tipo de persona que en este momento saltaría de alegría por la idea de tener un hijo y le diría a Mai que la amaba, pero al menos iba a intentar que esto funcionara, que el bebé pudiera estar con sus padres aunque estos no fuesen precisamente una pareja de enamorados.

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Ya era de noche y Mai se encontraba dormida en la habitación de Naru. Él se había ido al sofá y dejó a Mai ahí, ya le había dicho que de ahora en adelante Mai viviría con él, pero debían acondicionarle un cuarto para ella, así que por ahora se quedaría en el de Naru.

La castaña se veía tranquila, pero repentinamente su expresión se comenzó a inquietar a medida que pasaban los minutos, pues al parecer otra vez era víctima de una pesadilla.

-No… mi bebé no… - Susurraba entre sueños.

Naru mientras tanto traba de conciliar el sueño. Mañana temprano debían viajar a Hokkaido con todo el equipo para arreglar lo de la mansión, pero no podía dejar de pensar en todo lo sucedido el día de hoy, además de que el sillón era bastante incómodo para dormir en él.

No podía creer lo que hacían un par de copas, de no haber bebido aquella noche ahora nada de esto estaría pasando, pues él y Mai jamás habrían hecho lo que hicieron de estar sobrios.

Cuando recordaba lo que vivió esa noche se sentía extraño. Cuando pensaba en el momento en que tuvo a Mai entre sus brazos, cuando la acariciaba y la besaba, cuando la hizo suya. Todo eso era muy perturbador tomando en cuenta que ahora ella estaba embarazada, que muy pronto tendría un bebé y que ninguno sabía como iban a cuidar de él.

Se dio una vuelta sobre el sofá cubriéndose con la manta y trató de cerrar sus ojos para dejar de pensar en eso, pues definitivamente iba a terminar por volverse loco y lo que debía tener en mente ahora eran los aspectos del caso.

Finalmente cerró sus ojos y trató de dormir, pues era lo mejor que en este momento podía hacer.

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Ya eran las seis de la mañana y Mai aún se encontraba dormida, pero sus ojos se abrieron de golpe, mientras sus mejillas estaban llenas de lágrimas pues aunque no se había despertado gritando, aquella pesadilla la había atormentado casi toda la noche y sentía mucho miedo otra vez, miedo de que alguien le fuese a quitar a su bebé.

-No pasa nada bebé… yo estoy aquí… mamá está aquí… - Dijo acariciando suavemente su vientre. Justo en ese momento la puerta se abrió, dejando ver a Naru ahí parado y mirándola con seriedad.

-Mai, debes levantarte, en dos horas nos vamos – Informó y se dispuso a salir, pero al ver las lágrimas en las mejillas de Mai se preocupó un poco - ¿Qué te sucede?

-N-no es nada Naru – Respondió rápidamente la castaña, secándose las lágrimas pues no quería decirle a Naru de aquel sueño que desde ayer la había estado atormentando, ya suficientes problemas tenía él con su embarazo como para que ahora le dijera que temía que alguien le fuese a quitar al bebé, además ¿Quién iba a querer quitarle a su hijo? – En un momento estoy lista – Dijo con una sonrisa.

Naru asintió y nuevamente se dispuso a salir, pero de pronto se detuvo.

-Ven a desayunar, tienes que comer por el desarrollo del bebé – Fue todo lo que dijo antes de irse, dejando a Mai un poco sorprendida.

Las mejillas de la castaña se sonrojaron levemente y sonrió con dulzura, pues le alegraba que Naru se estuviera preocupando por el bebé, aunque él no la quisiera a ella al menos sí quería a su hijo y eso era lo importante.

Después de un rato Mai, Naru y Lin se encontraban desayunando, pero la castaña parecía comer más de lo normal, pues agarraba todo lo que estaba sobre la mesa y lo llevaba a su boca, mientras que Naru y Lin sólo la miraban un tanto desconcertados.

-Este pan está delicioso ¿De que es? – Preguntó la chica sonriendo mientras le daba una mordida a su pan. Naru sólo suspiró y Lin soltó una pequeña risita.

-Es pan dulce, también le llaman pan de pascua – Respondió el más serio observando a la futura madre con simpatía – Su mayor característica son las frutas que lleva.

-Si, son riquísimas – Dijo Mai sonriente, aunque aún no se olvidaba de lo vivido ayer cuando le había dicho a Naru que tendrían un hijo, ahora sólo estaba tratando de dejarlo atrás, pues no quería estar sola en esto, sobre todo luego de aquellas pesadillas.

-Bueno – Naru se limpió la boca con una servilleta, aunque no había comido casi nada por culpa de la "glotona" de Mai. Se puso de pie y se dirigió hacia un par de maletas que estaban junto a la puerta – Mai, date prisa que se nos hace tarde, Lin ve por el equipo que debemos partir pronto.

-¡Si! – Respondieron los dos mencionados, uno seriamente y la otra con la boca llena de migas.

Naru la miró atentamente por unos segundos y una leve sonrisa apareció en sus labios ya que Mai lucía realmente graciosa con toda esa comida en las manos y tratando de acabarla rápidamente. De verdad Mai era muy linda y él había sido un idiota por hacerle lo que le hizo, por haberla embarazado y luego por haber renegado de dicha acción.

Por un momento se sintió culpable y triste otra vez, pero al ver sonreír a Mai eso simplemente se le olvidó.

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Eran casi las ocho cuando todos los integrantes de SPR se encontraban ya en el aeropuerto, sólo faltaban Naru, Mai y Lin.

-Me pregunto si Naru le habrá pedido disculpas a Mai por lo de ayer – Comentó Ayako en pose pensativa, sin notar la cara de disgusto que ponía Masako con sólo oír el nombre de Mai.

-Pues eso espero, porque de verdad ayer tenía ganas de reventarle la cara a Naru – Dijo el monje con molestia, pues no soportaba la idea de que Mai ahora estuviera sufriendo por Naru, porque Mai era su amiga y la quería como a una hermana menor.

-Bueno, esperemos que todo haya salido bien – Dijo Yasuhara, quien por supuesto, también estaba en todo esto, ya que luego de salir de la escuela y cuando no tenía clases en la universidad, el resto de su tiempo lo ocupaba trabajando en SPR.

En ese momento notaron como se les acercaban los tres faltantes. Mai venía con una sonrisa mientras caminaba alegremente, lo que hizo que todos sonrieran al verla tan feliz, excepto Masako que frunció el ceño con molestia.

-¡Hola chicos! – Dijo sonriente Mai, quien hizo un gesto con su mano saludando a todos sus amigos - ¿Ya están todos listos para irnos?

-Ajá – Respondió John, quien era el único que había estado callado a parte de Masako.

-Te veo muy bien hoy Mai, dime ¿Naru-chan te pidió matrimonio o algo? – Preguntó Bou-san dándole leves golpecitos con el codo a la chica, la cual se sonrojó.

-N-no, claro que no Bou-san – Respondió bajando la mirada, pues ciertamente eso no era posible, Naru jamás le pediría algo así y ya lo tenía más que claro, solamente se haría cargo de su hijo, pero nada más.

-Es hora de irnos – Dijo Naru fríamente, pasando hacia la cinta en donde se dejaba el equipaje. Mai sólo lo miró con cierta tristeza, pues había sido muy poco sensible al cortar todo de esa manera.

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El viaje en avión no estaba resultándole nada cómodo pues sentía muchos deseos de ir al baño y no sabía como hacerlo en el avión pues le daba vergüenza.

-N-Naru… - Lo llamó en voz baja, mientras veía como Naru leía un libro para pasar el rato en el avión. Mai bajó la mirada avergonzada y volvió a llamar a Naru – Naru… Naru quiero ir al baño…

-¿Eh? – El pelinegro la miró y notó como ella se movía incómoda sobre el asiento - ¿Qué te pasa Mai?

-Quiero ir al baño Naru ¿Me acompañas?

-¿Ahora?

-S-sí – Respondió la castaña asintiendo con la cabeza. Naru sólo suspiró fastidiado y se quitó el cinturón de seguridad, quitando también el de Mai.

-Vamos – Le dijo Naru ofreciéndole su mano. Mai la estrechó y ambos se pusieron de pie y se dirigieron al baño, pasando frente al asiento de Masako y Ayako. La primera miró de reojo como ambos caminaban tomados de las manos.

-"Mai… no me lo quitarás… no lo harás" – Pensó la pelinegra enfadada, ya que odiaba la sola idea de que Mai fuese a darle un hijo a Naru.

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Ya eran casi la una cuando por fin llegaron a la mansión que debían investigar, la cual era muy conocida por los alrededores como la mansión "embrujada".

-Es enorme… - Dijo Mai sorprendida al observar tan imponente construcción. Los demás se encontraban casi igual que ella.

-Me imagino que este lugar es ideal para albergar espíritus y esas cosas, se ve que es muy antigua – Comentó el exorcista del grupo.

-Creo que tienes razón, por eso mismo hay que investigar – Dijo Naru, acercándose a la puerta doble para tocar el timbre, el cual resonó de una forma algo macabra, causando un ligero temblor en el cuerpo de Mai.

La puerta rechinó sonoramente cuando fue abierta, tan lentamente que parecía que nunca verían a la persona del otro lado, pero finalmente la vieron, se trataba de una mujer de aproximadamente unos treinta años o tal vez más, que tenía el cabello castaño y largo, y los ojos negros.

-¿Es usted Hana-san? – Preguntó el líder, para comprobar que ella era la persona que le había llamado por teléfono para pedir sus servicios.

-Así es, por fin han llegado, pasen por favor – Dijo la mujer amablemente, aunque en su mirada se veía reflejado cierto miedo, como si algo la hubiese estado atormentando por mucho tiempo.

-Permiso – Dijo Naru tan serio como siempre.

Todos entraron a la casa, notando que desde dentro era mucho más espaciosa. Tanto Mai como Masako estaban algo inquietas, pues apenas pusieron un pie dentro sintieron un extraño peso, aunque ninguna supo exactamente que era.

-¿Sientes algo Hara-san? – Preguntó rápidamente Naru a la médium, viéndola asentir con la cabeza.

-Sí, no sé exactamente como describirlo, pero se siente un ambiente pesado, como… si hubiese algo muy malo en esta casa, pero no sé que puede ser – Respondió la chica incómoda, pues eso le sucedía a menudo en ambientes como este.

Después de eso todos pasaron a una sala de estar, en donde vieron a una niña pequeña jugando con unas muñecas, a una anciana sentada en una silla y a un chico de más o menos la edad de Mai, el cual tenía el ceño fruncido y miraba a todos casi como si los odiara.

-Ellos son mi familia, mi hija Yuuko, mi hijo mayor Naoki y mi madre Junko, mi esposo no se encuentra ahora en casa porque está en el trabajo – Dijo la mujer sonriendo – Por favor siéntense y les serviré algo de té.

Todos le hicieron caso y tomaron asiento. Cuando les sirvieron el té, también había unos deliciosos bocadillos que le hicieron agua la boca a la pobre Mai, la que los miraba sintiendo mucha hambre.

-"Tengo que resistir, no puedo comerme medio mundo… además estamos en un caso" – Pensó Mai tratando de aplacar su pequeño antojo, pero este persistía hasta el punto de hacer que su estómago rugiera, por lo que todos se le quedaron viendo – L-lo siento… - Se disculpó apenada.

-Hana-san ¿Podría darle un poco más a Mai? Lo que pasa es que ella está embarazada – Pidió cortésmente Naru, mientras que Mai se sonrojaba y a la vez sentía como su corazón se aceleraba, ya que eso que acababa de hacer Naru le había parecido muy lindo de su parte.

-Oh, claro, con gusto Mai-san, toma lo que quieras – Ofreció Hana sonriendo. Mai sólo asintió apenada y comenzó a comer ya con más confianza, mientras que Naru se encargaba de hacer las típicas preguntas.

-Dígame exactamente que ha sucedido en esta casa.

La mujer castaña asintió con la cabeza y comenzó a relatar su historia.

-Todas las noches se oyen ruidos extraños, desde gritos y lamentos hasta llantos muy fuertes, pero eso no es todo, muchas veces han ocurrido cortes de luz sin sentido y últimamente algunas cosas de la casa se han incendiado por si solas – Describió la mujer algo asustada – Lo más escalofriante ha sido cuando aparece sangre en las paredes de la casa, más de tres veces ya ha pasado pero siempre la limpio… - Contó mientras un pequeño temblor se apoderaba de su cuerpo y se abrazaba a si misma – Y la última vez… había un mensaje, justo después de que los llamé a ustedes, decía que… no se iría de mi casa…

Los ojos se todos se abrieron por la sorpresa de aquella historia, en especial los de Mai. Naru estaba igual que siempre y Lin anotaba cada detalle en una libreta.

-Entiendo, comenzaremos cuanto antes – Dijo Naru poniéndose de pie, pero justo cuando iba a llamar a Lin todos oyeron como alguien bufaba en voz alta. Al mirar hacia ese lugar se dieron cuenta de que se trataba del hijo mayor de Hana; Naoki.

-Esto es una estupidez, los fantasmas y esas cosas no existen mamá, no eres más que una tonta – Dijo en tono de molestia. Su madre no le miró, sólo mantenía su vista en el suelo.

-¿Y entonces que es todo lo que ha estado pasando? ¿Acaso tu puedes explicarlo?

-Tonterías – Masculló el joven de cabello castaño saliendo por la puerta y azotándola fuertemente, no sin antes mirar de reojo a Mai, pues algo en esa chica le había llamado la atención por un momento.

-Perdonen a mi hijo, él es un poco altanero – Dijo Hana disculpándose con los presentes.

-Naoki-kun sólo está preocupado igual que nosotros, pero tiene una forma diferente de demostrarlo – Opinó la mujer anciana; Junko, mientras también se ponía de pie y se alejaba de la habitación.

Houshou soltó un suspiro y Naru volteó a mirar a Lin.

-Lin, trae el equipo enseguida – Miró a la mujer que los había contratado - ¿Tiene algún cuarto desocupado que podamos usar de cuartel?

-Sí, por aquí por favor – Respondió Hana guiando a Naru hacia el cuarto. Lin fue tras ellos para llevar el equipo.

-Bueno ¿Y nosotros que? – Preguntó Ayako de pronto. Houshou también se puso de pie.

-Vamos a ayudar a Naru-chan con el equipo y luego veremos que hacer – Fue la respuesta del monje. Los demás asintieron y comenzaron a salir de la sala.

-Onee-chan – Dijo la pequeña Yuuko rigiéndose a Mai, la cual se veía un poco extraña pues su rostro estaba algo cansado. Mai se agachó para quedar a su altura y le sonrió.

-¿Qué sucede Yuuko-chan?

-¿Quieres jugar conmigo un rato? – Preguntó Yuuko mostrando una dulce sonrisa. Por un momento Mai se vio a si misma en unos años más, con su pequeño bebé en los brazos, o jugando con él, así que no pudo evitar enternecerse con esa niña, ni mucho menos pudo negarse.

-De acuerdo Yuuko-chan, juguemos – Respondió sonriente tomando la mano de la niña. Yuuko la guió hasta el pasillo, en donde Mai observó sorprendida algunos de los cuadros que adornaban las paredes de la mansión – Hay un montón de cuadros hermosos – Dijo maravillada, hasta que se topó con uno que la hizo temblar, pues la imagen para ella era un tanto perturbadora por el hecho de estar esperando un bebé.

El cuadro en cuestión era de un niño, un niño muy hermoso, pero que estaba llorando, y eso hizo sentir mal a Mai pues no le gustaría ver a su hijo así algún día.

La niña la jaló y siguieron caminando, aunque Mai no podía dejar de ver aquel cuadro, pues algo en él le parecía extraño.

-"¿Qué será lo que tiene…?" – Se preguntó intrigada.

Continuara…

Esto es todo por ahora.

¿Qué sucederá en la casa?

¿Qué pasará entre Naru y Mai ahora que vivirán juntos para encargarse del bebé?

Esperen y verán ^^

¡Bye!