¡Buenas!
Traigo el tercer capítulo del fic, en el próximo será la resolución del caso, así que espero que este les guste, ya que Naru comienza a sentir algunas cosas que lo confunden y Masako comenzará a tratar de ganarse a Naru ¬¬
Gracias por los reviews y espero que lo disfruten, y si quieren algo de romance tendrán que esperar xD
Por cierto, trataré de actualizar una vez al mes.
Nota: En este fic, se supone que lo de Gene ya se sabe, así que no se extrañen si en sus sueños Mai le llama Gene y no Naru ^^
Ahora si, a leer.
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Capitulo 3: Archivo 1 La casa embrujada Segunda Parte
—Onee-chan ¿Es verdad que dentro de tu barriguita hay un bebe? – Preguntó la pequeña Yuuko mientras levantaba unas muñecas en sus manos. Mai la quedó mirando y se sonrojó por la pregunta, llevándose una mano a su vientre instantáneamente.
Llevaba un rato jugando con esa niña, pero seguía viendo algo extraño en ella ¿Por qué parecía cansada a pesar de estar tan alegre y jovial?
—Onee-chan – Insistió la niña. Mai la miró y esbozó una dulce sonrisa, comenzado a acariciar su vientre con suavidad.
—Así es Yuuko-chan, aquí dentro hay un bebé, pero aún es muy chiquito y no se puede ver – Respondió enternecida una vez más por esa niña, porque imaginaba cuando su hijo naciera y eso la llenaba de ilusión, la sola idea de imaginarse a esa criatura era algo que la llenaba por completo.
—¿Cuando bebé-chan nazca podrá jugar conmigo? – Preguntó Yuuko emocionada. Mai sólo asintió con la cabeza y siguió jugando con la niña.
Naru pasó por la sala cargando algunas cosas con las que iban a armar su cuartel. Observó a Mai y a Yuuko sentadas en la alfombra y escuchó cuando Mai hablaba sobre el bebé. Por un momento sintió como se estremecía su cuerpo al pensar en eso, al pensar en que tendría un hijo. No podía creerlo aún, no había terminado de asimilar la noticia, pero cuando oía a Mai hablar con tanta dulzura no se sentía abrumado, al contrario, la idea le agradaba, más que nada porque Mai no tendría un hijo de otro, sino suyo.
—"No debería pensar en tantas tonterías y concentrarme en el caso" – Pensó volviendo a caminar, después de todo y aunque tuviera sentimientos por Mai, eso no podía ser, sólo estaban atados por ese bebé y nada más que eso.
—Naru… - Susurró Mai al verle pasar e ignorarla. Aún le dolía, le hubiese gustado oír a Naru celebrar feliz por la noticia de que iban a ser padres, le hubiese gustado que él la besara, que la abrazara; deseaba con todas sus fuerzas ser algo más que la mujer que iba a darle un hijo.
—Mai – Masako se acercó a la castaña con una sonrisa, sentándose junto a ella y mirando a la niña – Si quieres puedo cuidar un rato de Yuuko-chan y tú vas a ayudar a Naru – Ofreció la pelinegra, pero rápidamente Yuuki se aferró a Mai impidiendo que se levantara.
—No, yo quiero jugar sólo con onee-chan, no contigo – Dijo la pequeña en forma caprichosa, haciendo que Masako se molestara.
—Yuuko-chan no digas eso, Masako es buena amiga también y puede jugar contigo – Le dijo Mai algo nerviosa al ver la mirada de la médium, la cual se mostraba colérica, pero Yuuko sólo siguió abrazándola sin prestarle atención a sus palabras.
—No me gusta como te mira onee-chan – Respondió la niña.
—¿Eh? – Mai se extraño ante aquella respuesta y dirigió su mirada a Masako, la cual sólo la desvió a los pocos segundos y se puso de pie molesta.
—Ya veo que no me quieren aquí, así que mejor me voy – Dijo antes de alejarse, dejando a Mai muy desconcertada pues no entendió a que se refería Yuuko con la forma en que Masako la miraba ¿Acaso le estaba mirando de alguna extraña forma?
De todas maneras decidió que lo mejor era que se quedara con Yuuko un poco más, por lo que no se dio cuenta cuando Naoki se acercó, apoyando su espalda contra la pared para observarla fijamente.
Su ceño estaba fruncido, pero aún así sus ojos no perdían detalle alguno de los movimientos de la castaña, llegando al punto en que cuando le vio sonreír sus mejillas se tiñeron levemente de rojo, pero después de eso bufó molesto y se alejó de ahí.
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Yuuko se había quedado dormida de tanto jugar con Mai, así que después de cubrirla con una manta la chica se alejó de su cama, mientras que la madre de la pequeña sonreía.
—Debe ser muy lindo el momento en que nace tu bebé ¿No es así? – Comentó Mai acariciándose el vientre mientras miraba al suelo con un leve sonrojo en sus mejillas, pues de sólo imaginarse sosteniendo a su bebito se le llenaban los ojos de brillo.
La señora Hana asintió sonriente, mientras observaba a Mai.
—El joven Shibuya será un gran padre para tu bebé, se ve que ustedes se quieren mucho – Dijo Hana, mientras que Mai sólo le veía sorprendida ¿Quererse mucho? Ella lo amaba, pero él a ella no.
—Sí, seguro que sí – Dijo la chica en tono triste.
Después de eso las dos se alejaron de la habitación, dejando a solas a la pequeña Yuuko, quien dormía plácidamente, pero de pronto su expresión se tornó extraña y comenzaron a caer lágrimas de sus ojos, parecía como si se estuviese ahogando.
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—Naru-chan ¿Qué opinas sobre todo esto? – Preguntó el monje mientras tomaba una silla, acercándola hacia el director de SPR, quien estaba sentado sobre otra silla mirando los monitores, pues ya habían puesto todas las cámaras en los lugares más importantes de la casa.
—La verdad es que me siento muy intrigado – Respondió Naru tomando lo que el monje le ofrecía; eran unas fotos de la pared con el mensaje escrito en sangre, decía "Jamás me iré de esta casa".
En ese momento Mai entró a la habitación y Naru le miró de reojo para luego volver su vista a las fotos. Lin estaba observando los monitores con los audífonos ya puestos, por si captaba algún sonido interesante, mientras que Masako y Ayako hacían suposiciones de que podía ser lo que había en esa casa.
—Taniyama-san, por favor siéntate – Ofreció de inmediato Yasuhara extendiéndole una silla a Mai – Una mujer embarazada debe cuidarse mucho – Le sonrió.
—Muchas gracias Yasuhara-san – Dijo Mai sonriendo alegremente mientras se sentaba, sin darse cuenta de la mirada de molestia que ponía Naru, pues no había podido soportar aquel acto de caballerosidad de parte de Yasuhara hacia Mai ¿Pero por que?
—¿Terminaste de jugar a las muñecas Mai? – Preguntó Masako en un tono desdeñoso, casi como queriendo herir a Mai – Como tú estabas haciendo eso mientras aquí todos trabajábamos, pero claro, ahora que eres una mujer embarazada no sirves para nada.
Ante esas palabras Mai se sintió de lo peor, ella tenía razón, sólo estaba jugando y no estaba ayudando en nada. Miró a Naru, pensando en que tal vez él podría decirle unas palabras de apoyo, pero nada, sólo una mirada fugaz y después siguió en lo suyo, haciendo que ella se sintiera desprotegida ¿Cómo podía ser tan cruel?
—Tienes razón Masako, soy una inútil – Dijo Mai bajando la mirada, sin querer comenzando a soltar un par de lágrimas.
—¿Pero que dices Masako? – Preguntó de pronto Ayako en tono de enfado, mirando a la pelinegra con el ceño fruncido - ¿Cómo puedes decirle eso a Mai? No le hagas caso Mai, tú no eres una inútil, todos sabemos que siempre nos ayudas mucho en los casos.
—Pero Ayako… yo… - Mai no quería llorar, pero se sentía tan mal al haber oído a Masako que no lo podía evitar.
—Basta, dejen sus discusiones para otro momento que ahora estamos hablando sobre cosas importantes – Les interrumpió Naru, sin siquiera dignarse a defender a Mai por un momento, por eso ella se sintió más dolida; realmente no quería ser una inútil, quería servirle de algo.
—L-lo siento Naru – Se disculpó la castaña secándose las lágrimas.
Houshou, John y Yasuhara miraron de mala manera a Masako por haber hecho llorar a Mai, pero después de eso todos se pusieron atentos con el caso de nuevo.
—Bien, primero creo que esta noche haremos la prueba para saber si el fenómeno es provocado por fantasmas o por alguna persona en esta casa – Dijo Naru poniéndose de pie. Miró de reojo a Mai y se sintió algo mal por no haberla defendido, de verdad quiso hacerlo pero no se atrevió.
La tarde fue relativamente tranquila y a pesar de que Masako podía sentir una presencia en esa casa Naru decidió comprobar su teoría, pues podía darse el caso de ambas situaciones.
Cuando ya eran cerca de las nueve el jefe de la familia llegó, se trataba de un hombre de unos cuarenta años, con cabello castaño oscuro y ojos verdes, iguales a los de su hijo Naoki.
—Mi nombre es Hideyoshi Aihara – Se presentó el hombre estrechando la mano de Naru, el cual correspondió el saludo con amabilidad como siempre.
—Bien, ahora que están todos podemos comenzar – Dijo el pelinegro mientras sacaba una especie de lámpara con una luz intermitente de color rojo. Pidió que los que venían con él salieran y lo dejaran a solas con la familia Aihara, pero como siempre Naoki se había opuesto a realizar tal ridículo experimento.
—Ya dije que no lo haré y punto – Sentenció el castaño alejándose de la escena.
El monje suspiró y bajó los hombros, mientras que Ayako se llevaba una mano a la sien.
—Si no están todos esto no resultará – Dijo Naru sin darle demasiada importancia al asunto, pero a quien sí le importó fue a Hana, quien quería que todo esto acaraba ya, sobre todo por su pequeña hija, que no merecía todo esto.
—Yo hablaré con él Naru – Aseguró Mai de pronto, pues ya que no había hecho nada al menos ésta vez iba a ayudar un poco. Salió corriendo antes de que cualquiera pudiera decir una palabra, por lo que a Naru no le quedó más remedio que confiar en ella.
Mai llegó hasta el patio trasero de la mansión, divisando a Naoki sentado junto a una pileta mientras miraba el agua y la tocaba con la punta de sus dedos.
La chica se le acercó con una sonrisa.
—Naoki-san ¿Por qué no quieres cooperar? – Le preguntó amablemente, apoyando sus manos en sus rodillas para sonreírle dulcemente -. Todos están preocupados y quieren que esto se termine, deberías ayudarles.
—Es que yo… - Naoki bajó la mirada; estaba molesto, pero además de eso no se atrevía a mirar a Mai, era realmente hermosa y lo ponía nervioso -. La verdad es que no creo en esas cosas.
—Pero… - Mai se sentó a su lado, llevando una mano hacia el agua para tocarla también -. Está bien que no creas en esas cosas, sin embargo lo que sucede aquí debe tener una explicación.
—No creo que se trate de eso, seguro es algún otro tipo de fenómeno, no me harán creer que de verdad hay fantasmas – Dijo serio el castaño, clavando sus ojos verdes sobre Mai, la cual bajó la mirada -. Creo sólo en las cosas que puedo ver o tocar, no en suposiciones de la gente.
—Entiendo, pero ellos quieren solucionar las cosas, al menos dales una oportunidad. No te estoy pidiendo que creas en nosotros o en los fantasmas, sólo que apoyes un poco a tu familia ¿Te parece Naoki-san? – Mai volvió a sonreír, dejando al joven sin argumentos. De verdad él no sabía que le pasaba, pero no podía ser rudo con Mai, acababa de conocerla pero cada vez que la miraba sentía una inexplicable sensación de paz ¿Acaso era porque ella estaba embarazada?
—¿Quién es el padre? – Preguntó apuntando al vientre de Mai, la cual se sorprendió un poco.
—¿Eh?
—Ya sabes, el padre del bebé que estás esperando – Insistió Naoki. Mai se sonrojó y bajó la mirada, pues aún le parecía vergonzoso hablar de ello, no se podía hacer a la idea aún de que ya no era más ella sola, que ahora debía velar por la pequeña vida que crecía en su interior, que a pesar de todo había sido concebida con el hombre que ella amaba.
—B-bueno… su padre… etto…
—Ya veo, es el que no quería mostrar esa luz ¿Verdad? – Mai asintió con la cabeza y en ese momento Naoki soltó un suspiro -. Creo que he llegado demasiado tarde, ese tipo ya tiene la partida ganada.
—¿Eh? – Exclamó Mai confundida, ya que no había entendido nada de lo que él acababa de decirle, pero éste sólo se puso de pie y se metió las manos a los bolsillos.
—Vamos a regresar, hay que hacer el dichoso experimento – Dijo Naoki antes de que ella pudiera decirle alguna cosa.
Así los dos regresaron junto con el resto y por fin Naru pudo dar inicio con aquella especie de hipnosis. La hizo con todos los de la casa, incluida la niña, después de todo nunca se sabía quien podía tener poderes espirituales.
Les indicó que a las doce de la noche se incendiaría un papel que habían puesto dentro de una pecera, para que el fuego no se extendiera por la casa. Si al día siguiente aparecía quemado significaba que alguien ahí era el causante y lo estaba haciendo de forma inconsciente, pero por el contrario, si nada sucedía, sólo significaba la presencia de espíritus.
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—Tengo muchísimo sueño ya – Dijo Mai mientras se sentaba sobre una cama en la habitación de huéspedes. Había tres camas ahí, la de ella, la de Ayako y la de Masako, la cual se encontraba dentro del baño.
—Mai, no te puedes dormir aún, no sin contarme como fue que pasó todo y en que quedaron Naru y tú – Demandó Ayako sentándose sobre la cama de Mai, la cual la miró algo desconcertada.
—Ayako ¿Qué es lo que quieres saber?
Masako salió del baño luciendo una bata de dormir de color celeste, diferente de la de Mai que era en color rosa y la de Ayako que era blanca. La médium se sentó sobre su cama sin prestarle atención a las otras dos, pero no pudo evitar interesarse por la conversación.
—No te hagas la tonta, quiero que me cuentes como fue cuando Naru y tú… - Se le acercó a Mai para hablarle a modo de secreto -. Tuvieron sexo…
—¡Ayako! – Gritó Mai completamente sonrojada por lo que había dicho su amiga ¿Cómo se le ocurría preguntarle eso? -. P-pero que cosas dices, como me vas a preguntar eso, y-ya sabes como es…
—Mai no tienes para que ponerte tan roja – Le dijo la mujer dirigiéndose a su cama -. Además ¿Qué tiene? Sólo quiero saber que sentiste al estar con el frío de Naru, no tiene nada de malo.
—Es que me da vergüenza… - Dijo Mai cubriendo su rostro con una almohada -. Y no es que lo sepa todo muy bien, recuerda que tanto él como yo estábamos… ya sabes…
Masako oyó atentamente las palabras de Mai ¿Estaban como? No había entendido esa parte para nada.
—Bueno, pero algo debes recordar – Ayako miró de reojo la cara de fastidio que hacía Masako mientras se cubría las piernas con las colchas -. Vamos, no te lo guardes sólo para ti y cuenta de una vez.
—Es verdad Mai, cuéntanos a tus amigas – Dijo ésta vez Masako, llamando la atención de Mai, que al verla sólo asintió con la cabeza. No sabía que le pasaba a Masako con ella, pero últimamente sus comentarios eran muy hirientes.
—Bueno… ¿Qué puedo decir? Pues… fue algo muy bonito… - Comenzó a relatar Mai, recostándose sobre la cama y cerrando los ojos para intentar rememorar lo que había sentido esa noche, cuando tuvo su primera vez -. Naru fue… muy tierno… - Dijo recordando sus caricias y sus besos por toda su piel -. P-pero… ya Ayako, me siento avergonzada…
—En verdad no puedo imaginar al serio de Naru siendo tierno con alguien – Dijo Ayako poniéndose en pose pensativa. Mai se recostó de lado, mirándola con su rostro aún ruborizado.
—Las cosas han sido difíciles, pero creo que no me arrepiento, tener un bebé de Naru creciendo aquí dentro de mí se siente hermoso… - Después de sus palabras Mai cerró sus ojos con una sonrisa en sus labios.
Al oírla Masako no pudo evitar sentirse algo mal, se sentía como una malvada y miserable por querer alejar a Mai de Naru, pero realmente odiaba la idea de que ella le fuese a dar un hijo, porque siempre quiso ser ella la que formara una familia con Naru y no otra, aunque al fin y al cabo ese bebé era el que menos culpa tenía en todo esto.
—"Será mejor que… deje de hacer todo esto…" – Pensó la pelinegra también cerrando sus ojos.
Después de eso Ayako apagó la luz y las tres se quedaron dormidas, pero Mai se durmió con una mano acariciando su vientre, pues quería sentirse cerca de su bebé.
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Naru no podía dormir y no era precisamente por todo esto del caso, era más bien porque no dejaba de pensar en Mai y en eso que había sentido hace rato cuando Yasuhara se portó amablemente con ella, eso que sentía cuando cualquier hombre se le acercaba, incluido ese Naoki que había llegado muy sonriente con ella ¿Acaso estaba celoso?
Era lógico, Mai era la madre de su futuro hijo, pero esto que sentía iba más allá de eso, de verdad estaba celoso, no quería que ningún hombre se le acercara porque Mai era suya, porque era la mujer a la que él le había hecho el amor y no quería que nadie más se adueñara de su cuerpo; Mai le pertenecía, pero no sería capaz de decírselo.
Simplemente decidió olvidarse de todo eso, no podía estar pensando en cosas que no tenían nada que ver con lo realmente importante.
—"Sólo debo concentrarme en el caso y dejar de pensar en Mai de una vez" – Pensó cerrando sus ojos, para quedarse dormido por fin.
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Podía oír un pequeño sollozo mientras caminaba hacia adelante. Aquel lugar estaba oscuro y apenas podía ver por donde pisaba, pero ese sonido la guiaba.
—¿Quién está ahí? – Preguntaba Mai en voz alta, tratando de que quien se que estuviese llorando la notara y así le pudiese ir a ayudar -. ¡Hey, respondan!
No obtuvo ninguna respuesta, pero podía oír aquel llanto cada vez más cerca. No entendía que pasaba, pero de alguna forma le estaban llamando y ella no podía hacer otra cosa más que ir.
—Espera – Escuchó una voz masculina y sintió como alguien la jalaba de la muñeca. Mai se volteó y se encontró con aquel joven de sus sueños, el hermano gemelo de Naru -. No vayas Mai.
—Gene… - Susurró la chica desconcertada, ya que desde hace tiempo Gene no venía a sus sueños. De pronto el lugar se volvió una especie de bosque y muchos árboles grandes y sombríos les rodeaban. El llanto se oyó más fuerte y Mai pudo distinguir que se trataba de un niño -. Tengo que ir, tengo que verle…
—No Mai, es peligroso, será mejor que me hagas caso, te lo digo por tu bien y el de tu bebé – Dijo Gene con seriedad. Al oírlo hablar así Mai asintió, pero nuevamente el llanto la inquietó, así que como pudo se soltó de la mano de Gene y corrió hacia donde se oía aquella voz -. ¡No vayas Mai! – Gritó Gene en tono desesperado.
Mai corrió hasta dar con el origen del llanto. Se trataba de un niño que estaba acuclillado dándole la espalda. Él estaba llorando, escondiendo su rostro con sus pequeñas manitos. Al verlo Mai se sintió triste y pensó en su futuro hijo.
—Niño ¿Qué te pasa? No estés triste – Le dijo la castaña acercándose a pasos lentos -. ¿Por qué lloras así?
—Papá y mamá… ellos no están… quiero verlos… - Respondió la débil voz del niño que aún seguía llorando. Mai se le acercó un poco más, de verdad deseaba hacer algo por él, poder ayudarle de alguna manera, pero en este momento no podía hacer otra cosa que pedirle que dejara de llorar.
—Por favor no llores más, estoy segura de que ellos también quieren verte – Le dijo con una sonrisa. Se le acercó y puso una mano sobre su hombro, sonriéndole de manera dulce y maternal -. Tranquilo pequeño.
—¡Mai, aléjate de él! – Nuevamente Gene le advertía. Mai se volteó y observó su rostro alterado, pero cuando se volteó nuevamente hacia el niño éste la estaba mirando fijamente, tenía los ojos rojos y brillantes como un demonio, además de una expresión que realmente causaba miedo ¿Qué estaba sucediendo?
—¿N-niño? – Preguntó Mai sorprendida, pero sólo pudo ver como el pequeño niño se arrojaba contra ella, intentando ahorcarla.
—¡No lo hagas! ¡NO! – Gritó Mai abriendo sus ojos de golpe. Se había quedado sentada sobre la cama y tenía la respiración agitadísima, su pecho subía y bajaba rápidamente mientras que su corazón daba saltos enormes dentro de su pecho. Pudo notar que ya era de día y al oírla gritar Masako y Ayako se despertaron también.
—¿Qué te pasa Mai? – Preguntó la sacerdotisa preocupada, notando como caían gruesas lágrimas de los ojos de Mai -. ¿Tuviste alguna pesadilla?
—Era un niño… un niño que estaba llorando… - Dijo Mai, que aún se encontraba en estado de shock por la pesadilla. Masako la miró con sorpresa.
—¿También lo viste Mai?
Ayako miró a Masako sin decir nada, pero estaba sorprendida de que las dos hubiesen visto al supuesto niño en sus sueños.
El grito de Mai no sólo las había despertado a ellas, sino que a todos los demás también.
—¡Mai! – Naru entró a la habitación alterado al haber oído gritar a Mai de esa manera, pues pensó que había pasado algo con el bebé. Al verla llorando sólo pudo sentirse horriblemente mal y no pudo hacer otra cosa que sentarse a su lado y abrazarla, mientras que todos los demás le miraban sorprendidos, pero a él no le importaba, sólo quería saber que ella y su hijo estaban bien -. Mai ¿Qué te pasa?
—Dijo que tuvo una pesadilla – Le comentó Ayako. Miró al monje y a los otros chicos y les hizo un gesto para que salieran, dejando a solas a Mai y a Naru. Masako salió, aunque de muy mala gana, pues todavía no pensaba rendirse a dejarle a Naru a Mai, sólo trataría de no pasar a llevar a ese bebé.
—¿Están bien tú y el bebé? – Preguntó Naru con preocupación, aunque no quería demostrar demasiada la verdad era que si estaba muy inquieto por una respuesta. Mai asintió con la cabeza.
—Estoy bien Naru, y el bebé también, sólo tuve una pesadilla – Respondió la castaña, que se quería quedar un poco más abrazada a él, así que cerró sus ojos y disfrutó el calor del cuerpo de su amado Naru.
Sin embargo otro grito les interrumpió, había sido la pequeña Yuuko. Cuando fueron a verla todos pudieron darse cuenta de que Yuuko, había despertado de la misma forma que Mai ¿Qué podía significar eso?
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—No pasó nada – Dijo Houshou observando con mesura que aquel papel no se había quemado, estaba en perfecto estado.
—Eso significa que ahora empieza de verdad todo esto – Dijo Naru, que aún no se podía quitar de la cabeza la imagen de Mai llorando por aquella horrenda pesadilla; no iba a permitir que nada malo le pasara, de eso estaba seguro.
Continuara…
…
Esto es todo por ahora.
¿Qué será lo que hará Masako para impedir que Naru y Mai estén juntos?
¿Qué significará la pesadilla de Mai? ¿Tendrá algo que ver con el caso?
Esperen y verán ^^
Una pregunta más ¿Les gustaría que hubiera lemon en este fic? ¿Y que creen que sea el bebé, niño o niña? ¿Eh?
¡Bye!
