Contiene lemon.


Capítulo 7 ¿Qué dijiste Vegeta?

Habían pasado horas desde que Vegeta entró a la cabina de gravedad, se hacía de noche. Bulma se encontraba pensativa en el laboratorio, cerca de su área de trabajo estaban los botones del intercomunicador de la nave donde él se encontraba, pero aún no tenía la mejor estrategia para abordarlo.

"Sólo le preguntaré y es todo" Pensaba mientras sus uñas retocaban sobre la mesa. Posó su rostro sobre su mejilla, enfrente de ella tenía unos dispositivos que tenía que terminar.

— Hija, Bulma — Trató de llamar su atención el papá de Bulma, pero la chica de cabellos aqua no salió de su trance — Hija…— Se acercó y le puso la mano sobre su hombro.

— ¿Ah? Papá… — Reaccionó la joven al toque.

—Creo que ha sido suficiente, luces cansada, si estás distraída haciendo un dispositivo como éste te pondrías en peligro hija, mejor ve a descansar que bien que te lo mereces, el equipo y yo terminaremos el resto— Le sonrió paternal.

— No papá, estoy bien, pronto sales a tu viaje para la gran convención científica y debes mostrar tus proyectos y ¡demostrarles quién es el líder! Prometo no distraerme más, apenas te vayas a la convención yo me quedaré a cargo y no puede ser que me canse tan rápido, ¿no crees? — Su padre miró a su pequeña y le sonrió en aprobación — Vamos, trabajemos— La científica se levantó por una taza de café para su padre y ella, no era tiempo de pensar en Vegeta, él hacía su mayor esfuerzo para entrenarse y ella tenía mucho trabajo que hacer. Ambos luchaban a su manera.

— Estaba pensando… — Dijo el padre de Bulma mientras con un soplete terminaba los detalles de una máquina del tamaño de un refrigerador. Apagó la herramienta y se quitó el protector de los ojos — Ya pronto viene verano y la casa de playa está desocupada. Sabes Bulma, yo ya soy un hombre viejo…

A Bulma se le apretó el corazón, sintió que su padre venía venir la muerte.

Continuó el científico hablando —…Y no sabes las ganas que tengo de tener un nieto, ¿Qué tal si tú y Yamcha van?— Bulma se cayó de su silla.

— ¡Papá! ¡¿Pero qué cosas dices? Por un momento pensé que te estabas muriendo— Se levantó tratando de reponerse de la extraña invitación de su padre. Se sentó al fin y cruzó las piernas y los brazos.

— ¿Muriéndome? — Miró al techo y luego vio a su hija — Pues no, no creo, aunque más joven no me estoy volviendo, ¿Por qué? ¿Me veo enfermo?— El hombre como siempre tan disperso.

A Bulma le tembló su delgada ceja — No papá, te ves muy sano, aunque te lo explique no tendría caso. Lo que no comprendo es tu proposición, sabes, esta mañana corté con Yamcha, así que tu nieto tendrá que esperar.

— ¿Cortaron? Ah, que mala noticia — quedó pensativo y luego volvió a su hija — ¿Y qué tal Vegeta? — Agregó con toda la simpleza del mundo.

Bulma se volvió a descolocar — Pa…pá… ¿Tanto quieres un nieto? — Trató de reponerse.

— ¿Eh? Un nieto… Ah no, no eso quise decir con Vegeta, es que es un desperdicio que haya mandado a arreglar la casa, pensaba que podrían ir a pasarlo bien, si sale un nieto estaría muy bien, pero no esa fue mi intención inicial — El científico lo dijo de tal forma que no se sabía si lo decía en serio o sólo por decir, con aquel hombre era difícil saber. Volvió a ponerse el protector y terminó de sellar la máquina —Mira hija, quedó bien, ¿Verdad?

La joven aún no se recobraba por completo. Sacudió su cara y se dirigió a su padre — Ay papá, de verdad que estás en las nubes, no podríamos vacacionar así como así, Vegeta está entrenando duramente porque en unos años llegarán unos terribles androides que amenazarán con destruir toda la humanidad. ¡Como me gustaría tener tu tranquilidad! Yo me muero de nervios de solo pensar en esas horribles cosas.

El hombre quedó pensativo — Cierto, los androides, que pena, la casa se tendrá que desperdiciar este año, con lo linda que seguro la dejaron.

Bulma aún no podía comprender la mentalidad de su padre — Papá, y por qué no vas tú con mamá a la casa — Agregó tratando de solucionar lo que creía un conflicto.

— ¿Nosotros? ¿Y nosotros para qué? Si no queremos otro hijo— Agarró la pipa de su boca.

Bulma tiró un grito que hizo que todo el laboratorio temblara.

En la cámara de gravedad también se pudo sentir el temblor. Vegeta se aturdió un poco, pensó que fue alguna explosión en el laboratorio. Bufó y continuó con sus ejercicios, llevaba todo el día intentando transformarse en súper saiyajin, lo había logrado por un instante, aquella vez en uno de sus viajes en busca de su rival, pero no podía controlarlo. Sabía que la clave estaba en su furia, así que su duro entrenamiento también tenía sus dosis de rencor y odio por parte del moreno. Pero aún necesitaba algo que lo dejara permanecer en ese estado por más tiempo. Concentró toda su rabia y empezó a descargar el gran poder que había incrementado en ese tiempo. Las grietas de la nueva nave dejaron que se eleven pequeños trozos. El cabello del hombre se erizaba y un rubio intermitente brillaba. Logró convertirse 3, 2, 1, 0 segundos. El poder escapó y cayó al piso.

"¡Maldición aún no es suficiente! ¿Cómo es que yo, el príncipe de los saiyajin no puedo controlar el estado del super saiyajin, y un insecto de clase baja como kakarotto sí" Golpeó el piso, la nueva nave estaba comenzando a resentir el trato tan severo del guerrero. Volvió a ponerse en pie el príncipe y a intentar concentrar toda su furia esta vez con más fuerza. Gritó al sentir la temperatura de su cuerpo quemándolo por dentro, de nuevo el brillo dorado se entrecortaba.

Pasaron horas con el mismo procedimiento. Vegeta estaba con el cuerpo maltratado de tantas ocasiones que se convertía en el súper saiyajin. Por momentos volvía a hacer sus ejercicios y regresaba a intentarlo con más fuerza sin importarle lo molido que tuviera el cuerpo. El piso temblaba, las grietas de la, ya no tan nueva, nave crecían.

Bulma apareció en el monitor del intercomunicador, había instalado en esa nueva nave una alarma de peligro para avisarle cuándo necesitaba una urgente reparación — ¡Vegeta! — Gritó al ver al hombre — ¡Estás rompiendo la nave de nuevo, sal de ahí en ese instante antes de que estalle, no pienso hacerte otra nave si continúas destruyéndolas de esa manera! Es más sencillo repararla cuando no son miles de trozos regados por mi jardín, ¡hazme caso y sal inmediatamente de ahí! — Siempre pasaba lo mismo, lo miró. Se veía diferente, la peliceleste sintió un estremecimiento.

— ¡¿Quieres callarte de una buena vez? Me tienes hasta la mierda de que me sigas jodiendo de esta manera, tengo que convertirme en súper saiyajin y tú no me lo vas a estropear, ¿oíste? Que te quede muy claro que tus problemas me valen ¡un puto carajo! ¡Agh! — Tiró un grito al sentir el poder en su cuerpo.

— Ve… Vegeta… — Bulma se asustó por primera vez. El brillo de su alarma comenzó a cambiar a un color rojo, no era tiempo de que le tuviera temor. — ¡Sal de ahí Vegeta! ¡La nave va a estallar! — El monitor se agrietó.

— ¡Déjame en paz! ¡Tú y tu puta raza ya me tienen harto! ¡Llena de estúpidos sentimentalismos!— El ki tan poderoso que comenzó a soltar hizo estallar el monitor dejando a la científica sin comunicación. Los ojos del moreno quedaron de un azul frío — ¡Tsk! Estúpida raza llena de preocupaciones inútiles, qué le puede importar lo que me pase, yo no voy a morir por tan poca cosa, insulsa golfa, no necesito su lástima, ni a ella, ¡ni a nadie! — Tiró un grito largo. Su piel se transparentó y el rubio tiñó su cabello. — Si se atreve a venir la mataré antes que la explosión— Tiró más energía dorada. La nave comenzó a desequilibrarse. Un crujido duro y seco empezó a sonar.

Bulma corría cerca de la nave. Vegeta sintió su presencia y mandó una onda de ki que la desplazó lejos, dejándola en un lugar seguro.

Esa onda de energía fue lo suficiente para que la nave hiciera su explosión inminente. El humo y los trozos de nave volaron. La nocturna ciudad del oeste tembló.

Luego de una larga alucinación de victoria Vegeta abrió los ojos, a su lado Bulma dormía, era la tercera vez que la veía velando su sueño, tan tranquila y dulce. Esta vez sentía que sus huesos apenas se estaban soldando. Estaba conectado a una maquina con la marca de la Capsule Corp. Había conseguido convertirse en súper saiyajin a voluntad y por más tiempo. Estaba contento por ese paso, aunque todavía necesitaba entrenar con ese estado en plenitud.

Bulma abrió sus ojos con pesadez, miró al guerrero despierto, con su mirada pensativa y calculadora.

— Estás pensando en seguir entrenando… ¿Verdad? — Le habló con un poco de debilidad debido al cansancio. El moreno la miró y, luego de observarla unos instantes, desvió sus ojos hacia otro punto. — No tienes remedio, después de todo eres el príncipe de los saiyajin… — Talló con una mano uno de sus ojos azules. Se incorporó y se acercó al moreno. La poca distancia entre ellos incomodó un poco al guerrero.

— ¿Cuánto tiempo llevo inconsciente? — Preguntó con seriedad al ignorar la cercanía.

— Una semana — Le contestó la peliceleste preparada para ver su reacción.

— ¡¿Una semana? — Se movió de golpe y su cuerpo se resintió.

— Sí, estuviste a punto de morir, así que no te muevas mucho, aún tienes el cuerpo muy lastimado…— La peliceleste estaba estableciendo al fin una conversación con el moreno. Lo arropó. Vegeta no podía acostumbrarse a ese trato tan amable. Nadie lo había tratado de esa forma.

El moreno notó un vendaje en el brazo izquierdo de la peliceleste.

— La explosión te alcanzó.

Bulma lo miró —Ah, esto— Señaló la venda — Sólo fue un pequeño golpe, no sé cómo, pero creo que la fuerza de tu energía me hizo volar lejos de la explosión, te has vuelto muy fuerte, me atrevería a decir que fue tu energía la que me salvó — Agregó sonriente.

—Hmp…— Resopló — Mi poder levanta piedras, es obvio que si te alcanzó ibas a salir disparada— Disimuló su cortesía. No podría admitir que le salvó la vida a conciencia.

— Lo sé — Lo miró contenta. La peliceleste tomó un trapo mojado y se lo tiró en la frente.

— ¡¿Pero qué te sucede? — Gritó el guerrero ofendido.

— Tengo asuntos pendientes contigo, aún me tienes que explicar por qué te aprovechaste de mí cuando estaba ebria — Le replicó con un dedo en el cielo y el rostro confiado — Eres un pillo, Vegeta, quién lo diría, pero no creas que te vas a salir con la tuya, no señor, tienes que hacerte responsable, te advertí que no podías enamorarte de mí , no te culpo, sé que soy una chica muy linda y sensual…— Cruzó los brazos muy convencida de sus palabras. Había practicado varias veces esas palabras. Abrió un ojo para ver la cara del príncipe.

El moreno no le interesó el dolor para sentarse y quedar a su altura.

— ¡Estás loca si piensas que me aproveché de una mujer de una raza tan inferior como la tuya! — Le gritó en la cara.

Bulma se hizo para atrás para que no le escupiera. — ¿Qué, dices que no hicimos nada? Pero que extraño, tú me hiciste creer que sí cuando saliste así de la ducha… — Recordó la chica, aquella situación tan seductora no podía olvidarla fácilmente.

— ¡Porque me hiciste pasar una horrible noche con tus impertinencias! ¡Quería que sufrieras exactamente la misma humillación que me hiciste pasar! ¡Ahg! ¡Pero que mujer tan frustrante eres,Bulma! — Sacó la sopa de tan enojado que estaba.

La peliaqua abrió grandes los ojos, no podía creer lo que sus oídos escucharon, ¿la había llamado por su nombre?

— ¿Qué…? ¿Qué dijiste Vegeta?... Repítemelo por favor — Le dijo asombrada.

Vegeta se extrañó por la manera que lo veía y contestó un poco con más suavidad aunque aún molesto — ¿Qué? ¿Qué, qué dije?... ¡Que eres un fastidio! ¡Escúchalo bien, mujer sorda! — Remató.

— No, no eso — La peliceleste se acercó a su rostro para mirarlo bien, se aseguraba que no estaba soñando. Parpadeó unas cuantas veces al ver a un Vegeta tan extrañado, se notaba que ni él mismo se había dado cuenta de ese pequeño detalle — Dijiste Bulma, ¿verdad? ¡Dijiste mi nombre! ¡Lo sabía! ¡Te enamoraste perdidamente de mí! Estás loquito, loquito por mí — Lo picó de tan contenta que estaba.

Vegeta se quedó pasmado procesando la información, hasta que reaccionó — ¿Qué si me enamoré de ti? ¡¿Qué estás loca? Es lo más demente que has dicho, ¡yo no tengo esos sentimientos tan inútiles, serás imbécil! Yo te puedo decir como me venga en gana, ni sueñes que podría tener sentimientos hacia ti, ¡a mí no me interesa nadie! — Gruñó.

Bulma sonrió pícara. Tomó la mejilla del moreno, que apenas pudo reaccionar por su tacto suave, y lo besó.

Soltó sus labios tibios de los de ella, dejando a un Vegeta confundido — Está bien… No te intereses en mí. Ambos seremos igual de irresponsables. — Lo tiró a la cama aprovechando su debilidad. Se puso sobre él y lo besó de nuevo con fuego en la lengua — Pero… Llámame de nuevo por mi nombre…

El guerrero sonrió con malicia, el sexo de la científica palpitaba excitado sobre su miembro. El calor de ambos cuerpos se mezclaban y poco a poco el bulto entre sus piernas empezó a presionar encima de la tela latiendo con fuerza en respuesta de aquel hechizo femenino.

—Jeh… Eres una mujer muy vulgar… Bulma…— Sonrió satisfaciendo su pequeño capricho. Que ella se le hubiera abalanzado de esa manera tan atrevida, lo excitaba. Acarició la espalda tersa por debajo de la blusa de la joven, desabrochó su sostén para jugar con uno de sus pechos suaves y esponjosos. La besó con la pasión de un guerrero de su linaje. Ella soltó un gemido.

— Ah… No te muevas… Aún eres mi paciente… —Mencionó en un ronroneo la peliaqua, con sus diestras manos acarició los montículos del cuerpo musculoso del príncipe. Duros y calientes como su miembro. Decidió mojarlos con su saliva para hacerlos parecer a lo que escondía entre sus piernas. Su enorme pectoral tenía un punto sensible y rosado que comenzó a mordisquear y a relamer.

El moreno comenzó a regocijarse con el placer de la filosa lengua de su atrevida enfermera. Su viril miembro se endureció y a pesar del peso de las caderas de la mujer, con un movimiento podía romper la ropa y todas las telas para atravesarla debido a su gran fuerza saiyajin; Pero Bulma lo detuvo con cuidado con su mano grácil, sostuvo el falo duro y caliente, que borboteaba líquido transparente, y aunque apenas le cabía en la mano comenzó a jalar el cuero de carne que lo envolvía de arriba a abajo.

— No tienes que hacer nada… Déjamelo todo a mí… — Uno de sus dedos jugueteó la punta resbalosa de la erección del hombre — Vegeta… Es enorme… No sé cómo me va a caber… — Mencionó la científica con algo de temor y una terrible excitación.

El príncipe sonrió orgulloso — Y aún no lo has visto en su máximo poder — Elevó la cadera dejándolo saltar y crecer, una onda de ki lo envolvía, las venas de su gran falo saltaban y bombeaban intrépidas, el miembro creció con fuerza.

— ¿Todo eso es para mí? — Rió con picardía la mujer, relamió sus labios con un apetito voraz. Se metió todo el sexo varonil del guerrero, atragantándose y haciendo espacio dentro de su garganta para no morir en el intento.

Vegeta abrió los ojos asombrado, la atrevida mujer fue capaz de mamárselo con un gran poder. Tanta agresividad de esa boca, que se lo devoraba entero, hacia que el sudor se le derramara de la frente. Se sujetó de la cabeza revuelta de la joven, tratando de guiarla, pero pronto notó que la mujer no necesitaba guía, que encontró el punto exacto para hacerlo vibrar. El líquido viscoso salió disparado dentro de la garganta de la joven, lo tragó sin asco como un animal sediento. El príncipe jadeó encantado de la habilidad tan virtuosa de los labios rosados de la peliceleste.

— Esto no se puede quedar así… — Con el aliento entrecortado agregó el príncipe, su orgullo no iba a permitir que sólo ella jugara con su cuerpo a diestra y siniestra. Olvidándose de sus heridas, sujetó a la mujer para arrancarle las ropas, y la penetró con violencia. Aún con el cuerpo molido su energía y poder eran impresionantes, cada embestida sacó los gritos estridentes de la científica. El dolor y placer sacaron lágrimas de los ojos azules de la peliceleste. Pero no podía parar, el huracán que estaba dentro de su sexo hacía el estrago más delicioso que había sentido en toda su vida. Sentía que no podía aguantar más, que se rompería en pedazos, que la partiría a la mitad y moriría feliz. Varios orgasmos pasaron como relámpagos furiosos e intempestivos. Cada grito lo soltó casi arrancándose el cabello y arañarándose la piel de tanto calor que tenía adentro.

Terminó rellenándola con su semen, lleno de poder y energía, que adentro suyo la retorcía de pequeños espasmos. Su corazón parecía estallar.

— Te daría más… Pero estoy herido — El orgulloso saiyajin le dijo roncamente a su oído. Bulma suspiró con exquisita dificultad.