Lemonale dice: Muchas gracias! esta es la última semana para actualizar rápido! Disfruten este capi! :3
Capitulo 31
Reparaciones IV
Unidades de medida: Horas, minutos, segundos; amor.
Los labios se encontraron, arrastraron una caricia de suave plumaje. El chasquido de dos humedades, rompió en un suspiro. Los párpados cayeron, lentamente, ebrios de deseo. El aliento, perfume de antaño, chocó confundido, entre las comisuras. Eran dos latidos. Corrientes vivas, carnosas, rosadas y brillantes, mezclándose una con la otra. El pecho de Bulma, dulcemente, dejó caer su peso, amortiguándose contra Vegeta. El sabor, tan dulce, se amargaba con los nudos en la garganta, con las lágrimas, conmovidas, que se contenían. Sales escurrían en la boca del saiyajin; el agua marina, de Bulma, proveniente de sus sentimientos, lo inundó. El néctar, de los zafiros, de la mujer, se deslizó, desvaneciéndose, en la mejilla del guerrero. El camino, de la lágrima, se evaporó tieso. El ahogo, entreabrió esa cavidad, por un instante; derritiéndose en el rubor. Las manos, de la peliceleste, se enterraron entre la almohada y el cabello azabache del hombre. El instinto era la única reacción coherente. Sin lujuria. En blanco, las líneas de sus bocas, se dibujaban, acabando donde iniciaba la otra…
5…
La respiración, de ambos, se acompasó.
4…
Un gemido dulce, natural, nació de la boca de la científica. Vegeta suspiró suspendido en la sensación.
3…
Los paladares cosquilleaban. Absortos.
2…
El pecho, del saiyajin, bajó, subió.
1…
El ahogo, la ligera muerte, la deliciosa forma de…
Vegeta abrió los ojos. Apartó el rostro. La mano, del moreno, ocultó sus pecadores labios, sonrosados, por el roce. Estaba consternado consigo mismo. Después de tanto tiempo evitando exactamente eso, había caído víctima de nuevo, ante la sensación más repugnante dentro de él, tan humillante, clara, pura, increíble, maravillosa, fugaz, reluciente, alucinante; perfecta.
La mujer vació su pecho. Cerró sus labios buscando el rostro del moreno. Sus zafiros recorrieron esa melena puntiaguda, esa oreja enroscada, que bajaba hasta el cuello del saiyajin, hasta la clavícula y el torso — Lo has estado evitando… ¿Verdad? — La flecha atravesó al guerrero. Bulma dejó caer su espalda. Miraba el techo — ¿No te gustó? O es que… te gustó demasiado… — No hubo respuesta. La peliceleste jugó con las hebras aqua de su cabello, aminorando la incomodidad. Detuvo sus dedos. Giró hacia el hombre, para perderse en la negra cabellera — Mírame.
— No me vengas con esas tonterías… — La grave voz del saiyajin contestó, aún, con el rostro oculto. Estaba disgustado ¡Vaya que lo estaba! Se había perdido de sí mismo, había perdido ese, gran y dominante, control por unos breves instantes. No deseaba voltear, no en ese momento, cuando su mirada seguía perdida, cuando sus labios aún sentían la necesidad de beber la boca de Bulma. La sensación que deja una mordida sensual, ese leve dolor, la ansiedad de conseguir lo anhelado, lo traspasaba por mucho. Él no era así. Debía concentrarse, el desliz estaba hecho, debía mostrar su rostro indiferente, y demostrar, que no significaba nada, aunque significara mucho, aunque fuera una de las razones por las cuales huía del planeta. Esa pasión dentro del pecho, latía embravecida, roja y pulsátil, como una herida infectada. Tanta calidez, era, insoportable. Bulma estaba callada, totalmente callada, un terrible silencio que nunca, en el tiempo que la conocía, había dejado. No podía respirar sin sentir que la habitación escuchaba, impertinente, su vulnerabilidad. La paranoia lo absorbió, caer tan bajo y ser descubierto, no era una opción. Rió gutural. Bulma abrió sus zafiros, al escuchar esa risa oscura. Vegeta se reía de sí mismo, enloqueciendo por su pensamiento controlador ¡Era imposible! ¡Era tan absurdo! Todo era un juego estúpido del destino. Continuó riendo en su propia y grotesca ironía — ¿Tú crees que eso me puede causar algún sentimiento, mocosa terrícola? Estás equivocada… — Volteó al fin, con el rostro maléfico, ensombrecido, convencido de que todo no era más que una equivocación. Él jamás, jamás podría sentir nada, sólo era un error. Un simple error — Un beso no significa nada para mí… — Acarició, con una de sus manos, el vientre de Bulma — Nada de lo que tú hagas, puede hacerme cambiar de idea. Yo no tengo sentimientos — Se acercó a la mujer, su rostro se pegó al oído de la científica. Sus labios rozaron con el lóbulo carnoso de la fémina. Su aliento la empañó, sonrojándola — Date por vencida, tú sabes con qué fines te utilizo… — Agregó ronco, en un susurro malicioso.
Bulma se estremeció. El aliento cálido del hombre la sacudía. La voz de lija de Vegeta la pulía como un diamante en bruto. No lo podía creer, esa conexión, esos besos inquietantes, no podían ser sólo fantasías suyas. Si él deseaba jugar al villano sin sentimientos, lo dejaría jugar, porque ella, ella también podía entrar al juego. Sexo sin sentimientos, fue un juego agotado. Ahora comenzaba otro. Satisfacerse, de un semental saiyajin, era un plan bastante placentero y cautivador, siempre lo fue, hasta que necesitó más. Justo cuando lo miró ahí, en silencio, con la mandíbula tensa, y un ligero titubeo antes de contestarle, nació dentro de ella, la sensación de ser correspondida. Una luz brilló. Sonrió sensual, segura de que, por lo menos, esa ocasión, Vegeta mentía, estaba mintiendo y lo había descubierto, él gran príncipe de los saiyajin, el villano astuto y calculador, cometió un error, y es que ella no era tonta, tal vez ingenua de vez en cuando, pero tonta no era. Lo sabía, sabía que aquel guerrero estaba luchando tanto como ella. Porque, después de todo, no era su elección enamorarse de él, no lo podía controlar, era algo que había aceptado y deseaba vivir con ese amor dentro de su cuerpo. Justo en ese instante, lo entendió, luego de tantas dudas, inseguridades, pudo entender que Vegeta, era tan vulnerable como ella. Intentaba hacerse el duro, se ponía a la defensiva, y ella traspasaba esas barreras una a una. Renovada, encendida, se abrazó al guerrero, sorprendiéndolo. Sólo necesitaba eso, necesitaba saber que no eran sólo alucinaciones suyas. Había pensado, que tal vez, ella se imaginaba cosas, que lo idealizaba. Pero en ese preciso segundo, cuando se apartó, de ese profundo beso, ella lo supo: Vegeta sí tenía sentimientos.
¿Y por qué dudarlo? Sus sentimientos de ira, rencor, odio, estaban ahí. Nadie sin sentimientos, podía odiar tanto. Ella nunca había odiado, sólo había amado. Era un tramo contrastante. Pero ahora, demostraría lo poderoso que era su propio sentimiento, se sentía estúpida por dudar, si quiera, que aquel hombre era inalcanzable para una mujer tan fuerte e increíble como lo era ella; ¡Era cierto! ¡Sí! ¡Él se apartó de un beso espectacular! Justo como ella se había apartado la primera vez, conmovida de la tremenda sensación que le provocaba. Entonces, esa misma sensación, lo había tocado a él. Sí, a él, al príncipe orgulloso. Bulma dejó escapar una risita pícara. Vegeta no comprendía, ¿Se había vuelto loca? Él también se había reído de esa manera tan perturbadora, pero en ella, le agregaba cierto nivel de controversia, sobre todo, cuando hace unos segundos la había invadido con sus palabras de hielo. La peliceleste quedó encima del hombre, lo abrazó robando la tibieza de ese cuerpo desnudo. La toalla mojada se calentó entre sus sexos. Bulma subió el rostro, para encontrar con Vegeta cara a cara, le dedicó una sonrisa satisfecha, una risa brillante — ¡Estoy enamorada de ti Vegeta! ¡Y dudo mucho que eso cambie! ¡No me importa si te vas a otro universo por miles de años! ¡Te seguiré queriendo para toda la eternidad! — Le robó otro beso.
Vegeta tenía, todavía, los ojos abiertos, lo suficientemente abiertos como para que sus cejas temblaran. Apartó nuevamente el rostro, intempestivo, incrédulo — ¡¿Pero qué rayos sucede contigo ahora? — Eso era malo, sintió el calor de sus mejillas, ocultó con una mano su rostro y tumbó a la mujer para pararse. Era demasiado pronto, aún, para formar su rostro duro, estaba demasiado estupefacto para poder controlarse por completo. Necesitaba tranquilizarse, la ira, sólo incrementaba el calor de su rostro. El sudor de su frente resbaló. Se apoyó en una pared, con una mano, y con la otra tapó sus labios y mejillas.
— ¿Q…qué sucede, Vegeta? — Bulma parpadeó ¿Acaso el hombre iba a vomitar? ¿Tan empalagosa había sonado?
— ¡Nada! — Masculló, el saiyan, algunas maldiciones, luego de gritar. Apretó los ojos, intentando calmarse. Se resistía al calor de su rostro.
La científica se levantó, curiosa, se acercaba — ¿Estás bien?
Vegeta sintió el peligro de la cercanía de la mujer. Reaccionó y se metió al baño encerrándose detrás de un gran portazo — ¡Estoy bien! Terrícola imbécil — Su voz era como un cuchillo frío y oxidado. Los refunfuños no lograban a entenderse dentro del encierro.
Eso no estaba bien, para la científica fue preocupante ¿Algo le había hecho daño? ¿Podría ser posible que sí se hubiera enfermado con la gripe de sus empleados, después de todo? Tenía que comprobar que el hombre estuviera bien, si enfermaba de gripe, o del estómago, debía saberlo ahora, antes del viaje. En su mente, su lógica, era un engrane que no se detenía. Se acercó a la puerta y giró el pomo de la puerta. El sonido alertó al príncipe, notó, desde el espejo del lavamanos, la abertura, de la puerta, hacerse más grande. Era inevitable, la peliaqua ya había abierto la puerta, cuando, Vegeta, viró su rostro teñido.
Ambos se quedaron como estatuas. Bulma justo en la puerta. Vegeta con el cuello a punto de quebrarse por voltear.
El moreno desvió el rostro, enrojeciéndose aún más — ¡Maldita sea, Bulma! ¡¿Por qué entras sin tocar? — No estaba listo aún para enfrentarse a ella.
La mujer reaccionó, para ella los saiyajin no podían sonrojarse — ¡Vegeta! ¡Estás muy rojo! ¡Ay no! ¡Debes tener fiebre! — Corrió hacia él — No puede ser, debe ser esa tonto virus que está rondando por aquí.
Vegeta subió el rostro, vio a la mujer que lo abrazó preocupada, tocándole la mejilla "Fiebre…" Pensó, un tanto aliviado. Resopló, al fin, endureciendo su gesto — ¡No seas estúpida! ¡Un saiyajin de mi clase no podría enfermarse por un virus terrestre! — Perfecto, había conseguido volver a su control. Sólo debía recordar quién era. Sin embargo, el sudor de su frente, seguía escurriendo.
Bulma subió su mano a la frente del saiyan — Tienes razón… No pareces tener fiebre… La temperatura saiyajin no es tan diferente a los humanos… — Abrió sus ojos y encogió sus pupilas ante un nuevo descubrimiento — Eso quiere decir que…
La mano del guerrero sujetó la de la científica — ¡Déjate de ridiculeces! — Alzó una ceja. Su orgullo lo carcomía. Admitir una enfermedad de tan baja categoría, como un virus humano, jamás lo haría, menos si no lo tenía. Admitir un sonrojo ¡Tampoco! No tenía más opción más que — No malentiendas las cosas, mocosa, algo debe estar mal con la temperatura de tu asqueroso hogar.
— ¡¿Asqueroso hogar?
Bingo. Logró enfurecerla.
La soltó— ¡Hmpf! No me asombraría que su primitiva tecnología no logre regular la temperatura de sus hogares — Su soberana voz picaba el ego humano de la mujer.
El ceño de la científica se frunció — ¡Óyeme Vegeta! ¡No te permito que hables así! ¡Quieras o no esta casa y esta tecnología te ha dado todos los beneficios que necesitas! ¡Ugh! ¡Gorila! — Tenía las manos en las caderas, con su mirada amenazadora.
Rió, gutural, el guerrero. Caminó para salir del sanitario — Lo que tú digas… — Victoria, se había librado.
La científica sonrió largamente. Había comprendido el patético intento del saiyan para respaldarse, ¡Oh sí! ¡Lo había visto sonrojado! ¡Sí! ¡Era posible y ella lo había logrado! Volteó hacia él. Lo dejaría pasar esta vez, no quería lastimar demasiado ese orgullo, además, su rostro había sido tan lindo sonrojado como ella imaginaba, tanto, que la tenía satisfecha — Dígame, majestad… — Se apoyó despreocupada en el marco de la puerta — ¿Qué desea ordenarle a su fiel esclava hoy? Sus deseos son órdenes… — Sonrió traviesa.
El hombre se dejó caer en la cama, mirando con recelo a la peliceleste, ese comportamiento era muy sospechoso ¿Sería porque partiría en la mañana? — ¿Qué tramas, mocosa?
— Nada… — Con los ojos cerrados, confiada, la mujer se sentó, a un lado del guerrero. Su uña barnizada hizo círculos en los bien formados abdominales del moreno — ¿No quieres? — Su mano bajó en una caricia, debajo de la toalla. Sus hábiles dedos jugaron con esa punta, hasta hacerla crecer. El líquido viscoso empezó a derramarse ante su toque.
Vegeta suspiró, detestaba esa agilidad de la humana, creándole siempre erecciones incontrolables. En poco tiempo, su miembro se elevaba, la toalla no era más que una casa de campaña innecesaria. Bulma deslizó la prenda blanca, y colocándose para la acción, entró a la cama. Comenzó con el favorito del moreno, con esa profunda garganta, atragantada con el pedazo que devoraba. Satisfecha, relamió sus labios, limpiando esas perlas lechosas. El hombre sonrió complacido, apenas era el primer round. Y ese día, no planeaba salir de la cama.
Entonces sucedió…
Cinco, seis, siete veces, ocho, nueve…
La décima, delirante, toma de pasión, dio inicio. Las caricias comenzaron sensibles, odiosas, deliciosas. Vegeta no tenía un buen presentimiento, de esa dulzura, de esa manera de tocarse. Tan afectivo, tan humano, proveniente de ella. Ya eran un revoltijo de carnes lubricadas; de cabellos enredados. Sus labios estaban adoloridos, clamando una caricia curativa. Delicioso ramo de flores, brotando dentro de sus bocas, limpiaba la vulgaridad, con un beso delicado. Agotados, enfermos de tanto placer, seguían deseosos, de esos cuerpos fragantes. Líquidos calientes, densos, espesos, traspasaban sus interiores como ráfagas, remolinos indecorosos. Las fuerzas se les fugaban como vapores al techo. Humectados en su miel, en el almíbar de sus fragancias, latían motivados, en un brazo perpetuo. Infinitos eran entre ellos, una permanente línea, con curvas, que renacía, una y otra vez, interminable. Vaivenes, embestidas, golpes, resonaban en sus pieles, en sus bocas. Sal de sudor, almizcle remojado, resplandecía. Perlas relucientes, brotaban en sus frentes. Bulma gimió, rendida, exhausta, el corazón salía de su cuerpo con tremendos ataques contra su pecho. El vacío de su interior vaciló unos instantes, conteniendo, entre sus pliegues, el miembro del guerrero. Salió de su cuerpo, con la agitación de su pecho sin oxígeno. Vegeta, entreabrió los labios, inhalando profundo, entrecortado, por primera vez en mucho tiempo, por una mujer. Se recuperó fácilmente, en unos segundos, debido a su gran resistencia. Levantó un poco el torso, buscando el reloj, había perdido la noción del tiempo.
— ¡No… puedo... más! Todo me da... vueltas… — La mujer apenas pudo reír, excitada, emocionada por esa experiencia. Recuperaba el ritmo cardíaco apenas.
Vegeta miró la ventana, era de noche, ¿Pero qué hora? De repente se sintió adormilado. Embriagado por la sesión; dejó caer la cabeza, en la suave almohada, cerrando los ojos, colocando su antebrazo sobre sus párpados. Sin darse cuenta, el sueño lo venció. Entre dulces sueños de colores, las pesadillas se fugaron. Sensaciones, con aromas y sabores dulces, lo invadieron. Su sonrisa de medio lado se dibujó, atormentado por su propia mente liviana. Increíble, era, tanta paz. Tanto tiempo sin dormir tranquilamente, y ahora, dormía con facilidad, prácticamente su respiración lo delataba.
La peliceleste se volteó, iba a continuar hablando, cuando presintió que el moreno no la oía, algo que no parecía fuera de lo común, pero, en ese momento, la hizo voltear. La belleza del saiyajin siempre la dejaba maravillada, cuando quedaba así, suspendido entre sueños dulces. Ella velaba su sueño, en silencio. Lo había hecho desde que lo cuidaba de sus heridas, con preocupación, cuando mostraba sus pesadillas, cuando el hombre caía somnoliento, luego de tener relaciones. Y así, sintió, que algún día, lo vería dormido, luego de hacer el amor. La mujer sabía, que era demasiado pronto aún, que apenas estaba provocando esas nuevas sensaciones, demasiado nuevas, para aquel príncipe oscuro. Ella tenía miedo, de todo lo que sentía dentro de sí misma, y a la vez, la hacía muy feliz. Miró la hora, eran las 10:23 pm. Debía regresar al laboratorio. Aún tenía un asunto pendiente que resolver, era la hora precisa para hacerlo. Afiló sus ojos y salió de la habitación.
10:46 pm
En el laboratorio, la científica, se cambió con su traje de trabajo. Sujetó su cabello en una cola de caballo. Colocó su reproductor de música en su bolsillo y se puso los audífonos. Sería una larga noche a partir de ahora. Se condujo hacia la nave. Prendió la luz. Las herramientas, sacaron chispas, al momento de utilizarlas para modificar, esos pequeños detalles que faltaban. Entre cables, botones, códigos, las manos de la mujer danzaban.
01:34 am
Se colocó el protector en sus ojos, el fuego y las chispas se esparcían en brillos fluorescentes. Ajustó unas cuantas tuercas, limpió su frente, suspiraba agotada y feliz, notó que la madrugada, la acosó.
03:02 am
El trabajo, luego de esa noche, estaba completo. La nave estaba lista. Resopló satisfecha, se quitó los audífonos de sus orejas. Tenía unas horas antes de que Vegeta, y su preciso reloj biológico, despertara. No podían encontrarla ahí. Salió rápidamente, quitándose el traje especial. Se había quedado apenas en ropa interior, confiada de que nadie pudiera percatarse de su presencia. Tenía la fortuna de que, al menos, el saiyajin, parecía haber caído en un profundo sueño, y no podía dejar pasar esa gran oportunidad, en realidad, el plan era ese desde el principio. Sonrió para sí misma "Eres muy lista Bulma…" De puntillas ingresó a su habitación, probablemente, si entraba a la cama del guerrero, la descubriría, así que, estar en su cuarto era más seguro, además de que, podía inventar cualquier excusa, "Eres genial, sin duda eres un genio Bulma" Puso su alarma. Se arropó para dormir unas cuantas horas, apenas podía, estaba demasiado ansiosa. Al fin logró cerrar los ojos, con una sonrisa pícara en la cara. El día había sido bastante provechoso.
06:00 am
La alarma sonó — Cinco minutos más… — La peliceleste apretó un botón, para darle esos minutos.
06:05 am
La alarma sonó nuevamente, con mayor intensidad — Mhh… — Las sábanas rosadas se movían. Apagó el reloj eléctrico. Bulma cayó, en otro sueño profundo, en un parpadeo — Mhhh… Vegeta… — Abrazó su almohada — Dímelo de nuevo… Di que no puedes vivir sin mí otra vez… Mhhh… Eres tan romántico… — Hablaba dormida, con un sueño bastante placentero — ¿Qué?... ¿Te vas…? ¿Me dejas?... No… Quédate conmigo…— Rodó y soltó una pierna — ¿A otro planeta?... ¿Por qué dices que es tarde?... Nunca es tarde para el amor… Mhhh… ¿Tarde?— Abrió súbitamente los ojos.
07: 48 am
Un grito agudo hizo temblar toda la corporación.
La mujer salió de la cama en un brinco. Un gorila de peluche y una luna celeste cayeron al piso. Se puso una falda elástica, la más sencilla de poner, que tenía en el piso. Daba gracias a su desorganización que le dejaba todo a la mano. Salió disparada de su habitación — No puede ser… No, no, no, me quedé dormida… ¡Ay por favor! ¡Que no se haya ido! ¡No, no! ¡Ese estúpido simio! ¡Conociéndolo! Seguro ya se fue… — Lagrimones salieron de sus zafiros — ¡Ay Bulma! ¡Sólo a ti te pasan estas cosas! — Sus pies rechinaron, cuando se deslizó hasta la cocina — ¡¿DÓNDE ESTÁ? — Tenía los dos puños, cerca del rostro, al gritar. Parpadeó al ver a su familia desayunando. Su padre, y el servicio, también parpadeó.
— Cariño… ¡Llegas justo a tiempo para desayunar! — La felicidad de su madre le dio la bienvenida.
— ¡¿Desayunar? ¡Eso ahora no me importa! ¡¿Dónde está ese simio? — Gritó, Bulma, con desesperación.
— ¿Simio? Aquí no tenemos ningún simio, cariño, creo que todavía estás soñando, linda ¿Cómo te gustarían tus panqueques? — Contestó la rubia — El desayuno es la comida más importante del día, no debes saltarte, te pondrás irritable ¡Vamos, te pondré mermelada de fresa, tu favorita!
— Tu madre tiene razón, princesa, debes desayunar primero — Agregó el científico.
— ¡Ugh! — La frustración de la peliceleste fue obvia. Intentó respirar para calmarse, contra sus padres no podía, siempre la tratarían como su pequeña niña — ¡Prometo desayunar! ¡Pero díganme! ¡¿Dónde está Vegeta?
— Oh… Vegeta — El mayor miró el techo, rascándose la barbilla — ¡Ah cierto! Está afuera con la nave, parecía tener prisa por irse ¿Por… — El anciano parpadeó al ver sólo el humo que dejó su hija.
— ¡Cariño, tus panqueques! — Gritó la Sra. Brief, se tomó la mejilla, preocupada — ¡Ay, esa niña! Se van a enfriar sus panqueques…
— No te preocupes cielo, fue a despedirse de Vegeta — El Sr. Brief sonrió alegremente y bebió su café.
La rubia rió contenta — ¡Tienes razón! ¡Están tan enamorados! ¡Vegeta es tan guapo! — Colocó de nuevo su mano sobre su mejilla — ¡Lo extrañaré tanto, no pudimos salir en una cita! — Se alegró de nuevo — ¡Cuando regrese se lo pediré!
— Pero cariño, no puedes salir con tu futuro yerno — El Sr. científico contestó.
— ¡Oh! ¡Yo no le veo nada de malo! ¡Le pediré que me lleve al cine! ¡Ah! ¡Cuando regrese del espacio le preparé algo delicioso e iremos todos a un picnic en el campo! ¡Será perfecto, el aire fresco le hará bien! — Canturreó. El mayor le sonrió, sabía que no podía contradecir a su linda esposa.
La peliceleste llegó al patio, luego de bajar varias escaleras y correr por los pasillos, el aliento se le iba. Se respaldó en sus piernas para tomar aire. Subió el rostro ante la gran y redonda nave — ¡Vegeta! — Gritó con las últimas fuerzas que le quedaban. Su voz era tan estridente, que seguro podía traspasar esas puertas metálicas.
Una chispa, en la frente del guerrero, se prendió — Hmm… — Alzó una ceja — Esa mujer escandalosa… — Se asomó por una de las ventanas redondas. La miró ahí, con sólo una blusa sencilla y una falda corta mal puesta. El cabello aqua, estaba tan despeinado y el sudor la bañaba. Además de que, parecía haber tenido una mala noche. Sonrió de medio lado. Abrió la puerta, el aire comprimido la bajó — Te ves deplorable… — Se apoyó en el marco de la entrada — ¿Esa es la imagen que quieres que me lleve para ir al espacio? — Rió gutural.
Bulma puso sus manos en sus caderas — Di lo que quieras gorila —Su rostro mostraba su gran decisión — ¡Sé que estás huyendo de mi grandiosa belleza!
El rostro del guerrero cambió, hizo una mueca con los labios — ¡Hmpf! Esa terrícola impertinente… — Murmuró entre dientes. Sonrió, medianamente, de nuevo — ¡Puedes decir lo que quieras para sentirte mejor, mocosa! — Le dio la espalda para entrar a la nave y cerrar la puerta.
— ¡Te amo!
Vegeta abrió los ojos. Se detuvo en seco.
— ¡Te amo, simio despreciable!
El moreno volteó, consternado por lo que oían sus orejas. No podía verla, y seguro ella no podía verlo, tampoco, a él. El oscuro corazón del hombre latió duramente. Volteó de nuevo a los controles de la nave. Cerró la puerta.
Bulma cruzó los brazos debajo de su pecho. La sonrisa larga de sus labios estaba bien dibujada. Sus zafiros sacaron relucientes chispas, decidida, confiada, con el gran poder de su sentimiento pasional, que brotaba como una rosa. El viento de las turbinas le revolvió el cabello, la fuerza del aire no podía moverla de ahí. Estaba plantada al piso, observando la sombra del saiyajin. El sonido, de los motores, hizo un gran zumbido. La nave despegó.
Los zafiros, de la peliceleste, siguieron su invención hasta desaparecer, como una estrella, en el cielo matutino.
NOTAS FINALES DEL CAPÍTULO
(Aparecen imágenes del próximo capítulo al puro estilo DBZ)
Goku: ¡Hola, soy Goku! ¡Vaya! ¡Bulma es increíble!
Vegeta: Tsk... Esa mujer... Me las pagará... Pensando que yo estaba haciendo trabajos yaoi...
Goku: ¡Vamos Vegeta! ¡Sabes lo bien pagado que es eso!
Vegeta: ¡Cállate insecto!
Goku: (Ríe) Yo creo que aclararé todo con Milk... Pero primero: ¡No se pierdan el próximo capítulo! ¡Rutas I! ¡Será muy emocionante!
Vegeta: Ahg...
Goku: Ya, ya, Vegeta, ¡Busquemos otro trabajo juntos!
Vegeta: ¡Aléjate de mí Kakaroto! (Portazo)
Goku: ¿Eh? No entendí... ¿Por qué se enojó esta vez? Sólo quería que busquemos otros trabajos que no sea en los fanfics... ¡Bueno, no importa! ¡Nos vemos, amigos!
