Versión de Vegeta, no es que estén invertidos, así es la continuidad jajajaXD lo siento por no aclarar, pero comprendo, con todos los errores que he cometido :b


Capítulo 6

Vegeta, el príncipe de las fieras

Vegeta miró sus heridas como si eso las hiciera sanar más rápido. Estaba acostado en la cama sin hallarse. Su sangre hervía y la desesperación de estar haciendo absolutamente nada le impedía descansar. Un hombre tan orgulloso siendo mangoneando por unas simples humanas no tenía perdón. Sobre todo aquella, la chica de cabellos celestes lo tenía con los nervios en punta.

— Estúpida chica terrícola — Rumiaba furioso. No era admisible que un príncipe de su alcurnia realizara acciones propias de un simple vasallo, como la de vestir a una mujer, que además se vestía para otro hombre. No es que eso le importara… Pero sin duda era una de las razones por las cuales no podía pegar los ojos, aunque en realidad se esforzaba por ocultarlas sintiéndose irritado por el simple hecho de cometer injurias ante su linaje; porque, un hombre como él, por lo menos de hace unos meses jamás hubiera permitido tales cosas como acompañar del brazo a una mujer tan débil para que lo dejara en paz. Sólo un dedo, un bendito dedo le bastaba para exterminarla, pero sabía, que si lo hubiera hecho no tendría los lujos de los cuales ahora gozaba, que en realidad, por la forma de vivir de algunos humanos a comparación, era trato de un rey. Pensaba bien, que la cabina de gravedad, que fabricaban en esa organización sólo por él, le traía beneficios sorprendentes. Han pasado unas semanas apenas y, a pesar del daño que ha recibido, su cuerpo empezaba a fortalecerse. Era su mayor objetivo. Por eso ahora necesitaba curarse. Rápido, ahora, y seguir aprovechándose de aquellos humanos que gozaban de tales privilegios, como riqueza e inteligencia.

—Mh— Musitó con una mueca reconociendo la inteligencia de aquel hombre canoso y la peliceleste. La rubia daba pena, para él ella nada más era una subnormal que no podía entender, además ¿Por qué no abría sus ojos? —Tsk— Con un quejido apretó el puente de su nariz tratando de liberar la tensión. Comenzaba a desviarse de sus pensamientos calculadores, con el cuerpo en reposo era lo único que le quedaba para no enloquecer, cosa que parecía estaba sucediendo.

Miró el techo y estiró los brazos a los lados.

Empezó a reflexionar su actual situación. Aquellos otros dos terrícolas podían crear la mejor tecnología del planeta, que en realidad no es que fuera la mejor que haya visto, pero por el momento entendía la posición socioeconómica del asunto. Pensaba como un gran estratega y esas cosas nunca las pasaba por alto. Había viajado a muchos planetas cómo para no saber el peso de las jerarquías, apenas él se había liberado de una para entrar a otra. No le fascinaba estar consciente de ello. Las costumbres humanas aún eran muy complejas, o más bien inútiles e inclusive estúpidas, para el sanguinario guerrero. Para él la humanidad no era nada más que una especie de prácticas a la cual no podría pertenecer, su orgullo era demasiado como para establecerse bajo esas costumbres. Por el momento sólo deseaba conservar su vida y luego vengarse de su rival, pero todavía no se hacía a la idea de adoptar a la tierra como un hogar. El a toda costa quería vencer a Kakaroto, y sabía que aunque lo matasen los terrícolas volverían a revivirlo, ¿Podría ser capaz de soportar eso? Tal vez matarlo cientos de veces para desahogar su supuesta humillación no era la mejor manera de pasar sus días. Estaba tan cegado con la necesidad de derrotarlo que por esa razón la serie de acontecimientos lo había llevado justo a ese punto. Pero luego, qué haría, dónde iría, ser el soberano total de todo el universo sólo para demostrar su grandísima superioridad empezaba a sonarle absurdo. Apenas podía soportar a esos tres terrícolas e ignorar a todo su grupo de sirvientes, lamebotas, que lo trataban como un invitado especial de la señorita Brief, dícese la chica vulgar y gritona, como para estar soportando a todo el universo. Eso lo vería después, ahora lo importante era derrotar a su rival y para eso tenía que vivir en esa casa de locos. No le cabía en la cabeza como aquella simple humana pudo atreverse siquiera a invitarlo a la casa. ¿Qué es lo que pensaba? Cómo es que logró tratarlo siquiera. Ninguna mujer, no, ningún ser vivo había logrado tal cosa. Su carácter tan rígido y el trato que recibió desde pequeño en el planeta Vejita lo habían convertido en un ser difícil de tratar, aún entre los saiyajin, que a pesar de ser crueles guerreros, lograban relacionarse como buenos compañeros. Pero él, él no, todos eran indignos.

Tapó sus ojos con el brazo con cansancio, no le agradaba pensar en cosas innecesarias. Suspiró profundamente. Ya quería entrenar y apenas habían pasado unos minutos. Cerró sus ojos con expresión pensativa y sin darse cuenta al fin se durmió.

Pasaron unas horas cuando un ruido le alertó.

Miró el reloj y abrió un poco los ojos, aún con sus cejas inclinadas y características, se notaba su sorpresa. En un pestañeo había dormido aproximadamente tres horas. Entendió el por qué de su apetito y caminó hacia la cocina. Al menos su cuerpo se sentía mucho mejor y con mucha más energía y poder que antes. Dentro de poco podría entrenar de nuevo en la cámara de gravedad.

Había perdido las esperanzas de encontrase al chef para comer como se debe y tenía que conformarse con la comida de las máquinas. Era más tarde de lo esperado y las luces estaban apagadas. Al prenderlas, encontró a la peliceleste sentada arriba de la mesa de la cocina, con botella en mano, dos botellas vacías en el suelo y una repleta en un balde con hielos. El príncipe quedó de a cuadros. No supo cómo reaccionar, pero no tuvo que hacerlo pues la científica lo hizo por él.

— ¡Vegeta! — Su embriaguez era notoria. — ¡Ven, acompaña a esta chica tan linda y tan sola! — Le dijo acercándose con un tambaleo. Antes de caer se colgó del cuello del moreno —Pero… Vegeta… Que guapo estás desde aquí, me dan ganas de besarte— La chica empinó los labios. El sonrose de sus mejillas era sólo producto del alcohol pues la vergüenza no se le notaba nada.

El guerrero apartó la cara con seriedad. Caminó con la chica colgando como si ella fuera una simple bufanda. Bulma se balanceaba feliz. El moreno vio la botella solitaria con el poco líquido que quedaba. Se sirvió una copa del vino y lo removió como todo un experto. Olfateó el aroma d la costosa bebida y lo degustó.

— ¡¿Pero qué..? —Se sorprendió por el nivel de alcohol de la bebida "¿Esta terrícola ya se tomó dos botellas así? La miró, con incredulidad y un tanto de interés, aún estaba colgada de él con su mejilla aplastada contra el musculoso pecho del saiyajin. No pensaba que un humano pudiera tener tal resistencia. Sonrió prepotente.

— ¡Acompáñame, anda! — Estiró las mejillas del guerrero que de sanguinario ya no le veía nada.

El hombre utilizó todas sus fuerzas para no mandarla a volar con su ki.

— No me gusta tomar — Le dijo serio y la sentó — El alcohol entorpece a la gente de por sí estúpida.

Bulma dejó escapar una risa tonta.

— ¡¿Qué, pero de qué te ríes? — Reclamó enfadado, con rabia la miró, también detestaba hablar con gente alcoholizada.

— No te creo nada, se nota que los saiyajin son bien mala copa, cuando ese tipo, el… el hermano de Goku sí, Raliz, Regaliz, Rábano, ¿Haz notado que todos suenan a verduras? Como si las verduras dieran miedo, uy, sí, mira ahí viene zanahoria, que terror… Y ahí llega ¡el gran vegetal!— Continuó hablando sin sentido con la cara risueña y las piernas juguetonas en el aire.

—Tsk, el debilucho de Raditz— No comprendía porque seguía contestándole, aunque en el fondo sentía un poco de curiosidad por conocerla en ese estado.

—Ah sí, ese, el del cabello largo, largo, era muy malo aunque no era nada feo, lástima que lo mataron, también pude haberlo domado. ¡Pues él, él llegó aquí con un aroma! Y era temprano, era de día— Bulma enfatizada con exageración su relato.

"También" Un tic en la ceja del moreno se notó, ¿qué quería decir con también?

Bulma lo miró y soltó una carcajada — Vegeta, ¿Nunca sonríes? Te va a dar algo si siempre tienes esa cara de estreñido— Lo imitó y rió de nuevo —Deberías relajarte un poco, que no eres hombre de buen beber, los príncipes deberían, además es el mejor vino de la cosecha— Le sirvió una copa.

— ¡¿Qué? Como que cara de… agh…— Ni se atrevía a pronunciarlo. Bebió el contenido de la copa de un golpe. Él era de los pocos saiyajin, por no decir único, que no iban a matar con unas copas encima, algunos con barriles enteros, a él le gustaba disfrutar las batallas con sus cinco sentidos en alerta. No podía creer que una humana le hiciera beber una copa de un trago por un comentario tan insolente y vulgar. Sintió como el alcohol pasaba por su garganta quemándole las entrañas. A pesar de su gran resistencia no estaba acostumbrado, pero no dejaría que nadie se enterase que, no moriría por el veneno más fuerte, pero sí terminaría humillado por un simple vino. Tenía que evitar que la humana siguiera sirviéndole. Si ella continuaba hiriéndole el orgullo podía terminar igual e incluso peor que ella y eso no lo iba a permitir.

— ¿Quieres más? Tengo muchas botellas más de donde salieron esas— Dijo la joven que ya estaba más rellena de alcohol que un jamón envinado.

El guerrero sintió la presión de nuevo —No puedo, mañana empiezo a entrenar— Sintió como si hubiera usado esa excusa como miles de veces. Pero decir: no, que el alcohol me afecta rápido era algo incapaz de decir — No tengo tiempo para estas idioteces, tenemos unos años antes de que lleguen los androides que mencionó ese mocoso— Dicho de esa forma no supo si empeoró su torpe excusa.

— Cierto… Es verdad— Se acostó en la mesa. Su vestido ya se le resbalaba y sus piernas de repente dejaban entrever lo prohibido — ¡Jah! La mesa se mueve, que curioso, ¿es la mesa o todo lo demás?, Vegeta…— Lo miró desde su provocadora posición.

El hombre entrecruzó sus ojos con los de ella.

— Voy a vomitar — La peliceleste puso su mano encima de su boca. El vómito de un borracho era otra de las cosas que el príncipe no soportaba del alcohol.

El guerrero se levantó con el tic de la ceja más pronunciado, y se dispuso a irse a su habitación, la situación ya no era curiosa o divertida, eran ese tipo de cosas asquerosas las que le revolvían el estómago. La función había acabado.

— ¡Vegeta! ¡No me dejes aquí, simio asqueroso! — Se levantó con decisión y una actitud desafiante, contraria a la risueña que había mostrado, su cuerpo era un contenedor lleno de líquido pesado que no podía equilibrar — Sí, claro que sí, eres un simio asqueroso, un demente psicópata, debes venir cuando yo te hablo, que tú te crees el gran príncipe, pero yo, yo Bulma Brief soy la reina de este lugar, y tú, malnacido, estás en mi reino— Sus palabras se arrastraban y había adquirido un extraño acento que sonaba de los barrios bajos de la zona.

El moreno reaccionó enfurecido, ¿Qué se creía aquella mujer? Se viró con los dientes chirriantes.

Bulma soltó una risa llena de oscuras intenciones, a pesar de su estado aún podía pinchar su orgullo y puntos débiles. Después de la noche que había tenido y con el alcohol en las venas su mente maquinaba una manera de divertirse un poco a costa de su atractivo invitado. ¿Qué más daba? Era divertido jugar con fuego y en ese momento le parecía mucho más divertido ser una pirómana. Se levantó de la mesa y mal disimulando su paso vacilante se acercó al guerrero le acarició la mejilla y sonrió con picardía. Su rostro era la de una mañosa.

Vegeta apretó sus puños, golpearla no era una opción, matarla sin dolor tal vez, pero que muera con esa sonrisa estúpida en la cara le daría más rabia que nada — Será mejor que te duermas— Dijo aguantándose las ganas de empezar una guerra de insultos, se moría de ganas de decirle hasta de lo que se iba a morir, que en caso, era muy probable. Sabía que era una pérdida de tiempo, pues al final ella no podría recordar si él ganaba, pero si perdía, él podría recordarlo toda la vida.

— Duerme conmigo… — Su actitud de mafiosa cambió drásticamente. Su cara estaba acurrucada en la cuenca entre la mandíbula y el hombro del príncipe, respirando cerca de su pecho, somnolienta y con una pizca de melancolía lo miró — Por favor…

Con un poco de sorpresa disimulada, el aura maligna del sanguinario se suavizó un poco. Se volvió a sentir intrigado de nuevo con aquellos cambios de humor que no podía comprender." Estos humanos son tan extraños" pensaba. Levantó las piernas de la mujer y se encamino a su habitación con seriedad, el cuerpo de la peliceleste se sentía tan suave y frágil entre sus brazos de acero. Era una criatura liviana que podía hacer pedazos si no calculaba bien su fuerza. No sintió ninguna necesidad de protegerla, una mujer como ella parecía comprender muy bien dónde se metía, haber jugado con él de esa forma demostraba su agresivo carácter y su gran fuerza, algo que indudablemente le gustaba. El guerrero se detuvo en la habitación de la científica.

— No, no me lleves a esa cama… — Ocultó su cara en el pecho del saiyajin.

—Ahg— Vegeta gruñó, él hacía ese favor y todavía se atrevía a seguir ordenándole — ¡Y a dónde más quieres!— Gritó, el hombre no sabía ser delicado. Ella apretó los ojos aguantando el grito tan cercano.

— A tu cama… No me dejes sola— Se acurrucó como un gatito hambriento.

El príncipe la miró unos instantes. Miró a otro punto pensativo y luego de unos momentos sonrió como si una grandiosa idea se le hubiera ocurrido —Está bien… Vendrás conmigo— Dijo con la confianza de un asesino a sangre fría.

Ahora le tocaba a él divertirse. Le iba a demostrar que tan salvaje podía ser Vegeta, el príncipe de las fieras.