¡Hola!
Vaya cuanto tiempo ha pasado desde que actualicé este fic, ya ni me acuerdo, pero en fin, espero que aún lo sigan esperando, ya que no pienso abandonarlo aunque me tarde una eternidad ¡Yo también quiero ver al bebé de Naru y Mai! xDD
Sin más, les dejo la conti, que se irá poniendo buena, ya verán ^^
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Capitulo 6: Archivo 2: Las vías del tren Primera Parte
—Por favor abordar por la puerta de la derecha, el tren partirá en un par de segundos – Se escuchó `por el altavoz de la estación subterránea, mientras miles de personas transitaban de un lado a otro.
Las puertas se cerraron y el tren partió con su velocidad de siempre. Dentro de la sala de máquinas, el conductor miraba al frente atentamente, a pesar de que fuese un tren eléctrico él sabía que debía estar muy alerta, pero jamás esperó ver lo que vio cerca del final del oscuro túnel. Una joven, una chica de largo cabello castaño, se arrojó sobre la línea frente a sus ojos y el tren la arrolló sin más, sin que él pudiera detenerlo o hacer algo para ayudarla.
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Mai dejó la habitual taza de té sobre la mesa de centro de la oficina, mientras que Naru leía el periódico, pero no paraba de mirarla de reojo. Tenía ya tres meses de gestación, su vientre apenas se comenzaba a abultar y sus hábitos alimenticios habían cambiado drásticamente, ahora Mai era capaz de devorar prácticamente lo que le pusieran a la mano, era realmente gracioso verla llenarse la boca de comida como una glotona, pero sin duda lo mejor era cuando sonreía con ilusión, con esa ilusión de convertirse en madre, de tener entre sus brazos a ese bebé que esperaba con ansias.
—Gracias – Susurró quedamente Naru, refiriéndose al té, por lo que Mai le miró con cierta sorpresa, ya que él jamás le agradecía por ello, según que era su deber como asistente, de verdad Naru había cambiado mucho.
—D-de nada Naru – Dijo la castaña con una pequeña sonrisa. Naru le miró y volvió su vista al periódico, dejándolos a ambos sumidos en un profundo silencio, que sólo se vio cortado al momento de que alguien tocara a la puerta.
Mai dio un pequeño salto y se acercó para abrir, divisando a un perturbado hombre, no demasiado alto, de cabello negro y ojos azules, el cual se quitó el sombrero y le saludó.
—Mucho gusto señorita ¿Se encuentra el señor Shibuya aquí? – Preguntó sin más, sin siquiera haberse presentado incluso, pero por la mirada que traía, Mai enseguida dedujo que se trataba de un nuevo cliente, era más que obvio que algo le había sucedido.
—Sí, pase por favor – Respondió amablemente. El hombre asintió con la cabeza, pasando a la sala en donde Naru se encontraba sentado.
El hombre se presentó como Ryosuke Kaio, un conductor del tren subterráneo, que apenas llevaba dos semanas en el cargo, sin embargo con sólo mencionar aquello, toda su piel se erizó, al parecer, del susto.
—Cuéntenos que le sucede – Dijo Naru, tan calmado como siempre. El hombre por su parte, lucía algo alterado, como si no hubiera dormido durante noches, sus párpados estaban cansados, sus manos temblaban apretando aquel sombrero, el sombrero de maquinista.
—Sucedió… desde mi primer día de trabajo… t-todos los días… a la once de la noche, cuando hago el último recorrido por la línea Ginza, llegando a la estación Shibuya… - Hizo una pausa momentánea, aún asustado ante lo que estaba por relatar —. Veo a una joven que se lanza a las vías del tren.
Mai enseguida se sorprendió con aquello, si de por sí no era nada natural que alguien se lanzara a las vías del tren, era todavía peor que eso se repitiera todos los días, como si fuera una horrenda cinta de terror, porque para ese hombre era así.
—Dice usted que la ve todos los días – Naru comenzó a hablar, interesado en el relato —. Pero dígame ¿Alguien más la ha visto a parte de usted?
—Así es, mi compañero de equipo al principio no la vio, pero después comenzó a verla igual que yo – Dijo, asintiendo con la cabeza —. La primera vez me detuve angustiado, pensando que había asesinado a alguien, pero me di cuenta de que no había nada en las vías, ni sangre, ni nada – Bajó la mirada y comenzó a sudar frío —. Pensé que sólo lo había imaginado, pero el suceso ha venido repitiéndose. Cuando al día siguiente vi a la misma mujer lanzándose a las vías, créanme que sentí un miedo terrible, es algo que no podría explicar con claridad.
—Tranquilo por favor, no tenga duda de que nosotros lo ayudaremos – Habló Mai de pronto, pues no podía ver la angustia de ese hombre y quedarse sólo mirando, por ende, observó a Naru con expresión demandante —. Naru ¿Verdad que le ayudaremos?
—Por favor, no saben lo agradecido que estaría – Insistió el hombre.
Naru estuvo varios segundos en silencio, hasta que finalmente habló.
—Hay que llamar al resto, tomaremos el caso e iremos hoy mismo – Respondió por fin, después de todo, este no le parecía un caso de alucinación cualquiera, menos si se trataba de la misma persona todos los días, seguramente era algún espíritu atrapado aún en este mundo.
En ese momento no creyó que las cosas podían llegar a complicarse realmente.
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—Oh, que lindura, Mai – Decía Ayako con una enorme sonrisa mientras iban en el auto que las acercaría a la estación de tren. Iba mirando la ecografía de Mai, en donde aparecía el pequeño bebé ya bastante formadito, lo que la emocionaba de sobremanera, al igual que a la futura madre, no siendo así con Masako, que sólo bufó molesta —. ¿Y dices que Naru fue contigo y todo?
Ambas no se veían desde hace algunas semanas, pues no habían tenido mucho trabajo que hacer, por eso, apenas hoy Ayako había podido ver las ecografías de Mai.
—Etto… sí – Mai desvió su mirada hacia Masako, incómoda. Aún recordaba sus palabras la otra vez, cuando le gritó en su cara que si ella y Naru no podían estar juntos era por su culpa y la de ese hijo que estaba esperando.
Lo peor de todo era saber que Naru amaba a Masako y no a ella, que para él sólo era un estorbo, a pesar de que lo amaba con todo su corazón. No quería causarle problemas a Naru, no quería obligarlo a hacerse cargo de la paternidad de su hijo, pero estaba tan sola en el mundo que no podía simplemente marcharse y dejar que él se desentendiera de todo, ya que, si lo hacía, quien pagaría las consecuencias sería su bebé, porque de ninguna manera ella sería capaz de abandonarlo, de darlo a otra familia, era su hijo y sólo ella debía cuidar de él, por muy que no hubiese planeado tenerlo.
—Que tierno, eso quiere decir que de verdad le importas – Continuó hablando Ayako. Mai vio como la médium apretaba los puños con rabia y ella sólo bajó la mirada con tristeza.
—No digas eso, a él sólo le importa este bebé – Susurró, llevándose una mano al vientre —. Yo no soy nada importante para él – Volvió a mirar de reojo a Masako, la cual le ignoró, viendo hacia la ventana.
—Mai… - Ayako la observó con tristeza. Era obvio que para Mai esta situación no era nada agradable, se sentía como una extraña en la casa de Naru, teniendo que soportar el que supuestamente ella había separado a dos personas que se amaban por culpa de su embarazo, pero ella no creía en lo más mínimo esa mentira, ese engaño burdo por parte de Masako. Nunca pensó que ella fuese así de envidiosa, pero como sea, iba a demostrarle a Mai que Naru no amaba a Masako, sino a ella.
El resto del camino permanecieron en silencio, ni siquiera Yasuhara –quien iba conduciendo- dijo una palabra, la situación se había tornado bastante incómoda para todos.
Mai cerró sus ojos, sólo un momento para descansar, pero cuando menos se dio cuenta, se vio en un lugar completamente distinto. Era la orilla de un andén del metro, frente a sus ojos se encontraban las vías y todo estaba en completo silencio. Estaba en el tren subterráneo, al parecer, en la estación de Shibuya.
—¿Qué hago aquí? – Se preguntó confundida —. Aún no hemos bajado del auto… ¿Entonces por qué?
—Él está cerca… y no quiere que sepan la verdad – Escuchó una voz, como un susurro. Escalofriante, que te calaba los huesos, como si no fuera de este mundo.
Mai volteó hacia su costado y, justo a su lado, había una chica que miraba hacia las vías. Las veía con expresión de dolor, como si supiera que era lo siguiente que iba a pasar. Su cabello castaño era largo y hermoso, brillante como pocos había visto Mai, pero ella se veía tan triste.
—¿Quién eres? – Le preguntó la asistente de Naru, convencida de que sea lo que sea que esa mujer estuviera haciendo aquí, no era nada bueno —. Dime… ¿De dónde vienes?
—Pronto el tren pasará, y me llevará con él – Fue todo lo que dijo la chica, aún perdida en las vías. Entonces, se oyó el sonido del tren a toda velocidad, acercándose a ellas. Mai volteó sólo un segundo para mirarlo y cuando volvió su vista hacia esa joven, la vio saltando.
Alzó la mano para detenerla, sorprendida. Sus labios se separaron en busca de palabras, pero sólo pudo oír el suave susurro de la chica.
—Él no quiere que se enteren…
—¡No lo hagas! – Exclamó Mai, observando con horror como el tren la arrollaba, pero entonces, justo en ese momento, sus ojos se abrieron y se despertó, exaltada.
—¡Mai! – Le dijo asustada Ayako, pensando en que algo malo ocurría.
Mai miró confundida a su alrededor, notando que ya habían llegado a su destino y que estaban detenidas. Masako ya había bajado y al lado de ella se encontraba Ayako, preocupada. Al oír el grito, al instante Naru se acercó, agitado y con expresión de inquietud.
—¿Qué sucede? – Preguntó, mirando a Mai con preocupación —. ¿Le pasa algo a Mai?
—De pronto ha gritado – Dijo Ayako —. Estaba dormida y sólo gritó.
Naru la miró entonces, con sus penetrantes ojos azules, capaces de hacerla temblar tanto o más que aquella noche en que ella se le entregó.
—¿Tuviste una pesadilla? – Inquirió.
La castaña asintió con la cabeza.
—Todo está bien, fue sólo un sueño, no es nada – Aseguró con una sonrisa, logrando tranquilizar tanto a Naru como a Ayako.
Cuando ya todo estuvo bajo control, salieron del auto para encontrarse afuera con el resto de sus compañeros, los cuales veían hacia la estación de tren, más desocupada de lo normal, ya que ésta solía ser muy concurrida por estar en plena zona comercial.
—Me parece que a la gente le está dando miedo venir aquí ¿No crees Naru-chan? – Preguntó el monje, a lo que el pelinegro sólo asintió con la cabeza, sin prestarle demasiada atención. No podía despegar sus ojos de Mai, de mirarla sólo a ella. Era la única persona que le hacía desconectarse completamente de su raciocinio y le obligaba a actuar impulsivamente, con el corazón.
Ahora lo comprendía un poco más, mientras más tiempo pasaba junto a ella, más fuerte se volvía aquel sentimiento de querer protegerla, de querer estar a su lado sin importarle nada.
¿Es que acaso aquello era amor?
—No tengo tiempo para pensar en eso ahora – Se dijo, cerrando sus ojos, pero al cabo de unos segundos los volvió a abrir —. Aunque… tal vez cuando este caso acabe… - Una pequeña sonrisa se formó en sus labios, una que nadie pudo ver, excepto Lin, quien le conocía mejor que nadie.
Todos entraron a la estación después de unos minutos. Naru se dirigió hacia el director, el cual era un hombre alto, de una edad aproximada de cuarenta años, o tal vez más. Tenía un semblante rudo y autoritario, además de su ceño fruncido. Se veía que era una persona de armas tomar.
—Soy el director, mi nombre es Takamura Soijou – Se presentó el hombre, dándole la mano a Naru, pero se mostraba bastante disgustado con la visita del joven director de SPR —. Siento que les hayan hecho venir hasta aquí – Sonrió —. Pero no será necesario que se queden, aquí no hay nada anormal.
Naru lo supo enseguida, ese tipo no les quería investigando en ese lugar porque algo ocultaba, pero ya se había metido en esto y no se iría sin averiguar la verdad.
—Si usted me permite, Takamura-san, es muy necesario hacer una investigación, pero le prometemos no estorbar – Insistió Naru, apretándole un poco la mano al hombre, el cual sonrió de mala gana.
—Como quieran, pero no hallarán nada.
Soltó la mano de Naru y se alejó, sin embargo, el joven no lo dejó dar demasiados pasos.
—Como aún es temprano, necesito ver las cintas de seguridad, por favor.
El hombre le miró de pies a cabeza, en forma despectiva. A Mai no le agradó en lo más mínimo la forma en que miraba a Naru, sentía deseos de golpear a ese tipo.
—Sígame – Fue todo lo que dijo, después de todo, él sabía que en esas grabaciones no encontrarían nada y tarde o temprano se irían.
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En la oficina de cintas de seguridad había una enorme cantidad de videos. Un guardia repasaba rápidamente las cintas, pero según el mismo Naru, las únicas que eran de interés eran las que miraban hacia las vías, así que todas las demás fueron descartadas.
—Lin, por favor pon las cámaras especiales – Pidió al hombre, el cual asintió con la cabeza y se alejó.
—Naru – Escuchó desde una especie de comunicador por radar, un artefacto que usaban los guardias del lugar. Miró hacia una de las pantallas y vio a Masako, quien se encontraba en la estación y miraba hacia la cámara —. No hay duda, aquí se encuentra el espíritu de alguien, y es bastante poderoso.
—¿Quieres decir que puede ser peligroso? – Interrogó, mirando de reojo Mai, quien se encontraba sentada mirando los videos de seguridad junto con Ayako y el monje.
—No exactamente – Fue la respuesta de Masako.
Naru suspiró, quitándose aquellos delgados audífonos, para notar como la sacerdotisa se le acercaba con expresión seria.
—¿Ha ocurrido algo con los videos de seguridad? – Preguntó con su habitual frialdad, viendo a la mujer negar con la cabeza.
—Nada.
—¿Entonces que sucede? – Frunció levemente el ceño, algo le decía que lo que tenía que decirle Ayako no le iba a agradar y que tenía mucho que ver con Mai y con su hijo.
Su hijo. Aún no podía creer con certeza que tendría un hijo con Mai, con esa chiquilla que conoció en la propia escuela de ella. Tan altanera y orgullosa, pero sin embargo era siempre justa y amable, de buenos sentimientos. No sabía en que momento su corazón había comenzado a latir con rapidez cada vez que la veía, pero aquel fenómeno no podía tener otra explicación que no fuera que en verdad la quería, aunque no supiera como decírselo.
—Se trata de Mai – Finalmente confesó la sacerdotisa, para voltear hacia la chica y luego a Naru nuevamente —. Cuando acabemos con este caso, quiero hablarte de ella, es algo importante, no vayas a negarte ni a decir que no te importa.
—Claro que no – Respondió Naru, con seriedad —. Todo lo que tenga que ver con Mai me importa.
Ayako se sorprendió ante la respuesta, pero no pudo decir nada más al oír una exclamación de sorpresa por parte de Mai y de Houshou.
—Es… - Comenzó la castaña.
—La chica… - Terminó el monje, ambos asombrados al haber divisado en el video a la chica -que a simple vista parecía una persona de carne y hueso- lanzándose a las vías del tren, para luego desvanecerse con el viento. Sin embargo, para Mai la impresión fue mucho mayor, ya que esa chica y la expresión que ella llevaba en el rostro, eran las mismas de su sueño.
¿Qué significaba todo aquello?
Continuara…
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Bueno, hasta aquí llegamos por ahora.
¿Qué habrá querido decir la chica en el sueño de Mai? ¿Qué verdad ocultará este caso?
¿Podrán llegar hasta el final los chicos?
¿Naru aclarará de una vez por todas sus sentimientos por Mai? ¿Y… que le dirá Ayako?
Bueno, pues todo esto lo sabrán en el próximo capítulo, que prometo que será más largo, ya verán ^^ al igual como pronto verán un poco más de nuestra linda pareja principal jeje.
¡Gracias por sus reviews!
Bye ^^
