Lemonale dice:
Oh, sí, estoy aprovechando las vacaciones, porque este fic tiene para largo así que actualizo lo más rápido que puedo porque luego uff, podré tardar. Acerca de las notas finales, no pienso dejarlas, tiene su propia continuidad y su propia ficción y me divierto como enana escribiéndolas XD incluso me pidieron un fic sólo de éstas, pero el chiste es que sea luego de un capítulo jajajaXD así que mientras tanto seguirán en este fic. ¡Gracias por comentar!
Aclaraciones:
*Para este fic, Mirai Trunks llegó en enero. Él llegó después del capítulo ¡Ese rostro! y antes del capítulo ¡Hazlo con Delicadeza! Así que Vegeta no estuvo para la navidad, porque estuvo en el espacio como pirata vagabundo. Ese tiempo, que estuvo en el espacio, no fue muy específico, pero no duró más de un año, de hecho, si estoy en lo correcto, habrán sido 5 meses o más ya que las esféras del dragón gigantes, tardaban 130 días (180 leí por ahí :S pero mejor dejemos el del doblaje latino) en regresar a la normalidad, y él estuvo con Bulma, los primeros 130 días, esperanzado de ver a su rival (Y cuando volvió, ya todos estaban más que vivos) además de que, Goku tardó un año en aprender la técnica. Si estamos en julio (para estas vacaciones) han pasado, desde Trunks, 7 meses, de 36 meses (3 años) nos quedan 29. Si Bulma, cortó con Yamcha, hace unos meses, digamos que la pareja B/V ya tiene bastantito. Todo está fríamente calculado, de todas formas, lo aclararé en el texto corforme pase el tiempo en el fic :3 y si me equivoco en algo, por favor díganme, tal vez haya por ahí una falla en mis observaciones, que todavía se pueda arreglar.
*Respecto a la luna O.o siempre tomé en cuenta que Picoro la había destruído, pero como Goku dijo que Kamisama le quitó la cola porque la luna tenía que regresar a su sitio, pues siempre me imaginé que él la regresaba cada que la destruían XD así que, luego modificaré el primer capítulo donde la mencioné, porque en este fic la luna es bastante importante :3
Capítulo 23
Movimientos II
Movimientos II
¡Ya bésense!
Bulma aplastó su mano contra su pecho. Caminó hacia el balcón de la habitación, apoyándose en el barandal los brazos, y su barbilla. Trataba de comprender bien lo que había pasado. Vegeta le había dicho cosas, bastante sinceras, pero a la vez, intuía algo detrás de ellas. De repente, recordó unas palabras especiales:
Me distraes
La peliceleste sonrió estúpidamente, con sus mejillas ligeramente rosadas. Sacudió la cabeza para concentrarse "No Bulma, tranquilízate, seguramente él lo que quiso decir es que te consideraba un estorbo" Suspiró y volvió a apoyar su rostro en el barandal con un rostro triste de vuelta — Vegeta… ¿Por qué eres tan complicado? — Apoyó sus mejillas en ambas manos — Si fueras un sujeto normal, por lo menos un humano…— Miró el cielo, comenzaba a verse rosado — Aunque si lo fueras, tal vez no me interesarías tanto… Tenías que ser un saiyajin… ¡Y el más orgulloso del planeta! — Ella comprendía algo muy cierto en las palabras del moreno, él era un sanguinario del combate y ella se metió desde el principio con él, ella era responsable prácticamente de que el hombre no hubiera robado las esferas gigantes para obtener la inmortalidad, de que no maltratara a los débiles de Namek, y de muchas otras cosas. El carácter fuerte de Vegeta, esa decisión tan grande y obstinada de seguir mejorando, lo hacían especial. Recopiló, la peliaqua, todos aquellos recuerdos con el hombre. Desde aquella pesadilla cuando Vegeta iba tras ella; En ese momento, le daba terror… Luego, al verlo solucionar ese pequeño dilema, con su gran inteligencia… Ahí le pareció un pequeño muy inteligente, atractivo y misterioso, un errante espacial. Desde que conoció los grandes poderes de Goku en Namek, ella se sentía realmente curiosa acerca de esa peculiar raza, y ver ahí, a otro espécimen, fue uno de los incentivos para llevárselo. Ella lo intuyó, desde ese entonces, él no era tan malo ¿Por qué él trataba de serlo con tantas energías? Tal vez era su extraña manera de ser, debido a esa vida tan exótica que llevó. Exótica para ella, que no podía imaginarse lo que era ser sólo un guerrero, siendo príncipe de su raza, de los hombres del monstruoso Freezer. Esa fue una de sus grandes razones para ir y verlo con sus propios ojos, aunque no lo logró debido al extraño joven misterioso, necesitaba ver el demonio que tenía a Vegeta como un protegido y que luego, lo mató sin piedad. Una presión abordó su pecho. Ella también había sacado una carta cruel al mencionar su debilidad. Mordió su labio inferior, empezó a buscar abajo, alguna seña del príncipe. Abrió sus ojos, cuando vio recostado ahí, un punto con cabello alocado, cerca del mar. Debido a la inmensidad de la mansión, debía ser rápida. Corrió de la habitación, hacia el pasillo que daban las escaleras. Se detuvo para buscar el camino más corto. Abrió los ojos"Es por allá" Agarró su bolso que contenía sus cápsulas y comenzó a bajar las escaleras con rapidez. Debía llegar, debía llegar ahora, la desesperación empezaba a oprimirle el pecho, su respiración se agitó debido al extenso camino de escaleras que llevaba, "¿Por qué demonios no le instalamos el elevador? Ugh todo por mantener el estúpido diseño de la casa ¡Ay Bulma! Eso te pasa por vanidosa" Saltó tres escalones de golpe, y a la curva de las escaleras, decidió subirse y tirarse desde ahí. Dando saltos, con un solo pie, logró mantener su equilibrio para no caer irremediablemente, de boca, al piso. Estaba al fin abajo, sujetó su bolso con fuerza y decisión. Salió por la puerta trasera, como alma que llevaba el diablo, deslizándose cerca de la piscina. Explotó una cápsula, donde se encontraba su Quad, una cuatrimoto rosada con un poderoso motor. Se colocó su casco, subió a ella y la encendió, con la mano en el control, la hizo rugir como una bestia. Salió disparada en la gran culebra que era el camino a la playa. Rozaba los precipicios con velocidad, con la adrenalina de perder de vista, a una fiera.
Bulma afiló la mirada "Ni se te ocurra moverte Vegeta, voy por ti" Aceleró todo lo que pudo hasta llegar a la playa, la arena se alzó sin remedio.
Vegeta, con los ojos cerrados, ya sabía que la peliceleste se acercaba. Un sonido, parecido a un rugido, lo alertó. Abrió los ojos, lo más que le permitió su rostro malhumorado, al ver a la mujer montada en esa máquina tan extraña. La miró desde abajo, asombrado, levantó un poco el torso. Su rostro estaba conmocionado por esa imagen, ya se había estado preguntando cómo era que había adquirido esa velocidad, pero mirarla así fue un gran golpe.
La peliceleste se quitó el caso, dejando sus cabellos aqua bailar al son de la brisa veraniega — Te encontré — Sonrió triunfante.
— Nunca dije que no quería que me encontraras… — Sonrió el moreno, excitado por la gran agresividad de la mujer.
Se miraron unos instantes, con fuego en los ojos.
Bulma rompió el hilo de sus miradas, al bajarse del vehículo, apretó un botón para regresarlo a su cápsula. Inclinándose, dejando entrever su firme cuerpo, tomó la cápsula entre su mano y lo guardó en su bolso. Volvió los ojos al moreno — Vine a pedirte disculpas.
Vegeta alzó una ceja sin comprender. Sonrió cínico — Ya te estabas tardando.
Una vena, en la frente de la científica, se hinchó. Perdió su pose — ¡Ugh! ¡No lo arruines chango desconsiderado, que no es nada fácil! — Se incorporó, carraspeando un poco. Puso sus manos en sus caderas, con una gran actitud emanando — Me disculpo por decirte que Goku te derrotaría, sé que harás todo lo posible para alcanzarlo, es más, ¡Yo te ayudaré! — El moreno sólo resopló y dirigió su rostro al mar. Bulma continuó — Pero no me disculpo por enamorarme de ti, ni tampoco de decirte lo mucho que me lastimas, porque es verdad ¡Yo me enamoré perdidamente de ti! ¡¿Oíste? Pero eso no te da derecho a decirme lo que se te pegue en gana — Vegeta continuaba sin inmutarse. La peliceleste empezó a perder la paciencia, su ira comenzó a crecer. Acercó su boca a la oreja del moreno — ¡Préstame atención gorila inútil! ¡¿Qué no oyes que una mujer tan linda como yo se está confesando?
— ¡Ahg! — Vegeta tapó su oreja, adolorido por el chillido, se viró a la peliaqua — ¡¿Pero qué te sucede mujer escandalosa? ¡¿Cómo te atreves a gritarme, con el silbato que tienes de voz, directo al oído? — Se levantó para enfrentarla, con el puño amenazando.
— ¡Fue para que me prestaras atención simio insensible! ¡Y tú también me estás gritando! — Increíblemente, la mujer, alzó más la voz.
Vegeta cerraba los ojos ante el sonido, aún con la mano sobre su oído regresó otro grito— ¡Es porque me dejaste sordo! Ahg ¡Tu voz es peor que una turbina de una nave! Tsk… ¡No te soporto, eres una mujer muy basta!
Se volteó, Bulma, con los brazos cruzados bajo el busto y la nariz altiva — ¡Pues yo tampoco te soporto a ti!
Vegeta alzó una ceja y cambió su posición a su típica pose confiada — ¿En serio? Si no me equivoco hace poco dijiste que estabas perdidamente enamorada de mí…
El sonrojo de Bulma se pintó. Enfurecida regresó a enfrentarse al guerrero, quien la miraba con una superioridad burlona. Bien parada al piso la mujer habló — ¡Pues ya cambié de opinión, ninguna mujer podría enamorarse de un simio perverso y arrogante como eres tú! ¡Ugh Vegeta! ¡Eres un desconsiderado!
Una risa gutural empezó a surgir del moreno. Antes de poder seguir con la discusión y darle justo en la llaga a la mujer, una gran ola los mojó a ambos. Desconcentrados, ambos quedaron de piedra. Un pequeño calamar estaba atrapado en el cabello del guerrero.
Bulma sacó una carcajada, doblándose por la risa — Mira… Esa debe ser tu corona —Continuó riendo hasta casi caer. Las lágrimas de la risa le comenzaban a salir.
— Ahg — Vegeta, con el rostro irritado, agarró al calamar y lo tiró de nuevo al mar — ¡Maldita sea! Olvidé lo que iba a decirte.
La peliceleste lo miró de manera perspicaz — Me ibas a decir que me amas.
— Sí…— El moreno se detuvo en seco — ¡¿Qué? ¡NO! — Su pose se volvió amenazante — ¡Ya te dije que yo no siento esa clase de emociones humanas, mujer estúpida!
— ¡Óyeme! ¡No me llames estúpida! ¡Yo soy mil veces más inteligente que tú! ¡Y te consta!
Vegeta le mostró los dientes, sabía que esa mujer era bastante inteligente. Alzó una ceja y sonrió a medias — Sí lo eres, pero eres una tonta por enamorarte de mí. Eso no te hace muy lista, típico error de razas inferiores.
— ¡Ya te dije que retiré esas palabras! ¡Y basta de decir que los humanos somos inferiores! ¡Somos mejores que los saiyajin! Nosotros no andamos mandando a nuestros bebés al espacio para destruir planetas, ni damos a nuestros hijos a monstruos como Freezer — Tapó sus labios, la científica, al mencionar tal cosa.
— ¿Qué? Termina, ¿Tú crees que algo como eso me perjudica? Te equivocas, a mí nunca me ha importado lo que clases inferiores llaman lazos familiares.
— Bueno no… — bajó la mirada la mujer. Regresó los ojos a Vegeta — ¿Pero en serio no te importa ni un poco? ¡Debes sentir algo! ¡Un poco! ¡Me niego a pensar que no te cause algo!
Vegeta se sentó en la arena, miró a la mujer unos instantes. Posó sus perlas negras al cielo que comenzaba a oscurecer. Buscó las nubes rojas, aunque no las encontró. Cerró los ojos y se acostó cómodamente, con las manos bajo la nuca. Las primeras estrellas comenzaban a salir — Esas cosas a mí no me importan, son inútiles — Una furia endureció su expresión — Lo que nunca toleré fue que Freezer nos utilizara tanto tiempo… ¡Ese miserable! Hubiera dado todo por haberle dado yo mismo su merecido ¡Ahora tengo más razones para derrotar a Kakaroto! — Enmudeció, desvió sus perlas negras a un lado.
Bulma se sentó junto al hombre, observando el inmenso mar que oscurecía — Con que es eso…
— Hmp… En parte… Ese engendro de clase baja no puede derrotar al príncipe de los saiyajin.
Bulma lo miró— Cierto… Tú eres mejor que él — Vegeta quedó quieto. La peliceleste hablaba con sinceridad, con los zafiros clavados al mar — Goku siempre llega tarde cuando se le necesita. Siempre me ha causado problemas y parece que él es quien atrae a todos esos monstruos horribles.
Vegeta escuchó en silencio esas palabras. Bajó sus perlas, pensativo, las guió a un punto diferente — Hmp, Yo soy uno de esos monstruos horribles de los que hablas.
Bulma parpadeó, trató de mirarle a los ojos, pero desde esa posición, era imposible. Volvió sus zafiros al mar. Sonrió — ¡Cierto! — Se paró — ¡Gracias Goku por traer a este simio desconsiderado y orgulloso! — Tiró un gran grito al mar.
Vegeta tuvo que tapar sus oídos, agarró la orilla del short de la mujer y la sentó — ¡¿Pero qué rayos te sucede? ¡¿Por qué haces esas ridiculeces? Agradecerle a un insecto como Kakaroto por algo así ¡¿Qué acaso tú estás loca? — Colocó su mano encima de su rodilla y cambió los ojos hacia el mar — Además ni que él sabandija estuviera muerto, el desgraciado seguramente está entrenando con ese híbrido y el namekusein.
— Bueno sí…— La científica lo miró — Pero cuando lo vea no creo que tenga tiempo de agradecerle algo así, va a estar muy ocupado con los androides.
— ¡Ya te dije que seré yo quién los derrote!
— Ya, ya… Tú lo harás— Salió, de los labios de la peliceleste, un suspiro — Realmente te mueres por entrenar ¿Verdad? He sido muy egoísta. Prometo hacer todo lo posible para que la nave esté mucho más preparada para cuando partas al espacio. Espero mi padre no esté tan ocupado.
Vegeta alzó una ceja — ¿En serio lo harás? — Con una media sonrisa el moreno levantó sus perlas — Así que eso es lo que pasa cuando una humana se enamora… Que interesante…
— ¡Uhg! ¡¿Sigues con eso? ¡Ya te dije que retiré mis palabras!
El moreno resopló arrogante— No puedes mentirme. Ya te conozco bastante bien— Sonrió de medio lado, con los ojos cerrados.
La ira de la mujer creció, con un rojo, hasta las orejas— ¡Chango salvaje! ¡Gorila desconsiderado! ¡Ya verás! ¡Cuando vea a Goku en lugar de agradecerle le diré que te tire lombrices!
— ¡¿Lombrices? — Contuvo su asco el saiyan — Hmp haz lo que quieras, eso no me detendrá.
— Eso no me lo pareció cuando llegamos, su alteza gritó como un niño asustado — Aseguró con altivez la científica.
— ¡Ahg! ¡Ya cállate! Eres una humana muy impertinente, métete en tus propios asuntos — Gruñó Vegeta, mostrándole los dientes.
Bulma se levantó — ¡No me calles! ¡Yo puedo gritar todo lo que quiera! ¡¿Cuántas veces tengo que decirte que no me hables como si no tuviera un nombre? ¡No sé porque no puedes llamarme Bulma todo el tiempo! ¡Sólo lo haces para fastidiarme! ¡Cuando tenemos relaciones sí, soy Bulma, luego de que me intentas matar, después de que me hieres considerablemente, pero cuando no! ¡Cuando no sólo me tratas de humana, terrícola, mujer vulgar, y miles de tus apodos que me tratan con inferioridad!
Vegeta no se quedó atrás, levantándose también, en posición de ataque. Juntó su frente con la de la peliaqua — ¡Y qué me dices de los miles de apodos que tú te atreves a ponerme!— Rugió con su voz ruda — ¡No me bajas de un animal incivilizado y últimamente les has dicho a esos gusanos despreciables, que soy tu lacayo cuando yo...! ¡Yo soy el príncipe de los saiyajin! — Brilló un rayo entre sus miradas.
— ¡Ya bésense!— Una voz lejana gritó a la pareja, dejándolos de piedra — ¡Mejor que se casen! — Otra voz lejana reclamó del mismo lado, burlona y aguardentosa. Dos risas se perdieron lejanas.
Vegeta volteó el rostro y se levantó para buscar alguna presencia cercana — Me las pagarán, ¡¿Quiénes fueron los insectos que dijeron eso? ¡Los haré pedazos! — Rugió mostrando sus dientes.
Bulma se interpuso, notó los ligeros colmillos sobresalientes del moreno, y un sutil palpitar en su pecho — Calma, calma Vegeta… Seguro sólo son un par de borrachos, los vigilantes se encargarán — Le sonrió con nerviosismo.
El moreno miró a la peliaqua— Hmp… No abuses de tu suerte, no porque dije que no te mataría significa que no pueda ocurrir un accidente — Sonrió repentinamente, de una manera perversa — Si quieren espectáculo, les daremos espectáculo— Soltó una risa gutural.
— ¿Qué? ¿Qué quieres decir, Ve…— La frase de la mujer fue cortada al sentir el gran cuerpo, de acero, del hombre, tirarla en la arena — ¡Vegeta! ¡¿Pero qué es lo que estás haciendo? — La lengua caliente del guerrero comenzó a marcarle el cuello. Soltó un suspiro.
— Tal vez no pueda darte esos sentimentalismos humanos, pero sé lo que puedo darte… — La mano del saiyajin comenzó a deslizarse en los muslos de la peliaqua.
Un sonrojo furioso se pintó en el rostro de porcelana de la científica. Se dejó hacer, acariciando los músculos del hombre. Lo miró con los zafiros brillando — Supongo que… No suena tan mal por el momento… — Lentamente desajustó todas las ropas, con sus manos delicadas y sensuales. La arena se metía y los acariciaba tibia, granulosa. Crujían salados, al pasarse las lenguas.
Vegeta no quería besarla, intentaba sólo besarle el cuello, los lóbulos, los senos. La distraía con frases sensuales al oído, con movimientos provocadores, con su sexo acosándola lentamente, sin penetrarla. En una maniobra, la mujer se colocó encima del hombre. El mar les mandaba algunas olas para lamerlos, limpiándoles la arena. Mojados, como dos barcos encallados, se miraron a los ojos unos instantes. Bulma lo miró desde arriba, mortificada por sentir sus labios. Una ola le golpeó la espalda, la marea subía, sus lágrimas se fueron con el mar — Vegeta…— Susurró al refugiarse en el pecho del saiyan. La virilidad de Vegeta la atravesó, inundándola con la sensación de pertenencia que le ofrecía. Estaba dentro de ella, acariciándola en su interior, lo más adentro que alguien podría acariciarle. Los gemidos salieron de sus labios — Hazme tuya… Vegeta… — Se aferró, tan vulnerable, a los hombros del guerrero.
Vegeta notó esas pequeñas lágrimas que surgían de los zafiros de la peliceleste, se las llevaban las olas, pero salían irrespetuosas de los ojos de la mujer. Incitado por el deseo fugaz, vulnerable, dentro de esa criatura tan hermosa, se acercó al oído de la peliaqua — ¿Qué dices mujer descarada…? Bulma… Hace mucho que eres mía — Rió sensual, lamiéndole la oreja, dejándose llevar por el intenso placer que le provocaba las paredes carnosas, de la cueva, de la peliceleste. Prendido en las contradicciones de sus corazones, se abrazaron con fuerza, con las caderas en vaivén, como un par de botes en el agua, al compás de las olas.
Las palabras de cama, que el hombre siempre mencionaba, a Bulma, la dejaban paralizada, emergida en un deseo envuelto en llamas. El sonido del mar arrancaba las frases de sus labios. Ambos se deshacían como la sal en la espuma. Brillando entre pulidas conchas enterradas ¿Dónde habían quedado esas noches depravadas? Ahora, todo era tan profundo, tan espectacular. Ella se contradecía. No le agradaba ser una pertenencia nada más, pero ya no podía pensar, no podía pensar cuando tenía a ese hombre territorial, salvaje, apretándole el cuerpo. Hurgándola por todo su entrañable ser. Sostuvo un momento el aliento, al sentir el agua, golpeándoles los sexos, a un ritmo armonizado a los ataques de sus caderas. Algunas conchas, eran atraídas a sus cuerpos, acariciándolos con simpatía con cada ola, yendo y viniendo, cómplices. Vegeta suspiró, estaba a punto de terminar, mordió su labios esperando la señal de la peliceleste. Bulma, con el corazón bombeando con bravía, clavó sus uñas en la arena húmeda y deshecha — ¡Vegeta! ¡Lo estoy sintiendo venir…! — Los labios se abrieron, agitados, casi ahogados con el mar. Buscando oxígeno. El orgasmo esperado, empezaba a crecer, hasta salir expulsado en un gemido. Fue simplemente uno, sincronizado con la esencia del hombre, que surgió como una erupción volcánica para llenar a la mujer. Un sólo orgasmo, que los dejó ahí, respirándose los alientos.
Bulma salió de Vegeta, rodando a su lado derecho, golpeándose levemente, en la arena, para regresar a la realidad. Su pecho subía y bajaba, recuperando la respiración. Trató de mirar el rostro de Vegeta, que lo tenía hacia el otro lado, mostrándole sólo su cabello remojado entre arena y olas.
El hombre abrió los labios para hablar, pero una impertinente ola lo ahogó. Tosió hasta incorporar su torso. Colocó su rodilla doblada contra su pecho, con la mano ocultando su carraspeo.
— ¿Estás bien? — La peliaqua levantó también su torso desnudo. Sonrió al verlo desviar el rostro avergonzado, tapándose los labios con su mano, que se apoyaba en la rodilla — Parece que les demostraste un buen espectáculo— Agregó la científica.
Vegeta reaccionó — Bulma… — La miró — No… no me digas que nos vieron.
— ¿Qué? ¿No era ese tu perverso plan desde el principio? —Los zafiros de la mujer empezaron a buscar sus ropas — Aunque ese lado tuyo tan exhibicionista no lo conocía— Como un rayo Bulma miró al cielo — ¡Oh! ¡Ahí hay algunas nubes! — Divisó la luna — ¿Fue por eso, Vegeta? — Volteó, soltando su blusa, hacia el moreno, que escondía su rostro de la mujer.
El oscuro príncipe lo había hecho a conciencia, aunque el palpitar de su cuerpo le había dado el valor. En realidad, la idea de que algún vigilante o algunos pueblerinos los hubieran visto, justo en ese momento, lo avergonzó. No hubiera sido ningún problema, si tan solo aquella sesión sexual no hubiera terminado en algo tan íntimo y profundo y hubiera sido simplemente un espectáculo pervertido — ¡Busca tu ropa y cállate! — Siguió con el rostro oculto.
— ¡Vegeta! ¡Estás sonrojado! ¡¿Verdad? ¡Déjame verte la cara! ¡Déjame verte! — La peliceleste intentó mover la estatua de piedra, que tenía de cuerpo el hombre. Las olas se llevaron sus ropas.
El guerrero mostró su rostro a la mujer, sin sonrojo, sólo con el palpitar en el cuerpo — ¡¿Quieres dejar de hacer eso? ¡Por supuesto que no estoy sonrojado! — Desvió el rostro — Son sólo esas extrañas y estúpidas nubes que me dejan acalorado.
Bulma suspiró decepcionada — No te justifiques, no tienes ningún sonrojo, ni por las nubes, ni por el calor, ni por nada, seguro los saiyajin no tienen vasos capilares, no me parece normal, que tristeza… Seguro te verías tan lindo — Bufó infantil, abrazando sus rodillas, la peliceleste. Una chipa le prendió la frente — ¡La ropa!
Vegeta ya se estaba poniendo el pantalón — Sí, te lo advertí, se la está llevando el mar.
— ¡¿Qué? — La mujer se levantó para mirar su ropa alejarse — ¡Ay no! ¡El camino a la casa es tan largo! — Sujetó el cinturón que se ajustaba el saiyan, lo miró pidiendo piedad con sus ojos — ¡Ve por ellas, Vegeta!
— ¿Y yo por qué? — Sonrió perverso — Ve tú por ellas.
Bulma se alteró — ¿No querrás que me vaya por ahí, encima de mi cuatrimoto, totalmente desnuda? ¿O sí? — Su voz era de reclamo.
— ¿Esa máquina dices? — El hombre recordó la imagen de verla en ese raro transporte, con el cabello al viento y esa agresividad en los ojos — No estaría tan mal.
La peliceleste se hizo para atrás, con un puño cerca de su barbilla — Eres un pervertido… — Su rostro estaba un poco consternado.
— Ahg… Cállate, iré por ella — El hombre empezó a buscar con sus perlas la ropa. Al encontrarla, un gran pterodáctilo, con cara de cigüeña, bajó del cielo y se la tragó. Una gota de sudor bajó por la cabeza de ambos — Al parecer no podré hacerlo… — Mencionó el guerrero con obviedad.
— ¡Ay no! — Lloriqueó Bulma — ¡Ahora me quedaré así! — Chilló para seguir lloriqueando.
— Tsk… ¡¿Quieres callarte? La casa no está tan lejos si vamos volando — Desvió los ojos con los brazos cruzados — Nadie te verá si yo te llevo.
Los ojos de la científica se iluminaron, agarró su bolso y de un salto se entrometió entre los brazos del guerrero. Vegeta la sujetó impresionado por el acto. Bulma pegó su mejilla al pectoral del hombre — ¡Vamos! — Sonrió, estaba contenta, puesto que, nunca se imaginó que le haría algún favor de esa clase.
— Pensé que no te gustaba volar.
— No, nunca he dicho eso, me gusta volar, la velocidad, las piruetas, pero no cuando llegan ustedes y lo hacen sin mi consentimiento— Pegó su busto desnudo al hombre.
A Vegeta le tembló la ceja —No creas que iré lento por ti — Despegó con violencia. Bulma se aferró a él, tapando su rostro, el viento le golpeaba su piel descubierta.
En un abrir y cerrar de ojos, estaban en el balcón. Vegeta la bajó. Bulma sintió el piso con sus piernas temblorosas, había sido una sensación bastante extrema. Con el corazón agitado y la adrenalina en las venas, tiró su bolso y se abalanzó al hombre, enredando sus piernas en él. Devoró el cuello del saiyan.
— ¿Ahora tú quieres más? — Sonrió con ironía el guerrero, bastante complacido.
— Sí… sí, más… más Vegeta — Su voz ronca y sensual se dirigía embelesada al cuerpo del hombre. Extasiada por la sensación.
El hombre se arrancó el pantalón, tirándolo al viento. Se apoyó en el barandal, con el precipicio zumbando atrás. Sonrió medianamente, en realidad, el peligro era algo que a esa terrícola le gustaba y eso se lo podía ofrecer perfectamente. Sus cuerpos desnudos se acariciaron. Moría por besarla; pero estaba decidido a no hacerlo. La elevó de nuevo, pero esta vez hacia el techo.
La mujer lo miró con asombro, pero su corazón latía con tal fuerza, que no podía quejarse, necesitaba hacerlo suyo ahora. Afiló la mirada, con el viento golpeándolos. Sin pensarlo más, se empaló con hambre. Esa sesión había regresado a sus ayeres, llenos de deseo desenfrenado y depravado.
Bulma, con toda la fuerza que contenía su cuerpo, hizo gemir al hombre, desvirtuándolo de su pose ruda, transformándolo en un hombre deseoso de su cuerpo, al moverse con la gran danza de sus caderas. En sus posiciones extravagantes, a veces se miraban los rostros, agotados, extasiados. Eran dos animales rasgándose las pieles, sobreponiéndose sobre las carnes, dentro de sus jugos calientes. Envueltos entre piel y cueros, varios orgasmos dieron su fin, cuando el viento, en varios remolinos se los llevó. Las estrellas se sonrojaron. Demasiado viento al fin, los asfixió. Bulma respiraba con sinuosa dificultad. El hombre la bajó y la recostó en la cama. La observó unos instantes — Bien, ya no tendrás energías para tu dichoso evento — Sonrió confiado el hombre.
— Pero que dices… — Levantó el torso la peliaqua, con la mirada decidida — Claro que tengo energías, esto no es nada comparado como aquella semana incontrolable.
El guerrero rió gutural, esa mujer parecía tener un orgullo saiyajin, pero en otras cuestiones muy diferentes a las suyas — Eres muy obstinada. Si quieres, ahora mismo te quitaré todas tus energías — Intentó regresar a besarle el cuello, pero la científica ya se había escapado a la ducha.
Vegeta resopló, en serio no se iba a salvar de sus propias palabras. Se recostó. El palpitar de su cuerpo, comenzaba a retumbar, tirando la arena sobrante, en cada vibración. Tocó sus labios, que extrañaban el sabor de los labios de Bulma. Recordó la voz del ebrio que les gritó que se besaran — Hmp… insecto entrometido — Susurró irritado. Volvió a su mente la segunda voz, que había mencionado que debían casarse. Vegeta dirigió sus perlas negras al techo "¿Qué significará esa palabra aquí en la tierra?" Pensó.
NOTAS FINALES DEL CAPÍTULO
(Aparecen imágenes del próximo capítulo al puro estilo DBZ)
Bulma: ¡Hola! ¡Soy Bulma! Vegeta sigue buscando a Goku por todas partes sin encontrarlo, y como Goku no se digna a aparecer, nosotras dos venimos a cubrirlos ¿No es así Milk?
Milk: Sí, ya que... Ese Goku, siempre causándome problemas, ahora tengo que cubrirlo en el único trabajo estable que tiene.
Bulma: Vamos, Milk, no seas tan dura. Vegeta tampoco tiene otro trabajo.
Milk: Tienes razón, por lo menos mi Goku es el más fuerte del universo, además de que él es el más guapo de los dos.
Bulma: ¡¿Qué? ¡¿El más guapo dices? Eso ni tú te lo crees Milk, mi Vegeta es el más guapo.
Milk: ¡Por supuesto que no!
Bulma. ¡Claro que sí! ¡Además mi Vegeta tiene (censurado) más (censurado) de todo el universo!
Milk: ¡No te mientas Bulma! No creo que nada puede ser tan (censurado) como (censurado) de Goku.
Bulma: (Censurado)
Milk: (Censurado)
(Se escucha un beeep y luego un silencio total. En la pantalla aparece un Goku nockeado con el letrero que dice: Dificultades técnicas)
