Lemonale dice:
Helen, SasuHina4ever el Kaio es el Kaoi, se debería pero "Kaiar" jajajaajaXD (ok, soy igual de mala que él, seguro me entrena XDUu) muchísimas gracias por seguirme, y a todos los demás, no crean que no estoy pendiente solo por el otro sitio, pero me consume tiempo estar subiendo los capítulos. aquí y en el otro sitio :3 Pronto las actualizaciones serán bastante lentas, pero dejaré mi twitter cuando eso pase para evitarnos tragos amargos jajaja muchos saludos y besos de su querida Lemonale :3
Capitulo 27
Movimientos V
Príncipe Alfa
Subían en un gran elevador del hotel, era de un vidrio denso, el cielo y la ciudad, a través de él, se mezclaban en luces de colores. La promesa de poseer el cuerpo de Bulma estaba cercana. Vegeta la miró, apoyado en el vidrio grueso, a espaldas del panorama. Había seguido a esa terrícola todo el día, la había observado como nunca la había observado. La contemplaba, como si la conociera por primera vez. Bulma tenía los ojos en las luces de la ciudad, que pasaban como un escáner en sus zafiros, en su vestido, en su piel. Era como una niña pequeña que acababan de cumplirle todos sus caprichos, una ninfa traviesa, satisfecha, plena, con su presencia. La peliceleste se percató de la mirada azabache del moreno. Vegeta bajó sus perlas, incómodo. Bulma sonrió y regresó sus zafiros a la hermosa vista. La ciudad era un cuadro, que se deslizaba hacia abajo, alejándose de sus pies. Los brazos del moreno, cruzados sobre el pecho, palpitaron. Vegeta se turbó unos instantes. Subió su mirada a la luna, que brillaba marrón, tan grande como un monstruo. El elevador marcaba el piso 34; se detuvo.
Bulma, viró el rostro hacia la salida. Esperó que la puerta se deslice hacia los lados, dio unos cuantos pasos, cuando notó, que Vegeta seguía congelado en el rincón del elevador. La científica volteó.
Primer palpitar
El pecho del saiyajin se volvió una caja hueca y temblorosa. La hipnótica luna, estaba reflejada en los orbes dilatados del príncipe. Entreabrió los labios, mostrando sus dientes.
Segundo palpitar
Bulma se paralizó. El elevador cerró la puerta en espera de una nueva orden. Vegeta, fundía sus carnes en una furiosa lava dentro de sus venas. Su pecho se volvió un tambor que retumbaba sin cesar. Su mandíbula crujía.
Tercer palpitar
La mano de Bulma quedó suspendida en el aire. La cola erizada de Vegeta resurgió. Era una vaina peluda, con vida propia.
Cuarto palpitar
Bulma apretó todos los botones del elevador. La desesperación emanaba en el sudor de su frente. Cinco, diez, catorce botones. Rápidos; explotando debajo de sus dedos delicados.
Quinto palpitar
El color oscuro, de las pupilas del guerrero, se desvaneció. El blanco las poseyó, siguió el rosa, el rojo carmesí, gamas que gradualmente enrojecían. El color escarlata, espeso, ahogó sus pupilas. El elevador abrió las puertas.
Sexto palpitar
Una especie de gruñido, brotaba del ronco pecho de la criatura. Las nubes doradas, ensombrecieron la luna marrón, entre los crecientes, oscuros, de su incompleta forma. Los gritos de Bulma, eran golpes entorpecidos, sonidos sordos, penetrando, inútilmente, dentro del zumbido de los tímpanos de la bestia. Vegeta abrió el hocico, en una sonrisa terrorífica, sedienta de guerra.
— ¡Vegeta! —
El elevador estalló.
Los cristales volaron. La fuerza, de una caída mortal, provocó que el cuerpo de Bulma cayera, con estrépito, al piso del artefacto, sosteniéndose, con cada miligramo de fuerza, que le proporcionó la adrenalina. El elevador; marcaba los pisos, con una velocidad de terremoto, disminuyendo sus cifras peligrosamente. El brillo dorado de un supersayajin empezó a iluminarle el rostro a la contusionada científica. Un tremendo shock la hizo temblar con violencia. Sus extremidades se congelaron, su corazón latía, con tanta fuerza, que ya no era perceptible dentro de su cuerpo. Dejó de gritar; impactada por la borrosa imagen, del progresivo aumento de tamaño, de un Ozaru dorado. Una inmensidad, de sombra oscura, ennegreció la visión de Bulma. La inconsciencia la dominó. Sus dedos perdieron fuerza. Su cuerpo dejó de volar, cuando se detuvo, contra el techo del elevador.
El rubio Ozaru cayó al piso, aplastando una palapa vacía. El brillo dorado desapareció. Vegeta recobró el sentido de sus acciones. Miró sus inmensas manos simiescas, negras como la noche, buscando signos del pelaje dorado, que imaginó ver. Volteó al gran hotel. Alzó su rostro de primate. El tamaño de su transformación era menor que la del edificio. Su ridículo tamaño era menor que su verdadera transformación. Gruñó a un volumen atroz. Los insignificantes humanos corrían despavoridos. Los ojos, del príncipe bestializado, se clavaron en la gran flecha deshecha, que era el elevador. Sujetó la pieza mecánica con una mano, justo antes de que se estrellara contra el piso. Observó la fragilidad humana de Bulma, como si se tratara de una mariposa, entre los insectos, llenos de pánico, que escapaban. La gran cola de Vegeta bailó involuntariamente. Un golpe accidental, golpeó el edificio. Los gritos comenzaron a turbar su sensible oído, no comprendía bien la razón de esa transformación imperfecta y reducida.
El oscuro príncipe miró la luna a través de las nubes doradas; rojizas; naranjas; "Esta isla es peligrosa para los saiyajin…" Pensó calculador. Regresaron sus rubíes a la mujer, que descansaba entre sus dos manos de primate. Su cola bailó. Una grieta del edificio empezó a crujir, aumentando el tamaño de su estría. Gritos agudos empezaron a crecer. Las salidas de emergencia se atascaron de terrícolas desesperados. Vegeta, tiró un resoplido de fastidio. Colgó a Bulma de su hombro para salir, del tumulto tan tedioso, rumbo a la casa. Si convertirse en un mono gigante no era suficiente excusa para volver, nada podría serlo. Grandes temblores salían, como ondas colapsadas, de sus pasos. Pasó sus rubíes, divertido por las expresiones de angustia de su alrededor. Se divertía a lo grande atormentando con sus gruñidos. Estiró sus brazos al cielo, erguía su columna para tirar sus aullidos de primate. Reía, con su voz de eco, encantado por esos gritos; ¡Como extrañaba ese poder! Estaba extasiado, se regocijaba por esa sensación. Sólo necesitaba una cosa: matar.
Uno, sólo uno, necesitaba matar un humano ¿Pero por qué sólo uno? ¡Millares! ¡Debía matar millares! Su excitación se hinchó. La mocosa terrícola estaba ahí, desvanecida en su hombro. El poder del príncipe, apenas, había aumentado tres veces su tamaño, era suficiente como para acabar el planeta entero, ¡Y más! Rió, para sí mismo, con maldad. Eso era, esa sensación tan grandiosa, era emoción que lo golpeaba violentamente, era lo que lo mantenía vivo. Tenía al planeta a sus pies, era el gran príncipe Vegeta. Su poder de pelea había aumentado, desde aquella última vez que se había transformado en Ozaru, y sentía que era devastador. Sólo había aumentado su poder normal, tres veces, gracias a esa transformación incompleta, ¡Si ese poder venía de sólo tres veces su poder! ¡Con la verdadera transformación sería imparable! Victorioso aplastó varias palmeras, rugiendo como un ganador. Era perfecto, tan perfecto ¡Tenía cola! Si aumentaba diez veces su poder, con su luna artificial, era suficiente para dominar el universo. Caminó hacia la orilla de la isla, remojó sus patas en el salado mar. Tiró otro rugido a la luna. Rió a carcajadas, malignas, envueltas en el eco de su gran cuerpo animalizado.
Bulma tosió, su pecho estaba pesado debido al cambio tan brusco de altura, se atragantaba con su propia saliva, entre alucinaciones. Vegeta la miró — Mocosa, despierta… — Un gordo dedo negro, movió el rostro de porcelana de la mujer. El bestial príncipe sonreía perverso, contento de su nuevo y prometedor futuro — ¡Gobernaré el mundo!... Y tú estarás a mi lado ¿Qué te parecería ser la última mujer de tu raza? El último guerrero de la raza saiyajin, y la última superdotada humana en el universo, ¿No es perfecto? Deberías estar agradecida por considerarte… Serás una de mis esclavas… ¿Qué te parece?... A veces puedo ser muy amable…— La risa gutural hacía vibrar el mar bajo su hinchado cuerpo transformado — ¡Es magnífico! ¡No necesito más! — Detuvo unos instantes su risa — ¡Tengo que buscar a Kakaroto! ¡Debo derrotarlo ahora mismo! Aunque primero tal vez debería sorprenderlo luego de que mate esos androides…— Sus monólogos de villano comenzaban a resurgir entre sonidos cínicos y déspotas.
Bulma abrió pesadamente los ojos. Parpadeó recobrando el sentido. La piel peluda bajo ella, era una alfombra espesa y sedosa. Abrió sus zafiros con horror. Sostuvo unos instantes el rostro en parálisis facial. La respiración del gran simio era un ruido incesante que la subía y bajaba. Los pulmones, de la peliaqua, se hincharon y soltaron el grito más poderoso del universo.
Vegeta cerró los ojos. El chillido atravesó su tímpano como un rayo. Arrojó a la humana en la orilla. Gimió rotundamente — ¡Maldita seas repugnante terrícola!
— Ve… Vegeta… — La científica parpadeó desconcertada. Para ella, la transformación de un saiyajin, al Ozaru, privaba de conciencia a los sujetos ¿Qué sucedía? Un temblor la paralizó nuevamente, impidiéndole mover sus extremidades para huir. Abrió los labios, pero ningún otro sonido salió.
— ¡Eres una estúpida escandalosa! — El gran príncipe simiesco, sujetaba su oreja sensible.
— ¡Bulma! —
El saiyajin y la peliaqua se alertaron. Era una voz conocida. Bulma no podía hablar, sujetó dificultosamente su garganta, privada de palabras. Volteó lentamente su rostro para mirar de donde provenía esa voz. A lo lejos, su compañera, Sanda, traía consigo un pelotón de la marina. Los disparos comenzaron.
Bulma negaba con el rostro. Era inútil, esas balas, cohetes, no eran nada para el saiyajin, la única que podría hablar con él, era ella, pero… No tenía voz.
— ¡Fuego! — Gritaba el comandante.
Vegeta se rió, con maldad, al observar a esos insignificantes gusanos. Era su turno de divertirse. Con pasos duros empezó a emerger del mar. Golpeó burlonamente su pecho para intimidarlos. La castaña lo miró con horror — ¡Mátenlo! — Gritó la mujer, con las pupilas en blanco.
El gran Ozaru llegó a la orilla. Bulma, con todo el poder de su espíritu, llegó hacia él, tomándolo por una de sus patas. Sin voz, la humana, abrió sus labios. Temblaba como una hoja; estaba fría. Vegeta abrió un poco los ojos, ¿Qué le sucedía ahora a esa terrícola? Su instinto la hizo sujetarla para observarla el rostro. Le golpeó con su respiración.
Bulma se estremeció. Sus zafiros eran turbios. Entreabrió los labios para deslizar su hilillo de sonidos temerosos — No me hagas daño… — Salió de su anudada garganta, "¿Qué sucede, Bulma?… Es Vegeta… No te hará daño…" Se decía. Cerró los ojos, el aire apenas pasaba por su pecho. Tembló nuevamente con debilidad, miró al impresionante Ozaru — No me hagas daño… — Repitió, "¿Qué pasa? ¿Por qué sigo diciendo eso? Él no es capaz de matarme…" Pensaba para sí misma, ¿Por qué no podía hablar? Intentó moverse pero su cuerpo no le respondía— Vegeta… No me hagas daño… — Las lágrimas, inoportunamente, salieron de sus ojos abiertos y vagos.
El Ozaru se consternó. Notó ese temor en la humana, un temor verdadero, un temor tan profundo que lo desgarró. Enfadado rugió — ¿Ahora resulta que tienes miedo? Que gracioso, demasiado tarde mocosa… — Rió grave. La envolvió con su cola. Vegeta la miró, apretó los dientes al ver, ese oscuro horror, proviniendo de ella.
— ¡¿Qué sucede con ustedes? ¡Mátenlo, ahora! — Gritó, la de ojos verdes, al comandante de la tripulación.
— ¡N..No podemos señorita Heells! Tiene de rehén a la señorita Briefs… — Comentó el hombre, asustado por la violencia de la dama.
— ¡¿Qué me importa eso? ¡Mátenla con él! ¡Ese simio arruinó el hotel de mi padre! ¡Tiene que matarlo ahora! — Chilló, cruel, la mujer.
Bulma sintió la hiel de esos gritos, se clavaron dos agujas, al oír esas palabras, justo en el corazón. Vegeta alzó su rostro animalizado. Se asombró de la depravación de esa humana. Sonrió acometido; incrédulo, asombrado — Quién lo diría… No sabía que los insectos podían ser tan perversos… ¿Con tan poco poder? Que decepcionante... — Tan complicada era la raza humana, que la había visto reír sinceramente hace poco, y ahora, veía esa nueva faceta. Ver esa perfidia, tan… conocida, lo asqueó. Comenzó a caminar hacia esa insípida humana. La miró con repulsión. La castaña cayó al piso, horrorizada, al ver ese monstruo tan cercano a ella, moviéndole, el cabello y las ropas, con su respiración. Las balas y los cohetes comenzaron a explotar, sin éxito, en la piel del simio gigantesco.
Respiró con fuerza la científica, sus pulmones se quemaron por el humo— ¡Vegeta! ¡Para! ¡Para por favor! ¡No le hagas daño! — Suplicó ronca entre tos y lágrimas. Se aferró al Ozaru con todas sus fuerzas — Por favor… Por favor Vegeta… Para… Para… — Sus pequeñas y dulces manos se quebraban entre su pelaje.
"¿La está defendiendo?... ¿Pero qué c…? ¿Por qué?... ¿Por qué la defiende?... ¿Qué le sucede a esta mocosa…? Esa repugnante humana no está interesada en salvarla a ella…"— No seas estúpida… ¿Por qué defiendes a esa mujer? — Gruñó el simio gigante. Vegeta no lo podía comprender, ¿Por qué defendía a esa mujer que la quería muerta? Miró a la castaña. Alzó una de sus patas para pisarla sin piedad. La ojiverde cayó inconsciente al piso. Vegeta sonrió con malicia, pero, una voz lo detuvo, antes de tocar el cuerpo inerte de la joven. Paró en seco.
— ¡Es una vida, Vegeta! ¡Es una vida y se debe respetar! ¡No importa quién sea…! No importa… — La peliaqua abrazó con fervor — Por favor, Vegeta… Vuelve a la normalidad… Por favor… No les hagas daño… Prometo no arrastrarte a nada más… Pero por favor… Por favor… Vegeta… No sigas… No soporto verte así… — Rompió en un lastimoso llanto.
Vegeta se estremeció.
La tropa sacó todo el armamento para atacar al distraído Ozaru. Grandes bombas estallaron cerca de uno de sus ojos. El príncipe gruñó con furia — Ahg…. Desgraciadas sabandijas… — Talló su ojo izquierdo. Miró a la asustada peliaqua. Una bola de cañón iba directamente hacia ella. Vegeta reaccionó, la enrolló, por completo, en su cola, y con su poderoso pecho, imponiéndose orgulloso, recibió la insignificante bomba. El cañón explotó sin causarle daño; Sin embargo, su ira creció, esclavo de su instinto. Mostró los dientes.
— Se…Señor… — Un marino habló a su comandante, llamando la atención de este — Parece que está protegiendo a la mujer…
El comandante miró la escena — Alto al fuego.
Vegeta volteó al notar que los disparos cesaron. Sonrió perverso para atacar. Se detuvo, al sentir el cuerpo de la peliaqua moverse. Bulma abrió los ojos, en shock, desconcertada, sacó la cabeza para tomar una gran bocanada de aire. La adrenalina se incrementó, haciéndola reaccionar. Se dirigió a la tripulación — ¡Por favor! ¡Déjenlo en paz! ¡Él no les hará daño!
— Eso es mentira… — Habló grave el bestializado príncipe.
— ¡Ugh! ¡Tú cállate! ¡Ya me causaste demasiados problemas simio despreciable! — Lo golpeó, la mujer, a sabiendas de que al Ozaru no le daría ni cosquillas su pequeño golpe.
Vegeta sonrió medianamente, mostró sus filosos dientes. Al parecer la mujer se había recuperado. Aunque aquel episodio de terror quedó prendado en su mente. Endureció su rostro de primate. Respiraba con pesadez. Las nubes se movían con lentitud.
Los marinos se quedaron expectantes, no sabían qué hacer, ¿Debían creerle? El comandante caminó más cercano — ¡Explíquese señorita Briefs, qué es ese terrorífico animal!
— ¿Qué, qué es? ¡Pues nada más miren el cielo de la isla! ¡Deberían saberlo! ¡Debería demandarlos! ¡Seguro el lugar está infestado de radiación! — Habló, convencida, la científica.
El príncipe primate se sorprendió, nuevamente, de la rápida manera de mentir que tenía esa terrícola. Sonrió orgulloso, por lo menos no era tan pura.
— Pero… Pero señorita Briefs… Ese es un fenómeno natural… Siempre lo ha tenido la isla… — Una gota de sudor se escurrió por la mejilla del comandante.
— ¿En serio? ¿Y van a esperar a que mis especialistas lo averigüen? — Desafió Bulma. Vegeta reía en sus adentros, eso era bastante entretenido, inclusive a comparación, de la muerte interrumpida de esas sabandijas ¡Que imponente era esa humana!
Poco a poco, las nubes comenzaron a disiparse. El príncipe empezó a respirar con dificultad, sus fuerzas se le fugaron. Un mareo lo aturdió, soltando a Bulma de su agarre. La dejó, lentamente, en el suelo, desenvolviéndola ante su encogimiento.
— ¿Vegeta? — La científica dirigió sus zafiros al exhausto Ozaru. Progresivamente, el simio, comenzaba a obtener el aspecto humanoide. Vegeta cayó al suelo, boca abajo. Sin demasiadas fuerzas para hablar.
— ¡Es un hombre! — Gritó todo el pelotón al unísono. Temblaron y corrieron, cobardemente, dejando a su paso una nube de polvo y arena. El comandante miró la situación con el cuerpo paralizado — ¡Señorita Briefs! ¡Lo…Lo lamentamos mucho! ¡Todo se solucionará lo prometemos! — Hizo una reverencia y saludó con una mano en la frente. El hombre temía por una demanda a su pelotón y a la propia isla, de quienes obtenían grandes beneficios. Levantó a la olvidada castaña, que le bailaban los ojos, desorbitados, como dos remolinos, ridículos, que daban vueltas.
— ¡Pues más vale! ¡Ahora tendré que llevármelo para examinarlo y curarlo! — Gritó con enfado la peliaqua.
El comandante, espantado, se erizó, por completo, hacia el cielo — ¡S…Sí señorita! ¡Muchísimas gracias! ¡Lo lamentamos muchísimo! Con…Con su permiso… — Salió disparado del lugar. Debía hacer muchos movimientos con los grandes poderíos de la isla. Tragó saliva mientras aceleraba el paso.
Bulma se dejó caer exhausta. Tiró un suspiro — Menos mal que ya se fueron… — Miró la cola del dormido saiyajin, tentada de correr y pedir unas tijeras al primer habitante del pueblo, para cortársela. Sonrió dulcemente, acarició el largo de la cola. Notó un ligero movimiento, involuntario, en el rostro del saiyajin.
Una chispa brilló en su frente, sacando a la mujer de sus pensamientos — ¡Ay no! — Sujetó sus mejillas.
Vegeta levantó, pesadamente, el rostro, debido al chillido —Tsk… Mocosa estúpida… ¿Ahora qué rayos te sucede? Estabas mejor muda… — Masculló con dificultad. Intentó levantar el torso para mirarla.
— ¡Mis peluches! — Lloriqueó la mujer.
El tic, de la ceja de Vegeta, volvió con furia "¡¿Esta es la mujer imponente de hace unos momentos?" Apretó los dientes — Ahg… Cállate… Eres demasiado escandalosa… — Enrolló su cola en su desnudo vientre.
La mujer irradió inocente esperanza — Vegeta…. ¿Irás tú por ellos?
— ¡¿Qué? ¿Estás demente? Por supuesto que no iré… — Gruñó el moreno.
— Sí… Tienes razón… Seguramente estarán bajo muchos escombros, o simplemente se habrán destruido… — Bajó el rostro, con decepción, la peliaqua.
— Hmmph… — El desnudo príncipe cruzó los brazos. Sólo pensar, que esa mocosa, era la gran mujer que hizo correr un batallón, lo hacía dudar de su cordura.
Bulma dirigió su rostro a ese cuerpo musculoso. Desvió sus ojos con un sonrojo en las mejillas, su perversa mente no podía maquinar en ese momento tan poco apropiado — Ve…Vegeta… Dime… — Tenía que distraerse — ¿Mataste a alguien?
El moreno alzó una ceja, notó que no quería mirarlo. Sonrió medianamente — Al parecer todas esas sabandijas lograron huir, son unos gusanos con mucha suerte…— Rió cínico. Desenrolló su cola, y con un movimiento, sujetó a la mujer, de la cintura, para atraerla a su cuerpo.
Bulma se estremeció al sentir la peluda cola, del hombre, acercarla entre esos muslos definidos. Tenía el miembro, del guerrero, entre sus glúteos — Vegeta… ¿Cómo puedes pensar en eso en estos momentos…? Acabas de hacer todo un alboroto en la isla… — Intentaba fingir molestia, pero su respiración empezaba a entrecortarse. Se volteó para besar el cuello del saiyan; pero, una sensación fría, la detuvo.
— ¿Mh? — El moreno la miró extrañado.
— No… Nada… Será mejor que regresemos… — La mujer pasó sus dedos por su cabello aqua, tirando de su flequillo levemente.
Vegeta hizo una mueca con los labios. Sacó un resoplido — Levántate si quieres que te lleve— Ordenó seco.
— No… Ve tú, creo que quiero caminar — Contestó la mujer.
Enojado por esa actitud desagradecida, contraatacó — Eres una mocosa bastante hipócrita, ¿Sabías?... — Dijo despiadado el saiyajin. Sus perlas se congelaron. Bulma se quedó turbada, con la mano en su cabello, sin mover un músculo. No podía ver esos ojos, pero los sentía escudriñándole el alma con su filo. Vegeta sonrió con crueldad — Hablas de mí como un hombre solitario, siempre analizándome…— Apoyó sus dos palmas en la arena, detrás de la línea de sus caderas, inclinándose hacia atrás, para mirarla con arrogancia. Ladeó el rostro, sonrió medianamente — Siempre presumiendo de tu gran vida con eso que llamas amigos, vida social, estupideces inútiles como esas… Pero al parecer, a esos terrícolas no les interesas lo suficiente… — Rió maligno y gutural.
Bulma ocultó sus zafiros bajo la sombra de su flequillo. Esta vez, no fingió una sonrisa. Respiró profundo, apretó los labios — ¡Lárgate ya Vegeta…!
El príncipe endureció el rostro; resopló con fastidio. Su orgullo era demasiado grande como para ser suave con sus palabras. Se levantó para darle la espalda — Como quieras… — Alzó el vuelo a una velocidad impresionante, haciendo que, la ráfaga de viento, impulsara, hacia adelante, a la peliaqua.
La playa contenía las huellas del Ozaru. El mar las lamía; disolviéndolas; dejando huecos de arenas movedizas. Los zafiros de Bulma rodearon la zona de ataque, entre armamentos inservibles, trozos de metales rotos. El camino del Ozaru, estaba marcado con líneas de impresionante destrucción… Respiró por la boca, intentando que el oxígeno llegara; ¿Qué tan fuerte podía seguir siendo ella? ¿Tan fuerte como un Ozaru?... La peliceleste encogió el cuerpo. Abrazó sus piernas con lentitud, arrastrando la arena, con las plantas de sus pies. Dejó que su rostro se hundiera entre sus rodillas; el pecho se le contrajo, y sus hombros brincaron… Debido al gimoteo que le provocaron las nuevas lágrimas…
NOTAS FINALES DEL CAPÍTULO
(Aparecen imágenes del próximo capítulo al puro estilo DBZ)
Vegeta: Maldito Kakaroto... Aún sigue huyendo el cobarde... Hmph, tendré que leer sus líneas (breve silencio) ¡ESTO ES MUY ESTÚPIDO! ¡No diré diálogos tan humillantes, debe ser una broma!
Goku: (Desde el planeta Kaoi) ¡Hola! ¡Soy Goku!
Vegeta: ¿Qué...? ¿Eres tú Kakaroto! ¡¿Dónde rayos te metiste insecto cobarde?
Kaiosama: (Ríe) Lo sentimos... Deje su mensaje después del tono: beeep beeep beeep...
Goku: No supremo Kaio... Hará que se enfade más...
Vegeta: ¡¿Quién rayos era ese? ¡Ahggggg! ¡Kakaroto! ¡Vas a ver cuando te encuentre! ¡Te haré pedazos!
Goku: Demasiado tarde... No, Vegeta, sólo es una broma, prometo regresar en el próximo capítulo...
Vegeta: Errrr... Maldito imbécil... ¡Eres un...! (censurado) ojalá (censurado) déjame decir que tu (censurado) era (censurado) y tu (censurado) es (censurado) ¡¿Oíste Kakaroto? tu hijo (censurado) tu esposa (censurado)
(Se corta la transmisión. Aparece un Goku nockeado con un letrero que dice: Dificultades Técnicas)
