Elena siempre supo que ser reina no sería fácil, pero, para suerte de ella y el reino ha hecho un gran trabajo como gobernante y todo gracias a sus consejeros, y consorte. Naomi se ha desempeñado excelentemente como canciller aunque claro, Esteban a veces le ayudaba con ciertos detalles, cosa que la señorita Turner agradece; reconociendo su vasta experiencia en la política, diplomacia y otros asuntos políticos. Aunque sus personalidades aún siguen chocando debido a sus temperamentos tercos, pero nada que no puedan resolver. Mateo, su consorte desde hace un año, se ha ido adaptando a su nuevo papel como rey, cosa que la ha calmado puesto que temía que esto fuera demasiado para él.

Ahora mismo se encontraba en una reunión con el embajador de Tinopla, junto con Naomi, su canciller. Ambas jóvenes escuchaban atentamente al hombre. El embajador es un hombre de estatura baja, algo regordete, de tupida barba castaña y de personalidad alegre.

Por un momento Elena pensó que vendría un hombre mucho más estirado, más formal, pero el hombre frente a ella distaba de lo que había escuchado sobre los gobernantes del reino.

"No es el reino más popular, pero sus tierras fértiles y sus industria textiles son las mejores, junto con su dotado ejército lo hacen un buen aliado. Tanto comercial como en tiempos de guerra", pensó la joven reina mientras enderezaba su espalda ante la última frase del embajador.

–Disculpe, embajador, ¿podría repetirme lo último que dijo? –Le preguntó Elena –. Creo que escuche mal.

–Oh, no ha escuchado mal, majestad. Lo que escucho es exactamente lo que dije –dijo alegremente como si no viera el ceño fruncido de Naomi.

Las cejas de Elena se fruncieron. Apretó ligeramente su mano bajo la mesa, en un intento por calmarse, por suerte su vestido no ha cambiado de color; ha mejorado mucho a la hora de controlar sus emociones.

–Recuerde, embajador Doria, que la reina Elena ha estado casada desde hace más de un año –dijo Naomi con toda la formalidad que pudo evocar. Se contuvo de rodar los ojos –. Y me temo que la propuesta matrimonial no es posible.

–Pero la propuesta no es para la reina, Canciller –sonrió el hombre –. La propuesta es para con el primo de su majestad.

– ¡¿Esteban?! –Exclamaron ambas al unísono, hasta el vestido de Elena parpadeo por un segundo.

El embajador Dorian asintió:

–Sabemos de las transgresiones pasadas del ex canciller para con el reino; pero mis generosos monarcas, con buena fe, creen que el matrimonio es una mejor alianza que una escrita en papel –explicó el hombre, colocando sus brazos a sus espaldas, en un intento por verse más alto –. Además, esto sería como un mensaje para los otros reinos que el ex canciller es un buen hombre y que el indulto que usted le ha concedido es bien aceptado por Tinopla, Majestad.

– ¿Y quién sería la novia en todo caso? Si es que decidimos continuar con la alianza –preguntó, curiosa.

–Una sobrina de un primo del rey, Majestad. Una mujer encantadora, si me atrevo a decir, muy hermosa. Seguramente le agradará al ex canciller –el embajador Doria pauso, si estaba nervioso no lo hace notar, agregó: –. Se llama lady Alyssa Sopranos.

– ¿Y ella está consciente de este acuerdo? –Naomi interrumpió sin poder contenerse, si algo odiaba más que las injusticias es un matrimonio por conveniencia.

–Ella está consciente de su deber –fue la respuesta que obtuvo.

Naomi no parecía muy convencida por esa respuesta y Elena tampoco, pero, por mucho que lo niegue; Avalor debe recuperar las relaciones comerciales con ciertos reinos con quienes ha perdido alianza cuando Shuriki invadió el reino. Para la joven reina es importante recuperar dichas alianzas pero la pregunta era: ¿vale la pena usar a su primo para recuperar a Tinopla como aliado? Si bien, el reino de Tinopla es lejano y no muy popular entre algunos reinos por sus constantes campañas militares (o bueno, eso de hace algunos cuarenta años. Y, por lo visto, los nuevos monarcas tienen una buena reputación), la respuesta es más que obvia, Avalor necesita de aliados para cuando haya una crisis (cosa que la reina espera que nunca ocurra).

–Lo pensaré, Embajador Doria –le hizo saber al hombre. Hizo un gesto con la mano –. Es todo por hoy –se levanta del escritorio y el hombre se apresura en hacer una corta reverencia cuando se levanta –. Tendrá una respuesta a más tardar mañana. Por ahora, lo consultare con mi consejo y mi primo, Embajador.

El hombre sonrió agradecido y, sin perder su humor bonachón, se inclinó de nuevo hacia la reina para luego asentir con la cabeza hacia la canciller Naomi.

–Espero que, tanto Tinopla como Avalor, recuperen su buena relación de antaño –concluye el hombre antes de dejar el despacho.

Elena se deja caer en la silla con un sonoro suspiro. Su vestido cambio de color ligeramente hasta ser amarillo, cubrió sus ojos con ambas manos, soltando un gemido de preocupación.

–Esto no salió como esperábamos –comentó Naomi ansiosa –. ¿En serio lo vas a pensar? Elena, estamos hablando de una alianza matrimonial y, por mucho que Esteban no es mi persona favorita en el palacio, no merece pasar por esto.

– ¿Y crees que no lo sé? Naomi, esto es importante, recuperar esta alianza es importante. Mi primo seguramente aceptaría, o negociaría con el embajador, siempre fue hábil en esto de la política.

–No creo que otra negociación disuade al embajador, mucho menos a sus reyes –chasqueó la lengua –. Vinieron con el propósito de tener una alianza matrimonial.

Elena se levanta de nuevo, camina hacia la salida.

– ¿A dónde vas? –inquirió Naomi mirando preocupada a su amiga.

–A hablar con Esteban –respondió –. Cuando vuelva Mateo de la inauguración de los nuevos caminos junto con mis abuelos debes reunirlos en el despacho, cuando hable con Esteban ambos iremos allí para decidir finalmente qué hacer con esta propuesta.

Esteban había estornudado como tres veces ¿quién estará hablando de él?

El ex canciller se encontraba en el jardín real donde casi todo lo que había allí fue sembrado y cuidado por su abuela. Desde que se jubiló ahora tenía tiempo para poder hacer lo que quisiera y tener el tiempo para pensar en que hacer, algo que no había ocurrido desde hace años. Siempre trabajando, siendo él el verdadero gobernante mientras Shuriki solo ostentaba la corona, apartó los pensamientos de esos tiempos oscuros, lo último que necesitaba es pensar en esos tiempos en los que estaba solo.

– ¡Esteban, espera! –escucho que lo llamaban, giro, encontrándose con su prima Elena, la reina. La joven reina jadeó por aire, parece que estaba apurada por encontrarlo, la joven se enderezó cuando por fin recupero el aliento –. ¡Al fin te encuentro! Te estuve buscando por todo el palacio.

–Elena –hizo una pequeña reverencia –. Una reina no corre en los palacios, mucho menos buscando a su primo –reprendió con su tono severo y aburrido. Siempre fue un hombre que sigue los protocolos y las etiquetas, sin contar lo meticuloso que es; por eso, ambos primos chocaban pero igual se amaban.

–Ya lo sé –masculló –. Pero esto es importante, primo, es sobre la negociación con Tinopla.

El hombre frunció sus perfectas cejas, intrigado. Hace años que el reino no tenía relación alguna con Tinopla, no desde que Shuriki se apoderó del reino, Tinopla se negó a reconocer el gobierno de la hechicera y ella como venganza cortó toda relación con el reino. Por suerte él pudo mantener relaciones con los otros reinos cercanos y mantener la estabilidad del reino, pero por poco.

– ¿Qué ocurrió, Elena? ¿Necesitas de mi ayuda? –preguntó seriamente.

–Tienes que casarte.

El hombre parpadeó un par de veces procesando lo dicho por su prima. Por un momento pensó que se trataba de una broma pesada por parte de ella, pero al ver el rostro serio y preocupado de Elena supo que hablaba en serio; sus cejas se fruncieron aún más si era posible, masajeó su cien con hastío antes de componer su postura regia de siempre. Elena pensó que se lo tomaría mal pero estaba calmado, demasiado. Ni siquiera cuando ella fue pretendida su primo se había tomado las cosas con calma, había tomado el papel de encontrar el esposo perfecto que no interfiriera con su poder como reina en absoluto, buscando un rey de adorno.

–Necesitas un rey que te apoye, sí, pero que no se pase de listo y quiera quitarte tu poder como gobernante por derecho propio –le había dicho aquella vez –. Necesitas de alguien que no suponga un peligro para ti políticamente, pero que, al mismo tiempo, haya un equilibrio para cuando tengas a esas sanguijuelas en busca de una reacción negativa por tu parte. Un pequeño error y esa será la imagen que tendrán de ti –agregó con una nota ácida mientras leía la lista de pretendiente.

Obviamente, al elegir a Mateo, su primo quedó mucho más tranquilo pero de igual modo se preocupó de que Mateo no estuviera a la altura de ser un consorte real y, como el controlador que es, le estuvo enseñando a Mateo lo que debería hacer un consorte; desde etiqueta, política, geografía e historia, cosa que su esposo le agradece al ex canciller aún hoy en día. Ha hecho un trabajo excepcional desde entonces y todo gracias a la guía de su primo.

–Perdón, Elena, ¿podrías repetirlo? –pidió, incrédulo. Seguramente la edad ya le está afectando y escucho mal pero sabía que eso no era cierto.

–El embajador de Tinopla vino con una propuesta matrimonial para ti, como parte del acuerdo que los reyes quieren con Avalor –le explico lo mejor que pudo, sus labios fruncidos, pensativa –. Obviamente le dije que lo pensaría con el consejo y contigo para darle una respuesta mañana –alzo la mirada, sus ojos se encontraron –. ¿Entonces, qué dices, primo? ¿Qué piensas de la propuesta? O ¿deberíamos ir a hablar con el embajador, renegociar con él, te parece?

– ¿La propuesta originalmente no era para ti? –ella negó. Acarició su mentón, pensativo –. Obviamente no, todo el mundo sabe de tu matrimonio –a pesar de su desconcierto sigue portando esa postura digna –. A pesar del indulto que me has concedido dudo mucho que una dama de alta alcurnia acceda a casarse con un traidor, Elena. ¿Segura que la propuesta era para mí?

–Estás perdonado por tus acciones pasadas, primo –le recordó, su voz conciliadora –. Pero si, el embajador nos dijo que es como un mensaje para todos los reinos, de que eres un buen hombre y que mereces el indulto real. Además, tenemos el nombre de la dama; se llama Lady Alyssa Sopranos. Naomi se encargará de investigarla, eso es seguro. No habrás oído hablar de ella, ¿no?

–Por desgracia, no –ambos se sentaron en una de las bancas del jardín bajo un árbol –. Volver a tener relaciones con Tinopla es importante, mucho.

–Si no quieres casarte solo tienes que decirlo y me negaré al acuerdo.

–Elena, no podemos permitirnos perder aliados, más que nunca hay que tenerlos. Admito que esta alianza es mucho más segura, duradera.

Esteban llevaba años jugando a este juego por mucho tiempo, sabía los trucos y las movidas que se deben hacer para lograr los objetivos establecidos, porque ¿de qué otra forma pudo haber destacado como canciller por años? Ante otros políticos es respetado por su astucia a la hora de negociar, claro está, que su traición es una mancha que difícilmente sería olvidada tanto por el pueblo como para los aliados. Quizás este matrimonio ayude no solo a conseguir la alianza para el reino sino también para limpiar su reputación, aunque eso poco le importa, a los únicos que le importa es su familia.

–Te dije una vez que dedicaría mi vida a servir el reino, a compensar mis errores, prima –Esteban continuo –. Haré esto por ti, por el reino y por la familia. Cumpliré mi juramento.

–Esteban...

–Ya está decidido, Elena –interrumpió, levantándose de la banca sacudiendo su traje que no tenía mota alguna –. Vayamos con los abuelos para notificarles la decisión sobre la alianza con Tinopla.

Elena aceptó su mano, ambos volvieron al interior del palacio. La joven reina aún no parecía convencida del todo pero sabía que, sin importar lo que dijera o hiciera, su primo no cambiaría su postura.

El jadeo de Luisa se escuchó en toda la sala del consejo, cuando volvieron al palacio ella y Francisco iban a descansar después de una largo día, pero Armando les aviso sobre una reunión de emergencia organizada por Elena; desde luego todos se encontraban allí (salvo Isabel, que aún es muy joven y Elena prefiere mantenerla fuera de estos asuntos). A Luisa le costó mucho perdonar a su nieto, pero lo amaba, y lo último que quería para él es un matrimonio sin amor.

–Dime que te negaste, Elena. Dime que lo hiciste, mija –rogó, Elena apartó la vista de su abuela, entonces dirigió la vista a su nieto –. ¿Esteban? –preguntó.

–Somos de la realeza, abuela, difícilmente gozamos de matrimonios por amor –respondió Esteban suavemente.

–Mi amor, la alianza con Tinopla es importante. Esteban sabe lo que hace, ¿cierto? –Francisco se dirigió a su nieto mientras tomaba por los hombros a Luisa.

–Aún creo que es una tontería –escupió Naomi con los brazos cruzados.

–Difícilmente esto es una tontería, señorita Turner. Usted nunca sabrá lo que es ser un miembro de la realeza, conlleva responsabilidades, sacrificio –replicó Esteban, calmado, sin el tono de superioridad característico que usa para dirigirse a Naomi. Esta serio, no hay insultos ocultos ni comentarios sarcásticos, ni siquiera una sonrisa petulante. Naomi lo fulminó con la mirada.

–Casarse por otra cosa que no sea amor no debería hacerse –prosiguió, terca –. No es justo ni para ti ni para Lady Alyssa.

Debido a la crianza de Naomi y ver como es el matrimonio de sus padres no le cabía en la cabeza que el matrimonio no sea otra cosa que una unión por amor. Ciertamente, no entendería esta parte de los miembros reales, simplemente no se puede usar a dos personas como peones en un juego de ajedrez.

–La decisión ya fue tomada –Elena tomó la palabra –, mañana mismo se le notificará al embajador Doria. Si no hay más que decir, se cierra la sesión.

Elena dio un golpe con el mazo sobre la mesa.

–Bueno, ah –balbuceó Mateo –. ¿Felicidades, supongo?

–Es una dama con suerte –agregó Gabe pese a la mirada fulminante de su prometida, Naomi.

Francisco palmeó el hombro de Esteban y Luisa acarició su mejilla levemente.

Y, una vez solo en su habitación, Esteban se quedó en el marco de la ventana, pensativo. Ciertamente no conoce en nada a su prometida, más allá de su nombre, solo esperaba que esta unión fuera lo más pacífica posible no solo para él sino para ambos. Aunque bien, puede usar la carta del divorcio, una vez cumplido un año de matrimonio ambos podrían optar por la separación; y, como bono extra, la alianza entre Avalor y Tinopla no se vería afectada por el matrimonio pese a haber fracasado. Un plan de respaldo, siempre tiene uno.

Ver el reino desde su ventana es una vista maravillosa, pero lo que en verdad llamaba su atención es el mar, navegar siempre lo relajaba. Quizás mañana tomé un barco pequeño y navegue para despejar la mente.

–Lady Alyssa Sopranos –probó el nombre en sus labios por primera vez.