Lemonale dice:

No piensen que me voy a olvidar del fic :3

Estaré ocupada, pero haré tiempo para actualizar. Ya terminó mi primera semana de escuela y pff estoy muerta XD mucha tarea ¡Y es sólo el principio! Por favor, un poco de paciencia. En mi twitter podrán estar más informados, ahí digo cuándo estoy haciendo el fic y cuándo actualizaré. En el msn, casi no me conecto, por lo mismo de que estoy ocupada con mis estudios.

Ahora: Rutas II ¡Sí! Al fin, disculpen la demora, de vdd es que prefiero la calidad antes que la velocidad, y es que este si lo hice un poco veloz, pero hice todo mi esfuerzo para que se vea decente. Si tardo demasiado, no se desesperen, es para tener un capítulo más o menos bien hecho, entendible XD

¡Gracias por los reviews! No tengo mucho tiempo para escribir, no sé cuándo subiré el próximo, no lo aseguro para el próximo fin ¡Lo siento! u.u

Espero disfruten este capi, que lo que viene luego luego, uff es... ¡Ya verán! :3 ¡Saludos y besos!


Capitulo 33

Rutas II

Planeta Shikk 1.1 Una oportunidad

Vegeta resopló. Seguía el horario, establecido, al pie de la letra. Por suerte, la peliceleste lo había dejado en paz la noche anterior. Estaba agotada ¡Sí claro, esa mujer ordinaria! El agotado era él; de ella. Limpió la sangre de su labio. Se trasformó en súper saiyajin, la ira que le provocaba esa mujer, en esos momentos, ayudaba mucho a desatar su poder. Una de sus manos empezó a arrojar energía, sin parar, a varios asteroides que caían como una cascada. La velocidad de su cuerpo lo trasladaba como si se tratara de un espejismo, de aquí para allá, destrozando rocas más grandes que él, incandescentes, aflorando llamas. Tenía una armadura saiyajin antigua, que había encontrado en la sede principal del planeta Shikk. Era, mayormente, oscura, con detalles dorados y orillas blancas. Tenía esas grandes hombreras, y esas protecciones debajo de su cintura, en las cuales podía enrollar su cola con comodidad. Ya se había acostumbrado al nuevo modelo, además que los azules eran los colores formales para él, pero debido a las circunstancias, no podía ponerse exigente. Era la única de su talla. Gruñó, la herencia de su estructura ósea, era clara en la familia de su madre — ¡Haaaa! — Gritó en un arranque. Ambas manos, como metralletas, expulsaron energía. Los asteroides se volvieron pequeñas piedras envueltas en fuego. Esquivarlas era el nuevo proceso que debía seguir. Si algo caracterizaba el estilo de lucha de Vegeta, era la manera despiadada de luchar. Su sangre hervía imaginando la pelea que tendría, como si se trata de un juego divertido ¡A él le encantaban esos juegos! Era el motivo de su vida. Era como un gato, que jugaba con sus presas, antes de devorarlas. Sonrió malvado al terminar con todos los asteroides. Endureció su expresión, repentinamente, alzó la cara al notar que una gran piedra iba directo a él. La esquivó de un salto, sin embargo, el calor de la llama le rozó el brazo — Tsk… — Se quejó. Era una herida insignificante, pero no le agradaba fracasar. Por el momento no caerían más asteroides para entrenar su velocidad — Hmm… — La noche terrestre debía estar comenzando. El planeta Shikk era demasiado oscuro para saber la hora exacta, pero Vegeta ya había entrenado varias horas. Aprovechó toda la mañana y la tarde en la cámara de gravedad, ya que, la paz reinaba dentro de la nave. Su estómago gruñó; tenía que regresar a cumplir su rutina.

Las perlas turquesas del saiyajin se dirigieron a un lado — Deja de esconderte basura, no necesito un rastreador para saber que estás ahí — Volteó con los brazos cruzados, en su típica pose. Alzó una ceja — ¿Por qué rayos te ocultas? ¿Acaso tienes miedo? — Sonrió cínico al pronunciar la última pregunta.

Aquella lagartija azul salió de entre las sombras de un árbol. La noche creaba un efecto reflector en sus ojos amarillos — No puedo creer lo que veo… Eres el saiyajin legendario — Reptó.

Vegeta rió gutural — ¿Sigues creyendo en ese estúpido cuento? — El dorado de su cuerpo se desvaneció, regresando a su estado natural. Enfrió su expresión — No me vengas con tonterías, lárgate si no quieres que te haga pedazos. No quiero ver tu asquerosa cara.

— Veo que no está de humor, su majestad — El alienígena se pegó al árbol — Es por esa terrícola… ¿Me equivoco? — Rió. Las pupilas del moreno se encogieron levemente. La lagartija afiló su mirada — Deberías cuidar que esa frecuencia no salga de tu nave, otros rastreadores podrían llegar a ella… Fue una conversación interesante…— Sonrió largamente, con una línea continua.

— ¡Insecto, despreciable! — Vegeta se volteó y lo sujetó con una mano. Sonrió maléfico, le parecía muy divertido estrangular a una basura entrometida.

El reptil se retorció —No…No me mate… Yo… Yo sé cómo… — Los dedos del príncipe apretaban el conducto que tenía por esófago. Los ojos amarillos se desorbitaban — Yo sé cómo… Desactivar…lo…— Pronunció con dificultad debido al ahogo.

Vegeta abrió un poco los ojos, lo que le permitió su expresión — ¿Qué dices? ¿Puedes desactivarlo? — Lo soltó y cruzó los brazos para ver cómo caía con estrépito ese saco de inmundicia. No planeaba matarlo aún, pero le agradaba ver el sufrimiento de otros en sus manos de saiyajin — Es imposible, esa humana activó un dispositivo en él — Agregó con seriedad. Se volteó y le dio la espalda al otro alienígena — Es demasiado lista… — Susurró para sí mismo.

La lagartija infló su boca y, luego, el conducto que tenía por esófago. Vegeta alzó una ceja al escuchar ese repugnante sonido de viscosidades repulsivas. Hizo una mueca con los labios. El azul, recobró el tamaño de su cuerpo — Tengo un artefacto… Que desviará las frecuencias… Por lo menos otros rastreadores no los captarán, y con suerte, tal vez no captes ninguna radiofrecuencia — Su, ronca y anciana, voz se entrecortaba todavía.

El príncipe oscuro volteó interesado. Frunció el ceño — ¿Cuál es el precio, sabandija asquerosa? — Tenía un mal presentimiento.

— ¡Me ofende, su alteza! Nosotros somos viejos amigos, no le cobraré dinero por un favor… — Se volteó el alienígena. Miró un punto perdido y luego visualizó desde su espalda al príncipe. Afiló la mirada — Pero… no me vendría mal esa cola que tiene ahí enrollada, su majestad, sería un bien muy preciado ya que los saiyajin se han extinguido, casi, en su totalidad. Viniendo de un príncipe como usted, algún día podría valer mucho… ¿No sería ningún problema, no es así, su alteza? Volverá a crecer… Además, la cabeza del príncipe de los saiyajin es muy alta, yo sólo le pido su cola…

Vegeta contuvo su sobresalto, ¿Su cola? ¿Esa extremidad que le aseguraba su victoria? Desvió el rostro. Un movimiento involuntario contrajo su rostro un segundo. Pensaba a una velocidad épica. Nada le aseguraba que dejaría de hablar a la científica por un año, así como que nada le aseguraba que la cola le volviera a crecer. Además había descubierto algo, los saiyajin sin cola desarrollaban su poder con mayor facilidad. Pero a cuenta de qué, ahora su poder era perfecto y exacto. La luna de la tierra aparecería en algún momento y no tendría la necesidad de hacer su luna artificial, que le disminuía su poder a la mitad. No podía haber trato, su objetivo era derrotar a los androides, a su rival y luego a la tierra. Esa era la solución, él lograría matar a la mujer, al regresar. O quizás… Sólo quizás… Podría dejarla a ella con vida… Ahora era demasiado calculador como para pensar como aquel Ozaru enloquecido, que en algún momento tomó esa como la mejor opción, pero ahora, ahora estaba en sus cabales, eso no podía ser posible, no de alguien como él, no del príncipe de los saiyajin. No debía tratarse con algo así: Su cola, su orgullo, su éxito seguro y rápido. La cualidad de ser impulsivo respecto a nuevos retos, también lo atacaban, pero no, no lo valía. No por evitar a la mujer por un año.

— ¿Qué dice?

— No hay trato.

La lagartija parpadeó. Frunció sus párpados, trató de mantener la calma con una sonrisa mal hecha — Bien, bien… Qué tal si agrego las semillas rojas de saibaiman… ¿Eh? ¿No es una buena oferta? tu privacidad y las semillas. Es una ganga.

— ¿Qué tal si te mato y te quito todos tus preciados objetos?

El alíen azul tragó saliva — Muy bien, muy bien, su majestad es una persona difícil, lo sé muy bien… — Apretó sus labios de escamas y sacó su carta final con un rostro decidido — Intentaré guardar el secreto de su hermano el mayor tiempo posible ¿Qué le parece?... — No obtuvo respuesta, comenzó a sentirse más nervioso — Intentaría que… El trato con Salera pasara a mi responsabilidad, yo lo haría mucho mejor. En las sombras, como a usted le gusta, hasta el día de mi muerte. Nadie se enteraría tampoco de su ubicación, nadie buscaría su cabeza por un tiempo… Podría decir que yo… Lo encontré muerto y usted… No tendría ningún impedimento para su conquista…

Vegeta sólo movió un músculo por un milisegundo. Estaba parado ahí, como una estatua, y lo único que movió fue un músculo en su cuello musculoso, un movimiento imperceptible para cualquiera, incluso para el buen ojo del negociador que tenía en frente. El moreno aún mostraba sus perlas heladas, esos ojos que desbordaban hielo antártico y seco. Cerró sus perlas. Resopló — ¡Hmpf! Tan patético como siempre Corno. Nadie puede contra mí ahora, tus argumentos no son válidos, si quieren venir por mi cabeza quiero verlos intentarlo, yo los recibiré con mucho gusto, serían un buen entrenamiento, o tal vez, un calentamiento — Sonrió arrogante. Se volteó para irse a la nave.

— ¡La matarán a ella!

Vegeta paró. Rió gutural. Volteó su rostro para mostrarle su semblante sombrío y ruin — Es lo que menos me interesa… — Continuó su carcajada oscura. Hasta volver a su camino.

La lagartija tembló. Recobró su rostro, de expresión módica, en unos instantes. Su negocio había fallado, pero no podía rendirse, esa cola valía una fortuna. "Pensé que había atinado con eso…"Suspiró derrotado. Entendió que no podría contra la voluntad de acero del príncipe saiyajin. Nunca pudo, ni cuando era un niño. Aunque, sentía algo diferente en él, algo que había descubierto antes y que tal vez, estaba desatándose ahora…

Vegeta llegó a la nave. Su inexpresivo rostro más bien parecía un rostro pensativo. No dudaba de su decisión, era la correcta. Aún no se libraba de la última tentación impulsiva de cabellos aqua, no necesitaba otra tentación. Además, Salera, tenía una misión, debía cumplirla hasta su muerte. Tensó su cola un instante, para luego aflojarla y liberarla de su cintura. Entró a la cámara de gravedad. Su mano enguantada tocó el interruptor, las lámparas parpadearon dos veces y se encendieron en su totalidad a la tercera vez. Pasó sus perlas por el lugar, puso atención en los ruidos de la nave. Torció los labios, había demasiado silencio. Seguro de no tener a la peliceleste parloteando, se dispuso a quitarse ese traje tan anticuado, tomar una ducha para limpiar el sudor y la sangre que lo envolvía, y arrasar, por lo menos, con la mitad de uno de esos refrigeradores. Al terminar con esa parte de su rutina, Vegeta se sentó en el sillón de mando, tenía sólo el traje oscuro, que le había confeccionado Bulma. Había pensado demasiado en las palabras de Corno. En realidad él no sabía en qué condiciones ya estaba el planeta de Tarble. Si Salera traicionaba a la familia Real, él debía darle su merecido, ¿Pero cómo? El moreno tenía la ruta planeada, su entrenamiento era más importante ante todo, era su prioridad.

— ¿Vegeta? — La voz de la peliceleste sacó de su cavilación al príncipe.

Vegeta resopló, apretó un botón para escuchar con más claridad el receptor, debía decirle que todo el universo sería capaz de oírla, tal vez así, lo dejaría en paz — ¿Qué rayos quieres ahora, mocosa? — Apoyó su mejilla en su mano. Estaba hastiado de la situación, pensaba que se libraría de esa mujer al ir al espacio, pero ahora podía localizarlo en cualquier momento, era su acosadora personal.

— Mañana la nave se irá de ese planeta, automáticamente, a las trece horas terrestres. Debes estar en la posición de mando antes… Una hora antes estaría bien — Pronunció la mujer.

Notó, el moreno, una anormalidad en la voz de la científica. Era más suave, unos decibeles más grave, algo ronca — Mh — Fue lo único que dijo como afirmación a las palabras de la peliceleste. Salió de sus pensamientos — Las radiofrecuencias de la nave están llegando a otros rastreadores. No vuelvas a utilizar el rastreador de Raditz, es una orden — decretó el saiyajin.

— ¿A otros rastreadores?... Bueno, está bien, mañana arreglaré ese detalle. Ahora mismo está brillando un botón en los controles de mando, acciónalo — Mencionó con extraña tranquilidad, en respuesta, al hombre.

Vegeta alzó una ceja, imaginaba una reacción más eufórica, gritos y demás circo. Ese comportamiento era incluso más fácil de sobrellevar, no le desagradaba del todo, aunque no le sabía bien tampoco. Miró el botón, apretó el cuadrado intermitente y un monitor nuevo salió, la imagen estaba borrosa, en ella estaba la peliceleste, o lo que se podía ver de ella — ¿Tenías más? Tsk… — El tic de la ceja del príncipe se pronunció.

— Sí… Instalé varios, puedes destruir todos los que quieras, aunque no tienen la misma potencia. De cualquier manera podré comunicarme con el rastreador de Raditz cuando lo progra… — Un estornudo la detuvo en medio de su frase. El estruendo fue sofocado con una de sus delicadas manos. Suspiró.

Vegeta alzó una ceja. Volvió a concentrarse — El código del rastreador de Raditz no puede ser rastreado, no sabrán tu ubicación, pero sí podrán encontrar la ubicación de la nave… — Otro estornudo, de parte de la peliaqua, lo interrumpió, el príncipe trató de ignorar el sonido para continuar — No necesito tener a insectos de bajo nivel que me interrumpan en mi entrenamiento ¿Escuchaste bien, terrícola? — De nuevo, ese estruendo de un estornudo inocente, golpeó la bocina, el eco retumbó en la nave. Vegeta mostró sus dientes, atrapó el gruñido en su boca — ¿Puedes parar de una buena vez? Es muy molesto.

— ¡Gorila insensible! ¡No es algo que pueda controlar!— La voz ronca de la científica se quebró. El cosquilleo de su garganta no la dejó gritar. Aclaró su voz, sin buenos resultados, si seguía gritando seguro perdería la voz en cualquier momento — Ugh… Maldición — Tosió dolorosamente. Vegeta alzó su ceja. La imagen de Bulma se ajustó, su rostro de porcelana era de un tono pálido, diferente a su blancura natural, debido a su piel de mármol. El cansancio de sus ojos se visualizaba en la sombra, levemente oscurecida, debajo de ellos — Parece que me contagiaron la gripe — Se quejó malhumorada, si algo le detonaba su carácter y mal humor era estar enferma. No le agradaba mostrar vulnerabilidad en esos aspectos. Tocó su frente brillante de perlas. Bajó sus dedos a sus mejillas sonrosadas por la fiebre.

— ¿Contagio? Hablas de esa enfermedad terrestre… — El moreno sonrió de medio lado. La débil naturaleza terrícola le daba gracia, más en ella. Le hizo recobrar su orgullo y su superioridad. Esa mujer, era humana después de todo.

— Sí, "esa enfermedad terrestre" — dijo en tono irónico la peliaqua, escuchó claramente la intención cínica del hombre. Esa sonrisa insolente, en el rostro del príncipe, se notaba claramente tras la imagen distorsionada del monitor. La mujer frunció el ceño, estaba cansada y empezaba a sentirse fatal. Todos, quienes la conocían, sabían que no debían meterse con ella cuando enfermaba. Apretó sus labios conteniendo su enojo. Suspiró para tranquilizarse, no tenía ánimo de discutir — Me voy — Habló fastidiada. Su cabeza estaba nebulizada con un dolor que comenzaba a crecer dentro de su cráneo.

Vegeta abrió un poco los ojos, buscó un pleito que no fue correspondido por su enemiga natural, además de que, ella comenzaba a levantarse para irse — ¡Espera! — Ordenó.

La mujer volteó irritada, al monitor, antes de apagarlo — ¿Ahora qué quieres, gorila tonto? — Preguntó de mala gana, con su voz nasal, no sin antes tapar su nariz sensible.

— ¿Cuándo regresarás?

Bulma abrió sus zafiros, ¿Qué clase de pregunta era esa de parte de él? Parpadeó. Volvió a fruncir el ceño, incrédula de alguna preocupación proveniente del saiyajin — No te preocupes, no tendrás que verme en unos días, disfruta tus vacaciones sin… ha… ha… ¡ha chiuw! — Su severidad se cortó con otro estornudo, que lastimó los tímpanos del guerrero — Ugh… Ya me largo… — sorbió, amargamente, su nariz acuosa. Necesitaba su cama, pañuelos, pastillas y no salir hasta recuperarse del todo. No iba a soportar a nadie en ese estado, mucho menos al cínico príncipe.

Vegeta hizo una mueca con sus labios, un tanto asqueado, irritado por el eco. Pasó su mano de su mejilla hasta el torso, para entrecruzar ambos brazos sobre su pecho — ¿Cuántos días?

— ¡¿Para qué rayos quieres saber, simio imbécil? — Tosió, la científica, irremediablemente, comenzaba a sentir un horrible ardor persistente en su garganta, un picor que le arañaba su interior. Miles de hormigas bailaron en su tracto. Tosió de nuevo, intentando aliviar esa sensación.

— Ahg… Deja de hacer tanto ruido y contesta.

— ¡No lo sé! — El palpitar, dentro de la cabeza de la mujer, se intensificó — Ugh… Gorila… Seguro regresaré en una semana ¡Y ya! déjame en paz, no me siento bien para estar discutiendo contigo, eres un mono desconsiderado, deberías estar preocupado por una mujer tan delicada como yo — Limpió el sudor de su frente — Pero eso es mucho pedir para un simio grosero como lo eres tú ¡Idiota! — Se apoyó en la mesa, agotada, sin dejar de lado su expresión enojada — ¡Adiós! — Apretó un botón para cortar la comunicación.

Vegeta frunció su frente, aumentando el tic, de su ceja, al arrugar su nariz — Hmpf… Mujer ordinaria… — Lo había dejado con la palabra en la boca, frustrándolo. Pero ese no era momento de sentirse ofendido. Sonrió maléficamente. Su acosadora no se aparecería en una semana, eso resolvía uno de sus problemas temporalmente. Rió oscuro. Cruzó su pierna, sentado en la silla de comando, y dejó su espalda caer en el respaldo. El tiempo sería suficiente para resolver una duda. Su risa se extendió, cuando al fin sus planes parecían cuadrar a la perfección.

A pasos duros, la mujer caminó a su alcoba — Estúpido Vegeta… Desgraciado… Sólo quiere deshacerse de mí ¡Pero no lo hará!— Tosió. Suspiró al finalizar "Al menos hasta que me recupere" Talló uno de sus zafiros. Se había pasado todo el día convenciéndose a ella misma que ese cosquilleo en la garganta era "sed", que esos pequeños estornudos eran causados por el polvo y que el malestar general era simplemente cansancio por el exceso de trabajo. Ingresó al pasillo principal que dirigía a su cuarto. Se detuvo frente a su puerta, antes de abrir, para voltear el rostro. Miró la puerta del cuarto de Vegeta ¿Por qué había escogido esa habitación entre todas? Enfrente de la suya. Tal vez desde que lo conoció sintió algo más que simple curiosidad. Afiebrada, agotada, caminó hacia la habitación del príncipe. Ingresó al recinto del moreno. La oscuridad le hacía recordar su ausencia. Pesada, sin ánimos de nada, se recostó en esa cama mullida. No quería ver a nadie en esos momentos, sin embargo, cayó su rostro cálido en esa almohada perfumada con el aroma del guerrero. Había pedido que la habitación continuara igual, la servidumbre sólo se atrevía a entrar a esa habitación cuando el hombre no estaba. La científica ordenó que, por lo menos, la dejaran así un tiempo. No fue un error, en ese momento, el olor de Vegeta la tranquilizó. Sus ojos se aguaron, algunas lágrimas se escurrieron por sus mejillas, sin comprender si se debía a la enfermedad, o a la ausencia del príncipe. Sonrió tristemente, lo extrañaba de alguna manera, se preocupaba por él, demasiado, pero entendía lo que él hacía, se sentía bien al ser parte de los objetivos del hombre. De alguna manera no se sentía agobiada por su ausencia, no sentía la desesperación que alguna vez sintió por Yamcha, esa inseguridad que la carcomía cuando se largaba por meses, no la tenía. Estaba aliviada por eso. Lo extrañaba, pero de una forma tan grata, tan pura, que no podía quejarse. El aire se le acababa; se escapaba el aliento vaporoso. Se volteó para mirar el techo, con la mano desnuda sobre su frente ardiendo. Respiró, por la boca, con dificultad, hasta caer víctima del sueño, con la imagen del guerrero en su cabeza. Ese simio desconsiderado, que extrañaba como a nadie.

Vegeta, con los dedos sobre los botones de mando, agitó sus perlas negras sobre la pantalla de plasma. Las coordenadas empezaron a cambiar, los números saiyajin sufrían una metamorfosis constante. La ruta había sido modificada. Sonrió luego de un resoplido de victoria.

El teléfono, de la habitación de Bulma, sonó. La mujer abrió pesadamente los párpados, con la cabeza palpitando como un corazón gigante. Levantó el torso, el cuerpo lo sentía cortado, adolorido. Reconocía el tono de su teléfono, lo había programado ella misma, con el sonido lo suficientemente fuerte para que lo pudiera oír aún con los audífonos puestos. Era la extensión de su alcoba, sin duda. Debía acudir, era un llamado insistente "Uhg… Parece urgente…" Se levantó con pereza, abrió la entrada del cuarto de Vegeta, cruzó el pasillo, arrastrando los pies, hasta llegar al pomo de la puerta púrpura de su cuarto. La abrió, con los zafiros semi cerrados, acostumbrándose a la luz blanca de su habitación. Por suerte, llegó al teléfono rosado, con la forma peculiar de unos labios, antes de que colgaran — ¿Diga? — Contestó, dándose cuenta de lo mal que sonaba. Hizo una mueca.

— ¿Bulma? ¿Eres tú? ¿Estabas dormida? ¡Perdona! no quise despertarte.

— ¿Yamcha?...


NOTAS FINALES DEL CAPÍTULO

(Aparecen imágenes del próximo capítulo al puro estilo DBZ)

Goku: ¡Hola! ¡Soy Goku! ¡Gracias a que la autora nos ha dado tanto tiempo libre ayudé a Gohan con sus estudios! El pobrecito reprobó por mi culpa, y Milk me prohibió volver a ayudarlo en las tareas. Vegeta no está por ningún lado, no sabemos dónde se metió ¡Ay! Desde que lo derroté en esa pelea amistosa, no lo he visto ¡No entiendo por qué! (ríe inocente) Ahora me quedé sin compañero, Pikoro se rehusó a venir, Gohan estudia, Milk está molesta conmigo y Bulma y Vegeta no aparecen... Que extraño... Me pregunto dónde estarán esos dos. No puedo localizarlos, Vegeta ocultó su ki y el de Bulma es muy difícil de encontrar ¡Que mala suerte! Es muy aburrido... No quiero ir con Kaiosama por sus... (se detiene antes de continuar) ¡Ah! Cierto, debería decir mis diálogos (ríe) No quiero que me despidan ¡Próximo capítulo: Rutas III! ¡No se lo pierdan! ¡Espero aparezca Vegeta o alguien para sustituirlo o me aburriré mucho!