¡Buenas!

Por fin traigo el cuarto capítulo de este fic. Sé que me tardé un montón, perdón por eso pero tenía la cabeza medio seca. Igual no esperen mucho de este capítulo, no me quedó muy bien pero prometo ir mejorando.

Sin más, les dejo leer la resolución del caso.

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Capitulo 4: Archivo 1 La casa embrujada Tercera Parte

—¿Estás mejor Mai? – Preguntó Ayako mientras le ofrecía una taza de té a Mai, la cual la recibió con una sonrisa amable en sus labios. Se encontraba sentada en la sala y junto a ella estaban Ayako, Masako -que la miraba de mala gana- y la señora Hana, quien tenía a la pequeña Yuuko dormida sobre sus piernas, que después de haberse calmado se había quedado dormida otra vez.

—Sí, gracias Ayako – Respondió Mai, que bebió un poco de té para calmarse pues aún no olvidaba la pesadilla que había tenido. Sintió tanta tristeza por aquel niño, pero un miedo terrible se había apoderado de ella cuando intentó atacarla, y aunque Gene le había advertido que no se acercara no fue capaz de ignorar ese llanto.

—No debes pasar emociones fuertes Mai-san – Opinó la señora Hana mientras sonreía -. Eso podría hacerle mal a tu bebé.

—Lo sé… - Dijo Mai acariciando su vientre. Quería proteger a su bebé de todo, no quería que se volviera triste y solitario como aquel niño, eso le rompería el corazón.

—El niño… - Habló Masako de pronto, llamando la atención de todas las mujeres que la voltearon a ver, pero ella sólo veía fijamente a Mai -. El niño estaba llorando, diciendo que sus padres lo habían abandonado.

—Es cierto – Dijo luego de unos segundos Mai -. Cuando me acerqué a él me dijo eso, luego me atacó y ahí fue cuando desperté, pero… me parece haberlo visto en alguna otra parte…

—Mai, será mejor que dejes de pensar en eso, deberías hacerle caso a Naru e irte de regreso a Tokio – Le recomendó Ayako, pero Mai negó con la cabeza porque no estaba dispuesta a irse sin saber cual era la verdad de todo esto.

Mientras tanto, John se encontraba utilizando su traje de exorcista y Houshou su túnica de monje, ambos se estaban preparando para hacer un exorcismo por toda la casa, a ver si de esa manera lograban deshacerse del espíritu que la rondaba.

Lin se encontraba revisando las cámaras, mientras que Naru miraba por la ventana, pensando en alguna cosa y Osamu buscaba en su computadora algunos antecedentes de aquella mansión, como asesinatos o algo que haya pasado antes.

—Shibuya-san, mira esto – Llamó el chico de lentes la atención del director de SPR el cual se encontraba como en la luna, pues no podía dejar de pensar en Mai y en que deseaba que todo con ella y su hijo estuviera bien -. ¿Shibuya-san? – Exclamó Yasuhara extrañado, pero finalmente Naru le prestó atención.

—¿Pasa algo? – Preguntó Naru mirándole, a lo que Yasuhara sólo asintió con la cabeza. Naru se le acercó y observó la pantalla de la laptop, en donde se hablaba de una noticia de hace unos treinta años que tenía relación con esa mansión y con otra que antes estaba a su lado, la cual extrañamente se había quemado hace años y de ella no quedó nada, además de que todos sus habitantes murieron calcinados.

—¿Qué podrá significar? – Se preguntó Osamu en pose pensativa, mientras que Naru sólo trataba de analizar aquello, pero finalmente decidió preguntar a los que habitaban ésta casa si sabían algo de ello.

Así fue que en un rato ya todos se encontraban sentados en la sala, excepto Lin quien seguía revisando las cámaras y John junto a Houshou que seguían en lo suyo.

—Lo que quiero preguntarles es simple ¿Qué saben sobre el incendio que hubo en la mansión de al lado hace treinta años? – Interrogó Naru a todos. Naoki no se inmutó, él ni siquiera había nacido en ese tiempo así que no tenía ni idea, por otro lado Hana se sorprendió y la señora Junko también.

—Yo era sólo una niña… pero recuerdo que fue una noche en que aquella mansión se incendió y todos los de ahí murieron – Respondió Hana algo insegura, pues no lo recordaba muy bien -. Quedaron algunas cosas en esa casa, un par de cuadros y adornos que sus familiares arrojaron luego del incidente.

—No todos… - Dijo la señora Junko, llamando la atención de todos -. La hija de la dueña de la casa que ese día no se encontraba me regaló uno de los cuadros, dijo que estaba intacto aún después del incendio así que lo acepté.

—Bueno, ¿y que relevancia puede tener un simple cuadro? – Intervino el señor Hideyoshi, el padre de familia, quien en ese tiempo no vivía en la mansión pues no conocía a su actual esposa tampoco.

Al oír la palabra "cuadro" Mai se levantó con cierta inquietud. Naru la miró algo preocupado, pero no dijo nada pues quería saber que pasaba con ella.

—Ese cuadro… ¿Cómo era?

—¿Eh? – La señora trató de hacer memoria, pero ya había pasado tanto tiempo que no recordaba con claridad -. Creo que era un niño… un niño que lloraba.

Los ojos de Mai se abrieron con sorpresa y salió corriendo hacia el pasillo sin decir una palabra. Masako la siguió rápidamente pues también había entendido algo muy importante.

—¡Mai! – Gritó Ayako que corrió detrás de las dos chicas, al igual que Naru y el resto de los presentes, deteniéndose detrás de Mai, que miraba a cierto punto de la pared con desconcierto.

—No está… pero ayer estaba aquí… estoy segura – Murmuraba la castaña, dándose cuenta de que el cuadro que había visto el día de ayer ya no estaba en su lugar.

—¿A que te refieres Mai-san? – Le preguntó la señora Hana a Mai, la que sólo bajó la mirada, estaba realmente confundida, si ella lo había visto ayer ¿En que momento lo quitaron?

—El cuadro… el cuadro del niño que antes estaba aquí – Señaló la castaña apuntando hacia la pared, dejando sorprendidos a todos los habitantes de la casa, incluso al serio de Naoki, que tampoco se esperaba algo como eso.

—¿Cómo sabes que el cuadro estaba ahí? – Quiso saber el señor Hideyoshi con cierta preocupación -. Si ese cuadro lo quitamos de la pared hace semanas – Informó, asombrando de esa manera tanto a Mai como a Masako, quien también había podido verlo el día anterior.

—¿Q-que? Pero eso no puede ser, yo lo vi aquí ayer, estaba en esta pared – Dijo Mai muy segura de sus palabras, por lo que nadie se atrevió a decir que estaba mintiendo.

Naru se le acercó, poniendo una mano sobre su hombro, tratando de calmarla.

—Tranquila Mai, no te exaltes – Le aconsejó preocupado tanto por ella como por el bebé, pero Mai no vio eso, sino el hecho de que algo muy extraño sucedía ¿Cómo había podido ver una imagen que ya no estaba ahí?

—Pero Naru, es que no lo entiendo, yo lo vi ayer, era… el niño de mi sueño… - De pronto todo se vino a su mente, el niño del cuadro era el mismo de su sueño, se había dado cuenta por fin ¿Pero como era posible que lo hubiese visto si ya no estaba ahí desde hace tiempo?

—Es verdad Naru, yo también vi el cuadro y soñé con el niño – Aseguró Masako, que tampoco iba a dejar que Mai se llevara toda la gloria en esto.

Y justo en ese momento, algo extraño sucedió. La casa comenzó a temblar, las luces se encendían y apagaban y las puertas se golpeaban, las cosas caían al suelo, todo se había vuelto un caos.

—¿Q-que está pasando? – Se preguntó Ayako sorprendida. Escucharon como la pequeña Yuuko lloraba espantada y todos los demás trataban de mantenerse de pie. Hana abrazó a su hija y Naru rodeó a Mai con sus brazos para protegerla; algo muy malo estaba pasando.

—¡Naru! – La voz de Houshou llamó la atención del pelinegro, que se volteó y lo vio a él y a John correr hacia donde estaban todos ellos. El monje llegó frente a él y comenzó a respirar agitadamente -. Estábamos haciendo el exorcismo y de pronto esto comenzó a pasar, creo que… no es un fantasma común.

—A mí me parece que se trata de algo mucho peor, tal vez alguna clase de demonio – Aseguró John, pues esta reacción no era normal. Mai abrazó a Naru más fuerte aún, tenía mucho miedo.

—Un demonio… - Susurró Naru desconcertado, pero tal vez tuviesen razón y si era así, necesitaban destruir todo el lugar o seguramente esto nunca pararía, pero era ridículo pensar en esa opción, como también en que no podían hacer nada por deshacerse de lo que sea que estuviese asechando esa casa.

Todos estuvieron así un tiempo más, hasta que el temblor y todo lo demás desapareció, sin embargo estaban muy perturbados, no podía creer lo que había sucedido, era demasiado para todos.

—Naru… es el cuadro… - Le dijo Mai de pronto, sin soltarse del abrazo de Naru, si lo hacía temía que pudiera pasarle -. Hay que deshacernos de él…

—Mai… - Naru la miraba con preocupación, Mai se estaba inmiscuyendo demasiado en este caso, tal vez porque trataba de un niño, seguro había cometido un error al traerla, debió dejarla en su casa descansando, ella ya no estaba para estas cosas tan peligrosas.

Miró a Yasuhara y se dio cuenta de que a pesar de lo que acababa de pasar, el chico estaba metido en su laptop, al parecer había averiguado algo.

—Díganme una cosa ¿Tienen aún el cuadro en esta casa? – Preguntó Osamu, llamando la atención de los habitantes de la casa. La mujer anciana asintió con la cabeza, con expresión de preocupación.

—Lo había guardado por muchos años en la bodega, pero lo saqué hace unos meses porque me parecía muy lindo… - Relató la anciana, cuando de pronto se dio cuenta de una cosa extraña -. Desde… ese momento todo comenzó…

—Aún cuando el cuadro ya no está puesto en la pared… - Susurró Naru confundido, pero sin soltar a Mai todavía, lo que tenía profundamente molesta a Masako ¿Por qué Naru la trataba de esa manera? ¿Es que acaso estaba enamorado de Mai?

—Naru-chan, opino que hay que ver el cuadro, y en lo posible deshacernos de él – Habló el monje. Naru asintió con la cabeza y miró a los dueños de la mansión.

—¿Podríamos ver el cuadro?

—Claro, sígannos – Respondió la señora Hana, llevando a su hija en los brazos. Había recordado que ese cuadro lo quitaron justamente porque a la niña no le gustaba, ella decía que le daba miedo, que ese niño era malvado.

Naoki por su parte, no dejaba de ver a Mai, le molestaba verla abrazada con ese sujeto, por más que fuera el padre del hijo que ella esperaba, ya que él se veía que era demasiado frío con ella, Mai no se merecía a un sujeto así como pareja, ella tenía algo demasiado especial.

Todos llegaron a la enorme bodega de la casa, encendiendo la luz ya que era bastante oscura. Entraron en silencio, notando varias cosas tapadas con mantas, entre muebles y artículos viejos. Y ahí, sobre un mesón, estaba el cuadro, el niño llorando parecía tan real que causaba ciertos escalofríos al verle.

—Es él – Anunció Masako, ya que Mai no podía hablar, ese niño le causaba temor, no sabía por qué pero parecía sufrir terriblemente.

—Me lo temía – Osamu se acercó a Naru, mostrándole algo que había encontrado en internet. Se trataba del mismo cuadro "El niño llorón". Al leer su información Naru inmediatamente se dio cuenta de lo que sucedía en esa casa, aquel cuadro, pintado por un artista que hizo un pacto con el demonio, estaba atormentando a los miembros de esa familia, seguramente y si hubieran esperado un poco más, esta casa se habría calcinado tal como la otra.

—Entiendo, monje, John, saquen el cuadro inmediatamente – Ordenó a sus amigos, quienes asintieron con la cabeza y tomaron el cuadro en sus manos, aunque estaba bastante pesado y al tocarlo se sintieron extraños.

Lo sacaron afuera, intentando quemarlo en el jardín, pero no pasaba nada con él, el cuadro seguía intacto a pesar de que las llamas lo rodeaban.

—¿Por qué no se quema? – Preguntó la señora Hana sorprendida, nunca pensó ver algo como eso, un cuadro que no podía ser quemado por el fuego.

—Ya veo, entonces lo que dice la historia es verdad – Comentó Naru, que estaba sentado sobre una especie de piedras acomodadas en el jardín -. Este cuadro sólo se puede quemar a las doce de la noche. Por lo que sé, fue pintado por un hombre que buscando fama hizo un pacto con el demonio, él pintó muchos de estos cuadros y se hicieron muy populares.

—También oí esa historia, supuestamente los niños de estos cuadros murieron en un incendio y… sus almas quedaron encerradas en las pinturas – Acotó Bou-san, observando como el cuadro seguía sin quemarse -. Sé que quien los posee sufre muchas desgracias.

—Entonces siempre ha sido ese cuadro el culpable – La señora Junko bajó la mirada, se sentía algo culpable por haberlo recibido, sin sospechar que era eso lo que estaba causando las desgracias en su casa.

Mai no dejaba de ver a ese niño con tristeza, ahora lo entendía todo, era un niño huérfano, había perdido a sus padres y sólo los quería volver a ver, pero su alma estaría para siempre encerrada dentro del cuadro y no había nada que ellos pudieran hacer para liberarlo, él se había convertido en un demonio y estaban limitados por eso. Sólo podía sentir lástima por él, esperando que algún día alguien lo pudiese ayudar, pero ellos no eran ese alguien.

—Es una lástima, era un niño muy lindo – Dijo para sí, acariciando su vientre una vez más. Definitivamente nadie se acercaría a su hijo, nadie se lo quitaría, no permitiría que ese sueño se hiciese realidad porque ella haría todo por protegerlo, de quien sea, no iba a permitir que su bebé se volviera como ese pobre pequeño.

—Bueno, no queda más remedio que esperar hasta las doce entonces – Opinó Ayako soltando un suspiro.

Y así, tal como lo predijeron, cuando el cuadro fue puesto al fuego a las doce de la noche, las llamas por fin pudieron consumirlo y acabar con él, por lo tanto el caso quedaba concluido de esa manera, se habían deshecho de lo que estaba provocando los fenómenos paranormales y ya no tenían nada que hacer aquí, sin embargo era muy tarde para retirarse, así que tuvieron que pasar ahí la última noche.

Mai caminaba por ese oscuro lugar, oyendo el sonido del llanto una vez más. Estaba asustada, no entendía que estaba pasando.

Siguió adelante, observando al mismo niño de la otra vez, estaba agachado y llorando solo en un rincón, dándole la espalda.

Todavía… sigues aquí… - Susurró la castaña desconcertada, se suponía que él debería haberse marchado cuando el cuadro se quemó -. ¿Qué es lo que buscas?

Mamá y papá… - Susurró el pequeño, dejando de llorar. Se volteó, mostrando ese rostro inocente que poseía en la pintura, y no aquel que Mai había visto en el otro sueño -. Ellos nunca volverán…

¿Por qué dices eso? – Cuestionó Mai, entristecida por él, porque él no tenía la culpa de lo que había pasado, no era más que un pobre niño -. Tus papás, seguramente quieren verte, no tienes que seguir llorando, por favor… ya no llores…

El pequeño sólo sonrió, no de forma macabra sino sincera y entonces, desapareció, se esfumó sin decir nada, dejando a Mai desconcertada.

Ella abrió sus ojos sintiendo una enrome paz en su interior, tal vez el niño aún no era libre, pero al menos ella había podido entender su dolor y él pareció comprenderlo también, eso le daba gusto.

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El día había llegado y ya todos estaban preparados para marcharse, se encontraban en el aeropuerto esperando a que saliera el avión que los llevaría de regreso a Tokio.

La familia Aihara se encontraba despidiéndolos, ya que estaban muy agradecidos por todo lo que habían hecho, por haberles ayudado a deshacerse de todo eso que los atormentaba.

—Muchísimas gracias por todo Shibuya-san – Agradeció la señora Hana haciendo una leve reverencia, mientras que su esposo le daba la mano a Naru.

—Espero volver a verte onee-chan – Dijo la pequeña Yuuko sonriente. Ella se veía mucho más tranquila ahora que todo había terminado, había confesado que soñaba con ese niño y que él la atacaba en sus sueños, pero por suerte ya todo había terminado.

—Seguro que nos volveremos a ver, Yuuko-chan – Aseguró Mai, sonriéndole tiernamente, esperando a que sus palabras fuesen ciertas y algún día viese de nuevo a esa pequeña, ya que le había prometido que la dejaría jugar con su bebé cuando éste naciera.

—Mai-san – Naoki se acercó a la castaña, se veía diferente también, no estaba enojado como siempre, le sonreía con naturalidad -. Espero verte de nuevo, y gracias por todo, creo que he cambiado mi manera de ver las cosas.

—Me alegro por ti Naoki-san, y también espero verte de nuevo – Mai le sonrió, notando como él le extendía su mano con la intención de estrecharla con la de ella. No vio nada malo en eso y lo hizo, sin darse cuenta de la mirada de celos que ponía Naru; estaba realmente molesto con los "coqueteos" de ese con su Mai ¿Qué acaso no respetaba que se trataba de una mujer embarazada?

Además esperaba a su hijo.

—Te aseguro que nos veremos otra vez – Se despidió Naoki. Mai no entendió sus palabras, pero de igual forma asintió con la cabeza.

Así, todos los miembros de SPR se despidieron de la familia Aihara, regresando a Tokio para seguir con sus vidas.

Sólo que las cosas ahora eran muy distintas a lo que siempre fueron, porque algo en Naru había cambiado hacia Mai; se había dado cuenta de que sentía celos cuando los otros hombres se le acercaban ¿A que se debía eso?

Debía descubrirlo.

Continuara…

Antes que nada, la historia del cuadro es real, la mayoría de los casos que haga en este fic son basados en hechos reales. Por si no lo han oído, los cuadros de los niños llorones existen y según tengo entendido, las cosas que suceden son reales, ya que mi madre lo tuvo en su casa de pequeña y me lo contó, al igual que miles de personas en ese época, ya que fue muy popular.

Si quieren saber más, busquen con confianza ^^ Aunque como digo en el fic, el dichoso cuadrito es bastante perturbador una vez que lo miras.

Pero en fin, nos leemos en el siguiente capítulo, donde no creo que haya un caso por ahora, más bien creo que podría tratar más sobre Naru, Mai y el bebé, pero ya veremos.

Por cierto aún sigo pensando en si será niño o niña.

¡Bye!