¡Lamento la tardanza! Ya vi que hasta recibí amenazas y todo, tengo una acosadora personal tmb jajaja ya sabe quién es XD te dedico este nuevo cap para que no tema por los míos jaja :3 Disculpen si tardé, pero tenía que ponerme al día con todo, mangas, anime, películas, y claro, vi las ovas. Les aviso que ya salió la de Bardock, por favor veánla, esa y la del 2008, ahí aparece Tarble, que según entendí no todos lo conocen, ¡pero necesitan verla para entender un poco este capítulo!
Ahora, acerca de las actualizaciones, iré lo más rápido que pueda ahora que ya vi todo lo que tenía que ver, probablemente actualice semanal o quincenal, tengo Rutas IV y V, en el horno, así que probablmente los publique esta semana, tuve problemas con mi inter, pero parece que ya está todo muy bien (luego de formatear y perder muchos archivos u.u)
Bueno! Espero les guste este capítulo! Si todo sale bien los rellenos podrían regresar, todo depende del daño de mis archivos perdidos, pero para que la historia avance intentaré que no interfieran con mi tiempo, ya saben, la vida social, la escuela y esas cosas XD
Muchos Saludos y Besos! Pronto tendrán más!
Capítulo 34 Rutas III
Rutas III
Tiempo = Distancia entre velocidad
Cuando lo miro desde aquí me parece tan imponente, sus perlas negras son dos pupilas vacías que hieren todo a su paso, se enmarcan bajo ese gesto de cejas inclinadas, de quijada apretada y recia. Siempre tan preocupado de su propio poder, de dominar, de mostrarse firme ante todos., siempre siendo él… Y así es que no sabe que estoy aquí esperándolo, esperando a que llegue lo cálido de su cuerpo de sangre real, estoy bajo la sombra de su figura, en el rincón que me fue conferido el día que decidí estar a su lado. Lo sé, él no ha cambiado, la que ha cambiado he sido yo, él no tiene nada que ver con lo que siento en el pecho, no tiene nada que ver con el ciempiés que se hace un ovillo dentro de mi corazón con cada palpitar. Ninguna mujer debería amar a un hombre como él. No tiene corazón. Pero; dentro de este cuerpo está creciendo una bestia que me devora la energía, está creciendo nuestro hijo y él... Todavía no lo sabe…
— Vegeta… —
El moreno pasó sus negras orbes hasta el final de la ventana de la nave. Encontrando el origen de la voz. Bajó la mirada hasta el piso, para mirar los pies sucios de la fémina, para subir de nuevo los ojos y encontrar ese rostro de mármol, esos labios agrietados, secos al derramar todo resto de humedad debajo de esas sus pestañas espesas — ¿Desde cuándo estás aquí? ¿No te di la orden de que no vinieras? — Formuló, con ronca voz, el saiyajin.
— Lo ordenaste, sí… Pero… Tengo un mal presentimiento — Apretó un puño contra su pecho — Vegeta, no vuelvas ahí, no puedo sentir confianza ante ese sujeto, hay muchos más a quiénes rendir cuentas, no es el único, hay muchos rumores de que él…
— ¡Guarda silencio! — Interrumpió el moreno, acercándose a la mujer, oscureciéndola con la sombra de su figura, acorralándola en la ventana, dejando que aplastara su cuerpo entre telas transparentes y un vidrio grueso — Yo decido con quién negociar. Tú no tienes derecho a decirme qué hacer.
La mujer se tragó con amargura sus lágrimas. Ahogándose con el nudo en la garganta del tamaño de una gran canica, bajó el rostro — No te digo lo que tienes que hacer… Estoy preocupada… ¡Maldita sea! Siempre actúas de esta forma, tú sabes que yo puedo… — El rostro perdió color y el brillo de sus ojos empezó a desaparecer, el cuerpo perdió fuerza un instante, dejando una mano delgada sostenerse en el vidrio, haciéndolo rechinar. Posó la otra mano encima de su frente perlada de sudor.
Frunciendo el ceño, el moreno miró a la fémina — ¿De nuevo? Sal de aquí, no estás en condiciones de discutir conmigo. Haré el trato, no tienes por qué inmiscuirte en estos asuntos — Dirigió sus orbes al cuerpo debilitado de la hermosa criatura — Anda, no quiero verte aquí con ese aspecto tan miserable, no es digno de ti — Volteó el rostro frente a la ventana, observando superficialmente el planeta, rocoso y frío, a través del vidrio panorámico, de un sutil azulado.
En una mesa, descansaba el rastreador. El moreno colocó una de sus manos enguantadas sobre el aparato, para tomarlo y colocarlo en su cabeza, despeinando su alocado cabello, para que con un movimiento de restauración espontánea, regresara a su forma, suave y sedoso, ligeramente rojizo.
— No me iré… ¡No me iré hasta que me escuches, Vegeta!— Gritó con el resto de sus fuerzas, con los ojos de una fiera encendida.
El hombre gruñó, chasqueó la lengua al escuchar la impertinencia de su mujer. Cruzó los brazos para mirarla desde su pose de gobernante, suavizó los hombros y sacó un brazo de su entrecruzado manifiesto, y al alzar la mano, en un duelo, una puerta al vacío se abrió.
— Majestad… — Un soldado habló apresurado, con una gota de sudor corriendo cerca del ojo izquierdo — La… Lamento interrumpirles, sus altezas, pero… Freezer está aquí, quiere verlo Rey Vegeta… — El joven saiyajin hizo una reverencia, con los ojos fijos al piso, asustado, controlando el temblor — Rey Vegeta… Reina Derezzai…— Un ligero rubor estalló en sus mejillas al recordar la imagen de la hermosa reina, sin la armadura de cueros y pieles, con sólo telas transparentes. Recobró la compostura luego de ver el ceño fruncido de su gobernante.
El rey alzó una ceja sin comprender la reacción, volteó el cuerpo hacia el soldado — Dile que pase — Regresó el rostro hacia su esposa — Regresa a la habitación, no dejaré que Freezer te vea, no puedo permitir que piense que somos tan débiles como lo estás tú ahora.
Con furia, la mujer le dirigió, a su esposo, esos ojos, negros y lustrosos, como brea espesa que brillaban centelleantes, como las dos flamas que salteaban cada que su pasión explotaba, ojos que la caracterizaban cada que encendía su personalidad — Si estoy débil es por tu culpa, si no fuera por ti… — Apretó los dientes, tragándose el orgullo, el rey no debía saber que ella estaba embarazada, no después del primer intento que habían tenido, ella necesitaba la fuerza que le quedaba para dar a luz a ese hijo, que como un monstruo robaba todo el ki de su cuerpo.
El rey la miró un tanto curioso de saber lo que diría, abrió levemente los labios, pero antes de poder decir alguna palabra, el rastreador comenzó a reaccionar ante una fuerza que para él, era bastante poderosa y conocida. Volteó hacia la puerta, el soldado saiyajin registró el poder y se hizo a un lado para dar paso al Gran Freezer y al gordo de Dodoria, que lo acompañaba cerca de esa pequeña silla flotante, que como un planeta, tenía a ese satélite orbitando.
— Rey Vegeta… — La sonrisa de labios oscuros, duros y escamosos, se dibujó en el rostro del alienígena. Sus pupilas negras miraron la escena y con malicioso tono burbujeó una risa sutil de su garganta — Lamento importunarles, pero sabrá que tengo unos negocios pendientes y tenemos algo de prisa, espero no llegar en un mal momento — Afiló sus ojos al momento en el que Dodoria sonrió — Podemos regresar otro día.
La ceja del rey tembló ligeramente, luego de un parpadeó miró a su esposa con recelo, la terquedad que la caracterizaba parecía relucir a través de su engañosa apariencia débil y pequeña. La mujer apretó los dientes, miró al demonio purpúreo que tenía enfrente, la poca energía que le quedaba fue suficiente para salir de ahí a pasos de gigantesco orgullo, sin decir palabra, sólo con las cejas fruncidas y el enojo carcomiéndole el alma, quemándola. La puerta del otro lado de la habitación se abrió tras un código que insertó en un sistema de botones. Quedó un momento paralizada, con el escalofrío en su espalda dándole latigazos, al sentirse observada por aquella bestia, quién sonrió malévolo ante ese microsegundo de silencio, a sabiendas de que ella contenía algo que le interesaba, algo dentro de su vientre. La puerta se cerró.
— Quisiera disculpar a mi esposa, su carácter es más fuerte de lo que podría decir su apariencia —El rey de los saiyajin agregó serio, aparentando total control de la situación. Dio una seña para que su subordinado saliera también, dejándolo a solas con Freezer y Dodoria.
— Jumm…— Freezer sonrió al cerrar sus párpados, ella no parecía ser una amenaza. Abrió los ojos para mirar fijamente al rey. El vehículo flotante se acercó un poco al hombre. La cola del alienígena se posó para descansar en la orilla del artefacto — No tenga cuidado — pausó para dirigirse cerca del gran ventanal, regresó su recio rostro con la sonrisa, burlona y déspota, que lo caracterizaba — Sabe que tenemos un asunto pendiente entre manos — Golpeó una uña en su vehículo al decir ello — ¡Soldado Dodoria! Dele a nuestro futuro socio un adelanto de lo que le deparará si se nos une.
Los ojos del Rey Vegeta no chistaron en ver la caja que sostenía aquel gordinflón ser. Dodoria abrió el cofre plateado mostrando las riquezas, las pupilas negras del saiyajin trataron de mantenerse graves, pero dentro de sí, el rey, deseaba ambiciosamente todo lo que el alienígena le ofrecía. Desde la destrucción de los Tsufurujin su reinado no era más que un puesto que no podía mantenerse sin tecnología, sin la riqueza y sin la estructura de un reinado. Debía tomar el control. Los saiyan habían vivido tanto tiempo en desorganización, de tal manera que no se podía distinguir quiénes eran los subordinados, si los saiyajin, o los tsufuru. Antes de llegar al planeta Plant el saiyajin más fuerte reinaba, hasta que cayó en las manos del Rey Vegeta el poder, debido a ser de una familia guerrera de alto rango que predominaba siempre, convirtiéndolos en la realeza paulatinamente. El Rey Vegeta miró al suelo. Derezzai le había advertido sobre ese sujeto, ¿Debía hacerle caso? Los pensamientos comenzaron a rodar por su cabeza una y otra vez. El rey, fríamente tomó el cofre para comprobar el metal valioso. Sabía que si no conseguía una manera de mantener a todo el pueblo saiyajin, caerían en un desastre que ni él podría remediar. La riquezas estaban a punto de agotarse ¿Debía de sospechar de ese monstruo? Una de sus cejas se movió en un tic, regresó el perfil ante el purpureo demonio, que lo miraba con un brillo suspicaz, como si lograra leerle cada pensamiento. El rey volteó, de nuevo, en un silencio denso. Freezer había visto las habilidades de su pueblo, cuando atacaban uno de los planetas que el demonio púrpura deseaba, en busca de su sobrevivencia. Pagándoles por el favor, que no sabían que cumplían, los saiyajin obtuvieron lo suficiente para subsistir un año terrestre. Aquella ocasión el Rey Vegeta, orgulloso y confiado, no aceptó trabajar para Freezer, pero ahora, sabiendo del gran poder de aquel sujeto, y de todo el imperio que comenzaba a abarcar en el universo, las oportunidades de seguir adelante parecían nulas.
— ¿Aún no está seguro, Rey Vegeta? Ha pasado mucho tiempo desde que le ofrecí el trato, seguramente les hace falta la riqueza que les di la primera vez en recompensa por su buen trabajo… Conocí su gran poder de casualidad y les pagué en agradecimiento por facilitarme las cosas en el planeta 392… Ahora les estoy ofreciendo unirse a mi ejército, así serían parte de mi tropa de hombres y obtendrían más beneficios… No sabe cuántos matarían por ese honor… — El vehículo flotó para girar y ver al hombre mono — No tiene por qué dudar de mí y de mis hombres, su gente estaría muy segura luchando para la familia más poderosa del universo… A los saiyajin les gusta pelear, ¿No es verdad? — Un rayo salió hasta la frente del rey, atinándole claramente. Freezer continuó con su lengua manipuladora — ¿No es por eso que destruyeron su única fuente de tecnología e ingresos? — Rió maliciosamente, tensionando al sujeto — Quisiera aclarar, Rey Vegeta, que antes de que llegaran ustedes, mi familia estaba muy interesada en el planeta Plant, ahora el planeta Vejita… — Movió el cuello a un lado y regresó los ojos, con aires de grandeza y amenaza encapsulada dentro de su soliloquio — Nos deshicimos de gran parte de sus habitantes para obtener mucha de la tecnología y medicinas que seguimos desarrollando… Ahora que acabaron con ellos…
— Nosotros no les debemos nada — Agregó el rey, con grave voz, cortando las palabras del demonio, haciendo que la sonrisa del purpureo se cayera — Nos hicimos del planeta por nuestra gran fuerza, mi pueblo no estaba satisfecho con compartir sólo una parte de él, éramos más grandes y poderosos que los tsufuru y habíamos crecido en número, la sangre sayajin corre por nuestras venas, necesitamos de la lucha… — El saiyajin golpeó con una mano su capa para mirarlo, apretó un puño — Aceptaré el trato si conservamos nuestro planeta, mis mejores guerreros trabajarán para usted — Habló; estaba sin opción ante los acontecimientos, dentro suyo sentía culpabilidad, la verdadera razón por la que había dado luz verde para acabar con los tsufurus estaba carcomiéndole el alma, sufría las consecuencias de sus actos impulsivos.
— Me alegra que entrara en razón, Rey Vegeta — Sonrió de nuevo al conseguir lo que se proponía, aunque empezaba a conocer más el carácter del rey y de los saiyan en general — Soldado Dodoria comuníquele al resto del ejército que pueden traer la nave que corresponderá a este sector — Volteó al alien — Asegúrate de que traigan las armaduras suficientes para todo el planeta Vejita, de paso comunícales a los saiyajin que se ha tomado una decisión…
— No será necesario — Interrumpió el gobernante saiyajin congelando a los dos alienígenas — Yo mismo le diré a mi gente. Me corresponde informarles primero que nadie — Miró al purpureo demonio — No es nada personal — Salió de la habitación sin inmutarse.
— ¿Quiere que lo ponga en su lugar, señor Frezzer? — Dodoria susurró.
El alienígena sonrió con malicia — No se preocupe soldado Dodoria, él entenderá quién es el que manda aquí. Por el momento déjalo dentro de su burbuja, nosotros tenemos cosas más importantes que hacer ahora que nuestro ejército ha crecido considerablemente. Informa al planeta 32, deben empezar a medir los niveles de pelea de nuestros nuevos miembros. Con esta raza guerrera, gobernar el universo será más sencillo de lo que creí — Rió — Ya puedo saborear el poder… — Freezer giró su vehículo — Mantenme informado de todos los acontecimientos… — El sonido del rastreador lo alertó, la flecha dentro del lente se dirigió hacia su lado izquierdo, justo la puerta donde había salido la reina. El demonio resopló y flotó fuera del lugar, con su sirviente siguiéndole detrás en silencio, comprendiendo el mutis; debían ser cautelosos por el momento. Freezer había conseguido su objetivo, ahora sus tropas parecían marcar a nuevas fortalezas y no era necesario armar complicaciones. El sonido de la silla flotante desapareció.
Derezzai, con las manos en el vientre, permaneció quieta. Su energía era un vórtice de lava que era reabsorbido en un hoyo negro viviente, alimentándose a través de un cordón umbilical; En contraste, el sudor de su frente era frío, las manos y los pies eran cuatro témpanos. "¿Qué sucede? El anterior no fue así…" Con los dientes rechinantes logró arrodillarse para poder sostener su cuerpo. Apoyó su espalda a la pared, subió la barbilla para respirar con más facilidad. Los repentinos cambios, dentro de ella, la estaban aniquilando, no iba a soportar demasiado tiempo ocultándole al rey que, en sus entrañas, crecía un nuevo heredero. "El último fue un error… Que este no lo sea… ¿Qué digo?... Nunca fue un error, sólo para él... No quiero ver morir a otros de mis hijos…" La mujer se abrazó a sí misma, su melena salvaje color azabache cubría sus ojos de agua, hasta que, una voz conocida la hizo salir de su miseria. El Rey Vegeta daba el anuncio oficial de su acuerdo con Freezer. Derezzai, de un aliento se levantó, no por nada era la mujer más poderosa del planeta Vejita. Tomó sus pieles y salió del cuarto hacia una multitud que le abrió paso, hombres y mujeres saiyan que la miraban con respeto y miedo. El Rey Vegeta terminó de dar la noticia cuando la vio venir. El repentino silencio se impregnó, cuando ambas miradas, de sus majestades, se cruzaron como dos filos echando chispas.
— Tengo otro anuncio real que debo informar al pueblo saiyajin — Miles de pupilas negras miraron a la reina — Pronto el planeta Vejita tendrá un heredero al trono — Sonrió triunfal, con los ojos inundados de felicidad, con las manos sobre el vientre.
Un segundo de silencio acabó al reventar un grito de victoria y celebración, lleno de rudeza y alegría, de parte de los sangrientos guerreros. Cada saiyan aclamó por la noticia, no habían quien no ovacionara a sus majestades. La gente en su ignorancia estaba contenta, obteniendo de sus líderes lo que ellos necesitaban: Poder y peleas. Un nuevo heredero, nacido de los saiyajin más fuertes de Vejita, era un guerrero más con quien incrementar su fuerza.
"Vegeta… Serás el hombre más orgulloso del universo… Pero no te permitiré asesinar a otro de nuestros hijos, sólo porque el primero no tuvo el nivel de pelea que esperabas… ¿Qué harás ahora que ya no es un secreto? ¿Lo matarías igual?"
El Rey Vegeta trataba de no desencajar su rostro, pero a pesar de sus intentos, se mostraba visiblemente impactado para Derezzai. Ahora que todos lo sabían, su reputación estaba en juego.
Fin del Flash Back
La brisa húmeda del planeta 45 rociaba el rostro del príncipe. No era más que una roca, un árbol, una flor en el paisaje. Pasaba desapercibido debido a su nueva habilidad de esconder el poder de pelea. Hacían muchos años desde que no pisaba esas tierras blancas. El planeta no había cambiado nada, seguía siendo un lugar tranquilo, aburrido para él. Eran pocos los aborígenes del lugar, y ninguno tenía un poder de pelea importante. Miró el cielo rosado, azul y lila, tenía suerte de que la peliceleste estaba lo suficientemente enferma como para no estarlo siguiendo. Ella no podía saber dónde se encontraba, el pasado de Vegeta era algo que necesitaba aniquilar y ese era el momento, debía cortar todo contacto de tajo, y asegurarse de que nada se interferiría en sus planes de conquistar el universo. El saiyan miró la gran tabla de material duro y liso donde se encontraba la historia de una mujer llamada Derezzai, justo en el planeta donde aún vivía su hermano. Tocó las letras de la tumba, resoplando con enojo, pendiente de que nadie lo reconociera. Su calculadora mente planeaba, entre trazos, el plan que debía seguir para terminar, de una vez por todas, lo que aquella lagartija deplorable le había advertido. "Tsk, maldito insecto…" Apretó con fuerza su cola contra su vientre hasta que sintió algunas presencias insignificantes. De un movimiento se ocultó tras una de las montañosas rocas cerca del cementerio. "¡Tarble!" Abrió ligeramente los ojos, el príncipe mayor, manteniendo sus cejas inclinadas.
Recogiendo de unas plantas algunos frutos, el pequeño príncipe sintió dentro de su cuerpo una sensación extraña. Alguien le observaba pero el rastreador no encontraba nada. Se enderezó para levantar la mirada hacia las montañosas rocas repletas de arena y frutos castaños.
— ¿Pasa algo, señor Tarble? — Mencionó la aborigen de apariencia robótica. Tan reducida que entre las plantas apenas y aparecía su cabeza
— ¿Eh? — Reaccionó el menor. Miró a la alienígena con un rubor en sus pómulos — No es nada Gure-chan, debe ser sólo mi imaginación— Rascó su mejilla con vergüenza — Cuando me dices señor, me haces sentir como un anciano… —Inclinó su cabeza para mirarla. Ambos sonrieron y comenzaron a reír nerviosos el uno con el otro, inocentes y tiernos, a sabiendas de esa tensión que desde hacía unos días brotaba entre ellos.
Tras la roca, Vegeta, sólo se sentía deshonrado y frustrado por la humillante conducta de su hermano menor, trataba de no gruñir entre dientes por la furia embarazosa que sentía. "Tarble, eres una vergüenza… Cómo puedes estar hablando así con un insecto tan insignificante…" No podía asimilar que un saiyajin de sangre real hablara de esa manera con una criatura de un nivel tan inferior, que apenas y podía sentir su presencia. De repente, una opresión en el pecho lo torturó. ¿Qué no era lo mismo que él estaba haciendo con Bulma? La imagen de estarse comportándose como su pequeño y débil hermano le hizo sentir náuseas, tapó una sien con su mano enguantada convenciéndose de que eso no estaba sucediendo, que él era diferente "Ahg… No es lo mismo, yo... sólo la estoy utilizando… Concéntrate… No es momento para eso..." Volteó para seguir a los pequeños, con la ira de sus sentimientos no resueltos que danzaban en contra suya. Miró al príncipe menor, era más pequeño de lo que él llegó a ser a su edad, su apariencia tan compacta lo hacía parecer un niño, sus ojos de saiyajin tenían un brillo especial y diferente, libres de malicia... Su hermano era todo lo que Vegeta no era, era amable, cortés, tímido y suave de carácter como una pantufla de conejitos rosas. Y eso le molestaba a sobremanera. "Ahg… Maldito Tarble... ¿Por qué no se largan? Lo que menos necesito es que él me descubra aquí…" Apretó los dientes conteniendo su rabia. El viento sopló, acariciando las plantas sobre la tumba de su madre.
Tarble alzó el rostro, inhalando ese olor tan familiar. Su rostro se iluminó.
— Gure… Regresa a la aldea… Yo te alcanzaré después…
La pequeña parpadeó — ¿Eh? Ah… — Tomó la canasta llena de frutillas en sus manos de niña — ¿Está bien, señor Tarble?
El pequeño príncipe la miró con una sonrisa, su cola empezó a bailar — Como nunca, Gure- chan.
