¡Aleluya! *coro de ángeles* Ya, me olvidé de toda pereza, me puse las pilas y ahora ya, está a la par, ambos sitios al mismo tiempo, actualizados, soy muy feliz ;_;
Disfruten!
Capítulo 21
Relaciones IV
Relaciones IV
Insomnio
Bulma estaba abrazada al cuerpo tibio de Vegeta. Por instantes, el latido del pecho del saiyan retumbaba debajo de sus brazos. Justo en su busto, contra el pectoral duro del hombre, las palpitaciones golpeaban furiosas. La mujer abrió los ojos, frente a ella, la fogata, que había hecho el saiyajin, brillaba tirando partículas fosforescentes. La arena, húmeda, se había mantenido compacta, lo suficiente para que no le molestara demasiado el roce. Habían terminado ahí, cuando el rugido del estómago del príncipe, lo hizo cazar su cena, que comió vorazmente luego de su ritual. El cielo aún permanecía oscuro, aunque rojizo y violáceo, como si nunca fuera a aparecer el sol. La peliceleste se encontraba inquieta, no podía dormir tranquila, temía por esa fiera que suspiraba entre sueños. Era una sensación distinta, nunca antes había tenido problemas para dormir, inclusive con las turbulencias de la nave de Kamisama, rumbo a Namek, pudo conciliar el sueño. Despertaba constantemente, la mujer, esperanzada de ver el sol. Miraba pensativa al guerrero. Tal vez estaba equivocada, con el orgullo desintegrado, pero comprendió algo luego de mirarlo actuar tan salvaje. No podía tratarlo como el resto de los hombres, Vegeta, no era un humano, era un saiyajin, un hombre de una raza diferente, de una civilización lejana a la suya. Hasta ese momento lo había tratado como un humano, lo había visto con ojos ilusos, intentándolo meter a sus costumbres a la fuerza. Él tenía sus hábitos, unas costumbres diferentes, además de que, no sabía ser sociable. Muy dentro de ella, pensaba que la trataba como un objeto, pero no todo era tan sencillo, probablemente él todavía basaba mucho de sí mismo en puro e intenso instinto. Haber sido llamada su hembra, comprobó algo, y es que a pesar de todo, era un raza territorial, de conquista. Al fin y al cabo, ella lo había atraído como otro animal salvaje, hacia sus redes, invitándolo a ser parte de su ambiente natural. Pensando que la discriminaba, ella hizo lo mismo, discriminándolo a él, tratándolo de igual manera como trataría a cualquier hombre. La arrogancia de Vegeta, sus crueles palabras, llamarla escoria, no era más que su manera de referirse a todos, no sólo a ella. El pecho se le contrajo. No soportaba que la mirara con frialdad, que la tratara con inferioridad, pero tenía que pensar bien en dónde se estaba metiendo. Vegeta no tenía respeto por nadie, ni por nada, apenas respetaba la vida de otros. Ladeó levemente la cabeza, acomodándose en el moreno, sincronizándose con el latido profundo. Al comerse ese gusano, ella notó que, por lo menos unos instantes, Vegeta le había regalado parte de su respeto, había logrado la conversación más decente que tuvo con él durante su estancia en la tierra. La raza saiyajin era una raza que basaba todo en el poder, y ella no contenía ese poder en las batallas. Debía mostrarle su fuerza, no su fuerza bruta, sino toda esa agresividad que la hacían la mujer dura y temperamental que era. Bulma había pasado por peligros desde que conoció a Goku, se sentía poderosa, fuerte, increíblemente extraordinaria, ella podía con todo.
— Duérmete… — La voz ronca del guerrero alertó a la mujer. Vegeta abrió sus perlas de rojo espeso —Tsk… Entra sino puedes dormir en la intemperie —Gruñó, él tampoco lograba conciliar el sueño con la humana moviéndose constantemente.
La peliceleste volteó el rostro hacia el cielo — No, no es eso… — No entendía por qué susurraba, tal vez temía que su voz molestara al hombre — No puedo estar tranquila hasta que dejes de lucir así.
Posó su mano derecha, el saiyan, sobre sus ojos — Ahg… No digas tonterías, duérmete ya o lárgate y déjame dormir a mí. Ya mencionaste que esas nubes no son más que desviaciones de los rayos Blutz, con respecto a la polución de este planeta. No tiene nada de anormal.
— Vaya… Lo has entendido muy bien… ¡Eres muy listo, Vegeta! Un hombre como tú no debería desperdiciar s… — Se detuvo, la peliaqua, comprendiendo que para él las batallas eran su vida.
El moreno deslizó sus perlas rojizas a la mujer — Mh… ¿Qué ibas a decir? — Regresaron sus ojos a las nubes.
— No nada… Lo olvidé — La mujer ocultó su rostro, tímidamente, tras el cuerpo fuerte del guerrero — Es que… No… no, nada — Calló, era difícil poder mantener la conversación.
El silencio los inundó unos instantes. Bulma tembló.
— Ahg…— Gruñó irritado — Entra— Ordenó con rudeza el guerrero, así nunca podría dormir.
— Dime una cosa Vegeta… ¿Respetas a Goku? —Preguntó la mujer, aún con la voz tenue, decidida a invitarlo a hablar.
— ¡¿Qué? ¡Respetar a Kakaroto! ¿Ese insecto de clase baja?— Gritó el moreno a pesar de la cercanía, haciendo que la peliaqua cerrara los ojos — Jamás respetaría a esa sabandija ¡Que tonterías dices! ¡Hmp! Es imposible, es un saiyajin de clase baja— Resopló indignado por cuestionar algo así. En el fondo, sentía algo de respeto por él, pero, admitirlo nunca podría.
— Sí, eso pensé —Pesadamente, los párpados de la peliaqua la traicionaban. Bostezó exhausta, tapando su abertura con la mano. Desde la boda no había podido dormir plenamente, y como ella no era más que una simple humana, a comparación del príncipe, su cuerpo le exigía descanso. Sacudió su rostro para espabilarse — Y dime… ¿Respetas a mi padre?
Vegeta alzó una ceja — ¿Qué? ¿Hablas de ese viejo científico? — La miró unos instantes y luego volvió al cielo estrellado — No.
— ¿A mi madre? — Preguntó la mujer más para molestarlo que para saber.
El guerrero comenzó a impacientarse — ¿Podrías dejar de hacerme preguntas tan estúpidas y dormirte de una buena vez? ¡Me tienes harto! — Cerró sus ojos, esa rubia era un misterio para el guerrero y más que respeto, de repente le daba terror.
Bulma cerró un ojo por el estruendo de esa voz grave — Ya, ya, lo siento… Es sólo que sentí curiosidad — Abrió ambos ojos y lo miró de reojo, regresó sus zafiros al cielo — ¿Y a mí, Vegeta? ¿Me respetas?
El torso del moreno se elevó, apartándose por completo, con indiferencia — Me voy a la cama — Tenía la mirada fija al mar, el rostro se iluminaba por las pequeñas llamas de la fogata. Su espalda estaba llena de la fina arena, pegada, formando patrones. Se levantó.
— ¡Hey! ¡Espera! — Gritó la peliaqua con el ceño fruncido — No dejes así a una dama cuando te habla. Contéstame.
El duro rostro del saiyajin regresó a la mujer — ¡Ahg! ¡Cállate de una buena vez! Yo no respeto a nadie y punto — Volvió el rostro para dirigirse a la casa "Esa mujer además de gritona es muy mandona… que insoportable…" De un resoplido torció sus labios y siguió su camino.
Las manos de Bulma apretaron la compacta arena, crujiendo en sus dedos — Ese simio… Lo que me esperaba… — Sacudió sus manos y su ropa. Era imposible dialogar ahora, sobre todo con él en ese estado tan alterado. Él no podría darle la información que necesitaba directamente, aún tenía que estudiarlo, y como científica que era, lo iba a conseguir. Con actitud decidida se levantó — Muy bien Bulma, ahora es cuando debes demostrar tu gran inteligencia, ese espécimen ¡No se te escapará! — Caminó dentro de la casa, el mar lamió la fogata hasta apagarla.
Entró, la peliceleste, a su entrada colina arriba, por los peñascos, tan agotada y somnolienta, que su vida peligró unas cuantas veces, hasta llegar al fin al pavimento. El camino a su puerta trasera, era una culebra quebrada, pues la mansión rozaba el cielo, en el gran cerro. Sin cápsulas en sus manos, llegó a la puerta violada. Notó el pasador roto. La ceja de la mujer se movió al fruncirse — ¡Ugh! ¡Vegeta! Todavía lo dejo sin seguro…. Y aún así lo rompe, ¡Con lo fácil que era deslizarlo! ¡¿Por qué todo lo resuelve a fuerza bruta? — Enojada, puso un candado para cerrar la puerta. Subió las escaleras siguiendo la arena, suspiró, la casa era un desastre. Miró la hora, eran las cinco de la mañana. Fue al teléfono, dejó un mensaje, al servicio de la isla, que trabajaba para la corporación. Hombres y mujeres, que siempre mantenían la casa en perfecto estado, le aseguraron su cita en la tarde.
Vegeta estaba ya en la cama, boca abajo, mojado, con los charcos de agua y arena en el piso, mostrando el camino que siguió. Bulma corrió las cortinas, tratando que las nubes rojizas no afectaran más al hombre. Se metió a la ducha y se quitó los granos de arena, lo suficiente para poder dormir en paz. Sentía el sabor a licor en la boca, se lavó la boca para no sentirse tan miserable. De repente, la necesidad de hundirse en la almohada era muy importante. Llegó a ella al fin, con el cabello empapado, con el ventilador de techo soplándole el rostro y evaporando el agua. Estaba a punto de cerrar los ojos y dejarse llevar.
— Tu padre es inteligente para ser humano, tu madre es anormal para ser humano, y tú eres una combinación de ambos — Dijo más dormido que despierto, el saiyan, aún en ese tono rudo y ronco.
— ¿Qué? ¿Qué dices? — Abrió sus zafiros la peliceleste, olvidándose de su sueño.
— Lo que oíste — Se movió, el moreno, para darle la espalda.
Bulma parpadeó sin comprender el comportamiento de Vegeta. Eso no le contestaba su pregunta, pero, por la sinceridad de esas palabras, podría intuir algo oculto tras ellas. Miró al techo, luego dirigió sus zafiros a la espalda del hombre — Entonces soy anormal e inteligente… —Buscó un sonido de parte del guerrero, pero el silencio fue su única respuesta. Resignada continuó, mirando las aspas del ventilador — Pues tú también, eres inteligente y anormal… Sin contar lo obstinado, gruñón y pretencioso que eres — Reclamó con más indignación.
El tic de la ceja de Vegeta apareció, se volteó para contraatacar — ¿Qué es lo que dices? ¡Pues tú e…— Notó que ya no tenía los colmillos largos — Mh… — Interrumpió su enfado, de manera pensativa, mientras que sus orbes volvían a ser negros de nuevo. Su palpitar se detuvo.
— ¿Yo soy qué, Vegeta? — La mujer se volteó y cambió su expresión, provocadora, por una suave — ¡Volviste a la normalidad! Lo sabía, fui muy lista en cerrar las cortinas, no por nada soy una genio, ahora puedo dormir tranquila, que bueno, ¡No sabes lo alegre que me pone eso! — Le besó la mejilla al hombre, dejándolo contrariado. La mujer se arropó.
Vegeta le quitó la sábana, a Bulma, de un jalón — ¿Dormir? Pues ahora yo no quiero que duermas— La ceja cambió de posición, alzando la otra, con una sonrisa perversa en los labios.
— ¡¿Qué? ¡¿Aún quieres más? Vegeta, eres un enfermo, no creas que te perdoné con tanta facilidad que me llamaras escoria, lo de hace un momento fue porque estabas enloquecido — Un sonrojo furioso pintó el rostro de la peliaqua — ¡Ugh! Eres un…
Con una maniobra, Vegeta, quedó encima de la mujer, con los brazos cerca de las orejas de la peliaqua, las piernas musculosas apresando las caderas femeninas. Los sexos golpeándose, empujándose entre latidos. La miró desde arriba — Dime lo que sé… Soy un simio salvaje, ¿Cómo me llamaste en la tarde?... ¡Claro! Un cerdo, una bestia… — Dejó escapar una risa gutural — Por supuesto… Soy todo eso, que te quede claro que no cambiaré…— Sonrió malévolo — Soy el príncipe de los saiyajin.
Bulma aceptó el desafío, con la ceja temblorosa, debido a la provocación. Lo tomó del cuello destilando con una voz sensual sus palabras — Me alegro que lo sepa bien… su… alteza, pero ya le expliqué que aquí la reina soy yo, y soy anormal, inteligente, mandona, gritona, fuerte, y siempre consigo lo que quiero, eso le debe quedar también claro. Yo tampoco cambiaré.
Ambos sonrieron desafiantes. Mirándose con llamas de fuego. Les recorría un deseo intenso. Era un choque de temperamentos, rayos y truenos quemaban todo a su paso. En silencio se mantuvieron en esa posición, cada uno perdiéndose en la profundidad de los ojos de su contrincante. Brillando entre chispas, tan cercanos. Ese pequeño trecho que le dividía los rostros, era exacto y espeso, denso como la miel.
— Bésame — Ordenó la mujer.
Vegeta abrió los ojos, a pesar de sus cejas inclinadas, se notó la sorpresa — ¿Qué? ¿Qué dices? ¿Qué te bese?... — Trató de formar su sonrisa de medio lado — Estás loca, para qué quieres un simple beso, con todo lo que te haré — Sonrió cínico al fin, ¿Acaso se había dado cuenta de que lo estaba evitando a toda costa?
Bulma acarició el pectoral del hombre, haciendo círculos, con los ojos visualizando el pezón rosado. Lamió ese dedo, y lo pasó por esa zona sensible — Lo quiero de recompensa — Sonrió con travesura.
— No tengo que recompensarte nada, ni tengo por qué seguir tus órdenes — Gruñó ronco el saiyajin, excitado, terriblemente excitado, pero defendiendo sus ideales.
Las piernas de la peliaqua se enredaron en el cuerpo de Vegeta, lo atrajo en un abrazo, y tras unas suaves caricias, logró en una maniobra, quedar encima del hombre. El saiyajin quedó pasmado por el engaño. Bulma sonrió. Las mojadas sábanas se calentaron. La científica lamió los labios del guerrero, pasando su lengua por sus comisuras, acariciando el rosado carnoso. Tiró una risita juguetona — ¿No quieres? — Susurró cercana.
Vegeta sintió la lengua caliente, lamiéndolo, pasando sobre sus labios, de manera tan erótica que no pudo evitar entreabrirlos levemente. La mujer, se acercó lo suficiente, pero, de manera inesperada, el saiyan desvió el rostro. Bulma parpadeó, trató de ver el rostro del hombre, pero con la oscuridad sólo podía ver su ensombrecido rostro. Con la pequeña claridad rojiza que brindaba el cielo, tras las cortinas, se pudo imaginar, un sonrojo de parte del guerrero, pero parecía una simple fantasía verlo así, tan imposible, que la mujer simplemente se apartó — Terco…
El hombre sintió de nuevo ese calor extraño en su cuerpo, diferente al de la excitación — ¿Cuánto tardarán en disiparse esas nubes?
Bulma se acostó de nuevo, mirando el ventilador de techo girar — No estoy segura, no tengo el equipo aquí. Mañana le preguntaré a mi padre, pero por la zona en la que estamos y la época…— Talló uno de sus zafiros que le ardían por la falta de sueño —…Probablemente sea algo natural, la luna es más baja en esta isla, por esa razón los atardeceres son tan coloridos y la luna suele verse marrón, rojiza, y en muchas ocasiones su tamaño es descomunal — La mujer cerró los ojos, recordando esa luna romántica. Se imaginaba ese delicioso beso debajo de esa luna. Emocionada, sonrió estúpidamente.
Vegeta la miró de reojo, posó sus perlas negras al techo también — Escúchame bien Bulma.
Un presentimiento helado, recorrió la espalda de la peliceleste — ¿Qué? ¿Qué cosa, Vegeta? — No sabía lo que diría, pero apretó la ropa que le cubría el pecho.
— Mh… Lo de hace unos momentos… — Agregó grave el moreno — Mencionaste que no eres mi pertenencia…— Su voz ronca transitaba por sus labios, de manera seria. Sus ojos estaban fijos a un punto muerto en el techo, evitando el contacto — No puedo estar más de acuerdo contigo. Tú no eres nada para mí — Las palabras, tajantes, congelaron la brisa veraniega — No me importa lo que te pase.
Bulma ocultó sus ojos tras el flequillo, en la sombra que dejaba este. Frunció los labios. De repente, como si nada, regresó una mirada alegre hacia el moreno. La sonrisa marcaba el rostro, de porcelana, de la mujer — Eso ya lo sé. No seas tonto— Respiró todo el aire que podía por la nariz — Prometí que sería igual de irresponsable que tú ¿Pensaste que quería ser tu hembra? No soy un objeto — Rió — Es más probable que tú termines loco por mí que a que yo termine loca por ti — Le dedicó una sonrisa al guerrero, tragándose el nudo de su garganta — ¡Soy una mujer libre! Soy joven, inteligente y muy hermosa, lo que menos necesito es un simio como tú reclamándome como su hembra — De alguna manera era cierto, pero, no sabía si ser nada, era mejor que ser la hembra de un animal. Suspiró tratando de ser optimista, con su rostro amable y forzado, volteó su cuerpo, hasta mostrarle la espalda al hombre — ¡Estoy muy cansada! ¡No me has dejado dormir nada! — No quería llorar, era lo que menos quería en ese momento — ¡Buenas noches! — Agarró la sábana con fuerza, contra su pecho, tapando su rostro en la almohada.
Vegeta tiró una risa gutural, ronca, escondida en su garganta. Tenía los brazos cruzados, los ojos cerrados. Se tapó los párpados, con un brazo, con esa expresión burlona en el rostro, acomodando su otra mano tras la nuca. Dirigió sus perlas negras, al rabillo de sus ojos, dentro del espacio de su brazo, hacia la espalda de mármol de la mujer. El hombre resopló con su media sonrisa dibujada — Más vale que te creas esas palabras — Habló cruel. Perdió sus perlas en la piel de su brazo.
— ¡Déjame dormir! — Contestó fingiendo enojo, la científica, con la boca llena de la almohada — ¡Sólo tú eres un monstruo que no necesita dormir! Yo simplemente soy una mujer delicada que debe descansar.
El rostro del hombre se endureció, ese comentario lo había irritado de alguna manera, más porque sabía lo que sus duras palabras habían provocado. Era obvio que le habían causado unas lágrimas a esa humana, ella no le podía mentir, empezaba a conocerla demasiado, y ese, también era un problema. Debía aclarárselo; era necesario. Él no estaba dispuesto a tener sentimientos hacia ella. Con la gran capacidad de auto convencimiento, que él había desarrollado, comenzó a formar imágenes en su cabeza. El primer paso era no permitir que un beso, como aquel de la boda, arruinara su perfecta relación sin sentimiento; lo segundo, era romper toda expectativa, tanto de la mujer, como la suya. Si debía herirla, para que lo dejara en paz, lo haría. Todo debía ser claro, preciso, frívolo. Sentirse querido, apreciado, amado, no era una opción, esas eran las cosas que volvieron al Rey Vegeta en un saiyajin impulsivo y él no cometería los mismos errores. Su padre capturó todos sus sentimientos hasta eliminarlos, cuando fue demasiado tarde, cuando él ya había nacido. La frialdad del Rey; no fue suficiente. La frialdad del príncipe, debía ser perfecta, por lo menos, en situaciones así. Admitir, que un saiyajin puro, era capaz de amar de una manera tan transcendente, era algo, que tampoco quería creer. Él, sin conocer a su gente, como debió en el planeta Vejita, supo que esos sentimientos, eran la base de los errores en las clases bajas. Tan observador era, que sacó esas pequeñas conclusiones, de su padre y de esos sirvientes inútiles que a veces lo rodeaban con temor. El príncipe cerró los ojos, poseído por el cansancio de su hipnosis. De nuevo cayó dentro de su subconsciente, entre sus pesadillas.
El viento comenzó a soplar, la iluminación solar comenzaba a rayar el alba, quedando de un azul violeta, con tintes rosados. El sol obstinando, se asomaba. Las cortinas se inflaron, como un par de medusas.
Bulma, se percató de la respiración intranquila de Vegeta, se viró, con los ojos húmedos. Lo miró dormir. En su cabeza, transitaban las crueles palabras del saiyan, tan perverso, tan frío. Pasó un dedo por el brazo doblado del hombre, ¿Estaba siendo completamente sincero? ¿Por qué dentro de ella le seguían brotando las estúpidas esperanzas? Era una científica, que de alguna manera, necesitaba saber más. No podía quedarse así, sufriendo por sólo palabras. Ese hombre era un sujeto de acciones, sin duda, de instintos, era algo comprobado por ella misma. Por lo menos sabía, que adentro de esa calculadora mente de saiyajin, había un instinto salvaje que la había tomado como suya.
Vegeta movió el rostro, en un movimiento involuntario. Su entrecejo parecía turbado. Bulma quedó inmediatamente quieta, sin respirar, preocupada por encontrarse con ese mono salvaje hechizado por las nubes rojizas. Vegeta entreabrió su boca levemente — Mh… — Con los labios pesados apenas podía entenderse las palabras del príncipe, parecía un quejido, una súplica, no era de esos gruñidos que usualmente salían de su garganta.
Bulma parpadeó, se limpió los ojos y se acercó. Estaba tan cansada, que la cabeza le palpitaba, pero algo la llamó, eran esos sonidos que se desfasaban por los labios carnosos de los que estaba enamorada — ¿Estás dormido? — Susurró para comprobar. El movimiento del guerrero, con sus párpados temblorosos, con sus pupilas yendo y viniendo hacia los lados, le hizo entender que el hombre no sólo dormía, sino que soñaba. Las manos del saiyan, estaban tensas, duras. El sujeto se movió hasta quedar enfrente de la mujer, apretando sus puños, con la mandíbula tiesa.
La peliceleste tapó sus labios debido al pequeño susto de verlo moverse. Se acercó de nuevo, con el rostro frente al del guerrero — Despierta… Vegeta… Estás teniendo una pesadilla… — Movió su delicada mano hacia él. No pudo tocarlo, regresó su brazo, temía despertarlo y que, con esa ansiedad, impulsivamente, la atacara. La mujer cerró los ojos, suavizó el rostro con tranquilidad, recordó que muchos animales se tranquilizaban al oír música, ella, siendo una mal cantante, decidió simplemente murmurar una tonada. La respiración de Vegeta se calmó, pero su rostro continuó duro, sus manos aún parecían aferradas a algo inexistente. Esa temible fuerza, podía desatarse y dañar a la mujer. Tuvo que decidirse, acarició, con valentía y finura, el rostro del hombre, calmándolo poco a poco con el murmullo de su tarareo, con su delicado roce.
Bulma abrió los ojos, cuando su cuerpo, fue sujetado por un abrazo poderoso, terriblemente cálido. Un escalofrío la recorrió del asombro. Bajó sus zafiros hacia el saiyajin, que la abrazaba de la cintura. El rostro del hombre, estaba consolado en el seno de la peliaqua. Firmemente, la sujetaba con la fuerza exacta, como si ella se pudiera evaporar. Unas cuantas lágrimas recorrieron el rostro de la mujer debido a esa sensación tan pura — ¿Cómo logras… hacerme llorar así? — Invadida por los sentimientos, conmovida, correspondió el abrazo, matando sus lágrimas, en el cabello azabache del guerrero. Le dejó, su cálida piel, como manto para arroparse. Absorbiendo ese cautivador calor, la mujer se aferró también, hundiendo sus dedos, en el cabello de Vegeta. Hasta caer víctima del cansancio.
NOTAS FINALES DEL CAPÍTULO
(Aparecen imágenes del próximo capítulo al puro estilo DBZ)
Goku: ¡Hola! ¡Soy Goku! ¡Bulma todavía no comprende bien a los saiyajin! (Susurra) Y les digo algo... ¡Yo tampoco! (Ríe) La verdad creo que Vegeta no es un sujeto fácil de entender, es muy complicado, es raro... no sé como lo soporta, creo que ella es la única que puede ahora que lo pienso... ¡Ah! Que tonto soy, seguro Vegeta me estará escuchando en algún lado, hoy no vino a trabajar, no sé por qué, y por eso, ¡Haré también su papel! ¡Ejem! (Voz gruñona, imitando a Vegeta) ¡Kakaroto! ¡Di de una buena vez tus diálogos sabandija! (Voz normal) ¡Sí Vegeta! (Imitando a Vegeta) Ahggggg Kakaroto, eres un imbécil, pero eres muy, muy fuerte, sin duda nunca te ganaré, me agradas, eres mi mejor amigo (Voz normal) ¡Ay Vegeta! No digas esas cosas, es vergonzoso, también tú me caes muy bien, es divertido luchar contigo...
(Se escucha una voz sorda fuera de la cabina)
Vegeta: ¡Kakarooootooooo!
Goku: ¡Ay no!... ¡Ya llegó! (ríe nervioso) ¡Próximo capítulo: Movimientos I! ¡Tercer día vacacional!
(Se escuchan explosiones)
Goku: ¡Ayayayayayayayayayayay! ¡Nos vemos amigos! ¡No se pierdan el próximo capítulo! ¡Será muy divertido! (Sonido de teletransportación)
