Nota de la autora: ¡Lamento el error! Ahora mismo me di cuenta que subí el capítulo equivocado entre el 8 y el 9, ya decía yo que algo estaba raro cuando traté de subir el 10 y el número no daba, me había comido el capítulo 8 ¡llamado Preocupación! Lo lamento tanto, me distraje XDUu espero regresen y lo lean para comprender lo que sucedió, pues es un capítulo muy importante, no sé si alguien se dio cuenta de que de repente nada tenía sentido, o seré tan buena que aún así funcionó? jajaja (lo siento u.u) soy muy perfeccionista y no me gusta errar, así que de ahora en adelante prestaré más atención. Nos vemos pronto, ya faltan sólo 7 capítulos más para estar a la par.

Lemonale


Capítulo 11

La promesa

Bulma estaba en el jardín de sus mascotas, leyendo un libro desde temprano en la mañana, mientras su madre alimentaba algunos pequeños animales y su padre ponía en una gigantesca máquina la comida de sus dinosaurios. La peliceleste notó que, un animal desconocido, se ocultaba entre unos helechos.

— Papá, esa mascota es nueva ¿No es así? No la había visto antes— La peliceleste movió el separador de su libro y lo cerró — Parece que aún no se acostumbra al jardín — La mujer se acercó un poco para mirarlo mejor. El animal, parecido a un gato desarrollado, tiró a rasguñarla — ¡Ah! ¡¿Pero qué le sucede a este gato? — Se alejó inmediatamente.

— Cuidado hija — El científico se volteó al fin. Tomó con su mano su barbilla y se acercó — Lo encontraron en las afueras de una de nuestras residencias, estaba malherido — Miró al salvaje felino y se agachó para ofrecerle un pedazo de carne. El animal olfateó la carne, comenzó a acercarse con desconfianza y con un solo movimiento le arrebató el trozo de comida al científico y se ocultó en los helechos. El hombre sonrió — Es algo tímido — Afirmó.

— ¿Tímido? A mí me parece un poco peligroso… ¿Estará bien que se quede aquí? — La peliaqua miró a su padre aún ofendida por el trato que tuvo el gato hacia ella.

El científico parpadeó. Miró a un punto fijo y luego regresó a mirar a su pequeña. Se levantó y colocó ambas manos detrás de su espalda — Bueno hija, la mayoría de nuestros animales han sido callejeros o salvajes, no creerás que esos dinosaurios nacieron en cautiverio, la mayoría no se atrevería a tratarlos.

— ¿Qué? ¿En serio? Eso sí no lo sabía, pero ahora que lo pienso, tiene mucha lógica— La mujer miró su gran selva, vio correr contentos a los animales — Pero todos parecen tan dóciles, es difícil de creer que antes eran salvajes.

El científico sonrió en silencio.

— ¿Mh? — La peliceleste se viró para observar a su padre — ¿Qué pasa papá?

— Nada, nada hija, sólo pensaba que… Es un talento heredita…— La frase del científico fue interrumpida por un gran estruendo. El gato salvaje hacía pleito al pequeño y dulce gato negro del científico. De un arañazo derribó al más pequeño. El científico tiró inclusive su cigarrillo — ¡Ay no! ¡Tama!

Bulma y sus padres se acercaron para rescatarlo. El gato salvaje huyó entre los helechos. La rubia tomó al pequeño gato negro y se lo llevó para auxiliarlo, su herida no era severa pero los tres tenían el susto clavado en sus cuerpos.

— Tal parece que no se acostumbrará a nosotros tan fácilmente… — Concluyó la peliceleste al limpiar con un algodón a Tama.

El científico miró a su mascota. El gato maulló sano y salvo, el hombre sonrió — Bueno, al menos Tama está bien — el padre se acercó a su hija — Bulma, estas cosas llevan su tiempo, verás que poco a poco él, igual que lo demás, será parte de nuestra familia.

— ¡Lo que necesita es disciplina! No puede venir y lastimar a los demás así como así — Afirmó la peliaqua enojada — Pero ahora verá, ¡lo voy a buscar!

— ¡Espera Bulma! — El científico la detuvo, Bulma lo miró confundida — No lo presiones, si lo presionas sólo harás que se sienta más incómodo, harás que el felino huya, aún no está listo para ser disciplinado, deja que las cosas vayan a su ritmo, además Tama está bien — Le ofreció una cálida sonrisa a su hija para calmarla.

Bulma se quedó quieta — Pero…— Miró la sonrisa de su padre — Está bien… Tú has logrado que todos se lleven en armonía, así que debes tener algo de razón— La peliceleste se acercó a la mesa donde había dejado su libro y miró pensativa la portada, se perdió en su mente.

El príncipe abrió sus ojos cuando la luz del ventanal empezó a deslumbrarlo, su reloj biológico había fallado por primera vez en mucho tiempo. Se levantó pesadamente con la sensación pegajosa en la piel de su pecaminosa gula. Soltó un gruñido al sentir un ligero dolor en su sien derecha, que como un rayo le atravesó. Viró su rostro para buscar a su compañera sexual, pero no la encontró. El guerrero se metió en su ducha, sin puerta, para continuar con su rutina atrasada. Debía lavar el dulce sabor de la noche anterior.

Con el cepillo de dientes en la boca, el moreno, tuvo un presentimiento que le aplastó el pecho. Abrió bien los ojos, se enjuagó y con rapidez miró su gran ventana. La cámara de gravedad no estaba. Mostró con rabia sus dientes, tenía planeado estrenar su nuevo traje ese día, lo que había hecho que su humor no fuera tan terrible como usualmente, sin embargo, sin la cámara, su humor fue cuesta debajo de inmediato.

— Ahora qué diablos estará pensando esa mujer… ¡Seguro fue ella! — El moreno se detuvo antes de golpear la pared, aún debían reparar la puerta del baño y las lozas del mismo. En cambio, caminó decidido a buscar a la mujer para exigirle una explicación. Su rabia iba incrementando a cada paso que daba, sus pensamientos turbulentos sólo le causaban más ira. Murmuraba entre dientes al acercarse más y más a la pequeña presencia de la científica.

Era ella, estaba seguro, siempre era ella. Se metía en sus asuntos, en su vida, lo traía arriba a abajo con sus juegos, con su manera de ser. Su cabeza palpitó. No tenía ganas de empezar de nuevo con una guerra contra la peliceleste, estaba harto, cansado de ser un juguete. De nuevo esa cálida sensación en su pecho lo turbó, no soportaba sentir esa extraña sensación acosándolo cuando pensaba en la humana. Tratándolo bien, cuidándolo, teniendo relaciones, tratando de convertirlo en humano. No, eso imposible, él era un saiyajin, el príncipe de los saiyajin. Que tan bajo había caído, un hombre de su estirpe, para llegar a ser un refugiado de esa mujer, terminar obedeciéndola no era una opción, terminar queriéndola tampoco. Tenía que acabar con eso en ese momento.

Bulma agarró su libro y caminó hacia las afueras del invernadero, se topó directamente con el rostro del guerrero — Vegeta… — Parpadeó sorprendida. Le sonrió ignorando por completo lo que pasaba por la mente del guerrero — Que bien que ya despertaste, es la primera vez que despierto antes que tú, quedé muy sorprendida, hasta llegué a pensar que la bebida te había caído algo fuerte — El príncipe la sujetó de una mano y de un movimiento la cargó para ocultarla de los testigos. El libro cayó — ¡Pero qué haces! ¡Estás loco! — La peliceleste empezó a forcejear sin resultado, el brazo de Vegeta la rodeaba y la cargaba al costado de este — ¡Ugh! ¡Gorila! Esta no es manera de tratar a una chica como yo, no estoy para tus juegos Vegeta, ¡Tú me debes un favor!

— ¡Cierra la boca! — Gritó el moreno, la mujer enmudeció debido al volumen de la grave voz. Con pasos duros y varios forcejeos inútiles, ambos llegaron a lo más profundo de la corporación. Vegeta abrió la puerta de una habitación olvidada, uno de los cuartos más alejados de la casa. En la oscuridad, tiró a la científica dentro, la mujer se quejó al pegarse contra el suelo — Muy bien, aquí nadie podrá oír tu berridos — Sonrió prepotente.

— ¿Pero qué te pasa? Óyeme bien, si estás de mal humor no tienes por qué desquitarte conmigo— La peliceleste miró la silueta de Vegeta, él no reaccionaba, estaba terriblemente serio — ¿Qué mosca te picó? — Preguntó con el cuerpo adolorido por la caída — Ni creas que me asustas, así no te libras de tu promesa — El comportamiento que mostraba el moreno le parecía extraño.

— ¡Te dije que cerraras la boca! — Gritó con fuerza el príncipe. Bulma se estremeció.

El guerrero agarró el cuello de la ropa de la científica para mirarle el rostro con frialdad. Alzó el cuerpo de la mujer y la observó con sus perlas negras brillando de violencia — Ya vi que quieres hacer otro de tus jueguitos, pero esta vez no me voy a prestar— Le habló cruelmente con el rostro muy cerca para intimidarla, cosa que logró — Dime qué le hiciste a la cámara de gravedad ¡Contesta! — La soltó con violencia para que cayera estrepitosamente.

— Ve-Vegeta… — La mujer tembló por el rudo trato, con sus manos buscó fallidamente protección en sus cercanías. Definitivamente algo estaba mal — La metí en una cápsula… — Contestó asustada, el rostro del hombre no era el dulce rostro que recordaba en la cama. El hielo la recorrió y sus ojos comenzaron a humedecerse. Era la primera vez que sintió que aquel saiyajin podría dañarla, con solo mirar sus fríos ojos negros supo que esa ocasión era diferente a las otras.

— ¿Por qué? — Preguntó el príncipe con la misma rudeza, sus brazos cruzaban en medio de su torso. Miró a la científica, desde arriba, con el rostro endurecido — Contesta rápido.

— Yo… — Antes de continuar, la peliceleste tragó saliva, tenía que explicarle de la mejor manera posible la situación — La guardé para que mi padre trabajara en ella y mejorarla, quería hacerla más resistente… Yo… Te iba a pedir de favor que… — Se detuvo cuando Vegeta con velocidad la alzó y la puso contra la pared de nuevo, pero esta vez los pies de la mujer son tacaron el piso — ¡¿Qué, qué es lo qué haces Vegeta? ¡Suéltame, me estás lastimando! — El hombro de la peliaqua era sujetado con los dedos de acero del príncipe.

Vegeta rió cínico — ¿Te estoy lastimando? Oh… ¡Que pena! — Apretó con más fuerza el hombro de la peliceleste, haciéndola pegar un grito de dolor. La cara del guerrero se ensombreció — Que pena que no supieras que esto podía pasar… — La soltó dejándola caer desde esa altura.

Bulma sujetó su hombro con una mano, miró la sangre con horror. Volteó su rostro para mirar al príncipe — ¿Qué es lo que te sucede Vegeta? ¿Por qué actúas así? — La rabia y el dolor la consumieron.

El guerrero dirigió su sombría mirada hacia ella, como si se tratara de algo sin importancia. Volvió los ojos hacia otro punto — ¿Actuar cómo? Yo siempre he sido así — Se sentó en un mueble para observar a su prisionera.

Bulma miró con coraje al hombre— ¿Así eres? ¿Esto es lo que en realidad eres? — Su transparente rostro dudó sin apartar sus ojos del saiyajin — No, eso es lo que quieres que todos crean… Estás demasiado orgulloso de esa mentira.

Vegeta, como si le hubieran traspasado por un rayo, reaccionó ante ese comentario — ¡Cállate humana inútil!, no eres más que un insecto, ustedes, terrícolas con sus innecesarios sentimentalismos, tú qué vas a saber sobre lo que en verdad soy— Su furia despidió el ki de su cuerpo — Yo soy el príncipe de la raza más poderosa del universo, soy cruel y despiadado…Eso no es ninguna mentira— El dorado intermitente comenzó a brillar —… ¡Mi corazón está lleno de maldad! — Con un grito finalizó su transformación, mostrando su cuerpo brillante, en medio de esa habitación abandonada.

Bulma abrió los ojos sorprendida, el peligro había aumentado, algo dentro de sí supo que aquel hombre había perdido cierto control de su cordura al mostrarse en esa transformación, haciéndola recordar cuando Goku se transformaba en ese simio gigantesco. Se trató de alejar al verlo avanzar, pero la pared se interpuso en su huída, se tapó la cabeza con las manos esperando un golpe mortal.

El príncipe dorado abrió la palma de su mano para exterminar por fin a esa mujer con un gran bigbang.

La científica tembló y apretó los ojos exprimiendo así sus últimas lágrimas, repentinamente las palabras de su padre acerca del gato salvaje le cruzaron por la mente. Esperó el golpe de Vegeta con el nudo en su estómago; pero, el tiempo trascurrió lento y la muerte no llegaba. Abrió los ojos extrañada, temerosamente volteó para ver al saiyajin. Mucha fue su sorpresa al ver al guerrero parado frente a ella, con la mano extendida, conteniendo una gran energía envuelta de desesperación.

— ¡No puedes! ¡No puedes matarme! — La peliceleste se arriesgó a abrir la boca sorprendida de ver al guerrero luchando internamente. Se levantó con más confianza — Vegeta, no puedes matarme… ¿No lo ves? Muy dentro de ti te importo — Apretó los puños de la emoción.

— ¡Cállate! Por supuesto que puedo matarte. No me importas nada — Vegeta tiró una onda de ki que hizo a la mujer golpearse contra la pared de nuevo.

Bulma con sus pocas fuerzas trató de levantarse, pero no lo logró, ella no tenía la suficiente fuerza para seguir de pie. Lo miró con una sonrisa desafiante — Anda, si puedes matarme, ¡hazlo! ¡Mátame de una buena vez! — Bulma le clavó sus decididos y agresivos ojos.

El hombre seguía luchando con más consternación, la provocación hería su orgullo. La mano temblaba de contener sus energías. La miraba deseando exterminarla, pero algo en su interior se negaba. Vegeta cayó de rodillas, con las palmas en el piso. Había regresado a la normalidad a voluntad propia — ¿Por qué…? ¿Por qué no puedo matarla? — Golpeó con su puño el piso de la frustración.

Bulma lo miró con dulzura, a pesar de sus heridas, no podía estar más feliz. La habitación se inundó de sentimientos encontrados. Tal vez ella estaba enterrándose en ese frío corazón.

Al tratarse las heridas, Bulma notó la pulcritud de éstas. El daño era mínimo y habían sido hechas de tal manera que cerrarían sin ningún problema. Las enfermeras la miraron tranquilas diciéndole que, estaban tan limpias, que no dejarían cicatriz alguna. La peliceleste miró las vendas, después de todo ella también estaba bajo algún tipo de entrenamiento, ahora ya sabía que presionar a los gatos salvajes podía ser contraproducente, sobre todo, si aún tenían garras. La científica sonrío, ella no podía dejar sin garras a una fiera tan orgullosa.

La tibia noche veraniega llegó. El guerrero no había salido de su habitación ni siquiera para comer. Su puerta retumbó, sorprendido de esos pequeños y femeninos toques, volteó. La peliaqua entró con una sonrisa de oreja a oreja. Se tiró alegremente a la cama junto al contrariado saiyajin. El cabello de la peliceleste era ahora lacio y largo, un punto más para que el saiyajin no comprendiera la extraña actitud de la mujer. Vegeta levantó el torso para sentarse, desvió la mirada avergonzado, no podía verla a la cara así como así, su orgullo estaba por los suelos.

— No tienes de qué preocuparte, les dije que fue un accidente — Dijo con frescura la peliceleste.

Vegeta dirigió unos instantes sus perlas negras a la hermosa mujer, volvió los ojos a donde antes miraba — ¿Quién dijo que estaba preocupado?

— Cierto, cierto… No lo estabas… ¡Ay, ay mi hombro! — Se retorció la mujer haciendo que el guerrero volteara rápidamente — ¡Ja! ¡Te atrapé! — La peliceleste comenzó a reír y se abalanzó hacia la fuerte espalda del moreno — Volteaste muy rápido para ser alguien que no estaba preocupado — Se acomodó en el cuerpo de piedra del saiyajin.

— ¡Ahg! ¡Eso es porque eres una escandalosa! — Su vergüenza furiosa rompió su seria actitud, se suavizó al sentir el calor de la peliaqua en su espalda. Miró hacia otro lado — ¿Qué haces aquí?

— ¿Mh? ¿Qué, qué hago aquí? — La mujer acercó el rostro al del moreno — Pues muy fácil, ayer me prometiste cumplir un favor para mí— Sonrió.

El guerrero la observó unos instantes — También mencionaste eso hace un rato, ¿qué es lo que quieres decir?— Agregó con curiosidad oculta tras su voz grave.

Bulma besó la mejilla del moreno y acarició su duro pecho. Acomodó su cabeza con tranquilad sobre el hombro. El hombre no se inmutó. La peliceleste sonrió traviesa— Voy a llegar a pensar que te embriagaste con sólo una botella de champagne… — Vegeta sintió el peligro —Aunque tal vez me lo dijiste entre sueños, parecías muy cansado luego de lo que hicimos… — Mencionó casi en un ronroneo la mujer. Lamió juguetonamente la oreja del príncipe — Pero una promesa es una promesa — Susurró sensual.

El saiyajin se volteó hacia ella y la sujetó en sus brazos — Te gusta meterte en problemas… — La tiró en la suave cama y le besó el hombro herido — Bulma, quiero que sepas que yo… — La peliceleste le tapó los labios al moreno con dos dedos. Se puso encima de él en una maniobra, abrazó la cadera del moreno con sus dos muslos, con los sexos encontrados, palpitando. Lo besó pasional. Vegeta se dejó llevar, como siempre, bajo el encanto de su hechizo. De nuevo esos tintes afectivos aparecían como pequeñas pringas en un lienzo en blanco.

No soy tan bueno como tú piensas…

El guerrero no sabía que le pediría la científica, pero debido al pequeño incidente decidió cumplir su, seguramente, loco favor. Al adentrarse en la carnosa cueva femenina de la peliceleste, el saiyajin, se hizo una promesa que juró guardar en secreto. Siempre que la poseía no se podía controlar. La dulzura de sus caderas hacía gemir seductora a la humana. Por primera vez, el sexo era suave y delicado, sensual como una danza y preciso como una sinfonía. Las masculinas manos del guerrero dibujaron las líneas curvas de la mujer, delineándola con los dedos y besando sus detalles. Sus bocas se entreabrieron, el aliento se escapaba caliente sobre sus rostros. Las espaldas de ambos se curvearon, los músculos del moreno se contrajeron y, al liberar la esencia dentro de las entrañas de la peliaqua, se relajaron. Bulma tiró un gemido luego de morder su labio inferior al sentir el orgasmo culminar. Continuaron abrazados, con los cuerpos disipados, temiendo que esa felicidad se acabara al momento de alejarse. Vegeta salió del interior de Bulma en un acto de valentía. La sensación tibia en su pecho transitaba en todo su cuerpo. Sujetó la mano de la mujer y la miró con intensidad. La peliceleste quedó inesperadamente quieta, perdida en sus ojos incandescentes, se formó un silencio entre el tramo de sus miradas encontradas. Estaba tan extrañada de tomar su mano con tanta calidez, pero el encanto se rompió cuando el moreno la quitó de un jalón y se volteó. Bulma se incorporó, le miró la espalda pensativa, ambos eran tan vulnerables en la intimidad, que le daban ganas de llorar, pero estaba contenta, se regocijaba con esa hermosa sensación de tener cerca a Vegeta.

— Acerca del favor… — La peliceleste se acomodó de nueva cuenta decidiendo que, como el gato salvaje, no debía presionarlo y debía retirar aquella promesa.

— Lo haré. — Interrumpió seco el moreno.

Bulma viró a verlo sorprendida, sus ojos se posaron en la espalda del príncipe, sin creer que esas palabras habían venido de él — Qué fue lo que…

— Lo haré — Interfirió de nuevo el guerrero esta vez con la voz más clara.

Los ojos de la científica se iluminaron de felicidad y con un impulso se abalanzó para abrazarlo — ¡¿En serio? ¡Gracias! Sabía que eras un hombre de palabra — Lo abrazó del cuello, pegando sus mejillas.

Vegeta la miró — Sólo espero no sea una estupidez innecesaria.

— Sí, sí lo es, pero no importa porque lo harás — La sonrisa de Bulma no se borraba. El moreno mostró el tic de su ceja. La científica besó la mejilla del hombre — ¡Eres el mejor! ¡Mañana mismo dejarás tu entrenamiento mientras arreglan la cápsula y me acompañarás a unas lindas vacaciones! ¡Una semana de diversión terrestre!

— ¡¿QUÉ? — El grito de Vegeta alertó a todos los que descansaban tranquilos en la corporación, a los empleados de seguridad e inclusive al gato salvaje que lamía las heridas de Tama dentro del jardín.

[NOTAS FINALES]

(Pasan escenas del próximo episodio al estilo DBZ)

(Silencio incómodo)

Vegeta: ¡Kakaroto! ¡¿Por qué diablos no dices nada?

Goku: ¿Eh?... ¿Yo? ¡Ah sí claro!

Vegeta: Ahg, que me traigan a un profesional.

Goku: No digas cosas como esas Vegeta, yo he hecho esto toda mi vida, si me despiden Milk me va a regañar... Pero es que esas escenas están muy interesantes, ¡No me culpes! (ríe)

Vegeta: Ya cállate y di tu diálogo.

Goku:(entusiasmado) ¡Claro! ¡Las aventuras de Vegeta apenas comienzan!...(se detiene) Emm... No me pusieron el nombre del capítulo...

Vegeta: ¡Ahg! ¡Todos aquí son unos ineptos!

Goku: ¡Ah! No te va... Ya se fue... Bueno... ¡No se pierdan el próximo capítulo! ¡Será muy divertido!