Gracias por el review, que bueno que te gustó :3

Hola Darky_Bulma! que gusto verte por aquí, gracias por los ánimos, decidí subirlo tmb por aquí por recomendación, pero uff son muchos capis XD será lento pero seguro

Disfruten!


Capítulo 13

Incertidumbres II

Incertidumbres II
Un Beso Incómodo

Se puede enterrar fácilmente un error. Fácil, para mí todo es fácil, incluso yo puedo ser una… fácil… Todo por ser fuerte, enérgica, inteligente, bella, exitosa, una grandiosa mujer, que por cosas de la vida, no tiene fortuna en el amor. ¿Qué me lleva a caer en la trampa de una cara linda, de un cuerpo glorioso? ¿Es mi lujuria? Tal vez estoy pagando por mis pecados, nunca se ha visto bien una mujer dura y dominante… Que decepcionante puedo ser, cuando toda mi confianza se viene abajo, y mis inseguridades surgen.

La peliceleste tapó su bella mirada con un brazo.

Las primeras veces, cuando despertaba llorando por las infidelidades de Yamcha, seguía adelante con una sonrisa, perdonándolo por esa enfermiza dependencia entre los dos. Él, inseguro por su sexualidad y yo, insegura por mi carácter. Adentro de cada relación deben haber monstruos y desafíos, que entre los integrantes deberían solucionarlo, pero yo, siempre soy yo la que arregla todo, la que perdona y sigue adelante, la que cura los corazones heridos, la confidente, la que brinda el amor que falta, trabajando por ambos. Estoy cansada… Cansada…

Unas lágrimas comenzaron a brotar de los cristalinos ojos de la limpió con rudeza. Miró las cajas y bolsas de sus compras, la oscuridad de la noche inundaba el cielo raso.

Esta habitación me recuerda mucho a él, esta cama… Pero cruzando el pasillo…

Volteó su rostro. Sonrió levemente.

Ay Vegeta… He sido tan cruel contigo… Obligándote a abrir tu corazón cuando el mío sigue herido… ¿Cómo puedo estar contigo? Soy una hipócrita… No puedo continuar con esto. Prometí ser irresponsable junto a ti, pero no estoy segura de poder soportar una relación tan complicada como la que queremos llevar. Ya no soy una niña ingenua, y por eso creí que podría llevar conmigo la carga de nuestra relación. Yamcha me dio un título y un lugar, pero tú, tú jamás me darías algo así; pero en cambio, tú me haces sonreír con tus berrinches, me haces sentir como una pequeña enamorada del niño que le jala el cabello y que le pisa los pies.

Otra lágrima cayó, esta vez no tan dolorosa.

A la vez eres un verdadero hombre, un hombre que me convirtió en una mujer. No quiero amarte, no puedo enamorarme porque me harías sufrir como lo hizo él, de una manera diferente, y no sería tu culpa, sería la mía. Tú no eres como él. Lo sé… Te idealizo ¿Verdad? No eres perfecto… Pero… Me gustan tus imperfecciones… Que mal… Es demasiado tarde… Me duele en el alma, pero… Estoy enamorándome cada vez más… de ti Vegeta… ¿Qué haré ahora? El amor es un estorbo entre los dos. No lo debes saber, no quiero que me deseches aún… Tengo que guardar estos sentimientos o matarlos… Matarlos ahora mismo. Así como tú intentaste matarme a mí… Vegeta… ¿Qué soy yo para ti? ¿Estoy en tu corazón? ¿Estás pensando en mí como ahora yo pienso en ti?... Seguramente no… Solo quieres entrenar y derrotar a Goku.

Suspiró y se incorporó de la cama, si no comenzaba a arreglarse no llegaría a la boda, y aunque Vegeta no la acompañara tenía que ir en nombre de la corporación. Siempre cumpliendo con el deber de verse linda, dando la mejor imagen para la empresa. Se tocó la frente, la sintió un poco más cálida de lo usual, lo atribuyó a esas lágrimas contenidas. Miró sus ojos, los enjuagó con sus manos, el maquillaje no podría disimular si ella empezaba a llorar más. Respiró lentamente para calmarse, tomó una botella de agua para beberla y tragar de una buena vez el nudo en su garganta. Debía olvidar su debilidad y continuar como siempre lo hacía. Fuerte, como la poderosa mujer que era, valiente, como la domadora de los leones en las ferias. Se levantó con nuevas energías, con un puño apretado y una sonrisa — Vegeta ¡Estoy enamorada de ti! Lo estoy y tú algún día lo estarás de mí ¡Muy bien Bulma! Ese sujeto no podría enamorarse de una chica llorona y débil, debes demostrarle lo agresiva que eres justo ahora ¡Y que nada te puede detener! ¡Basta de sentir lástima por ti misma! — Miró el reloj — ¡Ay no! ¡Debo arreglarme ya! — Comenzó a desvestirse para entrar a la ducha cuando recordó que muchos de sus cosméticos estaban en la habitación del príncipe. Volvió a colocarse la blusa y reunió el valor que necesitaba para cruzar el pasillo y entrar al ámbito del hombre. Caminó como si se tratara de una verdadera intrusa. Tocó la puerta sintiéndose un poco ridícula. Entró jalando la puerta lentamente, asomando su rostro con cuidado.

— ¿Qué quieres? — La voz grave del moreno casi le causó un infarto a la peliceleste.

Bulma cayó— ¡Vegeta! ¡No me asustes así! — Gritó la mujer en el piso con la mano en su pecho, la otra sujetaba una bolsa con varias de las cajas de sus compras.

— ¿Qué? ¿Pero qué te sucede? Estás actuando más raro de lo usual — El moreno la miró bien, debido al incidente en el centro de la capital sabía que ella no estaba en esos delicados días. Comprobado por sus propios ojos, a menos claro, que ocurriera inesperadamente, pero él tenía muy bien hechas las cuentas.

— ¡¿Pero por qué me miras así? — Se levantó del piso para enfrentarlo cara a cara, sabía que si se quedaba esperando a que él la levantara se iba a secar ahí. Se acercó a su rostro. Se dio cuenta del aroma a jabón y la colonia que despedía de su cuerpo — ¿Eh? Dime Vegeta… Ya te duchaste… — Parpadeó la mujer.

— Mh… — El hombre se sentó en su colchón pasando sus dedos por su cabello semihúmedo. Estaba extrañamente tranquilo. Su usual expresión tal vez, sólo tal vez, parecía más suave — Tenía que quitarme ese olor a insecto — Casi lo escupió de su boca como vómito verbal, no podía evitar ser tan poco delicado.

— Pues pronto lo vas a tener de nuevo porque tú me prometiste disfrutar esta semana vacacional conmigo — La mujer caminó confiada hacia la ducha sin puerta del moreno. Dejó la bolsa en uno de los muebles.

— ¿Qué? No me dijiste que era si yo quería… — El príncipe la observó, al parecer la actitud de la peliceleste había vuelto a ser la misma, por lo que, ya no tenía que actuar tan decente — No iré — Se acostó indignado — Además ni siquiera sé a qué voy a esa reunión, son sólo sus estúpidos rituales de humanos de los cuales no soy parte.

Bulma lo miró con unos ojos afilados y suspicaces — Ya decía yo que tanta tranquilidad de tu parte no era normal — Se abalanzó encima del príncipe, rozando sus sexos.

El guerrero notó un ligero cambio en la temperatura de la mujer, como si en verdad estuviera con la regla o hubiera tenido sexo antes. Tal vez se había masturbado sin él. La frente del hombre se encrespó — Estás caliente — Afirmó serio.

— Sí, sí… Lo estoy por ti… — Con su boca hambrienta, la mujer le devoró el cuello, pero el hombre no movió ni un solo músculo — ¿Qué sucede? — Miró la mujer algo extrañada. Sabía que el cuello del saiyajin era una buena zona para comenzar.

Vegeta levantó un poco el torso — ¿Qué es lo que estabas haciendo antes? — Preguntó ronco.

— Nada en especial… — Bulma desvió los ojos al recordar su monólogo interior de hace unos momentos.

— Me estás mintiendo de nuevo — Pronunció el príncipe, esta vez, más enojado, recordando la escena dentro de la tienda. Tampoco soportaba la idea de que ella se masturbara sin él mirándola, aunque pensara en su cuerpo mientras lo hacía. A pesar de lo que pareciera, no sólo era porque él era posesivo, más bien no aguantaba la idea de perderse semejante acto de erotismo.

— ¿De nuevo? Pero si nunca te he mentido… ¡Ah! Ya sé que sucede… — Bulma rió traviesa — No Vegeta, no lo hice sin ti, estaba dormida, tuve una horrible pesadilla que creo me alteró — Parte de lo que decía la mujer era verdad, miró de nuevo el reloj — ¡Ay no! Así nunca estaré lista a tiempo, esto tendrá que esperar— La mujer se levantó y fue directo a la ducha, donde se desvistió a gran velocidad y se duchó a tiempo record.

Vegeta se apoyó en el marco de la puerta, ya que no había una, podía observarla a sus anchas a través del vidrio borroso — Esta mañana estabas extraña… — Le dijo malicioso, se sintió poderoso al verla desde ahí como un pervertido cualquiera. Luego averiguaría lo que sea que le estaba ocultando.

Bulma volteó la situación cuando arrimó el cancel y lo llamó con una mano. Estaba desnuda, mojada y resbalosa como una sirena salida del mar. Nada mejor para el príncipe que ver a Bulma húmeda, llamándolo con su maleficio, cual Odiseo, sólo que el moreno no se resistiría a ese encanto por nada del mundo. El hombre se metió en la lluvia de la regadera con todo y sus ropas, dejándolas pesadas, las manos de la peliceleste empezaron a desnudarlo dejando caer como plomo las telas. Vegeta cerró el cancel, deslizándolo con una fuerza medida. Besó a la peliaqua con las gotas acariciándolos, golpeándoles la piel. El sabor de sus labios tenía un gusto diluido en el agua, que corría entre sus rincones, fresco y dulce. Los envolvía el aura de agua, resbalando como si fueran dos anguilas.

— No vamos a llegar — Suspiró Bulma con la boca apuntando al cielo. Vegeta se introdujo en ella sin aguantar la excitación — ¡Ah! ¡Vegeta! — La peliceleste subió sus dos piernas para abrazarlo con ellas, su espalda chocó cerca de las lozas rotas. Algo le decía que él estaba intentando retrasarla, pero ese tipo de retraso no le molestó para nada. Clavó sus uñas en la espalda del moreno y gimió en la oreja de Vegeta con la intención de volverlo loco. Se sostuvo justo ahí, entre la pared y el cuerpo duro del guerrero. El agua seguía corriendo sobre sus cuerpos, erizándolos, cayendo en sus pezones erectos, en sus sexos calientes. Las contradicciones de temperatura se fueron mezclando hasta que el vapor del agua comenzó a nublar esa parte de la ducha, donde el cancel los protegía. El último empujón del príncipe los hizo gritar al unísono, sus piernas temblaron temiendo caer en el duro piso. Bulma bajó las piernas y descansó en el pecho de acero del saiyajin. Trató de mantener el aliento, levantó su rostro y vio a Vegeta, el objeto de su enamoramiento recién aceptado. Tenía el cuello curveado, la cabeza miraba al techo, recibía el agua de la regadera. La peliceleste se refugió en los fuertes brazos del hombre.

— Necesito más… — Susurró el príncipe en el oído de la mujer.

— Ya sé lo que haces… Me quieres retrasar para no ir a… — El miembro del guerrero comenzó a acosarle el sexo — A la boda…Mh…— La excitación volvió. Tenía que parar, si eso continuaba así terminarían en uno de esos maratones que la dejaban exhausta y necesitaba todas sus energías para sobrellevar la semana. La científica bajó para ponerse de rodillas y comenzó a devorarle la virilidad del moreno. Sabía que su poderosa garganta y sus carnosos labios lograrían apaciguar el fuego del saiyajin por un momento. Movió su cabeza con ritmo, tratando de no atragantarse. El duro y gran falo, tieso como un pedazo de madera, la empalaba. Al fin los gemidos del saiyajin empezaban a demostrarle su buen trabajo, de repente sintió el semen poderoso ir dentro de su garganta. Lo bebió como si fuera una medicina milagrosa y sacó el gran miembro de Vegeta de su boca, las pequeñas gotas en el rostro de la mujer se lavaron con el agua.

Bulma se levantó de esa posición lavándose las rodillas, preocupada de que la fricción le hubiera dejado alguna marca. Miró el rojo de éstas, suspiró, tendría que usar medias. Salió de la ducha deprisa, aún quedaba el tiempo justo para maquillarse si se apuraba. Vegeta se sostuvo con una mano todavía recuperándose de la maniobra oral de la científica. Salió de la ducha mirando ir y venir a la mujer de un lado a otro.

— ¡Ahg! Aún falta una hora, podíamos continuar — El moreno se sentó mojando todo a su paso.

— ¡Una hora! ¡Oh no! No terminaré a tiempo, todo por culpa de tu insaciable y enor… ¡Ugh! No, no…— La peliceleste notó el charco de agua que dejó el príncipe. Siguió las huellas de agua hasta la mojada cama, ahí se encontraba él, con el cabello escurrido y las gotas resbalándose por su exquisito cuerpo desnudo. Le tiró una toalla — ¡Sécate! Te vas a resfriar y luego voy a tener que cuidarte en mis vacaciones —Ocultó su sonrojo con esa reacción.

El príncipe agarró la toalla debido a sus extraordinarios reflejos — Supongo que te refieres a alguna enfermedad de humanos. No seas ridícula, no me puedo enfermar por algo tan insignificante como esto — El hombre secó un poco su cabello y cubrió su intimidad con la tela. Se acostó en el colchón con las manos debajo de la nuca, viendo la manera en que la mujer se emperifollaba. De nuevo quedó en silencio, no sin antes sonreír seductor desde la cama, dirigiéndole algunas miradas intensas a la peliceleste con el fin de distraerla.

Bulma notó desde el espejo las oscuras intenciones del moreno. Se sonrojó furiosa y le tiró un bote de crema, al que, por supuesto atrapó el príncipe — ¡¿De verdad no piensas ir? ¡Empieza a vestirte ya! ¡Tú me lo prometiste Vegeta! ¡No me digas que eres un príncipe sin palabra! — Gritó desde el mueble.

Vegeta cerró los ojos un instante sin contestarle, con esos gritos y esa actitud tan demandante le daban ganas de largarse y hacer su santa voluntad. Recordó la llamada de la tarde y una sensación, muy extraña y diferente, lo recorrió.

Así que Yamcha… Ese nombre me suena… Hm… Debe ser alguno de esos insectos insignificantes ¿Será el calvo?... ¿El namekusein?... O esa sabandija imbécil que me desafió al bajar de la nave cuando volví del espacio…

El guerrero volvió los ojos a la mujer. Se levantó de la cama y fue hacia una de las tantas cajas, que estaban dentro de la bolsa, para buscar su traje. Bulma parpadeó, a veces no podía comprenderlo, esos largos silencios y ese rostro pensativo, que ponía en ocasiones el guerrero, la intrigaban. Vegeta era un misterio para ella, le daban ganas de crear una máquina para leer esa mente y descubrir sus secretos. Supuso que, debido a que picó el orgullo "real" del príncipe, él había reaccionado — Vaya… Por un momento pensé que en realidad no cumplías tus promesas… — Regresó su mirada al espejo y se colocó unos elegantes diamantes en sus lóbulos — Me alegro, porque debo ir acompañada a ese evento tan importante, si llegara sin pareja, la gente comenzaría a hablar y mi reputación estaría en peligro, incluso la empresa — Hizo unos gestos frente al espejo al observarse "¡Ay! Pero que linda soy" Sonrió con ese pensamiento en la cabeza.

— Cierra la boca… Yo tengo mis motivos — Contestó el príncipe aún buscando entre las cajas el traje negro de la mañana.

— ¿Motivos? ¿Pero qué motivos podrías tener tú en un lugar como ese? — Se volteó la mujer. Vegeta no contestó, de nuevo la dejó intrigada. La peliaqua observó que el hombre tomaba las piezas del traje de la mañana — No, esos no — Se levantó y se puso muy cerca de él. La científica apenas se había puesto su sensual ropa interior de encaje negro, con unas delicadas medias oscuras que se sostenían con un liguero que el guerrero no reconoció. Sus pechos, firmes y jugosos, rebotaban descubiertos. Vegeta volteó el rostro. Bulma agarró otro conjunto de la bolsa — Este, es mucho más elegante, ¡Y está a la moda! El otro es clásico, bueno… No espero que comprendas esas cosas— Rió y le dio el traje. La peliceleste observó la entrepierna del saiyajin — ¿Qué? ¿De nuevo?

— ¡Ahg! ¡Cállate! — Vegeta se apartó arrebatando las piezas del traje de las manos de la científica y quiso encerrarse en el baño para cambiarse, pero su mano quedó al aire cuando intentó cerrar la puerta inexistente.

Bulma rió — No tienes puerta ¿Recuerdas? A ver si así te controlas mejor, aún no comprendo cómo es que la rompiste — La peliaqua intencionalmente se inclinó para ponerse sus tacones, desde esa posición miró seductora al moreno.

Un rayo cruzó por la frente de Vegeta ante tal provocación. Ella estaba buscando una violación de su parte, en esa posición era muy sencillo clavarla desde atrás — Así nunca vas a llegar a tu supuesta reunión importante — Apoyó el brazo en el marco de la puerta, observándola con lujuria.

— ¡Ay! ¡Tienes razón! ¡Ya es muy tarde! — Los ojos de la científica se distrajeron ante tal comentario. Se incorporó y sacó su hermoso vestido negro.

Vegeta casi se cae al ver ese cambio. Apretó el puño — Ahg, esta si me la vas a pagar… — Masculló, miró el traje que tenía en sus manos y comenzó a vestirse receloso, aminorando el entusiasmo que tenía en la cadera.

Bulma sonrió estúpidamente, mirándolo así, sentía como si ellos ya fueran un matrimonio. Volteó para observar a Vegeta. De repente, su rostro se entristeció; aún no eran nada.

La mujer se colocó el vestido con cuidado, tratando de olvidar esos pensamientos tan pesimistas, no debía arruinar su peinado alto y su maquillaje costoso. El vestido largo tenía un profundo escote que llegaba un poco antes del ombligo, dos piezas de tela cubrían caprichosamente sus atributos, mientras que su vientre bajo era estrecho por la tela ceñida. Parte de su espalda y su cuello desnudo, lucía reluciente con el peinado sencillo, pero elegante, que llevaba y caía lacia a un lado de su cuello; Así cuidaba que la pequeña herida de su hombro se cubriera a la perfección. El final del vestido, era tan vaporoso, que bailaba entre sus pantorrillas. Una pieza de brillantes caía de su cuello hasta el final del escote, como la cereza del pastel.

Vegeta la miró de reojo mientras se acomodaba el saco "Hmp… ¿Sólo eso se pondrá? Se le van a salir las tetas. Es vulgar como ella sola…"Alzó una ceja. Se sintió extrañamente aliviado al saber que él la acompañaría. Miró al espejo con una vena hinchándose en la frente, no lograba acomodar el nuevo traje, no tenía corbata, pero los dobleces se revolvían como barajas de poker "¡Ahg! No comprendo la absurda moda de este planeta, ella sin tela y yo con demasiada… ¡Malditos terrícolas!"

Bulma escuchó los gruñidos del sujeto. Volteó y su rostro se ruborizó, el traje que él tenía le favorecía mucho más que el anterior. Era de un gris jaspeado, hecho de una tela fina y suave, que se apetecía acariciar. En el interior, su camisa negra perlada brillaba, el conjunto se ajustaba a su bella espalda ancha y a sus glúteos endurecidos. Se acercó para acomodar la camisa que le costaba tanto trabajo al moreno — Vegeta… Esto va así— Colocó la camisa para que los detalles se lucieran en su duro pecho, sacó de la bolsa un pañuelo azabache y lo dobló en su bolsillo —No es por nada pero… Te ves… Increíble — Le dijo clavando sus ojos en las perlas del moreno. Ambos combinaban.

Vegeta la miró, había muy poca diferencia en la altura, por lo que sus rostros inevitablemente quedaban a escasos centímetros. Algo le invadió al mirarla ahí, no era la mujer agresiva que le divertía, ni mostraba ese temperamento violento tan particular. Estaba simplemente ahí, dulce y serena, con los ojos brillantes, mirándolo profundo como si pudiera leerle el corazón y viera más allá de su putrefacción, convirtiéndolo de verdad, en el príncipe que era. El saiyajin le tocó la espalda con inusual suavidad, y le dio un beso largo, tierno, delicado. La luna los acariciaba a través del ventanal. Sus bocas se unían consumidas en el cálido aliento. Por esos momentos, renacieron en un iluminado silencio, la sensación tan placentera los recorrió como si de un veneno se tratara, intoxicándolos con dulzura.

Al separarse, sus corazones latieron fuertes y a ritmo. Bulma separó el rostro y buscó su cartera con los ojos — ¡Vamos! ¡Se nos hace muy tarde! — Debía concentrarse, no podía llorar, debía contener las lágrimas que su corazón contenía. Le recorría una agridulce felicidad. Ese beso la había enternecido, emocionado de tal manera, como si hubiera nacido sólo para ser besada así, el amor creció como una gran hinchazón ardiente en su alma. No podía creer que pudiera sentir más de lo que ya sentía, estaba tan segura de que el príncipe sólo la miraba como un juguete y eran cosas como esa la que la dejaban confundida y atormentada. Ella debía seguir siendo un juguete por el momento.

Vegeta desvió su mirada, él no comprendía el motivo de esos impulsos. Los dulces labios de esa mujer seductora, de esa sirena que lo volvía loco y apasionado, lo habían atraído como si se tratara de un imán. Esa sensación que le inundaba el alma, tan cálida, que no podía entender, que no reconocía; no era odio, no eran los oscuros sentimientos que lo recorrían usualmente. Esas nuevas sensaciones lo estaban transformando en un ser que despreciaba. Estaba en el infierno.

Ambos salieron de la corporación con el silencio incómodo atravesándoles las caras. La limusina se estacionó, el moreno estaba tan turbado que ni siquiera tuvo ganas de discutir acerca del transporte. Se sentó dentro ese monstruo largo, en el cojín negro y brillante de cuero, con el rostro mirando a la ventanilla. Observó los edificios, las luces de la ciudad le pasaban como un escáner sobre su rostro. Bulma miró del otro lado, estaba frente a él, callada y nerviosa. Tocó su mejilla tibia. Cada vez sentía la temperatura de su cuerpo subir más, tal vez por ese amor tan grande que intentaba meter dentro de sí para que no saliera expulsado en una gran explosión.

Al llegar al gran edificio, la gente no invitada y los medios de comunicación, esperaban afuera con tazas de café para soportar su dura jornada. Después de todo, Vegeta y Bulma, sí habían llegado tarde. La desilusión de Bulma fue obvia, observó entre esas personas dispersas algo peculiar, una espalda conocida, una cabeza con un extraño objeto encima de ella. La mujer parpadeó — ¡No puede ser! — Gritó dentro del transporte alertando al saiyajin e inclusive al chofer, al que se la descolocó la gorra por el chillido.

— ¿Pero qué rayos te pasa ahora? — Reclamó el hombre que se asustó por ese horrible grito.

— ¡Es Yamcha! — Con un grito susurrado, la mujer se asomó con más discreción como si pudieran verla a través el vidrio ahumado de la limusina. El largo transporte paró.

Vegeta alzó una ceja cuando oyó ese nombre de nuevo. La peliaqua respiró profundo en su asiento y concentró todas sus fuerzas.

Yamcha se volteó al ver a la limusina parar, en la parte trasera tenía una matrícula conocida y el logo de la CC, sonrió al reconocerlo, se había colocado un traje negro clásico. Sabía que adentro estaba Bulma.

"Así que era él después de todo…" Vegeta sonrió perverso desde su asiento.

NOTAS FINALES

(Aparecen imágenes del próximo capítulo al puro estilo DBZ)

Gohan: (Con la emoción usual en la familia Son) ¡Hola! ¡Soy Gohan! Mi papá y Vegeta tuvieron una… diferencia de opiniones en el capítulo anterior, por lo que el Señor Piccoro y yo los estamos sustituyendo ¡¿Verdad Señor Piccoro?

Piccoro: Emm… Sí.

Gohan: Señor Piccoro… ¡Salude! Así no van a volver a invitarnos…

Piccoro: Mh… Hola.

Gohan: (Decepcionado) Bueno, eso se considera un saludo… (Emocionado)¡No importa! ¡No se pierdan el próximo capítulo que se pondrá muy interesante!

Piccoro: Sí.

Gohan: (Resignándose) ¡Ay señor Piccoro! Creo que en verdad no nos van a volver a invitar… (Emocionado)¡No se pierdan el próx…! (Se detiene) No… Eso ya lo dije… Ay…Esa es su parte señor Piccoro…Bueno la diré yo, ya qué… A ver… ¿Qué iba?... ¡Ah sí! (Más emocionado) ¡Próximo capítulo: Incertidumbres III! ¡Hasta pronto amigos! (Susurro) Si es que hay otra vez…