Capítulo 4 Hazlo con delicadeza

No había tiempo para nada, era necesario ganar a la muerte y superar a su rival. Su cuerpo lastimado no iba a impedir que sus objetivos se cumplieran; Sin embargo ya era la segunda vez que caía desvanecido. La llegada de aquel joven misterioso y sus noticias había hecho que el esfuerzo del príncipe se incrementara mucho más que antes.

Algo sucedía más allá de los entrenamientos.

El corazón de Yamcha tembló, los celos lo carcomían. Bulma le brindaba sus atenciones a Vegeta y él los observaba sintiéndose sobrar. Se intrigaba cada día más observando cada señal entre ellos. No podía entrenar, su mente colapsaba en situaciones imaginarias.

"Ningún hombre podría vivir con Bulma sin que le llamara la atención… ¡Maldición!" Con inquietud pensaba Yamcha "Algo ya pasó entre ellos…" Estaba dispuesto a averiguarlo y a comprobar que sus aseveraciones eran ciertas. Sabía que en algún momento iba a estallar y no quería quedar aún peor con Bulma, sus discusiones acerca de su fidelidad estaban en su contra.

— ¿Qué haces ahí? — Bulma se sorprendió al ver a Yamcha afuera del cuarto. Salió de la habitación del príncipe con un recipiente de agua rojiza por la sangre que le limpió al moreno.

—Ah… No, es que… Estoy sorprendido del intenso entrenamiento que lleva…— Escondió sus intenciones.

—Es un maniático, ya le dije mil veces que así nunca se curará pero es muy terco. Toma— Le dio el recipiente. —Llénalo de agua limpia. Tiene muchas heridas y aunque se recupere rápido estaría mal si se infectara una. Aunque no sé si eso sea posible en un saiyajin— Miró que Yamcha quedó en silencio —¿Qué pasa?

—Eres muy amable con él— Miró el recipiente de agua con pringas carmesí y luego la miró a ella.

Bulma parpadeó unas cuantas veces —Claro… Es un sujeto muy obstinado, pero no creo que sea malo. Ya te lo había dicho. No tiene a donde ir y creo que es mejor que esté de nuestra parte— Miró al suelo —No sabemos por todo lo que ha pasado— Volvió a los ojos de Yamcha que mantenía un rostro pensativo.

Mantuvieron un silencio incómodo.

Yamcha había decidido irse a entrenar desde que vio el arduo entrenamiento del príncipe hace unos días, pero aún no se lo decía a Bulma. La situación entre Vegeta y la peliceleste le hacía dudar. No quería perderla.

—¡Salgamos! — El hombre rompió el silencio impulsivamente.

—¿Eh? — Bulma salió de su trance.

—Salgamos a cenar, prometo pagar todo, no importa el lugar— Su rostro marcaba una gran decisión y seriedad, tanta que Bulma no podía ignorarla.

La peliceleste miró a Vegeta en la cama. La señora Brief apareció espontáneamente asustando a la pareja.

—No te preocupes por el joven y apuesto Vegeta, vayan a su cita, yo lo cuidaré muy bien— Dijo la mamá de Bulma con las manos entrelazadas junto a su mejilla, regocijándose por el acontecimiento.

—¿Desde cuándo estabas aquí? — Le contestó Bulma. La científica empezaba a sentirse espiada.

Su madre quedó en silencio con su rostro sonriente.

Yamcha intervino —Vamos Bulma, ella cuidará bien de él— Le sujetó la mano a la peliceleste.

La joven notó la gran presión con sospecha y asintió —Está bien, pero no lleguemos muy tarde, tengo mucho trabajo que hacer, habrá una conferencia importante y estoy ayudando a mi padre— Suspiró. Entre su trabajo, su paciente lastimado y los androides, Bulma pedía un respiro. Pensó que sería bueno salir a divertirse una noche. Cerró la puerta de Vegeta para dejarlo descansar. Sonrió instintivamente al verlo dormir tranquilo.

La noche llegó rápidamente y la hermosa joven salió de la tina. Desenvolvió de la toalla su cabello celeste, antes de comenzarlo a secar se acercó a su cajón de ropa interior y buscó entre sus prendas la más sensual: Un conjunto negro de encaje con listones rojos. Se puso el conjunto y lo complementó con unas medias, de color humo, sostenidas con su liguero rojo escarlata. Miró su figura en su más grande espejo y moviendo su busto para acomodar sus pechos en el sostén se dio cuenta que debía apresurarse.

Perfumó todo su cuerpo con el perfume más caro de su colección, enfatizó el aroma a almizcle y frutos rojos detrás de sus orejas y el pecho. Combinado con su aroma natural, ella dejaba un halo de dulzura excitante.

Puso un poco de polvo translúcido en su rostro y dibujó con labial rojo sus labios rosados. Maquilló su mirada con el ajuste exacto y sutil para impactar a cualquiera con sus ojos azules. Su belleza natural resaltaba a cada retoque sutil de sus manos femeninas. Se veía cada vez más hechizante. Secó los rizos de su cabello y los acomodó con un producto espumoso. Dejó los caireles celestes retozar con ondulaciones sedosas sobre su clavícula y entre sus omóplatos, de manera larga y ensortijada su melena bailaba brillante. Miró su cabello y sonrió, aún sin mucho maquillaje su belleza era abrumadora y su apariencia la hizo sonrojar al imaginarse la cara de Yamcha. Esa noche era especial.

Miró la hora y se levantó para ponerse su vestido. Lo deslizó con suavidad dejando que la tela le acariciara el cuerpo. Su mano intentó engancharse al final del camino del cierre en su espalda; a pesar de sus esfuerzos no lo logró.

"¡Maldito cierre! ¡No lo alcanzo! Necesitaré que me ayuden" Dejando de presionar la pieza y empezar a caminar hacia la puerta, el cierre se abrió por completo, hasta el final de su espalda, obligándola a sujetar el vestido por delante.

Abrió la puerta de su habitación y se topó a escasos centímetros con el príncipe. Se miraron impactados por unos instantes.

—Ve-Vegeta… — La científica parpadeó aún sorprendida. Reaccionó— ¿Pero qué haces de pie con esas heridas? Lo sabía, mi madre no tiene el coraje de mantenerte en cama. ¿De dónde estás viniendo? Parece que no has estado en tu habitación porque vienes del otro lado.

El príncipe apartó la mirada para simular con un silencio. En realidad se había despertado al sentirse observado por la señora Brief y escapó por la incomodidad que le causó de una manera que no sería capaz de aceptar. Había acompañado a la mujer a su habitación del brazo.

Miró al piso con el orgullo herido. Regresó su mirada y le contestó a la peliceleste con enfado —¡Eso no te interesa! — No podía admitir su humillación —Ya estoy completamente bien, ¡voy a seguir entrenando! Ya perdí mucho tiempo— Comenzó a caminar. La voz de la joven lo detuvo.

— ¡Espera! si sigues esforzándote de esa forma acabarás matándote!— Cerró los ojos pensando que discutiendo con él no llegaría a nada —Escucha Vegeta, y escúchame bien que soy una chica muy lista— Llamó un poco la atención del príncipe, estaba curioso por saber con qué saldría esa obstinada mujer —Si sigues entrenando sin recuperarte del todo no lograrás nada, siempre terminarás en cama ¡y tu entrenamiento no avanzará nunca! ¿Es eso lo que quieres? — El moreno quedó en silencio enojado — ¿Verdad que tengo razón? — Agregó la peliceleste con un tono irritante para el príncipe. Vegeta dejó escapar un gruñido.

—Yo haré lo que quiera— Giró a dirección a su habitación y con rabia murmuraba entre dientes. Bulma trató de no reírse.

— ¡Ah! ¡Vegeta! — Le gritó aún con la mitad del cuerpo metido en su habitación.

— ¡¿Ahora qué quieres? — Le gritó el moreno ya harto de ser mangoneado por las mujeres de esa casa.

La peliceleste lo llamó con la mano para que se acercara. El príncipe no obedeció.

—Te digo que vengas, ¡Agh! ¡Grosero! — Salió por completo y le mostró con más claridad su hermosa apariencia de aquella noche. El vestido se le resbalaba y bailaba alrededor de su definido cuerpo. —Necesito que me ayudes— Se viró recogiendo su cabello ondulado con una mano, y le mostró su espalda de porcelana atravesada por el encaje negro de su ropa interior. La hendedura que dejaba el cierre mostraba parte de sus bragas y la línea curveada de su espalda. Los moños coquetos y figuras delicadas parecían burlarse del moreno.

—¡¿Quie-quieres que te ayude? ¡Exactamente a qué te refieres, explícate terrícola!— Contestó visiblemente alterado de una manera fuera de lo común.

—Ya te dije que me llames Bulma. B-U-L-M-A, no es tan difícil, y ¿qué quieres decir con eso?... ¡Ah! — La mujer miró hacia arriba comprendiendo con un sonrojo repentino —No debes conocer los cierres ¿verdad? Sólo te he dado ropa de botones y elásticos. Su tecnología es más avanzada así que… No debes conocerlos— Se acercó más al príncipe, éste retrocedió involuntariamente. —Vamos, que no te de pena, ¿ves esos dientes a los lados de la abertura? Justo abajo está el cierre, sólo tienes que agarrarlo y subir con suavidad, ¡Ten mucho cuidado que si utilizas tu fuerza bruta puedes arruinarme el vestido y es muy costoso! Hazlo con toda la delicadeza posible.

El hombre trató de agarrar con dos de sus dedos el zipper que se escondía entre los pliegues costurados de la tela. La ceja le empezó a temblar — Agh, esto es muy difícil— Murmuró con el sudor empezando a brotar.

La mujer lo escuchó — ¿No puedes? — Asomó sus ojos azules impactantes.

Tocó el orgullo del hombre sin querer. El príncipe la miró con odio y bajó su oscura mirada para continuar cazando el artilugio metálico — ¡Cállate! Por supuesto que puedo— Metió por fin una de sus uñas para sacar el obstinado cierre que se había encarnado al fondo de la costura. El hombre sonrió ante su pequeño triunfo como si hubiera vencido ya a los androides. Comenzó a subir el cierre tratando de medir su fuerza, era tan pequeño y frágil que su mano temblaba. El sonido característico del cierre se oía despacio y eterno. Vegeta trataba de concentrarse aunque sus ojos llegaron a ver por contadas ocasiones la piel inmaculada de la hermosa mujer, cuidadoso de no dañarla, sus manos comenzaron a sudar. Un ligero sonrojo le adornó la cara y tratando de ocultarlo bajó su rostro y se detuvo un momento.

— ¿Qué pasa? Apenas llevas la mitad— Bulma se asomó y trató de encontrar la cara oculta del moreno.

—¡No te muevas o te romperé el vestido!— Le gritó con fuerza mostrando sin querer sus mejillas teñidas.

Bulma quedó automáticamente en posición erguida al recibir el regaño, miró hacia arriba por el susto. Su corazón palpitó con fuerza, aunque ella lo ignoraba, su corazón latía al unísono con el corazón del príncipe. Ambos con la misma intensidad. Sus mejillas también se sonrosaron.

El cierre retomó la ruta, el tiempo se volvía denso como si pasaran los segundos por miel espesa. Los dedos del hombre rozaron su espalda desnuda en un descuido y un estremecimiento recorrió como un relámpago el cuerpo de la joven. Los dedos de Vegeta se apartaron como si la mujer ardiera en llamas y se hubiera quemado al tacto.

Sus respiraciones se acompasaron.

Vegeta siguió subiendo el pequeño metal hasta llegar al final. Suspiró aliviado y recuperó su postura al terminar. Había ganado una lucha dejando intacto su orgullo. La mujer se viró con suavidad dejando caer los caireles de su cabello. Mostró el fruto del esfuerzo del príncipe. El vestido satinado se ceñía a sus curvas, el liguero se notaba sutilmente por la raja a un lado del vestido. El príncipe apartó la mirada con rudeza.

—Gracias— Le sonrió la peliceleste.

—Hmp— Se volteó con indiferencia; Sin embargo al caminar a su habitación, frente a la de Bulma, una mirada inquisitiva regresó a la joven por unos instantes. La mujer quedó con la sonrisa en su rostro hasta que la puerta de Vegeta se cerró.

La peliceleste entró a su habitación para ponerse los guantes, un anillo y un collar de brillantes. Agarró su bolso y se puso sus zapatos rojos de aguja para salir al fin. Rechazó a su chofer ya que la hora se había pasado por mucho y necesitaba conducir lo más rápido posible.

Al entrar al restaurante se paró en seco. Yamcha estaba con otra mujer.