Lemonale al habla: Aunque no lo crean, ya llevamos más de la mitad de los capítulos que tengo pensado para la saga de los androides, ya casi termina esa temporada, pero ntp, aún queda majin, y luego GT, aunque quisiera darme mis reservas con GT, porque no me gusta tanto... Lo siento u.u probablemente termine con majin, pero no lo sé, a lo mejor continúo con mi otra idea en otro fic, no quiero arruinar este que tanto trabajo me ha costado.

Mañana regreso a clases, a ensayos etc. por lo que estaré ocupada (espeor no tanto como antes) tengo que pensar en una fecha para las actualizaciones, creo que serán mensuales :C peor prometo hacerlos bien.

En fin, yo me organizaré, disfruten este capítulo ¡Vegeta ha vuelto!

Y esperen Reproducciones III lo máximo!


Reproducciones II

Quiero mi respuesta

La nave, tambaleándose, aterrizó cercana a la Corporación Capsula, Las ventanas redondas, estallaron ante el impacto. La voluminosa esfera se sumergió dentro de la tierra, creando estrías, en el suelo, debido a la enormidad del golpe. Bulma, sorprendida por el inesperado aterrizaje, corrió por las escaleras de entrada, a unos metros del monstruo redondo que ella misma había confeccionado con su padre. La servidumbre, hombres y mujeres, comenzaron a murmurar, a gritar: ¡El joven amo ha regresado! ¡El señor Vegeta volvió! Algunos fueron de inmediato a preparar el gran cuarto, a llenar el refrigerador. El chef comenzó a mandar órdenes como si no hubiera un mañana, haciendo que las sartenes y cuchillos bailaran en la cocina.

La puerta a presión, de la nave, bajó, creando un declive de metal, plancha de camino a las propiedades de los Brief. Humo salió del transportador, los pliegues reforzados crujían, los tornillos temblaban, cada luz reflejada por el sol se desviaba al chocar, con las pocas partes brillantes que quedaban, de la percudida máquina. Unas botas blancas dieron sus arrogantes pasos, dejando que el humo se disipara, incitando a ver unas piernas semidesnudas, de músculos hinchados, con retazos de tela negra apenas cubriéndole las ingles, las pantorrillas, mostrando piel sucia, ligeramente lastimada. Bulma contuvo el aliento, sus hombros se tesaron justo cuando la capa de humo comenzaba a elevarse con el viento, dando a entrever una figura humanoide, con ropas desconocidas y deterioradas. El unitardo negro, adherido como una segunda piel, mostraba la perfecta escultura de las formas fuertes del príncipe, sólo una hombrera larga, del lado derecho, estaba completa. La armadura, que cubría su pecho, era de un negro brillante, como una capa pulida, adornado con detalles dorados en su marcado abdomen. Mientras que la escarcela, adherida al peto, tenía un detalle dorado justo en las orillas del protector. El hombro descubierto, tenía arrebatada la manga del unitardo, mostrando un brazo fuerte, sin enguantar. Conforme la nube de humo se elevaba, el rostro se descubría, como si una caja del tesoro se abriera por primera vez ante los ojos de los pillos. Labios serios, jugosos y reservados, mandíbula angular, dura, pómulos masculinos… Y esos ojos, esos ojos que se revelaban como dos agudas fugas de frialdad, enfatizados con las cejas espesas, que se encontraban en el ceño eternamente fruncido, de su frente amplia, hasta sus entradas con sienes hundidas, denotando la prominente sensualidad de su atractivo rostro, eclipsando todo lo de su alrededor. Una exhalación, rápida, se escapó del pecho de la científica, su corazón acelerado, confesaba el nerviosismo de encontrarse con aquel príncipe. Tal vez el cambio no era notorio, a excepción del nuevo tono tostado que lo hacía brillar como si estuviera cubierto por miel espesa, y que los químicos de las atmósferas, de los ambientes extremos, habían acentuado el ligero color cobrizo, semirojizo, del brillo particular del cabello negro del saiyajin; pero ella, ella quedó completamente paralizada, observando esa hermosa criatura, postrada por unos instantes, en la entrada de la nave.

El humo terminó de disiparse, la transparencia del viento los dejó mirarse unos segundos, hasta que las pupilas negras del moreno, regresaron al frente, para seguir su camino fuera de esa bola descompuesta. Los zafiros temblaron conmovidos, hasta parar cuando las miradas se rompieron como cristales. No existía el silencio, con los pasos, los descalabres de la máquina, y el ruido de las hojas de otoño quebrándose con el aire frío; pero entre ambos, sólo existía su respiración y el bombeo de sus corazones. Vegeta continúo avanzando, hasta quedar hombro a hombro con la peliaqua.

— Bienvenido a casa, Vegeta — Lo miró con el rabillo del ojo y la media luna en el rostro.

"¿Casa?... De nuevo tratándome así…" Los abismos fríos del príncipe, regresaron a ella, escandalizados por las palabras, pretendiendo que no le causaba ruido esa voz aguda y esa palabra obscena. Él no podría llamar casa a ese temporal refugio, del que no estaba nada orgulloso de ocupar. La mueca de sus labios fue su única respuesta. Continuó su camino, hasta entrar a la Corporación con total seriedad. Los ojos afilados del hombre pasaron alrededor, buscando los padres de la peliaqua, los que seguro lo recibirían con gran emoción. Quería que pasara lo más rápido posible.

— No están… — dijo la científica al acercarse, ligeramente, por detrás de él. Vegeta reaccionó — Mis padres no están, mi padre está trabajando en el laboratorio y mi madre se fue de viaje con sus amigas… ¿A ellos estás buscando, verdad? No te preocupes… Sólo estamos tú y yo, por el momento.

Con los brazos cruzados, el rostro del hombre se desvió. La fuente, de uno de los jardines internos, fluía graciosa con su chapoteo. Vegeta bajó sus perlas negras, la casa era un ambiente demasiado tranquilo, a pesar del movimiento de los empleados, ya que vivir varios meses con alarmas, lo habían enfermado de ruido.

Bulma miró con detenimiento la espalda fuerte del saiyajin, ancha y trabajada, como un sueño esculpido. Bajó sus zafiros hasta llegar al final de la espalda, y un detalle la detuvo ahí. La mujer parpadeó confusa — Vegeta… ¿Qué le sucedió a tu cola? — La impulsividad que la caracteriza, le jugó la mala pasada, sin evitar preguntar apenas se le pasó por la mente aquel detalle. Apretó un puño sobre su pecho, sin saber cómo reaccionaría el príncipe.

Vegeta volteó el rostro, la miró unos instantes. Desvió sus perlas — Si gano usando su poder no me sentiría orgulloso de mi victoria — Continuó su camino a uno de los pasillos.

Bulma lo siguió, aún pensativa ¿era esa la verdadera razón? A veces el saiyan decía cosas, por decir, para evadirla, no siempre era sincero y ella no siempre podía descifrarlo, sin embargo, el acontecimiento la intrigó. No hacía mucho, en la playa, el Ozarou dorado en el que se transformó, parecía demasiado orgulloso de ese poder ¿qué lo habría hecho cambiar de opinión de esa manera, a ese hombre tan testarudo? ¿Qué poder sobrehumano pudo, sacar de su terquedad al más orgulloso príncipe de los saiyajin?

El moreno detecto el peligroso silencio de la peliaqua — Necesito que repares la nave lo antes posible — Ordenó, en parte para entretenerla de sus instantáneas ideas, tenía que decirle, pero qué mejor manera de decirle que distrayéndola de sus teorías.

— ¡¿Qué?! ¿Planeas irte de nuevo? Pero si apenas acabas de llegar… Estuviste a punto de morir en esa nave… Estás lunático si piensas que otra nave resistirá tus extremos entrenamientos… ¡Tú sí que eres un maniaco de la guerra! — el fuego de su temperamento ardió. Mordió su labio ¿Ni siquiera la había extrañado? ¿Eso estaba esperando? La mujer inclinó las líneas de sus cejas hacia dentro, no esperaba que Vegeta regresara con un abrazo y un beso para ella, no esperaba que le contestara su confesión, no esperaba que él dejara de ser egoísta y solitario…. Pero… ¿Qué realmente esperaba todo este tiempo? Mirarlo ahí, caminar en silencio, sin ninguna expresión más que su gruñón rostro, ¿qué al menos no se merecía más que eso? La mujer apretó sus labios antes de soltar sus palabras — ¿Qué pasará si esta vez no tienes tanta suerte? ¿Eh, Vegeta? Si tu único objetivo de seguir aquí en la tierra, es destruir a Gokú, tendrás que estar vivo para eso.

Los ojos negros, fríos como dos piedras de obsidiana, se voltearon hacia ella. Sonrió de medio lado — Así que, no puedes soportar que esté lejos de aquí… Si tanto me extrañaste, no deberías recibirme de esa manera, sólo eres una terrícola que grita demasiado — Se volteó por completo, avanzando al cuerpo de la científica, haciendo que ésta retrocediera un paso — ¿Qué sucede? ¿No querías un poco de mi atención? Seré bueno contigo.

Bulma sonrió ante el desafío, aunque su pose seguía tensa — ¿Bueno? Tú no sabes lo que significa ser bueno — Se relajó, alzando su pecho e irguiendo su espalda. Lo enfrentó, con la nariz cerca de la del saiyan — Te he dicho que no me trates como una terrícola cualquiera. No lo soy.

No lo era, eso lo sabía muy bien Vegeta, él sabía que Bulma no era una terrícola cualquiera y que incluso sus instintos más primitivos y salvajes la deseaban como si fuera una perla dentro de la ostra. Para él existían dos especies en el planeta tierra, los humanos insignificantes y Bulma, pero su orgullo no podía permitirse tal cosa, ningún saiyajin que se respete puede estar con una mujer, él tenía una sola pasión: las batallas, Debía concentrarse en eso, porque sin las batallas ¿Quién era él? Sin sentir la adrenalina de una pelea, el significado de su vida perdía el completo sentido ¿Cuál era el sentido de la vida de los humanos? ¿Ellos se preguntaban eso? Vegeta no podía imaginarse lo que pasaba por la cabeza de la peliaqua, ni de las formas de vida que habitaban ese planeta, cada uno era un insecto sin valor, con un sistema de comunidad algo primitivo y bastante diferente a los antes había visto. Por lo que había visto en ese aparato de televisión, al que no le encontraba ningún objetivo más que volver sedentarios a los humanos, sabía que tenían un Rey, un gobernante que "decía" cuidar de todo habitante de la tierra. ¿Cuidar? Esa palabra no tenía ningún sentido, ni siquiera se cuidan a los infantes, por qué a los humanos sí, cuidarse a sí mismo era su lema, a nadie más, cumplir fervientemente a su objetivo número uno: luchar. No necesitaba más, la única vez que esa libertad se le fue de las manos, fue cuando tenía que luchar para servir a Freezer, aunque la lucha sea el objetivo de su vida, simplemente pensar en hacerlo, por orden militar, le retorcía el estómago debido a la imposición. Incluso el juego más placentero, tenía un sabor amargo cuando era impuesto.

Vegeta sujetó su sien, una gota de sudor bajó por su mandíbula.

— ¿Qué pasa, Vegeta? — La científica manifestó su preocupación, la cual ya se había formado desde que su amante dejó un silencio largo en la conversación. Sus zafiros bajaron un poco, notó las venas de las manos del saiyan, saliéndose como cables inflamados. Subió la mirada hasta los ojos cerrados del hombre, observando esa aura ligeramente oscura en sus párpados.

— No pasa nada, no es de tu incumbencia — Rugió, el moreno, al tratar de mantenerse en compostura.

—Mh…— Musitó Bulma — ¿Cuándo fue la última vez que dormiste?

— Ayer.

— Hablo de dormir bien, no esas siestas que te das cuando pasas días entrenando.

Vegeta hizo una mueca — Creo que 2 semanas. No deberías meterte en lo que no te im…

— ¡¿Qué?! — Interrumpió abruptamente — 2 semanas ¡Cualquiera estaría muerto! ¿Qué es lo que pasaba por tu mente?

— Eso n…

—¡¿Y dime, cuándo fue la última vez que comiste algo?! — La mujer tomó el pecho del hombre, sabía que en sus obsesiones, Vegeta, podía ser muy estricto y pasar días sin comer y sin dormir para seguir entrenando, para formar estrategias. Sabía que ese hombre nunca podía estar tranquilo, y que la mayoría de sus sueños eran pesadillas.

— Ahg… Cállate, eres muy molesta… No estoy loco para dejar de comer por tanto tiempo, es muy debilitante para un saiyajin.

— ¡Cómo si dejar de dormir no lo fuera!

— Tsk… Sólo necesito unos minutos para recuperar mis fuerzas. No me compares contigo, humana tonta — El hombre se volteó para continuar su camino, hacia la habitación que le habían otorgado hace tanto tiempo atrás. Resopló. Había regresado con esa mujer preocupona, que al menos no era tan escandalosa como aquella terrícola que es la esposa de Kakaroto. Sacudió su cabeza ¿Cómo podía comparar una esposa de una pareja sexual? Necesitaba reposo inmediato.

Bulma lo siguió de cerca, miró a toda la servidumbre que salió de la habitación como pequeñas ratas asustadizas. Sonrió levemente.

Al llegar a la puerta, se prendieron las luces amarillentas. La habitación era tal como era antes, a excepción de las sábanas y cortinas nuevas, de color azul marino, que olían a lavanda. Flores recién recogidas estaban en uno de los jarrones de una mesa. Tanta limpieza y comodidad eran como un llamado a Morfeo. Vegeta se quitó la armadura, dejando sólo el unitardo negro corroído, con sus propios pies se quito las botas, dejando el rastro de su desvestir, hasta llegar a la cama, donde se dejó tirar pesadamente. Tanto fue el cansancio, que la científica no tuvo valor para pedirle que se quitara su traje viejo y sucio, y que tomara una ducha antes de caer en la cama recién hecha. Sonrió apoyada en el marco de la puerta, observándolo "¡Ese Vegeta! ¿Qué se puede hacer con él?" De su toque suave, apagó las luces, dejando que sólo pasara la luz del pasillo, tras la puerta donde ella estaba, haciendo que su sombra tapara el rostro del saiyajin. Esa tal vez no era la manera de recibirse el uno al otro, pero su corazón latía cálidamente dentro de su pecho.

Entonces las pesadillas comenzaron. Bulma sin notarlo, viró el rostro y cerró la puerta de la habitación. Un presentimiento le recorrió la espina dorsal, volteó el rostro hacia atrás, pero se sintió estúpida al pensar que algo malo podía sucederle a Vegeta, en ese justo instante cuando él estaba tan exhausto. Sonrió y continuó su camino, seguramente él estaría hambriento al despertar y ella tenía ganas de hacer algo especial para la ocasión.

Apenas atardecía, el chef había preparado un buffet tan inmenso que cubría toda la mesa de los multibillonarios Brief; pero entre todos los manjares, un pastel algo defectuoso sobresalía. Bulma se mordió una de sus uñas barnizadas de rosa — No se ve tan mal… ¿No lo creen? — Volteó hacia sus nerviosos camareros que tiraron sudor como una salpicadera — Además no debes juzgar un libro por su cubierta… Seguro tiene buen sabor a pesar del decorado — Sonrió — ¿Verdad? — La servidumbre asintió entusiasta. Bulma volteó hacia el pastel. La servidumbre negó de manera pesimista, con caras semiazules. La mujer se alertó al escuchar una puerta abrirse, los pasos se volvían cercanos en las escaleras. Los empleados salieron de la escena, corriendo para buscar escondite.

Recién salido de la ducha, el saiyajin abrió ligeramente los ojos al ver la mesa atiborrada de comida. Bajó dos escalones más y pudo encontrarse con las piernas de Bulma, que se vislumbraban delicadas en un vestido rosado, con cintilla negra en la cintura, de caída vaporosa, dándole un aire femenino, casi infantil. Bajó otros escalones, para encontrarse con el generoso escote, donde brillaban dos pechos maduros, como frutas jugosas. El moreno tragó saliva con sutileza, endureció la mandíbula y bajó dos escalones más, para ver el rostro de Bulma, de maquillaje ligero, con el brillo natural de sus labios carnosos y el rubor que obtenían sus mejillas, cada que su pulso se incrementaba. El cabello largo y lacio, con el flequillo a un lado, flotó, ella colocó un mechón tras su oreja y miró con anhelo a Vegeta. El hombre, comportándose como un frío príncipe, desvió la mirada para seguir bajando. "¿Pero qué demonios le pasa ahora por la cabeza a esa mujer?" El hombre por fin dio su último paso en las escaleras, cruzó los brazos y miró a la peliaqua, que sonreía frente al festín.

— ¿Dormiste bien, Vegeta? Seguro tienes mucha hambre. Anda, puedes comer todo lo que quieras — La mujer se sentó en una silla, con un plato reluciente, la cantidad era mínima a comparación de los gigantescos platos. Agarró los cubiertos brillantes con sus manos, pero al no tener reacción del parte del serio moreno, la paciencia parecía perderse — ¡¿Pero qué te pasa, que no piensas venir, simio tonto?!

El tic de la ceja de Vegeta se manifestó "Tanta amabilidad era demasiado sospechosa… No ha cambiado en nada esa mujer vulgar" —Jhm — Caminó hacia el asiento, tomó la silla y se sentó. Los platillos eran tantos que no sabía por donde empezar, así que empezó devorando el primero que estaba enfrente, un gran animal parecido a un ave, rostizado y con rodajas de piña y almíbar sobre la piel.

—Así está mejor — Sonrió Bulma, pero la media luna desapareció, ella quería saber si le gustaría ese horrible pastel en medio de la mesa.

Vegeta probó sus primeros bocados, grandes mordidas de mono salvaje. Los sabores eran deliciosos, tanto tiempo comiendo comidas preparadas, jugos energizantes, brebajes asquerosos, siguiendo con su dieta estricta de proteína insípida y almacenando un apetito que sólo un saiyajin conoce. Llenaba su boca con ensaladas crujientes, salsas condimentadas, sopas calientes y cremosas, carnes suculentas, caldos humeantes que lo hacían sentir en un paraíso de sabores. Como a boca llena, sin encontrar un límite en su estómago. Bulma tragó saliva, no era tan impresionante como ver el apetito voraz de Gokú, que con sus horribles modales acaparaba la atención de todo aquel que lo miraba comer, más bien, mirar comer a Vegeta era una combinación de apetito voraz y elegancia retorcida, rapidez y sofisticación. Masticaba tantas veces como era necesario, con la espalda pegada a la silla, sin mancharse el rostro, sin tirar ni una migaja, y sin embargo, era como ver una extraña combinación de intento de modales con una máquina trituradora de alta modernidad. El moreno, todavía no sabía cuál era su comida favorita, no sabía de sabores y sus niveles de degustación terrícolas, pero su talentosa nariz le hacía disfrutar cada cosa que llegaba a su boca, que podía identificar con mayor precisión el sabor. Limpió con una servilleta sus labios. Había terminado con más de la mitad de la mesa, cuando miró el resto, todos los postres brillantes que esperaban por ser probados. Aunque, entre tanta magnificencia, un postre parecía hacer muecas, sobresaliendo de los demás. Vegeta torció la boca "¿Pero qué hace ese pastel tan defectuoso en ese lugar? pero que horrible es…"

Bulma mordió su labio.

— Jhm… — Las perlas negras de Vegeta se dirigieron a la peliaqua, que parecía inusualmente nerviosa, desde que posó sus ojos en ese desastre de merengue. "Será posible que… No… No creo… ¿O sí?" Una sonrisa retorcida se dibujó en la cara del perverso saiyan. "Esto será divertido" rió gutural para sus adentros — Bulma, podrías acercarme ese pastel de ahí.

— ¿Eh…? E- el pastel… ¿Este? — La mujer tembló, apuntó su pastel.

— No, no, ese es espantoso, nadie en su sano juicio se lo comería. Quiero el que está a su lado, el que tiene esa cosa roja encima.

La furia de la peliazul empezaba por subirse a su cabeza — ¿Este? — El enojo se notaba ligeramente en su tono de voz, apuntando al pastel de queso, con cubierta de mermelada.

— Sí, ese… el otro es horrible, deberías despedir al inútil que lo hizo. ¿El cocinero estaba ciego? ¿Quién haría algo tan horrible? Seguramente su sabor debe ser tan asqueroso como su cubierta ¡Pero que horror! Habiendo tantos pasteles… ¿Por qué comería uno como ese? — Rió maligno.

— ¿Ah sí? — Los hombros de la mujer subieron hasta sus orejas. Su mano tembló contenida. La risa del moreno le subía el enojo a niveles fuera de este mundo, hasta que el pastel de queso, voló hasta la cara de Vegeta — ¡Pues quiero informarte que ese pastel lo hice yo, simio insensible!

El hombre lo esquivò con facilidad — ¿En serio? No me digas… Nunca me lo imaginé — Rió a carcajadas de villano.

— ¡Ugh! No puedo creer que haya perdido mi valioso tiempo en prepararlo, arruiné mi cutis con todos esos ingredientes, corté mis bellos dedos rebanado las fresas ¡Y todo para que digas cosas como esas, mono cruel! ¡Malnacido! ¡Buaa! — Cayó rendida, pero no sin antes tomar otros pasteles perfectos, que le siguió arrojando al saiyajin, quièn esquivaba unos cuantos, pero la situaciòn tan divertida lo distraìa de tal forma que algunos le caìan encima — ¡Eres un idiota, un idiota, un idiota! ¡UN IDIOTA! — Tiró uno más, que lo tiró del asiento.

El impacto tomó por sorpresa al guerrero — Ahg… humana insulsa… ¿Cómo te atreves? — Limpió su rostro con una mano, hasta levantarse y encontrar una servilleta. Sus perlas negras se movieron a la mesa — ¡Pero que estúpida eres! ¡Arrojaste todo los pasteles! — Gritó furioso.

— ¡Ay que pena, su majestad se quedó sin comer el postre! ¡Ingrato, simio despreciable!

Vegeta gruñó al encontrarse con cierto platillo — Parece que sólo dejaste esa abominación.

— ¡Ugh! ¿Abominación? ¡Pero que mono tan grosero, por supuesto no tiraría el pastel que tanto trabajo me costó!

"¿Tanto trabajo? ¿Esa cosa? Pero si parece que lo hizo con los pies…" Vegeta alzó una ceja al mirar el postre.

— No entiendo como alguien como tú es tan insensible cuando se trata del trabajo duro, siendo un lunático el esfuerzo y la dedicación… Pero claro… a ti no te interesa… A ti no te interesa nadie que no seas tú, Vegeta, eres un hombre solitario y egoísta ¡Egoista! ¡Te odio, te odio te odio!

Aunque para muchos era inaudible, los murmullos de los empleados comenzaron — Ahg, cállate la boca, eres muy escandalosa — Tomó una cuchara y agarró un buen trozo. Bulma miró el pedazo voluminoso temblar por el desequilibrio. Vegeta lo llevó a su boca, masticó y tragó con su rostro grave.

— Mh — Un pequeño movimiento imperceptible brincó en el rostro del saiyan.

La mujer se inclinó levemente hacia él.

— No está tan mal… En realidad, no está nada mal — Cierto tono de agrado, muy pero muy ligero, se escuchó de su voz. El hombre tomó otro pedazo, y otro, y otro, hasta sentarse y terminarlo.

Los zafiros de la científica brillaron — Te lo comiste todo… En verdad te gustó, te gustó ¿Verdad? No me estarás engañando…

El moreno se quedó unos segundos en silencio, observando su plato vacío, estaba tan sorprendido como ella — Tiene un sabor muy familiar… — Murmuró pasa sí mismo.

No es que estuviera sabroso, esponjado y dulce como lo que un pastel terrestre solía ser, era más bien un sabor y un olor tan extrañamente familiar, que simplemente no pudo parar. Era malo, terriblemente malo, pero debido a esa nostalgia inexplicable, dejó de lado el sabor, para adentrarse a algún recuerdo perdido, que no le parecía tan desagradable — Bulma… — El hombre la miró. La mujer quedó paralizada. Sin poder soltar palabra, el hombre miró hacia abajo — Mh...

La mujer parpadeó — ¿Qué, qué pasa, Vegeta?

— Deberías cocinar más a menudo… De otra manera no podrás mejorar ese espantoso aspecto — Agregó con disimulada rudeza.

— Ya veo… pero… lo de adentro es lo que importa ¿No? — La mujer le tomó el hombro — Tal vez no sea una perfecta cocinera y no era el pastel que esperabas, pero… Aún así te gustó ¿Verdad? — Asomó su cara para acercarse al rostro de Vegeta. El moreno la miró fijamente. Bulma desvió sus zafiros con vergüenza — Quiero decir que… No importa como sea la cubierta, ni si el sabor es el mejor, pero… Es bueno cuando se hace para hacer feliz a otro… Y después de todo, a pesar de ser imperfecto, resulta que era todo lo que otra persona necesitaba, y así… ya no necesita mejorarse, simplemente… se necesita comerlo todo… Así como lo hiciste… Bueno… yo así lo creo… Lo que quiero decir, Vegeta, es que… Tú eres como ese pastel para mí.

— ¿Qué? ¿Dices que soy un pastel horrible?

La mujer, con enojo, le arrojó un pequeño trozo de los pasteles arruinados — No, no me estás entendiendo — Intentaba sonar suave. Le limpió, a regañadientes. Cambió su posea a una más tranquila — Lo que quiero decir es que… Cuando te fuiste… Yo no estaba bromeando... He pensado mucho sobre lo que quiero, y lo que no quiero hacer… Lo que espero de ti, lo que no espero… Y creo que… Es momento de tomar una decisión — Miró a los ojos al moreno — Vegeta, te amo, te amo y eso no cambiará, pero necesito saber qué sientes tú por mí… Y si no sientes nada, lo entenderé, podré con ello, pero quiero saberlo… Necesito una respuesta, no quiero seguir perdiendo mi tiempo… Quiero una familia, una persona a mi lado, continuar trabajando, ser próspera… Podría dejar de lado algunas cosas… Por estar contigo… Pero no todo, no puedo hacerlo… Al menos necesito saber si tienes algún sentimiento por mí… Quiero una respuesta… Yo…

El moreno tomó la mano de Bulma, deteniéndola en su monólogo. Recorrió con su lengua el camino de dulce que embadurnaba el brazo blanco de la mujer, hasta llegar a sus dedos, los cuales lamió hasta quitarle un anillo de oro. Lo escupió a un lado, para regresar el rostro y sonreírle con malicia — ¿Quieres mi respuesta?

La respiración húmeda de Bulma, golpeó cerca de la oreja del saiyajin, al sentir una mano, debajo del vestido.


Notas finales del capítulo :

(Aparecen imàgenes del pròximo episodio al estilo DBZ)

Gokú: (emocionado) ¡Hola! ¡Soy Gokú! El capítulo anterior Trunks sufrió un... no sé qué de espacio y tiempo que no entendí nada, la verdad, pero no importa, porque él ya está muy bien y pronto lucharemos juntos contra los androides ¡Que emoción! S¡eguiré entrenando duro!

Milk: ¡Ah no Gokú! Tú aún no aprendes a conducir. ¡Esta noche practicaremos otra vez! Practicaremos cada noche hasta que saques tu licencia.

Gokú: (Asustado) ¡Ayayayayay! ¡Pero Milk! ¡Eso es muy difícil!

Milk: No lo será si le digo a Bulma que Vegeta también necesita su licencia. Así ambos irán a la escuela de conducir como buenos amigos y por fin dejarás a mi Gohan estudiar en paz.

Gokú: Pero Milk... Vegeta no...

Milk: Lo hará si Bulma le dice que no le construirá su nave esa.

Gokú: ¿Qué? ¿también sabes lo puntos débiles de Vegeta? Eso me da mucho miedo, Milk.

Milk: Cállate y di tus diálogos, tenemos que practicar.

Gokú: (Regañado) Está bien Milk... (Emocionado de nuevo) ¡No se pierdan el próximo capítulo Reproducciones III! Será muy emocionante!

(Terminan de pasar las imágenes, el ending empieza)