¡Sí se puede!
Capítulo 18
Relaciones II
Relaciones II
¿Tregua?
Las pupilas de Bulma recobraron su color. Parpadeó para lubricar sus cuencas. Se levantó súbitamente, colocando sus manos encima de sus mejillas, sintiendo asco y horror — ¡No puede ser! ¡Que asco! ¡Me comí esa cosa! ¡Asco, asco, asco, asco, asco, asco! ¡Maldito Vegeta! Si no cumple su palabra lo voy a matar— Sacó su lengua lloriqueando. Corrió hacia su baño para enjuagarse con desinfectante bucal y rebanarse a cepillazos la boca. Como una chispa, volteó hacia la cama de donde salió, no se había percatado que estaba en la habitación de su casa de verano. Parpadeó incrédula, ¿Había sido un sueño? Miró su ropa, seguía con lo mismo. Regresó su mirada hacia el reflejo del espejo y ladeó la cabeza con el cepillo de dientes entre sus labios.
— Eres una humana muy interesante… Lo reconozco — La voz grave de Vegeta retumbó en el cuarto de baño. Estaba apoyado en el marco de la puerta principal.
La peliceleste se asomó para mirarlo, ¿Él la había traído? Parpadeó aún más incrédula, no hace mucho tiempo la había dejado tirada en el pasillo de la corporación. Regresó su rostro al lavabo para terminar su limpieza. Salió deslizante, de un golpe, para apuntarle con un dedo. El moreno cambió su pose, desconcertado por esa estrepitosa reacción. Bulma se acercó hasta quedar frente a frente con el saiyajin — ¡¿Por qué dejaste que me comiera esa porquería? — Los ojos de la mujer estaban aguados del coraje, apretó sus puños para seguir desahogándose — ¡Debiste detenerme, animal! ¡Cómo dejaste que una mujer tan delicada como yo metiera en su hermoso cuerpo un… — Se detuvo pálida, puso una mano encima de su boca, se estremeció, doblando el cuerpo hacia abajo.
Vegeta la miró sin entender. Estaba recibiendo todas las recriminaciones, preparándose para debatir. La mujer, salió corriendo de nuevo al baño, para sacar de sus entrañas la horrible sensación. El moreno miró el techo, aún apoyado en el marco de la puerta, recordando, esa horrible noche que la tuvo que soportar ebria. Se acercó con seriedad al marco de la otra puerta, al escucharla terminar, la miró ahí, debilitada, con los brazos alrededor de la taza de porcelana —Reconozco tu victoria… Después obtendré mi revancha. Esta semana, será una tregua — Agregó seco, con una terrible solemnidad de un príncipe.
Bulma sacó su rostro del excusado, limpió su boca con un puño, ruda y agresiva, como la digna ganadora — Eso quería oír.
Vegeta sonrió al ver esa expresión, sin duda, era una mujer muy interesante.
Luego de purgarse y hacer una limpieza abrasadora a su boca, Bulma tomó una ducha. Vegeta estaba en el pequeño balcón, mirando la respiración del mar. Una extraña tranquilidad lo reinó por unos instantes, antes de volver a sus terribles obsesiones, se quería imaginar cómo serían esas chatarras. Cavilando, llegó a varias conclusiones, sobre todo al no tratarse de seres vivientes. Tendría que observarlas antes de comenzar la batalla, tal vez dejando a una de las sabandijas luchar antes, para planear rápidamente sus movimientos. Aquel granuja inútil, que lo había amenazado, por alguna razón, era placentero utilizarlo de conejillo de indias en sus fantasías, imaginándolo muerto antes que todos. Recordó su amenaza, él volvería "Es un insecto muy estúpido… Retando al príncipe de los saiyajins"
— Estás pensando en los androides ¿Verdad? — Se acercó la peliceleste con las manos ocupadas en secar, con una toalla, la excesiva humedad de su cabello. Miró la recelosa expresión del guerrero — No es difícil de saber, te vi sonriendo de una manera muy maligna — Se sentó en las piernas del saiyan, con sólo la toalla envolviéndola.
— ¿Qué? ¿Me vas a prohibir pensar en la batalla también? Agh…— Desvió el rostro — No puedo perder todo mi tiempo, debo pensar en unas cuantas estrategias— El cabello húmedo de la mujer le daba suaves latigazos en la mejilla.
— No, eso no te lo voy a prohibir, depende de esa batalla nuestro futuro — Reaccionó la científica ante sus propias palabras, cambió la vista hacia el infinito mar — Quiero decir… El futuro de la tierra. Sin ustedes, puede ser como dijo Goku, ese chico misterioso debió tener fuertes razones para venir. Debe ser una persona muy inteligente la que inventó la máquina del tiempo, hasta para mi padre sería todo un desafío. Es un poco raro…
Vegeta golpeó con un dedo el barandal, indiferente — No me interesa este planeta.
La peliceleste lo observó, acarició la mejilla del moreno para que la mirara— ¿En serio?
— ¡Claro que no me importa! — Arrebató su rostro, el guerrero, de las manos de la mujer. La miró unos instantes y regresaron sus perlas negras al inmenso mar. Escuchando al viejo y azul monstruo.
— Pero, piénsalo bien Vegeta, ¿No es un planeta hermoso? Sólo mira un poco más, tal vez puede gustarte — La mujer miró la belleza de las olas.
Vegeta regresó sus orbes negras a la mujer, "¿Gustarme?" volvió al mar, colocó su mano en la mejilla — Se podría vender a un buen precio. Este planeta estaba bien cotizado, sino fuera por el golpe en la cabeza de Kakaroto, estaría en manos de otros sujetos.
— Eso no era lo que quería decir… — Pronunció Bulma. Lo miró curiosa — Sabes Vegeta, tú serías un grandioso empresario, eres calculador e inteligente, y no te falta nada de tiranía, harías pedazos a tu competencia.
La mirada de Vegeta volvió hacia los zafiros de la peliceleste — No tengo la menor idea de lo que quieres decir, pero seguro es una estupidez terrícola, la única competencia que quiero derrotar es Kakaroto y tal vez ese sujeto misterioso— Realizó una mueca de desagrado, aquel chico no le había dado buena espina — Aún no comprendo cómo puede ser un saiyajin, su cabello no era negro, me pregunto de qué planeta pudo haber bajado...
Bulma se entusiasmó, estaba platicando con Vegeta, era un triunfo gigantesco, no estaba bebido, estaba sobrio por completo, haberse comido ese gusano fue lo mejor que pudo haber hecho — Podría ser un mestizo — Contestó para no perder la conversación. Notó la reacción del guerrero, para él seguro esa inofensiva palabra, era considerada como una palabra mayor — Puede ser… Si lo piensas bien, sus ojos también eran claros. ¡Era muy guapo!
Vegeta hizo una mueca con la boca — Pues la genética del saiyajin que le dio los poderes debe ser poco dominante, si yo tuviera un hijo con quien sea, sin duda saldrían mis rasgos como dominantes — Agregó con prepotencia.
Varios parpadeos de Bulma abanicaron — ¿Has pensado en tener hijos, Vegeta? — Preguntó ya dentro de esa extraña confianza.
— ¿Estás loca? No necesito más competencia, será mejor ser el único saiyajin, uno de clase alta como soy yo, el príncipe de mi raza, gobernando al universo. No tengo por qué tener descendencia, no le cedería mi puesto por nada. Los saiyajin derrocaban a sus primeros reyes, matándolos, eso acabó cuando mi padre tomó el poder, ya que su estirpe era, de la mejor clase que existía en nuestra raza y su gobierno fue justo, por lo menos antes de que Freezer apareciera. La clara muestra de su sangre real, fui yo, que rebasé sus poderes con mucha facilidad cuando apenas era un niño — Las palabras de orgullo de Vegeta, eran filosas y frías.
Bulma tragó un suspiro, en cambio, mostró una sonrisa a la brisa — A mí me gustaría tener hijos, una parejita, es mi sueño tener a una niña y a un niño— Sostuvo su tranquilo rostro — Pero por desgracia, no creo que eso sea posible. Tal vez algún día, cuando herede la corporación, adopte a una linda parejita.
La sorpresa del moreno por esa declaración se dio a notar "¿Imposible?"
—Mh… — Bulma regresó el rostro, sorprendida de la diminuta expresión de curiosidad del hombre — Bueno, no lo sé exactamente, antes de terminar con Yamcha, traté de quedar embarazada un tiempo, pero no ocurrió. Fui con un experto y no encontró ningún problema, sólo algo insignificante y tratable, sin embargo recibo tratamiento, con las pastillas anticonceptivas y las de hormonas puedo mantenerme regular, por eso no pierdes tus cuentas. No pierdo las esperanzas — Sonrió.
— Eso explica tu humor tan extraño — Dijo insensible el moreno.
La ceja de la peliceleste se rizó junto a la otra — ¡Uhg… Vegeta! ¡Así soy yo! En cualquier caso si las dejo de tomar sería peor — Su rostro se oscureció para asustar al hombre.
— ¿Qué? ¿Peor? — Se incorporó el moreno, se apoyó al respaldo de manera soberbia — Tal vez ese granuja inútil era el problema. No sería extraño que ni para eso sirva ese insecto — Cerró los ojos dejándose llevar por sus palabras.
Bulma miró el cielo anaranjado, el atardecer comenzaba — Lo dudo, posiblemente sea hereditario, yo fui un golpe de suerte para mis padres, ellos dicen que fui un milagro — "Por eso esta casa es tan especial…" Suspiró.
Un silencio los inundó, el cielo comenzó a quedar cálido, con rosados y naranjas, como algodones de azúcar.
— Te dije que era hermoso — Dijo la peliaqua al ver el cielo.
— ¿Qué? ¿De qué hablas? — Mencionó el guerrero, que se había perdido en sus pensamientos.
— El planeta. Mira el hermoso espectáculo, los atardeceres de esta isla son famosos. Te apuesto que si le das una oportunidad, te puede gustar este planeta — la mujer apretó bien la toalla que le tapaba, no quería moverse de las piernas del hombre, ni para cambiarse. Contuvo un estornudo causado por su desnudez húmeda.
— Tratante de bienes planetarios… — Musitó el guerrero con el rostro indiferente.
— ¿Qué quieres decir con eso? — Contestó contrariada la mujer, sin comprender los pensamientos del saiyajin tan misterioso.
Vegeta pronunció grave — Tú dijiste que yo sería un buen empresario, pero tú serías una buena Tratante Espacial…— Era demasiado extraño poder hablar con tranquilidad con la peliceleste, sin que pelearan, de alguna forma no le desagradó del todo, aunque una sensación diferente le abarcó el cuerpo. Él nunca mantuvo una conversación así — Son sujetos con poca capacidad en la batalla, pero un gran poder de convencimiento para cambiar los planetas por tecnología y dinero — Sonrió engreído — Pero te falta mucho para poder convencerme. Este planeta, no es un planeta para mí.
— ¿Y qué tal este planeta? — Bulma, con gran habilidad y sinuosa flexibilidad logró montarse encima de Vegeta, que permanecía sentado en una silla, justo en sus piernas. Él estaba sentado y sonrió al sentir los muslos abiertos de la peliceleste alrededor de su torso, preso de Bulma y su suave piel. Ella lo miraba desde arriba, sus senos estaban, justo a la altura del saiyajin. Posó sus brazos en los fuertes hombros del moreno, coqueta y dispuesta a demostrarle las maravillas terrícolas. La toalla se deslizó, regalándole monumental sus curvas definidas.
Vegeta sujetó la espalda tersa de Bulma, introdujo su rostro entre los pechos aromáticos de esa hembra, relamió la piel — Este planeta no está tan mal… — Sus dedos acariciaron los glúteos de la peliceleste, y con un suave tacto, llevó sus manos a las suaves borlas femeninas de la mujer. Bulma, desató la virilidad del moreno, desajustando la ropa tan estorbosa. Comenzó a guiar al príncipe, hasta clavarla, dominando todos los movimientos tan placenteros. Se elevaba lo suficiente, con gran habilidad para no escapar de ese ritmo tan envolvente, las paredes de su interior colapsaban con profundidad. Vegeta aguantó sus gemidos dentro de su garganta, creando un ruido seductor, como si se tratara de un sensual ronroneo. Bulma, hechizada por el placer, abrazó al hombre, que respiraba entre la abertura de sus senos. Sus mejillas calientes resbalaban en el sudor sexual. El vientre de la pitonisa apenas y chocaba con el torso cuadriculado del hombre.
Un orgasmo, cantado por una nota desafinada, salió de la científica. Abrazó la cabeza de Vegeta, asfixiándolo. Recuperó el aliento la mujer, con dificultad — Dame más… — Susurró.
Vegeta salió de entre sus senos, mirándola desde abajo. Sonrió malicioso. Levantó a la mujer de un solo movimiento, dejando que la toalla, que antes la envolvía, saliera volando. La colocó en la cama, relamió sus labios y esbozó su sonrisa maligna. Sus ojos ardieron como brea hirviendo de nuevo. La mujer, usualmente se le abalanzaba, pero cuando él remataba, la dejaba exhausta. Como si fuera un felino, se introdujo en la cama, persiguiendo a su presa. Trató de evitar sus labios, debido al incidente que ocurrió la última ocasión, aunque, esos labios, lo llamaban como si fueran un botón rojo y prohibido. Bulma aprisionó con sus uñas las sábanas, al sentir la penetración, mordió su labio inferior, deseando la boca del moreno, que no llegaba. El delicioso placer que la quemaba en su sexo, le hizo olvidar sus labios, arrugando en remolinos las telas bajo sus manos. Siempre caía en esa seducción, esas sensaciones que él le causaba, que ni ella misma podía causarse en sus exploraciones; algo, sin duda, increíble e inverosímil, que sólo un hombre fuera de la tierra, podía lograr. Bailaron su danza, ambos, enredados, con el cabello mezclado en la almohada. El príncipe, luchaba contra sus impulsos de engullir los labios brillantes de la mujer, Bulma, buscaba ese beso, devorándolo todo a su paso, dejando las marcas de succión y sus mordidas salvajes en el cuerpo del hombre. Vegeta, trataba de desconcertarla con sus embestidas, empujaba con fuerza para hacerla gritar y alejarla. No podía besarla, sólo necesitaba el placer frívolo del sexo. Era un huracán que no tenía fin. Varios orgasmos dieron paso en el interior de la mujer, como ondas eléctricas, recorriéndola en todas sus terminaciones nerviosas. Vegeta lanzó el último empujón, que reprimía toda su esencia, llenando a la mujer con su calor.
Como si fueran envueltos por una suave melodía, flotaron hasta caer en la nube de la cama. El sol se ocultó en el agua, como si fuera una galleta remojada en café. El morado, violeta y rosados, empezaron a pintar el cielo. La iluminación, naranja, los acarició. Bulma levantó el torso, observando al guerrero, que la abrazaba del torso, dormido. Acarició su alocado peinado, embelesada por esa imagen, tan curiosa, él nunca se dejaba vencer por el sueño sin antes apartarse. Vegeta, de un movimiento involuntario en su rostro, despertó. Miró a la peliceleste y cambió su posición para salir de la cama. Bulma regresó su mano hacia el colchón — ¿No prefieres seguir durmiendo, Vegeta? — Habló la mujer, tal vez él se había dejado llevar por la relajación de aquel sitio.
Colocándose los pantalones regresó su rostro serio — Necesito comer — Musitó seco el guerrero, salió de la habitación, como si tratara de huir.
Bulma se levantó, se puso un top color lima, una tanga color lila, y la tapó con una falda vaporosa blanca. Caminó hacia la cocina para ver qué es lo que haría Vegeta, sin chef que lo atendieran. Al llegar y ver al hombre un tanto contrariado por los artefactos, sonrió silenciosa — Salgamos a cenar — Habló sorprendiendo al saiyajin — Esta cocina no fue pensada para ser la mejor cocina para hacer los grandes banquetes a los que estás acostumbrado en la corporación, es más bien decorativa, puedo decir que yo tampoco la sé utilizar muy bien, aunque te advierto que no seré una esclava en la cocina, son mis vacaciones, así que como primera orden, quiero salir a cenar— Impuso la mujer.
— ¡¿Orden? — El tic de la ceja de Vegeta se pronunció. Mostró los dientes conteniendo un gruñido, antes de comenzar a gritarle, pues, él había hecho una tregua, pero simplemente oír la palabra orden lo sacaba de sus casillas. Apuntó con un dedo a la científica — ¡Tú no vengas a darme órdenes! ¡Humana insignificante!, no tienes derecho a dirigirte de esa manera al príncipe de los saiyajin, a mí nadie me ordena, ¿Oíste bien? Te dije que tendríamos una tregua pero no vas a venir a mandarme, ¡No lo permitiré! — Rugió el moreno.
La peliceleste se acercó para enfrentarlo — Pues el que no oyó bien fue usted, ¡Su majestad! Le dije claramente, cuando se puso a gritar como una princesa, que tendría que hacer lo que yo diga sin pero alguno ¿Entendió su real cabezota? No me tragué un gusano para volver a esto. La reina aquí soy yo — Cruzó los brazos, juntó su nariz contra la nariz del saiyajin, que contenía toda su rabia.
Un relámpago se cruzó entre sus miradas, Vegeta aplastó su respingada nariz y su gran frente contra las de la peliceleste, empujándola levemente — ¡No me vengas con eso de que eres una reina, una reina no puede ser así de vulgar como lo eres tú! Tsk… ¡Solo hay que verte la cara! —A pesar de la cercanía no midió su gruñido.
Bulma correspondió, empujándolo a él, con la gran fuerza de su mirada — ¡¿Mi cara? ¡¿MI CARA? ¡¿MI CARA? Pues esta cara, de esta mujer vulgar te hace sudar como un loco ¡Y no puedes decir nada en contra de eso! ¡Porque bien que se muere su alteza por tener esta cara justo en su Real Pene, para chupárselo vulgarmente como a su majestad le encanta, y llenársela con su semen, sólo por mero morbo! — Empujó de tal forma con su chillido que logró hacer retroceder al moreno unos pasos — ¡Ugh si serás mañoso! Quiero oír que tienes que decirme en contra de eso ¡Su señoría! — Estaba casi encima del hombre.
Vegeta desató su ira — ¡¿Qué, qué tengo que decir? — Apretó sus labios, enojado, porque lo que decía la mujer, tenía su punto de verdad y eso lo perturbaba aún más, él, tan digno de su título, siendo humillado de esa forma, era agobiante. Él no podía perder contra eso, se colocó más alerta, con los pies sobre el piso y se incorporó. Abrió sus labios llenos de malicia y su filosa lengua comenzó a musitar — Quiero decir… Que tú, eres simple escoria y que jamás serás digna de un…— Un chasquido indoloro, pero fuerte, lo detuvo por el impacto. Justo en su mejilla contenía una buena marca de la bofetada de la peliceleste. Sorprendido, cruzó sus perlas negras contra las de la científica, las cuales, brillaban húmedas.
— ¡Vete al diablo! — Gritó desgarradora la mujer, se viró para desaparecer, no sin antes mostrar dignamente sus lágrimas al hombre — Vegeta, no sólo eres un simio, ¡Eres un cerdo! Si realmente crees que me puedes tratar de esa manera, estás muy equivocado. La que es demasiado para ti soy yo, no voy a ser una estúpida detrás de un descarado mono primitivo como lo eres tú, por mucho título que tengas ¡No te quita lo bestia! — Su fuerte temperamento relució, herida caminó a una habitación, a pasos duros, derramando lágrimas de rabia — ¡Y si tanto asco te dan las humanas vulgares ve a que otra te tiras! ¡Que por lo menos esta no te va a tolerar! — Gritó furiosa en el pasillo, con el grito convertido en eco.
"¿Bestia? Ese es nuevo…" Vegeta la miró irse, bajó sus ojos negros, pensativo, con la mano en su mejilla. Miró en sus dedos unas gotas de sangre debido al rasguño. Apretó el puño, no soportaba ver su sangre de tan alta clase escurrirse así como asi. Sostuvo su ruda expresión, enojado, el juego había cambiado de giro. Al parecer cruzó el límite; pero, su orgullo era demasiado para admitirlo. Hizo una mueca con la boca "¿Y a mí que me va a importar lo que ella piense?" Gruñó, lo que menos necesitaba era eso, por lo menos ahora tenía todo el tiempo para pensar en sus estrategias de combate. Sin más, salió de la casa, el hambre se le había pasado por completo. Voló al techo para recostarse y mirar el cielo, para así pensar con más claridad acerca de la batalla, era en lo que debía concentrarse.
—Bien hecho Bulma, muy bien hecho, terminaste con Yamcha y te enamoraste de un salvaje de otro planeta que se cree la mierda más olorosa del universo, ¿Pero quién se ha creído llamándome escoria? ¡Claro! El príncipe de los saiyajin, tenía que ser él y su terrible, y asqueroso orgullo que cubre toda la atmósfera, ¡Uhg! Cubre más que eso, ¡Cubre todas las dimensiones! — La mujer pateó la pared del enojo — ¡Es un insensible! ¡Un mono grosero! ¡Un hijo de…!— Se detuvo— Bueno no sé que era su madre, además la pobre señora no se tiene la culpa de haber tenido un hijo tan pretencioso como ese, es obvio que nadie lo educó y solo se dedicó a batallar desde que era niño…— Se enojó de nuevo — ¡Desgraciado! No es excusa ¡Ugh! ¡Vegeta como te detesto maldita sea! — Llegó a la habitación y se tiró en la cama. Abrió sus ojos aguados al darse cuenta del aroma de la almohada — ¡Ay Bulma! ¿Por qué te metiste a esta habitación? Tú de verdad estás loca… — Se volteó para mirar el techo, con los brazos extendidos — ¿Por qué? ¿Por qué me gusta sufrir? Al principio era divertido… Pero ahora… ¿Por qué me enamoro de lo peor del universo? Primero Yamcha que era un infiel y ahora un sanguinario que trata de gobernar el mundo ¡Ay Bulma! Vas de mal en peor… Si tú eres tan hermosa, inteligente y millonaria, no tendrías que estar sufriendo por pedantes como esos — Se tapó con la almohada, para gritar. Se la quitó y suspiró más tranquila. Se levantó de golpe — De nada servirá que me quede aquí como una tarada ¡Saldré de todas formas! A ver qué hará ese simio ¡Le pondré el código de seguridad a la casa para que no salga!, que se quede encerrado como el animal que es, a ver si se empieza a comportar… — Se detuvo"Aunque yo no sería capaz de hacer eso… Además con la fuerza bruta que tiene me puede destruir la casa… No, será mejor que sólo lo deje, suficiente castigo será que se muera de hambre… Ese hombre come mucho… Tal vez debería ordenar algo… ¡No! ¿Qué estoy pensando? No se merece nada" Cerró pensativa los ojos, y de un impulso se dispuso a arreglarse e ir al karaoke más famoso de toda la isla, para embriagarse, ligar y cantar unas canciones ardidas en contra del saiyajin. Eran sus vacaciones y planeaba divertirse.
Después de ponerse un vestido liviano, color blanco, con corte princesa, la peliceleste se maquilló levemente el rostro, enfatizando sus labios rosas con brillo húmedo. Soltó su cabello y sujetó un costado de su melena con una flor roja. Agarró su bolsa y se puso sus sandalias griegas, para por fin salir de la tormentosa mansión de frialdad. Cerró la puerta principal y miró al techo, algo le decía que el hombre estaba ahí — ¿Tregua?... ¡Sí, cómo no!— La mujer volteó el rostro con indignación, sacó la cápsula de su automóvil rosa y se dirigió a la vida nocturna de la gran isla.
Vegeta abrió los ojos con violencia. Se percató de la presencia de Bulma; alejándose.
NOTAS FINALES DEL CAPÍTULO
(Aparecen imágenes del próximo capítulo al puro estilo DBZ)
Goku: ¡Hola! ¡Soy Goku! Hoy decidí no leer mis diálogos porque aprendí una palabra nueva que me dijo Milk... A ver... ¿Cuál era? ¡Ah sí! ¡Huelga! Milk me dijo que me ponga una huelga o algo así hasta que la autora nos haga un fic (ríe) yo no entiendo nada ¡Solo quiero que Milk me cocine y si nos hacen un fic me hará un gran banquete!
Vegeta: No digas tonterías Kakaroto, di tus diálogos. No dejes que tu mujer te manipule con comida.
Goku: ¿Eh? ¿Mi mujer? ¿Hablas de Milk? Mh... ¿Dices que me manipula? ¿Tú crees que me está manipulando, Vegeta?
Vegeta: No debes confiarte.
Goku: Ah... Dices que si ella me da comida por favores, ¿Es manipularme? Bueno no me importa, ¡Yo quiero comer! Además, por lo que dicen por ahí a ti Bulma te manipula con...
Vegeta: ¡Cállate Kakaroto!
Goku: ¿Qué? Iba a decir cámaras de gravedad...
Vegeta: Tsk... Insecto...
