El consejo del Espectro —


. — Capítulo 03 — .

Las puertas del ascensor se abrieron a una sala desierta, sembrada de cuerpos sin vida de hombres y mujeres de Seg-C y mobiliario y cristaleras destrozadas; Shepard, Garrus y Liara avanzaron lentamente hacia el interior de la sala, las armas apuntando al frente y los ojos escaneando todo el lugar. Jane los seguía con su pistola a punto y una inquieta sensación en el fondo del estómago; reprimió un suspiro aliviado al comprobar que ninguno de los muertos era Maura, era un pensamiento egoísta, pero no podía evitarlo.

—Atentos —susurró Shepard sin volverse hacia ellos—. Tengo la sensación de que no estamos solos aquí.

A una señal de la Espectro, sus dos compañeros tomaron posiciones a cubierto tras una pared baja, cristales rotos crujieron bajo sus pies, Jane se colocó no muy lejos de la asari, cuyo cuerpo ya brillaba preparando sus poderes bióticos, y vio a Garrus cambiar el fusil de asalto por uno de francotirador. Shepard se adelantó entonces, justo en el momento en que ponía pie en la parte abierta de la sala, los soldados de Cerberus aparecieron dejándose caer desde la planta superior; la comandante disparó varias veces y se cubrió finalmente tras un escritorio volcado.

Lo que siguieron fueron unos minutos semi caóticos de disparos, fogonazos de energía oscura, voces y gritos; Jane apenas podía seguir el ritmo de los movimientos de Shepard, mientras Garrus y Liara mantenían más o menos su posición, la comandante danzaba por toda la sala, yendo de enemigo en enemigo, haciendo uso de sus propias habilidades bióticas, cargando contra los soldados de Cerberus a la velocidad del rayo, con la fuerza de un tren de mercancías, para después rematarlos con una tremenda y potentísima onda de choque. Jane había oído hablar de la clase vanguardia dentro de la Alianza, pero nunca había tenido la oportunidad de ver a alguno en acción. La investigadora tuvo que reconocer que la fama de los N7 y de Shepard estaban a la altura de lo que se decía de ellos, completamente a un nivel muy superior que el de los demás, ella se consideraba buena tiradora, ágil y fuerte, pero lo que estaba viendo era otra cosa muy diferente.

Shepard no se detuvo hasta que el último soldado de Cerberus cayó muerto al suelo, el silencio llenó de nuevo la sala, Garrus, Liara y Jane se reunieron con ella junto a la puerta que daba acceso a la oficina del Ejecutor un nivel por encima de ellos. Liara se apresuró a piratear el cierre electrónico, no sin antes echarle un rápido vistazo a Shepard, asegurándose de que la mujer se encontraba bien y no había recibido ninguna herida; Jane pudo ver las marcas que las balas habían dejado en la armadura de la comandante, pero estas no parecían haber superado las capas de blindaje, el rostro de Shepard apenas reflejaba el esfuerzo que acababa de realizar minutos antes.

—Es realmente fuerte, ¿eh? —Musitó Garrus junto a Jane, el rifle de francotirador volvía a estar plegado en su espalda, en las manos el fusil de asalto.

—¿Siempre es así? —Inquirió Jane.

—Casi siempre —sonrió Garrus.

—No tenía ni idea de que fuese biótica —reconoció la investigadora; evidentemente, Shepard se había estado reservando para ese asalto, ahorrando sus energía en los enfrentamientos anteriores.

—Probablemente es una de las humanas bióticas más fuertes, si no contamos a Jack, claro —Garrus dejó escapar una ligera risa.

—¿Jack?

—Una mujer más loca que Shepard y mucho más fuerte con su biótica. Créeme, nunca querrás encontrarte al otro lado de una de sus ondas de choque.

—Si has terminado de cotillear, Garrus, ¿podemos seguir? —Shepard los miró con media sonrisa en los labios y una mirada exasperada dirigida al turiano.

—Tú primero, Shepard —dijo Garrus y la mujer sacudió la cabeza mascullando algo entre dientes.

Momentos después, el grupo entraba en la oficina del Ejecutor, Jane apenas prestó atención a la comunicación vía omniherramienta entre Shepard y Bailey, sus ojos escanearon el cuarto en busca de alguna señal de Maura, pero lo único que había allí eran los cuerpos sin vida del propio Ejecutor y los guardaespaldas del consejero salariano.

‹‹Maldita sea, Maura, ¿dónde estás?›› Lo único que se le ocurrió a Jane era que la castaña estuviese con el consejero, del que tampoco había rastro en la oficina, ¿pero dónde?, atrás no habían dejado a nadie. Justo cuando se volvía para dirigirse al gran ventanal y echar un vistazo, oyó a Shepard comunicarle a Bailey que tenía a la vista al consejero Valern (dijo algo sobre un camuflaje óptico) y que este parecía encontrarse bien, la comandante se volvió ligeramente hacia Jane y alzó el pulgar de la mano derecha, indicándole que Maura también se encontraba allí bien. Sin embargo, antes de que Jane pudiese acercarse al ventanal para comprobarlo con sus propios ojos, Shepard desenfundó su pistola y disparó una rápida ráfaga de balas, haciendo añicos el cristal y saltando al nivel inferior sin bajar su arma.

—¿Qué demonios…? —Pero Jane no tuvo tiempo de pensar, aquella maniobra de Shepard solo podía significar que alguna clase de peligro amenazaba a Maura y el consejero, así que sin vacilar un segundo más, siguió a la comandante, Garrus y Liara no muy lejos tras sus pasos.

Lo que siguió a continuación fueron los minutos más largos de su vida para Jane, y eso contando con que estaban en medio de una guerra y había vivido con el corazón en un puño los primeros días que siguieron al primer ataque sobre la Tierra de los Segadores, cuando no sabía nada sobre el estado de su familia. Un tipo de pelo moreno sujeto en una larga coleta, los ojos cubiertos por un extraño interfaz y armado con nada más y nada menos que una espada, apuntaba con alguna clase de arma incrustada en el guante que cubría su mano al consejero salariano y a Maura, Shepard a su vez tenía encañonado al hombre que llevaba en su armadura el logo de Cerberus, aunque no parecía intimidado en lo más mínimo, más bien la tensión de sus músculos hablaba de excitación, del deseo de enfrentarse a la Espectro.

Hubo un breve intercambio de palabras entre Shepard y el asesino de Cerberus, pero prácticamente toda la atención de Jane estaba en Maura, la ingeniera se encontraba justo entre el asesino y el consejero, cubriéndolo con su cuerpo y la pistola de servicio que tenía apuntada hacia el enemigo; aquel parecía un tiro fácil y seguro, dada la escasa distancia que los separaba, pero Jane tenía la certeza de que abatir a aquel tipo no iba a resultar sencillo. Fue avanzando hacia la derecha de Shepard, tratando de ganar espacio, de intentar acercarse lo más posible a Maura, rezando a quien fuese que la castaña no hiciese ninguna estupidez o resultase herida. ‹‹Maldita sea›› gruñó interiormente, Maura no era una ingeniera de combate, aquel no era su lugar, sino el de Jane, ella era la protectora.

—No. Ahora es divertido.

Con esas últimas palabras, el asesino de Cerberus se puso en movimiento y el tiempo pareció estirarse imposiblemente, Jane vio a cámara lenta cómo Maura avanzaba un paso hacia el asesino y el dedo que tenía sobre el gatillo se tensaba efectuando un disparo, que el hombre esquivó con pasmosa habilidad y rapidez, al tiempo que descargaba aquel extraño arma en la palma de su mano, el cuerpo de Maura salió despedido un par de metros, cayendo al suelo inerte.

—¡No! —Jane apenas reconoció como suyo aquel grito.

La rabia corrió por sus venas, pero antes de que pudiera si quiera descargar algún disparo o moverse hacia el asesino, que hizo ademán de avanzar hacia el consejero, un drell salido de la nada encañonó al hombre, una Phalanx apuntando a su cabeza y, en apenas un parpadeó, ambos estaban enzarzados en una enconada pelea cuerpo a cuerpo, haciendo imposible que Shepard o sus compañeros pudieran realizar disparo alguno sobre ellos por temor a herir al drell.

Mientras asesino y drell seguían su lucha, la comandante tomó del brazo al consejero y lo colocó en medio de su grupo, Jane cubrió los escasos pasos que la separaban del cuerpo de Maura y agarrándola de un hombro tiró de ella hasta un lugar más seguro tras unas mesas; la ingeniera gimió entre dientes, los ojos todavía cerrados y la respiración trabajosa, Jane miró por un momento su rostro y el corazón se le encogió al ver sangre salir de su boca, cuando su mirada se encontró con unos vidriados ojos claros, todo cuanto pasaba a su alrededor dejó de tener importancia; sintiendo que algo se rompía en su interior se arrodilló junto a Muara y tomó su cabeza en su regazo, el movimiento, aunque delicado y suave, provocó un nuevo gemido y una tos ahogada que llevó más sangre a la boca de la castaña.

—Jane… —Logró articular en un débil susurro Maura.

—Shsss… No hables —la investigadora acarició su pelo, sus mejillas—, tienes que ahorrar fuerzas. Pronto te llevaremos al hospital… Aguanta.

Los sonidos del combate, más disparos y Shepard gritando un nombre, eran ecos lejanos en los oídos de Jane, toda su atención centrada en la mujer que yacía entre sus brazos, apenas registró que alguien se inclinaba sobre ella y pronunciaba su nombre.

—Rizzoli… Rizzoli… —Una mano en su hombro la hizo levantar la mirada hacia el rostro sombrío de Garrus—. Tenemos que irnos, no podemos dejar que ese asesino alcance al resto del Consejo… Ten —el turiano puso en su mano un par de tubos de medigel—. La ayuda ya está en camino. Yo… —sus ojos se desviaron un momento hacia Maura— lo siento, Rizzoli. Ten cuidado.

Y con eso y un último apretón a su hombro, Garrus salió corriendo para reunirse con Shepard y Liara y seguir la persecución del asesino de Cerberus, dejando al consejero salariano como única compañía de Jane y Maura hasta que llegasen otros oficiales de Seg-C, pero la verdad era que Jane ni siquiera era consciente de su presencia.

—Has oído, Maura, la ayuda ya está llegando —dijo Jane devolviendo su atención a la castaña y abriendo el primer tubo de medigel, sin embargo, su mano se detuvo cuando iba aplicarlo, no había herida abierta en el pecho o abdomen de Maura, donde el disparo del asesino la había alcanzado, la camiseta de su uniforme ni siquiera estaba rota o rasgada.

—Como… una… on… da… cho… que —Jadeó Maura, sacudiendo ligeramente la cabeza y apoyando débilmente su mano en la que Jane tenía el medigel—. Hemo… rragia inter… na… Cos… tillas… rotas… Pul… món… perf…

—No —negó Jane, las lágrimas empezaron a caer por su cara—. Te vas a poner bien, ¿me oyes? No voy a dejar que te mueras… No puedes… ¡No!

Maura logró esbozar una tenue sonrisa ensangrentada.

—No… no… no… —sollozó Jane—. Hay tantas cosas que tengo decirte… no puedes irte sin oírlas… no puedes dejarme sola, Maura…

—Jane… —El nombre escapó en apenas un hilo de voz, más y más sangre anegaba su boca con cada estertor, ya casi no podía respirar.

—No, Maura, no… Quédate comigo, por favor, quédate conmigo… Yo te quiero… te quiero… Quédate conmigo…

Pero los ojos de Maura se habían prendido en el infinito y su respiración había cesado finalmente.

—¡Nooo! —El grito, a medias sollozo, estremeció todo su cuerpo.

Creyó oír que alguien decía su nombre en la distancia y sintió una mano en su hombro, una mano que la sacudía con insistencia…

—Jane… Jane… ¡Jane!

—¡¿Qué dem…?! —Jane se incorporó sobresaltada en la cama, el corazón latiéndole a mil por hora y totalmente desorientada, miró a su alrededor; estaba en su dormitorio, la luz de una mañana avanzada ya penetraba por las cortinas entreabiertas de sus ventanas, el tráfico matutino de Boston podía oírse en la distancia, finalmente, su mirada se detuvo en la persona que la había despertado—. ¿Maura? ¿Qué…?

—Al ver que no abrías la puerta cuando he llamado antes, he pensado que quizás había vuelto a subirte la fiebre y no podías levantarte, así que he entrado usando la llave que me diste para emergencias. Al entrar al cuarto estabas teniendo una pesadilla… Te agitabas y estabas gritando. Siento…

—No —más calmada, Jane sacudió la cabeza—. No pasa nada… Estaba teniendo un sueño de lo más vivido… —Con los restos de dicho sueño todavía en su mente, tomó la mano que Maura aún tenía en su hombro y la estrechó en la suya, dándole un suave apretón, increíblemente aliviada de que la castaña estuviese allí con ella, sin ningún daño—. Es la última vez que me quedo jugando tantas horas antes de dormir —dijo finalmente echando una mirada acusatoria al mando de la videoconsola que había dejado sobre su mesilla.

—¿Estabas soñando con un videojuego? —Inquirió Maura sentándose en el borde de la cama junto a la detective, quien se ruborizó ligeramente.

—Sí, Frankie me lo trajo hace un par de días, para entretenerme mientras estaba de baja por la gripe… No suelo jugar tantas horas seguidas a nada, pero supongo que este me enganchó bien. Además, puedes hacer al protagonistas como tú quieras… —Se encogió de hombros, casi esperando alguna clase de reprimenda por parte de Maura sobre lo poco saludable que era pasar tantas horas seguidas jugando.

—¿Estabas soñando que eras tú la protagonista del juego? —Preguntó la forense sorprendiéndola un poco.

—Er... no exactamente. Era… era una especie de policía de uno de los lugares donde transcurre la historia.

—¿Y estaba yo en tu sueño?

Jane estuvo tentada por un momento de decirle que no, pero los recuerdos de lo ocurrido en el sueño, de la verdad que encerraba, estaban muy presentes todavía en ella y decidió ser sincera.

—Sí, también estabas con la policía, pero no como forense. Estabas ayudando a desenmascarar un golpe de estado y al final… —Jane vaciló, estremeciéndose levemente ante cómo había terminado el sueño, reales o no, aquellas imágenes eran unas que iba a tardar bastante tiempo en olvidar.

—¿Al final? —La animó Maura a seguir, sus ojos claros fijos en los suyos.

—Nada, al final me has despertado… —sonrió débilmente y apartó la mirada, avergonzada de su cobardía más que otra cosa.

Permanecieron unos segundos en silencio, hasta que Maura tomó la palabra de nuevo con algo que Jane no esperaba.

—Sabes que hablas en sueños —dijo la castaña, Jane podía sentir cómo la estaba mirando, tragó saliva, tratando de bajar el nudo que se había formado en su garganta y esperó un momento en vano a que su corazón se calmara un poco; dos veces consecutivas latiendo a esa velocidad no podía ser bueno para la salud, pensó la detective.

—¿Qué has oído? —Se atrevió a preguntar finalmente, sin embargo, seguía sin hacer contacto visual con Maura.

—Nada, si es lo que quieres. —Eso quería decir que probablemente había oído lo suficiente.

Armándose de un valor que no sentía, Jane encaró a la castaña, mirándola a los ojos por fin y en el fondo de aquella mirada vio la chispa de la esperanza y de un amor que iba mucho más allá de la amistad, lo mismo que su propia mirada escondía.

—¿Qué es lo que quieres tú, Maura? —Su voz había salido más débil de lo que esperaba, pero lo importante es que la castaña la había oído.

—No arrepentirme si algún día nos pasa algo… irrevocable a alguna de las dos… como parecía ocurrir en tu sueño. ¿Y tú, Jane? —La mano de Maura encontró la suya y entrelazó sus dedos con los de ella.

—Creo… creo que quiero lo mismo. —Una tímida sonrisa se dibujó en sus labios.

—¿Crees? —Maura no pudo evitar sonreír.

—Sí. Creo.

Con el corazón todavía latiéndole demasiado rápido, Jane llevó su mano libre a la mejilla de Maura, acariciándola suavemente, deslizando sus dedos hacia su cuello, atrayéndola hacia sí al tiempo que ella se inclinaba hacia delante, hasta que sus labios hicieron contacto en beso que comenzó ligero, tentativo, y siguió profundizándose y cargándose de deseo y sentimientos. Y a aquel beso siguieron otros más y de alguna manera, Maura acabó dentro de la cama, medio cuerpo recostado sobre el de Jane, cuyos labios seguían rozando los suyos; la detective no pudo evitar sonreír unos segundos después sobre dichos labios, al cruzar un divertido pensamiento su mente.

—¿Qué? —Inquirió la castaña.

—Estaba pensando que para que luego digan que los videojuegos no traen nada bueno.

—Hm, obviamente no han hecho las pruebas y experimentos suficientes para comprobar esa afirmación.

—Obviamente…

. — FIN — .