Lemonale dice:

Decidí no publicar aún el relleno, la razón: Pronto no me verán seguido D: así podré publicar el relleno cuando sea realmente necesario, es decir, lo que hace realmente un horrible relleno, dejarles con la intriga mientras no tengo tiempo de revisar los nuevos capítulos XDUu ahora sí lo van a odiar...Pero bueno! El relleno seguramente aparecerá cuando regrese de vacacionar, para que no me extrañen tanto ;D

Por mientras actualizo rápido antes del temido Jueves, con este capítulo marco lo que es la mitad del fic (Bueno, no sé si sea la mitad porque quiero meter Saga Majin) Espero disfruten mi ultra máxima velocidad de súper sayajin fase 4 jajajaXD

Gracias por los reviews! :D


Capitulo 32

Segunda Temporada

Rutas I: Planeta Shikk 1.0

Las estrellas pasaban en los ventanales redondos. Había pasado una semana terrestre de duro entrenamiento. Vegeta sonreía de medio lado, victorioso, recién salido de la ducha. Limpió el exceso de agua de su cabello. Su cabeza estaba llena de estrategias de batalla, de triunfo, de planes para entrenar. No había nada más en su mente. El exhaustivo entrenamiento le había caído bastante bien. De alguna manera, se encontraba contento. En el planeta Tierra, era de noche. Lo sabía por el reloj eléctrico de un lado. Debido a su gran inteligencia, los números fueron sus aliados en la comprensión. En secreto, había buscado patrones en los símbolos terrestres. Encontró esquemas de la escritura en instructivos de la nave, en la comida refrigerada y, sobre todo, de la marcaCorporación Cápsula que sellaba todo el lugar. ¿Por qué esos humanos tenían el vicio de marcar sus cosas? Había visto esa marca en absolutamente todo, se la sabía de memoria. Era demasiado orgulloso para admitir la necesidad de aprender una escritura terrestre, pero era necesario. No sabía cuándo lo necesitaría. Tantos idiomas que manejó alguna vez, le sirvieron, ciertamente su intelecto estaba acostumbrado a aprender rápidamente. Pasó, por última vez, sus perlas negras en las letras terrestres. Dejó un instructivo a un lado. Se tumbó en la cama. Era bastante incómoda a comparación a la cama de su habitación terrícola. Se sentía asteado por notar ese insignificante detalle cuando, normalmente, no le importaría; "Hmm… Qué tontería…" Un pitido de la nave lo alertó. Levantó el torso. Se levantó, por completo, para subir a la parte superior de la nave espacial. Frente a los controles notó una alerta verde intermitente. La científica, se había tomado la molestia de ponerle las instrucciones, de la pantalla, en el idioma saiyajin, eso lo irritaba aún más. Le enojaba demasiado que, esa humana insignificante, supiera de su escritura avanzada, otra de las razones por las que él, debía poder manejar sus símbolos con facilidad. Apretó uno de los botones como indicaba la pantalla negra. Otro monitor se prendió. Vegeta alzó una ceja; acto seguido, abrió un poco los ojos. Bulma estaba en la pantalla.

— ¿Me extrañabas? — La voz alegre, de la peliaqua, lo atravesó.

El moreno rechinó los dientes, enfurecido, conteniendo un gruñido. Debía mostrar calma. Enfrió su expresión, tomó asiento en la silla de mando. Colocó su mejilla en su mano. De manera altanera, la observó con media sonrisa. Alzó una ceja — Hmmpf… Tal parece que la que me estaba extrañando eras tú… — Endureció el rostro — ¿Qué rayos quieres? No quiero que me interrumpas por estupideces — Comentó rudo. Al menos ya no le provocaba sensaciones extraordinarias. Aquellas palabras que le había gritado, ya habían pasado a la historia luego de días de autohipnosis, inducida, por el capricho de olvidarla.

Bulma sonrió, el laboratorio se observaba detrás de ella. Su cabello estaba sujeto en una coleta baja, con un fleco recto, y espeso, en la frente. Tenía su traje blanco de trabajo — La nave pronto aterrizará en el primer destino. Está programada para aterrizar sola, pero tú debes buscar el lugar indicado para su descenso, el daño de la nave es tu responsabilidad y tendrás que repararla si llega a tener alguna lesión. La otra ocasión tuviste mucha suerte, pero esta vez no nos arriesgaremos — Sonrió más feliz —Tenemos muy pocos empleados. Yo seré quien te ayude en tu viaje y te diré cómo hacer las reparaciones ¡¿No te parece que soy muy amable? Lo haré yo en persona, ningún empleado más — Rió.

El tic de la ceja de Vegeta se pronunció — Muchacha insolente… — Masculló. Miró el monitor con sus perlas heladas — No necesito tu ayuda, tengo la suficiente experiencia en esto como para necesitar que una mocosa terrícola me diga que hacer, yo… — La nave se detuvo, haciendo que la inercia lo descolocara. Vegeta regresó el rostro, se levantó hacia los controles, buscaba el lugar para aterrizar, claro, era algo que él ya sabía, y no quería que alguna lesión grave en la nave hiciera que esa mujer le diera órdenes.

— ¿No te dije? Debes tener mucho cuidado. Es el botón redondo y verde, ese, ahí debajo — La voz de la mujer empezaba a desquiciar al saiyajin.

— ¡Cállate, mujer impertinente! ¡Yo sé lo que hago! Ahg… — La vena, de la frente del príncipe, se hinchó "Maldita sea… Es peor que una plaga…" Apretó el dichoso botón verde. Una turbulencia se inició. Se dejó caer en el asiento con una pose pretenciosa.

— El cinturón de seguridad — Agregó traviesa la mujer, sabiendo lo mucho que enojaría al hombre.

Vegeta apretó un puño. Dirigió sus perlas hacia el monitor, obviamente, no tomaría ese consejo. Resistió la turbulencia, implacable, decidido en dejar su orgullo intacto.

Bulma parpadeó al ver esa fuerza del saiyajin, capaz de resistir la entrada a la atmósfera del planeta "Pero que terco es este sujeto…" — En unos minutos aterrizarás en el primer planeta que nos indicaste en las coordenadas. El análisis de los gases tóxicos del lugar dio negativo, puedes salir sin ningún problema. De cualquier modo, el traje espacial, está justo en el vestidor.

"Por supuesto que da negativo… Hmmpf… mujer imbécil, este planeta lo conozco demasiado bien…" La nave aterrizó magníficamente. El estruendo alcanzó un poco al cuerpo de roca del saiyajin. Vegeta bajó la barbilla, con su sonrisa cínica, orgulloso de sí mismo por haber soportado aquel aterrizaje. Después de todo, había sobrellevado mucho más y no era fácil de olvidar los turbulentos descensos en su esférica nave — Te dije que no necesitaba tu ayuda… — El hombre abrió su afilada mirada para verla.

La peliceleste cruzó los brazos bajo su busto — ¡Oh, no señor! Te conozco bien Vegeta, tú eres de esos hombres impulsivos que no vivirán para contarlo, no me extrañaría que en unos días estés deshecho, no quiero que mueras en ese viaje… No me gustaría saber que yo misma ayudé para que salieras a tu propia muerte ¡No lo permitiré, no caerá en mi conciencia! Necesitamos de tus fuerzas para que ayudes a Goku... — La mujer se detuvo, dándose cuenta del error. Ante todo, no debió mencionar eso.

Vegeta llegó a su límite. Detestaba que esa mujer le mandara y lo regañara, parecía ser experta en gritarle. El gruñido dentro de sus dientes se desataba, ¿Cómo era capaz de insinuar que él, príncipe de los saiyajin, era un ayudante? Ahora tenía su cola, Kakaroto no era más que basura comparado a su poder aumentado diez veces. La furia se incrementó considerablemente hasta estallar — ¡Aaahg! ¡Te he dicho miles-de-veces que YO derrotaré a esas chatarras inútiles! — Cada palabra salió como un puñal de sus labios. Apretó su puño hasta casi hacerlo sangrar, de no ser por el guante, eso hubiera pasado muy fácilmente. Se levantó con estrépito y lanzó una bola de energía al monitor, cortando la comunicación en un instante "Esa mujer insolente…" Apretó ambos puños debido a la rabia.

En el laboratorio de la Corporación, Bulma, parpadeó. Suspiró derrotada "Sabía que esto pasaría… Pero no pensé que sería tan pronto…" Miró su reflejo en la pantalla negra. Apoyó su barbilla en sus dos manos. Ese día estaba especialmente agotada. Decidió dejarlo por la paz, por el momento, el hombre debía calmarse. Aquel comentario, de su parte, había estado muy fuera de lugar. Se levantó, no le apetecía hacer un revuelo.

— Hija… ¿Cómo se encuentra Vegeta? — EL anciano científico sonreía alegre.

La peliceleste volteó hacia su padre, luego dirigió sus zafiros al frente. Puso sus manos en sus caderas — Ese hombre es muy terco, a veces no lo entiendo — Suspiró sin mucha fuerza.

— ¿Estás bien, cariño? — El Sr. Brief notó el cansancio de su retoño.

— ¿Eh? — La mujer miró al mayor. Le sonrió — Sí papá, anoche me desvele con un nuevo proyecto. Creo que hoy me acostaré temprano, me lo merezco. Regresaré en la mañana para continuar con el trabajo ¡No te preocupes por mí!

— Me alegro que ahora estés más entusiasta que antes con la corporación. Simplemente no te excedas — El hombre colocó sus dos manos tras la espalda — Descansa lo suficiente, tenemos todo bajo control — Sonrió amable.

— Sí papá — La peliaqua se dirigió a los vestidores para sacarse el traje. Necesitaba dormir, simplemente había entrado al laboratorio para notificar la entrada, al nuevo planeta, de la ruta de Vegeta.

El planeta Shikk, seguía tan desolado como la última vez que lo dejó Vegeta. La diferencia era, que Freezer, antes de su muerte, había fundado una base de operaciones ahí, para luego venderlo a los alienígenos. Y pensar que se había tardado tres días en conquistarlo en aquel entonces. Su oscuro y humillante pasado. No debía pensar en ello, necesitaba estar concentrado, aquel lugar era un punto clave para su ruta especial. No encontraba algún ki en las cercanías, no alguno importante. Ese planeta había sido cuidado para conservar su fauna y flora para ser un buen producto para vender. Vegeta sabía algo importante de ese lugar, y era que los asteroides caían en una zona particular, perfecto para entrenar su velocidad. Llevaba una semana de rígido entrenamiento, con una dieta estricta de proteínas. Los saiyajin necesitaban una extensa selección de alimentos, ricos en proteína, para abastecer la gran cantidad de energía que almacenaba su cuerpo. Justo ahí, habitaba una especie de animal que contenía la proteína necesaria para su severo régimen. Tanto tiempo en la tierra lo estaban acostumbrando a esas comidas exóticas, de sabores diversos, no debía ablandarse. El reloj biológico del moreno se había acostumbrado, también, al horario terrestre. Si cambiaba esa exactitud, de nuevo, el entrenamiento no tendría favorables resultados. Todo debía ser preciso, conservaría el horario terrícola ya que, su gran batalla, sería justo ahí. Ya con todo el plan claro, Vegeta, voló. Inspeccionó el planeta para clarificar las zonas de entrenamiento. Entonces, una energía lo alertó. El moreno detuvo su vuelo. Dirigió sus perlas al suelo Shikkiano. Descendió. La gravedad del planeta estaba aumentada diez veces, a comparación del planeta Tierra, y, prácticamente, no sentía la diferencia.

— Hmm… — "No veo a ningún Shikk por aquí… A todos los destruimos…" Vegeta empezó a buscar con sus perlas al dueño de esa energía. No era poderosa, era un insecto para él. Debía asegurarse de cualquier manera. Había aprendido a no confiarse "Será algún soldado de Freezer…" No cambió su posición de alerta — Hmmpf… Ese insecto no se atreve a aparecer…— Cruzó los brazos con una sonrisa altanera en el rostro — Ya veo… Supongo no importara que tire algún ataque al azar… — Se elevó para empezar a bombardear, con su energía, el lugar. Un arbusto, cerca de una cueva, se movió hasta aparecer un sujeto con una capa marrón — ¡Hmmf!… Gusano cobarde… — Resopló divertido el saiyajin. Bajó de nuevo — Tú, insecto, especifica tu rango y misión — Era claro quién era el más poderoso. Caminó el saiyan hacia el hombre con capa.

— Vaya… Vaya… Príncipe Vegeta… ¿Ya no reconoce a sus amigos? — La voz, ronca y vieja, salió del rostro oculto.

El saiyan alzó una ceja — ¿Amigos? No digas tonterías, yo no tengo amigos. Identifícate sino quieres que te haga pedazos.

El alienígena rió. Vegeta hizo una mueca. El misterioso hombre bajó su capa y descubrió su cara arrugada, azul oscura, puntiaguda, como la de una lagartija humanoide.

El moreno abrió un poco los ojos, lo que le permitió su ceño malhumorado — Corno, ¿Pero qué rayos haces tú aquí? Pensé que habías muerto en el Planeta Freezer Número 219, en aquella disputa con Zarbon — Vegeta sonrió de medio lado — Hmmpf… No me digas que sigues en el mercado negro de tecnología… Aquí no conseguirás nada. El desgraciado de Freezer ha sido asesinado.

— Pero su alteza… No sea tan duro — Rió el mayor — Por supuesto que sé que Freezer ha muerto. Lo que me sorprende es que no haya sido usted quien lo hizo ¿No ese era su plan? Escuché el rumor de que se alió al saiyajin legendario — La lagartija gigante, ocultó su viejo rostro en la capa marrón, la luz del planeta era demasiada para sus ojos amarillos. Se dirigió a la cueva para ocultarse y, así, quitarse la estorbosa tela.

Vegeta apretó su gruñido entre sus dientes. Siguió al anciano hasta la lúgubre cueva. Miró la humedad de las estalactitas. Parecía el nuevo hogar del comerciante — El saiyajin legendario es un mito. Un cuento infantil, no existe tal sujeto — Agregó con gravedad.

La lagartija azul se sentó en una roca, sus ropas eran exóticas, una mezcla de telas de colores, enrolladas a su cuerpo — Entiendo… Supongo que su majestad ya tiene el mismo nivel que tenía Freezer.

Vegeta rió presuntuoso — No te debe caber duda sabandija rastrera… Ahora mismo quiero incrementar más mis poderes para un asunto de mayor importancia ¿Aún vendes semillas de saibaiman?

La lagartija silbó — Príncipe Vegeta, eso es imposible, desde la destrucción de Freezer las semillas de saibaiman han escaseado. Pero si sus poderes se han incrementado tanto como dice, los saibaiman no serán muy útiles ahora— La lagartija frunció el ceño y luego lo tersó — Hace poco, un científico desconocido, inventó una nueva especie de saibaiman con poder de pelea bastante alto. Es una mutación peligrosa, muy inestable, no seguían bien las órdenes. No salieron a la venta por lo mismo— El mayor revisó entre miles de cajas y artefactos desorganizados. Sacó un frasco con varias semillas rojas, junto con su líquido — ¿Te interesan?

— Hmm… Como siempre consiguiendo material ilegal. Los compro ¿Qué deseas a cambio? Un planeta, dos planetas, pon tu precio — El moreno tomó el frasco en sus manos. Parecían haber una gran cantidad de saibaiman dentro de él. Era perfecto para entrenar.

— Yo no necesito planetas, lo sabe su alteza — La lengua puntiaguda de la lagartija serpenteó.

Vegeta alzó el rostro, y luego una ceja — ¿Dinero? — Tiró el frasco para que lo sujetara la lagartija, quien la recibió gracias a sus reflejos. Vegeta dio la espalda. Se apoyó en la orilla de la cueva para mirar el planeta Shikk — Olvídalo, ahora no dispongo de dinero. No son necesarias tus sucias transacciones, ya entrenaré a mi manera — Los brazos seguían atravesándole el pecho. No podía seguir perdiendo el tiempo. Debía regresar a la nave, descansar y seguir con su estricto entrenamiento.

— Bueno… Tal vez podamos llegar a un acuerdo…

— No.

— Pero su al…

—Ahg… ¡No! — Era una negación definitiva de parte del príncipe oscuro. Volteó hacia la lagartija — Conozco tu manera de operar, Corno. No seré parte de tu mercado negro, tengo suficiente con mis asuntos. No perderé mi valioso tiempo en algo tan vulgar como son tus negocios — Vegeta empezó a caminar para irse a la nave.

— ¿Ya fue a visitar a su hermano?

El moreno paró. Su mirada seguía firme al frente — ¿Para qué tendría que visitar yo a ese debilucho? Seguramente ese patético intento de saiyajin ya está muerto.

— No lo está. Sigue vivo.

— A mí eso no me importa — El saiyan frunció el ceño al decir esas palabras.

La lagartija dejó escapar una risa trabada en su esófago viscoso. Tosió húmedo. Recuperado, guardó las semillas de saibaiman entre sus cosas — ¿Y la tumba de la Reina?

Vegeta gruñó — Eso menos me interesa, deja de decir estupideces, sabandija inmunda — Su grave voz enronquecía por la rabia — Los saiyajin no tenemos lazos afectivos con nuestros congéneres, no seas ridículo.

La lagartija afiló sus saltones ojos amarillos. Su mano, de tres dedos, se pegó a la roca donde se sentaba. El alien sabía demasiado. Era verdad, los lazos de los saiyajin eran crueles. Sin embargo; Vegeta no había sido educado como un saiyajin, común y corriente, siendo el príncipe. Era el saiyajin con más lazos que cualquiera. Era el único saiyajin que fue entrenado por su propio padre en sus primeros años de vida, e inclusive, el único que fue cuidado por una mujer saiyajin, la gran reina — Salera no cuidará mucho de tu hermano menor, él visitó la tumba de tu madre hace poco. Los alienígenas están hablando… Príncipe Vegeta, no sé si se guardará el secreto por más tiempo.

El tic, de la frente, del guerrero, brincó. Hizo una mueca con los labios y volteó hacia la lagartija, sus perlas negras eran frías "Ese gusano despreciable…" Corno conocía bien el medio donde se movían las tropas de Freezer, intentó mucho tiempo negociar con los saiyajin. Ahora parecía estar bastante enterado de los acontecimientos. El moreno fijó su mirada al frente de nuevo. Caminó hacia la nave sin decir una sola palabra. Los efectos del cansancio le cobraban sus energías. Los saiyajin, al momento de colapsar cerca de la muerte, incrementan sus fuerzas, pero, aún no sabía si tenía las urnas de rehabilitación para cumplir con esa regla. Tenía que verificar que sus recuperaciones no tardaran demasiado. Debía cumplir con su estricto plan. Aún tenía mucho que hacer, en ese planeta desolado.

— ¡Deberías encontrarte una armadura! —La lagartija chasqueó su lengua contra el paladar "Ya volverá…" Se ocultó en la oscuridad de la cueva.

El saiyajin tomó vuelo. Despegó a gran velocidad, su inspección le había traído una gran sorpresa. Por el momento tenía dos estorbos: Bulma y Corno. La primera había sido eliminada gracias a su impulsivo carácter, por lo menos no la vería en pantalla. El segundo; el más complicado por el momento, no podía ser eliminado aún. Tenía información importante, que tal vez, podría ser útil en algún momento. Vegeta torció la boca un breve segundo. Llegó a la nave y se adentró. Puso su reloj para despertar a las cinco horas terrestres. Apagó las luces del primer nivel de la nave, bajó por las escaleras. Miró su atuendo, sólo consistía del traje entero azul oscuro, las botas y los guantes, ya que la científica, aún no había podido confeccionar la armadura. Corno tenía razón, necesitaba una armadura. Además de que, su cola se acomodaría mejor enredada en ese material flexible. Se quitó el traje para poder descansar, su mente calculadora maquinaba los pasos a seguir. La ropa de dormir, que le habían dejado los científicos, es decir, padre e hija, parecía un atuendo indigno. Ya había pasado suficiente de ropas terrícolas, pero por el momento no pudo hacer nada que colocarse la sport blanca y los short oscuros. Si fuera por él, dormiría con el traje, pero aún no era tan cómodo como quería. Esa mujer, aún no conseguía la exactitud. Se tumbó en el delgado colchón. Las luces se apagaron automáticamente, justo a la hora programada. La media sonrisa del guerrero se dibujó, le agradaba que las cosas sucedieran como a él le gustaban. Ya estaban por cerrarse sus párpados, cuando un ruido lo alertó. Guardó silencio para buscar de dónde provenía. Parecía una interferencia de radio, con voces indistinguibles. Sus perlas buscaban la zona donde nacía el sonido "Que ruido tan molesto…" Abrió los ojos al distinguir un sonido conocido.

— De… planos…totipo… in… que… con… ñana… de… — Era la voz de la peliaqua.

Otra voz sonó — En… con… lo…. Tro… — Parecía el científico.

Vegeta se levantó de súbito. Colocó su oreja en una de las orillas de la nave, el sonido hacía eco en todo el lugar. La consternación lo inundó, como quien es perseguido por un fantasma — ¡No puede ser! — Gritó con furia.

— Escu…te… e…. pa.

— Vi…e…hi…

El moreno estaba a punto de perder el juicio. Caminó hacia el nivel uno justo en los controles. El ruido era más intenso en algunas zonas.

— ¡Vegeta! ¡¿Eres tú? — La voz emocionada, de la peliaqua, irrumpió.

— ¡¿Pero qué rayos está sucediendo? — El grito del hombre era rudo, desquiciado — ¡Bulma! ¡¿Qué demonios está pasando? — Los gruñidos estaban explotando dentro de los labios del saiyan.

La risa de la mujer hizo eco en toda la nave — ¡Qué bien! ¡Mi experimento funcionó! ¡Soy increíble! ¡Nunca lo dudé, claro! ¡Pero lo soy! ¡Viva!

— ¿Qué…? — Vegeta cayó vencido en la silla de mando. Reaccionó al fin — ¡Dime dónde demonios está saliendo el sonido! ¡Lo destruiré de inmediato! ¡Interrumpes mi entrenamiento, maldita mujer terrícola!— Sus perfectos planes se iban pico abajo. No había nada que odiara más.

Rió, traviesa, la científica, de nuevo — Te estoy hablando desde el rastreador del hermano de Goku, el rastreador de Raditz, hace poco descubrí que tiene un alto alcance de radiofrecuencias, a niveles inimaginables ¡Me sorprendí mucho! Quería probar hasta dónde podía llegar… Así que utilicé esa tecnología para poder hablarte ¿No soy toda una genio? Sabía que tarde o temprano romperías los monitores… Así que lo instalé de respaldo sin que nadie se diera cuenta… Pero no pensé que podrías oírme sin estar cerca del rastreador. Estos aparatos son increíbles… ¡Estoy muy asombrada!... ¿Vegeta?... ¿Vegeta, sigues ahí?... Creo que perdí la frecuencia…

No la había perdido, el saiyajin estaba demasiado estupefacto para poder articular palabra, su mente le daba vueltas. Apretó su puño para que el dolor lo sacara del shock — ¡Eras tú, humana estúpida! ¡Sabía que ya había escuchado ese sonido tan molesto! ¡Era tu escandalosa voz! ¡Estuve casi un año escuchando tus idioteces, interrumpiendo conversaciones entre los soldados! — Ahora todo tenía sentido. El moreno apoyó su frente en una de sus manos. No lo podía creer, ese incesante ruido en esos largos viajes, era la voz de la peliaqua.

— ¡¿QUÉ? Di…Dices que me oían… Tú y los hombres de Freezer… Y Freezer… — La voz de la mujer tembló al pensar en todo lo que había hecho ese año. Sentía una combinación de vergüenza y miedo.

— ¡No seas imbécil! Nosotros teníamos programadas las frecuencias de nuestros escuadrones y las frecuencias útiles para cada misión. La única frecuencia que todos teníamos era la frecuencia de Frezeer, Zarbon y Dodoria ¡Ahg! ¡¿Pero por qué rayos te estoy explicando esto? ¡Desgraciada humana! La frecuencia, del debilucho de Raditz, la teníamos grababa Nappa y yo. Pensábamos que tu chillona voz era sólo una horrible interferencia ¡Nos reventabas los oídos! ¡Juré que cortaría la lengua de esa odiosa criatura! Ahg… No es algo que no quiera hacer ahora… muchacha insolente… Tsk… Maldita terrícola… El centro de mando no lograba identificar de dónde provenía, el código de ese rastreador había sido ultrajado— Refunfuñaba ante ese descubrimiento, su rabia empezaba a subir los límites. Levantó la mirada hacia una bocina donde nacía la voz, los cables de toda la nave se movían ante la vibración de los sonidos que provenían del laboratorio — ¡Ahora dime cómo apago esta cosa!

Bulma trató de recobrarse, también, del shock ¡La había oído todo un año! ¿Qué era lo que había dicho todo un año? ¿Cuántas veces estaba cerca del aparato? ¡Muchas! ¡Sin duda muchas!, la sensación de sonar demasiado "ella" era una sensación horrible, ¡Por kamisama!¡La habían escuchado cantar en la ducha! Había días que no se despegaba de la invención, como si se tratara de un juguete nuevo; sin duda fue la peor idea que se le había ocurrido; ¿Cómo es que no se había dado cuenta que todo el universo la había escuchado decir quién-sabe-qué-cosas? Recobró el sentido al escuchar la exigente voz del guerrero — No… No puedes Vegeta, no puedes apagarlo — Recuperó su confianza en un segundo — Sólo yo puedo controlarlo desde aquí, gorila.

Vegeta quedó de piedra un instante. Volvió a sus cinco sentidos, aún más enfurecido que antes — ¡Entonces lo destruiré! ¡Dónde colocaste esa tecnología! — El debía descubrir ese lugar. Empezaba a enloquecer de nuevo ¡Ah, la paz que antes reinaba, colapsada otra vez por esa mujer vulgar!

— Debajo de la bocina grande, a lado de los controles— Contestó, la científica, con tranquilidad.

El hombre suavizó su pose. Miró la bocina, había sido demasiado fácil conseguir la información. Afiló los ojos, tal vez demasiado... No importó, no era momento de ser suspicaz. Iba a romper ese aparato de una buena vez.

— No te recomiendo romperlo…

La mano del saiyajin bajó — ¡¿Qué quieres decir? ¡Explícate ahora!

— Bueno… Yo programé ese aparato, lo configuré para que no fueras capaz de romperlo…

Sintió, el saiyan, que le leía la mente — ¡No hay nada que no pueda romper! — Gruñó confiado.

— Lo sé…

— ¿Eh?... — El guerrero bajó por completo la manos. Formó sus puños — ¡¿De qué rayos estás hablando, mocosa insulsa? — Ya no había nombre para la rabia que estaba desquiciándolo. Las venas se le marcaban.

Bulma, rió pícara. Suspiró confiada para rematar su carcajada— Si tú te atreves a tocar ese artefacto… Un dispositivo de emergencia se activará; Óyeme bien Vegeta — Su voz sonaba como un desafío ganado — Si lo haces... la nave regresará automáticamente a la tierra — Concluyó.

Vegeta, tembló. Las contundentes palabras de la científica fueron claras: Estaba jodido. Todavía no se recuperaba del impacto de saber que, ella, era quién lo había enloquecido todo un año. Y ahora, era víctima de un engaño, una traición, un plan digno de una estratega. El hombre no podía contener la humillación, la frustración, cientos de emociones que lo consumían poco a poco. Era el fin de sus planes perfectos.

De nuevo, el calculador saiyajin, tenía dos problemas; y al parecer, no podría resolver el problema llamado: Bulma.


NOTAS FINALES DEL CAPÍTULO

(Aparecen imágenes del próximo capítulo al puro estilo DBZ)

Goku: ¡Hola! ¡Soy Goku! ¡No lo puedo creer ya estamos en la segunda temporada del fic! ¡¿No estás contento, Vegeta?

Vegeta: Ahg... Por supuesto que no Kakaroto... Es humillante, y más humillante es ¡Que tú lo estes viendo, insecto!

Goku: ¡Oh, vamos Vegeta! También a mí me ha tocado salir en fanfics románticos... ¡Creo que soy bueno en el romance tanto como las luchas! ¡Milk me enseñó muy bien!

Vegeta: ¡Ahg! ¡Cállate imbécil! No quiero saber eso, además, el que tiene más fans... (orgulloso) Soy yo...

Goku: ¿Tú crees? Mhhh... No lo sé, después de todo yo soy el protagonista, ¡Debo tener tantas fans como tú!

Vegeta: ¡¿Quieres pelear sabandija?

Goku: ¿Eh?... ¡Claro, Vegeta! Me caería muy bien pelear ahora mismo ¡Bueno amigos, nos retiramos para una lucha amistosa, ¡Nos vemos en el próximo capítulo: Rutas II!

Vegeta: (Susurro) Eres un imbécil Kakaroto...