Las malas noticias de ausentarse es que no puedo llamar con la mente a todos los lectores que dejé picados XD
Así que empezamos de cero y con los leales :D agradezco que sigan por ahí, los reviews y todo! ufff se ha llegado a muchas visitas y 156 reviews, con felicitaciones, dudas, amenazas, y pues la verdad, trato de contestar todos y de seguir con el fic como lo prometí!
Pero recuerden, hago esto por diversión, no me pagan ni obtengo más beneficios que su satisfacción y mi satisfacción de hacer un buen trabajo para regalarles a todos los fanáticos de VegetaxBulma, es llenadero, sino no continuaría, espero me tengan paciencia, intentaré actualizar semanal y/o quincenal, tengo que estudiar! y mucho! aspiro a grandes cosas, así que debo apurarme, espero me entiendan! pero no dejaré el fic, estoy comrpometida, incluso estoy aquí desde las 3 am y son las 6 y cacho, veo amanecer! :D así que ánimo! no los dejaré morir solos.
Y bueno, con cosas sabrosas, Rutas V cierra con la saga de Rutas, al parecer será largo el capítulo, llevo como unas 4 mil palabras y aún no lo termino, sino funciona tendré que dividirlo y terminará conRutas VI emm, acerca de Tarble y Derezzai, los hijos y demás, di unas pistas en capítulos atrás, entiendo que ya no recuerden ni pío, ni yo recordaba XD por eso apunté todo, así que estoy segura que sí di pistas, pero no se preocupen, de cualquier manera se irá aclarando con el tiempo, tampoco les di todo el saco de golpe, todo está friamente calculado. Chequen sus fechas por favor, parece que ha pasado miles de años, pero en realidad ni ha pasado uno! D: lo aclaro en este cap.
Rellenos! No me dio tiempo de hacer nuevos, el de los celos de Bulma me gustó para un capítulo real, (no relleno) y por eso ya no lo publiqué.
Y bueno, es todo por el momento, ya me cansé de escribir y quiero dormir XD
Saludos a todos, besos, disfruten este nuevo capi! 3
Capítulo 35 Rutas IV
Rutas IV
Catástrofe Sideral
Bulma escuchaba las incongruencias de Yamcha tras el teléfono. Las palabras del lobo eran una serie de sonidos sin significado; Pero, por alguna razón no movía su mano para colgar. Sus zafiros miraban el techo blanco, recostada en su cama, esponjosa y rosada, entre sábanas adornadas. Estaba en un parálisis, tan ausente y vacía como una masa inerte. El tiempo transcurría con el tictac del reloj de mesa. Llevaba semanas sin ir al trabajo, víctima de la epidemia que giraba en Capsule Corp. virus que le había robado todas sus fuerzas restantes. Sin embargo; a pesar de sentirse mejor, no quería contagiar a los pocos empleados que quedaban, era demasiado para su padre enfrentarse solo a esa crisis, ella debería poder mejorar lo suficiente para poder ayudarlo con la falta de personal. Su meta de esmerarse más en la compañía no parecía estar funcionando de acuerdo al plan. Además de que, no sabía nada de Vegeta desde que enfermó. Tiró un suspiro profundo.
— ¿Eh? ¿Estás escuchándome, Bulma? — Detrás de la línea, el golpe del aliento de la peliceleste sacó de su discurso al guerrero — Si te aburro con los detalles de mi entrenamiento puedes decirme…
— Sí, me aburres.
El lobo casi cayó. Recobró la compostura para tener la ceja temblorosa y una gota de sudor bajando por la mejilla — No tenías que ser tan honesta. ¿Qué es lo que pasa? No me dirás que sólo estás aburrida, te conozco bien — Habló con cierto rencor, aunque su rostro fue transformándose a medida de que el silencio se prolongaba
— Lo extraño… Lo extraño mucho… — El murmullo de la científica era triste, quebrado.
Las palabras se le clavaron al moreno tras la voz de Bulma. ¿Hace cuánto no escuchaba esa voz suplicante, pura, llena de emociones provenientes del amor? Yamcha tembló ligeramente, apretó los labios con envidia y dolor — No seas tonta, Vegeta volverá… Es demasiado obstinado como para no venir a pelear contra los androides, ha esperado demasiado para pelear contra Goku…
Los zafiros de Bulma recuperaron un poco de brillo, la humedad entre sus pestañas desapareció como escarcha al viento. Esas palabras debieron haber sido demasiado difíciles de pronunciar para Yamcha. Decirle que extrañaba a Vegeta, a alguien que tomaba por su rival, era demasiado cruel. Bajó los ojos y con un movimiento se volteó para recostarse de lado, con el teléfono, en la oreja, sujetado entre sus pequeñas manos de ingeniera — Lo siento…
El hombre se sorprendió de oír disculparse a Bulma — ¿No tendrás fiebre de nuevo? Que te disculpes por algo es muy raro…
El ceño de la peliceleste se frunció — ¡¿Qué tratas de decir con eso?¡ ¡Yo soy una chica muy bien educada!... ¡Uy!Yamcha, ya no volveré a preocuparme por ti, eres un pesado — Resopló indignada al escuchar la risa nerviosa del lobo — ¡Tarado! — Después de insultarlo, su ánimo se mantuvo unos segundos antes de volver a caer, demostrándolo con los ojos en la cama. Se sentía impotente de no haber llevado el intercomunicador a su habitación, a la vez de que, recordaba que Vegeta tomó con demasiado entusiasmo que ella se ausentara. Sabía que él no quería verla, que la evitaba, y aunque se convencía de que era por todo lo que ella le hacía sentir, de repente se sentía herida. Su confianza bajaba cuando tenía tanto tiempo para pensar, sin hacer nada más que guardar reposo. No tenía nada con qué entretenerse, ni un aparato más que la televisión y el teléfono. ¿Qué tanto podría estar haciendo el saiyajin ahora? ¿Pensaría en ella acaso? Seguramente no, y ella lo sabía. Los sentimientos de aquel hombre eran aún muy difíciles de descifrar. Sus mejillas se arrebolaban pensando en su declaración, en algún momento tuvo esperanzas de escuchar también: Te amo.
Vegeta… ¿Qué estás haciendo ahora?...
Los zafiros de la mujer voltearon al ventanal, giró su cuerpo para admirar las estrellas — Yamcha… ¿Aún me amas?...
La pregunta de la peliaqua abrió los ojos del lobo, consternándolo de tal modo que dudó de la efectividad de sus oídos y de la cordura de su mente. Su corazón latió deprisa, y al momento que logró calmarlo, miró al frente con seguridad dispuesto decirle tal frase mágica, esa frase tan importante, tan cierta, ¡La única que él sería capaz de decir y de ofrecer! ¡Lo único que lo diferenciaba de su rival! Yamcha frunció el ceño con decisión a punto de gritarle esas palabras que le aseguraban una batalla ganada, un triunfo que Vegeta nunca podría superar; Decirle sus sentimientos abiertamente, sin tapujos, sólo él y sus palabras y acciones de buen amante, sus buenos modos de novio ideal. Apretó el teléfono a punto de gritar lo que se concentraba en su pecho; cuando de repente, al momento de entreabrir los labios, un estruendo se escuchó del otro lado de la línea, robándole el instante perfecto para robar a la peliaqua.
— ¡Tenemos problemas, Bulma! — El Dr. Brief gritó desde la puerta, con el cigarrillo soportando la gravedad en el aire con cada palabra. Su hija alejó el teléfono, consternada. Miró a su padre, asustada por la apariencia nerviosa que su rostro mostraba. El científico agarró a su pequeña de la mano, jalándola, haciendo que dejara el teléfono en la cama sin colgar.
— ¿Pero qué sucede, papá?
— ¡No hay tiempo, la nave sufrió un inmenso daño!
Los zafiros de Bulma se abrieron temerosos, disminuyendo el tamaño de sus pupilas al escuchar las terribles palabras de su padre:
— No puedo contactar con Vegeta.
Yamcha pudo oír desde ahí que su rival le había ganado de nuevo. Pero, ¿Qué debía sentir ahora que Vegeta estaba en esos problemas? Colgó sin medir su fuerza, destrozando el teléfono público. No era momento de sentirse feliz por las malas noticias. Quería que el maldito muriera, pero Bulma era la prioridad en esos instantes. Debía estar con ella. Necesitaba saber lo que ese acontecimiento traería para ellos dos — ¡Maldito imprudente! — Voló a regañadientes, haciendo que Puar tirara una bola de helado de su cono, gritando su nombre sin comprender el por qué de su vuelo feroz. El hombre de traje rojo apretaba los puños a medida que avanzaba, con más furia aumentó su fuerza, maldiciendo a Vegeta con todas sus fuerzas, lo detestaba en el alma. ¿Qué no se daba cuenta de lo importante que era para Bulma? El hombre sólo le daba preocupaciones como él llegó a hacerlo en algún momento. Se odiaba a sí mismo. Él debía de ser diferente ahora. Había muerto una vez y no pensaba morir de nuevo causándole ese dolor a Bulma, a Puar, y para qué mentir, no deseaba morir de nuevo por ninguna razón que no fuera natural. ¿Por qué Vegeta no podía comprender lo afortunado que era? Lo admiraba por su determinación, lo detestaba por estar con Bulma, debía morir, pero no podía desearle la muerte. Enfurecía cada vez más; Hasta llegar a la corporación.
Corrían apresurados los científicos. La peliaqua tenía los pies cubiertos con sus calcetines, el cabello largo y desordenado, con el pijama arrugado. Llegaron al desolado laboratorio, que los esperaba con la puerta abierta. Bulma tomó la computadora sin decir palabras, con los labios inferiores apretados, entre sus dientes, a punto de hacerlos sangrar de preocupación. Maldijo unas cuantas veces, en su desesperación, al ver la pantalla roja y el sonido de la alarma pitando. Cada imagen de sus planos mostraban los desperfectos de la nave, con flechas acusadoras, brillando en carmesí. Los zafiros de la peliceleste, púrpuras por la luz roja, revoloteaban de un lado a otro con rapidez, eran dos escáneres absorbiendo la desastrosa información con su láser — ¿Pero qué rayos sucedió, papá? Dejé a Shindou monitoreando la nave de Vegeta desde que me fui, ¿Dónde demonios está él? — El sonido de la alarma lograba chillar de tal manera que la científica no podía oírse a sí misma — ¡Ugghh!… ¡Maldita alarma, no puedo pensar con ese sonido tan molesto! Ya entendí que Vegeta está en peligro… — Tecleó con la cara desencajándose de preocupación, hasta recuperar ira. Apretó un botón que logró callar la luz y el sonido de la alarma. Tecleó de nuevo con fuerza, ametrallando con sus dedos los botones hasta sacar un monitor, con difusa señal, de la pared. Los puntos negros, grises y blancos, como hormigas en marabunta, hacían el sonido característico de un televisor sin antena o cable. Apenas y unas líneas intentaban sin éxito mandar alguna imagen. Las lágrimas se contenían amargas dentro de los ojos de Bulma, con el nudo en la garganta intentando pasar por su tracto.
El anciano hombre, sin quedar atrás empezó con otra máquina a liberar información — Shindou - san lleva enfermo un par de semanas — Habló tratando de no desconcentrarse por los cálculos que arrojaba la impresora. Tomó una larga cadena de papeles agujerados.
— ¡Dos semanas! — Los ojos de la científica eran dos platos. Volvió su rostro al monitor, frunciendo el ceño por el enfado — ¡Y no pudo poner a otro a trabajar por él! ¡Ya lo verá! — El sudor recorría su rostro — Maldición… No hay señal en ningún lado, sólo me dan números negativos — Limpió con una mano su frente — ¡Vegeta, contéstame!
El científico miró las páginas con datos — Puso a alguien en su lugar, pero… — El hombre dirigió sus ojos a su heredera — Todos están enfermos.
Dejando de teclear, la mujer volteó hacia su padre — ¡¿TODOS? ¡Pero si sólo en esta sede son más de 150 empleados! — Volvió a la computadora con cara horrorizada, ¿Su padre había estado trabajando solo todo ese tiempo? Tragó saliva, ¿Ella podría con esa responsabilidad? Sacudió su cabeza, recuperando la concentración, no era momento de pensar en ello, Vegeta podía estar seriamente herido o incluso…muerto. "No, no, Bulma, no pienses así… Él está bien…" — ¡Vegeta! ¡Escúchame! ¡Dame una señal de que puedes oírme!... Ahg… ¿Por qué no contesta? Esto debería funcionar…
Arrancando unos cuantos papeles, el Sr. Brief notó las irregularidades de los planos. Acercó la unión de sus cejas ante su nuevo descubrimiento "Esta no es la ruta inicial… ¿Será posible que Vegeta…" Miró discretamente a su hija para regresar a las hojas — Bulma…— Pausó pensando la mejor manera de preguntar lo siguiente — ¿Vegeta tenía razones para cambiar la ruta?... — Espero la reacción de la peliceleste.
— ¿Cambiarla? — No dejaba, la mujer, de teclear — No lo creo papá, ¿Pero de qué hablas? — Sus ojos no se desprendían del monitor, no mostraba ningún interés en la pregunta de su padre, estaba segura de que Vegeta no haría tal cosa — Yo programé la ruta con las coordenadas que él me dijo, si quería ir a algún lado me hubiera dicho…— Estaba demasiado segura, su rostro sólo seguía viendo la pantalla — Además, él aún no logra entender nuestra escritura, sólo le puse algunos comandos en su sistema gráfico, pero… No podría cambiar nada más… Aún con mi intelecto, me costó mucho trabajo trasladar parte del lenguaje saiyajin al rastreador, y también me tomó varios días para lograr hacer un traductor para la lengua namekeana con todo y la ayuda de Mr. Popo, no creo que él pudier… — Se detuvo cuando el monitor empezó a mostrar una muy débil señal. Su rostro se iluminó un instante, hasta que, pasando sus ojos por toda la escena que se veía, no podía divisar a Vegeta. El científico volteó al ver que Bulma dejó de hablar. Afiló los ojos para buscar, con ella, al sujeto.
— ¡Vegeta! ¡Vegeta! ¡¿Puedes oírme, Vegeta? — Gritó desesperada, la peliaqua, en el aparatejo que ella misma construyó. Sabía que esa parte funcionaba ya que, no aparecía nada malo en la computadora — ¡Vegeta! — Las cuerdas vocales se tensionaban al grito desesperado.
— Esto es malo…
— ¿Eh? — La científica volteó al notar la gravedad del rostro de su padre — ¿Qué es malo?... — Preguntó con temor.
Con la mano en la barbilla y los ojos fijos en la computadora, el anciano torció la boca. El reflejo rojo y azul, del monitor, rebotaba en sus anteojos — Según la computadora, el desvío de la ruta gastó gran parte del combustible. Si llega a cumplir con el resto de las coordenadas, se quedará justo aquí — Apuntó con un dedo a uno de los asteroides de una galaxia vecina — Su rostro se endureció — No será posible que salga de un lugar tan desierto. Necesitará combustible, o conseguir una nueva nave para regresar. Podría tardar años.
— ¿A-Años…? — La peliaqua sintió su sangre helar. Una nausea que le abarcó la cabeza y el estómago estaba por dominarla. Recuperó el brillo de sus ojos — No, él no lo permitiría, llegará, él buscará la manera de regresar para combatir con esos androides y finalmente con Goku. Lo hará…— La boca del estómago quería vaciarse. Apretó los párpados y tapó sus labios con el miedo de perderlo, de amarlo tanto, de ser tan impotente desde ahí. Recordar esos meses con él, esos meses tan difíciles, tan dulces, le devolvía un poco el color de sus mejillas. En cuatro meses se cumpliría el año desde que aquel joven misterioso apareció. Ahora más que nunca sintió que el mundo podría acabarse para ella. Tapó su rostro — ¡Vegeta! ¡Contesta! ¡Sé que estás vivo! ¡Que estás ahí — Su voz se quebró. Su padre la rodeó con un brazo, consolándola en silencio.
— ¡Bulma!
Los dos científicos alzaron el rostro.
En la puerta, con una gota de sudor en la mejilla, Yamcha aguardaba. Apenas habían pasado unos minutos desde que colgó y había llegado — ¡Bulma! ¡Aquí estoy! ¡¿Qué ha pasado con Vegeta?... — Enmudeció al ver la escena. La peliceleste estaba ahí, con el rostro turbado de verlo a él, sin reaccionar aún. Pero, en sus bellos ojos azules, profanando el rostro de porcelana de Bulma, unas lágrimas caían en un recorrido brillante — Bulma… — Acongojado por tal imagen, el lobo quiso retroceder. El corazón se le estrujaba varias veces, revolcándose debido a esas lágrimas, ahogándose en ellas — Bulma… — Pronunció anonadado, hasta que, la joven estalló en llanto hasta levantarse para llorar en su pecho.
— No contesta… Yamcha…. Vegeta, no está en la nave… No volverá… — Los lloriqueos de la mujer apenas le permitían hablar, su aliento se entrecortaba, se inundaban sus palabras entre las lágrimas perdidas en sus labios. Inconsolable balbuceaba, tirando los lagrimones de sus mejillas, manchándole las ropas, acabando su aliento con los gimoteos trabados por su hipo de niña.
Abrazándola, sin otra opción que ser el pañuelo de lágrimas, Yamcha cerró los ojos con furia. Apretó un puño, maldiciendo interminablemente a ese saiyajin. Mantuvo el aire en sus pulmones, para luego expulsarlo en un suspiro lleno de fuerza, con la boca abierta — ¡Ha! ¡Bulma! ¡Calma! — Le agarró de los hombros para mirarle a la cara y tranquilizarla — ¡Explícame que está pasando! Deja de llorar, ese maldito no puede estar muerto así como así.
— Yo… yo… — Mareada por el intenso llanto, Bulma apenas podía formar palabras sin sentirse desvanecer en el aire. Las pocas fuerzas de su cuerpo sólo le permitían seguir tirando lágrimas — Él no contesta…— Volvió a tapar su rostro sin comprender el mar de su tristeza.
Yamcha la sentó junto a su padre, y dirigió su rostro al hombre para que pudiera decirle lo que la peliaqua no podía. El anciano, explicándole los acontecimientos, tenía un halo desesperanzador rodeándole, lo cual no tranquilizaba a la criatura.
— ¡Ese simio inútil no contesta! ¡Vegeta, maldita sea! ¡Eres un mono estúpido!
Eres un mono estúpido…
Los saiyajin son sólo unos cuantos monos estúpidos… Sólo denles una banana y serán felices…
Los párpados del príncipe de la oscuridad temblaron.
— Los saiyajin son sólo unos cuantos monos estúpidos… Sólo denle una banana, será feliz, ¿No, Vegeta? ¿Estás enojado porque no tienes tu banana o porque todo tu planeta estalló en mil pedazos? — La risa burlona de Kuwi empezó a enfadar al jovencito de cabellos parados.
Vegeta, con la sombra sobre su rostro contenía su ira. Sabía que a pesar de ser un chico prodigio aún no podía enfrentarse a Kuwi, no soportaba a aquel extraterrestre arrogante, pero necesitaba un poco más de nivel para poder batir con él. El muchacho sonrió con malicia, rió frío para voltear y mostrar su rostro. A pesar de tener apenas 10 años era conocido por su mirada fría. Sus dos perlas gélidas eran dos agujeros vacíos que causaban temor — Jeh… — Rió sin significado alguno, atemorizando levemente a Kuwi, a pesar de que ese anfibio le superaba en poder, al extraterrestre morado no le agradaba ver esos ojos de niño diabólico. Vegeta se volteó, por completo, ondeando su capa roja, se veía pequeño y relativamente delgado. Cruzó sus brazos al pecho. No había desarrollado el cuerpo de un saiyajin promedio, pero su poder superaba a cualquiera de su edad — Tu voz es ya muy molesta como para añadirle tus incoherencias. — Vegeta había desarrollado inmunidad ante las humillaciones de Kuwi y de otros de los hombres de Frezzer. Sus frases punzantes no eran más que su defensa ante ese mundo hostil, había pasado de ser sólo un niño callado y atemorizante a ser un joven atemorizante pero de lengua muy aguda.
— ¿Qué? ¿Qué dices mocoso insolente? — Contestó con rabia el anfibio. Detestaba a Vegeta, traía ganas de matarlo desde que Freezer se había empeñado a reclutarlo — Ven aquí y dímelo a mi cara, bestia peluda — Movió su mano para atraerlo, en forma de reto.
— ¿Acercarme? ¿Eres imbécil? Tu cara me repugna, no podría acercarme aunque quisiera — Sonrió mordaz el pequeño.
— ¡Eso es todo! ¡Te mataré pequeño canalla!
— ¡Compruébalo, insecto!
Ambos se prepararon para luchar. Las miradas desafiantes se compartieron. Vegeta tembló conteniendo las ganas de luchar. La sangre saiyajin estaba recorriéndole como una droga que infectaba su cuerpo, palpitando, invadiéndolo con su delicioso veneno. Relamió sus labios, deseoso de obtener esa dosis de adrenalina, de pasión desmedida — No sabes con quién te estás metiendo…
— ¿No? Pero si sólo eres un mono debilucho. Sobrepaso fácilmente el nivel del saiyajin invisible.
El apodo hizo arrugar la nariz del príncipe. Sonrió a medias — Tendrás el honor de conocer una nueva técnica de la élite saiyajin. Multiplicaré mi poder por diez… — Rió con malicia.
— ¡Eso es imposible! — A pesar de decirlo, la excesiva confianza del pequeño hizo dudar al anfibio morado.
El sonido de un rastreador, dentro de una habitación lejana, se activó. Zaboon escuchaba la conversación desde su rastreador de cristal verde botella. Inclinándose, con respeto, se dirigió a la pequeña sombra con cola que permanecía sentada en un trono, con una copa en mano — Gran Freezer… Una pelea no autorizada se está ejecutando en el sector F-37 de la nave — Se reincorporó — Kuwi y el joven Vegeta.
La mano en copa del purpúreo demonio bailó con el líquido guinda que oscilaba — ¿Vegeta de nuevo? Ese niño es bastante travieso… — Pausó pensativo, abrió sus labios escamosos — Soldado Zaboon, trae ahora mismo a Kuwi, tendré que advertirle que tiene prohibido tocar a Vegeta.
— Sí señor… ¡Oh! — Se detuvo en seco.
— ¿Qué sucede Soldado Zaboon? — Volteó el gobernante, extrañado por el gesto sorprendido del verdoso galán.
Los ojos afilados, llenos de una hilera de pestañas gruesas, observaron al mandamás —Al parecer el joven Vegeta ha amenazado con usar su luna artificial para convertirse en Ozaru.
El demonio de cuernos largos palideció, abrió las cuencas de sus ojos, manteniendo la mandíbula apretada — ¡¿Consiguió dominar esa técnica? ¿Cómo puede ser posible? — Contuvo un gruñido — Ningún saiyajin que pudiera enseñársela sobrevivió — Desencajó el rostro. Como si se tratara de un rompecabezas, recuperó su perfil de tranquilidad. No podía perder la cordura en esos momentos; aunque temía que el chico se convirtiera en el saiyajin legendario, él tenía un plan para que eso no ocurriera — Soldado Zabbon, adviértele al Soldado Kuwi que no toque a Vegeta, a él y al resto de mis hombres, luego trae a Vegeta conmigo. No podemos permitir que siga incrementando de esa manera su poder de pelea — Sonrió confiado — Ya es hora de que nuestro pequeño saiyajin deje esos entrenamientos — Cambió su rostro a uno de desaprobación — No lo están distrayendo lo suficiente, por el contrario, parece tener una habilidad para entrenarse a sí mismo… — Bebió un sorbo de su vino — Si llega a pelear de muerte con alguien más fuerte que él sólo lograríamos que su poder se incremente con mayor rapidez… — Los ojos maquillados de Zabbon se abrieron, entendiendo cada palabra del Gran Frezzer. El purpúreo giró su rostro — Raciónale las semillas de saibaiman al soldado Nappa, procura que ni él ni el soldado Raditz se enteren de nuestros planes. No podemos permitir una rebelión en estos momentos tan críticos, Vegeta aún es muy maleable. Será mejor mantenerlo satisfecho con el resto de sus caprichos, entretenerlo lo mejor posible hasta que tenga edad de hacer las tareas más aburridas que nos encontremos con tal de que no suba más su poder de pelea. Es hora de que comience a ir a misiones muy por debajo de su nivel, de esa forma no podrá volverse más fuerte de lo que necesito.
— Es usted muy inteligente Gran Freezer. Lo haré de inmediato — La grave y educada voz del alien se disipó con su salida.
¡Vegeta! ¡Contéstame simio tonto!
El pequeño reaccionó a esa femenina voz desconocida — ¿Qué fue eso? — Murmuró buscando el nacimiento de esa voz llamándole.
— ¿Qué fue qué? ¿Te volviste loco acaso? — Arqueó una ceja — No trates de cambiar el tema, anda, ¡Muéstrame lo que tienes, mocoso arrogante! — El anfibio provocó con una mano al moreno.
El ceño fruncido se tapaba levemente con el flequillo del pequeño, estorbándole, pasó una mano sobre el cabello para poder ver a su rival. Abrió una palma y comenzó a manifestar sus fuerzas, calculando la mejor manera de colocar la luna artificial cerca del ventanal, donde la luz de las estrellas podía reflejarse a la perfección — ¡Ahora verás, sapo repugnante! ¡Haaa!
Una mano delicada, suave, pero extremadamente fuerte detuvo a Vegeta — Ya basta. El Gran Freezer quiere verte — El saiyajin jaló su brazo.
— ¡Ja! Ya era hora de que el Gran Freezer te diera tu merecido, bestia peluda — Posó sus manos sobre sus caderas, el anfibio, con aire de ganador rodeándole.
Zaboon agravó su rostro — El Gran Freezer ordena que Vegeta a partir de ahora será enviado a las misiones, prohíbe a todos los soldados pelear en la nave sin consentimiento, y quien vea amenazando al joven Vegeta; obtendrá su merecido. Ahora tiene el mismo rango que tú, Soldado Kuwi — Ordenó el hombre con trenza, al dejar atrás al irritado alien morado.
¡Vegeta! ¡Escúchame por favor! ¡No pararé hasta que me hables!
El chico sujetó su cabeza, deteniéndose — ¡¿Escuchó eso?
¡Vegeta!
— Yo la conozco, es… es… — El moreno visualizó una borrosa imagen de una bella mujer.
— ¿Se encuentra bien, joven Vegeta?... — Zaboon se acercó para encontrar el problema en el guerrero.
— Tú… Tú no estás aquí… Esto es un sueño….
¡Vegeta!
—No es un sueño… Es inútil joven Vegeta, sigue trabajando para Freezer, siempre trabajará para él.
Es inútil Bulma, él no está en la nave…
La risa de Zaboon, transformado en esa horrible criatura, fue un eco en la cabeza de Vegeta — ¡Mh! ¡Ah! — Masculló tratando de visualizar la realidad. Sólo podía sentir parte de su cuello, y su cuerpo remojado en un líquido tibio.
Tal vez... Tengas razón pero... No quiero darme por vencida.. ¡Vegeta! ¡Escúchame por favor! ¡Soy yo, Bulma! Bulma... ¡La terrícola que te ama! ¡Di algo, por favor!
Las lágrimas de la mujer apenas la dejaban gritar. Se detuvo exhausta, con las esperanzas rompiéndose en pedazos de cal y ceniza, con el pesimismo empezando a tomarle de las manos para abrazarla. Empezaba a creer que él no estaba ahí. A punto de apagar el monitor y de buscar otra manera de ayudarlo, su dedo se mantuvo dudoso frente el botón cuadrado, unos segundos eternos. Hasta que el tiempo se detuvo por completo.
— Bulma… —
La científica quedó hecha de piedra. Yamcha y el Sr. Brief concretaron sus sospechas cuando callaron. Los tres voltearon a la imagen distorsionada de la pantalla, que mostraba un movimiento forzado, tambaleante como la vibración en un terremoto. Era el cuerpo destrozado de Vegeta.
— Te dije que... — un quejido de dolor se mantenía oculto dentro del ensangrentado guerrero — Te dije que dejaras de llorar por estupideces... Sigue siendo muy molesto...— Cayó de nuevo entre los escombros. Debilmente abrió los labios, con la mirada perdida en el techo, perdiendo el sentido con lentitud, acariciando la inconsciencia con sus susurros— Siempre... Siempre me interrumpes..
Notas Finales:
(Aparecen imágenes del próximo capítulo al puro estilo DBZ)
Maroon: ¡Hola, soy Maroon! Maroon cree que esto es muy romántico, pero Maroon no entiende nada. ¡Me pregunto si Vegeta aceptaría a Maroon! ¡Maroon estaría feliz de tener a un novio tan guapo como Vegeta!
(Se escucha un golpecito)
Maroon: ¡Ay! Maroon no entiende, Maroon pensaba que sólo tenía que hablar y por eso vino, ¡Oh! Hay un papel aquí. Parece que Maroon tiene que leerlo, a ver... (lee en voz alta, pausada y tediosamente) Pró... mhhh.. ¿Qué dice aquí? ¡Ay! Esta letra es muy dificil... emm... ib... rutaib
(Estruendo)
N°18: ¡Rutas IV! ¡El próximo capítulo será Rutas IV! ¡Niñita estúpida!
Maroon: ¡Ay es verdad! ¡Esos son números! ¡Que tonta es Maroon! (ríe feliz) ¡Ah! ¡Y Maroon quiere enviarle saludos a su novio Krilin! ¡Maroon te quiere mucho!
N°18: ¡Pero que niña tan...(beep)!
(La transmisión se corta repentinamente)(Aparece un Goku con un letrero que dice: Problemas técnicos)
