Lemonale dice: Disfruten este capi! :3


Capitulo 30

Reparaciones III

Muestras

Bulma abrió el frío metal de la nave. Varios circuitos, de colores, fueron modificados. El cromo de las herramientas, en la mesa de trabajo, brillaba. Se limpió el sudor de la frente, había perdido algunas piezas en su pequeña carrera con Vegeta. Improvisaba. Debido a una epidemia de gripe, los empleados, en el laboratorio, eran unos cuantos. La científica había trabajado todo el día, y la noche, para configurar, de nuevo, la nave para viajar al espacio. Vegeta no aparecía, él, simplemente se fugó. El trabajo pesado estaba hecho.

Algunos cálculos, en los planos, estaban tachados. La peliceleste suspiró. Ahora sólo restaba el trabajo, de algunos asistentes, para dar los últimos detalles en la estructura principal. Fue directamente a su gran computadora. El monitor gigante se encendió. Agarró, con sus dedos de porcelana, su taza de café. El líquido oscuro brillaba entre espuma. El humo despedía su delicioso aroma.

— Me sorprende la cantidad de comida que puede ingerir la raza saiyajin. Vegeta parecía muy hambriento — Mencionó el padre de Bulma, que entró al laboratorio.

La peliceleste reaccionó. Bajó su taza de café. Miró a su padre — ¿Qué? ¿Ya apareció? — Frunció el ceño — Ese simio grosero, no aparece todo un día y sólo llega a comer — Se sentó con estrépito — ¡Es un desconsiderado!

El científico parpadeó un par de veces. Miró el techo — Oh… Ya veo, están peleados. Él debe venir al laboratorio.

La mujer volteó hacia su padre — ¿Venir? ¿Y para qué, papá? — Volvió a su café, fingiendo indiferencia.

— Pues… Hija… Él me pidió una ruta específica. Le pedí que venga para configurar las coordenadas — Tomó asiento cerca de la computadora. Sujetó una libreta y un lápiz — Es un sujeto bastante interesante, no sólo es fuerte, también es muy inteligente. Sin duda será el padre ideal para mis nietos — Sonrió alegremente.

— ¡Pffffffffff! — La peliaqua escupió, sin remedio, su café. Un sonrojo se pintó en su rostro. Volteó enojada — ¡Papá! ¡Pero qué cosas dices!

El anciano parpadeó — ¿Me equivoco? Pensé que ustedes dos…

— ¡No, no, no! — Chilló, la peliceleste, avergonzada y molesta — ¡Nosotros no somos nada!

— ¡Oh vaya! Pero que muchachitos, los tiempos sí que han cambiado — Sonrió el hombre. Pensando en el significado de ese nada. No era tan despistado como aparentaba.

Bulma apartó su rostro sonrojado — Ay papá… Tú estás igual que siempre… — Cambió su expresión por una más abatida. Suspiró, no se atrevía a decirle a su padre lo difícil que era que ella pudiera quedar embarazada — No importa papá, las cosas son bastante complicadas entre él y yo…— Frunció el ceño — ¡Yo no debería decirte esto! ¡Son mis asuntos! — Infló una mejilla.

El mayor rió — Está bien, princesa.

— Hace mucho no me decías así… — Volteó la peliceleste, hacia su risueño padre.

El padre de Bulma, parpadeó unas cuantas veces y luego esbozó una sonrisa sincera — ¿En serio? No me había dado cuenta… — Miró a un punto perdido. Reaccionó al recordar — ¡Claro! Un día saliste de la casa, con las dos esferas del dragón que teníamos, a buscarte un príncipe azul — Rió — ¡Y no pudimos detenerte! ¡Siempre has sido así, imparable! ¿Me pregunto de quién lo habrás heredado? — El hombre asentó la libreta y el lápiz — Desde eso supuse que mi princesita ya había crecido.

Bulma miró a su padre, nostálgica, con una sonrisa compasiva en el rostro — Discúlpame por ser una niña tan rebelde, papá…

— No tienes que disculparte por eso, hija. Estoy orgulloso de ti… No importa lo que hagas.

La mujer sintió la calidez de su padre en el alma. Se levantó para besarle su blanquecina cabeza — Te quiero papá — El mayor sonrió.

La puerta del laboratorio se abrió. Subió con la presión del aire. Vegeta miró a padre y a hija, con esa pose altanera, indiferente. Había escuchado parte de esa conversación desde afuera. Hastiado, enfadado con los sentimentalismos humanos, decidió irrumpir sin tapujos — Vine para dar las coordenadas de mi viaje — Caminó hacia los científicos. Alzó una ceja — ¿Cuándo se supone terminarán la nave? Ya esperé demasiado — Preguntó seco, casi exigiendo.

El ceño de Bulma se frunció levemente. No podía evitar enojarse con esa actitud tan pretenciosa. Su ceja tembló, conteniendo su rabia. Antes de estallar su padre la interrumpió.

— ¡Vegeta, hijo! — Habló sonriente el científico. Vegeta trató de mantener su inexpresivo rostro, de nuevo, al oír esa palabra. El mayor se levantó del asiento — La nave estará mañana en la mañana, ¿Seguro no quieres un mejor equipo de sonido?

Bulma cruzó los brazos, miró al saiyan con rabia. Cerró los ojos con indignación — ¡Eres muy indulgente, papá!

— ¿Indulgente? ¿Indulgente, por qué? — Respondió, con distracción, el anciano hombre.

Vegeta se recargó en la mesa — Necesito la nave lo más pronto posible. Quiero salir de este planeta ya. Necesito entrenar.

— Entiendo, entiendo… — El científico notó la tensión, y que además, estaba en medio de esa tensión. Rió — ¡Bueno!... — Tomó el hombro de su hija — Bulma, por favor toma las coordenadas de Vegeta. Yo iré por los planos del equipo de sonido.

La mujer abrió los ojos al sentir el toque. Volteó para reclamar, pero su padre ya se alejaba — Pero… papá…— Miró a Vegeta con la furia en sus ojos. Colocó sus manos en sus caderas y se dirigió al asiento de la computadora. Empezó a teclear — Mi padre es demasiado compasivo contigo… No deberías tratarlo como un esclavo. A él le agradas.

— Hmpf — Vegeta miró la nave desde ahí, ignorando las palabras de la mujer — ¿Qué quiso decir con equipo de sonido? No supe a lo que se refería con eso desde la primera vez que lo mencionó… Espero no sea nada inútil que esté retrasando mi viaje…

Bulma tragó saliva — Bueno… Pues verás…

Vegeta la miró desde arriba — ¿Qué? Dilo muchacha terrícola.

Bulma reventó el mouse de su mano — ¡Ugh! ¡Ya me cansé de tu actitud! ¡¿Me puedes decir a dónde rayos te metiste? — Se volteó hacia el saiyan — ¡Estaba muy preocupada! ¡Me sacaste de tu habitación y luego no apareces un día entero!

— No tengo por qué decirte nada. No es asunto tuyo —El moreno desvió el rostro hacia el frente. Aún estaba en la misma pose, recargado en la mesa, con los brazos cruzados.

— ¡No es asunto mío! ¡Ugh! ¡Simio desconsiderado! ¡Por supuesto que lo es! No porque no seamos nada, tú y yo, significa que no me importa lo que te pase… ¡Maldición! —La mujer empezaba a sentir lágrimas en sus ojos. Se contuvo, ocultó su rostro hacia un lado — Ya no importa… Sólo dime que no hiciste de las tuyas…

Vegeta mantuvo su seriedad — ¿Eso es lo que te preocupa?... Para tu información no maté a ninguna sabandija terrícola…

— No, yo… — La mujer arrugó su falda con sus manos — Soy tan estúpida que pienso que ya no harás más desastres… — Aún sonaba enfadada, aunque su voz tembló. Miró al moreno — Estaba preocupada porque te vi extraño esa noche… Pensé que te pasaba algo… Parecías triste…

— ¡Hmmp! — Resopló el saiyan. Hizo una mueca — No seas ingenua, eso es algo imposible — Sus perlas negras miraron a la científica. Notó esa capa reluciente en sus zafiros — Deja de llorar por estupideces, es muy molesto — Regresaron sus orbes negros a la nave — A mí no me pasa nada. Estoy cansado de tanta ridiculez humana. No la soporto.

La mujer tragó su sollozo, enfureció su frente— ¡Claro! Si yo fuera saiyajin tal vez tú…

Vegeta atrapó un gruñido entre sus dientes — ¡Deja de decir idioteces! No me interesa lo que seas. No quería ver a nadie.

Bulma jugó con los trozos del mouse deshecho — Tienes razón… Los humanos somos mejores… — Cerró los ojos, convencida de sus palabras. Tratando de molestar al hombre.

— Hmm… —Vegeta sonrió de medio lado — Sigues diciendo idioteces…— Se incorporó y volteó hacia el monitor — Deja de perder el tiempo y coloca las coordenadas.

Bulma lo miró, parpadeó — ¿Eh? — No se esperaba esa reacción — Sí… Está bien… — Abrió un cajón para sacar otro mouse. Vegeta alzó la ceja al ver la cantidad de esos artefactos dentro del cajón. Parecía que la mujer destrozaba esos aparatos a menudo. Bulma colocó el mouse y empezó a teclear para llegar al programador. Apareció una pantalla negra, entre códigos y números binarios, la información fue apareciendo. Vegeta miró los símbolos, algunos podía reconocerlos, pero, no sabía si tenían el mismo significado que él conocía. Vegeta entendía varios idiomas y lenguas. Nunca necesitó utilizar esos conocimientos, usualmente la violencia resolvía todo, así conseguía sus objetivos. Miró con atención los movimientos, de los dedos, de la científica. Eran veloces. El hombre tomó asiento.

La peliaqua, viró su rostro hacia él, pidiendo las coordenadas. Vegeta comenzó a recitar los números, de una manera impresionante. Las sabía de memoria, rápido empezó a informar, como si fuera otra máquina. La mujer comenzó a teclear con velocidad, era la primera vez que alguien le dictaba con la misma rapidez de sus dedos, sin preocuparse por sí ella podría, o no, con el dictado. Sonrió inconscientemente — ¡Listo! — La mujer miró el proceso, de los cálculos, de su computadora. Pasó sus zafiros en cada número y símbolo matemático. Su memoria fotográfica capturaba cada operación. Abrió los ojos — Vegeta… — La mujer miró al moreno — ¿Estarás… un año en el espacio?... — El pecho se le contrajo.

El saiyajin desvió sus perlas — Ese es el plan. Necesito ir a esos puntos para explotar todo mi potencial — Apretó los puños, levantándose, con la sangre caliente en sus venas — ¡Debo volverme más fuerte! — Sonrió cínico — ¡Ya quiero ver la cara de esas chatarras cuando vean a Súper Vegeta! ¡Y luego, Kakaroto! — Rió malévolo — ¡Al fin le cobraré toda esa humillación a ese insecto despreciable! — Mencionó ronco el hombre.

Bulma regresó sus zafiros a la pantalla. Bajó la mirada — Cierto… — De reojo miró esa expresión apasionada del moreno. Sonrió, amando también ese gran orgullo del saiyan — Seguro los dejarás sorprendidos — Comprendía que, de alguna manera, esa pasión, era parte de él, como, era de ella, su propia pasión en la mecánica — Bien… Entonces planearé la ruta más eficaz, haré el cálculo para saber el combustible exacto… ¡Ah! Y tendré que buscar la manera de encapsular refrigeradores con alimentos… No creo que te dé con sólo uno — Su cara se iluminaba cada vez más.

Vegeta suavizó su pose, observó a la mujer. En verdad, lo quería ayudar. Además, disfrutaba hacerlo. Desvió sus perlas y empezó a caminar para irse. De nuevo se turbaba con el comportamiento de esa mujer. Pensó, quizás, que ella estaría demasiado triste y no lo dejaría ir, o que pondría otro de sus obstáculos o juegos para engañarlo. Sin embargo, estaba ella ahí, haciendo todo lo posible para mandarlo al viaje que él utilizaría como entrenamiento y para olvidarla…

— ¡Vegeta! ¿No me digas que ya te vas? — El Sr. Brief entró con una taza de café en mano y otra con planos — Quédate un poco, quisiera hacerte unas preguntas.

— ¿Preguntas? — El príncipe de los saiyajin miró, al científico, con la ceja en alto. Supuso que tendría algo que ver con su viaje al espacio, así que lo siguió. Él conocía un poco a los hombres de ciencia. Era la primera vez que veía un anciano simpático y distraído como ese; pero era un genio después de todo; un científico loco.

Bulma ocultó su risita. Le daba gracia mirar a Vegeta entablar conversaciones con sus distraídos padres. Rogó para que Kamisama le diera la paciencia suficiente al moreno — Cierto Vegeta, no puedes irte así como así. No tenemos muchos empleados hoy, sería útil tener a un saiyajin, tan fuerte como tú, para ayudarnos a mi padre y a mí… Así no nos retrasaríamos — Sonrió traviesa.

— Hmm… — El rostro del saiyajin cuestionó las palabras de la científica. Volteó hacia el anciano — ¿Qué clase de preguntas?

El científico agarró una libreta y un bolígrafo — Una evaluación médica antes del viaje, algo de rutina, es todo…— Su rostro alegre no cambió — Veamos… ¿Cuánto pesas?

Vegeta alzó una ceja. Cruzó los brazos — No estoy seguro… Mi masa muscular se ha incrementado desde la última vez que me hicieron una revisión.

El anciano sonrió — Bueno no creo que estés mal alimentado…

Bulma dejó escapar una risa.

— ¡Ahg! ¿Tiene que estar ella aquí? — Se quejó el moreno. Apretó sus puños.

— Vamos, hija, concéntrate en tus cálculos… — Concretó el Sr. Briefs divertido, pero intentando ser severo.

— ¡Eso es lo que hago, papá! — Bulma se encogió para no reír.

El científico tachó unas cuantas cosas de su libreta. Observó al saiyajin — Veamos… ¿Alergias? ¿Enfermedades congénitas? ¿Mareos? ¿Desmayos? ¿Algún síntoma extraño?

— Mh… ¡Esto es ridículo!— El moreno se recargó— Los saiyajin no solemos enfermarnos con facilidad. Las clases bajas eran los de poca higiene — Agregó orgulloso — No veo por qué hacerme este estúpido cuestionario.

El científico tachó, de nuevo, en su libreta — Vaya, vaya… Como pensé los saiyajin son una raza muy interesante y poderosa — Vegeta sonrió de medio lado al oír eso. El anciano lo miró — ¿Vida sexual activa?

Bulma cayó de su asiento. Se levantó rápidamente y se interpuso, entre su padre y Vegeta, con un sonrojo en el rostro — ¡Papá! ¡Vegeta, tiene razón! ¡Él estará bien! ¡No es un saiyajin común y corriente, es el príncipe, la élite de la élite! Además no fuma, no bebe, él es un hombre muy sano, muy, muy sano— Rió nerviosa.

Vegeta alzó la ceja sin comprender el por qué de ese repentino comportamiento. Él iba a contestar, sin remordimientos, un simple sí al padre de la mujer a la que se llevaba a la cama, "Pero que mocosa tan extraña…" — Lo que dice es verdad… Los saiyajin de clase alta solemos ser más saludables que los de clase baja. Aunque… — Bajó sus perlas negras, con un deje pensativo. Bulma y su padre lo miraron. Vegeta alzó el rostro — Mh… — Pensó bien cómo decir las palabras correctas para que el sencillo científico lo comprendiera con claridad. Desvió el rostro, acomodándose en el asiento. Cambió de opinión, no quería hablar del tema, sabía que las condiciones, en las cuales, falleció su madre, eran poco comunes y que no tenían nada que ver con él. No quería mencionar nada al respecto — He viajado a esos planetas antes, no estaré expuesto a un ambiente diferente.

Los científicos parpadearon. El anciano tachó otras cosas de su libreta — Oh bueno… Eso me tranquiliza un poco. Has estado en el planeta tierra bastante tiempo, no has contraído ninguna enfermedad humana.

— ¡Por supuesto que no! ¡Sus gérmenes terrícolas no son nada para mí! — El saiyajin comenzaba a hartarse del absurdo cuestionario.

El hombre sonrió ante el vigor del guerrero — Sin contar tus hospitalizaciones debido al entrenamiento, eres un hombre que goza de mucha salud— Garabateó su libreta. La asentó — Entonces sólo te tomará unas muestras uno de los enfermeros. Tenemos que estar seguros, no quiero que mi futuro yerno muera en el espacio.

"¿Yerno?..." Vegeta alzó la ceja.

La peliceleste sintió que todas las fuerzas se le escapaban. Notó el rostro del hombre e intuyó que no había comprendido. Quería que la tierra se la tragara de tanta vergüenza. Volteó hacia su padre — Papá… Necesito que me ayudes con esto… — Lo arrastró. Tenía que explicarle unas cuantas cosas.

Una mujer de cabello verde apareció, vestida de blanco — Acompáñeme por aquí señor… — Se dirigió a Vegeta.

El saiyajin la siguió con indiferencia. Le parecía absurdo, pero sabía que era parte del procedimiento, los humanos no comprendían su gran y maravilloso poder.

— ¡Papá! ¡No digas esas cosas delante de Vegeta! ¡Te dije que no somos nada! — La peliceleste tapó parte de su rostro con su palma — Es muy vergonzoso…

El científico la miró — ¿Qué? ¿Qué dije? — Mencionó distraído.

Bulma bajó el rostro, derrotada— ¡Ugh! Papá… No importa… — Era inútil razonar con su padre — Intenta no mencionar nada, Vegeta es…. — Intentó buscar la palabra indicada — ¡Vegeta es tímido! ¡Lo nuestro es un secreto por el momento! ¿Entiendes, papá?

— ¡Ahh…! ¡Un secreto! ¡Claro, cariño! — El mayor sonrió cómplice. Bulma suspiró aliviada. Por lo menos así podría mantener en calma las preguntas de su padre, inclusive le parecía muy sospechoso ese cuestionario. Posiblemente estaba evaluando a su "futuro yerno". De cualquier manera, ella no podía comprender la mente de su genio padre, así como él, no podía comprender la mente de su hija genio.

La puerta de una de las bodegas del laboratorio explotó. Vegeta salió de ahí con las venas hinchadas y el rostro enfurecido — ¡Me largo! — La enfermera yacía en el suelo, con los ojos saltados, debido al susto. El moreno salió de ahí a pasos duros — Métodos inútiles y primitivos… Estoy harto de este planeta… — Mascullaba. Miró a los científicos con sus ojos asesinos, clavando su mirada amenazante. Salió del laboratorio.

— Pero qué fue lo que pasó… — El cigarrillo del científico cayó. Miró a la enfermera de verde cabello.

La mujer, temblorosa, trató de ponerse de pie — El… El señor se rehusó a entregarme una de las muestras…

La peliceleste ayudó a la mujer a levantarse — ¿Pues qué muestra? No me digas que le tiene miedo a una aguja…

— N…No… No la muestra de sangre… — La enfermera se sonrojó — La muestra de semen… — Mencionó casi en un susurro.

Bulma quedó de piedra. Acto seguido; unos gritos hicieron temblar la corporación.

— Insectos sinvergüenzas… Terrícolas miserables… Me las pagarán…— Vegeta caminaba hacia la cocina, cuando sintió un ki bastante peligroso: El ki de la madre de Bulma. Dio media vuelta para su habitación. No podía creer que tuviera que huir de una mujer con un poder de pelea de una unidad. Apenas había vuelto ese día, a esa casa, y ya le parecía el infierno. Estaba a punto de explotar todo a su alrededor. Debía calmarse, no podía hacer algo imprudente, que pudiera retrasar su viaje al espacio. Apretó el puente de su nariz y se encerró en su habitación. Su plan: No aparecer hasta la hora del viaje.

El reloj comenzó a marcar el tiempo. El moreno empezaba a preparase para huir lo que restaba del día. Tomaría una ducha y luego volaría por la ventana. Tenía todo preparado para salir en la mañana con la nave.

— Vegeta…

La puerta retumbó con la voz de la peliaqua.

El hombre chirrió los dientes — ¡¿Qué rayos quieres? — Rezongó furioso.

La voz de la mujer se aclaró y aumentó tras la puerta— ¡Déjame entrar, ahora mismo!

— ¡Largo! Estoy harto de todos ustedes, ¡No son más que unas sabandijas odiosas! Malditas basuras, debería matarlos a todos — El moreno escupía su rabia con cada palabra.

— ¡Ya basta Vegeta! ¡Déjame entrar, simio desconsiderado! ¡Mi padre sólo está preocupado por ti! ¡Lo convencí para que no des esa muestra! — La voz de la mujer chocaba contra la puerta.

El moreno se quitó las ropas y se metió a la ducha sin contestar. La peliaqua escuchó el interior de la habitación. Abrió la puerta, con cautela, y entró. Suspiró profundamente y se sentó en la cama — No me digas que te irás de nuevo y regresarás hasta que la nave esté lista.

Justo en el blanco. El hombre hizo una mueca dentro de la regadera. No había nada en ese momento que pudiera calmar su gran temperamento. Abrió la llave para que las gotas lo golpearan. Ya había sido fastidiando demasiado, humillado con la prueba más degradante y primitiva que le habían pedido en su vida, a él, el príncipe de los guerreros más fuertes del universo. Para colmo de males, había huido de una terrícola que nunca mostró temor alguno por su presencia, y a cambio, él no podía verla ni en pintura. Esa mujer parecía quererlo más mientras más enfurecido o molesto era. Y en ese instante, sus órdenes eran ignoradas por otra mujer. Sí, esa mujer de cabello celeste, que además de ser una molestia, era la mujer más sensual que había conocido. La mujer que no podía matar, la mujer que lo distraía, ¡Era increíble que eso le pudiera estar pasando a él! Sentía que el mundo se le venía abajo, entre coraje y furia. Las manos se convertían en puños, la contracción de sus músculos y sus venas hinchadas comenzaban a sobresalir. No podía explotar la corporación aún. Tomó una fuerte bocanada de aire, como nunca había hecho en su vida. Controlarse no era algo que hacía a menudo. Tenía la templanza de un guerrero de sangre fría, en las batallas, que sabía podía ganar. Pero en esta, en esta había perdido. Estaba derrotado por tres terrícolas insignificantes. Esos terrícolas que le habían brindado algo desconocido y que además, no le tenían miedo. Era suficiente, no podía hacer nada en ese momento, la noche tenía que pasar para pronto salir al espacio, y así, su tormento acabaría. Un poco más tranquilo, en lo que cabía en su temperamento, salió de la ducha con una toalla alrededor de la cintura, sostenida por su cola. Dejando charcos de agua, se sentó junto a Bulma y se dejó caer pesadamente en el suave colchón.

La peliaqua lo miró extrañada. Sonrió satisfecha, al observar a esa fiera con una actitud menos alterada. La gran domadora, aún no podía usar sus grandes cartas sobre esa fiera. Su padre le había aclarado lo difícil que era domesticar a un gato salvaje. Le había dado su espacio, había esperado pacientemente, incluso, de vez en cuando, le temía. Pero; tenía la esperanza de que algún día, ese temor ya no tendría más fundamentos. Ese temperamento tan brutal que la caracterizaba, que la hacían fuerte, debían mantenerse. Entonces… Miró esa cola…

— ¿Por qué sigues aquí? Te había dicho que te largaras… — El moreno acusó gravemente.

Bulma se acomodó al lado del hombre. Apoyó su mejilla en una mano, apuntando al saiyan con el codo. Acarició la cabellera azabache de picos — No pasaré nuestro último día, juntos, enojada contigo— Replicó.

— ¿Tú? ¿Enojada? ¿Y tú por qué tendrías que estar enojada? Al que le pidieron una muestra de semen fue a mí — Agregó, con sarcasmo, el saiyajin.

— Que pena… Pensaba que podía sacártela ahora mismo — La sonrisa traviesa, de la peliaqua, le adornó el rostro.

Vegeta sonrió de medio lado, pasó sus perlas negras a esa criatura — ¿Sabes lo que eres tú?... — El guerrero se detuvo unos instantes para mirar ese cuerpo definido. Regresó sus perlas negras a los zafiros de la terrícola — Eres una humana bastante demente…

El rostro de la mujer mostró un deje complacido; ¿Qué era lo que faltaba? En esos instantes, cuando se miraban los ojos, eran los momentos donde olvidaba cualquier otra cosa. Pasaría un año sin observar esa mirada fría, esa mirada ardiente, indiferente, frente a frente, como se miraban ahora. ¿Cómo es que, en algún momento, tuvo temor de aquel saiyajin tan hermoso? En esos minutos, parecía tan inverosímil que fuera ese villano salvaje. Recibía la caricia de su mano, gratamente, como un cachorro. Bulma dejó caer su rostro en la almohada. Acarició el pecho, del guerrero, con su delicado tacto — No sólo soy eso, Vegeta… También me gusta volver locos a otros… — Pronunció, en un susurro, para robarle un beso.


NOTAS FINALES DEL CAPÍTULO

(Aparecen imágenes del próximo capítulo al puro estilo DBZ)

Milk: Sniff, sniff... mi Goku no regresa... Ya no volveré a presionarlo con un trabajo nunca más... ¡Bua! Seguramente le gustó más hacer ese tipo de trabajos...

Bulma: ¡Ya se me hacía rarita esa obsesión de Vegeta con: Kakaroto, esto, Kakaroto lo otro!

Milk: ¡Todo es culpa de tu esposo! ¡Mi Goku no tenía esas tendencias! Bueno... En realidad el carecía de tendencias... ¡Pero eso lo hace muy maleable! ¡Y tu esposo es un pervertido!

Bulma: ¡¿QUÉ? Pero si Vegeta es un homofóbico, se me hace que Goku lo retó, no sería raro, él no es tan inocente como antes ¡Tú lo habrás pervertido!

Milk: ¡Yo! ¡Por supuesto que no! ¡Si la única pervertida aquí eres tú!

Bulma: ¡Repite eso...! (Se detiene) Eh...

Milk: ¿Qué...Qué pasa?

Bulma: Me dicen que Vegeta y Goku en realidad sí están filmando una película y que nos han estado escuchando todo este tiempo...

Ambas: ¡Buaaaaaaaaaaaaaa! ¡Nos van a dejar!