Lemonale dice:
Ya me dieron nota de cuándo llegan los androides, es el 12 de mayo, así que es agregado a mis cuentas :3
Capitulo 26
Movimientos IV
Movimientos IV
Cuerpo Celestial
Bulma sostuvo su mirada en el saiyajin. Estaba el hombre ahí, apoyado en una pared. Lejano a todos, con una copa en la mano. Había declarado que le gustaba fastidiar, que ella era atractiva al mostrar su fuerte actitud, que lo distraía y que no podía matarla. Un sanguinario del combate, un villano despiadado ahí, en medio de tanta gente, sin lanzar bolas de energías, sin amenazar directamente a los demás humanos que consideraba insectos. Sólo estaba calmado, con esa expresión dura, harto, incómodo y aburrido. No sólo él era una fiera, la peliceleste, ya se sentía también como una. Bulma sonrió, ella se iba a encargar de que no se aburriera.
La peliaqua se acercó hacia el hombre, dispuesta a entretenerlo. Se apoyó en la pared junto con él, con los ojos cerrados y la barbilla ligeramente pegada al cuello. Volteó hacia él — ¿Quieres regresar?
Vegeta, confundido, la miró. Mantuvo su mirada ruda — ¿Qué quieres decir?
— Sólo digo… Que si quieres regresar, no te obligo a quedarte — Sonrió la peliaqua.
Incrédulo, el saiyajin alzó una ceja — ¿Lo dices en serio? — Volvió a fruncir el ceño — Por supuesto que voy a regresar, aquí todo está lleno de gusanos.
— Bueno… Está bien… Pero si te vas no verás las habitaciones especiales para recién casados — Miró la peliaqua uno de los anillos de su mano. Posó de reojo, sus zafiros, al saiyajin.
Vegeta se detuvo, con la espalda dando a la mujer, dirigió sus perlas hacia ella. Regresó la mirada al frente. Comenzó a caminar de nuevo.
Bulma abrió los ojos, empezó a caminar tras él.
El hombre comenzaba a irritarse. Volteó su rostro enfurecido — ¡¿Pero qué rayos estás haciendo?
La gente, la música, el hotel entero; se detuvieron al oír el grito. Los miraron.
Vegeta apretó los dientes. No le agradaba que lo sacaran de sus casillas frente a esos insectos, y por supuesto, ante nadie. Guardó la compostura, regresando a una pose más suave. Se volteó y siguió caminando, volviendo a una fría seriedad.
La música prosiguió y todos regresaron a lo suyo, entre risas y copas tintineantes.
Bulma siguió detrás de él, sus pasos aumentaron su velocidad hasta quedar enfrente del saiyajin. Caminó de espaldas para poder mirarle el rostro. Vegeta desvió sus perlas con desdén. Bulma lo observó detenidamente. Sonrió — ¿Sabes, Vegeta? Te ves muy galante con traje — Los pies de la mujer se detuvieron, obligando al hombre detenerse también por unos instantes, antes de rodearla y continuar su camino hacia la salida. Bulma lo miró desde ahí, ambos de espaldas — No sabes lo mucho que me enciende… — Susurró traviesa y sensual.
Vegeta paró, sonrió medianamente. Se volteó para mirarla con lujuria. Sus ojos chocaron, se miraron con ese gran fuego perverso, cómplices de sus instintos — Dime… ¿Qué estás planeando ahora, humana? — Habló grave el príncipe.
Bulma se volteó para mirarlo bien. Se acercó felinamente, hasta acariciarle el pecho, sus zafiros siguieron su mano y luego subieron al rostro del moreno. Sonrió con picardía. Gracias a los tacones, sus alturas eran exactas. Posó sus labios rojos, cerca del oído del guerrero — ¿Qué tal si… estrenamos los nuevos cuartos?
Vegeta tiró un resoplido con su sonrisa arrogante en el rostro. Fugarse del desagradable evento, y además, tener sexo con esa humana, era más que tentador — Muy bien. Te escucho — Reafirmó.
Bulma lo miró, sabía algo de Vegeta, y es que no podía decirle no a una buena ocasión para tener una relación sexual, y ella… tampoco — La hija del dueño nos reservó el mejor cuarto del lugar. Ella piensa que eres de la realeza, y que lo nuestro es un secreto.
Vegeta alzó una ceja con indignación— ¿De qué demonios hablas? Soy el príncipe de los saiyajin y lo que tenemos es un secreto — Confirmó un tanto irritado. Dirigió sus perlas hacia la castaña que conversaba alegremente — Que terrícola más entrometida… — Regresó sus perlas a Bulma, y luego volvió su rostro hacia ella.
— Bueno… Yo no diría que es tan secreto… — La mujer desvió los ojos un tanto nerviosa.
Vegeta abrió los ojos, tanto, como le permitió su usual expresión — ¿Qué dices? — Empezaba a perder la calma, la miró desafiante — Dime, cuál de esas otras sabandijas lo sabe.
— Pues… — Los zafiros de Bulma rodaron por el techo — Todo el medio empresarial…
Vegeta, confundido, alzó una ceja — ¿Todo el medio empresarial dices? Supongo es el medio en el que te mueves en la compra-venta de tecnología — Endureció su expresión — ¿Y a mí eso qué me importa? Yo hablaba de esas sabandijas que llamas amigos.
Bulma parpadeó — ¿Te avergüenza que lo sepan ellos?
El príncipe torció los labios. Él no quería que aquellos insectos, ni el granuja, pensaran que él tuviera alguna debilidad. Bulma no podía ser una debilidad, aún no podía asimilar que terminara en ese desliz con una mujer terrícola. Recordó que pronto se iría del planeta. Desvió sus perlas negras — No, no me avergüenza; pero preferiría que no lo sepan. Nosotros sólo mantenemos relaciones sexuales, no es como si fueras mi pareja, o mi compañera. No estamos casados.
Helada, se quedó la científica al oír esas palabras — Dime Vegeta ¿Los saiyajin se casan?
Vegeta regresó sus perlas a la mujer, extrañado por su interés. Él también le había dado vueltas el asunto — No estoy seguro que signifique lo mismo aquí en la tierra — Trató de seguir indiferente al respecto.
— ¿Qué? ¿Por qué lo dices? — Bulma se movió un poco, tratando de buscar privacidad. Jaló al hombre a un rincón para mirarle las perlas negras.
Vegeta se consternó por la confianza que esa mujer ya le tenía. Frunció el ceño nuevamente — La boda, ese ridícula costumbre humana a la que me arrastraste. No se parece en nada a lo que yo conozco como casarse, he visto muchas costumbres, pero la suya ha sido la más inútil y aparatosa, llena de cuestiones bastante inciertas y poco probables.
Bulma enmudeció, ¿Había prestado atención? Todo el tiempo, en aquella fiesta, parecía tan distante y aburrido. Era cierto que él era un sujeto observador, pero, nunca pensó que a tal grado se interesaría por algo así. Tal vez empezaba a interesarle un poco la tierra. Bulma lo miró, tratando de entender sus palabras — ¿Por qué dices eso?
Vegeta dio un suspiro de enfado. Caminó hasta uno de los pasillos del hotel, donde la música no le entorpecía las palabras. Tenía los brazos cruzados. Se apoyó en la pared del pasillo — ¿Por qué te interesa? — Añadió con hostilidad.
— Considérame una mujer curiosa — Trató de sonreír abiertamente, la peliaqua, logrando una decisión en el rostro. Se acercó hacia el moreno — Soy una científica, saber de sus costumbres es muy interesante para mí.
— Hmph… — Vegeta sonrió de medio lado — Está bien, te entiendo — Endureció su rostro, entre las sombras del pasillo — Los guerreros de clases altas contraían pareja para continuar con la línea de posición social. Tener un vástago de clase baja era un deshonor. Los enviaban desde infantes a planetas como este, justo como pasó con Kakaroto. Las clases bajas que regresaban al planeta, podían hacer lo que quisieran con el resto de sus congéneres. La realeza no. Las clases altas solían contraer acuerdos, buscaban la manera de que su gran fortaleza siguiera vigente por el largo de las generaciones. Ser de clase alta, no sólo es un orgullo, era una gran responsabilidad — Vegeta recordó por unos instantes a su padre, en sus palabras — Mi planeta fue destruido antes de que encontraran la pareja adecuada para continuar con la estirpe Real. Hmmh… No sabes el favor que me hicieron… Yo no iba a ser tan honorable como todos los habitantes del planeta creyeron que fue mi padre, probablemente hubiera sido igual de tirano que Freezer, ahora que lo pienso. Nunca estuve interesado en el título de Rey, sólo quería luchar para alimentar mis instintos asesinos— Mencionó incomprensivo de sí mismo. Lo que fue de niño, fue cambiando a lo largo del tiempo, observando, alrededor, a todas esas criaturas, que no eran él.
Bulma escuchó atentamente el saiyajin, el aura de misterio que emanaba era cautivante y a la vez, le causaba un escalofrío — Quieres decir, que simplemente era para la propagación de su raza…
Vegeta la miró con arrogancia — La realeza no podía dignarse a estar con cualquier pareja — Bulma sintió la flecha atravesarle — Los beneficios de las clases altas sobre las bajas eran claros. Después de que mi padre eliminó a los Tsufurujin, las clases altas formaron un papel importante en la sociedad del planeta Vejita. La diplomacia fue algo imprescindible en los tratos interplanetarios. No había promesas absurdas, ni palabras innecesarias. La posesión de una pareja era un emblema de distinción, un o una saiyajin casado o casada, indicaba su alta posición y gran rango en la lucha. Las clases bajas no tenían el honor de casarse, sin embargo, algunos se establecían con parejas permanentes ¿No es cómico? — Sonrió cínico.
El ceño de la científica temblaba de frustración — ¿Cómico? Por supuesto que no le encuentro la gracia que tú le buscas, Vegeta — Sonrió, con las manos en las caderas — Me alegro de no haber sido una saiyajin, no me gustaría que me etiquetaran de esa manera. Por lo menos las clases bajas tenían la opción de amar.
— No son muy diferentes — Sonrió frío — La boda que presencié parecía de dos humanos con rangos similares, rangos terrícolas. Pero con todo un montículo inútil de costumbres absurdas. No son más que simples hábitos que no les encuentro sentido. El contrato debería simple y sincero. Esa mujer insípida, vestida de blanco, prometió regalarle su virginidad, con tres meses de embarazo, pude sentir perfectamente el ki del mocoso formándose...
— ¿No te hubiera gustado ser de clase baja, Vegeta? — El hombre trató de contener su sobresalto y su indignación. Bulma se apoyó cerca de él. Miró a los invitados del Hotel, que bailaban felices en la pista — Piénsalo bien, no estaban tan mal, siempre luchaban por ahí, sin todas esas responsabilidades de las que estás tan orgulloso. Eran libres de hacer lo que querían, de estar con quien querían. Incluso elegían a alguien para compartir sus vidas. Lo que dices, no es tan alejado a la tierra. Parece que los saiyajin sabían lo que es el amor, me parece muy romántico.
— ¡Ahg! Que impertinente… Yo nunca fui parte de mis propias costumbres natales, en cualquier caso estuve sujeto a los hábitos de Freezer, que por mucho que deteste al infeliz, tenía un sistema libre de sentimentalismo estorbosos — Gruñó el hombre, apartando el rostro, recordaba sus días en la nave — Mi propio padre era quién esperaba que yo continuara el legado de la familia Real, me contaba historias acerca de lo que ocurría en el planeta y de lo que tenía que hacer en algún momento. El imbécil también creyó que sería el saiyajin legendario que derrotaría a Freezer y sin embargo, me entregó a él— "Tsk… ¡Maldición! Esta humana fastidiosa…" Tensó los puños el saiyajin.
Bulma miró las manos de Vegeta. Apartó la mirada, en un silencio incómodo pero corto. Bulma abrió los ojos y con una sonrisa rompió el hielo — ¡Ya sé! Antes de tomar la habitación que me ofreció Sanda, vamos a la feria que organiza la gente del pueblo ¿Qué dices?
Vegeta se consternó. Volteó hacia la científica — ¿Feria? ¿Ahora de qué rayos estás hablando?
— Te he traído a eventos aburridos de las que ya estás muy acostumbrado. Mi intención desde el principio era que te divirtieras un poco… ¿Qué tal? ¿Verdad que soy muy amable? ¡Iré a avisarle a Sanda para que me de la llave de la habitación! ¡Será muy divertido! ¡Quédate aquí! ¡No te muevas! — Le besó la mejilla al hombre.
El príncipe se limpió con su rudo puño, mirando a la humana con desprecio; detestaba que hiciera eso. Al menos ahora, era más discreta. Vegeta miró el suelo, había hablado demasiado. Él se proponía siempre a olvidar ese pasado, pero era imposible. Sin ese pasado, no tenía nada. Miró a Bulma que hablaba entre risas con la castaña. Desvió los ojos ¿Qué estaba pensando? ¡Era imposible! Ella no era nada, sólo no podía matarla, era atractiva, era agresiva, era fuerte… ¡Pero nada más! Dentro de poco se alejaría lo suficiente para olvidarla, para que todo tomara de nuevo su ritmo. Necesitaba alejarse lo más pronto posible, tal vez, sin verla, sin oírla, sin saber de su cercanía, volvería todo a la normalidad. Él lo necesitaba, él debía continuar siendo el villano despiadado que era, no podía rebajarse a ser un débil cualquiera, tener algo tan vacío como una pareja, a la cual no le podría ofrecer nada, no era un buen plan. Lo importante era matar a Kakaroto, recuperar su honor, demostrar que él era el príncipe de los saiyajin, el guerrero más fuerte y poderoso del universo. Su sangre hirvió, la adrenalina de pelear le borboteaba por todo el cuerpo. Un palpitar en el pecho lo perturbó. Miró una de los grandes ventanales del pasillo, el cielo estaba nublado, lucía de un brillo dorado. Las nubes anaranjadas no le permitían ver la luna. El moreno hizo una mueca.
Bulma llegó, sorprendiendo al hombre. Lo tomó del brazo — Está todo arreglado, aunque no comprendo por qué me hizo tantas preguntas, por supuesto que no le contesté… — Se detuvo al ver al guerrero. Fijó sus zafiros a la ventana — ¿De nuevo esas nubes? Pero lucen diferentes… — Una chispa encendió el pensamiento de la científica — ¡Vegeta! ¿Estás bien? Contéstame…
El moreno bajó los ojos hacia la peliceleste. Le regaló una media sonrisa — ¿Piensas que algo así me podría afectar de nuevo? No seas ridícula…
Bulma se sonrojó — Pensé que tendría que lidiar con ese mono salvaje territorial…
Vegeta volvió al cielo. Hizo una mueca — Hmmh… — Bulma lo sacó de su trance con un beso en el cuello.
El príncipe la miró, cautivado por el aroma que despedía la mujer. Era una criatura extraña, sensual, casi mitológica. Nunca pensó estar tan confundido por una criatura de una raza como los humanos. Parecían tan insignificantes, eran inofensivos, débiles, pura basura de baja categoría, ¿Cómo una mujer de esa especie lo podía turbar de esa manera? Al gran príncipe de una raza tan superior, como creía era la suya. Ella era irreal, dentro de sus comportamientos, lo hacía olvidarse de cualquier cosa. Exactamente como su pasión por la guerra, por la batalla, Bulma, le encendía el fuego de su sangre. En puro silencio siguió a esa criatura, pensativo, dentro de su oscura mente. Trataba de entender, por qué su piel era piel con ella, por qué sus manos podían sostenerla con delicadeza ¿Por qué no podía matarla? Esa era la duda más grande dentro de él, esa incógnita sin resolver. Si tan sólo hubiera deseado satisfacer sus deseos carnales, él, lo hubiera hecho desde el principio; pero, no fue él quien la obligó, ella misma se ofreció a sus brazos con irresponsabilidad. Tantas mujeres, intentaron lo mismo, y fueron olvidadas fácilmente, ¿Por qué ésta le estaba costando tanto trabajo? ¿Qué tenía? ¿Qué podía hacerla tan especial? Esos mismos pensamientos, lo volvieron a incomodar. Llevaba tanto tiempo buscando una respuesta, que ya no sabía si la podría hallar. Al salir del auto negro, el hombre miró a su alrededor. La mujer le hablaba, de cosas tan pequeñas, tan tontas, a las que le contestaba con monosílabos. Se veía tan ligera, tan contenta con su presencia. Reía y se iluminaba como una estrella. Detrás de esa belleza exterior que la cubría, su luz, lo iluminaba. El hombre desvió los ojos, dándose cuenta de la manera en que no dejaba de observarla. Compararla con una estrella, era ridículo, estaba embrujado. La belleza de las constelaciones, en sus tantos viajes, eran las únicas partículas incandescentes que lo embelesaban. A veces deseaba no cerrar los ojos, para perderse en el necesario sueño, tan sólo para mirarlas. Era una tontería, que Bulma, pudiera ser comparada con esa calma, que le ofrecía el cielo estrellado. Estaba seguro que alejarse sería la cura para su mal.
La mujer se agachó para ver una de las tantas curiosidades — Mira se parece a ti — Rió mostrándole al guerrero el pequeño peluche, de un monito, con cara enojada. El pequeño juguete tenía una vena hinchada.
Vegeta alzó una ceja y desde su pose arrogante observó el curioso peluche — ¡¿En qué puede parecerse a mí un objeto tan estúpido? Que deshonra… Es un Ozaru muy poco amenazador.
— No es un Ozaru, sólo es un mono refunfuñón — Picó, al muñeco, la mujer, de tal forma que logró que las perlas negras del moreno la miraran un instante— ¡Lo voy a comprar! — La científica sacó de su cartera las monedas para pagar el juguete. Lo miró alegre — ¿No es lindo?
La vena, de la frente de Vegeta, apareció, logrando el perfecto parecido al juguete "¿Lindo? ¿Insinúa que me parezco a un objeto lindo? Esta humana debe estar bromeando…" Apretó su gruñido entre sus dientes. Bajó para agarrar otro de los peluches, una media luna de color celeste, con rostro eufórico, que al apretarla, chilló. Sonrió medianamente al escuchar el fastidioso sonido, que para él, era insoportable — Entonces tú serías algo así — Le mostró el pequeño juguete, pensando que eso sería un insulto. Sonrió, ingenuamente, con maldad.
— ¡¿En serio? Vegeta es adorable… No pensé que me veías de esa manera ¡También la compraré! — Ilusionada, la peliceleste pagó el peluche.
"¿Qué dice?...¿Adorable?" — ¡Oye esa no fue mi intención, mocosa estúpida! ¡Ahg! ¡No me malinterpretes, lo que quise decir que eres así de molesta! — Rugió el hombre, con los puños apretados.
— ¿Molesta? — Miró la científica el adorable y esponjoso juguete. Lo apretó — Pero si es divino… — Sonrió alegre.
Otra vena en la frente del guerrero apareció — ¡Ahg! Es inútil contigo — Empezó a caminar, dejándola atrás.
— ¡Ey, Vegeta! ¡No dejes atrás a una dama!... ¡Simio maleducado! — Reaccionó la científica. Caminó a las espaldas del hombre, recobrando su sonrisa estúpida, al ver la luna de color azul celeste. Metió ambos juguetes, dentro de su bolsa.
Vegeta miraba a todas esas sabandijas terrícolas alrededor, que los observaban — Tsk… Bulma, explícame en este instante ¿Por qué rayos esos insectos no dejan de vernos? Me tienen harto… No soporto este lugar, hay gusanos por doquier — Refunfuñó a punto de perder los estribos, sus manos comenzaban a sacar energía.
— ¡Ah! — La mujer miró su ropa elegante — Cierto, ellos lo que están viendo es la ropa… ¿Qué tal si compramos algo en uno de los puestos?... Y nos cambiamos entre las palmeras — Lo miró con sus ojos afilados.
Vegeta formó su sonrisa arrogante, con los ojos cerrados. Volteó para mirarla. Se detuvo, sus manos se tranquilizaron — ¿Qué tal si tú lo haces y yo te observo?
— Tenías que ser tú, simio pervertido… — Le dedicó una sonrisa, la mujer, cómplice de la picardía — Sólo por eso me quedaré así, tendrás que soportar que todos nos vean…— Sus zafiros se encontraron con un tumulto de gente — ¡Mira! ¡Están presentando un espectáculo callejero! — Caminó hacia el frente, dejando al guerrero colgado.
Vegeta apretó el puño. Agarró a la mujer del brazo, y de un jalón, la empujó junto con él, entre la vegetación de un lado. Bulma cayó al suelo, sintió el cuerpo del saiyajin sobre ella — ¡¿Vegeta? ¿Qué sucede contigo? — Miró el rostro del moreno, frente al de ella. Se veía sensual, con hambre, salvaje. Los ojos de Vegeta, eran esas breas ardientes brillando en la oscuridad.
El hombre comenzó a besarle el cuello, subió al lóbulo de la mujer — Estoy cansado de todas tus absurdas insinuaciones… No puedo esperar más… Estoy cansado de tus juegos…
¿Se había sobrepasado de nuevo? Bulma sintió su sexo palpitar, un calor recorrerla hasta el pecho. Su respiración se agitó, soltó su cartera y la bolsa que traía encima — Vegeta… Estamos en… — La mano del hombre pasaba por sus senos, encima de la ropa. El corazón de la peliceleste comenzó a latir con furia. La adrenalina la consumió en una excitación — Déjame besarte… Sólo un beso Vegeta… — Los labios de la mujer buscaron los labios del saiyan. Sintió la mano del hombre, dentro de su ropa interior. Jadeó perdiendo la boca, del moreno, en la inmensidad de su placer espontáneo.
— Cállate, no quiero oírte sino es para gemir — Vegeta le mordió el cuello.
La lucha de poderes comenzó. Bulma bajó su mano para acariciar, encima del pantalón, el miembro endurecido de Vegeta — Entonces, gime conmigo… Su majestad…— Entre caricias y toqueteos… ambos se miraban con las bocas entreabiertas, con las lenguas sedientas de ellos mismos. Vegeta jaló el vestido de la mujer, hasta su cintura. Se quitó el saco. Bulma lo ayudaba, fugazmente con el cinturón, el terror de ser encontrados ahí, cerca de un lugar tan infestado, le había invocado un terrible miedo, pero ya no podía detenerse — Vegeta… Esto no está bien… — Sus manos seguían desnudándolo.
— No siento ninguna presencia cercana, todos están viendo ese estúpido espectáculo — El rostro de Vegeta tenía dibujada una sonrisa perversa. Pasó su virilidad por el sexo de la mujer. Bulma gimió dulcemente, como toda una dama, ensuciándose en la tierra.
— Hazlo rápido simio imbécil… — Perdía la razón, la mujer; y a Vegeta, eso le encantaba. Los brazos de Bulma abrazaron con agresividad al hombre, obligándolo a penetrarla. No podía esperar más, lo necesitaba. Tiró un gemido al cielo. Vegeta le tapó, a la científica, los labios con una mano — Rayos… Bulma… Te dije que gimieras pero no tanto… — Gruñó en un susurro.
Bulma asintió, debido a que la mano del hombre, la tenía callada. Tenía el sonrojo en las mejillas, y la respiración en constante agitación.
Vegeta, como una chispa en su cabeza, sintió dos presencias acercarse — Mierda… — La escena no sería bien vista de ninguna manera, tenía el sello de una violación por todas partes. Bulma le mordió la mano al notar que se detuvo. Vegeta, quitó su mano — ¡Ahg! ¡¿Por qué rayos me mordiste? Humana insulsa… — Reclamó.
— ¡Mira papá! Por aquí podremos ver el espectáculo
La pareja se alertó al escuchar la dulce voz de un niño inocente. Quedaron de piedra. Con toda la velocidad de un experto en las artes marciales, Vegeta, se ajustó las ropas. Bulma buscaba sin éxito su ropa interior. La encontró en un pequeño arbusto, intentó jalarlo con todas sus fuerzas, debido al pánico, pero la tela se había atorado en las ramas — ¡Vegeta ayúdame!
— Mira hijo, alguien se le ocurrió la misma idea
Escucharon la voz del mayor acercarse. Vegeta, con el ceño sobresaltado agarró las pantaletas y la arrancó para esconderla en su bolsillo, sin notar que un pedacito de tela roja, con un moño, se había quedado ahí. Bulma se paró para ajustarse el vestido y se acomodó el cabello para fingir inocencia.
El guerrero desvió su rostro hacia el otro lado — Tsk… Malditos insectos… Hmph… no podían ser más inoportunos… — Arrugó el entrecejo.
— Buenas noches — Habló un hombre de complexión media, con el pequeño niño agarrado de su mano. Bulma hizo una reverencia ante el saludo; Vegeta no. El desconocido sonrió amable — Espero no les moleste ver el espectáculo con nosotros, mi hijo lo estaba esperando — El pequeño sonrió.
— No, no, adelante, nosotros ya nos íbamos — Rió nerviosa la peliceleste. El movimiento de su cabeza hizo que se cayera un poco de pasto. Agarró su cartera y la bolsa con sus peluches — ¿Verdad, Vegeta?
— Hmph — Rechistó el saiyan, irritado. Volvió sus ojos al frente para irse. La pareja empezó a caminar para huir sigilosamente, cuando la voz del hombre los detuvo en seco.
— ¿Qué, pero qué es esto? ¡No puede ser! Esto es…
— ¿Qué es, papá?
— ¿Eh? Nada hijo, basura, de algunos cerdos…
Vegeta y Bulma se congelaron. El moreno buscó la prenda dentro de su bolsillo y le mostró a la horrorizada mujer los retazos de lo que antes era su tanga. Ocultó la mitad de su rostro, el saiyan, y comenzó a caminar con más velocidad. La científica se sonrojó de tal modo que parecía una amapola. Ambos salieron de ahí.
Bulma se ocultó más allá de la vegetación tropical. Se volteó hacia Vegeta — ¡Gorila pervertido! ¡Dijiste que no sentías ninguna presencia! — Se volteó para apoyarse en una palmera para sollozar amargamente — Que vergüenza… Ese hombre debe pensar que somos unos depravados… Qué suerte que fue él y no el niño, me hubiera sentido mucho peor… Ya no soy una adolescente rebelde… ¿Cómo fue que pasó? Ay no…
Una risa gutural salió del guerrero.
Bulma, sorprendida, se volteó con rapidez. Frunció el ceño, luego de recobrarse — ¿Qué es lo que te parece tan divertido?
La carcajada villana de Vegeta lo absorbió. Se sentó al pasto, con su rostro cínico — Que tú y yo somos unos depravados… Es una verdad absoluta, deberías aceptarlo — Posó sus brazos detrás de su cabeza para recostarse. La sonrisa de medio lado era un tanto más larga — Hmph…— Resopló divertido — Que mal… Me hubiera gustado ver la cara del hombre al ver tu linda y roja ropa interior. Ese gusano insignificante seguramente dirá: Ese hombre tiene una mujer muy candente, no como la mía — Siguió riendo.
Bulma quedó impresionada. Analizaba cada palabra que oía de aquel hombre, como si el sistema operativo, de su cerebro, tuviera virus. Primero, no podía creer que estaba escuchando su risa, aunque sonara villana y tenebrosa, era su carcajada, y era la primera vez que la oía sin tener que oír uno de sus discursos de la dominación universal, como la primera vez que bajó a la tierra. Además ¡¿Qué acababa de oír? ¿Estaba soñando? ¿Que era la mujer de Vegeta? Al menos ya no era hembra, parecía una mejora, pero ¿Cómo? Y, no sólo era ese pequeño detalle, sino qué, la consideraba ardiente. Sí. Ya se lo había dicho antes; pero, no fuera de la relación sexual, ¿Acaso estaba orgulloso de su acto vandálico? No lo podía creer aún. El sistema operativo de su cerebro seguía congelado.
— Oye… ¿A ti qué demonios te pasa? No me digas que te perturba tanto ese insignificante incidente, ese hombre no es más que una sabandija más, qué te va a importar lo que piense de ti — Masculló, el moreno, al ver que la mujer se quedó paralizada.
Bulma sacudió su rostro para reaccionar — ¡¿QUÉ? ¡¿Qué no me va a importar? Tú sí que eres un tipo muy enfermo, lo que hicimos es un delito aquí en la tierra y debería serlo en todo el universo — Se abalanzó sobre el moreno — ¡¿Y a ti te causa gracia? ¡Y no cualquier gracia, te ríes como un maniático por algo así! De verdad que no comprendo tu humor… —Las fuerzas de la peliceleste se le iban. Suspiró — Tanto para escucharte reír y te ríes con algo así, que decepción… De esa manera no te oiré reír como un sujeto normal ¡Tarado!
Vegeta la miró consternado — ¿En serio estabas esperando oírme reír? — Recuperó un poco su tono — ¿No eran otra de tus tonterías? — Endureció el rostro de nuevo — ¡Hmph! No pierdas tu tiempo en tonterías. Puedes ser bastante ingenua, mocosa terrícola, a mí que me va a importar sus tontas leyes, no digas locuras.
Bulma sollozó, bailaba una lágrima de cocodrilo en el ojo izquierdo — ¡Simio tonto!
Vegeta alzo la ceja. Desvió sus perlas negras al cielo, que comenzaba a despejarse. Miró una estrella fugaz pasar. Los orbes negros, de sus ojos, brillaron — La tonta serás tú… Eres tú la que está enamorada…— Susurró.
NOTAS FINALES DEL CAPÍTULO
(Aparecen imágenes del próximo capítulo al puro estilo DBZ)
Goku: ¡Hola! ¡Soy Goku! ¡Transmitiendo desde el planeta de Kaiosama! ¡Aquí Vegeta no me encontrará!
Kaiosama: ¡Goku! ¡Déjame decir algo, anda, déjame decir algo!
Goku: ¿Eh? ¡Claro Kaiosama! ¿Qué quiere decir?
Kaiosama: ¡Les contaré uno de mis famosos chistes!
Goku: ¿Qué? ¿Uno de sus chistes...? E... Está bien Kaiosama...
Kaiosama: (Aguantándose la risa) ¿Qué tipo de pantalones usa Vegeta?
Goku: ¿Qué, qué tipo de panta...? No, pues, no sé, siempre les he visto los mismos...
Kaiosama: (Explota de risa) ¡PUES LOS SAIYAJEANS! (Ríe sin control)
Goku: (silencio)
Kaiosama: (Para de reír. Serio) ¿Qué? ¿No te pareció gracioso mi chiste?
Goku: ¿Eh? ¿Ya terminó? ¡Ahhhhhhhhhhhhhh! ¡Sí! ¡Los saiyajeans! (Ríe forzado) ¡Claro! ¡Es muy gracioso! (Continúa riendo)
Kaiosama: ¡Sí verdad! ¡Es que soy el mejor! (Ríe) ¡Ahora contaré otro! ¿Si Kayo Ken, cayó Barbie? (Ríe) Espera, espera, sé otro, sí hay...
(Se corta la transmisión. Aparece Goku nockeado con un letrero que dice: Problemas Técnicos)
