Lemonale dice:
Reparaciones es; a comparación de Incertidumbres, Relaciones y Movimientos, la recopilación de todos los días que restan antes de que Vegeta se vaya al espacio. Si les contara! Pronto terminarán mis vacaciones y tardaré en actualizar, en mi twitter avisaré cuando eso pase y ahí diré los días de actualizar. Disfruten la introducción de Reparaciones! :3
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Capitulo 28
Reparaciones I
¡Fue como quitarle un dulce a un bebé!
La peliceleste colgó el teléfono. Las noticias habían volado a todo el medio, en el cual, la corporación se movía; Por suerte, sus influencias comenzaban a trabajar. Eran las 3:05 pm y sin rastro de Vegeta. En la noche partirían. Bulma estaba preocupada, la fiera estaba por ahí, suelta. Mordió su pulgar, no podía esperar otro desate, tenía que pensar qué hacer con su cola. Sin dudarlo demasiado, descolgó de nuevo el teléfono para llamar a las autoridades, preguntando qué nuevos desastres había en la isla. Los zafiros de Bulma se limpiaron con varios pestañeos. No había nuevas noticias, el ayuntamiento estaba bastante ocupado en las reparaciones de la zona de desastre. Preguntó por los daños, y sonrió al saber que no eran tantos como ella pensó, el desastre se había considerado en el mismo rango que usaban para los ciclones. Muchos heridos, ningún muerto. Bulma llamó a su padre, preguntando por las relaciones de la corporación, era el colmo, el último día de sus vacaciones, trabajando, pero estaba demasiado angustiada como para enfadarse. Parecía que ella sola no iba a encontrar al moreno.
La mujer frunció el ceño. No podía cuidarlo como si se tratara de un niño, si se iba a comportar como un villano, ella iba a considerarlo un villano. Sabía el teléfono de Milk y podía llamar a Goku en un santiamén, y así derrotarlo antes de que su maldad se desate; ¡Esa maldita cola! Era ese pequeño detalle el que la hacía temblar. Era demasiado peligroso que Vegeta tuviera esa cola… Pero no quería darle una razón para matarla. No podía cortarle la cola sin su consentimiento, no era como Goku, que seguiría adelante como si nada, o que se pudiera engañar con mentiras blancas. Vegeta era muy inteligente, un estratega de batalla.
Eres una mocosa bastante hipócrita…
También era un hombre bastante cruel. Bulma se tiró en la cama. Le dolían las piernas. Había caminado en la arena, bastante tiempo, hasta que al fin pidió un taxi para llegar. Lo único que encontró en la casa, fue la ventana rota y las ropas de Vegeta desarregladas; pero estaba tan cansada que cayó dormida apenas tocó la almohada, ¿Dónde se había metido ese animal? La luna no le afectó más, así que debía estar bajo techo. El torso de la científica se contrajo; ¿Se había ido por otra mujer? La duda se le clavó en el pecho. Bulma tiró un suspiro largo, ¿Qué más importaría? Ellos no sólo no eran nada, el saiyajin había aclarado que jamás podría corresponderle los sentimientos que ella sentía. La gran Bulma Briefs, estaba ahí, acostada, pensando en esas duras palabras. Se preguntaba qué le veía a un hombre tan desalmado, tan cínico, tan jodidamente sincero. Sus palabras eran tan ciertas, tan malditamente ciertas, que su alma giraba alrededor de ellas. Bulma tenía amigos, sí, amigos que combatían contra villanos como Vegeta. Los veía cada período de tiempo, y los demás, los demás sólo eran simpatizantes de su dinero o de su imagen. Mayor ejemplo fue Sanda, que prácticamente mandó a matarla para cumplir sus propios caprichos. La peliceleste se hundió en la almohada "Vegeta parecía enojado… No, eso es posible, seguramente lo que quería era matarla y que yo no le dijera nada… Además siempre se ve como si fuera a reventar… ¡Ese simio!" Cerró los ojos. La soledad no le afectaba, siempre había tenido una independencia espectacular, inclusive podía soportar meses sin ver a sus amigos, a los verdaderos, o a su ex novio. No dependía de nadie, ni de nada. Ella estaba bien consigo misma; Sin embargo, esas palabras le dolieron de alguna manera. Ese extraño dolor no fue la forma tan "delicada" de hablar de Vegeta. La mujer había sentido parte de la incomodidad del guerrero, el hombre parecía a la defensiva. Él nunca estuvo contento con sus juegos, con sus intentos de entretenerlo un poco. Vegeta siempre parecía estar debajo de un gran velo oscuro, lleno de rencor. Para la peliceleste era inevitable querer sacar a la luz más expresiones de su rostro, quería pintarle la vida, demostrarle lo hermoso que era simplemente estar ahí, en el momento, para vivir. Bulma sonrió. Nunca antes se había sentido así por alguien. ¿Podría ser que el hombre, pensaba que ella lo miraba con lástima? inclusive ella también dudó de ello; pero no, no era lástima, podía sentirlo en su interior, lo quería, lo quería tanto que no lo podía explicar.
Siempre analizándome…
Bulma se volteó para mirar el ventilador girar. Se sintió culpable en sus adentros. No podía evitar analizarlo todo ¡Era una mujer de ciencia! Y él, él era una criatura extraterrestre. El primer error que había cometido, con Vegeta, fue haberlo tratado como un hombre común y corriente, no quería cometer dos veces el mismo error. No quería tratarlo como cualquier humano, y por ello, quería conocerlo más. Analizarlo como un espécimen tampoco era lo correcto, no lo veía como tal. Tratarlo simplemente, siendo ella misma, como intentó esa semana, parecía haber funcionado un poco, por breves instantes. Todo parecía un círculo vicioso. Vegeta no cedía en sus intentos de acercarse, no podía ceder, era demasiado orgulloso y terco. Bulma sopló su flequillo. Simplemente quería conocerlo, quería saber más de él, de aquel sujeto de quien estaba enamorada, ¿Era un pecado? Bulma apretó una almohada con todas sus fuerzas "Uhg Maldita sea Bulma… ¡Eres una tonta, simplemente no das una!" No podía tratar a Vegeta como un humano, ni como un espécimen extraterrestre, lo única manera de tratarlo era como un saiyajin y ella tenía que ser ella misma, con sinceridad. Era injusto acosarlo de esa manera.
La peliceleste recordó al pequeño gato salvaje, parecía que siempre llegaba a lo mismo, ¿Realmente tendría recompensa todo su esfuerzo? Ella no deseaba simplemente que, el saiyan, fuera algo suyo, quería darle un hogar.
Se sentía tonta, la mujer, ante sus deseos ingenuos. Ganarse la confianza de un villano, parecía realmente difícil. Ella no era una terapeuta, ni le importaba ser una. Deseaba obtener la fuerza, la tolerancia de tratar con un saiyajin como Vegeta. Entendía que, él, era solitario por algo, pero, sentía que lo era porque no conocía nada más. Ella había tenido la opción de elegir a la gente a su alrededor, a quienes considerar sus amigos y a quienes simplemente considerar compañeros, empleados, conocidos... novio. Él simplemente fue alguien sin opciones, ¿Qué más daba darle a conocer todo de lo que se había perdido? No podía ver a todos como enemigos, ella no era su enemigo, aunque la tratara a veces como uno.
Respiró profundamente. La mujer maravilla tenía menos problemas que ella. Salvar al mundo del villano, que había invitado en su hogar, era una mala idea para una historieta. Él no podía ser siempre una responsabilidad, pero por el momento no podía evitar pensar que sería su culpa si se desataba el sanguinario extraterrestre que era. Parecía que tenía la especialidad de rescatar hombres solitarios y rebeldes. Yamcha al menos se volvió más amigable, menos tímido al conocerla. Y a ella… ¿Quién la salvaba?
Bulma frunció el ceño, enfadada consigo misma, tanto tiempo en esas aventuras mortales, le habían enseñado su gran fortaleza. Ella seguía viva a pesar de todos esos problemas. Podía continuar contra cualquier obstáculo, sabía cómo curar sus heridas, sabía poner orden en su vida para renovarse como un ave fénix. Las soluciones no importaban, era capaz de ir con todo. Estaba viva, era lo importante, ella tenía sus sueños y sus esperanzas. Deseaba vivir como la gran mujer que era y formar una familia algún día. Sonrió, nunca antes había deseado tener una familia como en esos momentos, la idea de que, el mundo podía ser atacado por esos abominables androides, la hicieron reflexionar. Ahora más que nunca, al ver a aquel saiyajin tan obstinado, tan obstinado como ella, pensaba más en el futuro que deseaba para sí misma. Siempre hablaba de su juventud y de todo lo que le faltaba por recorrer, pero la aventura que le faltaba, era tener una familia a quien ofrecer ese gran corazón y todas esas facilidades que tenía de sobra.
El candado de la puerta trasera explotó. Bulma abrió los ojos al oír el ruido, levantó el torso para sentarse en la orilla de la cama "¿Vegeta?" Se levantó con cautela hasta su puerta.
El moreno se quitó los zapatos llenos de arena. Trató de buscar el ki de la científica, pero el tamaño era tan pequeño, que le costaba trabajo buscar su ubicación cuando la perdía de vista. Intentó concentrarse para hallarla, pero el sonido de una ambulancia lo desconcertó. Tiró un resoplido y decidió caminar hacia uno de los cuartos. Tenía una confianza imponente, se sentía el hombre más poderoso del universo con su cola. En la lujosa sala, decidió quitarse los pantalones para liberar su oculta cola. Sus bóxers tenían un agujero donde la vaina peluda podía salir, la enrolló en su cintura y se sacó la camiseta húmeda. Colocó sus ropas en su hombro y fue al refrigerador para tomar algo.
— Por fin llegaste…— Habló Bulma al guerrero. Se apoyó en una pared con una pose despreocupada — Si buscas comida hay mucha en el comedor… — Le sonrió amable. Notó el sudor en el cuerpo del hombre — ¿Prefieres algo frío para beber?
Vegeta no contestó, sólo la miró. Cerró el refrigerador y pasó de largo, evitándola.
Bulma intentó mantener la paciencia. Fue hacia él y agarró la orilla de los pantalones — Los llevaré a…
Vegeta reaccionó violentamente, arrebatándoselos — ¡¿Qué rayos estás haciendo? ¡Métete en tus asuntos, terrícola!
Un chillido, proveniente de la ropa, alertó a la peliceleste. Vegeta se paralizó.
— ¿Qué llevas ahí? — Preguntó, curiosa, la mujer.
— ¡No te metas, mocosa! ¡Largo! — Vegeta comenzó a alejarse, caminando hacia el pasillo.
Bulma lo miró irse, ese chillido le parecía familiar. Abrió los ojos, ¡No podía ser! Lo siguió — Vegeta… ¿Qué es lo que tienes ahí? ¡Déjame ver! — Revoloteó a las espaldas del guerrero, impacientándolo.
El saiyajin explotó en un gruñido y se encerró en el baño gigantesco. Los olores tan empalagosos le comenzaban a molestar. Bulma golpeó la puerta. Los dientes del moreno chirriaron — ¡Podrías largarte de una buena vez! ¡Déjame en paz, mocosa estúpida! ¡Me tienes harto!
— ¿Vas a hacer pis?
Vegeta quedó pasmado por esa pregunta tan vergonzosa. Reaccionó — ¡Ahg! ¡No seas imbécil! ¡¿Qué clase de pregunta es esa? — "Esa maldita mujer tan vulgar…" Contuvo su vergüenza.
— Ah… Vas a…
Vegeta abrió rápidamente la puerta — ¡Ahg! ¡Cállate, maldita sea! ¡Por supuesto que no! — Gritó, exaltado, con toda el alma.
Bulma parpadeó, aprovechó el despiste del hombre y entró al baño con él. Deslizó su mano en la mejilla del guerrero y, al notar la distracción del saiyan, agarró, de un brinco, los pantalones — A ver… ¿qué tienes aquí? — Sonrió pícara.
Vegeta quedó de piedra, había quedado tan prendado por el ligero toque de Bulma, que no pudo reaccionar antes, ¡Qué vergüenza! El príncipe de los saiyajin burlado por una humana. Volteó al ver que la peliaqua tenía los pantalones en sus manos. Desvió el rostro aguantando la degradación. Apretó los puños.
Bulma metió sus manos en los bolsillos. Sus zafiros brillaron al encontrarse con sus dos peluches. Tenían unas cuantas manchas, pero eran los suyos. Su rostro se iluminó — ¡Vegeta! ¡Fuiste por ellos!
El moreno cruzó los brazos, sin mirarle el rostro. Resopló — Por supuesto que no, no malinterpretes las cosas… Fue una casualidad...— Sonrió de medio lado, con arrogancia — Un mocoso los había tomado como suyos... No era un caramelo, pero, seguí tu consejo y se los quité... ¡Debiste ver como lloró esa sabandija!
— Así que se los quitaste a un niño… — Afiló los ojos, la mujer, siguiendo la corriente. Estiró los brazos para mirar bien los juguetes — ¡Eres muy malo! — Rió.
— Tsk… — Se quejó Vegeta — ¡No sé por qué lo dudas! ¡Ahg! Humana estúpida… Esos eran tus bienes desde el principio, ese mocoso los recogió del piso — Rugió. La miró y trató de volver a su indiferencia — ¡Hmp! Los humanos no tienen buenos modales…
"¿Modales?" Bulma soltó otra risa. Abrazó a los dos pequeños peluches.
El tic, de la ceja de Vegeta, saltó. Comenzó a refunfuñar maldiciones.
— Cierto, cierto…. Hay mucha gente que no sabe educar bien a sus hijos… — Rió de nuevo, la peliaqua, desquiciando al guerrero. Lo miró con un rostro radiante.
Vegeta la observó desde su pose alterada. La peliceleste se veía tan tremendamente feliz que algo dentro de él surgió. Se incorporó para desviar el rostro con rudeza.
Bulma dejó a un lado los juguetes y fue hacia él. La mujer no quería herir más el orgullo del hombre. Lo abrazó por el cuello y le besó el lóbulo — ¿Qué te parece si me acompañas al jacuzzi?… — Susurró.
Vegeta, medianamente, sonrió. No sabía de lo que estaba hablando, pero ese tono de voz le dio una buena idea. La mano de Bulma fue hacia el Jacuzzi. Abrió la fuente de la pared para llenarlo de agua y vapor. Sacó entre los cajones las sales y el popurrí de flores. Sus zafiros regresaron al moreno, en su piel ligeramente tostada. Dedujo que había estado en el sol veraniego por la mañana. Perfiló una sonrisa, esa ligera capa brillante de sudor en el cuerpo, perfectamente escultural, del guerrero, creaba una imagen excitante. Ella ya lo sabía, Vegeta no sólo era un hombre despreciable, era un hombre muy sensual. Nunca había visto un cuerpo como el de él, la invitaba al pecado, al peligro. La peliceleste siempre se había fijado en las facciones angelicales de niños bonitos, pero, el rostro de Vegeta, era como el de un demonio seductor que la quería devorar. Vegeta sonrió con lujuria al ver esos zafiros clavados en su cuerpo. Se arrancó lo que quedaban de sus ropas y jaló a la mujer a su cuerpo. Sus vientres chocaron. Sus respiraciones empañaron sus oídos. Bulma enredó sus piernas en la cintura de Vegeta. La ropa le estorbaba, necesitaba unirse piel a piel con él. Tenía ganas de fundirse en esa piedra, convertirse en líquido ardiente para mezclarse a la perfección. La necesidad de poseerlo creció como una picazón incesante. Sus manos pasaron por ese cuerpo de ensueño, Vegeta, la acompañaba, desnudándola. La tina rebosó. El hombre tiró a la mujer en ese gran contenedor caliente, haciendo desbordar el agua hirviendo. La peliaqua era una ninfa acuática, bailando entre sales de baño y pétalos.
Vegeta se sumergió, acarició las curvas indecorosas de la mujer. Ambos resbalaban como dos peces babosos. Eran dos almas escurridizas, frotándose entre sí, rechinando las carnes brillantes. El príncipe acarició, con su virilidad, el sexo de la mujer, sin penetrarla. Bulma comenzaba a encenderse como pólvora, necesitaba de ese falo ardiendo, dentro de su cuerpo. Entre el agua sus cuerpos danzaban como dos culebras marítimas, dos pulpos apareándose. El saiyan brilló levemente, introdujo sus dedos, con un poco de ki tibio, dentro de la vulva impaciente de Bulma. Su interior era más denso y entró con facilidad. Percibió ese botón de carne hinchado. Vegeta sonrió al encontrar ese delicioso tesoro. Presionó ese botón. Bulma mordió sus labios, movió sus caderas con impaciencia. La torturaba lentamente y. Vegeta, lo disfrutaba con malicia. Bulma lo abrazó, gimoteó ansiosa, deseaba con urgencia la penetración — Vegeta… — Suplicaba.
El hombre sonrió vil, movió sus dos dedos alrededor de ese montículo viscoso. Rió gutural al escuchar esos gemidos provenientes de la peliceleste — ¿Qué?... ¿Qué quieres? — Alargó su sonrisa.
Bulma frunció el ceño, el agua se escurría de su frente. Lo miró ligeramente enojada — No me hagas decirlo… — Su voz se entrecortaba. Vegeta movió sus dedos con más velocidad. La peliceleste tiró un grito — ¡Vegeta! ¡Mhhh! — No aguantaría demasiado, ¡Lo necesitaba ya! Mordió su labio inferior, víctima de ese tortuoso placer.
Vegeta comenzó a hacer maniobras, círculos rítmicos, escuchaba esa sinfonía y él, era el director — Dime… Dime qué quieres… Humana — Rió con los labios sellados en su sonrisa cínica.
— ¡Maldito seas simio asqueroso! ¡Ah!— Bulma se contrajo ante esa increíble maestría dentro de su sexo. Regresó a él, con su boca jadeante, cerca del lóbulo de Vegeta. Jadeó fuertemente, para golpearlo con su aliento — ¡Penétrame animal! ¡Hazlo! ¡No resisto! —Movió sus caderas con fiereza.
Un estremecimiento relampagueó la columna, del saiyajin, al escuchar esas suplicantes palabras. El aliento y el gemir de Bulma, inundándole sus oídos, lo encendió. Sacó sus dedos bruscamente y la clavó lentamente, obligándola a empalarse, ella misma, con violencia, ante su ansiedad. La mujer gimió altamente. Sentado en la tina, Vegeta, resbalaba sin poder sostenerse por completo, usando las piernas para buscar un punto de apoyo. Ella, poseída, se sujetó de una de las paredes, y movió su cuerpo encima de él, pringando el agua caliente en sus senos. El hombre, consternado de esa increíble violencia, correspondió con fuertes y cortas embestidas. Los orgasmos en la mujer empezaron a soltarse, uno a uno. Vegeta sonrió, aún le faltaba mucho para acabar. Bulma, se abrazó con fuerza, ahogándolo en la tina. Necesitados de aire salieron, brillantes, entre perlas.
— Necesito más… — La voz grave del hombre inundó el cuarto de baño.
Bulma, satisfecha, sonrió pícara — ¡¿Ah sí? ¿En serio? ¿Ahora quién me necesita?
Vegeta gruñó — Lo que tú estás buscando es una violación…
La mujer, hundiéndose en el agua, apareció repentinamente cerca del rostro de Vegeta, desconcertándolo. Lo abrazó por el cuello para calmarlo y se clavó dulcemente, suspirando delicada — Nunca podrías violarme… Siempre sería… mh…. Bajo mi consentimiento… ¡Mh! ¡Ah! —Lamió el lóbulo del guerrero — Te deseo demasiado…
Vegeta cerró los ojos, respirando pesadamente, dejándose hacer. Sentía los senos de la peliceleste, restregándose resbalosos en su pecho, lavándose en movimientos acuosos. Flotando y descendiendo entre chapoteos. El calor del agua, lo ayudaba a mantener su dureza, nadaban sus fuertes caderas, remarcando el compás. Sus glúteos se golpeaban estoicos debido a la densidad del líquido. Su miembro recibió ese trato digno de la realeza, entre las paredes rosadas de la mujer. Lo jalaban; lo devoraban con hambre. Pequeños movimientos, dentro de esa caverna, lo volvían completamente loco. Esa diosa mítica, de cabellos celestes, lo tenía dominado. Su larga cola se meció, buscó los glúteos tersos de la científica, para acariciarlos. Bulma sintió esa vaina peluda introducirse levemente, por instantes. Entre suaves látigos jadeó. El calor se acumuló en el largo del miembro de Vegeta; en su punta rosada. Puliéndose constantemente, entre fluido y caricias internas. Finalmente, liberando todo su esperma, la llenó. Bulma suspiró ante esa sensación. Una inhalación larga, satisfecha, sobresalió luego de un abrazo líquido.
Vegeta sintió una tranquilidad adormecedora, provocada por el orgasmo y el vapor aromático. Sin darse cuenta, dejó caer su cabeza en la orilla del jacuzzi y abrazó a la peliceleste. Su larga cola la enrolló contra su cuerpo. Bulma, asombrada, abrió los ojos. Lo miró desde abajo unos instantes; Observó ese rostro sereno, de facciones masculinas. Sin dudarlo; se acurrucó. Las mejillas y los labios, de la mujer, estaban dentro del agua. Cerró los ojos, invadida por la tranquilidad del paraíso.
Unos momentos después, ambos, salieron arrugados.
NOTAS FINALES DEL CAPÍTULO
(Aparecen imágenes del próximo capítulo al puro estilo DBZ)
Goku: ¡Hola soy Goku!
Vegeta: Er... ¿Siempre tienes que comenzar igual, Kakaroto? Ellos ya saben quién eres...
Goku: Sí, ya lo sé Vegeta... ¡Pero así comienzo siempre! ¡Anda! ¡No me digas que sigues molesto por mi pequeña broma! ¡Vamos Vegeta! Pensé que ya lo habíamos resuelto...
Vegeta: ¡Cállate Kakaroto! ¡Y no te me acerques!
Goku: ¿Mh?
Vegeta: ¡Sólo di tus líneas, imbécil!
Goku: ¡Claro! ¡Próximo capítulo: Reparaciones II! ¡No se lo pierdan!
Vegeta: (mascullando) Err... Maldito insecto... Mandarle chocolates al príncipe de los saiyajin...
