La pelea duró unos 10 minutos. Ginga terminó castigado y sin batallas por unas semanas. Mientras, Kyoya lo mas tranquilo en la cama de Ginga.

Kyoya: -¿Qué pasó?-

Ginga: -¿Q-qué haces aquí?! Vete! ¿Quién te dijo que podías estar aquí?-

Kyoya: -¿Por qué no me mandaste al frente? ¿Te quedaste con ganas de que te besara?- Dijo, parado en la cama.

Ginga no respondió, pero se sonrojó y trató taparse la cara.

Ginga: -Tsk, calro que no idiota-

Kyoya: -Anda...solo dilo- Dijo mientras acariciaba las rosadas mejillas de Ginga y lo miraba fijamente

Ginga ardía, sabía la respuesta pero obviamente no la diría.

Ginga: -Ja! lo diré.. no-me-gus-tas- Dijo empujandolo -Además, si quisiera besarte lo haría yo mismo!-

Kyoya: -Te reto a hacerlo- Dijo chocando su frente con la de Ginga

Ginga: -¿ Y por qué tendría que aceptar?-

Kyoya: - Porque eso quieres- *acariciando los labios*

Ginga: -no es lo que quiero- Dijo empezando a sonrrojarse y a ponerse nervioso

Kyoya acercó sus labios a los de Ginga. Amaba ponerlo nervioso

Ginga no sabía que hacer. ¿Tendría que besarlo? ¿Qué diría su padre? En ese momento su inconsiente lo traicionó y lo besó

En ese momento, tocaron la puerta. Era el mayordomo, Otori Tsubasa.

Tsubasa: -Señor, la cena está lista, su pase lo espera-

Kyoya lo abrazó fuertemente y sigió el beso.

Tsubasa: -¿Señor?

Ginga quedó paralizado, rojo, nervioso y tubo otra opción que responder: -¡Me estoy cambiando inútil! no me apures! o le diré a mi padre!

Ginga cayó lentamente al suelo, tapó su roja cara entre sus rodillas y una pequeña y frágil lágrima cayó lentamente por sus tibias mejillas.

Tsubasa: -discúlpeme mi señor- Hizo una reverencia y se fué.

Kyoya: -¿Ves? ¿Por qué no eres así de tierno con los demás?- Dijo mirandolo fijamente

Ginga no podía hablar ¿Qué acababa de hacer? Tenía miedo, impotencia y muchas emoviones juntas que no lo dejaban tranquilo.

Kyoya besó y acarició su cabeza

Kyoya: -Vamos, ve a comer- Dijo tomándolo de las manos para ayudarle a levantarse

Ginga no respondió, se paró y cabeza bajo, se fué a comer sin mirar para atrás.

Kyoya sonrió