Ya casi!
Capítulo 20
Relaciones III
Relaciones III
Ritual
Pequeños movimientos incontrolables enfatizaron la frente y los párpados del saiyajin. Estaba acostado en el techo; con las manos detrás de la cabeza y la rodilla derecha doblada cómodamente, caída a un lado, con su pie atrapado detrás de la pantorrilla izquierda. Después de haber pensado sin parar, en sus estrategias, fue presa de las garras de Morfeo. Su mente estaba cautiva, dentro de un intranquilo sueño, que atrapaba sus grandes miedos y fracasos. Tan pequeño era, cuando miró a su madre irse al destierro, que no recordaba la expresión que había puesto al verla partir. No era tristeza, odio, temor, ni un ápice emotivo; una presión en el pecho le exprimió su oscuro corazón. Inclusive para un saiyajin, no tener emoción era considerado tenebroso. Era, un pequeño príncipe temible, de poderes cósmicos e inimaginables, para su edad temprana. Movió la cabeza de un tirón, arrebatando su mente de esas imágenes dentro de la nave, esclavizado dentro de su confusión. Estaba ahí, joven e indiferente, detrás de una transparencia de líquido pegajoso; muerte, sangre, planetas implotando y, su sonrisa perversa e inmadura, reflejada en un vidrio donde las estrellas se fundían. De alguna manera, las estrellas eran parte de él, eran las partículas estelares que lo velaban en su torcida infancia. El guerrero entreabrió los labios para respirar. Ahí estaba, esperando a ser entregado a Freezer, matando a un indefenso animal, en esa oscura habitación que consideraba su zona. Para él, todo era un plan, todo estaba calculado. Superior ante todos los demás guerreros, sin otro objetivo, más que seguir siendo el gran orgullo saiyajin, como el guerrero despiadado y perfecto que era, se había transformado en el honorable príncipe. Encarcelado en esa imagen, se miró, tan oscuro; tan inalcanzable. Dentro de su pesadilla, vio la cara de su distante padre, al que, de alguna forma, le consideró a él como primogénito, debido a que el objeto de su afecto venía únicamente de la gran perfección que emanaba al nacer, a pesar de que, antes de él, existió un diminuto cadáver de sangre Real. No era tan importante para él, saber exactamente qué era ese feto sin vida, dentro de esa efervescencia de situaciones. Si estabas vivo, lo estabas, y si no, sólo estabas muerto y punto. Todo parecía sencillo, tenía el reino a sus pies, hacía temblar a su gente, al demostrar su intempestivo poder sin piedad. Era, para él, una paz que lo creó indiferente. Su pasión, esa espuma que le crecía del interior hasta desbordarse, nacía de atormentar, pelear, enorgullecer, sorprender, de buscar nuevos territorios para marcar con su conquista. Hasta que perdió, a todos aquellos, tan orgullosos, de su increíble talento. Los que quedaron, se dirigieron hacia ese demonio purpureo de lengua puntiaguda. Aquel que le había arrebatado, lo que conocía como parte de su naturaleza, la única raíz originaria que lo conectaba al universo. Él tenía que ser el universo, sólo para permanecer de nuevo, a lo conocido, lo que él pensaba era una vida. Estaba convencido de que nunca le importó su familia, su pueblo, pero, las máscaras de su infancia, aparecían constantemente en sus sueños, de manera inexplicable, como las manchas de una alfombra pisoteada. Para él, los sentimientos, no eran más que una hipnosis autoimpuesta, provenientes de emociones innecesarias y, por lo tanto, con otra hipnosis, los eliminaba por igual. Tan calculador, tan exacto, que le funcionó por mucho tiempo, hasta que caía víctima de su propio subconsciente y de sus instintos salvajes, donde el control se le escapaba de las manos, le cobraba venganza, inclusive al momento de agonizar en su muerte en Namek, donde relucían esas marcas. Se había permitido sentir una serie de emociones y sentimientos negativos y oscuros, ya no podía permitirse más. Ya no podía permitirse nada, nada más.
Finas gotas de lluvia comenzaron a salpicar el rostro del moreno, sus párpados se contraían apresurados, como si fueran pinchados levemente. Las gotas engordaron considerablemente, hasta golpearle la frente y la nariz. Vegeta levantó brusco su torso, se pasó su dura mano sobre el rostro quitando el exceso de agua. Miró el cielo con extrañeza, se veía diferente, con un brillo rojizo entre las nubes. Sujetó una rodilla con su mano, contra su pecho, con el rostro al cielo. Alzó una ceja, debido al clima no pudo calcular la hora, la lluvia le lavó sus pensamientos. Bajó hacia la casa, notó que estaba cerrada por la puerta principal, caminó hacia el patio, donde la piscina indicaba la puerta trasera. Entró por ahí, arrancando el pasador, de un jalón, hasta refugiarse dentro de la casa. Dejó charcos a cada paso, sólo tenía su pantalón. Se tiró al mueble, agotado de ese terrible y agobiante sueño. El silencio de la casa, fue obstruido por el ruido de las gotas fuera de ella. El hombre miró el piso, sintiendo la energía de la humana moverse repentinamente, probablemente entrando a algún lugar por la lluvia, ¿Dónde estaría? Cerró los ojos, había perdido su esencia desde que se había quedado dormido, aunque la había seguido incluso al dormitar. Alrededor de la mujer sintió varios ki, diminutos, insignificantes, sabandijas sin razón de existir. El guerrero mostró los dientes, gruñendo, le palpitó el cuerpo. Apretó, fastidiado, el puente de su nariz. No se iba a quedar en el sillón hasta que ella volviera. El estómago le gruñó, no había cenado después de todo. Se levantó con desición. Abrió el refrigerador, sin encontrar más que plásticos con comida en su interior, con letras extrañas. El idioma saiyajin era igual para los humanos al hablar, pero su escritura era diferente. Miró una cubierta de un congelado, tenía dibujado un cerdo, el saiyajin reconoció el animal y lo tiró de nuevo adentro de la máquina. Alzó una ceja, agarrando otro de esos empaques, suspirando indignado. Le parecía más simple salir a pescar algo, matar algún animal y hacer una fogata que entender ese empaque, pero con la lluvia no le apetecía ir por ahí cazando. Quitó salvajemente la envoltura de plástico y olfateó el contenido. Hizo una mueca, para él todo se solucionaba con ki, así que trató de dorarlo, pero no logró el punto exacto, dejando el contenido de esa comida preparada con el interior crudo y el exterior negro. Lo intentó fallidamente con todo en el contenido del refrigerador. Apretó los puños, él no tenía que estar pasando por eso. Se colocó en el marco de la puerta que había roto, apoyado, mirando el cielo rojo. Un calor como el de la mañana lo recorrió. Tenía dos opciones, salir a cazar e intentar freír sus presas con su ki, hasta encontrar el punto exacto, como lo había hecho en la tarde o, ir a disculparse con esa mujer. Entre las dos; prefirió morir de hambre.
Bulma en cambio, se la pasaba bomba en el bar karaoke, bebía y reía con algunos hijos de inversionistas clave. Luego de acabar con varias copas, subió al escenario — ¡Buenas noches! — Gritó animada, a pesar de que no estaba ebria, se le veía muy contenta. La gente de ahí, que la conocía bien, se sorprendió de ese ánimo. Normalmente ella trataba de mostrar lo mejor de sí, de la manera más recatada, o más bien, lo que su carácter le permitía. La madrugaba había llegado, no había demasiada gente aún en el bar, ya que, el verano apenas comenzaba — ¡Esta canción es dedicada a un horrible mono salvaje! ¡Ese hombre que tú ves ahí…!— Tragó un poco de whiskey y le dio su vaso a uno de los espectadores que tenía abajo — ¡Que parece tan galante! — Apuntó hacia el infinito, y con pasión agarró el micrófono, esperando la parte que quería cantar desgarradoramente — ¡Es un gran necio! ¡Un estúpido, engreído! ¡Egoísta y caprichoso! ¡Un payaso vanidoso! ¡Inconsciente y presumido! Falso, enano, rencoroso, que no tiene corazón — Enfatizaba, sacando de su ronco pecho, las notas desafinadas, aumentando palabras e insultos, con una pasión cautivadoramente extraña. El coro surgió, haciendo cantar a todo el bar.
Vegeta dejó escapar un fuerte estornudo. Se quitó su pantalón mojado y sus bóxers, quedando por completo al desnudo. Subió a la habitación para tomar una ducha caliente. No creía en los cuentos aquellos, de esas raras enfermedades humanas, provenientes del agua y el clima, pero tampoco quería averiguar, sobre todo porque sentía algo desconocido en su cuerpo. Hizo una mueca con la boca, ese calor anormal lo invadía. Al salir de la ducha, sintió de nuevo ese palpitar que nacía de su vientre y espalda. Abrió los ojos hasta donde su expresión malhumorada le dejó. Miró el cielo tras la gran ventana, encontrando las nubes rojizas y violetas, pero nada más. Conocía esa sensación, tocó la cicatriz de su espalda baja, buscando inútilmente su cola. Ya había pasado mucho tiempo desde que perdió su cola en la lucha contra Goku. Empezó a hacer cálculos en su cabeza, normalmente a él le salía la cola cada seis meses, pero, le habían advertido que conforme la edad, la cola crecería entre períodos más largos de tiempo, hasta ya no aparecer. El hombre retuvo la sensación con fuerza. Se incorporó y buscó algo para vestirse. Ya listo, se tumbó en la cama, sin pegar los ojos. El sonido de las gotas al caer, el tictac del reloj, las tuberías creando ruidos, como si una canica rodara en el techo, le llenaban sus oídos sensibles. Comenzó de nuevo en pensar en los androides, en Kakaroto, seguramente ese insecto disfrutaba de una noche plácida de sueño, para entrenar con el namekusein y ese mitad saiyajin de poderes ocultos. Hizo una mueca con la boca, ambos rehusaban su cola, mientras él no esperaba el momento de verla crecer de nuevo. Parecía que el mocoso, no podía controlarse al ver la luna, seguramente Kakaroto, eliminó su cola por el mismo detalle, tratando de cuidar su adorado planeta. Sonrió arrogante el moreno, le parecía una estúpida razón, él podía tener control sobre su mente al transformarse en Ozaru, pero, era indudable, que los saiyajin tenían grandes instintos salvajes, entre otras reacciones, que se desataban debido a los rayos Blutz que brindaba, con o sin cola. Vegeta abrió repentinamente los ojos, alertándose. Se sentó al sentir la presencia de Bulma acercarse, pero, había un problema, no venía sola. El príncipe gateó sobre la cama, gruñó sutilmente. Mostró sus dientes, de manera ligera, sus colmillos incrementaron su filo.
Bulma se balanceaba feliz, con las mejillas enrojecidas, besó cariñosamente la mejilla del rubio que la acompañaba, un hombre de negocios que le hizo al favor de traerla a la famosa residencia de los Brief — Gracias Charte, eres muy lindo por haberme traído hasta aquí, no me creía capaz de manejar — Rió risueña y cayó en el sofá húmedo — Oh… — Se sorprendió de la humedad del asiento, subió su cadera para ver las manchas de agua.
El hombre, la miró, de arriba hacia abajo; enfatizó su mirada en los generosos senos de la peliceleste y en su firme trasero. Sonrió amable, escondiendo sus intenciones — ¡Vamos Bulma! No ha sido nada, es lo menos que podía hacer por ti — Se acercó al sillón para mirarla más de cerca, apoyó sus antebrazos en el respaldo del sillón, observando a la mujer desde atrás — Te ves muy hermosa, hiciste un gran espectáculo — Rió para ganar confianza. Afiló los ojos imaginando a la peliceleste desnuda.
La científica lo miró, rió en compañía — ¡Ay cuanto siento eso!, estoy muy avergonzada, mi voz no es tan linda como mi cara, que bueno que luego todos cantaron, ¡Si no hubiera sido mucho peor! — Continuó riendo de la manera más adorable que le permitió el alcohol.
El rubio sonrió entre las sombras — Pienso que toda tú eres linda, ¿Qué piensas si te acompaño? — Se sentó al lado de la mujer, pegando su rostro al de ella.
Bulma, a pesar de su embriaguez, se sintió incómoda — ¿Eh? No, este… Estoy muy cansada, y algo mareada, creo que debería irme a dormir — Le dio al sujeto unas palmaditas en el hombro, con simpatía — Muchas gracias, fuiste muy amable.
El rubio parpadeó. Frunció el ceño de repente, tratando con fuerzas de simularlo — ¿Qué? Vamos… No dirás que no — Sonrió largamente, acercándose más, tocando la pierna de la científica.
El ceño fruncido de Bulma se fue pronunciando, enojándose por el toque, debido a su gran experiencia con el maestro Roshi, sabía qué hacer en esos casos — ¡Ugh! ¡Patán! — Lo golpeó en la cabeza, con su gran puño, haciéndolo sangrar — ¡Lárgate de mi casa ahora mismo! — Una vena apareció hinchada.
El tipo, alzó el rostro, limpió la saliva que se le había escurrido por el impacto, ignoró su gran chichón rojo y el líquido que corrió por su ceja — ¿Pero qué sucede contigo? Con ese carácter nadie te hará caso — Se acercó insistente — Vamos, te haré el favor.
— ¡¿Qué me harás el favor? Tienes un problema mental — Lanzó otro puño, la peliceleste, para darle en el ojo, pero el rubio lo detuvo hábilmente. La flor de su cabello cayó. Bulma se sorprendió por esa fuerza que apretaba su puño. El dolor la hizo bajar su mano. El hombre se posó bruscamente encima de ella. La mujer lanzó patadas sin éxito, con el rostro azul. Escuchó cómo se desfajaba, el hombre, el cinturón y bajaba el cierre con violencia. Bulma intentó seguir luchando, cuando sintió el desagradable miembro del empresario sobre su sexo, una sensación asquerosa y repugnante, que le sacó unas cuantas lágrimas — ¡Vegeta! ¡Vegeta! — Gritó desesperada. Se detuvo de un impacto "¿Pero qué estás haciendo? Él no vendrá ni aunque te mate este degenerado, ¡Ay Bulma! Tú y tu suerte con los hombres… A este, lo debes alejar tú" El rubio comenzó a sacar su miserable miembro retorcido, entre pelos y cueros repulsivos — ¡Aléjate! ¡Mi novio es un tipo muy fuerte y te hará pedazos! — La rabia de Bulma estaba llena de frustración, indefensa ante ese sujeto.
— ¿Qué novio? Aquí no veo a nadie, y aunque tuvieras a alguien, seguro será un alfeñique mandilón, sin fuerzas, para estar soportando a una chillona apretada como lo eres tú, yo soy un gran karateka, no podrá hacer nada — El hombre le agarró ambas manos para someterla — Pero debo admitir que con ese cuerpecito que te mandas preciosa, seguro sólo te busca para follarte bien rico, justo como lo haré ahora, no te arrepentirás, vendrás por más te lo prometo — Lamió la mejilla de la mujer, con su viscosa lengua porosa, apestando a alcohol.
Desde el pasillo, oculto en la oscuridad, unos ojos brillaron. Un gruñido alertó al empresario. Bulma abrió los ojos sorprendida por ese ruido, lo único que le faltaba es que algún bicho extraño se hubiera metido a la residencia.
— ¿Qué es eso? ¿Tienes perro? — Se detuvo el rubio, curioso por el ruido, un simple perro no parecía gran problema, pero necesitaba saber qué tipo de perro era.
— No, claro que no, tengo un gorila, y es un gorila genéticamente alterado, un experimento fallido que me ama, y si te ve aquí te matará seguro, ya probó la carne humana — Dijo ocultando su nerviosismo la peliaqua. Sólo quería que ese tipo se fuera de ahí — ¡Ven aquí monito! — Gritó.
El gruñido fue aún más fuerte, el brillo rojo atravesó la oscuridad.
— ¡¿Qué? ¡Un experimento! ¡Tú sí que estás loca! — El sujeto metió su ridículo miembro de entre sus ropas. Fue hasta la puerta, pero, como un rayo, Vegeta se interpuso. El rubio palideció — T...Tú eres su novio… o... ¿El gorila?...— Tembló al ver a ese hombre de apariencia salvaje, musculoso. El lugar era más peligroso de lo que pensó.
El moreno sonrió confiado, mostró sus colmillos y lo miró con sus orbes rojizos, como un animal, lo acorraló. Golpeó la pared cerca del rostro de su rival, agrietándola — Aléjate ahora de mi hembra… Si no quieres que te mate… — Su voz, ronca, como un gruñido, atravesó el cuerpo tembloroso del empresario.
Bulma abrió los ojos, ese comportamiento, era demasiado extraño, diferente. Reaccionó ante esas palabras — ¡¿Tú hembra? ¿Pero qué manera es esa para referirte a mí?
— ¡Cállate! — Gruñó el príncipe, mostrándole sus rubíes. Con el pecho palpitando.
La peliceleste se ocultó tras el sofá "Ay no… Esto es malo… Ya he visto antes esto… Se va a transformar en ese mono…" Asomándose, buscó la cola; no la encontró. Viró hacia la puerta rota, el cielo se veía desconocido, sin luna. Sujetó su cabeza, temerosa de que la casa se le cayera encima "¿Pero qué está pasando?"
Vegeta golpeó con violencia al rubio, de tal manera que el hombre apenas pudo levantarse y correr fuera del lugar. El moreno, agitado, se dejó caer al piso, invadido por esa sensación latente, que le hinchaba los músculos. Él no comprendía lo que sucedía, sus pupilas escarlata estaban dilatadas, de tal manera que podía visualizar entre las sombras los rincones. Olfateó el aroma de Bulma, desde la puerta principal, atraído por las feromonas que destilaba ella. Relamió sus labios; deseoso. Instintivamente caminó, con los hombros bajos, los puños pesados. Se puso en cuclillas, hasta donde estaba su hembra. Bulma tocó su hombro herido. Quedó paralizada, esperando algún golpe. Cerró los ojos al sentir el rostro de Vegeta, con el aliento caliente golpeándola, olfateándola. Trató de mantenerse quieta, sin mover los músculos, pero el temblor era difícil de controlar. La respiración de Vegeta, humedeció los senos de la mujer. Temerosa se dejó hacer, hasta que, el rocío de una lengua caliente le recorrió el cuello. La peliceleste sacó un suspiro excitado, ella comenzaba a palpitar, se pegó al sofá, respirando con profundidad y lentitud — Ve…Vegeta… Basta… Estoy enfadada aún contigo… Ah… — La lengua del moreno le relamió el lóbulo. Sintiéndose presa, la científica, con una sensación tan distinta a la anterior, mordió su labio ¿Acaso ella era la hembra de ese simio? ¿Fue parte de algún ritual de seducción? Él era el ganador, sin duda era el ganador de su deseo. No podía pensar, su cuerpo era tocado de una manera tan sensual, que sus poros estaban estremecidos. Ese ser, tan salvaje, sabía dónde tocar, con esos dedos maestros, animales. Presa del celo lo abrazó, pegando al cielo un gemido, metiéndose hasta el fondo, con él, sentado en el piso. La mesa de café se desplazó, tirando los adornos. La pelusa de la alfombra les rozaba las pieles resbalosas. El piso, tan duro, era perfecto para ese ritual de seducción. Era un simio, un pulpo, un monstruo placentero, con sus manos llenas de fluidos, abrazándole las carnes. Sus tentáculos relamían como caricias, cada extremidad, golpeándole el clítoris, embuchado en la miel de su roce. Ese cuerpo, duro, ardiente, palpitando como si fuera un gran e hinchado corazón, la poseía. La gran virilidad venosa, increíblemente endurecida, gigantesca, la hizo gritar entre embestidas. La tomaba y la retomaba, incansable, eterno, exhaustivo. El sudor los recorría, sin palabras inútiles, sólo el delicioso susurro de los gemidos, de los ronroneos y gruñidos gozosos. Envuelta de esa energía de poder, recorriéndole, dorados brillos de saiyajin; grandes fuerzas surgían para continuar. Varios orgasmos formaron fila para salir en los impulsos cavernosos, rosados y tibios de su unión. Estaba completamente llena, de líquido, embarrada de tantos fluidos mezclados. Ambos remojados, uno con el otro. Hipnotizados. Sin poder más, mordió la oreja del saiyajin, la mujer, desnuda, terriblemente excitada; Buscando esa fuerza que caracterizaba al moreno. Al fin, con todo el poder que salió del príncipe, le entregó todo su potencial, partiéndola. Alzaba sus caderas, la mujer, tratando de introducir ese enorme e increíble placer, hasta que el dolor la atormentara. El cielo se despejó ruborizado ante aquel orgasmo espectacular. La luna apareció, plateada, sin llenar, entre esas nubes rojizas.
Vegeta abrió sus rubíes, envuelto de humedad, se levantó del piso, mirando a la peliceleste respirando con dificultad a su lado. Recobró un poco su control, sus orbes se profundizaron en negrura rojiza. Tocó su cuerpo, sintió el palpitar constante, más liviano. Aquella sesión sexual había sido puro instinto. Resopló confuso, con las cejas fruncidas, pero suaves. Miró las extrañas nubes.
— No quiero ser tu propiedad… — Suspiró la peliceleste, agotada, sedienta — No quiero que me llames escoria… — Su voz era apenas un hilo débil.
Vegeta la miró sorprendido, impactado por la gran fortaleza de aquella mujer —Mh... ¿Por qué las nubes lucen de esa manera? — Le preguntó, sin interesarle nada más.
Bulma trató de incorporarse sin éxito. Buscó el cielo con sus zafiros —Debe ser un fenómeno… Auch… — Se retorció hasta lograr incorporarse al fin — Un fenómeno atmosférico — Suspiró. Infló las mejillas, furiosa, de manera infantil. Abrazó sus rodillas — Te detesto…
Vegeta dibujó media sonrisa.
NOTAS FINALES DEL CAPÍTULO
(Aparecen imágenes del próximo capítulo al puro estilo DBZ)
Goku: ...
Vegeta: Ahg... No otra vez... ¿Qué te sucede ahora insecto?
Goku:(pensativo) Mh... Eso explica muchas cosas...
Vegeta: Tsk... No necesitaba saber eso. No te lo repetiré de nuevo, di tu maldito diálogo.
Goku: ¡Sí! ¡Próximo capítulo: Relaciones IV! ¡Final del segundo día!
Vegeta: Ahg, al fin...
Goku: (pensativo) Mhhh... En serio explica muchas cosas...(Se escucha un ruido) ¿Eh? ¿Vegeta? ¿Dónde vas? (Portazo) Ay... De nuevo se enfadó... (animado) ¡Bueno no importa! ¡Nos vemos en el próximo capítulo! ¡No se lo pierdan!
