Lemonale dice: Disfruten este capi! :3
Capitulo 29
Reparaciones II
Una gran combinación
Algo era seguro: Bulma era complaciente cuando estaba contenta... Y algo más.
Vegeta veía el mar brillante. Estaba en el balcón, en una mesa con sombrilla. No pensó que aquel incidente pudiera hacerla tan feliz, al grado de canturrear por ahí, brindarle atenciones que jamás había tenido y, sobre todo, lo peor de todo, era oír su chillona voz entonando azucarada:
—Ve ge ta chan
El guerrero hizo una mueca "Es igual que su madre…" Estaba a punto de vomitar de dulzura. Resopló indignado.
Bulma apareció con dos paletas heladas en las manos; una de fresa y una de limón. Por supuesto, mordió la de fresa primero. Le ofreció el helado verde al moreno.
Vegeta miró el polo como si se tratara de veneno. Se lo arrebató de las manos y lo admiró con cuidado. Sus perlas negras notaron el frío humo. Alzó una ceja. Volteó sus ojos para ver lo que hacía la peliaqua con él, y regresó a su paleta. De la manera más cautelosa la lamió. Abrió un poco los ojos, lo que le permitía su aspecto malhumorado — Mh — Fue todo lo que dijo. Mordió ávido el resto de la golosina ácida y dulce.
— ¿Qué tal? ¿Te gustó? — Habló la científica, con una sonrisa en el rostro. Lamió su rosada paleta para saborear esos pequeños trozos congelados de fresas.
— No está mal… —Vegeta la miró, ¿Hasta cuándo se pasaría esa faceta empalagosa? No sabía si podría soportarlo por más tiempo… Los terrícolas eran muy complicados. Al menos, había conseguido un sexo muy pleno y satisfactorio. Mordió otro trozo de su paleta — Te prohíbo que te dirijas a mí con ese apodo tan ridículo.
— ¿Eh? ¿No te gusta? Mh… Que tal… ¡Veggie! ¡Ese es más lindo!
El resto del polo de limón cayó en la mesa.
Bulma, ligeramente, tembló. Cerró uno de sus ojos en espera del grito.
Vegeta alzó un poco su torso, apoyándose en el respaldo de su silla. Cerró los ojos con una sonrisa cínica en la cara. Rió gutural — Claro… Sin duda ese es mejor… —Bulma parpadeó. El moreno endureció el rostro y saltó de su asiento, con una mano golpeando la mesa — ¡¿Qué tú estás demente? ¡Ponerle un apodo tan imbécil al príncipe de los saiyajin, tú, terrícola injuriosa! ¡Jamás me vuelvas a llamar de ninguna otra forma que no sea mi nombre! ¡Es una orden! ¡¿Oíste, mocosa estúpida?
Después de recuperarse del susto, Bulma, frunció el ceño — ¡No tienes que gritarme! ¡Simio Idiota! ¿Ese apodo le parece mejor, su majestad? — Le clavó su paleta de fresas en la boca al príncipe, consternándolo — ¡Y no me vuelvas a llamar estúpida! — Se retiró con la nariz en alto.
— Tsk…— El hombre rompió, el polo de fresa, para tragarse el pedazo de su boca. Miró, rencoroso, a la peliceleste —Esa mocosa vulgar…— Mordió otro trozo de la paleta, hasta terminársela"Sabía que su amabilidad no duraría…"—Hmpf…— Tiró el palillo. El sabor de las fresas y el limón combinaban bastante bien.
— ¡Ugh! ¡Ese maniático de la guerra! ¿Qué tiene de malo que lo llame así? ¡Yo puedo llamarlo como quiera! ¡Total! él siempre me anda poniendo apodos denigrantes — Pateó una inocente maceta — ¡Malnacido! ¡Tan buen humor que tenía! ¡Sólo él… — Se detuvo antes de darle –más– patadas a la maceta "Sólo él puede hacerme feliz… Y luego enfadarme así…" Se sonrojó con enojo — ¡Ugh! ¡MALDITO CHANGO! — La mansión tembló.
Vegeta se descolocó al escuchar el chillido. Alzó una ceja "Debo recordar arrancarle la lengua la próxima vez…" Volvió a recargarse en el barandal. Era muy riesgoso arrancársela con un beso. Un dejavu lo perturbó "Ya había escuchado un sonido así de molesto antes… ¿Pero en dónde?..." Bajó sus perlas, tratando de recordar.
— ¡Vegeta! — Bulma apareció. Tenía sus zapatos llenos de tierra — ¡Quiero que te prepares para irnos! ¡Lleva todas las maletas al avión!
— ¡¿Me estás dando órdenes?
La mujer se acercó más para enfrentarlo — ¡No dejarás que una delicada mujer como yo cargue todas esas maletas! ¡¿Qué no tienes modales? ¡Eh! — Desafió con el rostro convencido.
— ¡Ahg! — El moreno apretó sus puños y fue por las maletas. Detestaba que usara eso contra él — Hmpf… Esa mujer mandona…
Bulma cruzó los brazos y lo siguió — Muchas gracias Vegeta, en el fondo, eres un hombre muy caballeroso…— Vegeta resopló. Bulma sonrió largamente — Lástima que no lo saques tan a menudo… La mayoría del tiempo eres un grosero.
Vegeta se detuvo y volteó con el gruñido atrapado en sus dientes. Alzó una ceja y se incorporó, cruzando sus brazos con arrogancia — ¡Tú tampoco eres muy respetuosa que digamos! No eres la dama delicada que te empeñas a decir.
La furia de la peliceleste empezó a llegar a los límites — ¡Ugh! ¡Simio tarado! ¡Por supuesto que soy toda una dama! No soy como ustedes, ¡Monstruos anormales, brutos, maniáticos de las batallas!
Vegeta la miró unos instantes, en silencio. Para él, el ki de la peliaqua tenía algo especial. Decidió mantener su rostro indiferente y caminó hacia las maletas — ¿Dónde está ese aparatoso transporte?
La peliaqua parpadeó extrañada. Esperaba una buena discusión ¿Acaso le había afectado ese comentario tan ordinario? Desde aquella ocasión, cuando mencionó sin querer, la superioridad de la raza humana, contra la de los saiyajin, había decidido cuidar bien sus palabras. Aunque, enfurecida a veces no podía pensar — Afuera, lo saqué de su cápsula desde la mañana…
Vegeta la miró unos instantes y regresó a las maletas. Las cargó todas con sólo una mano, apilándolas. Su equilibrio era perfecto — No te quedes ahí parada como una tonta, abre la puerta si no quieres que la destruya.
— ¿Eh? — Salió, la mujer, de su distracción — Ah... ¡Sí! Perdona... — Abrió la puerta de uno de los tantos cuartos, para poder salir de la enorme mansión. Miró a Vegeta, quien le dirigió sus perlas indiferentes y profundas. Bulma desvió los ojos, ese misterio enigmático la dejaba hipnotizada. Él parecía bien, simplemente, era ese halo de oscuridad que siempre emanaba. Decidió no distraerse más para poder seguir abriéndole las puertas.
Vegeta colocó todas las maletas en el avión. Cerró la puerta. Volvió a su pose altanera — Ya puedes irte — Habló grave.
La mujer parpadeó unas veces — ¿Qué? ¿No vendrás conmigo?
— Ahg… — Gruñó con hastío, no soportaba sus impertinencias — Tengo ganas de volar un poco — Concluyó.
— Bueno, está bien… Ya sabes cómo llegar a la casa…— La mujer abrió la puerta para entrar al avión. Volteó al moreno, brillante como una bombilla — ¡Te reto a una carrera! ¿Qué dices? El que llegue primero a la Corporación gana.
— ¿Pero que tonterías dices? Eso es muy infantil… No tienes oportunidad —Agregó, el hombre, con superioridad — He visto la velocidad de esas máquinas, no es más que lenta basura aérea.
La científica sonrió confiada. Dio dos pequeños golpes al metal del transporte — Este no es un avión ordinario, fue modificado por mí y nadie en la tierra tiene la velocidad que tiene este bebé. Te dije que me encantaba la velocidad — Guiñó un ojo — ¿O qué? ¿Tienes miedo de que una humana te gane? — El desafío de la mujer se notó en su voz provocadora.
— ¡Jmm! Estás demasiado confiada terrícola… — Resopló divertido el saiyan — Te diré lo que haremos — Agarró una roca del piso. La tiró al aire y la sujetó con fuerza — Como soy un príncipe, de una raza superior, muy amable… Te daré una gran ventaja. Tiraré esta roca al cielo… —Miró, a la mujer, con sus breas hirviendo —…Y cuando llegue al piso te seguiré. Tu inteligencia humana contra mi velocidad saiyajin ¿Qué te parece? — Sonrió con prepotencia.
— Mira quién es el que está muy confiado… Su alteza… — Sonrió la científica. Correspondió con sus zafiros chispeantes — Aceptaré su reto majestad ¡Tomaremos el camino largo! Trate de medir su fuerza al tirar esa piedra, o morderá, demasiado pronto, mi polvo — La peliaqua entró a al avión. Se sentó en el asiento del piloto y se colocó su cinturón de seguridad. Sonrió largamente, confiada. Su vehículo tenía tecnología de la nave de Kamisama. Podía viajar a Júpiter, en unos segundos, si quería.
Vegeta jugó con la piedra en su mano. Pensaba en utilizar, apenas, una pequeña parte de su poder; "Será interesante…" Sonrió de medio lado, con su sangre saiyan transitando como lava por sus venas.
Preparando el avión, la científica se posicionó al volante. Su rostro reflejaba su emoción. Marcó las luces rojas, traseras, en dos intermitencias.
Vegeta se alertó.
Bulma apretó un cuadrado botón.
— ¡Ahora!
— ¡Ahora!
Con su sonrisa arrogante, Vegeta, tiró la piedra al cielo hasta convertirla en un destello. Bulma, en un grito de guerra, deslizó el pesado volante hacia su pecho. La nave fulminó hasta casi desaparecer de la vista del moreno.
El saiyan abrió, lo que le permitía su ceño, sus ojos — ¡Esa terrícola! — Rugió "Esa no es tecnología terrestre… Esa tramposa…" Miró el cielo con impaciencia, con la mandíbula y los puños tensos"Maldita sea… La mandé muy lejos… ¡Ahg! ¡Esa mocosa! ¡Lo tenía todo planeado!" Miró al horizonte, donde la nave dejaba su faz.
Las risas victoriosas de la científica inundaban el interior del avión. En unos instantes estaría, en su casa, antes del moreno. Dejó una velocidad estable y comenzó a hacer piruetas en el aire — ¡Ese gorila! Debe estar a punto de explotar, el tonto seguro arrojó muy alto esa piedra ¡Le pasa por subestimar a la gran Bulma Brief! — Continuó riendo — ¡Wui! ¡Qué divertido! —Carcajeó entre varias maniobras veloces y turbulentas.
— ¡Esa mocosa! ¡Se está burlando de mí! — Gruñó el guerrero. Divisaba los movimientos de la nave. De no ser por su gran vista saiyajin, seguro se ahorraría esa rabieta. Volteó el rostro al cielo. El brillo de un destello, lejano, hizo un zumbido al bajar. Vegeta sonrió de medio lado; según sus cálculos Bulma llevaría la mitad del camino cuando la piedra bajara por completo. Su confianza hirvió — ¡Haaaa ahhhg! — El brillo dorado de súper saiyajin lo iluminó. Sonrió con arrogancia. Se posicionó.
La piedra cayó. Se rompió en miles de pedazos, y el polvo voló, cuando Vegeta salió disparado detrás de Bulma.
En menos de unos segundos Vegeta le pisaba los talones a la científica. Sonrió divertido y victorioso. Un pitido, dentro de la nave, alertó a la mujer. Ella sonrió. Apretó un botón morado — ¡Ya era hora! — Su voz se oyó a través del altavoz.
Vegeta reaccionó al oírla. Gruñó enojado por la provocación, aumentó su velocidad hasta quedar frente al vidrio de la nave. Volteó su rostro, hacia ella. Le mostraba su rostro triunfal. Aumentó, aún más, la velocidad, para dejarla atrás. Varias islas pasaban debajo de ellos, hasta llegar a otro gran pedazo de mar.
Otra risa, proveniente de la peliaqua, se oyó a través del altavoz — ¿Es todo lo que tiene, su alteza? — Vegeta volteó irritado. Bulma apretó tres botones más, dejando atrás al hombre.
"Es inútil… mocosa…" Sonrió cínico, el guerrero. Su rostro triunfal cambió, paulatinamente, al ver la velocidad creciente de la nave. Una chispa brilló en su frente ¡No podía ser! ¡No podía perder! ¡No contra una humana! ¡No contra ella! Elevó su ki al máximo poder para quedar a la misma altura de ella, su velocidad parecía de… una nave espacial… Gruñó con furia, con los puños temblorosos de rabia. Gritó algunas maldiciones que se llevó el viento.
Ambos estaban a la par; por instantes cada uno tomaba la delantera.
Las venas de Vegeta saltaron, quedaba sólo un tercio de ese gran trozo de mar, y luego, la ciudad del oeste. De un grito sacó todo el poder que llevaba adentro, "¡Mierda!" Sintió su cuerpo pesado. No había practicado su vuelo en estado de súper saiyajin, ¡Si tan sólo lo manejara mejor, ganaría sin problemas! Una aguja se clavó en su orgullo. Trató de aumentar su velocidad.
La peliceleste notó que empezaba a tomar ventaja. Sonrió prepotente, hasta que… Una alarma, parecida a la sirena de una ambulancia, empezó a sonar — ¡Ay no! ¡Ay no! ¡No me hagas esto bebé! ¡Estamos tan cerca! ¡Ah!— Una gran turbulencia la perturbó. Apretó el botón morado — ¡Vegeta! — Las alas del avión se destrozaban. La nave, forzadamente, aterrizó, en un gran chapuzón, en el mar abierto.
Vegeta escuchó la voz de la mujer. Miró el aparatoso transporte descender; hasta caer en el mar. Rió gutural. Se detuvo, volviendo a su estado natural, para buscar a su rival y regodearse en su cara. El hombre levitó, lentamente, hasta llegar al techo, del avión, que había salido a flote.
— ¡Maldita sea, Vegeta! ¡Sácame de aquí! — Gritaba la científica, con el agua hasta la barbilla — ¡Glupglupglup! — Un estallido fue lo último que se escuchó.
El saiyan sonrió altanero. Golpeó el techo para sacar gran parte del metal. Metió una mano al interior de la nave — A ver… ¿Qué tenemos aquí? — Rió ronco. Sacó a la mujer — ¡Ah, miren esto, una terrícola testaruda! ¡Ahora sí pareces un pez de labios rojos! — La dejó caer en el techo metálico.
— ¡¿Por qué te tardaste tanto mono insensible? — Tosió la científica. Estaba, hermosamente, enfurecida y mojada.
— Fue divertido verte perder irremediablemente… — Rió malvado el guerrero — ¡Te advertí que no podrías contra el príncipe de los saiyajin!
Bulma escuchó atenta la carcajada tenebrosa del hombre. Reaccionó — ¡¿QUÉ? ¡¿Estás ciego? ¡Era obvio que yo te estaba ganando!
El saiyajin torció los labios. Entendió que debía entrenar también su vuelo, en estado ssj, gracias a ese pequeño juego. Debía manejar mucho poder.
— ¿Ves? Tu silencio me dice que es cierto ¡Yo gané! — Bulma se levantó, con las manos en sus caderas y su gran ego, reluciendo como un sol naciente — ¡Soy la mujer más lista del universo! — El gran viento del mar la erizó. Se abrazó a sí misma — ¡Ha… Hace frío!
Vegeta alzó la ceja — Me pregunto cómo es que vas a regresar…
— ¿Qué? No me llevarás… — Tembló la peliaqua.
— Eres la mujer más inteligente del universo ¿No? Podrás regresar por ti misma — Habló grave el saiyan. Sonrió con malicia.
La peliceleste frunció el ceño — ¡Tú!... — De repente, reaccionó "¿Está reconociendo mi inteligencia?" Volvió sus zafiros hacia el hombre — ¡Eres un mal perdedor Vegeta! No puedes dejar a una linda mujer como yo en medio del mar ¡¿Qué no tiene…
— ¡Ahg! — Interrumpió el moreno, sabía cómo terminaba la frase de la mujer — ¡Bien! ¡Sólo cállate! — Agarró con brusquedad a la científica. La abrazó y elevó sus piernas. Bulma quedó enmudecida. Miró el rostro de Vegeta, parecía un poco agotado. El viento la golpeó antes de poder decir algo. Se abrazó al cuello del hombre. La velocidad no era tan alta como pensó. Inclusive era tranquila y agradable. Su corazón latió dulcemente.
El guerrero movió su ceja al sentir a la mujer acurrucarse con suavidad. Sus ropas mojadas le humedecían el pecho, le regalaba un poco de su calor a través de agua salada. El corazón, tan tierno de la criatura, latía contra él. El propio palpitar de Vegeta se acompasó. Resopló; pronto terminaría su tormento…
Al llegar a la corporación, Bulma, se fue a cambiar las ropas. Los padres, de la mujer, recibieron al saiyajin de una manera… más rara de lo usual. El moreno entró al lugar, y le invadió una extraña sensación. Ya no se sentía un extraño. Algunos de los sirvientes lo saludaron y lo reconocieron. Él simplemente los miró de manera inexpresiva, sacando monosílabos de vez en cuando. La rubia, le acosaba de preguntas, acerca del viaje. Esa mujer era insoportable, pero de alguna manera no le pareció demasiado desagradable, de repente, hasta parecía graciosa. Tenía su chiste ser tan molesta.
El anciano científico miró al saiyan con una sonrisa — Bien, hijo, ¿Qué tal les fue?
"Hijo…" Vegeta intentó no mostrar expresión ante esa palabra — Bien — Fue su única respuesta. Todavía no procesaba la manera de dirigirse a esas personas, que no eran… sus enemigos y que tampoco necesitaba impresionar. Nunca entablaba conversaciones con ellos, siempre los evitaba. La madre de la mujer era un caso especial que quería evitar a toda costa. Lo desconcertaba demasiado, más que su propia hija, aunque ella también era otro caso especial. Simplemente no estaba acostumbrado a esas miradas dulces. Lo irritaban y a la vez lo incomodaban de maneras que no podía explicar. Prefería irse a su habitación, encerrarse y comenzar a prepararse para el largo viaje que llevaría en unos días. Sin embargo; el aroma del lugar lo invadió. Se llenó los pulmones de ese aroma cálido. El termostato perfecto, galletas horneadas en la cocina y esas sonrisas estúpidas, de los padres de Bulma, adornaban el sitio.
La rubia llegó ante Vegeta con galletas calientes en una bandeja — ¡Oh! Apuesto y joven Vegeta… Toma una, están recién hechas, espero mi hija no te haya mal alimentado estos días sin el servicio. No le gusta cocinar, no lo heredó de mí ¡Pero claro! ¡A mí sólo me gusta la repostería! ¿Qué tal si mañana te hago un gran pastel? ¿De qué te gusta más? — Canturreó.
Vegeta, manteniendo su seriedad inescrutable, agarró una de las galletas y observó las chispas — No estoy seguro — Respondió serio, él sólo comía sin pensar demasiado en los sabores, satisfacía sus necesidades, no las disfrutaba. Todavía no reconocía muchos nombres de los alimentos terrestres, y no debía importarle. Debía salir ahora mismo de ese ambiente tan perturbador. No podía ablandarse. Dejó la galleta en la bandeja y salió del comedor, dejando perplejos a los padres de Bulma.
— ¡Oh! ¿Pero qué habrá pasado? ¿No le gustarán los dulces? Pero si los comía con tanto gusto… Tal vez debí hacer otro bocadillo — Sostuvo su mejilla, la rubia mujer.
El científico dio unos pasos y se acercó a su esposa — No te preocupes cariño, seguro está agotado del viaje. Esa casa es mágica.
La mujer sonrió de nuevo — ¡Cierto! ¡Ahí es donde aprendí a cocinar!
El hombre de cabello canoso sonrió también — ¡Oh sí! ¡Lo recuerdo! ¡Y aprendiste muy bien cariño!
Ambos rieron despistados.
Bulma salía de su habitación cuando vio a Vegeta pasar velozmente. El hombre se encerró en su haitación, dando un portazo considerable. La mujer parpadeó, se imaginó que tal reacción fue provocada por sus dispersos padres. Suspiró y caminó hacia la puerta con cuidado, tratando de calmar sus nervios de ver, posiblemente a un saiyajin furioso. El rechinido de la puerta dio paso a la abertura. Asomó uno de sus zafiros. La habitación estaba oscura. En ella, Vegeta estaba sentado en la cama, con el rostro caído, sosteniendo sus antebrazos en las rodillas. Parecía una estatua con erizada cola.
— ¿Vegeta?...
El susurro de la voz de la mujer traspasó el denso ambiente hasta llegar al guerrero. Vegeta no volteó — ¿Qué rayos quieres? ¡Lárgate! — Pronunció ronco. Enrolló nuevamente su cola, a la cintura, aplacando sus tensiones.
— Lo que sea que hayan hecho mis padres… Mi madre… — Reafirmo la peliaqua, adentrándose a la habitación. Cerró la puerta con el peso de su espalda — No lo hacen con intención de molestarte… Aunque no lo creas ellos te han tomado cariño… Sé que es raro, porque casi no hablan entre ustedes, pero es cierto… Por favor, sé compresivo al menos con ellos… — Pronunció cada palabra con cuidado.
Vegeta posó sus fríos orbes negros en la científica. Regresó su mirada y la posicionó al frente — Hmm… Eso no me importa… — Agregó.
— ¿Tan malo fue? Dime…
El saiyan empezaba a perder la paciencia — ¡Fue-ra! — Apretó los labios ante cada sílaba.
Bulma frunció el ceño unos instantes. Caminó unos pasos pero, sintió su sangre helar. Regresó hasta atrás. Agarró el pomo de la puerta y empezó a girarlo lentamente detrás de su espalda — ¿Te has fijado? La puerta del baño está reparada…
— Ah… — Habló, el saiyan, con ese monosílabo, tratándolo como afirmación.
La mujer detuvo el girar del pomo. Llegó al tope para poder abrir la puerta y salir. Dirigió sus zafiros al feroz moreno. Desde esa posición parecía, más que otras veces, un animal salvaje, con esa cola erizada retorciéndose en su cintura. Estaba arisco, le dejaba en duda sobre su raciocinio — ¿Estás bien?
— Tsk… No lo repetiré de nuevo… No quiero ver tu cara.
Bulma bajó los zafiros, decidió salir de ahí poco a poco, hasta desaparecer luego de cerrar la puerta.
Vegeta se tomó la cabeza con las manos, colocando sus codos en sus rodillas. Sólo debía soportar unos días más, unos días más antes de perder los estribos. Necesitaba calmarse. Apagar todo lo que sentía. Las células de su interior estaban en conflicto. Él no necesitaba de un lugar como la tierra. Los sentimentalismos de esos humanos sólo eran una pérdida de tiempo. Y ya había perdido demasiado tiempo con aquella humana. No podía acostumbrarse a esas personas, él debía destruir este planeta ¿Cómo es que podía haber considerado llevarse a Bulma? En eso momento no pensaba con toda claridad, ¡La había conjeturado como la mejor combinación! ¡La inteligencia de esa terrícola y su gran poder! ¡Pero no! Ella el problema de sus conflictos ¡No podía llevársela! Así como no podía matarla. Ahora tenía cola. Era sencillo para él ser el gobernante del universo y, luego de su viaje al espacio, seguro sería imparable. Él sabía, que ya era el hombre más fuerte del universo. Diez veces el poder que tenía, si sacaba la luna artificial de sus manos, era suficiente para gobernar cualquier cosa. Había comprobado su gran poder la noche anterior, cuidando claro, que nadie se enterara, inclusive la sabandija de su rival, que planeaba humillarlo, después de matar a los androides, lenta y tortuosamente. Sólo debía controlar el estado ssj y ya nadie podría pararlo jamás. Era invencible, lo era… No necesitaba más, ni a ella, ni a nadie… Así como no necesitó nunca a nadie en toda su vida.
NOTAS FINALES DEL CAPÍTULO
(Aparecen imágenes del próximo capítulo al puro estilo DBZ)
Bulma: ¡Hola! ¡Soy Bulma!
Milk: ¡Y yo Milk!
Bulma: ¡Nuestros esposos tuvieron que faltar para rescatar el universo! ¡El hermano de Freezer nos ataca!
Milk: ¡Pero mi Goku nos salv... (Se detiene en seco) ¿Dijiste el hermano de Freezer? A mí Goku me dijo que fue por Broly...
Bulma: No, no, eso es más adelante...
Milk: ¡No! Porque ese sujeto ataca dos veces!
Bulma: ¡Eso es mucho más adelante!
Milk: Un momento... ¿No Cooler ya había sido derrotado?
Bulma: Tienes razón... Siento que ya he escuchado esa excusa... ¡Un momento, me dicen que Vegeta no aparece en la primera de Cooler!
Milk: ¡Oh no Bulma! ¡Eso quiere decir que...
Ambas: ¡De nuevo están haciendo trabajos en fanfics Yaoi! ¡Buaaaaa!
