Rápidamente sigo subiendo, hoy lo logro, porque lo logro, ya, tengo que estar a la par :3
Capítulo 17
Relaciones I
Relaciones I
¡Gusano! ¡No te metas con la Gran Domadora!
Mi padre provenía de una línea familiar de los más poderosos guerreros, una línea de clase alta sin error alguno en sus castas. Fue elegido Rey debido a su gran capacidad de líder y su sabiduría, era un hombre honorable, a veces, demasiado honorable. Sus errores radicaron en su impulsividad. Los guerreros debemos ser calculadores para no cometer ese tipo de errores; Era débil, él necesitaba más orgullo. Mi madre, mi madre no era más que una traidora, una desterrada que deshonró su linaje y su gran poder…
El sol irradiaba sus fulgores por encima de la casa de playa de Bulma. La residencia tropical era una impresionante mansión étnica. La amplitud de las habitaciones, ambientadas con maderas y colores terrosos, deleitaba. Su preciosa duela barnizada de, rojos acaramelados, llevaba al lote, en una piscina larga, de azul infinito. El mar tranquilo, azotando sus olas al pie de las rocas donde se albergaba la mansión, se visualizaba justo detrás de la entrada, donde balcones brindaban un espacio para la creación de diferentes reuniones, o simplemente, para esas ocasiones en las que Bulma, deseaba leer algo y tomar una bebida, con la hermosa tranquilidad que envolvía su rincón de paraíso.
La peliceleste bajó sus gafas oscuras, enfrente de sus ojos, para protegerlos del exaltado sol. Abrió sus brazos recibiendo la maravillosa energía que le brindaba el lugar. Miró el mar, apoyándose en barandal de su balcón, recibiendo la brisa salada en el rostro. Justo debajo de tal altitud, a un lado de las rocas de la montaña, que sostenía la casa, iniciaba la arena. La isla era pequeña, en su centro, residía la mayoría de los turistas, gente de dinero que preferían los hoteles de moda. La peliceleste sonrió, prácticamente su casa era la de mejor ubicación, estaba lejos del tumulto turístico, apartada en su gran playa privada que permanecía virgen y radiante. La familia Brief, era la familia con más prestigio y dinero en el mundo, aunque realmente, se caracterizaba por llevar con humildad ese título, viviendo con tranquilidad, por lo que, esa casa, nunca fue llevada a una isla privada, aunque si se diseñó por un prestigioso arquitecto de vanguardia. La peliaqua, tampoco le agradaba estar completamente alejada de la civilización, adoraba ese terreno, porque, complementaba ambas cosas, sólo necesitaba viajar en algún transporte, para disfrutar de la excelente vida nocturna que aquella isla famosa le ofrecía.
— Tsk… ¡Bulma! ¡Ven ahora mismo! ¡Te necesito ahora! — La grave voz del príncipe hacía eco en los grandes rincones de la mansión.
Apartándose de sus pensamientos, la científica se acercó dentro del marco de su puerta, para entrar a la residencia, llegando a un lobby amplio. Subió sus lentes oscuros — ¿Qué sucede? — Buscó con sus ojos al moreno — ¡Vegeta!... ¿A qué habitación se habrá metido ese hombre? — Murmuró frustrada, una de las grandes desventajas del lugar era perderse con facilidad, algo que no le preocupada al guerrero, debido a sus habilidades de detección; pero, para Bulma, era imposible encontrarlo a él. Llevaba toda la mañana enojada con el moreno, debido a la terrible batalla de fieras que se había desatado para llegar a la casa. Lo que al principio era un frío silencio, se convirtió en una discusión sin precedentes. Vegeta había despertado con el humor del diablo, no se le podía mirar, ni hablar, sin que su genio se liberase. Bulma estaba perdiendo la paciencia, ¿Por qué el príncipe no admitía que no tenía más opción que seguirla? Él detestaba quedarse a solas con su loca madre, no la aguantaba, y, sin la cámara de gravedad, el hombre habría perdido los estribos con facilidad en la gran casa. De igual manera, que, si se hubiera fugado para entrenar, estaría perdiendo su tiempo, ¿Qué más le daba divertirse unos días? ¿Tan malo era estar solo con ella? Él disfrutaba su compañía nocturna; Pero, el guerrero matutino, se la había pasado repitiendo su conocido discurso del príncipe saiyajin en plena discusión, de lo humillante que era ir en el avión, conducido por Bulma, para llegar a un lugar al cual no quería ir. La promesa, se le había resbalado por sus rincones, el encanto del hombre parecía perder brillo en esos momentos, a la mujer le provocaba enojo, la pasión desbordada por el sentido negativo. Vegeta era un hombre complicado, o tal vez, demasiado simple; de cualquier manera, en esos instantes no comprendía qué era lo que le atraía de él, tan insoportable, malhumorado, machista, agresivo, frío, egoísta, necio, cínico, arrogante… ¡Tan desquiciante! —Ugh… ¿Dónde se metió ese sujeto? De verdad no lo comprendo ¿Cómo quiere que lo encuentre? ¡Vegeta! ¡Contesta! — Gritó con todas sus fuerzas— Ugh… Simio salvaje…— Siguió caminando, abriendo puertas, cada vez con mayor velocidad. Las puertas se golpeaban con más fuerza conforme su avance. Ella pensaba que tenía la situación controlada, pero cuando perdía su propio control, se desataba su, también, terrible carácter. Esos no eran sus planes para relajarse fuera del laboratorio, deseaba divertirse y domar bien a su fierilla, pero, ya estaba considerando abandonar el lugar e irse a un hotel con un millonario insulso. Cerró la última puerta con estruendo — ¡Vegeta! ¡Escúchame bien! ¡Si tanto me necesitas ven tú a buscarme! ¡Oíste! — A duros pasos se dirigió a su habitación, necesitaba ponerse su traje de baño y tirarse al sol.
El príncipe oyó el horrible grito de la mujer, chasqueó con los labios, tan escandalosa y vulgar como ella era, se preguntaba cuál era la razón por la que la podía soportar, siendo él como es. Ese día en especial no se comportaba de la manera más adorable. Para él, ella se había levantado con el pie izquierdo, y él no había provocado nada. Sacó un trozo grande carne cruda, y, ya que la mujer no había acudido a su real llamado, decidió freírlo con su ki para saciar su capricho. Conocía bien los aparatos primitivos de la corporación, pero estos tan decorados, le parecían un material defectuoso. Empezaba a extrañar a los chef y a esos robots entrometidos. Se asqueó por acostumbrarse tanto a esos detalles insignificantes, después de todo él sabía lo que era servir y ser servido. Al terminar su gigantesco trozo de carne asada, caminó hacia uno de los baños principales, una gran pieza que parecía otra habitación extravagante, con el jacuzzi y todos esos productos desconocidos de olores diversos. Decidió buscar uno menos perturbador. Al encontrarlo y salir, sintió la presencia de la peliceleste. La siguió, encontrándola con la puerta abierta en la habitación. La observó con detalle —Bulma… ¿Por qué llevas ropa interior? — Murmuró el moreno, al verla con un diminuto bikini fushia , desconcertado y curioso, por la extraña facha que él relacionaba como ropa de cama.
La científica volteó el rostro hacia el príncipe— ¡Oh Vaya! ¡Hasta que decidiste aparecer! — Su tono era, un tanto más calmado y animado, puesto que, ya sabía su próximo plan. El moreno la siguió observando serio por la provocadora prenda. Bulma parpadeó — Vaya… En serio no conoces los trajes de baño — Se agachó, sus glúteos descubiertos y su sexo apretado era una imagen digna de ver. Le mostró varios bikinis — Se utilizan para entrar al agua, o simplemente para tomar sol, pero eso es a gusto de cada quién — Miró al príncipe que seguía con un rostro indescifrable — No vayas a pensar que tú tienes que usar uno, no te quedaría nada bien — Rió y sacó de un cajón unas bermudas con floreado hawaiano de su padre — Tú usarías unos como estos.
El hombre alzó la ceja al fin — ¡Estás loca! Primero muerto que ponerme esa prenda tan ridícula — Se volteó para alejarse.
La mujer se acercó al marco de la puerta— ¡Vegeta! ¡Espera! ¡No tienes que apenarte! ¡Todos los usan en la playa! Si no usas uno, tú serás el ridículo — Esbozó una sonrisa.
Con una ligera mueca en los labios, el moreno regresó el rostro hacia ella — ¿Y quién dice que saldré de aquí?, el acuerdo era venir a este sitio, no prestarme a esas estupideces de humanos —Dio la espalda.
Apretó el traje de baño, la peliaqua, con sus manos — Pero que terco es ese hombre…— De repente, sonrió confiada — No se escapará de la gran Bulma, no señor.
Vegeta salió a la terraza, pensativo, deseaba ante todo acabar con la semana, quería fortalecerse más. Sus objetivos estaban claros, necesitaba volverse más fuerte que su rival. Se sentía frustrado, no quería perder ni un día y eso era justo lo que estaba pasando. Se sentía fuerte, pero no era suficiente, sus poderes eran justo iguales a los de Kakaroto al derrotar a Frezzer, pero, él había viajado y aprendido su nueva técnica de la teletransportación, además de que, lucía más fuerte que antes. También estaba ese muchacho misterioso, su poder de pelea lo había alcanzado, pero estaba seguro de que él no había mostrado todo su poder, necesitaba más, no podía creer que un sujeto, que se decíaa sí mismo un saiyajin, lograra completar la transformación. Lo que podía hacer ahora era pensar en nuevas estrategias de combate. Él, tenía la grandiosa habilidad de quedarse inmóvil, como si se tratara de una estatua, sólo pensando, por días.
Luego de unos minutos, la peliceleste, salió justo donde estaba el moreno. Sacó una cápsula de su bolso. La tiró para explotarla, sacando de su interior una motocicleta roja — Iré a broncearme y a tomar algo por la playa Cocobut, regreso al atardecer. Pórtate bien — Le lanzó un beso volado y prendió la máquina. Seguía con su traje de baño rosado, sólo tapándose con unos shorts de mezclilla ajustados. Bajó sus gafas oscuras — Bien… ¡A divertirme como se debe! — Salió disparada a gran velocidad.
El hombre la siguió, en silencio, con sus perlas negras. Volvió a mirar un punto muerto en la inmensidad de la piscina, sin prestarle demasiada atención a Bulma. Sentía la presencia de la mujer alejarse, bajando la colina como una flecha, por el pavimento. Continuó sintiéndola, sólo por mero entrenamiento. Su presencia continuó en línea recta, en la playa virgen, aumentó su velocidad. El vacilante ki dio una curva, volteó y se detuvo. El moreno abrió los ojos. La presencia de la peliceleste volvió a moverse, con más tranquilidad. Regresó a la ruta anterior; mantuvo la velocidad constante. El hombre sonrió con arrogancia, se sentía aún más poderoso que antes, manejaba a la perfección su nueva habilidad y pensar que, detectaba la pequeña presencia de Bulma a pesar de su nivel, lo hacía regocijarse de orgullo. Sostuvo su vigilancia secreta, la sintió avanzar. El poder de pelea de la científica comenzó a ser más difícil de detectar; Vegeta se concentró con más fuerza, arrugando la frente. La peliceleste se alejó mucho más de lo que pensó, la velocidad incrementó, presencias diminutas empezaron a aparecer como ramilletes y nervios conectados, con tonos y calidades diferentes, como colores en un lienzo de puntillismo. Vegeta frunció más el ceño, muchas de esas presencias eran del mismo tamaño que la de su compañera sexual, aunque conocía bien la calidad de Bulma, pero entre tantas tan diferentes, comenzaba a perderla. El príncipe cambió su posición a una más alerta, con los pies firmes al piso, los brazos cruzados, y mostrando los dientes con el rostro endurecido e inquieto. El orgullo saiyajin lo recorrió como lava; Persiguiéndola sin descanso.
Repentinamente, como un hilo reventado, perdió la presencia.
Bulma paró. Alzó sus gafas y divisó el mar, metió la motocicleta en su respectiva cápsula. De la misma caja, sacó la cápsula 02098, con línea naranja. Arrojandola en el mejor lugar que encontró, uno cercano a un puente donde usualmente, los forasteros y los pueblerinos de la zona, pescaban. Explotó entre humo, su equipo completo para tomar el sol. Se recostó en la silleta, esperando ver a sus compañeras superficiales, que siempre vacacionaban por el lugar. Esparció en su piel de porcelana, una crema espesa con olor a plátano. Se embadurnó con destreza hasta llegar a la herida de su hombro, lo miró con un suspiro atrapado en el pecho. Estaba tan enojada por su pequeña e insignificante discusión, que había olvidado los peligros que había recorrido para llegar ahí. Ella pudo morir en las manos de ese hombre, aunque él no la mató, sentía temor por sus gélidas orbes negras. Los ojos fríos de Vegeta; sus ojos ardientes, nunca tibios y dulces, templados jamás. Bulma se acostó en la silleta, la mujer estaba pensativa, melancólica. Vegeta no sólo era frío y calculador, era solitario y tenía un pasado desconocido, ¿Ella qué sabía? Había oído de su madre, cuando el simple hecho de mencionarla hizo que se le erizara la piel. La manera en la cual habló de ella, como sólo la mujer que la parió, fue desconcertante. La peliceleste quería saber más ¿Cómo era ella? ¿Cómo era la relación que tenía el Rey con su hijo, con su esposa? Sólo sabía que Vegeta era el gran protegido de Freezer, todo debido a que Krilin llegó a platicarle con detalle lo que en realidad pasó, pero nunca había oído hablar de boca de Vegeta lo que había sucedido. Para Bulma era tan desconocido, sus padres siempre habían sido dulces, algo tontos, pero con mucho amor para ofrecerle. Al ponerse dentro de los zapatos del hombre se le contrajo el pecho. Ella estaba enamorada de él, a pesar de ese carácter tan chocante, pero… ¿Y si sólo sentía compasión? ¿Qué tal si en sus intentos de acercarse, se había confundido? enamorada de la vulnerabilidad, de su rostro pensativo, ella no era una heroína de cuento, era una mujer fuerte con el corazón reparado. Sin embargo; ese sentimiento tan gigantesco, que provenía dentro de ella, era tan real, tan agobiante y dichoso. ¿Qué prueba más grande iba a necesitar? Ella lloró ríos sólo por tener ese nuevo sentimiento, creciéndole como un botón de rosa — ¡Basta Bulma! ¡No pienses así! ¡Ese hombre no es nada vulnerable, en cualquier caso es un gorila! — Se despeinó el cabello al reprocharse en medio de la playa, la gente la observó — ¿Eh? — Rió nerviosa, colocando una mano detrás de su nuca "Bulma estás actuando como una loca"
Una linda castaña con un traje azul se le acercó — ¡Lo sabía! ¡Bulma Brief! ¡Eres tú querida! Soy yo, Sanda Heels, la hija del dueño del Hotel Pounce ore Spring, aquel de cinco estrellas, ¿Recuerdas? — La mujer se quitó las gafas de sol para mostrarle sus esmeraldas.
La peliceleste alzó el rostro olvidándose de su vergüenza, la reconoció— ¡Sanda! Pero claro, si gracias a ti me divertí mucho en la fiesta de apertura, así que volviste a la isla, me alegro, pensé que no me encontraría a nadie divertido — Rió, la había salvado de aquella humillación.
— No me digas — La castaña se sentó a un lado de la silleta — ¿No trajiste a tu guapo novio beisbolista? Han circulado rumores muy raros acerca de ti y un duque o algo por el estilo — Un hombre la llamó a lo lejos — ¡Ahí voy amor! — Gritó hacia él. Se levantó de la silleta — Tengo que irme, te espero en la gran fiesta de apertura de nuestro cadena, es un nuevo hotel especial para recién casados, toda una delicia, te encantará, mañana a las ocho te espero ahí, justo a la esquina del hotel principal — Se levantó sin dejarle contestar a la peliaqua y fue directamente con el bronceado hombre, no sin antes despedirse de Bulma con una mano.
La peliceleste alzó su mano con timidez, aún procesando la información, no pensaba que su pequeño juego circularía por todo el medio empresarial, por lo menos, no de esa manera. Suspiró y se recostó en la silleta, no sabía si tenía humor de seguir convenciendo a Vegeta para acompañarle a ese tipo de eventos, sobre todo con el lío que se había armado en la boda. Ella deseaba divertirse, pero una espinita estaba clavada. Cerró los ojos para disfrutar del sol, hasta que una sombra se lo tapó. Abrió los ojos y levantó el torso — ¿Vegeta? ¿Pero qué haces aquí? Pensé que habías dicho que no tenías que salir — La mujer abrió los ojos de la sorpresa, pensaba que ya le había afectado el sol.
El príncipe tenía unos pantalones de vestir y una playera, sus zapatos estaban llenos de arena, de tal manera que los pequeños granos finos crujían en sus pies, molestándolo. Desvió el rostro, se había obsesionado tanto por encontrar la diminuta presencia de Bulma que terminó yendo tras su rastro hasta encontrarla — Eso a ti no te importa, yo puedo hacer lo que se me venga en gana — Soltó ronco. Los zapatos lo incomodaban.
Una gran pelota de playa cayó a los pies del saiyan, y el pequeño dueño del juguete corría cercano. El niño, antes de agarrar la pelota, le llamó la atención el saiyajin. Lo miró desde abajo — Señor… — Apuntó, con un dedo, los pies del príncipe — Se le van a arruinar los zapatos, ¿Su mamá no le dijo que tiene que quitárselos? — El tic de Vegeta se pronunció, en realidad había algo con esos humanos tan insolentes que lo frustraba, sobre todo los niños. El pequeño niño miró los músculos del príncipe.
El hombre agarró la pelota entre sus manos, analizando su estructura liviana. Bulma sintió algo venir, tragó saliva. El príncipe sonrió arrogante — ¿Quieres este objeto mocoso? — Pronunció con una amabilidad aterradora. El pequeño niño asintió inocente. El rostro del guerrero quedó serio — Muy bien, te la daré — Con un poco de su fuerza la reventó y tiró el plástico roto a las manos del chiquillo —Ahí la tienes — Se retiró hacia el pavimento para no seguir llenándose de arena.
Bulma acudió al pequeño niño, que comenzó a llorar, con las manos llenas de retazos. Miró con rabia al moreno — ¡Vegeta! ¡Estás loco! Ugh…— Volvió a consolar al niño, tenía temor de que su madre hiciera un escándalo — Ya, ya, ese hombre malo recibirá su castigo, prometo comprarte una pelota nueva, ¿Qué dices? Pero deja de llorar que sino ese hombre feo y gruñón se reirá de ti — Sonrió amable, agachada a la altura del niño.
El pequeño sorbió sus mocos — ¿En serio?... ¿Me la compraría? — Abrió sus ojos aguados — ¿Me podría dar el dinero?
Bulma parpadeó — ¿Qué? ¿El dinero? Sí, claro, supongo quieres escoger tú la pelota… ¿Cuánto costó?
El niño mostró su sonrisa chimuela — ¡3 000 Dólares!
— ¡¿Qué?¡Por una pelota de playa! ¡¿Y los quieres en dólares? ¡Eso es un robo! — Bulma sintió que hablaba con un exigente comerciante.
El niño comenzó a llorar aún más fuerte, el chillido podía oírse en toda la playa.
Vegeta tiró una risa gutural, bastante burlona y se sentó en una de las bancas de la playa para observar. Bulma lo miró con odio y sacó su cartera — Ya muy bien, ya no llores, aquí tienes — Le entregó el dinero al chiquillo agradecido. El niño salió corriendo feliz. Bulma guardó su billetera — ¡Pero qué chiquillo tan abusivo!, debe ser hijo de algún empresario, o de algún abogado, no me extrañaría — Escuchó la risa cínica del moreno desde su asiento — ¡Así que te da mucha gracia! Vaya… Quién lo diría, sigues siendo un maniático, riéndote por algo así — Se levantó furiosa, aunque extrañada por oírlo reír — Te gustó ponerme en esa situación ¿Verdad? No sé de qué te ríes sino sabes lo mucho que me robó ese pequeño.
Vegeta volteó el rostro con su sonrisa ruda — Por la expresión de tu cara, supongo que ese mocoso debió estafarte por bastante, eso te sucede por ser demasiado amable con esas sabandijas — Cruzó una pierna con soltura, aún con su sonrisa arrogante. Él conocía de tratos y sabía identificar el rostro de alguien a quien le habían robado.
— No sabes lo que me alegra servirte de entretenimiento. Yo no puedo ser igual de primitiva que tú — Dijo con sarcasmo la peliaqua, cruzando los brazos — ¡Simio salvaje! Para eso te hubieras quedado metido en la casa. Causas muchos problemas, reventarle la pelota a un niño inocente, ¿Por qué no mejor le robas un dulce? Es un clásico, sólo por eso hoy no te daré mi sorpresa.
El moreno cambió su rostro burlón — ¿Qué? ¿Sorpresa? — Sonrió de nuevo con prepotencia — No vengas con tonterías.
— No, hablo en serio— La peliceleste jugó con su cabello, haciéndose la desentendida — Había preparado una noche especial para ti, ya que habías sido ¡tan! Amable de acompañarme — Lo miró de reojo.
— Hmp… esas cosas a mí no me interesan — Sintió repentinamente mucho calor, Movió los dedos dentro de sus zapatos de vestir, haciendo crujir la arena — Tsk… No comprendo que le encuentras de divertido y relajante a este lugar. Tan lleno de insectos insignificantes y molestos.
— Te dije que te cambiaras de ropa cuando llegamos — Se acercó al espacial príncipe. Agarró el pie del hombre, sorprendiéndolo por el trato. Le quitó el zapato y dejó caer la arena — ¿Qué? ¿Tienes hasta calcetines? — La peliceleste se rió, avergonzando al moreno. Vegeta desvió la cara, con un gruñido entre dientes. Bulma sonrió divertida, deslizó la prenda de ese pie y lo enrolló dentro del zapato. Miró el otro pie del moreno, que estaba plantado al piso. Bulma se enderezó — Dame el otro, anda — Le mostró su mano. El príncipe se quitó él mismo el zapato y el calcetín, la gente los miraba enternecidos y eso lo ponía incómodo. Bulma notó ese pequeño detalle, agarró los zapatos del moreno y se acercó al mar, se volteó — ¡Ahora regresarás sin zapatos! — Gritó.
El moreno alzó la ceja al ver esa extraña reacción, la siguió con sus perlas negras y sonrió arrogante — ¿Y eso qué importa? Regresaré volando — Escuchó la risa de una pareja que estaba detrás, murmurando sobre él como si fuera un loco. La vena de la frente del moreno se hinchó — ¡Esa Bulma! ¡Me las pagará! — Refunfuñó, detestaba cuando lo dejaban en ridículo. Se levantó del lugar y fue directamente hacia ella. Sonriendo por la gran ventaja que tenía.
Bulma lo divisó y sonrió con malicia, metió sus pies al mar. Alzó los zapatos para mostrárselos al guerrero — Los voy a arrojar— Dijo con un tono travieso.
Cruzó los brazos, el moreno, sobre su pecho — ¡Arrójalos! Quiero ver si te atreves — Amenazó.
La peliaqua afiló la mirada — Ah ¿Sí? Tendrás que regresar descalzo… ¡Que deshonra! Un hombre de tu alcurnia— Dejó caer un calcetín, haciendo reaccionar al guerrero.
Vegeta arrugó el ceño — Agh… Esa mujer vulgar… — Apretó con rabia su puño. Se acercó decidido, descargaba una energía perversa.
Bulma tembló "Creo que no está jugando… viene en serio"
No muy lejos de ahí, justo en el puente, un pequeño y su padre pescaban felizmente, observaban la escena del par de enamorados. El más joven agarró una lombriz escurridiza en sus manos, la metió en su anzuelo y la arrojó con fuerza, su padre miró, con una gota de sudor escurriendo, su gran entusiasmo. Sin embargo; la lombriz, debido al lanzamiento exagerado, cayó justo en los zapatos del saiyajin. Bulma, al percatarse, miró al pequeño gusano retorcerse —¿Mh? Vaya… que curioso, de dónde habrá salido — Empezó a buscar con la mirada en sus alrededores, encontró sus ojos con los animados pescadores y sonrió divertida por el acontecimiento. En eso, Vegeta, que ya estaba frente a la peliceleste, le arrebató de un parpadeo sus zapatos, comenzó a caminar para salir del agua. Bulma lo miró — Espera… — Pronunció.
— ¿Ahora qué quieres? — Volteó el rostro el moreno, cuando sintió algo resbaloso moverse en su mano. Un estremecimiento lo recorrió, miró con rudeza la zona del terrible cosquilleo y justo ahí, el gusano comenzó a subirse al brazo del hombre. Vegeta transparentó su rostro, quedó azul por la horrible sensación escurridiza y babosa del bicho — ¡Ahgww! — Sin pensarlo mucho tiró sus zapatos al agua y sacudió el brazo, hasta hundirlo en el mar para limpiarse — ¡Pero qué repugnante! Maldito gusano asqueroso — Buscó alrededor, aún con el temor de que esa horrible larva se le acercara nadando, como si se tratara del enemigo más terrible.
Bulma miró la escena sorprendida y terminó soltando una carcajada. Atrapó el gusano con sus manos al verlo flotar por ahí semimuerto. El bicho se retorció en señales de vida — ¿Le tienes miedo a esto? — Acercó la lombriz al rostro del saiyajin, el cual retrocedió.
El moreno se enfadó, aún asqueado — ¡Suelta ahora mismo esa horrible cosa! ¡No sabes dónde ha estado! — Sintió el estomago revolverse, al pensar que su brazo había sido mancillado por esa repugnante cosa, rosada y transparente, viscosa y sucia. Ese horrible cosquilleo aún lo perseguía.
La mujer, se acercó con la lombriz bailando en sus manos — Vamos Vegeta, no te hará daño, sólo es una lombriz de tierra, sólo descompone materia orgánica.
El hombre la miró con más asco aún. Tapó su boca, sus cejas reprimían sus terribles miedos — No te me acerques Bulma, aunque no lo creas me dan mucho asco ese tipo de cosas tan repulsivas.
— ¿En serio? — Bulma sujetó al gusano con sus dos dedos — Para mí sólo es una triste lombriz.
El moreno mantuvo su distancia, para él la peliaqua había perdido la razón, tocar de esa manera algo tan asqueroso. Trató de recobrarse — Pues si es sólo una triste lombriz, quiero ver que te la comas — Trató de esbozar su sonrisa arrogante, aunque sólo logró una mueca nerviosa.
— ¡¿Qué? ¿Comérmela? ¿Quieres que me la coma? — La cara de Bulma quedó azul.
Al fin el príncipe sonrió confiado — Lo sabía.
— ¿Qué tendré a cambio? — Preguntó la peliceleste decidida, más allá de su asco.
La fuerza del guerrero escapó — ¿Qué, qué tendrás a cambio? — "¿Lo está diciendo en serio?" Vegeta se incorporó y cruzó los brazos, sonrió incrédulo — Hmp, si lo haces no me quejaré más esta semana.
— ¿Qué? ¿Sólo eso? Por algo así sería toda la vida— Miró al pequeño gusano resbaloso — además ya te conozco, no eres de mucha confianza— La peliceleste afiló los ojos, mirando al guerrero.
El tic de Vegeta apareció — ¡¿Dices que no tengo honor? — Apretó el puño — ¡¿Pero quién te crees que eres? Tsk…
— ¿Yo? ¡La Gran Bulma! Y me comeré esta lombriz sólo si prometes hacer lo que yo diga esta semana, sin quejarte, ¡ni nada! No quiero más escenas como las de la mañana, si con esto no me gano tu respeto nada lo hará, quiero que, no importa lo que te pida, lo hagas sin poner peros. Si no lo cumples les diré a todos que el gran príncipe de la raza guerrera de los saiyajin le teme a este bichito inofensivo — Acercó a la pobre lombriz a la cara de Vegeta, quien la miró sosteniendo la cordura. Bulma sonrió — ¿Qué dices?
El saiyan desvió el rostro, una gota de sudor bajó por su mejilla— ¡Jmp! ¡Quiero verte intentarlo! — "No lo hará" Contuvo su asco, haciéndolo temblar levemente. Alzó una ceja para mirar al bicho.
"No lo lograré" Bulma tragó saliva, rezó internamente, convenciéndose a sí misma que sólo era un bicho, que lo que no mata sólo engorda, y aunque temía engordar, o morir, necesitaba obtener la palabra de Vegeta, para poner en marcha su oscuro plan de conquista. Respiró con profundidad — ¡Muy bien! ¡Entonces lo haré! — Acercó lentamente el gusano a su boca, con la mano temblorosa, manteniendo el suspenso.
Vegeta no lo podía creer, miró desconcertado la horrible escena, era demasiado para su estómago, no sabía qué hacer, tenía que detenerla, no era posible que esa mujer comiera algo tan repugnante, su perturbada imaginación le cobraba precios altos. El minúsculo trecho, entre los labios de la mujer y ese gusano viscoso, era muy corto. Se acercó para detenerla, olvidando su pose, para sujetar la mano de la peliceleste. Entreabrió sus labios sin respirar. Le miró el rostro.
La garganta de la mujer musitó un sonido característico, aquel que indicaba que había tragado algo… comestible. Soltó lo que quedaba en sus manos, hundiendo el gusano en el mar. Su rostro estaba pálido, paralizado como el resto de su cuerpo.
— S…Se la comió… En serio se la comió… — Tartamudeó grave el saiyajin.
NOTAS FINALES DEL CAPÍTULO
Aparecen imágenes del siguiente capitulo al puro estilo DBZ)
Goku: ¡Hola! ¡Soy Goku! ¡Vegeta! ¡Al parecer aún no aprendes que con Bulma uno no se debe meter!
Vegeta: ¿Y se puede saber cómo sabes eso Kakaroto?
Goku: ¿Eh? ¿Yo? No... Me refiero... Ay no te enojes Vegeta.. Yo conozco a Bulma desde niño, ella es como mi familia... No me mires así... ¡Recuerda que no podemos destruír de nuevo la estación!... Di tus diálogos por favor o nos meterás en problemas...
Vegeta: Ahg... No me des ordenes Kakaroto, además tú sigues...(Susurra) Insecto tarado...
Goku: ¡Sí! A ver... ¡Ya! ¡Próximo capítulo: Relaciones II! ¡No se lo pierdan será muy divertido!
Vegeta: ¿Divertido? No digas estupideces.
Goku: (ríe nervioso) ¡No le hagan caso! (Susurra) Sigue molesto porque que conozco bien a su esposa, es un hombre celoso... (Animado) ¡Nos vemos en el siguiente capítulo! ¡Adiós amigos!
Vegeta: ¡Kakaroto...!
