Lemonale dice:

mañana subiré un pequeño relleno, y les explicaré cómo irá Movimientos IV y V, tal vez los fusione :3


Capítulo 24

Movimientos III

Movimientos III

Extraños Comportamientos

Bulma salió de la ducha. Miró de reojo al saiyajin, que como siempre, luego de sus sesiones sexuales, dormía con la tranquilidad de una piedra. Trató de no hacer ruido para no alertarlo. Se acercó lo suficiente para admirar su salvaje belleza. Era algo muy particular verlo sereno, la mujer, había percibido sus pesadillas, sus delirios febriles, su sueño inquieto. Tal vez ella era la única que lo había visto así, con ese sueño calmo. El ceño del hombre estaba encogido como siempre, pero sus párpados se veían relajados. La peliceleste suspiró, sus zafiros se clavaron en el pecho del hombre, que tenía un palpitar tan leve, que incluso parecía natural. Corrió las cortinas, esperanzada de que desaparecieran aquellas nubes. Su padre le había advertido que era algo usual en esa parte de la isla, que, aquellas nubes, aparecían y se iban. Le advirtió que, posiblemente, formaban un gran filtro entre los rayos lunares y que ello, podía afectar a una raza lunar como los saiyajin. Bulma se sentó cerca de su espejo, tenía que comenzar a maquillarse. Dentro de sus pensamientos empezaron a surgir ideas, ella tenía que averiguar el gran efecto de los rayos en los saiyajin. Sopló una hebra de cabello, de su frente, que le estorbaba. Ella aún no se ponía seria respecto a su propia compañía, tal vez era hora de empezar a ser esa gran heredera de gran coeficiente intelectual, de la que todos hablaban. Parte de ello, fue ver a aquel guerrero de espíritu perseverante, de gran carácter, luchar por sus objetivos. Sonrió al espejo, repetía su propio nombre en su cabeza, después de todo, ella ya no era una niña, tenía que empezar a ser la mayor responsable de la corporación. Miró de nuevo al moreno, le parecía curioso que alguien como él, le diera esa nueva fuerza. Siempre había sido una mujer capaz, le encantaba la mecánica, la física, pero simplemente era, en el presente, una ayudante más para su padre; la mejor ayudante, que, la mayoría del tiempo, se encargaba de las relaciones públicas y de su administración. El hombre nunca la presionó para que tomara su puesto, y los inventos, muchas veces solían ser, parte de su diversión y no de su trabajo. Después de todo, su anciano padre, aún gozaba de vida, y del amor a sus invenciones. Ella, siempre había dependido de esa experiencia, puesto que su coeficiente, era mayor al de su padre. Ahora tenía que empezar a llevar ese título también con honor. Siempre metida en sus aventuras, en sus sueños, en todo lo que tenía que recorrer, nunca pensó que el día de empezar a buscar sus propias cuerdas, llegaría tan repentinamente. Pintó su línea rosada, en sus labios. Miró su cabello, lacio y largo, y lo acomodó en un peinado sencillo, para lucir sus pendientes.

— Pierdes demasiado tiempo en todo ese ridículo ritual — Refunfuñó el moreno, con los ojos cerrados aún.

Bulma se alertó al oír la grave voz, se viró hacia el saiyan. La mujer se admiró de reojo en el espejo — Bueno, me hace lucir lo hermosa que soy ¿No te gusta?

—No — Contestó seco el saiyan.

La mujer abrió los ojos — ¿Cómo? ¿Dices que no me veo hermosa? — Regresó al espejo, insegura de su imagen.

— No. Digo que pierdes demasiado tiempo en algo estúpido e innecesario.

"¿Es eso un cumplido?" Bulma lo miró, con unos cuantos parpadeos limpiándole los zafiros — ¿Dices que soy hermosa?

— Ahg… Pero que insoportable eres… No comprendo por qué tendrías que considerarte atractiva o no, a base de una opinión. Las mujeres saiyajin eran atractivas por su gran fuerza en el combate, no tenían que estar horas pintándose las caras. La mayoría tenían el cabello corto, práctico para las misiones — Se volteó irritado el guerrero, mostrando su espalda — Podríamos estar aprovechando nuestro tiempo ahora mismo.

Bulma afiló los ojos de manera perspicaz — Tú lo que quieres es que sigamos teniendo sexo.

— Sin duda es mucho más entretenido — Sinceró el hombre. Se volteó de nuevo para mirarla con sus perlas negras, profundas como dos abismos — Ponte el rojo.

La peliceleste buscó su labial rojo y se lo mostró al moreno — ¿Este? ¿Te gustan los labios rojos? — Sonrió.

El guerrero sonrió, medianamente, con cinismo — Con ese pareces una criatura marina del planeta 38.

— ¡Una sirena! — Gritó con ilusión, Bulma, con sus zafiros brillando.

El saiyan se recostó de nuevo, con el pecho mirando al techo. Cerró los ojos con un rostro burlón— No sé de lo que me hablas, pero es un pez gigante con boca larguirucha de color rojo.

La imagen del horrible pez, con boca roja, con peluca celeste, apareció en la cabeza de Bulma. Una vena se le hinchó en la frente — ¡Eres un…! — Le tiró una crema, que el príncipe agarró con facilidad, aún con su rostro cínico. La furia de Bulma creció — ¡¿Pues sabes algo? ¡No me importa! ¡Yo usaré lo que se me pegue en gana! — Se limpió sus labios rosados y colocó el carmín — ¡Así! ¡Mira este pez tan hermoso! — Se volteó decidida, con su gran actitud emanando.

Los ojos negros de Vegeta, relucieron con un brillo especial. Se levantó para ir hacia la ducha. Le daba la espalda, a la peliceleste, fingiendo indiferencia. Bulma quedó quieta. Se detuvo en su camino, el moreno, al no escuchar otra respuesta de la mujer. Dirigió sus perlas a esa espalda de porcelana —Así te ves más atractiva — Regresó sus ojos negros a la puerta del baño y entró.

Bulma quedó de piedra, sonrojada levemente — ¿Qué? ¿Qué dijo? — Parpadeó — ¿Qué quiso decir con eso? ¿No dijo que parecía un pez? — Regresó su cuerpo hacia el baño cerrado — ¡Vegeta! ¡Explícate! — No escuchó más respuesta que el sonido de las gotas al caer. Volvió su rostro al espejo — Tal vez… Habla de mi actitud… — Recordó las palabras acerca del atractivo de las saiyajin. Su rostro subió, con sus zafiros brillantes "¡Él reconoce mi fuerza!" Una gran felicidad brotó del pecho de la mujer, ella estaba esperando ese momento, en el cual, reconociera su fuerza."Entonces… ¿Ya me respeta?"

— ¡Ahg! ¡Mocosa terrícola! ¡¿Qué rayos es esto? — Gritó áspero el hombre.

"Tal vez no…" Bulma sintió que sus fuerzas se fugaban. Sonrió de nuevo "Bueno, paso a paso…" — ¿Qué se te ofrece, Vegeta?

El moreno salió por completo desnudo, con el cabello burbujeante, con espuma rosada. Mojaba todo a su paso. Una mano apretaba un envase, haciéndolo estallar líquido rosa. Mostró, con rabia, sus dientes — ¡Podrías poner esto lejos de donde van los productos para asear el cabello! — El pequeño envase deshecho, era el jabón para limpieza íntima de la mujer, mejor dicho, el jabón líquido que utilizaba para los días de la menstruación.

Bulma trató de ocultar su risa, sin mucho éxito. Lo miró con una mano ocultando sus labios — Lo siento Vegeta, pero no es nada malo, es lo mejor en cuidado… — No podía contenerse más —…Para la mujer — Empezaba a quebrase — ¡Siempre he pensado que el rosa te luce bien! — Escapó su carcajada, le daba demasiada gracia, que el príncipe hubiera pasado ese detalle por alto, confiado en la organización, de la cual, ella carecía. El simple hecho de imaginar su cara, al intuir, que algo no iba bien, le daba demasiada risa.

Vegeta tiró el envase roto al suelo, lo pisó con odio — Ahg… Tenías que ser tú, Bulma — Regresó a la ducha, irritado por el aroma empalagoso. Torció los labios tratando de buscar el champú. Ya no confiaba en nada.

Bulma se acercó a la puerta, mirándolo desde ahí — Te dije que debías aprender a leer nuestra escritura.

— ¡Ahg! ¡Cállate y dime cuál es el producto para el cabello! — El moreno se estaba desquiciando.

— Es el amarillo — Indicó Bulma. Vegeta, dirigió su mano ahí. La mujer miró al techo, con un dedo en sus labios, con aspecto dudoso — ¿O era el morado?

Un rayo, en la frente del guerrero, brilló. Se volteó para mirarla — ¡¿Qué dices? ¡No empieces con tus tonterías y dime cuál demonios es!

Bulma caminó al interior de la ducha, con las manos en las caderas, se inclinó y le dio, en la mano, un envase azul al saiyajin — Toma, es este — Salió de ahí.

El tic de la ceja de Vegeta se mostró — Como le gusta perder el tiempo…— Masculló el príncipe, en un susurro, mirándola con rencor. Se volteó hacia la regadera, observando las letras de la etiqueta, sin comprender nada. Alzó una ceja. Resopló — Hmp… Aprender algo tan primitivo… — Abrió la llave para enjuagarse el líquido rosado, con olor a malvavisco. Torció los labios. Él no podría seguir soportando bromas como aquellas. Al menos, luego, saldría de ese planeta por un tiempo para entrenar.

La científica se puso un vestido, ligero, de color rojo. Después de todo, le favorecía mucho el color. Era un color fuerte, como ella, lleno de pasión, de alerta. Un escote le pronunciaba sus senos. La ceñida tela, se ajustaba en sus curvas.

Vegeta salió con el cabello brillante, mojado de tal modo, que se acomodaba en su cabeza y espalda. Notó el rostro de la mujer, que lo observaba detenidamente, como paralizada — ¡¿Qué rayos me estás mirando? — Gruñó el moreno.

— ¿Eh? ¡Nada! — Desvió el rostro, sonrojado, la peliaqua. Bajó los ojos y luego volvió hacia el guerrero, que luchaba por secar su cabello con una toalla — No te hizo tan mal ese jabón — Pronunció avergonzada de sí misma.

— No estés bromeando, estoy cansado de tus ridículos juegos — Al fin, el cabello del moreno, quedó como siempre.

— Toma —La científica puso a un lado la ropa del saiyajin. Tenía la nariz al techo, con una expresión que intentaba ser indiferente — Vístete…

Las perlas del moreno observaron a la mujer, agarró la ropa y miró los atuendos unos instantes. Empezó a vestirse en silencio.

Bulma parpadeó unas cuantas veces. En realidad no podía comprenderlo del todo. Decidió buscar su cartera roja. Necesitaba seleccionar las cápsulas indicadas.

—Oye…—

—Oye…—

Un rayo se les cruzó a ambos, cuando se hablaron al mismo tiempo. Desviaron los rostros.

Bulma regresó sus zafiros al hombre — ¿Qué ibas a decir? Tú primero.

Una media sonrisa se dibujó en la cara de Vegeta — Claro, así debe ser siempre… Me alegro que estés comprendiendo.

La científica apretó un puño, con la vena hinchada en la frente. Regresó hacia él — ¡Ugh! ¿Desde cuándo eres tan chistosito?

"¿Chistosito? ¿Pero qué c…" Vegeta alzó una ceja. La enfrentó con la mirada — ¡No sé de qué diablos hablas! Yo estoy hablando muy en serio.

Bulma parpadeó, suavizó su pose — ¿Quieres decir que no lo haces sólo para fastidiar?

El guerrero torció la boca al verla preguntar. Se quedó en silencio, pensativo, unos instantes. Empezó a abotonar su camisa — En ocasiones sí… sí es para fastidiarte — Se levantó y regresó sus perlas a la mujer, apuntándola con un dedo, en su típica pose confiada, asomando apenas el rostro — Es algo que te hace muy entretenida.

Sintiéndose como un payaso, Bulma lo enfrentó — ¡¿En serio? Pues tú también eres muy divertido de fastidiar.

Vegeta sonrió de medio lado— Me alegro que lo aclaremos. Sólo quería advertirte que no usaré esa horrible prenda a la que llaman corbata. Parece una correa — Se colocó su saco y comenzó a caminar hacia la puerta de la habitación con indiferencia, dejando colgada a la mujer — Ahora vámonos, quiero terminar con esta estupidez lo más rápido posible — La miró desde ahí, con el pomo de la puerta en la mano. Se veía sumamente atractivo, con su camisa blanca, que descubría su pecho, y su traje oscuro. Su otra mano, descansaba en el bolsillo del pantalón.

—Sí, yo te iba a decir lo mismo, me refiero a lo de la corbata… — Mentía, quería preguntarle más cosas sobre su pasado. Bulma lo miró ligeramente irritada, pero sonrojada de verlo tan bien vestido, no necesitaba lucir una corbata para verse tan elegante. Además de que… Parecía que le abría la puerta, a ella, para que salgan. Desconfiada empezó a caminar, mirando de vez en cuando al hombre, que sostenía la puerta, temiendo que la cerrara en sus narices. Al fin Salió de la habitación, sana y salva, sorprendida miró al saiyajin, que la siguió sin rechistar. Cerró la puerta y caminó frente a ella ¿Qué sucedía?

Vegeta se empezó a sentir incómodo por alguna razón, regresó su rostro, sin parar, hacia la mujer — Llévate algo para cubrirte, la noche enfriará — Ordenó.

Bulma se alarmó, caminó mucho más rápido y le tocó la frente al hombre — ¡¿Qué tienes? ¡¿Te sientes mal? ¡¿Cuántos dedos ves? ¡Ay no! ¡Sí estás caliente! ¡Estás muy enfermo! ¡Son esas nubes de nuevo! ¡Vete a acostar de inmediato!— Sollozó.

— ¡Ahg! ¡Aléjate mocosa entrometida! — Se logró zafar. Respiró agitado por el susto de esa reacción — ¡¿Pero qué rayos te sucede?

— ¡Eso mismo te digo yo! ¡Ese comportamiento no es nada normal! — Reclamó la mujer, asomando el rostro, con las manos en las caderas e inclinando, levemente, el cuerpo.

— ¡¿Qué? —Empezó a reprimir sus gruñidos. El tic de la ceja de Vegeta se pronunció "En realidad piensa que soy un incivilizado… Esa mujer desquiciada" De la rabia mostró sus dientes. Soltó su ira con su voz áspera — ¡Ahg! ¡No tienes por qué sorprenderte tanto! ¡No soy un ser primitivo como tú crees que soy! — Cruzó los brazos, tratando de guardar su seriedad de nuevo — ¡Hmp! No malinterpretes las cosas. Luego de muchos combates, tenía que asistir a muchas formalidades con algunos de nuestros compradores de planetas. Nunca me han agradado ese tipo de trivialidades, es todo — Dio la vuelta para seguir caminando. La mujer lo siguió, incrédula. Vegeta dirigió sus perlas hacia ella, sin detenerse. Regresó su visión al frente —Las obligaciones de la familia Real iban más allá de las batallas. Las grandes guerras las liderábamos las clases altas, pero la realeza nos dedicábamos a la diplomacia también. Todo aquello no se terminó cuando Freezer me tuvo como su protegido, de cualquier manera me siguió tratando como un príncipe— Endureció el rostro — ¡Ese miserable! — Resopló — Entre Nappa y Raditz siempre me elegía para tratar los asuntos más aburridos luego de las misiones, él siempre cumplía mis caprichos cuando niño, pero después se encargó de darme ciertas misiones para controlarme— Recordó con rencor — El siempre tuvo terror de que yo fuera ese saiyajin legendario, no le convenía entregarme cualquier misión, no deseaba que mi nivel subiera demasiado — Sonrió cínico unos instantes y luego volvió a su rostro duro, un tanto alterado — Ese malnacido… Me estuvo manipulando tanto tiempo…

— Ahora entiendo… Por eso detestas tanto estas cosas… Pensé que simplemente no te agradaba la gente — Trataba de seguirle el paso, la mujer, al guerrero.

— Tsk… Por supuesto que no me agrada nadie. Eso lo hacía más detestable— Llegó al final de las escaleras. La miró desde abajo, con los brazos en el pecho y su expresión dura, esperando que llegue la lenta peliaqua.

Bulma se perdió en sus pensamientos, al verlo ahí abajo. Después de todo él era un príncipe, no como el de algún cuento, pero, lo era. Aunque, aquel príncipe, lo habían dañado demasiado. Se había extrañado, de por qué, a pesar de dirigirse a todos de mala gana, a veces, cuando no insultaba a todo el mundo, tenía algunas palabras refinadas, sin contar esos modos, elegantes y distinguidos, sobre todo presuntuosos, en su porte. Además de qué; ya lo había visto comer como todo un caballero, aquella ocasión, cuando lo arruinó todo ensuciando toda la cocina, pensando que ella lo ignoraba. Miró un punto muerto, la mujer, recordando el baile exótico de salón. Estaba un poco más claro, pero, era demasiado extraño ver de repente alguna amabilidad de su parte, conociendo esa naturaleza, salvaje y animal, desatada. Tal vez era algo que sólo ella estaba conociendo, pero, resultaba bastante simple, pues, con la vida que llevó de sirviente, seguro detestaba ser amable con otros, ya que seguro, la amabilidad, era algo que le ofrecía a Frezzer en su diabólico plan de derrocarlo. Entonces, probablemente, sólo probablemente, su manera de ser, tan creída, malcriada, era debida a esos cambios radicales de vivir, y no sólo de su naturaleza saiyajin. Se desconcentró de la felicidad, ella cada vez conocía más del hombre. Su tacón se resbaló.

Vegeta abrió un poco los ojos, aún con sus cejas inclinadas, y de un movimiento la sujetó. Desvió sus perlas negras, irritado consigo mismo. Sus reflejos lo habían traicionado, la había sujetado sin pensar, él ya había declarado que no la cuidaría. No debía ocurrir de nuevo…

Bulma lo miró pasmada, aún con el corazón latiendo, debido al susto — G…Gra…— Antes de poder decir algo, el guerrero la soltó con indiferencia y siguió su camino. Bulma cayó al suelo de golpe, se sobó con rabia. Volteó enojada — ¡Óyeme tú simio insensible! ¡¿Qué te sucede? — Rabió.

— Hmp ¡Fíjate dónde caes!— Vegeta ni la miró — ¿Quieres darte prisa? Caminas muy lento — Cruzó los brazos, apoyado en la puerta.

— ¡Ugh! Ya decía yo que no podía ser todo tan perfecto ¡Gorila! — Se levantó sacudiendo su vestido. Caminó hasta la salida, con pasos duros. Le sacó la lengua al moreno.

Vegeta rió guturalmente, de manera cínica. Sacarla de quicio era realmente divertido ahora. Se sentía un tanto más relajado al saber, que pronto se iría de ese planeta a entrenar y seguramente pasaría esa mujer al olvido como todas las demás. La siguió, al ver que sacó una cápsula con un automóvil negro dentro. Alzó una ceja — ¿De nuevo en esas máquinas inútiles y aparatosas? — Era algo que le costaba mucho usar, sobre todo cuando Bulma manejaba. Por momentos extrañaba su pequeña nave esférica, tan personal.

— Sí, no llamé a ningún chofer para llevar la limosina, además es de mis más lindos vehículos. Va tan rápido como un turbo — Sonrió, con una chispa en los ojos, la mujer.

El pecho de Vegeta palpitó con furia. Miró al cielo. La luna estaba sin llenar, de un color marrón. Las nubes comenzaban a tocarla. Miró el vehículo. Tiró un quejido, parecido a uno de sus gruñidos, el calor intenso lo recorría. Entró para no ser más afectado. Era una sensación incómoda que no le agradaba, y, ciertamente no deseaba mostrar otra escenita territorial como la del día anterior.

Bulma miró el cielo también, un terrible presentimiento la recorrió, tal vez no era tan buena idea sacarlo de la casa. Tragó saliva conteniendo su temor. Hizo una mueca tratando de sonreír "Espero que esté techado el lugar" Subió al vehículo y lo cerró. Se encaminaron al Hotel.

Bulma, de reojo, trataba de mirar a Vegeta. Volvía sus ojos al camino, con una sonrisa. El hombre estaba simplemente, con un rostro aburrido, apoyado en su mano, observando como el panorama cambiaba caprichosamente. La peliceleste se estacionó violentamente, haciendo que la inercia afectara a ambos. Miró al saiyan que se recuperaba el sobresalto —Mañana en la tarde regresaremos a la Corporación — Mencionó la mujer.

La sorpresa de Vegeta fue obvia a través de su rostro malhumorado. La miró con una ceja en alto — ¿Ahora qué rayos te sucede a ti?

Bulma trató de mantener la calma. Marcó su sonrisa fingida, intentando no iniciar una disputa sin final. Su ceja brincó — ¿Qué dices? Si yo soy muy amable — Lo miró. Vegeta cambió la posición de sus cejas y luego desvió el rostro. Bulma volvió al volante y arrancó de nuevo, salía de su estrecho sitio para continuar — Adelantarnos un día no es demasiado, además así podré ayudar a mi padre con la nave. Esta nueva nave no fue pensada para viajar, aunque tenga los mismos planos, debemos instalar la cama, el refrigerador, el baño ¡Bueno! Muchas cosas, sacrificaré un día de mis vacaciones para ayudar a mi papá… Te dije que yo te ayudaría a fortalecerte — Le dirigió unos instantes sus zafiros, de tal manera que el guerrero, tuvo que mirarlos.

Vegeta regresó sus perlas negras al vidrio, siempre le sorprendía la preocupación y esas atenciones que le regalaba. Su orgullo empezó a carcomerlo, no deseaba agradecerle.

— No tienes por qué preocuparte, lo hago con mucho gusto. Ahora me centraré mucho más en la corporación — Habló la peliaqua por el saiyan. Salió al camino de nuevo.

— ¿Quién dijo que estaba preocupado? — Agregó el príncipe.

Bulma lo miró de reojo y luego regresó sus zafiros al camino — Cierto — Sonrió.

El saiyan resopló. No se acostumbraba del todo a ella, había cosas que eran difíciles de asimilar para él, no siempre eran disputas entre ellos, parecía que le tenía cierta paciencia y le adivinaba los pensamientos. Eso lo irritaba de algún modo. Los ojos de la peliaqua, eran sinceros, brillantes, emanaban toda su seguridad. No creyó que alguien pudiera soportar su comportamiento a tal grado; aunque, a veces, ella le parecía insoportable. La mayoría del tiempo, la mujer, le prestaba una atención que nunca antes había tenido. Usualmente, todos le temían. Él había trabajado demasiado en poner esa fría barrera a su alrededor ¿Cómo podía atravesarla y leerla tan bien? ¿Se había vuelto transparente y débil? ¡Eso no lo podía permitir! Arrugó la frente en un pequeño movimiento. Podía tener un gran carácter que chocaba contra el suyo, pero, ella, también era alegre, animada, amable, a veces, demasiado para lo que él se merecía.

… ¿Por qué… no se da por vencida… como todos los demás?...

Bajó sus perlas, el príncipe, en el negro pavimento; inquieto, por esa tortura.

— ¡Llegamos! — Gritó la mujer, rompiendo ese gran silencio que dejó el hombre.

— Ahg… No tenías por qué gritar — Mencionó enfadado el guerrero, que se había inundado en sus pensamientos. Se consolaba al saber que pronto estaría lejos del planeta.

Bulma miró el cielo, asegurándose que todo estuviera bien. Sonrió al no ver peligro. Debía actuar rápido. De un salto salió del automóvil y corrió hacia la otra puerta. Abrió la portezuela del saiyan y lo sujetó del brazo. Engrosó su voz e hizo una reverencia— Acompáñeme su majestad — Le sonrió traviesa.

Vegeta arrebató su brazo con rudeza. Desvió su cara ocultando sus labios con la mano, eso le había dado cierta gracia, pues era el mismo tono que hacía Nappa cuando se asustaba con él, no sabía si Bulma era la masculina o Nappa el afeminado. Sus cejas temblaron.

— ¿Eh? ¿Qué pasa, Vegeta? ¡¿Te estás riendo? — Bulma se aventó dentro del auto para mirarle el rostro al príncipe — ¡Déjame verte! ¡Déjame verte! ¡Uy! ¡Quita tu manota! — Sin éxito intentaba moverlo.

El guerrero comenzaba a perder los estribos, hasta que finalmente, estalló — ¡Ya basta! ¡Eres una mujer muy insensata! ¡Compórtate como una mujer de tu edad!

ERROR

— ¿De mi edad dices?… ¿Vegeta? — Un aura negra comenzaba a emanar de la peliceleste. Lo agarró del cuello — ¿Pues qué edad crees que tengo? Todavía soy joven y hermosa…

— Hmp — Desvió sus perlas negras, el moreno — Eso no me importa, eres una adulta que se comporta como una mocosa — Alzó una ceja al ver como bajó, tenebrosamente, el rostro, la mujer.

Una sonrisa macabra salió, repentinamente, de la científica. Una gota de sudor bajó por la mejilla del príncipe, tratando de no alarmarse, por esa nueva faceta. Vegeta mostró los dientes, preparado para debatir.

Pura dulzura, salió del rostro de Bulma. Le sonrió amablemente y le besó la mejilla — ¡Gracias! No me negaste que soy joven y hermosa, ahora me doy cuenta de lo loco que estás tú por mí— Bajó del coche, dejando a un príncipe consternado — ¡Vamos! ¡Apresúrate!

"¿Pero qué rayos le sucede? Es una mujer ridícula…" La miró confundido y enfadado — ¿Cuántas veces te tengo que repetir que eso no sucederá? — Bajó tras bufar irritado. Dirigió sus perlas negras al gran edificio. Sintió el pecho palpitar. Antes de mirar el cielo, Bulma, le tapó los ojos y lo dirigió al Hotel.

— ¡Tarán! Este es un gran hotel, especial para la gente refinada como tú— Rió divertida la peliaqua — Es especial para recién casados, según me dijeron ¿No es espectacular? — Lo dejó ver el gran edificio.

"¿Recién casados?" El hombre visualizó el lugar "De nuevo ese término…"

El gran salón, conducía a una alfombra roja. La gran araña del techo, iluminaba todo el lugar, con un color suave. Invitados, con trajes tropicales pero elegantes, llenaban el edificio. Al entrar, dos empleadas, les colocaron a ambos, unos collares de flores.

Vegeta alzó la ceja, no sólo estaba incómodo, estaba harto. Veía sabandijas por doquier. Quería salir inmediatamente de ahí. Dio la vuelta, para irse, ni la curiosidad para averiguar qué significaba esa palabra en la tierra, podía ser tan fuerte como para quedarse ahí.

— ¡Bulma! — Una voz chillona atravesó el cráneo del hombre.

Vegeta volteó impresionado de que existiera un pitido más agudo que el de la peliaqua.

— ¡Sanda! — Correspondió la científica, con un par de besos en cada mejilla para saludar a la castaña.

— Que bueno que llegaste— La de ojos verdes se percató del moreno — ¿Y quién es ese bombón? ¿Es tu novio?

— Sí.

— No.

ERROR

Ambos se miraron las caras. Desviaron sus rostros incómodos.

La castaña parpadeó. Sonrió divertida.

Bulma dirigió, de reojo, sus zafiros a Vegeta. Se volteó llevándoselo con ella — ¿Puedes fingir aunque sea un poco? Aquí soy una imagen pública, y ¡Sin mi reputación! mi riqueza se irá abajo y adiós cámara de gravedad — Susurró de un codazo.

Vegeta resopló debido al chantaje, él ignoraba lo que significaba la palabra novio. Sin decir ni una palabra, el saiyan, se fue directo al buffet que humeaba en una mesa. Al menos comería antes de escapar. No comprendía cuál era el afán de meterlo en un lugar donde sus instintos asesinos estaban a la orden. A esa mujer, definitivamente, le gustaba el peligro.

Bulma suspiró y regresó con la castaña — Discúlpalo, es algo tímido— Frunció las cejas y cruzó los brazos bajo el busto — Se cree demasiado por ser de sangre real.

FATAL ERROR

Bulma tapó sus labios. Las esmeraldas de la castaña brillaron — ¡Es cierto ese rumor! ¡Tú estás engañando al beisbolista con un duque!

— ¿Engañarlo dices? No, no, eso sí es un error, yo lo dejé hace mucho y él, bueno, no es un duque… — Las fuerzas se le iban a la científica — Lo que quiero decir es que…— Ya no sabía cómo continuar con su pequeño juego, se le iba de las manos. Apretó su cartera con preocupación.

— ¡No te preocupes Bulma! ¡Lo entiendo muy bien! — La castaña guiñó un ojo — ¡Su amor es secreto! ¡Qué romántico! — Agarró a su compañera de negocios por el brazo — Escucha lo que vamos a hacer…

Los ojos de Bulma fueron creciendo, cómplices del murmullo de la castaña en su oído. Su idea, no estaba tan mal


NOTAS FINALES DEL CAPÍTULO

(Aparecen imágenes del próximo capítulo al puro estilo DBZ)

Mirai Trunks: Eh... Hola... Todo el equipo lamenta lo ocurrido en el capítulo anterior con la esposa del señor Goku y... mi madre... Personalmente quiero disculparme por ella, ella es... Una mujer de un gran carácter. Mi padre sigue buscando desesperadamente al señor Goku y él... Bueno, nadie sabe donde se metió, pero esperamos pronto regresen para continuar con sus trabajos. Bueno yo... Yo no vine del futuro para esto, pero espero se la estén pasando tan bien como yo, estoy ansioso por saber bajo que condiciones nací. Mi madre dice que no me ilusione pero...

Vegeta: Ahg ya cállate todo eso no es interesante.

Mirai Trunks: ¡Papá! Digo... ¡Señor Vegeta!

Vegeta: Ya, sólo di tus líneas.

Mirai Trunks: ¡S-Sí Señor! ¡Próximo episodio: Movimientos IV! ¡No se lo pierdan! Será muy divertido ¿Verdad Señor Vegeta?

Vegeta: Hmp... Que estupidez...