Los personajes son de J.K Rowling, mía solo es la historia .


Después de recibir el mensaje de Hermione, corrió por los pasillos del colegio en dirección a las mazmorras. Sabía que era arriesgado pero haría cualquier cosa para no tener a la estúpida de Lavander como cuñada. Incluso si la expulsaban, que sinceramente lo dudaba mucho, habría merecido la pena.

Antes de entrar, miró a ambos lados del pasillo y sacó de su bolsillo una pequeña bolita de color transparente que había robado a sus hermanos durante las vacaciones.

Era uno de aquellos locos inventos que guardaban en lo que ellos pensaban que era su baúl secreto, pero para Ginny Weasley que había heredado su mismo cerebro maquiavélico y su tendencia a saltarse las normas, nada era secreto.

Miró la bola inquisitivamente y con una mueca de disgusto, se la metió en la boca y comenzó con el ritual.

Dos pasos hacia delante, uno hacia atrás, media vuelta, movimiento de caderas, dos palmadas y ¡PUUUUM! La bola explotó en su boca, dejando un gusto amargo que le provocó arcadas.

No había probado nada más malo en su vida, ni siquiera la sopa de arañas de la tía Begonia le ganaba, y eso era mucho decir.

—¿Estás bien Draco? – preguntó alguien a sus espaldas.

Ginny se giró temblorosa, todavía con el sabor amargo del caramelo y el malestar que le había provocado.

Pansy Parkison , una de la chicas más insufribles y estúpidas del colegio, le estaba dirigiendo una mirada preocupada. Pero eso no era posible... a menos que...

¡Si! El caramelo había funcionado. Pansy creía que Ginny era Draco porque estaba enamorada de Draco ¡Claro!

Debía encontrar algúna forma de agredecer a sus hermanos la creación de aquel caramelo. A pesar del sabor, habían hecho un excelente trabajo. Quizás si le hubiesen añadido un tallo de tulipán o un poco de violeta desecada...

—Draco ¿Qué haces? ¿Te encuentras bien? ¿Por qué saltas? — preguntó Pansy de nuevo, esta vez frunciendo el ceño.

Con la emoción del nuevo descubrimiento Ginny había comenzado a dar saltitos en el sitio

— ¿No te habrá vuelto a hechizar esa Sangresucia ?

—No es una s... —Ginny empezó a replicar pero luego se interrumpió, advirtiendo que a ojos de Pansy, ella era el detestable Draco Malfoy — Pues claro que no me han hechizado, estúpida. Esa Sangresucia y el estúpido Potter no me llegan ni a la suela de los zapatos. Los tiempos están cambiando como tu bien sabes y cuando el señor Tenebroso se alce y recupere el lugar que le corresponde, me encargaré personalmente de destruir a esos perdedores —dijo , imitando el tono desdeñoso que ponía Draco y esa cara de asco inconfundible.

El engaño pareció surtir efecto porque Pansy asintió con fervor, como si Draco fuese un Dios y todo lo que acababa de decir una religión. Aunque probablemente eso fuese lo que le habían inculcado de pequeña. Un escalofrío recorrió su espalda ante este último pensamiento.

Ensimismada en su mundo, no percibió cómo Pansy se acercaba precipitadamente hacia ella y le estampaba un beso en la boca. Nota mental: no afirmar que algo es lo más malo que has probado en tu vida, por lo menos, si aun no has besado a Pansy Parkinson.

—¿Me puedes explicar que haces? – gritó una chica detrás de ellos.

Antes de que pudiera siquiera reaccionar, notó como de un empujón la apartaban de Pansy y una chica, a la que conocía de haberla visto en el Gran Comedor en la mesa de Slytherin, le daba un gran bofetón y rompía a llorar.

—No me puedo crees que me estés haciendo esto Mark, además, con Pansy la rata —dijo la chica entre lágrimas.

—¿Que me has llamado estúpida?—exclamó Pansy, ofendida.

—Rata—replicó la chica, dirigiéndole una mirada cargada de rencor.

— ¿Me estás diciendo rata? Pues ya verás quién será la rata de las dos cuando acabe contigo.

Pansy saltó sobre la chica y se enzarzaron en una pelea que mucho más tarde se convertiría en el acontecimiento de la semana en Hogwarts. Las varitas estaban en constante movimiento y chispas de luz salían hacia todas las direcciones sin descanso. Cuando los candelabros del pasillo empezaron a convertirse en ranas y las alfombras en pelícanos, Ginny llegó a la conclusión de que si quería salir de allí con dos piernas y sin zarpas en las manos, debía marcharse inmediatamente. Con mucha pena de no poder presenciar aquel espectáculo legendario, emprendió la huida hacia el aula de pociones.

No tardó en llegar, y mucho menos en conseguir los ingredientes que buscaba. El profesor Snape debía confiar demasiado en que nadie se atrevería a entrar en su aula, y mucho menos, si tenia que pasar desapercibido entre la escoria de Slytherin que aparte de besar fatal, (como Ginny acababa de comprobar) eran unos chivatos de cuidado.

Aun así, no respiró tranquila hasta que salió de la zona de las mazmorras y se adentró en el castillo. Bueno, no había salido tan mal, se dijo mientras corría por los estrechos pasillos. No la habían expulsado, había conseguido lo que quería y había hecho estallar una pelea que mucho más tarde recordaría todo el mundo. Aunque claro, para que saliese bien había tenido que besar a Pansy, probar un caramelo que sabía a cuerno de dragón quemado y arriesgarse a acabar con una cola de gato en la espalda.

Alzó ambos hombros en un gesto de conformidad, nada era perfecto y aquel plan podía haber salido mucho peor...