— El consejo del Espectro —
. — Capítulo 02 — .
Cuando las balas empezaron a volar en todas direcciones en el Cuarte General, el primer pensamiento de Jane fue para Maura, uno terriblemente preocupado por el bienestar de la ingeniera, el segundo, que no entendía nada de lo que estaba pasando y por qué varios de sus compañeros de Seg-C les estaban disparando. Sin embargo, cuando los primeros soldados de Cerberus entraron en el departamento, armas en mano, la luz comenzó hacerse en la mente de la investigadora.
—¡¿Qué demonios está haciendo aquí Cerberus?! —Exclamó Frost agachado tras su mesa junto a ella.
—Sea lo que sea, nada bueno. —Oyeron decir a Korsark, el veterano sargento estaba parapetado tras su propia mesa a unos pasos de ellos.
Junto al ruido de los disparos, se oían gritos y órdenes de rendirse y deponer las armas por parte de los soldados vestidos con armaduras blancas, negras y amarillas, pero Jane y los demás sabían que en el momento en que hiciesen eso, bien podrían darse por muertos, era evidente que Cerberus no iba a hacer rehén o prisionero a ningún miembro de Seg-C que no estuviese a su servicio.
—Tenemos que salir de aquí —les dijo a sus compañeros—. No podemos dejar que se hagan con el control del Cuartel General.
—Más fácil decirlo que hacerlo —gruñó Frost mientras soltaba una salva de tiros a ciegas con su pistola por encima de la mesa—. Por si no lo has notado, nos superan en número.
Jane sabía que el joven oficial tenía razón, el ataque por sorpresa y los agentes durmientes que el grupo terrorista pro-humano había tenido infiltrados en el propio cuerpo, habían mermado drásticamente su número, decenas de compañeros yacían muertos o mal heridos en el suelo. Por un momento, sus pensamientos volvieron sobre Maura, con las comunicaciones cortadas o controladas por Cerberus, no tenía forma de saber dónde estaba o cómo se encontraba; su última posición conocida era la oficina del Ejecutor, con el que tenía una reunión aquella mañana, pero Jane no sabía si esta habría finalizado o no antes del comienzo del ataque y si el enemigo habría llegado hasta allí.
—Tenemos que salir de aquí. —Repitió apretando los dientes—. Tengo que encontrar a Maura.
—Jane… No hay manera de que podamos salir de este lugar sin que nos conviertan en un colador. —Advirtió Frost—. Esos tipos van armados hasta los dientes y nosotros no tenemos más que pistolas, eso por no mencionar que carecemos de blindaje o escudos…
—¿Entonces qué sugieres? ¿Que nos quedemos aquí esperando a que se nos acabe la munición, se nos echen encima y nos maten igual? —Los ojos marrones se oscurecieron con una mirada peligrosa—. No pienso esperar sentada a que vengan a matarme. Prefiero intentar algo… —Y esperar que cualquier poder superior tuviese a bien estar de su parte aquel día.
—Estoy contigo, Jane —dijo Korsak y un par de oficiales, dos turianos, que habían alcanzado su posición y se guarecían junto a él, asintieron de acuerdo.
—¿Frost?
El joven los miró a todos unos segundos y finalmente asintió, en el fondo sabía que su compañera tenía razón, quedarse allí parados solo posponía el momento de su muerte y puestos a morir, mejor hacerlo llevándose a algunos de esos perros traidores con ellos. Y quizá uno de ellos consiguiese salir de allí con vida y podría ayudar a defender el Presidium del ataque de Cerberus, si es que todavía quedaba alguna clase de línea de defensa.
—Bien —Jane sonrió de medio lado—. Va a ser a todo o nada, sugiero que cada grupo salga en una dirección y tratemos de no ofrecerles un blanco fácil; tenemos que intentar llegar a algún terminal operativo para tratar de recuperar las comunicaciones, puede que el de la oficina del Ejecutor funcione, es una posición defendible y puede que los agentes allí todavía estén aguantando esperando refuerzos. —Al menos eso esperaba Jane; Maura no era precisamente una buena tiradora, sus habilidades residían en la ingeniería informática y la tecnología, era capaz de desentrañar grandes cantidades de datos e información, encontrar los más leves rastros de hackers o delitos informáticos e introducirse prácticamente en cualquier sistema, pero el combate armado no era lo suyo, podría defenderse con la ayuda de otros, pero Jane sabía que sería cuestión de tiempo hasta que el enemigo acabara superándolos.
Sus compañeros asintieron una última vez, comprobaron los cargadores térmicos que todavía tenían y se prepararon mentalmente para lo que estaban a punto de hacer. Tomando una última bocanada de aire, Jane dio la silenciosa orden de ponerse en marcha y Frost y ella salieron de su parapeto, mientras que Korsak y los dos turianos disparaban fuego de cobertura, hasta que pudieron cubrirse tras otra mesa volcada. Ahora fueron ellos los que pasaron a disparar sus armas contra los soldados de Cerberus, al tiempo que los otros tres avanzaban; de esa manera consiguieron cubrir la mitad de la sala antes de sufrir la primera baja de su reducido grupo, uno de los turianos cayó con un tiro en la frente.
—¡A cubierto! —Gritó Jane al ver el reflejo rojo de una mira láser, al parecer el enemigo tenía francotiradores entre sus filas.
Frost y ella lograron escudarse tras un par de escritorios, pero Korsak y el otro turiano estaban a varios pasos de la siguiente cobertura y quedaron expuestos al fuego enemigo.
—No lo van a conseguir —gruñó Frost.
—No pienso dejar que los maten —dijo Jane con férrea determinación.
Haciendo acopio de valor, se alzó y cargó disparando contra el grupo de Cerberus que tenía ante sí, atrayendo su atención y sus balas.
—¡Moveos, moveos! —Les gritó al sargento y el otro oficial, que corrieron hacia una ancha columna marcada por los disparos.
Jane sintió una bala rozar su hombro derecho, pero dejó que la adrenalina mitigara el dolor y siguió avanzando y disparando; Frost disparaba desde la cobertura, colocando tiros certeros en la cabeza de los enemigos siempre que podía hacerlo, pero la investigadora sabía que si no alcanzaba pronto otro parapeto, aquel arriesgado movimiento iba a acabar mal. El corazón pareció detenérsele cuando un punto rojo se dibujo en su pecho.
—Joder… —Musitó segura de que aquel era el final, de que no iba a poder ver a Maura una última vez, ni siquiera saber si se encontraba a salvo o no.
Resignada a su muerte segura, tardó varios segundos en ser consciente de que el tiro del francotirador no se produjo y que el láser había desparecido de su cuerpo, sorprendida, pero con el sentido común suficiente como para seguir corriendo y escudarse por fin tras otra columna. Desde allí echó un vistazo, algo había llamado la atención de los soldados de Cerberus, que dirigían su fuego ahora hacia una de las entradas de la sala, desde la que claramente podía oír ahora llegar el sonido de nuevas armas, un par de fusiles de asalto de gran calibre y lo que sonaba como una pistola con munición explosiva, así como destellos de energía oscura, lo que evidenciaba la presencia de un biótico al menos.
—Parece que la caballería ha llegado. —Oyó gritar a Frost por encima de la cacofonía de voces, gritos y disparos.
Jane asintió y les hizo señas para que permaneciesen donde estaban, no tenía sentido meterse en un fuego cruzado ahora que la posibilidad de sobrevivir a aquello estaba tan cerca de su alcance.
La refriega duró varios minutos más, un tiempo que pareció alargarse una eternidad hasta que el sonido de los disparos cesó y un extraño silencio se asentó en la gran sala, el silencio de la muerte y los caídos, apenas roto por los chasquidos eléctricos de los terminales agujereados y fundidos. Jane, el hombro derecho sangrando brazo abajo, y sus compañeros se atrevieron finalmente a asomar la cabeza tras sus coberturas; los soldados de Cerberus yacían todos muertos, las armaduras atravesadas por tiros certeros que habían acabado con sus escudos y blindajes. El ruido de pasos desde la puerta atrajo su atención y salió de detrás de la columna alzando y apuntando su pistola hacia el frente; por el rabillo del ojo captó movimiento a sus lados, Frost, Korsak y el turiano la tenían cubierta.
—Alto el fuego, agentes. —La voz autoritaria pertenecía a una mujer que salió a su encuentro junto a una asari y un turiano; los tres iban fuertemente armados y vestían armaduras de combate. Jane reconoció el logo del N7 grabado en el peto de la mujer que había hablado, algo en ella le resultaba vagamente familiar, pero no terminaba de ubicar su rostro.
—¿Alianza? —Inquirió bajando finalmente la pistola, ninguna de las tres personas que tenía delante los estaban apuntando.
—Más o menos —respondió la humana sonriendo de medio lado y avanzando hacia ellos.
Jane aguantó la intensa mirada que la N7 le estaba dirigiendo, sin duda evaluando y juzgando si era o no digna de confianza, ella misma le dirigió una mirada exacta, aunque vistos los cadáveres a los que habían reducido a los soldados de Cerberus, era evidente que aquel trío no trabajaba para el Hombre Ilusorio.
—¿Qué quieres decir con más o menos? —Preguntó Jane cuando los tres se detuvieron a unos pasos de ellos, pero antes de que la humana pudiera decir nada, su compañero turiano se dirigió a ella.
—¿Rizzoli? —El turiano se retiró el casco que protegía su cabeza y Jane lo miró unos segundos extrañada, hasta que reconoció la cara que tenía ante sí.
—¿Vakarian? —Inquirió, a su lado Frost y Korsak murmuraron algo, sin duda reconociendo también al antiguo investigador de Seg-C con el que habían trabajado en varias ocasiones unos años atrás.
—¿La conoces, Garrus? —Preguntó la soldado humana.
—Sí, es Jane Rizzoli, una de las mejores investigadoras de Seg-C —el veterano turiano sonrió—, ahora que yo no estoy, debe ser la mejor.
—Veo que no has perdido el sentido del humor —sonrió Jane—, aunque casi no te reconozco con esa cicatriz. Te falta como media cara, compañero. ¿Quiénes son tus amigas?
—¿Acaso estás ciega, Rizzoli? —Intervino Frost antes de que Garrus pudiera contestar—. Esa es la comandante Shepard.
—¿En serio? —Se volvió un momento a mirar a Frost y luego devolvió su atención a la soldado humana—. ¿Comandante Shepard en comandante Shepard el primer Espectro humano, la heroína de la Ciudadela…? —La mujer asintió, media sonrisa divertida curvando su boca. Bueno, eso explicaba por qué le sonaba su cara, pensó Jane.
—Exactamente —sonrió de nuevo Garrus—. Y la asari es la doctora Liara T´Soni. ¿Qué demonios está pasando aquí, Rizzoli? ¿Tenéis alguna idea?
—Más quisiéramos —gruñó la morena—. Lo único que sabemos es que hace un rato algunos de nuestros propios compañeros empezaron a dispararnos y luego entraron los soldados de Cerberus a terminar el trabajo. Ni idea de qué pretenden. ¿Vosotros no sabéis nada?
—No con certeza —contestó Shepard—. Acabamos de regresar a la Ciudadela, el consejero Valern quería reunirse conmigo para discutir algo relacionado con Udina. Y al llegar aquí nos hemos encontrado esto. Ahora vamos de camino a la oficina del Ejecutor, la última posición conocida del consejero. El comandante Bailey ha retomado el control de las comunicaciones y está coordinando a todo agente de Seg-C que quede en pie para detener a Cerberus, deberíais reuniros con él, el camino está despejado hasta allí. Nosotros tenemos que seguir adelante.
—Voy con vosotros —dijo Jane dando un paso hacia Shepard, si iban hacia la oficina del Ejecutor, tenía que acompañarlos, Maura podría seguir allí.
—No lo creo, agente —Shepard sacudió la cabeza—. No solo estás herida —señaló el hombro que todavía le sangraba—, sino que además careces de armadura o escudos. No harías más que retrasarnos. Ve con tus compañeros y reúnete con Bailey.
La comandante hizo ademán de echar a andar, pero Jane no estaba dispuesta a que la dejasen atrás, era consciente del peligro que podía correr, pero necesitaba ir con ellos y asegurarse de que Maura se encontraba bien, que seguía con vida. Sin pensar, tomó del brazo a Shepard, deteniéndola, y la miró a los ojos.
—Por favor, tengo que ir con vosotros… Alguien importante para mí estaba hoy en la oficina del Ejecutor… Necesito saber que está bien… Ver que está bien… Por favor. —Jane no era el tipo de persona que rogaba por nada y era muy consciente de las miradas de Frost y Korsak a su espalda, pero le daba igual lo que pensasen o no de todo aquello, lo único que importaba era Maura.
—Estás herida —insistió Shepard, aunque su tono se había tornado ligeramente más amable—. Dime su nombre y nosotros nos aseguraremos de encontrar a esa persona y de informarte sobre su estado.
Jane sacudió la cabeza y aferró un poco más fuerte el brazo cubierto de Shepard.
—Tengo que verla con mis propios ojos. La herida no es nada. Por favor, comandante… Tengo que llegar hasta ella.
La Espectro la miró unos segundos, de nuevo evaluándola y después dirigió una efímera mirada a la asari a un par de pasos tras ellas, quien asintió levemente respondiendo a una muda pregunta. Shepard volvió su atención a Jane y exhaló un quedo suspiro.
—De acuerdo, pero harás todo cuanto te ordene, sin quejas, y permanecerás a cubierto hasta que yo diga lo contrario. Muerta no le servirás de nada a ella —dijo finalmente, le palmeó la mano con la que la tenía agarrada y la retiró suavemente.
—Gracias, comandante. —Jane sonrió aliviada y retrocedió un paso.
—Espera a dármelas cuando todo esto haya terminado y sigamos todos de una pieza. Liara, dale algo de medigel para esa herida.
Mientras la asari se ocupaba de su hombro, Shepard y Garrus se apartaron unos pasos, hablando entre ellos, seguramente discutiendo algún tipo de estrategia o sobre sus habilidades; Frost, Korsak y el otro turiano se despidieron de ella deseándole suerte y diciéndole que tuviera cuidado.
—Seguro que Maura estará bien, Jane —le dijo Korsak palmeándole el hombro sano—. Ese cerebro suyo la habrá mantenido a salvo.
—El viejo tiene razón…
—¿A quién estás llamando viejo? —Espetó Korsak mirando con falsa dureza a Frost, que decidió ignorarle.
—Maura sabe cuidar de sí misma. Y, tío, cómo te envidio ahora mismo, acompañando a la comandante Shepard… Ya vas a tener algo que contar a tus hijos y nietos.
—No exactamente lo primero en mi cabeza, Frost, pero gracias. Vosotros tened cuidado también. Nos veremos cuando esto acabe y los cuatro nos iremos a tomar unas merecidas cervezas.
—Siempre que invites tú —rieron ambos hombres; se terminaron de despedir y abandonaron la sala finalmente.
—Esto ya está —dijo la asari al terminar con su hombro.
—Gracias, por el hombro y por convencer a la comandante. Tengo la sensación de que si no es por ti, no me habría dejado ir con vosotros.
—No es nada —sonrió Liara—. Sé que no lo parece, pero Shepard también tiene su lado romántico —le guiñó un ojo y le hizo una seña con la mano para que la siguiera—. Vamos.
Se reunieron con la comandante y Garrus y se pusieron en marcha sin cruzar más palabras de las necesarias, mientras Shepard tomaba la vanguardia, Garrus y Liara cubrían sus flancos unos pasos por detrás, las armas listas; Jane, que cerraba el grupo se dio cuenta de que aquellos tres se entendían perfectamente sin tener que hablar entre ellos, era evidente que llevaban tiempo combatiendo juntos. Por unos segundos, la investigadora dejó que las palabras de Frost calaran en ella; estaba luchando codo con codo con la famosa comandante Shepard, nada más y nada menos, una leyenda viva, la persona sobre cuyos hombros parecía descansar el destino de toda la galaxia, quien estaba liderando el esfuerzo de aquella guerra contra los Segadores, sobre los que tantas veces había advertido al Consejo y el resto de la civilización galáctica; no dejaba de tener cierta ironía que después de negarse a escucharla todas esas veces, ahora corriesen a pedirle ayuda.
Su avance por los pasillos y salas del Cuartel General no estuvieron exentos de nuevos encuentros con tropas de Cerberus y Jane tuvo ocasión de comprobar que la fama de la Espectro humana era bien merecida; ver combatir a Shepard y sus dos compañeros era todo un ejemplo de trabajo en equipo, sus movimientos estaban perfectamente coordinados y su estrategia se acomodaba y explotaba las habilidades particulares de cada uno de ellos. Jane permanecía a cubierto, disparando su pistola a los blancos que podía permitirse sin abandonar la protección de su cobertura, consciente de que su uniforme era incapaz de detener las balas como lo hacían los escudos y el blindaje de Shepard, Garrus y Liara.
—Sois como un pequeño ejército de tres —comentó no sin asombro y respeto la investigadora cuando terminaron de despejar una nueva sala, Garrus había dado cuenta con su rifle de francotirador de varios guardianes cubiertos tras sus escudos, colando las balas entre las estrechas rendijas que les permitían ver.
—Pareces impresionada, Rizzoli —rió el turiano.
—¿Lo dices en serio? —Jane sacudió la cabeza.
—Esto no es más que un día de trabajo normal en compañía de Shepard —Garrus se encogió de hombros, como si le restara importancia al asunto.
—No le hagas caso, agente —rió Shepard—, le gusta exagerar.
—Seguro —dijo Garrus—, eso lo dice la persona que no hace ni dos días logró curar la genofagía y que los krogan y los turianos empezasen a colaborar en la defensa de Palaven. ¿En qué estaré pensando, exagerar nuestros logros?
—¿En serio? —Jane se detuvo unos segundos mirando al trío, para seguirles inmediatamente hacia el ascensor que les llevaría a las oficinas del Ejecutor.
—Mordin curó la genofagía —puntualizó seriamente Shepard—. Yo solo le ayudé.
—Hiciste más que eso —dijo Liara y Jane vio la mirada suave y compasiva que la asari dirigió a Shepard.
—Puede —asintió la comandante deteniéndose ante las puertas del ascensor—. Pero Mordin fue el verdadero héroe en Tuchanka, no quiero que olvidemos eso.
—No lo haremos —aseguró Garrus palmeando el hombro de la humana.
Y Jane comprendió que aquel Mordin debía haber sacrificado su vida para conseguir la hazaña de acabar con la genofagía y que, sin duda, había sido un amigo y compañero del trío, alguien con quien habían luchado y sangrado, vivido tanto momentos difíciles, como felices.
—De acuerdo, centrémonos —Shepard sacudió la cabeza y las puertas del ascensor se abrieron—. Tenemos un consejero que encontrar y una novia que rescatar.
—Maura no es mi novia —se encontró diciendo Jane mientras entraban en el ascensor.
—¿Seguro? —Shepard la miró divertida.
—Es… complicado. Es mi mejor amiga.
—Bueno, quizá quieras replanteártelo cuando todo esto termine. Estamos en medio de una guerra, eso es lo complicado. Tener a alguien por quien luchar y, más importante, por quien volver es algo que merece la pena —los ojos de Shepard se desviaron hacia la asari y si Jane tenía alguna duda respecto al tipo de relación que mantenían, se evaporó en aquel momento, cuando Liara devolvió una mirada cargada de significado y sentimientos a la comandante.
Jane no tuvo mucho tiempo para procesar las palabras de Shepard, aunque sabía que la comandante tenía razón; Maura ya era su razón para luchar y seguir adelante, la persona que significaba todo para ella y quien le daba esperanzas en una situación desesperanzada; Maura era capaz de poner una sonrisa en sus labios en aquellos días difíciles, cuando no saber nada sobre su familia la hundía en el miedo y la preocupación. Maura hacía que todo valiese la pena y que rendirse no fuera una opción… Ahora solo necesitaba encontrar el valor para decírselo a ella.
Pero lo primero era encontrarla y asegurarse de que estaba bien y acabar con la amenaza de Cerberus para la Ciudadela.
