Freddie Benson estaba en un estado deplorable, eligió un viernes siete de abril para pasarla entre copas, sake, licor y toda las bebidas alcohólicas que conozcan , etc. —¿ Pero qué más puedo hacer? — Se pregunto, la había perdido, que demonios importaba lo demás. Eran aproximadamente la media noche, se encontraba en su nuevo departamento, por que en el anterior no soportaba estar entre tantos recuerdos.
En la radio comenzó a escucharse una preciosa balada, que comenzaba con un solo de piano, —Sonata de invierno, la favorita de Sam… –se dijo así mismo.
Desde hacia ya unos día la radio funcionaba todo él día, hasta sus vecinos se llegaban a enfadar por tanto ruido, pero apenas lo veían y echaban a correr. Es que de esa forma no se sentía tan solo. Por que en esos momentos hasta el silencio era insoportable, estaba en esos días que escuchaba unas voces interiores que lo condenaban como único
Culpable de su situación… y no sabía como callarlas.
Tenia la mano derecha vendada un pobre árbol inocente había pagado las consecuencias por haberse cruzado por su camino.
Mi memoria– comenzó a decir él, tirado en suelo, como un pobre perdedor.
Recuerda cada momento que pase contigo—la vez que quedamos en el ascensor, las pequeñas vacaciones en la isla, y tantas otras veces…
Cuando cierro los ojos
Puedo ver cada instante que pasamos juntos… —Te veías tan bonita y feliz entre mis brazos, cuando dormías. Fueron momentos tan felices…siempre quedaran en mi memoria.
Ahora estas lejos
Donde no puedo alcanzarte, —No se donde estas, ni con quién. Tal vez ya me olvidaste.
Ni siquiera me dijiste que me querías
Ni que te esperará —¿Me quisiste alguna vez? Sí, de eso no hay duda, pero por que no estas aquí conmigo entonces. Por que no me pediste que te esperara, yo lo haría para siempre sin pensarlo. Simplemente quiero estar contigo, nada en esta vida me importa más que eso.
No sabia sí estaba alucinando pero veía a Sam caminando hacia él, con una sonrisa tierna, dulce y bella, como siempre.
Nunca pensé
Que podríamos vernos de nuevo –le dijo a ella
Ella al ver esos ojos llenos de tristeza se puso de cuclillas para estar a la misma altura que el, y tomo rostro entre sus manos, mientras él la miraba hipnotizado. Ella estaba con él.
Nunca pensé que seguiría amándote
Todavía te quiero –Sam… —y el abrazo de golpe, con todas sus fuerzas, no quería quedarse solo de nuevo.
Soltando el agarre, pero aun teniéndola entre sus brazos el le decía:…
Y te confieso ahora
Que siempre te he querido –Aun cuando pensaba que estaba amando a Carly, yo me estaba enamorando de ti Sam, sin darme cuenta. Sin saberlo ya te amaba.
¡Aun no es demasiado tarde! – ¿Verdad Sam?
Y la volvió a abrazar, aferrándose a ella.
Quédate aquí conmigo
¡Para siempre! – ¡Quédate Sam!
Ella le contesto, con la misma balada que estaban escuchando:
Ha pasado mucho tiempo
Pero tú siempre has estado en mi corazón
Por mucho tiempo que pase
Por muy lejos que estés de mi,
Tú seguirás en mi corazón –escucho Freddie y no cabía en su corazón de felicidad.
La música seguía, pero ellos se mantenían la mirada, ella se fue acercando poco a poco su rostro, buscando algo. Un beso tal vez.
Nunca pensé
Que podríamos vernos de nuevo
Nunca pensé que seguiría amándote
Todavía te quiero
Y te confieso ahora
Que siempre te he querido
Su conciencia le decía que se estaba lastimando, que parará, ella era solo una ilusión de su mente. Pero él ya había enviado a esa fastidiosa voz muy lejos de allí. Lo único importante era que ella estaba allí, por ahora.
Aun no es demasiado tarde
Quédate aquí conmigo
Para siempre –le decía en susurros, sí prometes amarme Sam, te entregaré todo lo que soy y lo que tengo, te daré todos los días de mi vida en un instante. Sí tan solo esto fuera real….
Él se acerco a ella también, fue un beso tierno, suave, dulce, pero pronto termino. Y al abrir los ojos ella se esfumo, como tantas otras veces… como siempre…
—No puedo continuar así… –agacho la mirada. En los últimos días la rutina se repetía una y otra vez sin que él lo pudiera evitar: después del trabajo él termina en algún bar. De por ahí hasta que volvía a su casa y para seguir ahogando sus penas en el alcohol. –Muy pronto me volveré loco, sí es que antes no entro en como etílico.
Un martín doble, espero que sí funcione.
Había escuchado a Spencer diciendo que el alcohol, tiene el poder de ahogar los problemas o en este caso el desamor, pero en él eso no funcionaba…
Por lo menos después de tomar, hasta ver elefantes rosa, podía verla unos instantes, aunque depuse quedase más vació y dolido que antes por su ausencia.
— Sam ¡TE DI TODO!, te di absolutamente todo de mi…
Pero no te basto. Quizás yo no sea lo que buscabas, sé que no te merezco yo más que nadie lo sé. Pero te necesito…
¡Esa maldita sea esa radio, por que todo tiene que estar en mi contra! Pero no podia dejar de escucharla, pero todo en ella explicaba como sentía, y por alguna razón era imposible apagarla, pese a que lo torturaba.
Estoy solo en mi habitación, entre cuatro paredes que me acorralan, y estampan en mi cara lo que pudo ser y no fue.
Aunque sea por hoy quiero olvidar que te conocí, sé que luego me arrepentiré, pero por hoy quiero olvidar todo.
Bien, con que Sam quería jugar con esos términos, pues ¡bien!, ya no la voy a buscar, ni rogar que me escuche, ni que me permita permanecer a su lado. ¡Ya no! No andaré suplicando, cuando todo lo que he recibido son desplantes tras desplantes.
Supongo que se habrán imaginado que es lo que voy a hacer; Tomaré hasta que ya ni recuerde cual es mi nombre. Ella no se conformaba con lo que yo le daba, pues ¡bien! Ella será uno de mis recuerdos ahora, yo no soy un juguete para ser tratado de esta forma, con una vez me basta para toda la vida, no ya no más perseguir sueños inalcanzables…
Ella no me ama de verdad, eso es lo único que puedo entender de todo esto. Entonces le deseo la mejor de las suertes, que se feliz se case y tenga hijos… Quizás Coddy sea un mejor prospecto que yo… ¡Demonios!
A quien engaño, jamás permitiría a ese imbécil acercarse a MI Sam, yo no consentiría que ella se casara con otro, pero el problema estriba en que no necesita mi consentimiento para hacerlo. ¿Qué tengo que hacer? Desde cuando me volví tan dependiente y ridículo… ¡yo no soy así!
—Te ves chistosa Sam…—Que tenia un poco de harina en el rostro.
—¿Chistosa? Chistosa es lo mismo que graciosa y graciosa es lo mismo que ridícula
—Oh no quería que sonará así, lo lamento
—En realidad no lo lamentas ¿verdad?
—Creo que no. ¿Cuál es mi castigo? –pregunto con ojos de cachorrito
—Fredward — dijo sin mirarlo, pues conocía sus tretas — ahora cocinaras tú.
Y le sonrió, sus peleas cada vez se tornaban más cariñosas. Algunos llegaban a pensar que conformaban una pareja.
Pasaron varias horas
El pobre Freddie Benson, estaba sobre su sofá tendido "pasado de copas", no, no "pasado de copas" no llegaba a definir su estado, al parecer cumplió su amenaza, no recordaba ni siquiera su nombre, solo a una hermosa muchacha de ojos azules.
Toc—toc
—Quien demonios viene a molestar a estas horas –Pensó, mientras miraba su reloj, eran las 10 de la noche.
El sonido insistente de la puerta, termino por cansarlo. Él que le estaba fastidiándole la vida, tocando su puerta, se las iba a pagar, él no estaba de humor para nadie.
Tocc—toc
—Maldito sea el que no sabe cuando irse, –pensó, decidió no abrir, no estaba de humor para absolutamente nadie, y ese nadie no tenia la culpa de su estado.
Toc—toc
—Esa persona se lo busco y a duras penas se levanto para abrir la puerta...y cuando la abrió lo único que pudo pronuncias fue…
— Sam…
Sam estaba de pie en la puerta con las manos en los bolsillos de su campera, llego ese mismo día de San Francisco y busco a Freddie como no lo encontró le pregunto a sus amigos. Ellos le dieron la dirección de su nuevo departamento.
Se la veía adorable, con la mirada perdida en el suelo, mientras que Freddie seguía en su estupefacción, sin poder decir palabra alguna, limitándose a observarla detenidamente. Así que solo se limito a abrir la puerta e intentar invitarla a pasar.
Ella recorrió con la mirada el departamento, estaba todo un desastre. Muebles rotos, botellas tiradas por doquier.
—Realmente deberías demandar a tu decorador de interiores — Comento con un tono muy suave a modo de saludo.
Lentamente se fue acercando a él poco a poco, notando una que otra cosa.
1º Freddie estaba más ebrio de lo que en un principio pensó, —Mañana tendrá una jaqueca insoportable— se dijo así misma
2ºUn montón de fotos suyas estaban esparcidas por el suelo.
3ºLas luces estaban apagadas pero ella bien podía notar una herida que Freddie tenia en su cabeza, al parecer fue con un pedazo de vidrio.
En cambio Freddie, no distinguía nada, sola a la bella aparición enfrene de él. — Esta tan bonita con ese pantalón corto, y ese abrigo color verde le sienta tan bien — fue lo único que pudo pensar, pues en ese momento tenia la mano de esa muchacha deslizándose por su cabeza hasta su mejilla.
—Que te hiciste Freddie — Su expresión era de pura preocupación y angustia — Al parecer, sí yo no te cuido, tú sencillamente no lo harás— y sonrió solo para él, como solo ella podía hacerlo, ese simple gesto hizo que el corazón del muchacho acelera hasta niveles remotos.
Verlo en ese estado activo en ella todos sus sentidos de protección y ternura. Quería cuidarlo, curarlo, calmar su dolor. Ella no debería de estar haciendo eso, era el departamento de un hombre cuyo estado era deplorable, que pensaría su madre si la viese allí. Pero eso debió pensarlo antes de entrar. Ya no importaba, ella solo quería cuidarlo, no entendía ni como ni porque, pero Freddie siempre tuvo ese efecto en ella, solo él podía hacerla sentir una infinita paciencia, sentimientos que nadie había despertado en ella, pero a la misma vez el podía hacerle perder los estribos en un santiamén.
No entendí el por que de esos sentimientos tan contradictoria, ella debería de estar reclamándole el hecho de haberla engañado deliberadamente, pero estaba ahí preocupada por una herida de menor grado que un rasguño, que no necesitaba más que un poco de desinfectante y unas gasas. Que clase de poder tenia él sobre ella, sentía unas enormes ganas de abrazarlo, cuidarlo, y él no ayudaba en nada con sus ojos aguosos, la mirada aturdida, solo conseguía que el corazón de ella se oprimiera aun más.
De improviso el la tomo entre sus brazos con todas su fuerzas, pero con toda la ternura y delicadeza que ella le inspiraba
— Sí este es un sueño, nunca quiero despertar, sí para estar con ella debo tomar hasta el hastió, lo haré todo el tiempo— fue lo único que su mente pudo formular.
—Freddie… ella estaba sorprendida, esperaba el regaño de su vida, por haberse desaparecido así. Es decir Freddie siempre era muy exagerando cuando se trataba de su seguridad y esas cosas. Pero estaba ahí abrazándola, quería permanecer así para siempre, entre sus brazos. Se sentía tan protegida, nunca sentía esa misma seguridad en otros lugares.
—Nunca, óyeme bien, vuelvas a irte, sí es que no quieres acabar conmigo. Por que sí es así, no te lo permitiré, estaré contigo quieras o no, jamás me separaras de ti. Aunque no me des una oportunidad, yo siempre estaré contigo.
Sam estaba conmovida, por esas palabras de su mejor amigo, el que decía que nunca sabia como expresarse. Se sintió tan mal por haberse ido así de repente, que se olvido por que lo hizo, solo atino a decir.
—Freddie, perdóname, no quería hacer eso. Esta semana ha sido un completo hastió sin ti. Me di cuenta que no puedo vivir sin ti, Freddie.
—Sam….
Pasaron varios minutos simplemente observándose, procurando hallar las repuestas a sus preguntas en los ojos del otro
—¿Por qué Sam?
—… Ahora es difícil de explicar…
—¿Por qué Sam?
—….Freddie
—Dime que no te iras de nuevo.
—No podría irme…Ahora déjame ver tu herida –dijo ella, pues bien podría infectársele.
—Quédate conmigo –dijo el con la vez ronca, que lograba erizarle la piel. ¿Por qué el simple sonido de su voz podría desarmarla completamente? — Quédate así conmigo —la acomodo en sus pecho, acostándose con ella en el sofá. Tan cerca el uno del otro que podían escuchar lo latidos desenfrenados del su corazón. Ella por más intentará no podía deshacerse de esos brazos que la rodeaban, y tampoco quería, estaba tan calentito, tan cómoda así.
—Quisiera, aunque sea solo por esta noche, pensar que eres mió— pensó –tal vez mañana todo se aclaré y decidas volver con Valery pero por hoy quiero creer que me perteneces a mi, tan solo por una noche quiero ser feliz.
Ninguno dormía, él aun no podía creer que ella estaba ahí, con el. — Daría lo que fuera por que esto fuera real — se escucho decir así mismo.
Sam en cambio no podía respirar, tener así de cerca a su amado castaño, hacia que su corazón galopará en su pecho, esta nerviosa, cohibida, pero era tan relajante, se sentía tan bien, tan correcto.
–Me gustaría detener el tiempo –Pensaron ambos en unísono
—Sam… Sam
El ya no podía contenerse más, la amaba, la deseaba… pero pronto se ira, como todas las noches… Pero por lo menos esa noche ella no parecía irse todavía, quizás sí sea real, quizás solo quizás la vida les estaba dando una oportunidad.
De repente todo cambio para Sam, el ambiente cómodo, lleno de ternura dio paso a uno de excitación y pasión reprimida. Él empezó a besarla, primero lánguida y suavemente, luego de forma más intensa, hasta que se convirtió en un beso pasional y salvaje. Ella no podía responder, como quería. Todo estaba yendo tan deprisa, eso no lo tenía planeado. Sintió una mano correr por sus piernas y subir por su cintura, hasta desembocar en la piel desnuda de su espalda. Todo daba vueltas en esa habitación…pero no era lo correcto.
—Freddie… por favor, detente… —protestaba o intentaba protestar entre jadeos
Freddie ya no escuchaba, su parte racional, hacia rato ya que se había extinguido. Sentir la excitación de su compañera no hacia más que avivar la llama que lo consumía. Él no podía detenerse, simplemente estaba cegado por deseo, la necesidad, el temor, y la pasión.
Ella no quería que su primera vez, fuera en esas condiciones, no cuando Freddie al siguiente día ni se acordaría de lo que paso.
—¡Por el bien nuestro detente! –grito desesperada.
—No puedo Sam — fue su única respuesta, eso molesto mucho a la muchacha, que tampoco podía resistirse a las caricias que le prodigaba su amado
—No, no, esto no estaba bien. Las cosas no deben de ser así, quizás mañana no querrá verme y después de esto…. No, no— Este pensamiento la motivo a separase abruptamente, pero eficientemente de un hombre totalmente ebrio.
—Sam, no te vallas, no me dejes, quédate conmigo.
—No me iré a ningún lado, pero las cosas entre nosotros no deben darse de esta forma, no puede aprovecharme de tu estado. Además algo como esto debe ser especial, si sucediera hoy, tú mañana lo olvidarías.
Pero lo que ella no sabia es que razonar con un Freddie tomado, era igual que enseñarle a un burro ingles.
Él la volvió a tomar entre sus brazos, y comenzó a besarla, mientras ella se debatía en corresponderle o no. Su parte racional le decía que no era apropiado, pero lo deseaba, si cedía solo seria un placer temporal, mientras que el dolor seria permanente, amor o placer… la elección era obvia
— Te amo demasiado como para que sigas haciéndome daño — le dijo
—¡Freddie iré al baño a traer desinfectante, y gasas, para sanar tu herida! — le dijo enojada, por qué había osado forzarla. La había abrazado con tanta fuerza que perdió todo el aire de sus pulmones para luego besarla…
Ella se preocupa tanto por él. — Te amo tanto Sam, me pregunto si tienes idea de cuanto — y con ese pensamiento se durmió, con una sonrisa en los labios.
Cuando ella apareció con todas las cosas, lo vio dormir con una expresión de completa felicidad, se veía tan joven, parecía un ángel, ¡es tan guapo!
— Deja de soñar Sam, recuerda que mañana te dará el regaño de tu vida, viéndolo así no es tan guapo… A quien engaño, es completamente perfecto.
Y empezó a desinfectarle, por lo que aparecía un gruñido de Freddie cada vez que ella presionaba en la herida.
—¡Que importa lo demás sí puedo robarle estos momentos al paraíso!, Freddie ojala este día nunca acabará, y tú nunca pudieras despertar. Así podría cuidarte, solo yo.
Cualquiera que los viera, vería a una mujer completamente enamorada, cuidando a su esposo con completa devoción, cariño y ternura.
—Sabes esta semana me la pase en una casa de campo con mi abuelo, no te imaginas cuanto te extrañe Freddie. Debí de haber vuelto al hace ya varios días, pero luego empezó una tormenta, y no podía regresar, no me lo permitieron. Así que me la pase ahí toda la semana, recordándote. Pensando en nosotros, tratando de entender cuales eran tus sentimientos realmente.
—Será mejor llevarte a tu habitación, menuda tarea que tengo. Podria llamar a Spencer, Gibby o Coddy. Que diría Freddie, si le dijera que Coddy vino a su casa, y me ayudo a llevarlo a su cama. Seguramente no me hablaría por — y empezó a contar con los dedos de las manos— uno, dos, tres, cuatro, cinco años… ¡cinco años!
—Te he dicho mil ochocientas veces que no seas exagerada –murmuro entre sueños Freddie, lo que provoco que Sam riera, él siempre le decía eso para molestarla. Estaría él soñando con ella… será acaso una pesadilla, pero por su expresión de calma no lo parecía.
A la mañana siguiente.
—¿Que paso conmigo? Oh que dolor de cabeza. Volteo la cabeza, buscando algo o más bien a alguien. Al parecer ha sido solo un sueño, un maravilloso sueño.
Camino hasta la sala, y vio a Spencer tendido en el sofa.
Toc—toc—toc
Freddie literalmente corrió hasta la puerta, con la esperanza de encóstrasela a ella, como en sus sueños, pero no era ella. Era Valery.
—Lamento no ser quien esperabas — Dijo ella notando la desilusión del castaño al verla.
—Descuida
—Aun molesto, déjame decirte que yo no tengo la culpa de que Sam no te ame.
—Tal vez, pero si no te hubieras aparecido ese día en mi casa, tal vez ahora ella estaría ahora conmigo.
—Ella no te ama, nunca lo hizo. Freddie déjame ayudarte a olvidarla.
—No Valery, perdóname, no tienes la culpa de nada. Aquí el único culpable soy yo.
—Freddie por favor.
—Valery, es imposible.
—¿Qué es imposible?
—Olvidarla, jamás podría.
—Sí te empecinas en eso, claro que será imposible.
—Ya lo intente todo, pero he decidió esperar por ella el tiempo necesario. Ella hizo lo mismo conmigo, pero no lo hago como pago. Lo hago por que no puedo concebir una vida sin ella. Así de simple.
—Freddie, sí tu quisieras yo…
—No Valery, olvidémoslo. Serás una excelente esposa, pero no para mí. Adiós Valery.
—Adiós Freddie — dijo notando a una mujer detrás de él.
Se dio media vuelta para encontrar como ni en sus locos sueños esperaría ver, bueno en realidad esa noche soñó con ella.
Sí, Sam venia de la cocina, con el desayuno en una bandeja.
Ambos estaban de pie, mirándose a los ojos, perdiéndose en ese mar de sentimientos que solo por esa persona que tenían en frente sentían.
Fue él quien rompió el silencio –Sam, ¡¿Qué?!
—Supongo que no lo recuerdas, antes tomate esta pastilla, debes tener una jaqueca terrible. Cuando te encontré estabas tendido en el suelo, con una pequeña herida en la cabeza.
Freddie camino hacia ella, le quito la bandeja de las mano y antes de que ella protestará por la brusquedad, el ya la tenia aprisionada entre sus brazos. La amabilidad y ternura había desaparecido, ese abrazo hizo que ella dejará de respirar, era tan fuerte que le saco todo aire de los pulmones.
— Freddie— susurro apenas
—Dime por que, dime por que Sam.
—Yo debía de pensar, pasaron tantas cosas y tan deprisa; nuestras peleas, la llegada de Valery, Jazmín en mis manos, la muerte de mi madre, y tu confesión de amor. No pude con todo. Además…
—¡¿Además qué?! — Hubiera querido que su voz no sonará tan fría e impersonal.—Por favor no me digas que…
— Yo no sabia si creerte o no.
—¿Cómo?
—Tenia miedo de que estuvieras conmigo por lastima, u obligación. Te amaba demasiado como para atarte a mí.
Él no entendía nada, como que lastima, obligación, el jamás haría una cosa así. Acaso dijo ¿amaba? Acaso ya no me amaba
—Yo jamás te haría eso Sam, sé que te lo dije en un mal momento y estas en todo tu derecho de no creer en mi, razones no te faltan. Pero sí hay algo verdadero en mi vida es el amor que siento por ti. Y no es un amor que nació de repente, de una día para el otro. Tú me atrajiste desde el primer momento, pero pensé que seria pasajero, luego nos convertimos en amigos, en los mejores amigos. Sin embargo yo no quería ser solo tu amigo, era frustrante ver como te entregabas a tus responsabilidades, tú pasión a tus clases y no ser yo a quien dirigías todo eso. Esa era una de nuestras tantas discusiones; el que no tuvieras tiempo para mi ¿lo recuerdas?
—Yo no creí que esa fuera la razón, pensaba que te estaba asfixiando con mi presencia. Pasábamos tanto tiempo juntos, que pensé que tal vez estaba invadiendo tu espacio. … … ¿Qué irónico? ¿No? Sí esto nos los hubiéramos dicho, estaríamos juntos desde hacia mucho.
—Dime, acaso ¿ya es tarde, Sam?
Y esa sonrisa era más elocuente que cualquier otra palabra. Él no se lo pensó dos veces, no importaba que la cabeza le doliera a miles, lo único importante era que ella aun lo amaba.
No supo como, pero luego tenia a Freddie besándola como si le hubieran dicho que el fin del mundo fuese esa mañana.
—¡¿Qué asco?! Desayunar cosas dulces es un asco— se escucho decir en la sala
… oh, veo que la parejita resolvió sus problemas maritales
—¡Spencer! –dijeron ambos colorados
