Hellou, sí, en el otro sitio está más adelantado DX por eso planeo poner este a la par rápido, pero el tiempo me gana jajaja
Muchos Saludos! Disfruten este capi que está que arde!
Capítulo 14
Incertidumbres III
Incertidumbres III
Fieras en Celo
El chofer abrió la puerta de la científica ayudándola a salir, con una mano, sosteniéndola. La pierna de Bulma salió del transporte y luego salió su cabellera celeste encogida en el espacio de la abertura, al fin, con todo el cuerpo fuera de la limosina, dirigió sus cristalinos ojos a Yamcha.
— ¡Bulma! — Dijo entusiasta el guerrero del desierto.
El animalejo azul, de la cabeza del hombre, flotó — Bueno los dejo solos, adiós Yamcha, adiós Bulma — Salió volando de ahí, aunque notó una silueta dentro del transporte, largo y negro, de donde había salido la peliaqua.
— Sí, adiós Puar — Contestó el hombre. Miró a la peliceleste —Bulma, estás preciosa esta noche, no es que no lo seas siempre… — Rió nervioso.
Bulma lo miró — Yamcha… ¿Qué es lo que haces aquí? Te dije por teléfono…
— Sí, lo sé… — Interrumpió el lobo con la mirada baja. Volvió a mirar los ojos de la peliceleste — Te dije que no me daría por vencido, recordé que… Antes de terminar habíamos fijado esta fecha y quise venir a acompañarte de todas formas. Así podemos hablar— Un periodista les tomó unas fotos, deslumbrándolos con el flash — Mejor entremos — Dijo Yamcha caminando unos pasos, volteó cuando se dio cuenta de que Bulma no lo siguió.
— Bueno Yamcha… Es que yo traje pareja — La peliceleste no hallaba la mejor manera para decirle lo equivocado que estaba.
— ¿En serio? No mencionaste eso por teléfono, sólo entendí que vendrías— Miró hacia arriba tratando de recordar. Sonrió — ¡Bueno no importa! Seguro comprenderá la situación — Rió convencido el lobo — Después de todo nosotros aún tenemos algo muy especial que nos une. Sea quien sea lo pondré en su lugar de inmediato —Apretó el puño confiado pensando que el sujeto con el que se enfrentaría era un humano común y corriente.
— ¿A quién pondrás en su lugar?... Insecto — Vegeta salió de la limusina con un rostro desafiante y una sonrisa cínica.
El guerrero del desierto deshizo su posición de ataque por el asombro, ¿qué asombro? ¡Más que asombro!, estaba perplejo, atónito, petrificado, y todos los sinónimos juntos y mezclados, incluso vio estrellas de colores y tuvo que volver a encajar su mandíbula— Bul… Bulma no me digas que tan desesperada estabas… — Tartamudeó.
Vegeta endureció el rostro.
La ira dentro de Bulma empezó a crecer — ¡Desesperada tu abuela! — Explotó. Los periodistas comenzaron a tomar flashazos ante la controvertida situación. Bulma rió avergonzada por su pose tan poco femenina y trató de calmarlos. Una gota escurrió por su mejilla, ¿Ahora qué haría?, sin pensarlo demasiado se incorporó decidida y jaló a Vegeta y a Yamcha de los brazos para que la escolten. Entró aquel trío tan peculiar, con una altiva Bulma en medio de los dos, a la gran entrada del evento del año. Yamcha miró a Vegeta con ira, el príncipe sonrió burlón. Ya dentro, en la alfombra roja, donde por suerte, ya no estaban entrando más invitados, la mujer se puso enfrente de ambos — Óiganme bien los dos, este es un evento muy importante para la corporación, no quiero nada de combates ni peleas, o lo que sea que estén pensando ¿Me oyeron? Esto de por sí es muy difícil para una linda chica como yo, no quiero que me lo dificulten más— Yamcha volteó el rostro, Vegeta soltó un bufido de fastidio. Los trataba como un par de niños. Bulma sonrió — Muy bien, me alegro que entendieran, ahora vamos a nuestra mesa— Ella caminó enfrente. Dio su exclusiva invitación a uno de los de seguridad. El sujeto, que era un dinosaurio humanoide con gafas de sol, miró a sus dos acompañantes, e inclusive a él le pareció extraño que la señorita Brief llevara a dos hombres como escolta. La peliceleste se dio cuenta de ese pequeño detalle — Son mis guardaespaldas — Dijo convencida. Los dos pretendientes la miraron con extrañeza. Vegeta se había dado cuenta lo rápida de mente que era la científica y sonrió complacido, con un tanto de orgullo, aunque no entendía bien el significado de la palabra guardaespaldas. El dinosaurio abrió el paso. Las luces estaban tenues. Una pareja, que parecía conocer a la peliceleste, la abordó dejando a los dos guerreros atrás. Bulma trataba de no despegarles los ojos de encima.
Yamcha aparentó una sonrisa para su ex novia al notar que los observaba de reojo — ¿Qué es lo que haces aquí? — Susurró con disimulado enojo al saiyajin.
— Eso a ti no te importa sabandija… — Gruñó el príncipe con los brazos cruzados sobre el pecho.
Esa respuesta, Yamcha, la tomó como provocación— ¡Malnacido! — Apretó el puño.
Bulma logró zafarse de sus superficiales conocidos y regresó con los dos guerreros. Sonrió — Que bien, no se están peleando — Los miró con sospecha. Volvió a sonreír — Vamos, que la noche es joven, llegamos justo a tiempo para el brindis. Acompáñenme a nuestra mesa— La mujer se contoneó hasta llegar a su reservado lugar, una mesa muy romántica adornada con la luz de unas velas que flotaban sobre barquitos de manjar en fuentes de champagne, en medio, la fuente más grande le brotaba chocolate. Un camarero le quitó el listón que los separaba del resto de los invitados y se llevó el letrero que señalaba el apellido Brief.
Yamcha se sentó junto a Bulma y miró a Vegeta. Tomó la mano de la peliceleste para ver su reacción. El príncipe ni se inmutó, sólo se sentó del otro lado de Bulma con aburrimiento, para él la noche era un martirio con tantos humanos indignos alrededor. El guerrero del desierto se enfadó al ver la indiferencia del saiyajin — Bulma… ¿Quieres bailar? — Le dijo a la mujer con su mano sujetándola.
Bulma parpadeó, acostumbrada con su presencia, no sintió nada respecto a su toque — Pero Yamcha… Todavía van a dar el brindis, servir los aperitivos… ¡Ah! — Quitó su mano con sorpresa al ver bajar a la hermosa novia de las escaleras del salón — ¡Ahí está la novia! ¡Su vestido es precioso!
Yamcha parpadeó unas cuantas veces sintiéndose colgado. Vegeta dibujó una sonrisa mordaz. Era obvio que a ella no le interesaba ese tipo. Era una batalla ganada, pero como mal ganador que era el príncipe, iba a divertirse a costa de su victoria.
Los camareros llegaron con las copas llenas de champagne rosado y en cada mesa dejaron la botella de predilección de cada familia de prestigio. Bulma miró con preocupación la botella que le dejaron. Sentía que podía ser peligroso que alguno de sus acompañantes perdiera los estribos. Viró su rostro y visualizó el bar donde la mayoría de los caballeros fumaban sus habanos. Esa noche tenía que estar muy pendiente. Adiós a los lindos y perfectos planes de su cabeza.
Una mujer dentro del salón en una mesa lejana se levantó para decir unas palabras para brindar. Los invitados golpearon sus copas. Bulma golpeó la copa de fino cristal con la del príncipe, tomándolo desprevenido, los dos se miraron unos instantes aún incómodos por aquel beso. Yamcha afiló la mirada ante esa situación. Vegeta asentó su copa en la mesa, sin beberla.
— Vegeta… — Susurró la peliceleste — Debes bebértela…
— No gastes tus energías Bulma, desde el principio sabíamos que los asesinos no entienden de modales — Tomó de un trago su burbujeante bebida el celoso guerrero.
El príncipe lo miró con frialdad — Sí, tiene razón, yo no entiendo de sus grotescas costumbres — Se sentó y apoyó su tobillo sobre la rodilla, de su otra pierna, con comodidad. Cruzó los brazos.
El orgulloso saiyajin, no había contestado a esa provocación como lo esperaban Bulma y Yamcha. Ambos lo observaron sin comprender. Vegeta volteó el rostro.
La peliceleste intercambió las copas y se bebió la del saiyajin. Guiñó un ojo a Yamcha — No digas nada Yamcha, que si mal no recuerdo, antes tú no sabías moverte entre estos círculos. Vegeta viene de una cultura muy diferente a la nuestra— Miró al orgulloso guerrero. Volvió a Yamcha — Además como príncipe, es normal que no quiera hacer estas cosas ¿No crees?
Verla defender a su asesino, tan feliz y convencida, desataba la rabia de Yamcha.
Bulma se sentó y acercó un poco al príncipe con confiabilidad. La peliceleste guardó las apariencias para que Yamcha no se diera cuenta. Puso la copa sobre sus labios y no despegó los ojos de la pista de baile — Sé tu secreto — Susurró al saiyajin. Vegeta reaccionó. Bulma dirigió sus ojos unos instantes a él y luego miró de nuevo a la pista — No te gusta el sabor del alcohol ¿Verdad? No te preocupes, no le diré a nadie— Regresó a la distancia normal, ella pensaba que lo que le gustaba al príncipe no era las bebidas fuertes, sino más bien, esas que acostumbraban beber las mujeres.
Alzando una ceja, Vegeta, lanzó un suspiro para confirmar, prefería mil veces que pensara eso, sea lo que sea que pensó, a que supiera la verdadera razón.
Los platos comenzaron a llegar, el príncipe miró a los sujetos estirados y los miles de cubiertos. Se sintió de nuevo en su infancia, aunque el orden parecía diferir. Bulma comenzó con los platillos para que él la siguiera, pero como era de suponer el príncipe no le interesó y Yamcha se regocijó por ello. El lobo quería demostrarle que él debió ser la pareja de Bulma desde el principio, aunque un gusanito le comía por dentro, quería saber qué sucedía realmente entre esos dos. Alguien ahí era la tercera rueda y no le cabía en la cabeza que podría ser él.
Al final de la cena, justo en el postre, decidió acariciar, con su zapato, la pierna de la peliceleste debajo de la mesa. La mujer casi se atragantó y viró hacia Vegeta. Yamcha quedó azul al ver esa reacción. Los celos se inflamaron. La peliceleste parpadeó al notar la abrumadora inocencia del saiyan. Sintiéndose vigilado, Vegeta volteó, pero sus ojos siguieron el camino del ki en crecimiento. Como un rayo sobre su frente, la científica, se dio cuenta del verdadero infractor y viró su rostro hacia Yamcha, que lucía como si un demonio lo poseyera. Antes de que se desatara el caos las luces se apagaron, los reflectores enfocaron a la banda de música en el escenario. Una bella mujer agarró el micrófono y los instrumentos explotaron junto a su voz sensual. Los invitaron se movilizaron.
Recuperando la concentración; Bulma regresó sus ojos de zafiro hacia Yamcha.
Con una sonrisa perversa, Vegeta tomó la copa de Bulma. Relamió la orilla de cristal, embarrado con el cremoso labial nacarado de la científica, con deje entretenido. Tragó el líquido burbujeante, demostrando, llanamente, un beso indirecto. Miró desafiante al guerrero del desierto con su vil gesto.
Yamcha sintió en su espalda un tirón, era una provocación típica de un sádico. Volvió su cara hacia Bulma. Su ki disminuyó y cambió el rostro. La miró con una sonrisa — Bailemos.
Bulma lo miró sin comprender lo que había pasado, para ciertas cosas podía ser muy inocente, para ella lo más raro fue ver al moreno beber su copa, sin duda, le gustaban las bebidas de mujer pero… ¿Por qué lo demostraría ante Yamcha? Sus pensamientos fueron turbados cuando la mano de Yamcha la sujetó. Sintió temor por el saiyajin, regresó el rostro hacia él — Vegeta… No tardo, no te portes mal — Le tiró un discreto beso volado de manera juguetona, ya que, sabía que esas actitudes lo avergonzaban.
Vegeta viró su rostro apenado, torció la boca con enfado, esperando que nadie se hubiera dado cuenta de ese detalle tan estúpido, no importaba la situación ella se encargaba de malhumorarlo con ese tipo de actitudes. Regresó sus perlas negras a la pista, observando como aquella mujer le colocaba las manos alrededor del cuello de la sabandija. Las caderas de ambos se acompasaron a la música. Un mesero se interpuso en la visión del saiyajin, le dejó las cocteles que habían pedido. Vegeta apoyó su mejilla en su mano, un sentimiento extraño surgía dentro de él, desconocido, o tal vez un poco conocido, pero, olvidado para esas ocasiones tan inútiles. Estaba ahí, tal vez el único en todo el salón que estaba sentado solitario en una de las mesas, con los ojos clavados en una mujer que bailaba con otro; enseguida eso lo alertó. Volteó su cuerpo y dirigió sus ojos a otro lado, fingiendo indiferencia. Pasó por su cabeza que esa era la mejor opción para huir, pero, no podía, algo se lo impedía. Agarró una de las copas y la bebió, sintió la necesidad de distraer y confundir esa horrible sensación que tenía con algo, y nada mejor que con otra horrible sensación, con una quemazón en sus entrañas. Probó un cóctel rojizo y espumoso, el sabor dulce lo turbó, engañado por el sabor, lo bebió todo.
Una mujer se acercó al solitario príncipe, una modelo dispuesta a conquistar a ese misterioso hombre. Vegeta la miró como las demás mujeres humanas, como una insípida criatura. El rechazo del saiyajin desembocó una herida en el gran ego de la mujer, ella notó que el único interés del sujeto estaba en Bulma. Furiosa se alejó hablando pestes de la peliaqua, que por supuesto conocía.
Yamcha sujetó a Bulma de su espalda, trataba de hablar con ella con normalidad, pero notó que sus ojos sólo estaban en la mesa. Dirigió su vista hacia Vegeta, pensó que con su acción lograría que él dejara el lugar, pero no, él seguía ahí descaradamente. Frunció el ceño, tenía que averiguar lo que ocurría, desde cuándo ocurría y por qué ocurría.
La solista y los músicos tomaron un pequeño receso. Bulma enseguida caminó hacia la mesa en impulso. Yamcha la siguió sin más remedio. La peliceleste quiso saciar su sed, pero notó que las dos copas, que había ordenado, fueron desvanecidas por el saiyajin. Quiso verle bien el rostro, pues estaba demasiado callado, no escuchaba ninguna queja de su parte — ¿Pasó algo?... — Preguntó curiosa, intentando que le dijera lo que había ocurrido con aquella mujer.
— Lo que pasa es que seguramente no sabe bailar — Soltó el veneno el guerrero del desierto — Debiste pensar bien eso Bulma, sino hubiera llegado tal vez ahora estarías muy aburrida — Dijo muy seguro de sí mismo y de sus habilidades — También es algo que no se te da bien ¿No, Vegeta?— A pesar de la diferencia de poder no podía evitar decir cosas tan provocadoras, ese hombre lo había conducido a su muerte, pero si debía morir ahora, sería para humillarlo. Los celos le daban cierta valentía.
— Tsk — Vegeta no iba a poder contener por mucho tiempo su carácter — Cállate insecto, yo no necesito comprobar nada delante de sabandijas como tú.
— Lo sabía, eres un ignorante en la materia — Se puso frente a él.
El príncipe se levantó con desdén — ¿Qué fue lo qu…
— ¡Ah ya recordé! — Interrumpió la peliceleste con una voz bastante animada — La chica que vino aquí la conozco muy bien, claro, cómo pude olvidarme de ella, se ha vuelto muy famosa por sus trabajos de modelo en las revistas.
Yamcha parpadeó. El tic en la ceja de Vegeta apareció, ¿Qué manera de interrumpir un duelo era esa? Igual que el día de la barbacoa, se estaba volviendo una costumbre en ella interrumpir sus peleas con bobadas. Siempre lo consternaba. Lograba que su furia se volviera insignificante de repente. Cruzó los brazos y la miró — ¿Y para qué necesito saber algo tan inútil como eso? — Entendía el juego de la peliaqua, ella quería sacarle información, su manía de estar controlando a los guerreros aún era bastante fuerte. El saiyan notó su inexplicable interés sobre aquella situación, que para él, había sido insignificante, ¿Acaso estaba celosa? Ese pensamiento fue extrañamente agradable para el príncipe.
Bulma se quedó mirando de reojo, buscando las reacciones del saiyajin— Bueno, es que es una modelo muy bonita, y muy vanidosa, no la habrás ofendido ¿O sí, Vegeta? — La científica miró con travesura a su compañero sexual, ella quería escuchar todos los detalles de su rechazo, quería sentirse única para Vegeta.
El príncipe sonrió cómplice, dirigió sus ojos un instante a Yamcha y luego volvió a Bulma — ¿Importa? — Dijo grave, por qué tendría que darle explicaciones, así como así, tan sencillo, prefería que ella muriera con la duda, sobre todo al tener a su antiguo amante justo frente a él.
Vegeta: 1, Bulma: 0
Bulma miró al techo intentando disimular — No, en realidad no… Pero estoy un poco decepcionada— Jugó con los diamantes de su cuello. Miró a Vegeta. Regresó los ojos al cielo — En serio no sabes bailar, que pena, un príncipe como tú. Dicen que los hombres que saben bailar son los mejores en la cama ¿Verdad Yamcha? — Tiró su mejor arma.
Vegeta: 1, Bulma: ¡9000! ¡HIT!
Bulma ¡WIN!
G A M E O V E R
El príncipe se desquició al recibir la flecha de su compañera sexual. Yamcha parpadeó, miró el trecho entre Bulma y Vegeta, ese ambiente un poco desconcertante, demasiado complicado para su pensamiento. Se concentró — Claro, somos los mejores.
— Sí, te lo d… — La voz de Bulma disminuyó cuando, al regresar el rostro a Vegeta, vio el desate de una fiera. Se asustó un poco, tal vez se había sobrepasado de nuevo, pero, en lugar de ver sus ojos gélidos del saiyan, notó un fuego interno que fundía sus perlas negras como brea hirviendo. No sabía cómo reaccionar ante esa nueva actitud de parte del moreno.
"Ay no, ¡Me voy a morir otra vez!" Yamcha, por puro instinto de sobrevivencia, se alejó un poco.
Vegeta, con un movimiento rápido y brusco, agarró la mano a la peliaqua y la llevó a la pista. Los músicos se percataron de la pareja y regresaron a sus puestos, pensando que, con esa gran decisión de parte del hombre, estaban desesperados por oírlos y bailar. Para los intérpretes parecían un par de enamorados, por lo cual el pianista comenzó con la pieza, pero enseguida se dieron cuenta de que aquellos desconocidos no bailarían nada de mejilla con mejilla. El DJ, que esperó toda la noche para hacer de las suyas, empezó a mezclar. La orquesta volteó a la orden del director. Un movimiento de batuta fue suficiente para que el bandoneón marcara el delicioso tango que deseaban tocar para la entusiasta pareja. La cantante tomó el micrófono, sonrió notando el fuego que venía de aquel moreno tan ardiente. Los violines se prepararon.
Vegeta soltó a la peliceleste en medio de la pista, a ella se le derramaba una gota en la frente. Su cuerpo hervía. La piel del saiyajin conjugaba su temperatura con la de ella, excitado por el licor.
— Pero ahora qué es lo que te sucede Vegeta… — La peliaqua tapó sus senos que casi salieron de su envoltorio. Miró hacia Yamcha esperanzada de que la sacara de ahí, pero el guerrero se había sentado con un rostro serio, con una copa en la mano. Observando.
Vegeta sonrió con prepotencia. Sujetó con agresividad la cintura de la peliaqua, atrayéndola a su cuerpo, tomó su mano y acercó su rostro al cuello de la mujer, lo recorrió como un animal, olfateándola, llegando a su oreja para impregnarla con su aliento — Te demostraré quién no sabe bailar… — Dejó escapar su risa gutural. Bulma quedó petrificada, esa era la seducción que la había atraído a sus redes, se dejó manipular como una muñeca. El príncipe dirigió sus perlas negras al guerrero del desierto, y desde ahí, con la boca cerca del cuello del objeto de su deseo, marcó su territorio con su lengua, en un camino tibio justo de la clavícula al lóbulo de la peliceleste.
Los invitados se sorprendieron por el acto, logrando diferentes reacciones, la mayoría encantados por el espectáculo. Yamcha se levantó, pero la gente empezó a taparle el campo de visión al reunirse alrededor de la pareja. El calentamiento de los músicos terminó, el Dj armonizó con la orquesta y dio paso a la música.
Libertango-Bond
Vegeta alzó el muslo de Bulma, a un lado de su torso. Ella lo miró, él le correspondió, un movimiento brusco, otro correspondiente. El saiyajin pensaba combinar sus habilidades de amante con las reglas de aquel baile antiguo de su raza. En su recuerdo había una persona que sabía combinarlas a la perfección. Un giro, una vuelta y una pose.
So touch, Come closer
El pecho de Bulma colapsó con bravía contra los pectorales de acero del príncipe. Sus pasos eran fuertes, precisos y violentos. El hombre giró a su muñeca de trapo, los estallidos del tacón de la peliceleste, marcaban el compás, dejándose llevar por la oculta habilidad del moreno. Bulma era recorrida por los ojos intensos de Vegeta, esa sensación de lava hirviendo que los envolvía, la agitaba. Se fusionaron en las tijeras de los pasos, el replique de sus pies. Una mujer de alta sociedad que era revuelta en el baile más sensual, junto a un príncipe feroz, como un escándalo en la boca de los impertinentes. Decidida a no dejarse juguetear como un simple objeto, Bulma correspondió al desafío, se separó de los fuertes brazos de Vegeta, refugiando su pecho para evitar que quedara expuesto. La batalla comenzó. Vegeta sonrió, le gustaba cuando ella luchaba contra él por el poder, cuando le respondía con... agresividad. Sus piernas se deslizaron, el sexo de Bulma casi acarició el piso, se encontraron los rostros. Sus dos cuerpos se pegaron, respiraron el aroma mezclado, estaban en celo. Bulma dejó escapar un suspiro al sentir el miembro de Vegeta en sus glúteos, la abrazaba por la espalda, y aunque estuviera oculto tras las telas se lo imaginaba endurecido, como a ella le encantaba. La mujer trató de recobrar la cordura, lo miró con intensidad, bañada en sudor — ¿Dónde… aprendiste a bailar así? — El hombre volvió a jugar con las poses, poseído, sin contestar, la envolvía un misterioso silencio.
So touch, Come closer
The fire between us
Kiss you
And touch you
I want you
Quedaron frente a frente, con los sexos juntos, los vientres comprometidos. El corazón de la mujer borboteaba deseo. Ese hombre, debía ser suyo, tenía que obtenerlo sin importar el precio.
So touch
Thinking of you
Sus pasiones, sus obsesiones, deseos, y todas esas ambiciones fueron desbordados en un baile, ocultando con sus pasos, la historia. La gente quedó impactada por la función de aquellas dos fieras, era un choque de fuerzas como dos imanes resistiéndose, atrayéndose; Ligas que estiraban y aflojaban, labios muy cercanos, manos atrevidas en zonas de rubor. Los pasos, podían hacerse pasar por una variedad de tango, diferían en colocaciones, pero su intensidad era similar. Los rumores del príncipe extranjero se reafirmaron. Las manos del moreno subieron de la estrecha cintura de la peliceleste hasta sus omóplatos, de un movimiento rápido, abusándose de sus habilidades en las artes marciales, la sujetó hasta deslizarla por el piso, dejó su rostro frente a frente, sosteniéndola con la rodilla antes de que cayera al piso, con la típica pose con la que ella terminaba.
Ambos destilaron en un eterno silencio, brillantes, excitados, embriagados por el calor, la bebida y el deseo. Poco a poco la deslizó hacia él, con las miradas penetrantes, como si estuvieran conectadas por unos hilos elásticos, que con lentitud regresaban a su tamaño original. El aplauso de los invitados se fue disipando, y el círculo de espacio que les habían regalado fue desapareciendo con el movimiento de los demás, que dispersaron por toda la pista. La pareja seguía ahí, y de nuevo, como si fuera un maleficio, se besaron.
Bulma se separó embelesada. Vegeta la miró, con una seriedad inescrutable — Podría decirse que lo aprendí de otra mujer — Contestó grave el moreno.
A lo lejos, imperceptible para cualquiera en la pista, una copa estalló, derramando la sangre de Yamcha.
NOTAS FINALES
(Pasan imágenes del próximo capítulo al puro estilo DBZ)
Trunks: ¡Hola! ¡Soy Trunks, el misterioso Trunks que vino del futuro! Me siento un poco raro al estar viendo esto... ¡Pero me alegro que haya pasado! Estoy deseoso por ver en qué momento apareceré.
Pan: (Entra estrepitosamente) ¡Trunks! ¡Que malos son todos! ¡¿Por qué no me dijeron de este espacio? ¡Hola soy la maravillosa Pan! ¡Mucho gusto!
Trunks: ¡¿Pan? Pero tú no deberías estar aquí, ¡tú aún no naces y perteneces a otra línea de tiempo! ¡Tendré que pedirte que salgas por favor!
Pan: ¿Ah sí? Pues si pertenezco a otra línea de tiempo ¿Cómo es que me reconoces? A ver, dime...
Trunks: ¿Eh?... Pues... Eso sí no me lo explico ahora que lo mencionas.
Pan: ¿Ves? Así que no me puedes sacar, ¡Mira hasta vino Giru conmigo!
Giru: ¡Giru giru giru giru! ¡Trunks no saca a Giru! giru, giru
Trunks. Esto es una locura... Los rumores eran ciertos... Mi padre y el Señor Goku necesitan volver lo antes posible antes de que... ¡Giru! ¡Ten cuidado con eso, no te lo vayas a comer! ¡No! ¡Giru! Ay no...(Suspira) Los tres no cabemos aquí... (Asustado) ¡NO PAN, no toques eso! Es el...
(Silencio total)
(Aparece de nuevo el Goku nockeado con el letrero que dice: Dificultades Técnicas)
