Actualizando a la par, seguramente, en la noche o mañana sale el siguiente :D


Capítulo 22

Movimientos I

Movimientos I

Paso a una fuga cardíaca

En la frente, Bulma, sintió un pequeño golpe. Frunció las cejas aún entre sueños. Otro golpe en la frente, la hizo abrir los ojos, aún rehusándose a despertar. Parpadeó; una concha pequeña se resbaló, de su rostro, cuando volteó para verificar la hora. Tenía la almohada abrazada, las piernas sueltas y una marca de saliva en la boca — ¿Qué? ¿Qué hora es? ¿Qué pasó? — Levantó el torso y dejó la almohada a un lado. Sus zafiros se dirigieron hacia la pared, donde Vegeta estaba apoyado.

— Al fin despiertas… — Dijo grave el moreno, con varias conchas en el puño.

La peliceleste amenazó con su brazo al cielo — ¡Óyeme! ¿A ti qué te pasa? — Miró la mano, llena de conchas, del guerrero; y todas las esparcidas alrededor de ella. Su furia creció — ¡¿Tú me has estado arrojando conchas? ¿Por qué andas arrojándole cosas a una dama mientras duerme? Que maleducado… — Cruzó los brazos con indignación, elevando la nariz.

Vegeta dibujó su media sonrisa — Dudo mucho que una dama ronque de esa forma… — Rió gutural. Apuntó su propia boca — Tienes algo aquí…

El rostro de la peliaqua se volvió rojo, con rudeza limpió sus labios y se volteó para gritarle con más enojo — ¡Uhg! ¡Eso es porque estaba muy cansada, no había dormido nada! ¡Además yo no ronco! Seguro me resfrié por andar durmiendo mojada, ¡Por tu maldito vicio de no secarte antes de entrar a la cama! — Sus mejillas seguían teñidas — ¡Simio grosero!

La pose del guerrero no cambió, resopló burlonamente, estaba aprendiendo a sacar a la mujer de sus casillas, de igual manera que ella lo hacía con él — ¿Qué no roncas dices? Eso mismo me despertó, he oído criaturas más grandes que tú que eran menos ruidosas al dormir — La mujer había creado un monstruo de humor ácido.

Apretó los puños, la peliaqua, y empezó a arrojarle todas las conchas al moreno, que por supuesto, logró detenerlas todas y hacerlas cenizas. Bulma se levantó para quedar frente a él — ¡¿Pero cómo te atreves? — Se detuvo en seco y tapó avergonzada la boca. Frunció el ceño y se dirigió al baño. No dejaría que el hombre mencionara algún comentario acerca de su primer aliento.

El saiyajin alzó la ceja al ver ese extraño comportamiento, la siguió hasta el marco de la puerta, con los brazos cruzados.

— ¡¿Pero qué te sucede ahora? ¡¿Por qué me sigues al baño? — "Pero qué le picó… No comprendo a este sujeto" Le cerró la puerta en la cara.

— Habían unos terrícolas abajo, buscándote —Habló el guerrero tras la puerta.

Bajándose la ropa interior, la peliceleste, abrió los ojos. Las pantaletas estaban casi abajo cuando abrió de nuevo la puerta para mirar a Vegeta. Debía confirmar su temor. El hombre se hizo para atrás, pasmado, ya la había visto desnuda miles de veces, pero de esa manera fue algo… extraño. Bulma subió su ropa interior y lo miró con cercanía — ¡¿Qué? ¡¿Ya vinieron los de servicio? ¡¿Por qué no me despertaste antes? ¡Ay no! ¡Dime que no los mataste! ¡¿Qué les hiciste? — Sujetó, lloriqueando, al moreno del cuello de la playera — Dime que no los mataste, sin ellos la casa seguirá siendo un asco ¡Y te juro Vegeta que te pondré a limpiarla toda!

Casi sin poder contestar, el hombre, se le quedó mirando sorprendido. Volvió a su pose dura — ¿Qué dices? ¿Si maté a esos insectos? Por supuesto que no… No merecen siquiera que los considere matar — Cruzó los brazos.

Bulma suspiró con tranquilidad, suavizó su agarre hasta desaparecerlo. Miró al saiyan con una sonrisa — Me alegra mucho oír eso, y… ¿Dónde están?

Alzó su ceja, el guerrero, al ver que ella lo soltó — ¿Qué dónde están dices? — Torció los labios — Mh… No lo sé…

Bulma ahora estaba desarrollando el mismo tic de ceja que el de Vegeta, trató de mantener la calma — ¿Cómo que no sabes? ¿Pues qué fue lo que hiciste? — Lo miró.

Vegeta desvió el rostro — Nada… Simplemente se fueron… Cuando les dije que se largaran — Sonrió cínico.

— ¡¿Los echaste? ¡¿Y se puede saber qué les dijiste? ¡Ay no! Eso no importa ahora… debo llamarlos antes, hoy en la noche tengo un evento importante en el nuevo hotel, no puedo dejar la casa así — La peliaqua casi se arranca el cabello. Miró con rabia al hombre — Todo esto es tu culpa Vegeta— Viró al reloj — ¿Qué hora es? ¡¿Las dos de la tarde? — Se mortificó de nuevo, con las manos en la cabeza, despeinándose — ¡No, no, no! ¡Tenía que ir al spa! ¡Mi tratamiento de chocolate! ¡Mi tratamiento anticel…! — Se detuvo, volvió a su discurso histérico —… ¡Mi tratamiento especial para piel joven! —Volvió sus zafiros al contrariado saiyajin — ¡Si los asustaste, te haré responsable a ti, simio salvaje! Ellos son más importantes que tú.

— ¡¿Qué? ¿Más importantes que yo? — Alzó la ceja como primera reacción. Endureció el rostro repentinamente — ¿Y a mí eso qué me va a importar? Eso no me interesa en absoluto— Gruñó — ¡Yo no les dije nada especial a esos sucios gusanos despreciables, sólo se largaron! No te lograba despertar con nada, sólo roncabas como un hombre obeso con problemas nasales — El hombre dio media vuelta y se fue al balcón, estaba bastante irritado por algún extraño motivo — Ahg… Mujer descarada…— Refunfuñó.

Bulma agarró el teléfono y empezó a marcar con ansiedad. Mordía una de sus uñas barnizadas — Sí, sí, sé que no te importa, y que soy peor que un hombre obeso… Ay por favor… Contesten… Sin ustedes yo me muero…

Resopló el moreno, con una mano sosteniéndole la mejilla.

— ¡Ah! ¡Por fin contestaron! ¡Lance, que bueno oírte! ¡Disculpen a mi…! — La peliaqua se detuvo, se dio la vuelta para mirar al guerrero, regresó al teléfono con bastante seguridad — Disculpen a mi nuevo lacayo, todavía no sabe cómo manejarse— Afiló los ojos esperando ver la reacción del saiyan.

La mejilla del hombre se dejó resbalar, de su mano, debido a la impresión— ¡¿Lacayo? — La mujer ya le había inventado bastantes oficios, apodos, títulos, pero ese en realidad pudo identificarlo y no le agradó nada de nada. Se viró mostrando los dientes a la mujer, la cual le reveló su lengua, de manera traviesa, como respuesta. Vegeta resopló indignado — ¡Hmp! ¿Pero quién se cree llamándome a mí lacayo? — Desvió el rostro, aún más enfadado que antes. Regresó a apoyar la mejilla en su mano "¿Estará vengándose?"

Bulma continuó al teléfono — ¡Ay! ¡Muchísimas gracias por tu comprensión Lance! ¡Te amo, te amo, te amo! Ya saben dónde está la llave, ignoren a mi lacayo — Besó el teléfono, la científica, de la emoción — Estaré en el spa mientras limpian, confío mucho en ustedes ¡Gracias! — Viró hacia Vegeta, que refunfuñaba. La mujer parpadeó sin comprender. Sonrió pensando que al hombre sólo le había enfadado que le dijera lacayo.

Vegeta contuvo el temblor de su ceja "Ahg… Con que facilidad dice esas palabras…" Torció los labios.

La peliceleste abrazó por detrás al gruñón de Vegeta. Acercó su rostro para besarle la mejilla — Hoy tú me vas a acompañar a mi evento.

— No — Contestó seco el saiyajin, sin dar oportunidad a su típica disputa.

Bulma abanicó, un par de veces, sus pestañas — ¿No me permitirás negociar?

Desvió el rostro el moreno. Las perlas negras, de sus ojos, estaban fijas en otro punto — Son tonterías.

Sentándose en la orilla del barandal, Bulma lo miró fijo. Estaba justo en el balcón que daba al precipicio de la colina. Vegeta la miró pensativo unos instantes, subió sus perlas hacia la mujer. Era demasiado fácil empujarla desde ahí, no necesitaba usar la fuerza, pero sería muy efectivo. Alzó un brazo, lento, a punto de agarrarla y tirarla al precipicio, para liberarse de todo, rápido y sin piedad. Se detuvo. La imagen de la mujer cayendo, y la sangre expulsada, apareció en su cabeza. Tamborileo los dedos en el barandal; volvió sus perlas frías a la mujer. Miró la pequeña marca del hombro herido.

Bulma tembló — ¿Q… Qué sucede? — Los ojos del hombre, fríos como el hielo mismo, le provocaban cierto temor. Un instinto de sobrevivencia la hizo bajarse y alejarse un poco — Si me ves de esa forma, voy a pensar mal de ti — Habló intentando ser juguetona, pero el silencio de Vegeta, la congeló. Intentó actuar con naturalidad — Voy al spa… No te libras de mí — Empezó a caminar dentro de la habitación para buscar su bolso y ropa ligera. Se colocó unos shorts color beige y una blusa blanca de tirantes. Se miró, su rostro, en un pequeño espejo circular, notó la leve hinchazón de sus zafiros. Suspiró, necesitaba urgentemente un tratamiento — Ten cuidado con el servicio de limpieza, no quiero que los ahuyentes, tendrás un tiempo para estar solo, ya que te gusta tanto. La playa privada es grande, pero creo que ya lo sabes — Cerró los ojos quitándose una conchita del cabello. Volvió hacia el inmutable moreno. La expresión de Bulma se entristeció. Respiró profundamente, frunció, irritada, el ceño — ¡Adiós! — Cerró con estruendo la puerta. Su ki se alejó.

Vegeta apretó el puente de su nariz, liberando tensión. Los dedos bajaron siguiendo el contorno de su barbilla y luego quitó la mano de su rostro, dejando una expresión inescrutable. No la podía matar antes y no la podía matar ahora; pero, realmente necesitaba buscar una solución, no tan desesperada, para librarse de ese tormento que le causaba. Se levantó. Voló de ahí para alejarse de la casa, lo suficiente para no encontrarse con esas sabandijas inútiles del servicio que, seguramente, pensarían que él es el lacayo. Llegó a una palmera, la pateó, con rabia, tirándola de un solo golpe. Estaba enfadado consigo mismo. Se sentía débil, demasiado débil, él podía solucionar todo. Todo podía ser calculado, dividido, rematado. Debía conseguir el control, él disfrutaba de la compañía de la peliceleste, pero, ¡No lo podía permitir! Él no podía, el príncipe debía ser el gran y orgulloso príncipe saiyajin, el soldado perfecto, por lo menos en memoria del Rey Vegeta y de su gran raza. Ella tenía algo, ese algo que no comprendía del todo. Ella era terreno peligroso y él ya no quería seguir adentrándose en él. Agarró un coco con sus manos para reventarlo. Alzó una ceja al ver el líquido que contenía, desparramándose de sus dedos, agarró otro, para atravesarlo con un dedo. Probó de una lamida el contenido. Increíblemente, le había gustado. Miró el cielo azul; por instantes, notó un ligero tornasol en las nubes. El planeta era también, terreno peligroso.

Bulma en cambio, buscaba lo inverso, ella ya conocía un poco más al hermético de Vegeta, y quería saber más. Entendió varias cosas, sobre todo, que él sí tenía humor, uno bastante negro y sarcástico, pero lo tenía. Se moría de ganas de verlo reír a carcajadas, aunque parecía bastante imposible, más porque, él en esos momentos había perdido el poco humor que tenía, en un abrir y cerrar de ojos. ¿Qué le habría pasado en tan poco tiempo? Él se quejaba de sus cambios de humor, pero él, era sin duda, de otro planeta. Antes de cerrar la puerta de la casa, regresó por el teléfono, dispuesta a preguntarle a su padre acerca del fenómeno atmosférico. Miró la cocina de reojo, el lugar estaba empezando a oler mal debido a la carne carbonizada que el saiyan había tirado al piso. Miró a un punto perdido en la pared, esperando con el tono de marcando en el oído. Tendría que ordenar algo de comer luego, pues, con lo salvaje que resultaba el simio, no se extrañaría que también fuera caníbal. Una criada contestó al fin, alertando a la peliceleste.

El guerrero se recostó en la arena, apoyado en otra palmera, bebiendo el contenido del coco. La vegetación de la playa le recordó un poco a la zona donde habían desterrado a su debilucho hermano. Formó su media sonrisa, con los ojos cerrados. Bufó, ni siquiera podía imaginarse si continuaba con vida, él ya sabía, en su interior, que era él, el príncipe, el único que quedaba de esa estirpe. Siempre había caído en él, la responsabilidad de llevar el título de honor. Su hermano, no era más que una vergüenza para la familia. Sin contar que, el Rey Vegeta, fue bastante blando, por haberlo mandado a otro planeta, como a su madre, y no matarlo, como el primogénito con carencia de poder. Seguramente, la deshonra que tenía de hermano, había perecido igual que su madre. Tiró varias bolas de energía al mar, pringándose con el agua salada. Era suficiente, ya no quería pensar cosas innecesarias, debía ponerse en acción, por lo menos, en ese lugar tan grande, podría ponerse a entrenar algo. La sangre de saiyajin, comenzó a hervir. Formó una sonrisa maléfica, regocijándose por tener la oportunidad de practicar algunas de sus nuevas estrategias sin la peliceleste cerca.

Bulma colgó el teléfono, había pedido una gran cantidad de comida, siempre preocupándose por ese hombre. Su rostro se veía sombrío. La llamada de su padre la había perturbado. Se puso de nuevo sus sandalias y cerró la puerta, dejando el lugar. El sonido de la puerta al cerrar, creó un pequeño retumbe por toda la mansión.

Luego de varias horas, Bulma regresó radiante, con la piel brillando como un huevo hervido. El cabello como una cascada de seda. Parecía contenta, relajada, capaz de soportar todo sin cambiar su ánimo. Vegeta abrió la puerta trasera. Se encontraron los rostros, en un silencio incómodo. El guerrero estaba brillando en sudor, con las ropas rotas y con algo de suciedad en sus músculos marcados. También su humor había mejorado un poco, luego de encontrar una solución a sus problemas.

Bulma trató de no mirar al hombre, se dirigió a la cocina para ver si el servicio había recibido la comida y que Vegeta no se la hubiera terminado toda. Agarró un plato y se sirvió un poco del buffet, por suerte para ella, aún quedaba lo suficiente… para cumplir con una dieta estricta.

— Te gusta mucho el sushi por lo que veo, Vegeta — La mujer se sentó en su reluciente comedor. Se sentó como toda una dama de buenos modales, incluso podía comer con los ojos cerrados de tanta dignidad.

El hombre caminó hacia adentro — No sé de que hablas, para mí todo es igual. Comida es comida — La verdad es que la palabra sushi no le sonaba nada.

Bulma abrió uno de sus ojos — Creo que debes pensar en aprender a leer.

Un rayo atravesó la frente de Vegeta. Se volteó ofendido — ¿Aprender a leer su absurdo sistema gráfico? no me hagas reír — Regresó a su camino para ducharse — Yo no necesito aprender una escritura de tan bajo nivel, no pienso quedarme en este planeta.

— ¿Qué tiene de malo mi planeta? ¿Eh, Vegeta? Aquí nací yo, es mi hogar — El cuchillo de la peliaqua rechinaba en el plato.

Vegeta, antes de subir las escaleras, se detuvo y se apoyó en el barandal para mirarle la espalda a la mujer — Ese es el mayor problema.

El plato de Bulma se partió a la mitad, amenazó con su cuchillo al moreno — ¿Qué dijiste? Vas a ver, tú, chango despreciable, te he dado todas las facilidades del planeta ¿Y me dices que yo soy el problema? El problema lo tienes tú, muchos matarían por los privilegios que te brindo — Parecía que regañaba a un niño, y es que a veces Vegeta parecía uno. Le arrojó el cuchillo.

Vegeta atrapó con dos dedos, el cuchillo, antes de llegar a su rostro — ¿Tu tecnología atrasada y tu riqueza? — Maniobró el cubierto en su mano, hasta apretarlo con su puño, doblándolo — No seas absurda, eso no me impresiona nada — Dejó caer el cuchillo, haciéndolo sonar estrepitosamente, parecía más una bola metálica que un cubierto.

Bulma comenzaba a impacientarse, no comprendía al hombre, de repente podía ser un fastidio — Pues esa tecnología es la que tú estás usando — Mordió su labio inferior y luego miró al moreno — ¿No aprecias la cámara de gravedad?

Vegeta alzó su ceja, no pensó que se tomara tan en serio sus palabras. Se quedó unos instantes en silencio, probablemente ella seguía dolida por lo de la noche anterior. Bajó unos cuantos escalones hasta donde estaba ella — Admito que ese invento es bueno… Pero tiene tecnología de mi planeta. Así que también me pertenece — Se apoyó en la pared, con los brazos cruzados, observando a la mujer con detenimiento.

Bulma suavizó su pose, convencida — Pero su tecnología saiyajin no es más que la tecnología que intercambiaban por otros planetas a los extraterrestres — Puso sus manos sobre sus caderas y se inclinó levemente hacia adelante, para mostrar bien su rostro — Se puede decir que nosotros nos merecemos también un poco de su tecnología, después de todo ustedes mataron a muchos, entre ellos, a Yamcha… Y a mis amigos.

Vegeta trató de ocultar su sobresalto. Volvió a fruncir el ceño — Ese gusano murió por imbécil, no pudo ni siquiera con un insípido saibaiman. Deberías cuidar bien tus palabras, ese debilucho al cual defiendes tanto no es nada más que basura inútil.

— Vaya Vegeta… ¿Quién lo diría? ¿Acaso tú estás celoso? — La sonrisa de Bulma apareció perspicaz.

— ¡¿Celoso? ¿Pero que tonterías dices, en qué sentido puedo estar yo celoso? — Cambió las cejas, bajando la que tenía alzada y subiendo la otra. La paciencia del hombre empezaba a quedar en los límites.

Bulma, le dio la espalda, tocó su barbilla como toda una detective, lo miró desde ahí con seguridad — Claro… A ti no te gusta que defienda a Yamcha… — Dejó escapar una risita pícara — Yo mencioné a todos, pero tú sólo me hablaste específicamente de él — Se volteó con toda la confianza del mundo y lo apuntó con un dedo — ¡Eso es! ¡A ti te molesta que mencione a Yamcha! Por eso no comentaste nada de mis demás amigos… No puedo creerlo, que lista soy ¡Vegeta tú estás loco por mí! — Rió con el afán de picarlo y ver su reacción.

Vegeta tiró un gruñido del enojo, se acercó, a paso duro, a la mujer, haciéndola retroceder — Escúchame bien mocosa terrícola, parece que ayer no te quedó claro —La intimidó hasta hacerla sentar en una de las sillas del comedor — Tú a mí no me importas nada, por mí puedes regresar con ese granuja que te fue infiel. Sólo que si lo haces, olvídate de venir a mí, yo no me acostaré con humanas que estén más sucias.

Bulma apretó los puños del coraje, soltó unas lágrimas debido a la humillación — ¡Te odio! Vegeta… Lo haces de nuevo ¡Te detesto! ¡No puedo creer que me haya enamorado de un sujeto como tú, que no vale la pena! ¡Yamcha tenía razón! ¡Sólo me lastimas!—Se levantó con dignidad para mirarlo — Y escúchame bien, tú, malnacido, hoy llamé a mi padre y me dijo que tu amada cámara de gravedad ya estaba lista, te iba a decir que regresaras para que siguieras entrenando… pero ahora… — Quería abofetearlo de nuevo, pero ahora ella se sentía demasiado valiosa como para tocarlo — Ahora prefiero ver que harás, anda, ve y mata a mi padre, intenta matarme de nuevo, consigue tu dichosa cámara de gravedad a ver qué pasará cuando la rompas como siempre — Empezó a subir, con firmeza, las escaleras. Se detuvo — No me importa lo que hagas Vegeta, de cualquier forma Goku te derrotará — Siguió su camino sin mirar atrás.

Vegeta quedó pasmado, la mujer tocó el punto exacto de su orgullo. Él conocía todas esas cuestiones, se había cuidado de no sacar todo lo oscuro de sí mismo para que eso no llegara a pasar. Se había vuelto igual de impulsivo como su padre, había cometido el error de dejarse llevar por el simple hecho de sentirse inseguro acerca de otro hombre, justo como él. El moreno necesitó sostenerse de la mesa del comedor. Bajó lentamente hasta quedar con una rodilla cerca a su pecho, y la otra de plano al suelo. Todavía con el rostro turbado asimilando cada palabra, aunque, la última frase, fue aquella que lo dejó enmudecido. Bulma conocía los lugares para pincharlo, de igual manera que él conocía las suyas, pero ella nunca, las había demostrado.

Bulma cerró las cortinas, no quería ver el atardecer, quería empezar a olvidar a Vegeta desde ese momento, ¿Pero cómo? Parecía tan difícil… Se tiró en la cama para esconder su rostro, había llorado tantas veces ya, de tantas maneras. Por culpa de esos fríos ojos que intentaron asesinarla; por ese beso tan perfecto, por el orgullo del príncipe, de su tierno abrazo, de sus palabras crueles… Era suficiente, ya no le quedaban fuerzas, tal vez… eso marcaba el final de sus intentos fallidos. Ella no podía continuar así, él no deseaba abrirse, él nunca se acostumbraría a los sentimientos humanos, ni podría comprenderlos, él no tenía sentimientos más que para luchar. Se sintió realmente mal de las palabras que dijo, pues sabía dentro de ella misma, que se había rebajado ¡Pero qué más podía hacer! Sus pasiones estaban revueltas, chocando unas contra otras, entre el amor y el odio. Sentía que era necesario y a la vez, se sintió culpable ¿Por qué tenía que corresponder de esa forma la discusión? Ella no solía ser así, nunca utilizaba las debilidades del otro a su favor, no de esa manera tan cruel. No era mejor que Vegeta, pero se sentía tan humillada…

La mujer, en medio de su llanto, escuchó unos pasos subir por las escaleras. Suspiró largamente, evitando gimotear— ¿Qué es lo que quieres aquí? ¡Lárgate! —Hundió, su bello rostro húmedo, en la almohada.

Vegeta estaba en el marco de la puerta, apoyado, sin mirarle los ojos, ni siquiera mostraba su cuerpo, estaba del otro lado de la pared. Quedó en silencio absoluto, como un cadáver.

— Sí sólo vienes a reírte de mí ¡Vete! Ya tengo suficiente contigo — Talló sus zafiros la mujer, tan entristecida, creyéndose en verdad lo que todos le advertían.

— Superaré a Kakaroto, él no me matará. Yo mismo haré pedazos a esos androides y luego lo derrotaré a él— La voz grave del hombre inundó los trechos entre ellos.

Bulma abrazó su almohada— Bien por ti.

Vegeta bajó los ojos, en su escondite, le costaba mucho trabajo formular palabras que no hablaran de sí mismo. Torció los labios — Cuando te intenté matar… Me pregunté por qué habías regresado… Era por eso… Tú tienes ese sentimiento, al que los terrícolas y algunos saiyajin llaman amor.

Las manos de la científica apretaron la almohada con rabia. Ella no sólo había vuelto por su enamoramiento, ella pensaba que en realidad él no era un hombre tan malo, por lo menos en ese entonces — Yo no dije que te amaba… — Susurró débil.

El moreno continuó — Yo no te corresponderé, nunca. Yo carezco de ese sentimiento, hace mucho tiempo lo eliminé… Tal vez nunca lo he sentido. No estoy por completo seguro — Su voz no cambiaba de sus habituales tonos, a pesar de sus palabras seguía sonando rudo.

Las manos de la mujer se suavizaron un poco, derramando sus lágrimas, unas tras otras.

El hombre, con los brazos cruzados, dirigió a un lado sus perlas, hacia la puerta donde la habitación comenzaba. Volvió a mirar un punto perdido — No pude matarte, no sé por qué. Tal vez nunca pueda matarte, puedes estar segura, Bulma, de que por lo menos yo, no lo haré. Por el resto, tú puedes hacer lo que se te venga en gana.Tú acudiste a mí a pesar de saber lo que era, eres suficientemente consciente del peligro que te enfrentas al estar teniendo relaciones con un sanguinario del combate, un príncipe saiyajin… Yo no te cuidaré ¿Oíste? parece que lo haces muy bien tú sola, no tengo por qué estar cuidándote… Eres más fuerte de lo que pensaba— Recordó su intento de asesinarla en el barandal. Abrió los ojos con fuerza, recordando el primer día que la intentó matar — Ese día… cuando vi tu herida, esa que provoqué en tu hombro, quería advertirte, que yo… No soy tan bueno como tú dices que soy. En realidad, yo tengo un corazón lleno de maldad y dudo mucho que eso cambie, me agrada ser una presencia maligna — Resopló con dignidad, formando su sonrisa maligna — así soy yo, y también estoy orgulloso de eso— Su voz embravecida se suavizó un poco, tratando de sonar menos amenazador — Me quedaré el resto que queda… Pero… Cuando termine la semana, quiero entrenar en el espacio, un tiempo… Tú… — Apretó los labios sin saber cómo decirlo, el orgullo lo consumía, su intención desde el principio era cortarle toda expectativa, quería hacerlo de tajo, tenía que continuar todo tan perfecto y calculado, aunque le costara también a él parte de una nueva sensación humana. Aunque ese, era el plan, no dejarse llevar por esa terrícola —… Me… dis…traes…— Frunció el ceño de tanto trabajo que le había costado decir eso — Bien. Ya lo dije… Tú me distraes demasiado, eres una mujer muy descarada y vulgar que me distrae con sus estupideces — Endureció el rostro como si lo que dijo hubiera sido una gran confesión; Para él, lo era.

Bulma abrió los ojos. Era una pequeña fuga, al corazón del hombre, aunque argumentara de su maldad. Escuchó de su propia boca algo que no creyó nunca oír. Se volteó hacia la puerta, esperando encontrarlo, pero el hombre, ya no estaba donde antes se oía su voz. La peliceleste se levantó de súbito, limpiándose las lágrimas. Corrió las cortinas; miró el cielo… Todavía no aparecían las nubes rojas.


NOTAS FINALES DEL CAPÍTULO

(No aparecen imágenes del siguiente capítulo al puro estilo DBZ)

Vegeta: Kakaroto... ¡¿Dónde rayos te metisteeeeeeee? (Sonido de transformación ssj)