Rápidamente para dejar los dos sitios iguales voy voy, equivocándome, ni modo, soy humana XD pero voy voy voy lalala Final del día "Incertidumbres" :3


Capítulo 16 Incertidumbres IV

Incertidumbres IV
Triángulo Rectángulo

Otra mujer, Vegeta había mencionado que una mujer le había enseñado a bailar de esa manera tan diferente y excitante. Sus movimientos fueron sexo en la pista. Bulma sintió una fría sensación recorrerla como un relámpago de hielo en sus entrañas. Se incorporó.

—Tonto… — Susurró la peliceleste ligeramente enojada, más por capricho, que por odio. Se escapó de los brazos de Vegeta. Lo miró ofendida, abnegada.

Se conmocionó el saiyajin — ¿Me dijo tonto? — Mencionó para sí mismo, con los brazos en el aire, vacíos de Bulma. "Primero pequeño y ahora tonto ¿Qué se cree esa mujer?" Regresó hacia ella, la miró sin comprender esa reacción tan inesperada.

Con sus ojos azules, la peliceleste, contestó la mirada — Voy al tocador — dijo con un tono infantil — ¡Hmp! — Viró su rostro ofendida y comenzó a dirigirse al baño de damas.

— Gzz… ¿Ahora qué rayos le pasa? — El moreno la miró irse. Acomodó su traje, mojado por el sudor, y empezó a buscar el ki del granuja. Quería restregarle en la cara lo equivocado que estaba, pero, no encontraba señales del guerrero, había ocultado por completo su ki. Vegeta frunció las cejas. La cabeza le dio una punzada, su atrevimiento en la pista y ese ligero dolor, sin duda, eran causados por la exótica bebida roja, aunque dentro de sí, se sentía orgulloso de haber humillado a aquel hombre. No cabía nada más en su cabeza que darle su merecido. Buscó con sus perlas negras al sujeto entre la gente. Unas mujeres se le acercaron y le impidieron el paso, extasiadas con su danza, buscando su número de teléfono, lo cual acababa con la paciencia del moreno. Como si fueran el mayor estorbo del mundo, se apartó y decidió mezclarse entre los invitados; Pero, curiosos por su supuesta procedencia, lo acosaron con preguntas. El príncipe estaba perdiendo los estribos, esos rumores lo hartaban, no eran más que una palabrería que no encontraba sentido y por suerte, lo tomaba como un ruido molesto. La gente alrededor del saiyajin reía cuando él decía que pronto sería el gobernante de todo el universo, tomándolo como un bromista. Con los puños temblorosos de la ira al fin escapó del tumulto de personas entrometidas y salió hacia una habitación, vacía y elegante, de la mansión. Tomó aire, enojado, a punto a volarlo todo "Estos insectos… Maldita Bulma… Se la pasa haciéndome cosas como esta ¡Ya estoy harto!" No iba a aceptar que su show era parte del problema, para él, Bulma era la causante de todos sus disgustos. Notó una puerta. La abrió y encontró un balcón, cerró la puerta esperanzado de salir de ese caos. Se sintió más relajado con la brisa veraniega en el rostro, húmeda y fresca. La madrugada estaba a punto de acosar el reloj, y el fresco de la noche comenzaba a soplar. Apoyó su brazo en el balcón y descansó su mejilla en su mano. Observó la ciudad nocturna, ¿Por qué le había comentado tal cosa a Bulma? El recuerdo de esa mujer estaba más que enterrado. Se quitó el saco, para sujetarlo con su mano y descansarlo sobre su hombro.

Bulma salió del baño de damas aún más enojada que antes. Había escuchado entre las mujeres lo buen mozo que les resultaba Vegeta. Las entrañas de la mujer se revolvían de sólo escucharlas hablar mal de ella. Mordió con rabia su pañuelo, estirándolo con su mano. Eso, y la otra mujer, la tenían desbordando bilis. Empezaba a sentir que fue un error presentarlo ante la sociedad, en su intento de sacarlo de la corporación para divertirse con él. Estaba muy bien ahí, oculto, sólo para ella. Sus delgadas cejas se fruncieron, maldiciéndolo, como si él fuera el culpable de ser, naturalmente, seductor. Suspiró "Bulma… Estás loca por ese tonto… ¡Si lo conocieran sabrían lo difícil que es!" sonrió al fin, tomando su pecho con la cálida sensación que se albergaba ahí. Debía ser fuerte y continuar; ella era el presente. Tomó una actitud decidida, con fuego en las venas, estaba dispuesta a conocerlo a fondo. Era una ventaja que el hombre, tan hermético como era, hubiera dado un dato de su pasado. Eso indicaba, que, había una pequeña oportunidad de que ella fuera más importante…

Los pensamientos de la mujer fueron turbados cuando sintió una quemazón en la mano, al subir los ojos miró una espalda. Una fuerza la jaló, el impulso fue rápido, casi como un parpadeo que le quería arrancar el brazo; Repentinamente, estaba en una habitación, con el cuerpo acelerado por la repentina turbulencia que la llevó ahí. Subió la mirada, ahí estaba Yamcha, enfurecido. Le había arrastrado con excesiva velocidad, para que los demás, más específicamente Vegeta, no se percataran. Lo que el guerrero del desierto no sabía, es que el saiyajin, estaba justo detrás de la puerta, sentado en el barandal del balcón, apoyándose en la pared.

Yamcha soltó a la peliceleste al fin — No trajiste a Vegeta porque no tenías otra opción, ¡Lo trajiste porque él es algo tuyo! — Le dijo severo envenenado por los celos.

Bulma sujetó la muñeca que tuvo prisionera el guerrero del desierto — Yamcha, compórtate, esa no es manera de tratarme, podía venir aquí perfectamente por mi cuenta, ¡Idiota! — Puso sus manos en las caderas.

— Es algo tuyo ese asesino…— La rabia de Yamcha tenía una pizca de temor, él sabía la respuesta pero necesitaba una confirmación. Clavó su mirada en la científica — Dímelo.

Bulma suavizó su pose, tocó una de sus mejillas tibias, en realidad su temperatura era un poco más alta de lo usual, pero no era momento de preocuparse de eso, sobre todo al tener a Yamcha enfrente pidiéndole la verdad, una verdad que recién aceptaba. Pero primero debía aclararle las cosas, no estaba lista para decirle que estaba perdidamente enamorada de su asesino — Yamcha… Te lo expliqué esa ocasión, tal vez, debimos hablar más… Nosotros terminamos y no quiero que regresemos a esa relación que teníamos. No éramos felices, ¿No comprendes? Mira dentro de ti Yamcha, en serio, ¿No ves en lo que nos habíamos convertido? Ya no era feliz contigo — Le sonrió — Jamás dejarás de ser especial para mí, nunca, fuiste mi primer amor ¿Lo recuerdas? En esos momentos los dos, fuimos felices, pero las cosas cambiaron…

— Podemos volver a eso… Si nos esforzamos. Siempre lo superamos, siempre seguimos adelante— Se acercó el hombre.

Bulma se apartó, sujetó su larga cabellera. Yamcha se lo hacía tan difícil, era tan persistente como una bacteria, y esa era una de las tantas razones por la que siempre caía de nuevo en ese círculo, el cariño que sentía por él y la compasión… Eran una debilidad. Le dio la espalda, el pecho se le caía a pedazos. Siempre que miraba ese rostro, veía el rostro de aquel chico joven que le robaba los suspiros cuando era, tan sólo, una niña ingenua. Dentro de ese lazo que los unía había tantos años, que no podía olvidar con facilidad; pero, era sólo eso, un bello pasado. La mujer había pensado tantas ocasiones en ello que, repentinamente, se sintió un poco más aliviada, los pedazos regresaron a su pecho como si hubieran apretado un botón de reversa. Se iluminó. Ella sabía la respuesta esa ocasión, porque… porque ella ya tenía un gran e inadecuado amor salvaje, que le subía los calores y la transformaban en una mujer completa. Y aunque fuera incorrecto, era lo más maravilloso que había sentido jamás.

La mujer lo miró a los ojos, convencida, enamorada, tan decidida de acabar con el pasado de tajo, que Yamcha retrocedió unos pasos por el temor. El guerrero del desierto llegó a un gran sillón rojo. Se sentó, apoyando los antebrazos en las rodillas, con la cabeza frente al piso — Desde cuándo… — Pronunció. Cerró los ojos con fuerza, esperando escuchar algo que en realidad no quería oír — ¿Estábamos juntos aún?

Bulma frunció el ceño, esa pregunta era ofensiva, cínica, despreciable — Nunca te fui infiel si así lo piensas — Dijo dando una punzada con su lengua filosa — Si tanto quieres saberlo te lo diré, no quería llegar a este punto, pero te lo diré todo, no me dejas otra opción. Espero te des cuenta de lo repugnante que me resulta tu pregunta— Trató de calmarse — El día que te encontré con esa mujer… Salí del lugar y me embriagué como nunca, fui a un bar, uno cercano al restaurante. Yo fui a esa cita, por ti… Estaba dolida Yamcha — Reprimió sus lágrimas de humillación — Y… Yo pensé que me había llevado alguien a casa, al despertar, pero en realidad no fue así…

Vegeta reaccionó al sentir la presencia de Bulma tan cercana, podía apreciar las vacilaciones de su energía. Antes de abrir la puerta, para entrar a la mansión, escuchó la voz de la mujer, atragantada por el nudo de su garganta. Se quedó ahí, inmóvil, expectante. El sonido de la fiesta, sólo era un pequeño retumbe fuera de esa habitación tan tensa.

—… Pero debido a eso, yo me di cuenta Yamcha, de lo infeliz que era. Tú sabes bien, que a la mañana siguiente, cuando llamaste, terminé contigo. Fue ahí cuando Vegeta y yo… — La mujer iba a continuar hasta que vio la marca de humedad en la alfombra, perteneciente de los ojos del guerrero del desierto — Yamcha… — No sabía si continuar.

El guerrero del desierto exprimió sus ojos al cerrarlos con fuerza. Alzó el rostro con dignidad y las lágrimas salieron expulsadas como pequeños brillos, hasta desaparecer, debido al movimiento — Comprendo Bulma… Perdóname por dudar de ti, olvida lo que te pregunté, entiendo que todo ha sido por mi culpa.

Bulma suavizó su rostro de manera compasiva — No digas eso Yamcha, tal vez, las cosas suceden por al…

Yamcha saltó del asiento, quedando frente a la peliaqua, interrumpiéndola de súbito — ¡No! No me perdonaré, yo te llevé a los brazos de ese asesino, entiéndeme Bulma, ¡él no es para ti! Entiendo que no quieras regresar conmigo, pero por favor… ¡Busca a alguien que en realidad te merezca y te respete! No a ese sujeto, eres demasiado para él ¿No comprendes? Estoy preocupado por ti…

— ¿Preocupado por mí? No bromees conmigo Yamcha, yo me sé cuidar muy bien sola, no olvides con quién estás hablando. Si yo me siento a esperar a alguien que sea digno de mi maravillosa persona, me quedaré sola, me compraré mil gatos que se comerán mi piel cuando esté vieja y moriré en mi gigantesca casa, hasta que algún empleado me encuentre putrefacta en alguna habitación ¿Eso es lo que quieres para mí? Si lo pienso bien, todos tenemos defectos, pero no todos los defectos son fáciles de aceptar — La mujer daba su discurso, no se sabía bien si lo decía en broma o realmente estaba convencida de sus dramáticas palabras.

Yamcha sintió que las fuerzas se le fueron al escuchar el trágico argumento. Vegeta, que escuchaba todo desde la puerta, se le atravesó una flecha, como si esa fuera una pedrada para él, ya que, siempre hablaba con arrogancia de lo indigna que era Bulma respecto a su linaje.

Sacudiéndose la cabeza para concentrarse, Yamcha apretó los puños dedicado, necesitaba convencerla — ¡Bulma! ¡A pesar de lo que dices! No confío en él… Escúchame — Le sujetó del hombro herido, sintió su piel caliente — ¡Bulma! ¡Tienes fiebre! — Abrió los ojos. Descubrió la pequeña marca — ¡Te lo hizo él! ¡Lo sabía! Él sólo te va a lastimar Bulma, tenemos que irnos, puede estar infectado ¿Cómo dejó que vinieras estando así? — La cargó entre sus brazos, sorprendiendo a la mujer.

Bulma forcejeó, le golpeó la cabeza al guerrero del desierto — ¡Bájame Yamcha! ¡No me agrada que hagas estas cosas sin preguntarme! ¡Yo me siento bien! — Estiró las mejillas del moreno para llamar su atención.

— ¿Qué? ¿Pero cómo te vas a sentir bien con esa fiebre? — Habló Yamcha casi salivando por la mueca que le causaban las delicadas manos de la peliceleste. La mujer soltó las mejillas dle hombre y cruzó sus brazos con indignación. El moreno la miró atónito, la bajó.

— Ugh… ¡Pero qué vicio el de ustedes de levantarme así! — Calló la científica antes de darle detalles a su ex amante. Se tocó la frente — Pero ahora que lo dices, sí, tengo algo de fiebre — Miró el techo — ¡Ah! ¡Claro! —Miró a Yamcha — He tomado… — Desvió los ojos con temor de molestar a Yamcha —Unos nuevos anticonceptivos…

El lobo cruzó los brazos, cerró los ojos tratando de calmarse — Bulma, no me haces esto sencillo… — Arrugó su frente. Abrió los ojos y la miró — Yo regresaré.

Parpadeó unas cuantas veces la científica — ¿Qué? ¿Qué quieres decir con eso? — Volteó su cuerpo hacia él. Ladeó la cabeza.

— Puedes jugar todo lo que quieras con ese sujeto. Yo regresaré. Ahora que lo he visto, he notado que ha incrementado sus poderes y yo no me puedo quedar así, debo seguir entrenando, pero… ¡Yo volveré Bulma! Volveré dentro de unos meses — Arqueó su espalda, con el vientre altivo, como si quisiera soltar una carcajada muy seguro de sí mismo — ¡Vendré a consolarte cuando te rompa el corazón!

Una gota se le escurrió a Bulma de la frente. Vegeta, que lo oía, mostró su tic en la ceja, el granuja era bastante persistente… y algo estúpido…

— No será tan fácil, estoy completamente enam…— La peliceleste paró en seco al escuchar el crujido de la puerta — ¿Escuchaste eso?

Vegeta, al ser descubierto, decidió abrir la entrada, como si ese hubiera sido su plan desde el principio. Entró y miró con rudeza a la sabandija. Se sentó en uno de los muebles de manera despreocupada, dejando su saco en el respaldo. Apoyó su mejilla en su mano — No se detengan por mí — Habló seco.

El corazón de la peliceleste latió con fuerza, estuvo bastante cerca, estaba a punto de confesar su amor. La ira se incrementó para explotar — ¡Vegeta! ¡¿Estuviste ahí todo este tiempo? ¡¿No sabes que es de mala educación espiar así a la gente?

Vegeta le apartó el rostro — Hmp — Se acomodó del otro lado, cambiando de mano para apoyar su otra mejilla — No estaba espiando a nadie, no me interesan sus escenarios tan ridículos. Salí porque esa gente de ahí me tenía harto — Se detuvo para mirar a Yamcha — Hay demasiados insectos — Sonrió con cinismo.

La furia, en los puños de Yamcha, era obvia — ¡Ya verás Vegeta! Tal vez no te pueda ganar en la batalla, pero sé que podré reconquistar a Bulma, yo regresaré, ganaré su corazón a como dé lugar — Su voz desafiaba al saiyajin.

— Tsk… Haz lo que quieras, no me importa — El saiyan desvió indiferente su rostro.

Bulma tenía suficiente, esa conversación estaba acabando con su paciencia, Yamcha hablaba de ella como si fuera un objeto y Vegeta ni siquiera le importaba, seguro porque ella era su objeto — ¡Ya dejen de hablar de mí como si no estuviera aquí! — Los miró con rabia — ¡Ugh! Me voy, no voy a estar cuidándolos toda la noche, no son un par de niños, están ya bastante grandecitos para tener una niñera detrás de ustedes — Empezó a caminar para salir de esa habitación y regresar a la fiesta.

Vegeta alzó una ceja; Sin prestar más atención, quedó inmóvil en su asiento, con su silencio misterioso.

— Espera Bulma… — Yamcha no continuó al escuchar el portazo tan estrepitoso de la científica. Se sentía más seguro con ella en la habitación. Miró a Vegeta, que estaba sentado ahí sin ninguna expresión, más que con su usual rostro malhumorado. El guerrero del desierto tragó saliva — Bueno… Yo regresaré a entrenar— Se acercó a la puerta que daba al balcón. Dirigió una vez más el rostro al príncipe — No retiro mis palabras, yo regresaré en unos meses y te desafiaré. Verás que seré el vencedor — Abrió la puerta para salir volando de ahí; él deseaba dejar su amenaza, aunque sea, para mover un poco, lo más mínimo, la confianza de Vegeta.

Arrugó la nariz el saiyajin, como agregando a su tic de la frente, hizo una mueca con sus labios, ¿Por qué tendría que importarle lo que dijera ese granuja? Bulma no parecía interesada en él, escuchó perfectamente como ella había terminado su relación, pero… ¿Por qué? El príncipe la había marcado como suya, como parte de su territorio, pero esas sólo eran palabras de cama. Palabras que salían de sus labios cuando la pasión lo poseía, ¿Por qué tendría que luchar por una mujer? En realidad, su relación sólo era sexual, no era nada suyo y no quería que lo fuera. Si aceptaba ese desafío, aceptaría que esa mujer era algo para él, más que su compañera de cama; Pero tampoco podía permitirle a Bulma el acceso a cualquier insecto. Las contradicciones chocaron dentro de sí, como una gran tormenta. El moreno no había pensado en la posibilidad, de que, la peliceleste, pudiera estar con alguien más. La veía siempre ahí, en el laboratorio, dando vueltas en la casa, tan segura, sólo para él, cuidándolo, peleándose, ¿En qué momento se había acostumbrado tanto a su presencia? Poco a poco ella fue parte de sus días, y aquella ocasión, cuando pensó que lo ignoraba, sintió un gran vacío, un vacío inexplicable, una extraña sensación desconocida — Tsk…— Agarró su saco y se levantó de súbito, dispuesto a encontrarla, mirarla a los ojos y convencerse a sí mismo que sus pensamientos eran innecesarios, aunque tuviera que hacerlo en medio de tanta gente estúpida. Él no podía ser inseguro, sabía de sus dotes de amante, pero carecía de algo, él no le daría esos sentimentalismos humanos, nunca, y tenía que saber si ella buscaba esos sentimientos que él no le proporcionaría… Y si era capaz de olvidar su extraña relación, por una, que le diera lo que él no estaba dispuesto a dar. Apretó los puños de nuevo por sus turbulentas contradicciones, confundido, atormentándose por no saber lo que en realidad quería, por negar, calcular, dividir. Abrió la puerta de la habitación, y justo ahí, en medio de la pista, estaba Bulma con un ramo de flores, rodeada de antipáticas mujeres insípidas. Esa imagen fue un duro golpe para los pensamientos del príncipe. Harto, enfadado consigo mismo, fue directamente a ella.

Las mujeres insípidas cedieron el paso, cegadas por la determinación del moreno, enamoradas, platónicamente, como si se tratara de una estrella de rock, envidiosas del momento, cuando Vegeta, tomó de la mano a Bulma, y salieron los dos, como si fueran amantes en fuga.

— ¡¿Pero ahora qué te sucede Vegeta? — Gritó la peliceleste, parecía que era el día de halarla por todos lados.

El moreno viró hacia ella con el rostro endurecido— ¡Nos largamos! — caminó sólidamente hasta llegar al balcón.

— ¡¿Qué? ¿Pero por qué? ¿Y por qué me trajiste hasta aquí?, ¡Nuestra limusina está abajo! Ni creas que me llevarás volando, me niego rotundamente Vegeta, esos vuelos me podrían arruinar el vestido —Logró soltarse la peliceleste — ¿Qué es lo que te sucede ahora? ¡Acababa de recibir el ramo! — Miró a Vegeta que permanecía serio, apoyado en el barandal — No sabes lo difícil que es agarrarlo con esa bola de arpías, por suerte cayó en mis manos al salir del cuarto, aunque… — Miró triste el ramo de rosas blancas entre sus manos — De todas maneras dudo que me vaya a servir de mucho... — Arrugó la frente, enojada de repente — Pero de todas formas no tienes ningún derecho a jalarme así, ¡No sabes lo mucho que lo detesto!

— ¡Puedes callarte de una buena vez! — Gritó severo el príncipe. La observó con furia, de nuevo con sus ojos de brea hirviendo, era la segunda vez que Bulma había observado ese mirar desconocido.

La mujer enmudeció, aprisionó el ramo con sus manos, no sabía cómo reaccionar ante esos ojos. Eran demasiado nuevos para ella, la última vez la habían acarreado a la pista de baile, ¿Esta ocasión qué pasaría? Lo miró expectante, curiosa y temerosa.

El príncipe sostuvo la mirada unos instantes, reteniéndola hasta desaparecer. Desvió el rostro, aún atormentado y furioso.

Los pasos de Bulma se acercaron al moreno — ¿Qué sucede, Vegeta?... — Su voz parecía algo preocupada. El moreno se comportaba extraño. La peliceleste sintió un temblor en su corazón, supo que al hombre le aquejaba algo, algo que lo perjudicaba demasiado. Su mano dudosa se atrevió a tocar la espalda del hombre, temerosa de que de un golpe la mandara a volar, pero tan compasiva, que fue atraída inevitablemente, ¿Y sí tenía el impulso de matar? Un movimiento involuntario de parte del príncipe la hizo cerrar los ojos en reflejo. Las flores cayeron.

— Esa horrible bebida roja… — El príncipe se sostuvo la frente — Ahg…— Gruñó al sentir la punzada.

— ¿Eh? — Bulma parpadeó, acercó su cara al rostro del moreno — ¿Te duele la cabeza? Vaya… era eso, me lo hubieras dicho antes Vegeta, ven, apóyate aquí — Lo manejó con cuidado hasta una de las bancas barrocas que estaban en el balcón. Sacó un pañuelo de su bolso y le limpió la frente al moreno. Sonrió preocupada — Me asustaste… Por un momento pensé que nos matarías a todos por haberte traído a este lugar. Será mejor que no vueles, esperemos a que la gente empiece a irse, o esa bola de brujas comenzará a acosarte, las dejaste muy sorprendidas con ese bailecito tan exótico… bueno, no sólo a ellas… — Se apoyó en el respaldo y observó las estrellas — Creo que mi plan fue un rotundo fracaso — Dirigió los ojos al príncipe — ¿Estás bien? Creo que bebiste más de lo que pensé… — Se acercó al serio saiyajin para tomarle una mejilla y observarle; pero, fue interceptada por la mano del príncipe. La mujer parpadeó, sintió de repente como sus labios fueron robados por un cálido beso. Cerró los ojos para dejarse llevar por esa placentera sensación. Las lágrimas resguardadas, brotaron sin que ella pudiera evitarlo.

El moreno percibió el rocío que nacía de los cristalinos ojos de la peliceleste. Se apartó y soltó la débil mano de la mujer, pensando que fue demasiado brusco. Miró el hombro herido.

Bulma estaba igual de sorprendida — L...Lo siento… — La mujer se enjuagó las lágrimas con una sonrisa — No me duele nada, en serio, es sólo que… — Sus lágrimas se incrementaron con fuerza. Tapó sus ojos. El amor que tenía dentro era demasiado. Lloró felizmente; tristemente. Estaba conmovida por el gran sentimiento que le invadía.

Vegeta quedó en silencio, respetando el llanto de la mujer. Desvió el rostro para no mirarla llorar, pensando que podría sentirse humillada, aunque pudo apreciar la belleza de ese llanto, de una manera que nunca pensó. Ella no parecía humillada, inclusive, tenia cierto arte llorar de esa manera, tan despreocupada, sólo por la necesidad de hacerlo, algo que él jamás había visto. Quedó encantado por unos instantes con el sonido del sollozo, de la risa nerviosa, hasta que al fin, un suspiro dio paso al silencio.

Bulma sonrió extensamente, radiante y contenta — ¡Lo necesitaba! Qué bien me ha caído, tenía que llorar y sacar todo de una buena vez, discúlpame si te preocupé, ya estoy mejor — Tapó sus labios al notar su volumen — Lo siento… No quise gritar… Se me olvidó que te dolía la cabeza…

— Hmp… — Desvió la mirada el príncipe — Ya me acostumbré a tu voz tan escandalosa.

La ceja de Bulma contuvo su enojo — Vegeta… Esa no es manera de tratar a una chica que acabas de ver llorar, tú no tienes remedio… — Cruzó los brazos bajo el busto. En su interior estaba contenta de ver que él no la había dejado ahí, sola, llorando. Repentinamente abrió los ojos y observó al moreno con curiosidad.

— Tsk… ¿Pero qué demonios me estás mirando? — Gruñó el hombre, incómodo por esos ojos azules.

Bulma parpadeó — No nada, me preguntaba en qué momento bebiste tanto… — La mujer estaba segura de haberlo vigilado lo suficiente, aunque se sorprendió de que él se hubiera bebido sus cocteles.

— Ahg… Esas pastillas también te estás afectando el cerebro… Que tú piensas que soy como esos estúpidos insectos, a mí no me agrada beber así como así, eso lo hacen los imbéciles ¿Acaso me veo ebrio? —Frunció el ceño. El moreno hablaba con bastante normalidad, y sus movimientos no eran para nada torpes.

Bulma lo miró bien— No, no, no lo pareces, por eso me sorprendí mucho, aunque estás hablando más de lo normal Vegeta, y no te creí capaz de bailar así en frente de tanta gente — Soltó una risita traviesa — No me digas que es lo que te sucede con tomar unas cuantas copas, yo sé que la gente reacciona diferente, pero tú, por tres copas, es muy gracioso — Sacó una carcajada oculta tras una mano — Si es así te debería embriagar diario.

El príncipe sintió los golpes a su orgullo, eso era exactamente lo que quería evitar — ¡Cállate! Eso no es así… — Desvió sus perlas negras a un punto fijo — Sólo debo acostumbrarme a los licores terrícolas, son de tan baja calidad que me dan dolor de cabeza — Cruzó los brazos y regresó a su altanera pose.

La peliceleste se deslizó con un giro, hacia él, como si fuera una ninfa juguetona — No, no, no me puedes engañar, soy una chica muy lista — Se acercó al malhumorado rostro del moreno, inclinándose. Lo miró con picardía, cerca, muy cerca de él.

Vegeta se levantó de golpe, causando que la punzada le atravesara el cráneo.

— No hagas esos movimientos, no te hará nada bien, que bueno que no te dejé volar, ahora mismo estaría por ahí tirada. Debes ser más consciente si te quieres llevar a una delicada mujer como yo, debes ser un buen volador designado — Caminó juguetona, regocijándose de ese nuevo descubrimiento. El hombre se desquiciaba de esas actitudes. Gruñía, refunfuñaba.

Bulma le robó un beso para calmar a su fiera. Ahí, en el balcón, con la brisa húmeda revolviendo sus cabellos.

— Cuéntame de esa mujer… — Susurró Bulma, al despegarse de los tiernos labios de Vegeta.

Vegeta endureció el rostro, vio en los ojos de la peliceleste la determinación latente — No tengo mucho que contar… — Desvió los ojos y se apoyó en la pared, ensuciando la pintura, con el zapato con el que se apoyaba. Cruzó los brazos. Sonrió con frialdad, malicioso — Pero si tanto te interesa te diré… — Volvió a quedar repentinamente serio para mirarla — Esa mujer, fue la que me parió... — Sonrío de nuevo al ver el rostro paralizado de Bulma. El moreno reafirmó con un resoplido cínico — Así es... Esa mujer era mi madre.

El viento, rizado y fresco , se llevó los pétalos de aquel olvidado ramo de rosas.


NOTAS FINALES DEL CAPÍTULO

(No aparecen imágenes del próximo capítulo al puro estilo DBZ)

(Pantalla negra. Silencio absoluto. Repentinamente se escuchan voces)

Goku: (Desconcertado) ¿Avisarme? ¿Avisarme de qué, Bulma?

Bulma: La autora se hartó de que nadie leyera los libretos. ¿Sabes? El estudio ha sido destrozado dos veces. Decidió cancelar las notas finales por eso. Vine a retirar los aparatos que aún funcionan, pero… No son muchos que digamos…

Goku: ¡¿Qué? ¡¿Cancelarlas? ¡No puede ser! ¡Es lo mejor del fic! ¡Es la única parte donde aparezco! Ay no… que mala suerte… ¡Y yo que ya había convencido a Vegeta! Se va a molestar mucho cuando llegue aquí… ¡Ya sé! ¡Voy a tener que ir a hablar con ella!… A ver, a ver… ¿Dónde está? ¡Ah! ¡Ya la encontré! ¡Es un ki impresionante! ¡Nos vemos Bulma! (Sonido de teletransportación)

Bulma: ¿Eh? ¡Ese Goku!… Espero que pueda convencerla… ¿Eh?... ¿Está encendido? ¡Ah! ¿Han escuchado todo este tiempo? Hola a todos, no se preocupen, Goku resolverá todo como siempre ¡Diviértanse en el próximo capítulo!

Vegeta: ¿A quién rayos le estás hablando?

Bulma: Ah… Vegeta, llegaste.

Vegeta: ¿Estamos solos?...

(Silencio absoluto)