Ya falta poco, subiré hoy este y mañana subiré otros seguidos :3


Capítulo 12

Incertidumbres I

El príncipe de la oscuridad estaba embrollado en un lío de humanidad. Lo que más detestaba era todo lo relacionado con esa raza tan inútil. Vegeta caminaba por las calles transitadas de la Capital del Oeste detrás de Bulma, que se contoneaba feliz a cada paso. En realidad, lo único que podía soportar de ese planeta tan… ¡Ridículo! Era esa mujer, había aprendido a tolerarla aunque sea un poco, pero esa situación iba más allá de él.

Las miradas furtivas de algunos terrícolas se posaban en los atributos de la peliceleste, parecía que la vanidad descomunal de la mujer crecía por cada mirada lujuriosa, de aquellos gusanos inútiles, que pasaban a su lado. El moreno no comprendía ese burlesco ritual, quería que la semana terminara para empezar su duro entrenamiento, tenía que recuperar lo que seguramente sería una horrible semana. Apenas era el primer día y ya quería retirar su palabra.

Miró al piso frustrado, exactamente eso era lo que intentaba evitar, ser manipulado por esa intempestiva mujer; pero, el chantaje y sus grandes habilidades para hechizarlo, terminaron ganando esa ocasión; por no decir que, el sexo, el sexo era un arma muy poderosa a favor de la científica. ¿Cómo era posible que, él, el príncipe de los saiyajin, terminara en tan vergonzosa posición? Alojó sus dos perlas profundas a la espalda de la científica. Él nunca fue un saiyajin que disfrutara de la compañía, el sexo era una necesidad que satisfacía como lo hacía con el hambre o el sueño. Consideraba la belleza de las mujeres muy cerradamente, eran atractivas o no lo eran. Era bastante sencillo ya que, se aburría con facilidad de sus parejas, las abandonaba luego de tener relaciones sexuales para ir a las misiones y ellas lo sabían. Su adolescencia estuvo llena de mujeres de las cuales no podía ni siquiera recordar su nombre, o peor aún, su rostro. Cuando creció, tal vez tuvo unas cuantas parejas usuales que se fueron perdiendo con los años, como si fueran sólo un cliente fiel de las prostitutas que sabían lo que a él le gustaba. La mayoría de los saiyajin se establecían con una pareja para obtener la descendencia, aquellos que se enamoraban, usualmente, eran los que obtenían los bebés más débiles. Muchos de los saiyajin buscaban parejas con un poder de pelea alto, de ahí se basaba mucho del atractivo entre los saiyajin; Sin embargo, él nunca estuvo interesado. No necesitaba nada más, tenía sus objetivos, sus metas, su ambición. Encontrarse en medio de la calle siguiendo a una mujer era bastante contradictorio a la vida que llevaba antes. Volvió a concentrarse en el bamboleo de las caderas de Bulma, él la consideraba atractiva, pero, afuera de la corporación, era inevitable compararla con el resto de las humanas. A sus ojos el resto de las terrícolas parecían insípidas, sin gracia, algunas lo miraban con hambre y eso lo incomodaba, el nivel de vulgaridad era diferente a la vulgar mujer a la que seguía. Bulma era, obviamente, diferente a todas ellas. Tenía algo especial, resaltaba entre todas, inclusive entre las más jóvenes. No entendía exactamente a qué se debía, tal vez era porque fue la primera mujer que tocó luego de mucho tiempo, que fuera agresiva, sensual, divertida…

Gruñó reprochándose a sí mismo.

Bulma volteó pero, al verlo tan pensativo, imaginó que estaba conteniendo toda la rabia que sentía por estar en ese lugar. Volvió sus ojos a su camino rogando que él no perdiera la cordura.

Vegeta se dio cuenta de que lo observó y se calmó un poco. Trató de pensar como el calculador innato que era, sabía que la combinación de la genética entre ellos dos crearía a un ser tan poderoso como Gohan, tal vez ahí radicaba parte de su belleza; Pero no, porque lo que él menos necesitaba era otro rival que superara sus poderes, además de qué, cualquier humana insípida podía lograr tal combinación de poder, ¿Entonces qué era? ¿Qué era aquello que lo tenía hipnotizado? Miró la estrecha cintura de la peliceleste, sus largas piernas, su espalda sensual y sus caderas maduras. El cabello bailaba con el viento y su aroma le invadía las narices. Viró el rostro antes de comenzar a emocionarse con el delicioso cuerpo de la mujer.

La peliaqua se detuvo en una de las grandes vitrinas de la calle, se inclinó haciendo que su pequeña falda se tensara, acortándola y mostrando la línea que dividía sus glúteos con las piernas. Su ropa interior diminuta daba un efecto demasiado provocador. Un rayo se cruzó en la frente de Vegeta, ¿la terrícola no se daba cuenta de ese detalle? ¿Era costumbre suya andar por ahí mostrando lo que él había marcado como suyo? Quería hacer algo, advertirle, bajarle la falda, matar a todos alrededor, ¡Lo que sea! pero no le salían las palabras de la boca.

— ¡Hola primor! Desde aquí te ves muy bien — Un hombre se detuvo, bajó sus lentes oscuros para disfrutar el panorama. Parecía un hombre de mundo, con su traje y sus reflejos afeminados en el cabello. Sonrió mostrando el brillo de su sonrisa de comercial.

Bulma se volteó con furia — Óyeme idiota… — Se quedó paralizada, cuando al mirar, Vegeta estaba interfiriendo en su campo de visión, justo en medio del sujeto atrevido y ella — ¿Eh? — Parpadeó — ¿Qué pasó? — Se asomó por detrás del moreno y se incorporó para observar la extraña escena. Tenía un mal presentimiento.

— Oye enano, ¡No estorbes! — el desconocido le gritó al guerrero al verlo moverse, con suma tranquilidad, para que no pudiera ver a la científica.

Bulma mordió su uña del dedo índice al imaginar la catástrofe que había iniciado ese sujeto al provocar de ese modo a Vegeta. Las imágenes del cataclismo aparecieron por su cabeza y ella era la única culpable por intentar sacar de su recinto al príncipe de la oscuridad. Tapó sus ojos con las manos.

Vegeta sonrió confiado ante tal sabandija, lanzó una onda de energía imperceptible que le rompió los lentes oscuros al desconocido y le revolvió su cabello aglutinado. Una cortada en su frente comenzó a escurrir líquido rojo. El hombre con el susto en la garganta tembló — ¿Quién es este tipo? ¡Es un monstruo! — Sus piernas temblorosas al fin respondieron y salió huyendo de ahí.

Bulma abrió las palmas, dejó que sus pupilas pudieran observar, a través de las aberturas de sus dedos, que el fin del mundo no se había desatado.

— Hmp Insecto cobarde — Vegeta se volteó y miró a Bulma, ella lo observaba todavía impactada, el moreno volvió los ojos al frente del camino — Intercambia la mercancía que necesitas y larguémonos de este lugar lleno de inútiles sabandijas— Bulma no se movió, el hombre volvió a verla con el rostro más endurecido — ¿Qué esperas?

— ¡Ah! Sí — La peliceleste reaccionó y comenzó a caminar algo nerviosa. Trató de eliminar las ideas románticas de su cabeza. Era imposible que Vegeta hubiera hecho tal cosa por celos, lo más probable era que él sólo estaba ahí parado por casualidad y, debido a su inmenso orgullo, no mató al sujeto, ya que no era, ni siquiera, digno de ser eliminado por el gran príncipe de los saiyajin. Sonrió estúpidamente al pensar en la pequeña, diminuta, imperceptible posibilidad de que lo hubiera hecho para protegerla. No costaba nada soñar.

— Oye…— La voz de Vegeta la sacó de su nube.

— ¿Qué sucede? — Contestó distraídamente la peliaqua.

— Mh…— Vegeta bajó la mirada sin saber exactamente cómo decirlo. Bulma parpadeó. Vegeta volvió a verla — Baja tu falda — Dijo grave.

Bulma se sonrojó al darse cuenta de su descuido — ¡Ah! ¡Que pena! ¡Debiste decirme antes, con razón ese tipo dijo esas cosas! — Miró al moreno que seguía serio. La científica prefirió no tocar el tema, no quería escucharlo decir…

— Hmp, ni creas que lo hago por ti, es muy molesto encontrarme con insectos como ese. Por mí anda desnuda— Justo eso no quería escuchar de él, pero lo dijo.

Bulma suspiró y siguió caminando. Después de unas calles de silencio incómodo al fin habló — Mira ya llegamos, aquí te quería traer — Se detuvo en una gran tienda rosada, tenía letras gigantes con un título francés en negro. El moreno la siguió en silencio al verla entrar. Las mujeres que estaban paradas en la recepción, con sus trajes rosados pastel la recibieron como la cliente VIP que era. Sujetaron a Vegeta de los hombros para conducirlo al departamento de caballeros, la energía de su interior comenzó a salir debido a la rabia.

—Calma Vegeta, prometo que no te dolerá — Le dijo divertida y sarcástica la peliceleste. El hombre gruñó, repentinamente los traumas de su niñez en manos de los sirvientes de su reino, hombres peludos y réptiles terribles que lo vestían, alimentaban y medían como fieles lame botas, no le parecieron tan terribles como esas mujeres empolvadas y adornadas. Bulma se dirigió a las empleadas — Traigan lo último de esta temporada para el caballero, esta noche iremos a la boda del año y él será mi acompañante, confío en su buen gusto, saben que el dinero no es problema — Sacó de su bolso un pedazo de plástico dorado. Los ojos de las empleadas brillaron y se acercaron con rapidez para sujetar las manos de Bulma. La científica dejó escurrir una gota de sudor al ver el entusiasmo de las mujeres.

— Señorita Brief usted puede contar con nosotras, no la defraudaremos… — Las dos empleadas con colores pastel, una rubia con peinado alto y la otra castaña con flequillo, observaron a Vegeta desde lejos. El hombre estaba perdiendo la paciencia. La rubia se acercó confidente al hombro de la científica — Señorita Brief, pero ¿De dónde sacó ese ejemplar tan espectacular? — La castaña se puso al otro lado, en el hombro desocupado y herido. Bulma se aguantó el pequeño dolor, la castaña se dio cuenta del pequeño detalle y solo se acercó a su oreja — Sí, díganos, no hace mucho vino con otro sujeto que también era muy lindo.

Bulma miró al techo un tanto cansada de aquellas mujeres, pensaba en cómo Vegeta iba a poder soportarlas, un escalofrío la recorrió al imaginarse las manos de aquellas dos posándose sobre el moreno — ¡Oh! Claro… — Dijo ocurrente la científica. Las empleadas parpadearon. La peliaqua les dijo en secreto — Por favor tengan mucho cuidado con él, su país fue declarado una democracia hace poco y perdió toda la herencia de la familia real a la que pertenecía. Ni siquiera habla bien nuestro idioma y mucha de sus frases son de odio, ustedes solo sigan con su trabajo no le presten mucha atención — Las mujeres quedaron perplejas y un poco azules, ¿acaso ella había recogido a un príncipe que recién había perdido su título? Miraron de nuevo al moreno. Vegeta mostró el tic de su ceja y puso su famosa cara de pocos amigos, pero en respuesta, las mujeres le sonrieron amables, lo que perturbó bastante al moreno.

Bulma se sentó esperando ver la pasarela, las chicas iban y venían con trajes, entre combinaciones de telas, colores y formas. Detrás de la mampara se escuchaban los quejidos y gruñidos de parte del saiyajin. Las mujeres reían un poco enternecidas del extranjero, pensando que su lenguaje original era una variedad de ruso o alemán. Bulma se reía de la situación, tenía que hacerlo ahora, pues no sabía en qué momento Vegeta podía explotar todo el lugar.

El hombre salió, tenía la camisa blanca desabotonada mostrando su brillante vientre formado, el pantalón le ajustaba a la perfección en sus musculosos glúteos estrechos. Las mujeres tragaron saliva al ver el espécimen salvaje salir como un dios griego. Bulma trató de ocultar su sonrojo tras un catálogo, bajó un poco el rostro de manera avergonzada, verlo de esa manera, parecía un sueño.

Vegeta se miró al espejo, acomodó la camisa para cerrarla, se colocó la corbata y empezó a luchar con ella. Se viró ante las mujeres, sorprendido del silencio que se creó — ¿Cómo rayos va este pedazo de tela? — Preguntó serio a las dependientes. Las empleadas corrieron a ayudarlo con una sorprendente amabilidad y dulzura, tanta, que el amargado de Vegeta no pudo quitárselas de encima "Bulma me las va a pagar" pensaba con rabia al verla muy divertida ahí sentada observándolo. Se sintió terriblemente humillado e incómodo. Su paciencia llegó al límite y empujó a las empleadas, pero ellas ya habían cumplido la tarea de ponerle el traje a la perfección en esos pocos segundos.

El moreno notó que el largo de su pantalón rebasaba al de sus pies — ¿Pero qué c…?

La castaña se inclinó para mirar bien la prenda — Parece que habrá que ajustarlo — La rubia miró al príncipe — No tiene de que preocuparse señor, estas cosas suceden muy a menudo con los extranjeros. Su traje estará listo para su evento.

— ¿Qué? ¿Extranjero? — El guerrero alzó una ceja, viró hacia Bulma — ¿Qué rayos les dijiste? — Masculló enojado.

Bulma se levantó de su silla con una risa traviesa que tapó con una mano. Se dirigió hacia los tres, tenía tras ella varios empleados, cada uno con una pila de ropa en sus manos. Miró a las empleadas — Quiero todos estos trajes a su medida, también me gustaron… esas camisas, pantalones, trajes de baño… — La peliceleste nombró cientos de marcas que le dieron vueltas en la cabeza al moreno, se sorprendió al ver a las jóvenes dependientes tomándole medidas con runa gran velocidad como si fueran expertas en artes marciales, con esa rapidez iban a poder esquivar perfectamente a los androides. Una, al medirle el tiro, rozó el miembro del hombre. La castaña se sonrojó y Vegeta apretó los puños, no iba a soportar más de ese circo. Comenzó a caminar duramente, se quitó el saco y tiró el chaleco, tuvo que detenerse al no encontrar sus zapatos y notar que su caminar era algo torpe con el pantalón desajustado.

— ¡Vegeta! — Gritó enojada la peliceleste — ¡No puedes irte así!..

— Claro que sí — Se volteó con gravedad el moreno, sus ojos brillaron llenos de violencia como en aquella ocasión cuando la tenía al borde de la muerte.

— ¡Pero…!— La peliceleste se detuvo antes de continuar, notó la mirada del guerrero, gélida y filosa, como dos témpanos de hielo. Tragó saliva, se estaba sobrepasando de nuevo con él. Respiró profundamente para calmarse. Se acercó al príncipe y le tomó de la corbata — Prometo que en la noche tú podrás vengarte como se te dé la gana, con… mi cuerpo — Jaló la prenda y lo besó seductora. El hombre no pudo contener sus impulsos y le introdujo su lengua caliente. Al separarse sintió una terrible vergüenza al ver a todos los empleados observando sonrojados y brillantes. Su vergüenza fue tanta, que le apaciguó su antigua furia y se metió a cambiarse de ropa solo para ocultarse de las miradas inquisitivas de aquellas sabandijas. Refunfuñaba como nunca, agradecía que no hubiera nadie que en verdad lo conociera. Juró que nadie debía verlo de esa forma. Bulma sonrió, cruzó los brazos victoriosa, ya empezaba a comprender cómo manejar a su gato salvaje.

La empleada castaña se sonrojó, tomó sus mejillas — Que lindo… Se nota que se quieren mucho—La rubia la miró y contestó — ¿Tú crees? ¡Oh! Es una pena, me gustaría que fuera soltero, se nota que es muy tímido, sin duda es mi tipo… Si lo veo rondar por ahí solo, no dudaré en abordarlo — Rieron ambas.

Bulma al escuchar esos comentarios se viró hacia ellas, su rostro causaba terror — Chicas… No se queden ahí paradas y tráiganme el vestido más costoso y sensual de toda la tienda para ir conmi linda pareja — Las empleadas temblaron al oír lo siniestra que se escuchó la última frase.

—Vieja bruja... ojalá terminen pronto — Murmuró venenosa la rubia.

— ¡Apúrense o llamaré al encargado! — Gruñó Bulma, las chicas respondieron con velocidad y fueron al departamento femenino. La peliceleste había olvidado lo terrible que podía ser su carácter. Tapó sus labios recordando esas horribles escenas de celos que siempre descargó con Yamcha por las usuales mujeres que lo rodeaban. Un golpe de inseguridad le tocó el pecho. Ella después de todo, no era nada para Vegeta. Tal vez, muy dentro de su corazón, le había dejado una marca.

El pecho de la peliaqua se contrajo, la infidelidad de Yamcha y aquel incidente con el príncipe se le pasaron por la mente. Tomó su brazo recién vendado con la mano.

El príncipe salió del probador un poco más relajado, aunque todavía murmuraba en sus adentros. Volteó su rostro hacia la peliceleste que estaba pensativa e inmóvil, con un rostro un tanto afligido. Vegeta alzó una ceja y se acercó a ella — ¿Ya te arrepentiste? — Le tocó el hombro herido con una de sus manos, su sonrisa parecía maliciosa, porque en realidad él estaba pensando en la noche que les esperaba.

Bulma se sobresaltó al sentir su presencia maligna. Vegeta se sorprendió por esa reacción — ¿Pero qué demonios te sucede? ¿Estás loca? — Cruzó sus brazos con enojo, su intención no era asustarla de verdad, conociéndola se esperaba otro tipo de reacción, una más juguetona.

— ¡Ah! ¡Vegeta! Lo siento… — La científica se acomodó el cabello y miró a otro lado — Tal vez deberíamos irnos, ellos mandaran tus prendas a la corporación.

El príncipe frunció las cejas, ¿Ahora qué le sucedía? Metió las manos en sus bolsillos sin tomar mucha importancia al estado de ánimo tan cambiante de la mujer, le enfadó un poco que, a pesar de prestarse a ese tipo de payasadas, ella no parecía contenta. Suspiró indignado, le daba igual, él sólo quería irse de esa zona de locura.

— Voy a pagar — La peliaqua le mostró una sonrisa un poco forzada.

— Mh… — Contestó seco el saiyajin, detectó en las delicadas facciones de la mujer la mentira que trataba de ocultar. Esos detalles jamás los pasaba por alto.

La mujer ordenó unas piezas más del catálogo y pagó todo con su tarjeta de crédito. Al salir de la pomposa tienda buscó una de sus cápsulas dentro de su cajita, buscó un sitio vacío para aparcar, pero la mayoría estaban siendo usados por taxis.

— Tsk... me voy volando — Dijo el moreno.

— Bueno, haz lo que quieras, pero fíjate que nadie te vea que cuando llegamos unos empezaron a echar chisme acerca de ti, no vayan a pensar que eres un superhéroe o algo por el estilo, se llevarían una gran decepción— La peliceleste siguió buscando un lugar.

Vegeta frunció el ceño, no le agradaba esa actitud de la peliceleste, sobretodo, cuando no era provocada a propósito por el saiyajin en sus intentos de obtener una divertida discusión. Después de todo ella tenía su carácter, no entendía qué le había sucedido en un lapso tan corto de tiempo. Comenzó a desesperarse al verla buscar un lugar. De un impulso la cargó entre sus brazos.

— ¡¿Pero qué haces? — gritó Bulma sorprendida.

— ¡Cállate! — De ahí emprendió el vuelo con seriedad sin interesarle si lo vieron o no, por suerte, su velocidad fue lo suficiente como para que todos dudaran de su cordura. El príncipe notó que el viento molestaba a la mujer, gruñó enojado y bajó un poco la velocidad hasta llegar a la Capsule Corp.

— Debiste avisarme, gorila — dijo la científica con las cejas fruncidas.

El hombre se enojó, el piso debajo de sus pies crujió.

Bulma regresó la vista hacia él, bajó su rostro — Lo siento Vegeta… — Le dio la espalda al moreno — Te espero en la noche para irnos… Si es que vas conmigo — Dejó la opción al aire.

Vegeta quedó atónito, definitivamente algo sucedía.

Una criada salió de la casa — Señorita Brief, que bueno que ya regresó, una llamada para usted — La sirvienta notó que la situación estaba tensa — ¿Le digo que está ocupada?

— ¿Eh? No, yo contestaré— Bulma se extrañó, la boda no podía ser cancelada, tal vez había un imprevisto, o sería un problema en el envío de sus compras. Ella fue directamente a atender el teléfono, dejando a un príncipe desconcertado.

Vegeta suavizó su posición, caminó dentro de la casa directamente a su habitación, si Bulma había decidido que él podía elegir una opción, obviamente, él no iría a tal reunión formal sin importar su promesa. En su camino hacia su cuarto vio a la peliceleste con el teléfono en la mano. El moreno se apoyó en la pared debajo de las escaleras para escuchar.

Bulma enrolló sus dedos en el cable del teléfono, se apoyó agotada en el sillón como si esperara algo. Detrás de la llamada estaba Yamcha.

NOTAS FINALES

Goku: Mhh... (Pensativo)

Vegeta: ¡¿Ahora qué demonios te sucede Kakaroto? Dentro de poco salimos al aire, ¡Ahg!, no me digas que no tienes el libreto.

Goku: Sí... Pero estoy un poco decepcionado...

Vegeta: ¿Decepcionado? ¡Hmp! Claro, quién se interesaría de lo que ocurrió esos 3 años.

Goku: No, no es eso Vegeta... ¡Todo lo contrario! Esta ocasión no hubo nada de... Tú sabes, eso que ocurre entre la esposa y el esposo, bueno, en tu caso entre Bulma y tú... lo he estado grabando para que lo vean Milk, Krilin y al Maestro Roshi, (Suspira) que mal, él será el más decepcionado...

(El estudio explota)

(No aparecen las escenas al puro estilo DBZ, en su lugar, ven una pantalla congelada con el logo de un Chibi-Goku nockeado con un gran título que dice: "Dificultades Técnicas")