Este capítulo contiene lemon. Gracias por los reviews, pronto quedará a la par con el otro sitio :3
Capítulo 9
Rompiendo el hielo
La peliceleste despertó en su habitación con la esperanza de ver el rostro del moreno a su lado. El último pensamiento que apareció en su cabeza, antes de caer desvanecida, la atormentó, ¿Acaso Vegeta estaba preocupado por ella? ¿Él se había dado cuenta de su lamentable estado? Su corazón tembló ante la posibilidad. Recorrió la habitación con sus cristalinos ojos, él no estaba ahí. Una criada con amabilidad se le acercó para atenderla.
— Señorita Brief, que bueno que ya despertó, nos preocupamos mucho al verla inconsciente en el pasillo… Por suerte la encontró un empleado nocturno.
Bulma le sonrió agradecida.
Después del incidente los días comenzaron a correr. Los padres de Bulma regresaron de su viaje. El moreno y la peliaqua, iban y venían como dos desconocidos, evitándose el uno al otro. Las miradas interceptaban incómodas, se desviaban, las respiraciones parecían ruidosas. El orgullo del guerrero lo dejó mudo, la científica mantuvo la distancia. Ninguno cedía. Los padres de la muchacha, los criados e incluso el resto de la servidumbre, notaron cierta tensión en el aire.
Al pasar unos días, sin previo aviso, la incomodidad acabó, una ola de serenidad invadió la corporación. La calma de Bulma era poco usual. Sonreía y trabajaba como si nada hubiese pasado. Lo que pasaba por su mente era un misterio. Vegeta, a pesar de ser tan observador, no se percató del cambio en la científica, tal vez no quería notar nada. Estaba concentrado en acabar con su rival, intentaba arduamente que su mente estuviera ocupada en sus verdaderos objetivos. Los estúpidos sentimentalismos humanos eran desplazados de esa manera, con arduo y duro entrenamiento. Cualquier pensamiento indeseado era eclipsado con sus tremendos ejercicios. El guerrero comenzaba a sentirse confiado de nuevo, sin ninguna interrupción, avanzando sin problemas. Pensaba que aquel desliz había pasado a la historia y había recuperado su naturaleza saiyajin. Todo había quedado en el pasado.
El calor del verano comenzó.
El moreno salió de la cámara de gravedad. Sus músculos palpitaban agotados debido a la exigente disciplina que llevó durante la semana. Limpió el sudor de su frente con una toalla, la brisa tibia de la noche veraniega le rozó el rostro. Miró el césped cerca de sus pies que bailó por el suave viento. Tanta tranquilidad de repente le pareció molesta por alguna razón. Tan vacía y aburrida. Entró a la casa, visualizó el interior, dentro, la peliceleste leía una revista, tenía una bebida rosada en una mesa. El guerrero pasó cerca de la mujer, dejando huellas lodosas, en un intento de que la científica saliera con alguno de sus comentarios para entretenerse un poco. Sin embargo; la mujer ni siquiera lo miró, pasó la hoja de su manga y le dio un sorbo a su bebida, rió al leer la tira cómica. Vegeta gruñó en su interior ¿Lo estaba ignorando? ¿A él? Subió por las escaleras con el orgullo herido, sin comprender cómo es que aquella gritona no le había regañado por su insolencia, normalmente una provocación como esa hubiera resultado sin ninguna falla.
La mañana siguiente trascurrió como siempre, la rutina empezaba a inconformar poco a poco el moreno, no entendía por qué de repente estaba tan ansioso, él quería eso, esa terrible y agobiante paz. La deseaba tanto y ahora, de repente, comenzó a odiarla. ¿Qué era esa sensación? Estaba frustrado y confundido de nuevo. Caminó a paso firme dentro de la casa como cada noche. Visualizó el interior, ella no estaba ahí.
— Tsk— Caminó buscándola con los ojos. Pasó por los pasillos detectando su débil presencia hasta que la encontró. Apoyó su espalda a la pared, cruzó los brazos. Ella tenía que pasar por ahí.
La peliceleste cargaba unos planos distraídamente. Caminó sin notar la presencia del guerrero. El moreno se perturbó, ¿Qué fue aquello?, ¿Por qué lo ignoraba de esa manera?, ¿Desde cuándo?, una exasperante sensación lo empezó a controlar. Caminó furioso a su habitación, entró a su baño y azotó la puerta destrozándola por completo. "¡Lo que me faltaba!" Golpeó la pared agrietándola. Tiró un gruñido audible. Se duchó sin puerta en el baño.
Tercer día, al amanecer, el moreno bajó de su habitación, tenía debajo de los ojos una sombra oscurecida. Lucía cansado. Entró a la cámara de gravedad sin desayunar y los sirvientes miraron al cielo esperando que llovieran peces. Bulma pasó por la cocina con ropas de verano diminutas. En silencio se sentó junto a sus padres y comieron en silencio los tres. La servidumbre volvió a ver el cielo esperando ver los peces caer.
Vegeta encendió la gravedad— Esa estúpida humana — Masculló. Tiró unos golpes al aire y comenzó su rutina. Por momentos, viraba el rostro al monitor esperando alguna señal. Se regañó a sí mismo en su interior. Cayó al no soportar su peso, sus músculos estaban demasiado adoloridos y su mente estaba agotada por la falta de sueño. Reunió la fuerza que le quedaba para apagar la máquina, debía comer algo y dormir para poder continuar con su dosis diaria de preparación. Entró de nuevo a la casa, ella estaba ahí desayunando tranquilamente, como si él no existiera. Tenía que lograr que la peliceleste le dirigiera una mirada, una palabra, lo que sea… Pero él no quería hablarle, tenía que ser ella y sólo ella, él no se rebajaría de esa manera. Ella debía notar su presencia, ¿Cómo es posible que lo haya olvidado con tanta facilidad? No hace mucho la vio con lágrimas en los ojos pidiendo quedarse en su habitación, ¿Era una actuación?, De repente se sintió extrañamente traicionado y la angustia envolvió su pecho.
— ¡Ah! Apuesto y joven Vegeta, ¿Nos acompañarás en el desayuno? — Dijo la madre de Bulma, al verlo ahí parado con una expresión frustrada.
Bulma continuó comiendo indiferente. La ceja del guerrero se frunció al no ver reacción de parte de la científica, el moreno se sentó en la mesa para desayunar sin contestarle a la rubia. Siempre se levantaba más temprano para evitar encontrarse con esos individuos, especialmente esa mujer, y devoraba su desayuno para entrenar lo más rápido posible, pero esa vez haría una excepción para no perder de vista a Bulma y saber de una vez por todas qué es lo que estaba pasando por su cabeza. Pronto le sirvieron un gran buffet, el guerrero tomó los utensilios como todo un caballero y comió con cuidado al ritmo de los demás. Su actitud despertó curiosidad en todos menos en la peliceleste.
El sonido de los cubiertos creaba música. Vegeta hacia un movimiento, Bulma contestaba con otro. Los padres de la chica veían el espectáculo como si fuera un partido de tenis.
En medio de la mesa, al tazón de frutas sólo le quedaba una fresa. La fruta, tan roja y brillante en el fondo del traste, casi gritó al ver los tenedores de ambos aproximarse. Vegeta estaba más lejos y se subió a la mesa para alcanzarla con su gran velocidad, el resto de los platillos salieron volando ensuciando los rostros de todos, incluida Bulma.
La tranquilidad de Bulma se fue rebajando con un enojo que creció hasta explotar — ¡Oye Vegeta! ¡¿Puedes decirme qué rayos te pasa? — Se levantó para gritarle en la cara.
Vegeta sonrió victorioso y se metió la fresa entre sus labios, la mordió con suavidad, degustando el sabor de su triunfo, mientras sus dos perlas se clavaron profundamente en los zafiros de la peliaqua.
Los padres de la joven y el resto de los sirvientes salieron discretamente del comedor. Su madre tuvo que ser arrastrada para salir. La imagen de Vegeta comiéndose de esa forma la fresa fue para ella lo mejor del show y quería seguir observando, pero su esposo intuyó que la situación no iba a acabar nada bien.
El guerrero relamió sus labios con cinismo — Vaya, hasta que al fin dijiste algo… — Se acomodó despreocupado en la mesa, miró a Bulma de manera desafiante. Sonrió confiado. Había logrado que le prestara atención.
Bulma se limpió el rostro y lo observó como si el guerrero hubiera perdido la cabeza, una combinación de molestia y… ¡Más molestia! su rabia fue mucho más notoria — ¿De qué rayos estás hablando? ¡Maniático! ¡Mira como dejaste el comedor! — Se le acercó para gritarle en la cara.
— ¿Qué quieres decir con eso? — De repente el rostro del moreno quedó serio — No te hagas la desentendida, tú lo sabes bien. Has estado ignorándome todo este tiempo — Se acercó a la cara de la peliceleste para intimidarla. Sonrió creído — Pero mira… Logré que me hablaras — Sacó una risa gutural disfrutando con malicia el momento.
— ¡¿Qué? — Gritó ofendida la peliceleste. Vegeta quedó perplejo al ver su reacción. La peliceleste le dio la espalda al moreno y furiosa siguió hablando — Yo no te estaba ignorando, en cualquier caso tú me estabas ignorando, sólo te di tu espacio porque pensé que lo necesitabas… ¡Uy! ¡Pero si serás salvaje! Cómo esperabas que yo no te prestara atención si haces semejante revoltijo en mi comedor, ¡Eres un gorila maleducado! Si tanto querías hablar conmigo me lo hubieras dicho ¡Y ya! Pero no, preferiste bañarme con el desayuno porque en tu cabezota eso era lo más sencillo — La científica volvió su rostro furioso al guerrero quién todavía asimilaba la información.
Al fin el saiyajin reaccionó — ¡¿Cómo? ¿Qué yo quería hablar contigo? ¡Serás imbécil! — Se levantó de la mesa para pararse frente a la científica para enfrentarla y seguir discutiendo — ¡Yo no estaba buscando tu atención ¿Oíste? — Cruzó sus brazos ofendido — ¡Hmp! Sólo quería que supieras que al príncipe de los saiyajin no se le puede ignorar — viró su rostro para otro lado para rematar.
— ¡Uhg! ¡Simio desconsiderado! — La peliaqua le gritó con todas sus fuerzas — Y yo que estaba…. ¡Ahg!... — Paró refunfuñando.
— ¿Mh? — El moreno sintió curiosidad por la frase incompleta — ¿Que tú estabas qué?
Ahora la peliaqua cruzó los brazos y volteó su rostro — Nada, no te diré nada porque no te interesa si te hablo o no — Le sacó la lengua y volvió a virar su cara.
— ¡Ahg! ¡Mujer insensata! — El moreno apretó sus dos puños y se puso en posición de ataque, discutir con la peliceleste era lo mismo que enfrentarse a un gran enemigo en la batalla. Reprimió sus ganas de matarla.
Bulma abrió un ojo para observarlo. Dejó escapar una carcajada.
— ¿Eh? ¿Y ahora qué te pasa? — Vegeta suavizó su posición extrañándose de esa risa inesperada. Volvió a ponerse rígido — ¡Explícame de qué te estás riendo, es una orden! — Exigió.
Bulma se limpió una lágrima que le salió por la risa, se acercó al moreno con delicadeza. El príncipe se hizo para atrás sin entender la cercanía de la científica. La mujer le sonrió y lamió la mejilla del saiyajin para limpiarle la mancha de mermelada que tenía desde que se bajó de la mesa — Mhh… Dulce — Sonrió.
El príncipe de la vergüenza no supo qué hacer, no pudo ni tocarla para detenerla, inevitablemente había dejado que lo lamiera a pesar de todo lo que había pasado. Se limpió la mejilla con un puño— ¡Pero cómo te atreves! Maldita sea…— Restregó su mano contra su mejilla.
— ¿Qué? ¿A estas alturas y te da asco que te lama una mujer? O es que te avergüenza que hayas tenido esa mancha desde hace tanto tiempo— Rió — Piensas que te veías ridículo ¿verdad? — Risueña se le acercó al verlo enfadar aún más — Vamos, no te enojes Vegeta, lograste tu objetivo ¿No? Te estoy hablando — Sonrió traviesa.
El hombre gruñó y cruzó los brazos — Eso no me interesa. Ahora explícame qué diablos ibas a decir — Habló con rudeza.
— Ah… Eso — La peliceleste parpadeó unas cuantas veces y miró pensativa a un punto. Vegeta la observó con oculta curiosidad. La científica lo vio fijamente al notar su interés — En vez de decirte te lo voy a mostrar — Sonrió y comenzó a caminar — Ven, sígueme Vegeta — Movió su mano en señal.
Vegeta frunció su ceño, se sintió como un perro, pero su curiosidad era demasiada y forzosamente la siguió. En el camino, Bulma notó la sombra oscura debajo de los ojos de Vegeta. Sonrió imaginándose el por qué.
Ambos llegaron al laboratorio, al ser un día entre semana estaba desocupado de sus molestos asistentes. Normalmente los empleados solían venir cuando hacían pruebas importantes y la mayoría del tiempo el laboratorio era sólo para el científico y su hija. La peliceleste abrió un contenedor metálico envasado al vacío, el aire comprimido salió al abrirlo. Dentro estaba el viejo traje azul del saiyajin, la armadura rota, y lo que parecía un nuevo traje.
El príncipe abrió sus labios — Es ese mi… — Soltó su posición rígida de la sorpresa.
— Sí —La peliceleste agarró el nuevo traje y se lo entregó al moreno — Toma, es todo tuyo, no he podido recrear la armadura, pero pude crear un material tan flexible y resistente como el de tu adorado traje, aunque no calculé muy bien y lo dejé sin mangas. Lo hice de color azul como el anterior — Volvió al contenedor y sacó los guantes y las botas — También hice los aditamentos, estaba trabajando para hacer aún más resistente el traje de lo que ya es, pero me costó más trabajo de lo que pensé, su tecnología es muy avanzada y el material está hecho con fibras inaccesibles en la tierra. Improvisé mucho, pero al fin logré hacer este conjunto. Te puede servir mientras termino lo demás…— La peliceleste reconoció el indescifrable rostro del moreno — No te preocupes, no fue nada, quise hacerlo porque tus ropas deportivas siempre terminaban rotas con sólo un día de entrenamiento. Te servirán más estas — Cerró el contenedor que tenía aún unos cuantos prototipos.
Vegeta miró el traje que había hecho con mucha dedicación la mujer — Mh… — Musitó pensativo, con sus dedos tocó la textura — Se ve casi exacto.
— Si ¿verdad? Te dije que era una chica muy inteligente — Bulma comenzó a caminar para que salgan del laboratorio, tenía una sonrisa satisfecha en el rostro.
— Oye… Bulma —el guerrero la detuvo con su voz. Se mantuvo en silencio unos segundos mirando el traje y volteó al ver que la peliceleste esperaba que dijera algo — Mh… ¿Podrías hacer más de estos trajes para el resto de los insectos?— Agregó con seriedad, no era capaz de agradecerle.
La científica parpadeó extrañada — ¿Para los demás? Sí, claro ese no sería un problema, pero Vegeta, ¿por qué quieres que lo haga para los demás?
—Hmp, no me malentiendas, que tengan un traje así sería una ventaja para la batalla contra esos androides, luego ya ajustaré cuentas con el insecto de Kakaroto — Justificó el moreno.
La joven volvió a parpadear y luego sonrió — Eso no será problema, apenas logre hacer la armadura haré los demás en mi tiempo libre. Pero a cambio te voy a pedir un favor — Alzó un dedo para apuntar al guerrero.
— ¿Eh? ¿Un favor? ¿Y a qué favor te refieres? — Contestó el guerrero contrariado.
Acercándose al príncipe, la joven apoyó su pecho contra el del moreno. Aplastando sus pechos en los pectorales, acercó los labios al oído del hombre. El saiyajin ocultó su estremecimiento, con muchas fuerzas, al sentir el cálido aliento de la humana. No pudo evitar abrir un poco su boca deseosa.
La mujer sonrió pícara — Te lo diré en tu habitación esta noche — le soltó con gracia y sacó su lengua como si fuera una traviesa niña, dejando a un excitado saiyajin en el laboratorio, deseoso de que la noche llegara. El príncipe sonrió, al final siempre caía ante el monumento de tentación que era el cuerpo de esa mujer, sólo debía controlar que sólo fuera el cuerpo el que lo tuviera entusiasmado.
El príncipe se dirigió a su habitación para descansar un poco, luego de desvelarse pensando en la razón de la ley de hielo de la peliceleste, se merecía cerrar los ojos. Apenas era mediodía y tiró su cuerpo en la cama, dentro de unas horas iba a reventarle el cuerpo a la mujer, luego de esos días de abstinencia seguro su cuerpo lo resistiría. Sonrió sin pensar pero; en un arranque de cordura, abrió con furia sus ojos al darse cuenta de su estúpida sonrisa. Se levantó al sentirse tan imbécil. Se le quitó el sueño por completo, necesitaba entrenar.
En la noche, al salir de la cámara de gravedad se dirigió a su ducha sin puerta. Gruñó al recordar el incidente, después tenía que explicarle a Bulma una justificación para que le pongan una nueva. Bufó, también había una gran grieta. Al salir, se secó su cabello y se sentó en la orilla dando su espalda a la puerta principal de la habitación, un ruido lo alertó. La puerta se abrió con lentitud, el rechinido de los hierros marcó el suspenso. Bulma había cruzado el pasillo con un babydoll como vestido con holanes. En su mano tenía el tazón de fresas con crema batida y en la otra, envuelta en su brazo, una botella de champagne en su balde y sus copas. El guerrero sonrió, no entendía la moda del planeta, pero ver a esa mujer con telas transparentes y vaporosas, mostrando sutilmente sus zonas erógenas, era muy sensual.
La científica se apoyó en el marco de la puerta, apagó la luz para que la luna los iluminara a través de la enorme ventana. Extrañaba esa habitación con locura. Ahí estaba él, prendido, sensual, con su sonrisa dominante. La mujer sirvió dos copas con champagne y colocó el tazón en la mesita junto la botella. Le dio una copa a Vegeta.
— ¿Celebramos algo? — Dijo el moreno al agarrar la copa burbujeante.
La peliceleste se sentó, tomó con dos de sus dedos una fresa envuelta en crema y se la dio en los labios al príncipe — Es un secreto — Mencionó y brindó junto con el guerrero — Además verte comer esa fresa… — Se puso una en la boca y el moreno dejó su copa para arrebatársela con un beso apasionado. No podía esperar más.
La botella fue bajando, y las fresas fueron colocadas en el cuerpo de la científica como puntos de un mapa. En la boca, en la clavícula, entre los senos, en su ombligo, y por último escondió una fresa jugosa, escurriendo crema, en su sexo. Parecía un delicioso pastel adornado. El príncipe relamió sus labios antes de disfrutar el manjar, el calor burbujeante del champagne lo hizo sentir más atrevido de lo usual y embadurnaba el cuerpo de la mujer con la crema. Colocó un tanto del dulce en el lóbulo de la peliceleste, comenzó a lamerlo y a morderlo disfrutando el sabor dulce fundido con la piel de la mujer, su aliento caliente y la succión de sus labios hizo gemir a Bulma, su sexo se mojaba y se mezclaban los fluidos con el jugo de la fresa y con la crema. Vegeta dejó escapar una risa ronca y gutural, disfrutaba oírla disfrutar de su virtuosa lengua, decidió comerla a besos y lamidas. Untó la crema en uno de sus pechos para comérselo a mordiscos, sus dientes lo apretaban lo suficiente para que la peliaqua se retorciera.
— Ah Vegeta… Sigue… — La científica se sostuvo del pie de la cama para aguantar lo que venía. La puntiaguda y fuerte lengua del guerrero la acarició dejando un camino de saliva a su paso, la brisa de la noche, al contacto con la humedad, lerizaron por completo a la mujer, endureciéndole sus pechos.
Vegeta agarró uno de sus senos para estrujarlo, su boca se dirigió al sexo que se horneaba entre sus jugos y el dulce, haciendo un almíbar de sabor exquisito. Con sus dientes mordió la fresa y la acabó, bebió la crema y sorbió la miel de esa orquídea. Pronto llegó a la fruta principal, hinchada y palpitante, madura y ansiosa. La fuerte lengua del saiyajin comenzó a hacer su labor, jugueteó alrededor de ese botón de carne e introdujo su porosa lengua, y como una bala de plomo, la clavó dentro de la abertura de Bulma. La mujer se dejó llevar por el placer, varios orgasmos escaparon de su garganta ante la habilidad del guerrero. Vegeta, con su virilidad de acero, al fin la consumió. Unió su cuerpo con el frágil cuerpo de la humana, le tomó de la espalda y pegó su vientre pegajoso contra el suyo. La mujer se aferró al cuello del príncipe, tenía que sostenerse o sentía que podría caer en el gran abismo que provocaban sus orgasmos, enrolló sus piernas en Vegeta sostenida con su grandiosa fuerza, que podía hacerla pedazos. Ahí en el aire, fue embestida con los rítmicos movimientos de vaivén que provenían de las caderas afiladas del saiyajin. Varios golpes dentro de sus entrañas, que convulsionaban, se abrían y cobraban vida en su interior, la hicieron gritar. La peliaqua tiró su espalda para atrás, aún sostenida con la fuerte mano del guerrero, para que el hombre visualizara el movimiento que provocaba en su carne. La científica lo observó desde abajo, con la boca abierta, sin poder formular palabras coherentes. El hombre escurría sudor lleno de deseo, mezclándose con el cuerpo devorador de la mujer, su miembro era absorbido y succionado como si una planta carnívora lo jalara. Un oleaje de movimientos fuertes los hizo colapsar a ambos en un solo orgasmo definitivo. Vegeta derramó dentro de la mujer su elixir caliente, rellenándola por completo. La sensación de vacío fue pospuesta cuando no salió del interior de la mujer, Se abrazó a su cuerpo y ambos cayeron unidos en el colchón mancillado. De nuevo, esa deliciosa sensación de estar junto a ella, y no querer soltarla, se apoderó del príncipe. Sus alientos se evaporaron agotados. Vegeta abrió los ojos y la miró, tan incandescente, brillante por el sudor. Salió bruscamente del cuerpo de la mujer al sentirse de nuevo traicionado por esas humanas emociones.
—Ah…— Suspiró Bulma — Vegeta…— Respiró con dificultad aún delirante por el placer.
—Dime…— Contestó con seriedad el príncipe, se sentía un poco mareado por el champagne.
La peliaqua sonrió dulce, con el sonrojo sexual en las mejillas — ¿Me prometes cumplir el favor que te voy a pedir? — Musitó en un susurro lleno de encanto. Acarició la sien del príncipe con finura.
Vegeta la miró con los párpados pesados, el cansancio y el champagne lo estaban arrebatando de la conversación — Sí…— Logró decir. Cerró los ojos y se quedó dormido profundamente, suspirando complacido.
NOTAS FINALES
(Pasan escenas del próximo capítulo al puro estilo de Dragon Ball Z)
Voz de Goku:
¡Ay Vegeta! ¡Acabas de prometerle un favor a Bulma! ¿Realmente cumplirás tu promesa?
Voz de Vegeta:
¡Cállate Kakaroto! ¡A mí sólo me interesa derrotarte!
Voz de Goku:
¡Próximo capítulo: La promesa!
Voz de Vegeta:
¡Ahg! Los mataré a los dos! ¡Y a la autora de paso!
